Mostrando entradas con la etiqueta 2018. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2018. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de febrero de 2019

Cloud Nothings: Last Building Burning (2018)

"Que todo fluya con naturalidad (y desenfreno)..."

En 2017 me encontré alabando acá en el sitio el paso adelante que los de Dylan Baldi daban con Life without sound, un álbum que se enfocó en la cuidada construcción de ambientes en lugar del característico desenfreno de la banda. En ese sentido, me vi sorprendido tras mi primera pasada por este Last bulding burning, disco que retoma el sonido punkoide y desatado de álbumes como Attack on memory (2012) o Here and nowhere else (2014), sin embargo, aquello que en primera instancia podía parecer un paso atrás acaba resultando todo un acierto gracias al talento y frescura de una banda que no parece entregar señal alguna de agotamiento y que trabajo tras trabajo siempre acaba por regalar algo interesante que decir. Y es que no, Last building burning no es la clásica vuelta a las raíces que pretende esconder una falta de ideas sino más bien una búsqueda honesta de inspiración en donde Cloud nothings se sumergen en su esencia y nos regalan con esto un trabajo preciso, que cuenta con varios momentos enormes. 

Retoman por tanto esa sucia producción de antaño y le dan rienda suelta a un sonido cargado de dinámica, ruido y velocidad que busca reproducir en estudio aquel ambiente que la banda genera en vivo, de hecho, la partida con 'On an edge' declara intenciones inmediatamente y me atrevería a decir que con ella suenan más duros que nunca, con Baldi incluso dejándose la garganta en el tema. Y si bien 'Leave him now' sacará por minutos el pie del acelerador entregándonos junto a 'In shame' la pasada más melódica del álbum, rápidamente el desate comenzará a gestarse con el inquieto subidón que representa 'Offer and end'

Ahora, el mejor momento del álbum lo encontraremos en la dupla 'The echo of the world' + 'Dissolution', la primera está marcada por un exquisito redoble que va encontrando poco a poco un orgásmico punto de ebullición mientras que la segunda es una pieza de diez minutos de esas monumentales donde Cloud nothings rompen a medio tema para volver a arrancar con fuerza desde cero. Y bueno, con todo dicho en el álbum los últimos seis minutos no parecen sino ser un trámite aunque de todas formas se agradece el alza de intensidad que regala 'Another way of life'

Lejos de perder la energía, en Last building burning volvemos a encontrar a una banda revitalizada y con su esencia intacta. SI dos años atrás nos regalaron un discazo que trabajó cuidó cada detalle, esta vez han dejado que todo fluya con absoluta naturalidad. El tiempo dirá si este álbum representará un paréntesis, una salida a tomar aire por parte de Cloud nothings o más bien el retorno hacia un camino seguro en donde se sienten muy cómodos. Como sea, la agrupación sigue sin dar pasos en falso y construyendo un camino de incierto futuro pero que continúa ilusionando... 

7/10
Muy bueno.


Otras reseñas de Cloud nothings:

lunes, 21 de enero de 2019

Fischerspooner: Sir (2018)

"Regreso que sabe a poco..."

He tardado con esta reseña pero más vale tarde que nunca. El caso es que con un año de retraso ha llegado a mi lo más reciente de Fischerspooner, una de las buenas promesas que la electrónica de este siglo en su momento entregó pero cuya carrera de forma curiosa acabó entrampándose tras sus lanzamientos iniciales. Nueve años de hecho pasaron entre el fallido Entertainment (2009) y este (ya no tan) nuevo álbum, el cual ciertamente mejora la experiencia respecto al antecesor y encuentra puntos interesantes dentro de su propuesta pero no logra cautivar del todo dejando a la banda nuevamente en tierra de nadie.

Bajo la tutela de Michael Stipe en la producción (dato curioso: el ex R.E.M fue pareja sexual de Casey Spooner cuando este tenía 18 años), con una temática abiertamente gay que aborda las relaciones esporádicas y fugaces que se consiguen hoy en día vía app, Sir mantiene vigente la esencia de Fischerspooner entregando un álbum dividido dos partes, una primera muy atractiva donde el dúo se debate entre guiños a Nine inch nails ('Stranger strange'), interesantes colaboraciones ('Togetherness' junto a Caroline Polachek de Chairlift) o canciones más pegajosas que apuestan por la efectividad y el gancho (lo logran de manera impecable en 'Have fun tonight' pero se quedan cortos en 'TopBrazil'), y una segunda parte tan introspectiva como monótona que peca de monótona además de inevitablemente recordar la etapa más reciente de Depeche mode ('Strut', clarísimo ejemplo de lo que menciono). Lo mejor del trabajo por tanto se concentra en su primera mitad para luego perder demasiada fuerza en medida que el trámite avanza.

La sensación final por tanto es la de estar frente a un disco que se ha quedado a medio camino entre la exploración y la efectividad no funcionando en ninguno de los dos aspectos. Sir no es del todo un mal álbum, tiene sus momentos, pero tras sus 45 minutos de música jamás acaba de hacer pie y menos justifica una ausencia tan prolongada por parte del dúo. 

2.5 // Nada muy especial

lunes, 14 de enero de 2019

Greta Van Fleet: Anthem Of The Peaceful Army (2018)

"La crisis de las ideas..."

Dentro de la industria musical y cinéfila, definitivamente las nuevas ideas están en crisis. Lo vemos a diario mediante el alzamiento de una serie de productos que no hacen sino mirar constantemente hacia atrás, al punto de que hoy no nos sorprende el culto a lo retro (el fenómeno Stranger things dio cuenta de esto) o que el cine meta mano una y otra vez a viejos clásicos en lugar de invertir en nuevas creaciones. Este fenómeno, sin embargo, tiene (aunque no lo parezca) algo positivo: debería servir de puente para las nuevas generaciones. Y es que si gracias a Lady Gaga o Bruno Mars los niños logran acercarse a Madonna o Michael Jackson, pues benditos sean estos. Algo similar me ocurre con Greta van fleet, criticados con fuerza por los doctos de la música a causa de la evidente similitud (que roza el plagio descarado) entre el sonido de estos y el de Led Zeppelin, y si... ¡que suenan igual!, pero insisto, si esto servirá para que chicos y chicas de dieciocho años lleguen a oír Physical graffiti, no me molesta su existencia. 

Ahora, de que el plagio resta méritos a Greta van fleet, no cabe duda, al punto de que canciones como 'The cold wind' , 'When the curtains falls' o 'Lover, leaver' no pueden ser tomadas en serio considerando el que la banda no aporta nada al sonido de Led Zeppelin, sino más bien se limitan a emular viejas glorias de los ingleses. Cosa diferente ocurre en temas como 'Age of man' o 'Watching over', las cuales si cuentan con propuesta dejando la sensación de que a la hora de bajar las revoluciones y trabajar temas más introspectivos Greta van fleet si puede lograr que la experiencia sea algo más disfrutable. Mención aparte por cierto a la interpretación de Josh Kiszka, quien durante todo Anthem of the peaceful army imita a Robert Plant aunque en una versión pasada por altas sobredosis de helio. 

El tiempo dirá si estos estadounidenses logran encontrar algo de identidad o quedan unicamente en la anécdota. Por ahora nos dejan un álbum debut disfrutable aunque en general, salvo pequeñas pinceladas, carente de novedad. 

5/10
Nada muy especial.

lunes, 7 de enero de 2019

John Grant: Love Is Magic (2018)

"Imponiendo términos sin concesiones..."

Nadie que venga siguiendo la carrera en solitario de John Grant debería verse sorprendido por los caminos que el inglés ha transitado en Love is magic, su más reciente trabajo. No es secreto para nadie que el hombre ha encontrado en su música, cargada de ironía y un buen humor cada vez más indescifrable (¡que clase de portada de álbum es esa!) un canal de desahogo para sus depresiones y miserias personales y tampoco el que en materia de arreglos el vocalista viene sumergido entre teclados y sintetizadores desde hace un buen tiempo. Y es que si en Grey tickles, black pressure (2015) la electrónica funcionaba como un elemento de apoyo a los divertidos/amargos contextos que se buscaban generar, dos años más tarde nos encontramos frente a un álbum donde las maquinitas son absoluto protagonista y en donde también las estructuras tradicionales han sido completamente dejadas de lado. Love is magic es, en ese sentido, un álbum experimental donde Grant ha soltado las riendas y ha dejado fluir el río sin reparo alguno. Para bien y para mal.

De esta forma nos encontramos frente a un conjunto de canciones extensas (gran parte de ellas superan los seis minutos de duración), marcadas por el uso de teclados y no aptas para un público inmediatista. Aquí las letras siguen funcionando, las temáticas son diversas (palos a Trump, a un ex, a todos) pero la música se descubre lentamente. 'Metamorphosis', por ejemplo, es una que comienza con un tiempo marcado para a medio tema sumergirse entre las tinieblas, 'Love is magic' (la canción) debe contener una de las melodías más atractivas de todo el álbum (es un temazo, digámoslo) y una letra en donde Grant vuelve a reírse magistralmente de sus desgracias ("¿Dejaron todos de amarte y eres el único que aún no lo nota?") pero entrando al cierre, y de manera intencionada, la canción se desvía hacia otro lado. 'Tempest' es una locura, maquinitas todo el tiempo mientras que 'Preppy boy' es la primera que eleva la dinámica y vuelve a entregar algo digerible. Y así, el disco constantemente se debatirá entre experimentaciones con los ambientes ('Smug cunt'), uno que otro guiño melódico (la notable 'Is he strange', de las pocas en donde suena un piano y conectan con sus primeros álbumes) y cosas que apuestan a ser más divertidas ('Diet gum'), entregando así un disco tan honesto y valiente como personal. 

Lo mencionaba en un comienzo, todos los caminos lo han llevado hacia Love is magic, su disco más experimental a la fecha. Un álbum que sin duda dividirá aguas entre quienes admirarán la osadía de Grant y quienes sentirán que se le ha ido la mano. Como sea, da igual. Benditos sean aquellos artistas que imponen sus propios términos y estamos frente a uno de aquellos. 


7/10
Muy bueno.


Otras reseñas de John Grant:
2015: Grey tickles, black pressure

lunes, 31 de diciembre de 2018

14 Discos Para 2018


Eso. Sin demasiados preámbulos vamos a revisar rápidamente catorce álbumes que dejaron huella durante este 2018. Un gran año para el mundo del metal por cierto...

14. Primordial: Exile amongst the ruins
"Black épico cargado de fuerza, dramatismo e identidad, pero que en esta ocasión se ha trabajado con un tino particularmente exquisito, lo cual sitúa desde ya al trabajo por sobre cualquiera de las más recientes entregas de la agrupación"
Reseña acá

13. U.D.O : Steelfactory
"En la linea de lo que vienen realizando otros históricosSteel factory da muestras de una leyenda que se niega a bajar la guardia desenfundando un conjunto de temas que apuntan directo a la vena de cualquier amante del heavy metal"
Reseña acá

12. Haken: Vector
"El quinto álbum de Haken desenfunda de lleno todo el armamento progresivo que estos ingleses tan bien manejan y los trae "de regreso" hacia una zona donde logran moverse como pez en el agua encontrando enormes momentos y un conjunto donde cuesta encontrar ripios (aunque los hay)"
Reseña acá

11. Soulfly: Ritual
"un álbum preciso de exquisito death que encuentra durante su trayecto enormes momentos que dan muestra de un estado de inspiración no menor por parte de un Max Cavalera que parece haber encontrado en estos años el filo que por más de una década estuvo buscando"
Reseña acá

10. Satan: Cruel magic
"un disco dinámico, compuesto por diez canciones de heavy metal de corte clásico, con estructuras que varían constantemente generando constante interés en quien escucha"
Reseña acá

9. Immortal: Northern chaos gods
"Bajo la conducción en pleno de Demonaz(quien en esta ocasión ha asumido las voces además de composición + guitarras) y contrario a lo que se podría haber asumido, Northern chaos gods da muestras de enorme frescura y ciertos aires de renacimiento para Immortal"
Reseña acá

8. Gaz Coombes: World's strongest men
"Lejos por tanto de la dinámica inmediata y adictiva de ex banda Supergrass, lo de Coombes hoy en día viaja en otra dirección, una que se concentra mucho más en los ambientes que en el efectismo, además de atreverse en aspectos instrumentales y estructuras"
Reseña acá

7. Judas Priest: Firepower
"Necesitaban por tanto un álbum como Firepower, disco que no solo los revitaliza, sino que los vuelve a colocar en un nivel que se condice con su historia"
Reseña acá

6. Christina Rosenvinge: Un hombre rubio.
" Y es que a estas alturas del partido la española realiza lo que le da la regalada gana, compitiendo (como debe ser) únicamente consigo mismo y, por cierto, entregando discos cada vez más maduros en lo musical. Y en esta ocasión, y como reza el título, la oímos dedicando su álbum primero a su padre y luego a nosotros, a nuestras amarras..."
Reseña acá

5. Obscura: Diluvium 
"En esta nueva entrega Obscura vuelve a regalar un producto impresionante en materia técnica, marcado por notables ejecuciones, sin embargo, Diluvium no se queda ahí, y lejos de centrarse en aspectos meramente técnicos o lucimientos personales apuesta por un sonido más directo que el abordado en Akroasis, con estructuras reconocibles que explotan gratamente una serie de elementos que a estas alturas son característicos de Obscura"
Reseña acá

4. Soreption: Monument of the end
"Si bien es cierto es que con su tercer largo estos suecos no pretenden inventar la pólvora y desenfundan un conjunto de temas dispuestos a impactar con potencia + precisión quirúrgica el mentón del oyente, también lo es el que hay mucho que agradecer en este Monument of the end"
Reseña acá

3. Suede : The blue hour
"Si algunos creyeron que con este último habían tocado techo, cometieron un error: en este 2018 la experiencia ha sido mejorada con creces mediante un álbum tan oscuro como contundente. Un disco de aquellos que ya no se componen. Tal cual"

2. Rivers of Nihil: Where owls know my name 
"Nos encontramos así con un álbum de death metal progresivo desatado, ejecutado con una precisión digna de un conjunto de músicos notables pero que en esta ocasión, independiente del nivel interpretativo que acá ostentan, destacan principalmente por las composiciones logradas, las cuales han elevado el sonido de la banda a otra categoría, a otro nivel"

¡DISCO DEL AÑO!
1. Janelle Monae: Dirty computer
"El álbum es potente y contundente, directo y necesario, personal y valiente. Tiene todos los condimentos para pararse a aplaudir a esta pequeña gran mujer que avanza en su carrera, hasta ahora, sin temer a nada"

Y bueno, un año más de música, un año más de reseñas y experiencias. No queda más que agradecer la oportunidad de poder escribir y compartir ideas con quienes pasan por acá de vez en cuando. Y esperar que se nos venga un 2019 cargado de novedades... 

lunes, 24 de diciembre de 2018

The Smashing Pumpkins: Shiny And Oh So Bright, Vol 1 / LP : No Past. No Future. No Sun. (2018)

"Triste caricatura de un pasado brillante..."

Son difíciles las reuniones. Te juntas con viejos amigos pero, tan pronto comienzas a compartir, notas que más allá de las risas en torno a viejas anécdotas hay poca química en el presente, y del futuro mejor ni hablemos. Algo así supongo es lo que les debe ocurrir  a las bandas cuando de manera forzada se reúnen con algún fin (normalmente comercial). Existirá una que otra idea trabajada por separado que intentarán hacer cuajar en el estudio hasta finalmente rendirse frente a la cruda evidencia y asumir que "esto es todo lo que hay". Lo mencionado viene a colación a propósito del regreso de The Smashing Pumpkins, o más que regreso, la inclusión tras dos décadas de distanciamiento de James Iha a la formación que Billy Corgan ha venido trabajando durante la última década, participación que inevitablemente ilusionó a muchos con el regreso de la inspiración o al menos de una voz disidente al interior de la formación. Pero no. Shiny and oh so bright ... (¡vaya pomposidad de título!) continúa la linea de sus predecesores, con un Billy Corgan al mando de todo lo que se oye, lo cual no necesariamente sería negativo si el disco al menos mantuviese el nivel de cualquiera de sus antecesores, asunto que ni por asomo ocurre.  

Inofensivo y confuso creo son los adjetivos que mejor pueden definir un álbum que en ningún pero ningún momento se inclina por alguna línea, que en treinta minutos intenta tirar por la épica en 'Knights of Malta' o en 'Alienation', aunque sin lograr emocionar, también tirar por el pop y medios tiempos (a la '1979') en 'Silvery sometimes (ghosts)' o en la sosa 'Travels', o desempolvar las guitarras en la terrible 'Solara', que solo constata que la ira y el filo han desaparecido por completo, y así, durante el trayecto de tan solo ocho temas que estos descafeinados Pumpkins nos proponen encontramos muy poco desde donde afirmarse, quizás la dinámica de 'Marchin' on' (la única en todo el disco que me atrevería a decir que funciona), 'With sympathy', que en su simpleza y ese bajo marcado resulta realmente agradable y ese cierre con 'Seek and you shall destroy', donde la banda efectivamente encuentra algo de química.

El décimo álbum de The smashing pumpkins es el peor que ha editado la agrupación en cualquiera de sus formaciones. Incluso al lado de discos "menores" de Corgan y cia., como Zeigeist (2007) u Oceania (2012) luce pálido, y la participación de James Iha no hace sino completar el chiste de mal gusto. ¿Alguien lo ha oído en el álbum? Yo en ningún momento. Si no me lo cuentan no me creo que participó. 

5 / 10
Nada muy especial. 


Otras reseñas de The Smashing Pumpkins:
2014 // Monument to an elegy
2012 // Oceania
1998 // Adore

jueves, 20 de diciembre de 2018

U.D.O: Steelfactory (2018)

"Amor e infinito respeto por el género..."

No hay disco malo de U.D.O. Tomas cualquiera de sus álbumes y algo encuentras, lo cual no es poca cosa considerando que en poco más de treinta años este pequeño gran alemán ha editado dieciséis trabajos, es decir, su ritmo de producción a partir su salida de Accept ha sido impresionante, pero insisto, lo realmente destacable en su caso es el buen estado creativo que continúa mostrando pese al paso evidente de los años. Y si bien en 2015 habíamos tenido un correcto álbum como Decadent, tras oír este potente Steelfactory es inevitable sentir que su conexión más directa es con el excelente Steelhammer (2013), otro disco que en su momento nos maravilló. El caso es que en este 2018 tocaba regreso (tres años sin disco de U.D.O es cosa extraña) y que decir, nos hemos encontrado frente a un trabajo contundente y efectivo, que da muestras de un filo absolutamente vigente por parte de un vocalista que continúa derrochando un amor impresionante por el género.

En la linea de lo que vienen realizando pares tales como Saxon, Judas Priest o los mismísimos Accept, Steel factory da muestras de una leyenda que se niega a bajar la guardia desenfundando un conjunto de temas que apuntan directo a la vena de cualquier amante del heavy metal. Canciones potentes, con una producción exquisita, riffs + bombos demoledores (por cierto, la batería está a cargo de Sven Dirkschneider, hijo de Udo) y un trabajo de estrofa/puente/coro realmente enorme donde cuesta destacar algún tema por sobre otro considerando lo regular del álbum. En lo personal la lograda oscuridad de 'Keeper of my soul' (imposible no imaginarla en vivo) seguida de la melódica 'In the heat of the night' representan parte de lo mejor que contiene el disco, sin embargo, no mencionar el peso de 'Raise the game', con notables juegos de cuerdas, el machaque incesante de 'Blood on fire' o la velocidad de 'Rising high' (¡heavy metal en estado puro!) sería injusto, y es que insisto: Steelfactory realmente no regala segundo de tregua. 

¿Y ahora qué? Parece ser la pregunta que ha quedado en el ambiente. ¿Qué nos queda tras un disco así de contundente? Solo disfrutar del presente de este pequeño gigante y no pensar en nada más. Que el rock and roll te bendiga Udo...

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de U.D.O:
2015 // Decadent
2013 // Steelhammer

domingo, 9 de diciembre de 2018

Haken : Vector (2018)

"Continúan siendo enormes..."

Tras un álbum tan sólido pero accesible y luminoso al mismo tiempo como fue Affinity (2016) era lógico pensar que la siguiente jugada vendría más sesuda, oscura y cargada de un mayor peso. Y así efectivamente ha sido. El quinto álbum de Haken desenfunda de lleno todo el armamento progresivo que estos ingleses tan bien manejan y los trae "de regreso" hacia una zona donde logran moverse como pez en el agua encontrando enormes momentos y un conjunto donde cuesta encontrar ripios (aunque los hay). 

Solo seis canciones (+ una intro) nos regalan en Vector, número que de entrada invita a elucubrar por donde van los tiros, lo cual se confirma dando una pasada por el álbum. Nos encontramos así con un single bastante claro e inmediato como 'The good doctor' que da la pasada a una seguidilla de temas ejecutados con enorme precisión técnica pero que logran equilibrar guitarras de mucho peso con estructuras progresivas y ambientes cargados de intensidad. Ejemplo claro de lo que menciono es esa joya titulada 'Puzzle box', que durante tres minutos avanza en un reconocible estrofa/puente/coro para luego en su sección media desenfundar cuatro gigantes minutos de progresivo. Ahora, por si esta fuese poco, el álbum avanzará con los doce minutos de 'Veil' , claramente el tema central del disco y en torno al cual gira todo el resto. Entrando en la recta final aparecerá una contundente 'Nil by mouth', que debe ser la más cargada a las guitarras del álbum, y un cierre que representa el único punto bajo de todo el trabajo, y es que la balada 'Host' baja demasiado las revoluciones y no logra encontrar un nivel acorde a lo que venía sonando así como 'A call divides' pareciese únicamente cumplir.

Es curioso lo de Haken. A la fecha nos han entregado cinco tremendos álbumes, con un nivel en general superlativo, sin embargo, la vara que ellos mismos han establecido es tan alta que prácticamente no les permitimos ripios en las escuchas. Acá en Vector nos han regalado un álbum que en cuatro de sus siete piezas suena como una obra maestra y en las otras tres "simplemente" cumple. Ese desfase continúa dejando la sensación en el aire de que podrían superarse, ahora, siempre dejando en claro el que nos han vuelto a regalar uno de los grandes discos que habremos oído en este 2018 y una maravilla progresiva. 

8/10
Excelente.

   
Otras reseñas de Haken:

jueves, 6 de diciembre de 2018

Soulfly: Ritual (2018)

"Se sigue escribiendo la leyenda ..."

En este 2018 el debut discográfico de Soulfly cumple veinte años. Muy atrás en el tiempo han quedado los conflictos personales/familiares que provocaron la partida de Max Cavalera de Sepultura y derivaron en el inicio de este proyecto que a la fecha nos ha regalado once álbumes. Y si bien es correcto afirmar que durante estas dos décadas han existido momentos donde el mítico vocalista ha funcionado en claro piloto automático (Savages, 2013, claro ejemplo) también cabe mencionar el que cuesta encontrar dentro de la discografía de Soulfly un mal álbum y que los puntos altos no son pocos. 

Y hablando de esta discografía, cierto es que Dark ages (2005) marcó un antes y un después para la banda. Aquel fue el último álbum que contuvo ciertos afanes exploratorios por parte de Max pero que a partir de Conquer (2008) se transformaron en una constante búsqueda de un sonido más cercano al death. Buenos álbumes hemos tenido desde entonces, de hecho, sin ir muy lejos las sensaciones que dejó Archangel (2015) fueron tremendamente positivas y optimistas, las cuales se han confirmado con la edición de Ritual, un fabuloso álbum de metal digno de los mejores tiempos de la banda (nuevamente con soberbia portada de Eliran Kantor).  Diez canciones en cuarenta minutos de música, dosis justa y precisa para un álbum que no debería dejar insatisfecho a nadie que venga siguiendo de cerca la carrera de Soulfly

La partida es categórica: 'Ritual' (la canción) conjuga de manera genial esos sonidos tribales que inevitablemente recuerdan al Roots de Sepultura con el groove característico de la banda. Un temazo imposible de no imaginar en vivo que además se ve complementado con la brutal 'Dead behind the eyes', marcando así unos enormes diez minutos iniciales para el álbum, los cuales verán continuidad en una pasada más tradicional en 'The summorning' + 'Evil empowered', marcada esta última por un constante doble pedal y un Cavalera que se deja la garganta. 'Under rapture' destaca por el buen juego a dos voces que propone y su velocidad, así como 'Demonized', otro tema dispuesto a no dejar títere con cabeza. En la recta final el disco no bajará el nivel, desenfundando una seguidilla muy directa y efectiva que cerrará con un precioso instrumental 'Soulfly XI', que esta vez ha añadido vientos a la tradicional ecuación (algo de la clásica 'Planet caravan' de Black Sabbath encontramos en el tema). 

Y bueno, lo dicho, Ritual es un álbum preciso de exquisito death que encuentra durante su trayecto enormes momentos que dan muestra de un estado de inspiración no menor por parte de un Max Cavalera que parece haber encontrado en estos años el filo que por más de una década estuvo buscando. De lo bueno que habremos oído este año en materia de metal.

8/10
Excelente.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Suede: The Blue Hour (2018)

"Contundencia en la era del meme..."

Está difícil componer música en la era del meme, tiempos en donde las canciones más que funcionar en un álbum deben hacerlo en un playlist. Sin embargo, existimos aún quienes nos revelamos frente a dicha inmediatez y oímos discos esperando poder vivenciar una experiencia durante cuarenta o cincuenta minutos. Y para nosotros, aún existen bandas como Suede. Benditos sean por ello. Los ingleses liderados por Brett Anderson han protagonizado uno de los regresos más interesantes (si es que no el más) dentro de toda la camada de bandas noventeras que durante estos últimos quince años decidieron volver, la mayoría de ellos sin absolutamente nada interesante que decir. 

En ese sentido, The blue hour es el tercer álbum de Suede tras su vuelta casi diez años atrás. Antes de este obtuvimos un correcto Bloodsports (2012) y un intenso Night thoughts (2016), y si algunos creyeron que con este último habían tocado techo, cometieron un error: en este 2018 la experiencia ha sido mejorada con creces mediante un álbum tan oscuro como contundente. Un disco de aquellos que ya no se componen. Tal cual. 

Basta oír la solemne entrada de 'As one' para advertir que esto viene en serio. Un desgarrado canto acompañado por una estructura creciente dan cuentas de un tema cargado de teatralidad y emoción. Más adelante esta tónica se sostendrá en una serie de pasadas trabajadas al detalle, ahí 'Mistress´ + 'Beyond the outskirts' (una maravilla de coro) o 'Chalk circles' + 'Cold hands' funcionan como una sola pieza, con transiciones casi imperceptibles para quien oye marcadas por un excelente trabajo de guitarras y ambientes. Entre estas 'Wastelands' y más adelante 'Don't be afraid if nobody loves you' funcionarán como lo más similar a un single que oiremos en el disco, digamos, algo que en otros tiempos habríamos oído en las radios, sin embargo, entrando en el nudo del álbum este volverá a retomar la contundencia mediante las notables 'Life is golden' (¿tenemos canción del año?) y 'Tides'

En el cierre del álbum este se desatará entre arreglos orquestales, los cuales se habían insinuado sutilmente durante la primera mitad pero en la triada final compuesta por 'All the wild places' + 'The invisibles' +  'Flytipping' se abordan en pleno, cerrando así un álbum arriesgado y valiente, un disco desafiante que desborda talento y que desde ya se instala entre lo más destacado que habremos oído en este 2018 y por cierto, de lo mejor que Suede nos habrá dejado en su carrera. 

8,2 /10
¡Excelente!


Otras reseñas de Suede:

viernes, 23 de noviembre de 2018

Muse: Simulation Theory (2018)

"Cancioncitas..."

No venían bien claro está. Es más, desde The resistance (2009), pasando por The 2nd law (2012) y el monótono Drones (2015) que Muse viene generando más dudas que certezas entre los seguidores de la música. No cabe duda, sin embargo, que esta situación debe tener sin cuidado a Matt Bellamy y compañía, quienes desde hace un tiempo a la fecha gozan de un connotado estatus de rockstars, llenando estadios y grabando películas. Y es que a la hora de hablar de Muse deberíamos tener todos claro el que estos siempre fueron una banda con pretensiones comerciales, digamos, más cerca de históricos tipo U2, The Police o Queen (bandas de rock con vocación de masas) que de Porcupine tree o Marillion, por más que en sus inicios hayan coqueteado con el progresivo. El caso es que sea como sea, un álbum como Drones pareció chocar contra un muro en términos de creatividad. El de 2015 fue un disco de guitarras en extremo sencillo y plano. Era esperable por tanto el que la banda realizara un giro en su sonido, que es lo que hemos recibido en Simulation theory, disco con el que Muse retoma su afición por el sonido ochentero (basta ver esa fantástica portada para constatar intenciones) pero intenta barnizarlo en una producción actualizada y diversa. El resultado, sin embargo, vuelve a tropezar con las mismas piedras que tropezaron trabajos anteriores dejándonos una vez más frente a un álbum de uno que otro momento pero que como conjunto no convence ni seduce. 

A destacar en Simulation theory los instantes bien logrados que se concentran en la primera mitad de este, ahí destacan los aires épicos y grandilocuentes de 'Algorithm' (ojo a la versión que aparece en la versión extendida, tapizada en teclados y sintetizadores), la contagiosa dinámica de 'The dark side' + 'Pressure' o el sabor de 'Propaganda', con evidente guiño a Prince incluido aunque claro, todo siempre de manera muy contenida, y es que el conservadurismo de estos Muse por momentos se vuelve desesperante. Dan ganas de zamarrear a la banda a ratos para que despierten y saquen provecho a las melodías que logran, que no están mal. Ejemplo de lo mencionado es 'Break it to me' ¿De qué va esta canción? ¿Quieren experimentar? ¿Entregar un toque de oscuridad previo al pop descarado de 'Something human' (que por cierto, no tiene absolutamente nada que ver con todo lo que ha sonado antes)? Sea lo que sea... no se entiende el objetivo. 

Y si toda la primera parte regalaba tantos momentos como dudas la segunda se encarga de definitivamente sepultar el nivel. Recurren a los coros de estadio en 'Thought contagion' para luego desatar el relleno, y es que más allá de uno que otro buen coro que incluso traerá al presente los tiempos de Black holes and revelations ('Blockades' por ejemplo), es muy poco lo que en la recta final invita a seguir junto al disco dejando en el ambiente la sensación de estar frente a un álbum que sigue dando muestras de una banda sin un norte claro más allá del sobrevivir al momento en base a cancioncitas. Y es que Simulation theory comienza insinuando una propuesta para acabar en medio del vacío. Una vez más...

5/10 
Nada muy especial...


Otras reseñas de Muse:
2015 // Drones
2012 // The 2nd law
2009 // The resistance 

viernes, 16 de noviembre de 2018

Andrés Calamaro: Cargar La Suerte (2018)

"Retorno en buen nivel de un histórico..."

Tocaba el que tras un álbum tan incorrecto y desafiante como fue Volumen 11 (2016) llegase a nosotros una versión más reposada y elegante del argentino Andrés Calamaro, en ese sentido, este Cargar la suerte conecta a la perfección mucho más con Bohemio (2013) que con su antecesor inmediato. Nos encontramos así frente a un álbum de rock correcto, contenido y en general optimista, un conjunto de doce temas que cumplen y sin duda agradarán al fan tradicional del cantautor pero de ese lugar no escaparán.

En lo musical no hay demasiadas sorpresas con el disco, partiendo por esas guitarras tímidas que acompañan el simpático relato de 'Verdades afiladas', la cual nos deja una que otra frase marca de la casa ("Y lo prohibido es una forma de vida...") y da paso a una serie de medios tiempos, como es el caso de 'Tránsito lento' + 'Cuarteles de invierno', donde el argentino saca de la manga su principal talento: el saber lograr demasiado con muy poco. De igual manera el álbum encontrará su mejor momento llegando 'Diego Armando canciones', una que funciona a la perfección con cada linea que seduce y danza sobre una delicada guitarra. Es el mejor Andrés Calamaro y la prueba de que aún hay fuego en su pluma llega con 'Las rimas' ("Lo bueno de estar solo es que la soledad no miente..."), otra pequeña joya que nos dejará este trabajo. 

En una segunda mitad se lanzará al rock de lleno en 'Siete vidas' y luego en 'Falso LV' mientras que bajará las pulsaciones con la cruda 'Mi ranchera' ("Mejor hubiese sido despedirte de mi con un balazo..."). La recta final, sin embargo, bajará un tanto el nivel con cosas más tradicionales como 'Adán rechaza' o 'Egoístas', aunque cerrará de manera impecable con la reflexiva 'Voy a volver'

Sabemos que la carrera de Andrés Calamaro ha deambulado entre verdaderas obras maestras, discos notables y experimentos fallidos. En esa linea Cargar la suerte nos regala varios momentos dignos de ser recordados y un nivel en general destacado. No quedará entre sus más grandes glorias pero si nos entrega el presente de un artista que aún tiene algo que decir, lo cual no es poco considerando la longeva carrera que ostenta. Cabe la reflexión de hecho, ¿existe otro artista de su generación que aún exhiba este nivel? Pocos, muy pero muy pocos.

6,5 /10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Andrés Calamaro:

martes, 13 de noviembre de 2018

Disturbed : Evolution (2018)

"De evolución ... nada"

Disturbed fue una banda que nació a comienzos de este Siglo XXI de la mano del llamado nu metal, movimiento que por aquel entonces comenzaba a dar sus últimos coletazos. A partir de ahí, sin embargo, hay que darles el haber podido sobrevivir al síndrome de los dos primeros álbumes y defender mediante discos cómo Ten thousand fists (2005) o Indestructible (2008) un estilo que, nos podrá gustar más o menos, pero al menos gozaba de cierta identidad. Y en esa linea han venido moviéndose desde hace al menos una década, desarrollando una fórmula de rock cada vez más sencilla, tradicional y melódica, marcada por la raspada garganta de David Drainman y un sonido que pretende lograr bastante con poco. La sensación, sin embargo, de que esta fórmula viene en claro desgaste se ha ido marcando álbum tras álbum, y si con Immortalized (2015) parecieron agotar los cartuchos es con Evolution donde definitivamente han acabado por dar su peor paso a la fecha.

Nos encontramos así con un álbum que trabaja las mismas fórmulas de siempre aunque esta vez han filtrado un tanto más los instrumentos (además de incluir una serie de baladas), buscando sonar algo más sofisticados (?) o modernos pero fallando básicamente a causa de una evidente falta de ideas. Y si bien el álbum no abre del todo mal con una efectiva 'Are you ready' tan pronto llega a nosotros la predecible 'No more' identificamos que el asunto no pinta bien. Y es que si bien siempre Disturbed se ha caracterizado por ser una banda que compone con manual en mano en esta ocasión el asunto les ha quedado en exceso evidente, para muestra la intrascendente balada 'A reason to fight', sin garra, alma ni pasión. En adelante las cosas no levantarán, y es que al cuarto tema Evolution ya se ha quedado sin argumentos ni armas, regalando una seguidilla de temas tan intrascendentes como aburridos ('Hold on to memories', otro claro ejemplo de lo que menciono), donde cada uno de ellos no escapa del estrofa/puente/coro clásico pero sin un solo gancho que valga la pena recordar.  

Cuesta entender por tanto el concepto de evolución que Disturbed maneja ya que no se aprecia en este conjunto de inofensivas canciones un solo paso hacia adelante, sino más bien todo lo contrario. 

3/10
Pésimo...! 

sábado, 3 de noviembre de 2018

Steve Perry : Traces (2018)

"Honesto regreso que sabe a poco..."

Tras 22 años de retiro voluntario, la mítica voz de Journey está de regreso. Sabido es que entrando en los años 90 el vocalista perdió inspiración, sus ganas de cantar y digámoslo también: su característico y privilegiado registro. Sin ir más lejos hace poco ha declarado, en relación a dicho período que "me encantaba componer grandiosas melodías, sin embargo, de un momento a otro ellas dejaron de aparecer". Todo confabuló por tanto para que no supiésemos de Steve Perry por más de dos décadas, período donde este decidió dejar de cantar hasta en la ducha y enfocarse más que nada en sus procesos personales. En ese camino fue que conoció a Kellie Nash, una joven mujer que luchaba en ese entonces contra el cáncer, se enamoró y aferró a ella, al punto de encontrar tras su muerte la motivación para enfrentar sus fantasmas y volver a escena. 

Llega así a nosotros Traces ("Huellas"), un disco de bajo perfil, compuesto basicamente por una serie de sentidas baladas centradas todas, como era de esperar, en el concepto de la pérdida y el seguir adelante con el recuerdo a cuestas. Ahí, nos encontramos con puntos altos, concentrados principalmente en la primera mitad del álbum, y otros no tanto. Entre lo positivo cabe destacar el tridente inicial, compuesto por el medio tiempo 'No erasin', la emocional 'We're still here' y 'Most of all', en todas ellas percibimos a un Steve Perry quebrado vocalmente pero que consigue conmover pese a las evidentes limitaciones que actualmente presenta. Más adelante, sin embargo, el disco se entrampará entre una serie de baladas que insisten en tocar la misma tecla al punto de agotar. Ahí temas como 'No more cryin' (que parece ser un refrito del clásico 'Lights') , 'In the rain' o 'You belong to me' acaban cansando y el rock de 'Sun shines gray' suena tan de manual que no alcanza a levantar el asunto.

Nos quedamos entonces frente a un álbum honesto de comienzo a fin (que cuenta además con una portada sencillamente espectacular) pero que francamente, más allá de la emoción que pueda provocarnos el oír nuevamente a Steve Perry, es poco lo que tiene que entregar en materia de canciones. 

2.5 // Nada muy especial. 

martes, 30 de octubre de 2018

Soreption : Monument Of The End (2018)

"Tino, precisión y perfección..."

El death técnico tiene de regreso a uno de sus buenos exponentes en la actualidad. El camino ascendente que la banda inició ocho años atrás continúa dando buenos frutos de la mano del que seguramente será considerado por muchos como uno de los grandes álbumes que habremos oído en este 2018, y si bien es cierto es que con su tercer largo estos suecos no pretenden inventar la pólvora y desenfundan un conjunto de temas dispuestos a impactar con potencia + precisión quirúrgica el mentón del oyente, también lo es el que hay mucho que agradecer en este Monument of the end

Un primer aspecto a destacar es la ejecución, que jamás baja del notable, con un trabajo de guitarras y batería realmente extraordinario. Para muestra, la dinámica incesante de canciones como 'Nothingness becoming' + 'A mimic's ignorance' , las notables progresiones de 'King of undisputed nonsense' o la sección intermedia de 'Architects of the apocalypse', con quince segundos de un incesante y endemoniado blast beat seguido de las impresionantes vocales de Friedig Soderberg y las cuerdas de Mikael Almgren, todo un conjunto que no entrega momento de tregua a quien oye. 

Ahora, ciertamente, más allá del deleite técnico, lo interesante en cada una de estas canciones se encuentra en el trabajo de estructuras que presentan, con constantes cambios que permiten disfrutar del disco sin jamás bajar el nivel, entregando en este espacio incluso para pasadas muy melódicas con coros reconocibles y adictivos, como es el caso de 'The anti-present' + 'Children of the automaton'. En el mismo sentido, cabe mencionar lo atinado que resulta el que tras cuatro años de silencio la banda regrese con un álbum de tan solo ocho temas (insisto, el número perfecto para mi cuando de música compleja hablamos), entendiendo muy bien aquella idea de que en ocasiones menos es más, asunto que en esta ocasión se verifica plenamente. De esta forma cuando el disco cierra en la absoluta perfección de 'Virulent well' + 'The entity' nos quedamos con la sensación de haber disfrutado de una dosis intensa pero adecuada de un death metal técnico de primer nivel. 

De lo bueno poco y así continúa desarrollándose la carrera de los suecos de Soreption, una joya del metal actual y que en Monument of the end han vuelto a encontrar un trabajo tremendo, de lo mejor que habremos oído en este 2018.

8,8/10
¡Excelente!