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lunes, 8 de mayo de 2023

Overkill : Scorched (2023)

 "En la cresta de la ola..."

Dato curioso pero que se presta para el análisis: los más recientes álbumes de Metallica y Overkill fueron lanzados exactamente el mismo día, el pasado viernes 14 de abril. Coloco sobre la mesa esta loca coincidencia para realizar la odiosa comparación entre dos bandas que comenzaron donde mismo pero siguieron caminos diferentes. Mientras los de James Hetfield decidieron mantener su formación por ya casi treinta años (salvo lo de Dave Mustaine en sus inicios y los cambios forzados en el bajo), la dupla Ellsworth / Verni ha ido modificando integrantes durante este mismo período según necesidad. Sin ir muy lejos, desde 2017 cuentan con Jason Bittner en batería, un tipo diez años menor a ellos que seguro consideran puede dar con el nivel que el proyecto requiere. Los resultados musicales de ambas bandas son por tanto abismalmente opuestos, Metallica publica un álbum cada 6-7 años y estos se encuentran lejísimos del nivel que en sus inicios ostentaron mientras que Overkill lanza disco cada 2-3 años, con un nivel técnico que muestra ripio alguno, compitiendo unicamente contra si mismos entre álbumes que se esfuerzan en dar muestras de un thrash característico, incombustible, afilado y que desborda energía. Ahora, en términos de popularidad el asunto es a la inversa, Metallica revienta ventas en giras mundiales mientras que Overkill se presentan en recintos pequeños y/o festivales. 

Siguiendo con el paralelo, ninguna de las dos propuesta está mal, ambas cuentas con sus pro y contras, sin embargo, algo que no puede negarse es que el combo Bobby 'Blitz' Ellsworth + D.D. Verni se niega a renunciar a sus banderas y este Scorched, su álbum número veinte, viene a ser la confirmación de que tampoco tendrían por qué cambiar. Un disco sólido de comienzo a fin, suficientemente diverso como para mantenernos atentos durante cincuenta minutos de música y que ciertamente sube un par de peldaños respecto a cualquiera de sus antecesores inmediatos. 

Abren de manera notable con 'Scorched' (la canción), veloz desde su partida aunque con el tino suficiente como para saber cuando hacer la pausa (pasando el minuto 3), darte un respiro, tomar aire y volver a acelerar. Más adelante realizarán jugadas similares en cosas como 'The surgeon' o 'Twist of the wick' (qué sólido está con sus agudos el buen Bobby, increíble tras tantos años) mientras que con mucho tino en determinados momentos bajarán los tiempos sacando a la luz todo su arista más Black Sabbath en la excelente 'Wicked place' o 'Fever', con ese oscuro primer minuto. ¿Y el resto? Pues una segunda línea sólida como la roca, cosas de manual como 'Goin' home' y una recta final afiladísima con 'Harder they fall'bestial la velocidad y ese doble pedal!) + 'Know her name' (el bajo de Verni, que maravilla como marca presencia) + 'Bag o' bones' , la cual no entrega respiro ni espacio a la insatisfacción. Heavy metal puro y duro.

En la lógica del disco cada 2-3 años es lógico que no todo lo que publiquen Overkill va a ser de alto nivel, sin embargo Scorched los ha atrapado en la cresta de la ola. Es lo mejor que podrían publicar tras treinta años de carrera, más no se les puede pedir. Benditos sean...

¿Canciones? 'Scorched', 'Twist of the wick', 'Wicked place' y 'Harder they fall'

8,5 / 10
¡Excelente!

domingo, 3 de marzo de 2019

Overkill: The Wings Of War (2019)

"Acelerador a tope..."

Una verdadera leyenda del metal está de regreso, hablamos de Overkill, quienes con Bobby Ellsworth y D.D Verni a la cabeza continúan tras más de treinta años de carrera mostrándose en pleno estado creativo. Sin ir más lejos, con  The wings of war (su álbum número diecinueve) han decidido acelerar a fondo y marcar diferencias respecto a su antecesor, el buen The grinding wheel (2017). Y es que si dos años atrás entregaron un conjunto de temas de amplia duración y mucho peso, en 2019 han optado por la velocidad y un thrash realmente directo que seguro dejará contento a quienes gustan de un metal dispuesto a machacar cerebros. 

Y es que acá no hay medias tintas, desde la incesante cabalgata que proponen los casi seis minutos de 'Last man standing' el álbum declara intenciones: este pretende sonar demoledor echando mano a una fórmula conocida por la banda pero que continúan manejando a placer. Es así como 'Believe in the fight', con esa exquisita parada + cambio de velocidad a los dos minutos, seguida de la tremenda 'Head of a pin' regalarán guitarras afiladas y a un Ellsworth que vocalmente no parece entender del paso del tiempo (los gritos que lanza al final de esta última son realmente demenciales, de otro planeta). Los trabalenguas vocales y los redobles incesantes continuarán apareciendo en 'Batshitcrazy', otro tema que da muestras de una banda que domina el estrofa/puente/coro a la perfección y será recién con la llegada de 'Distorsion' cuando el disco se abrirá a entregar una bien lograda baja en las pulsaciones.   

Hasta el cierre de su primera mitad no existen problemas con The wings of war, sin embargo, no todo será perfecto ya que entrando en su segunda mitad este comenzará a dar muestras de su principal (y único) defecto: la redundancia y extensión innecesaria (algo que ya les había ocurrido en 2017). Y es que si bien el arranque lleno de energía que propone 'A mother's prayer' se agradece y disfruta, el álbum poco a poco comenzará a dar señales de agotamiento en su fórmula. Sin ir más lejos, 'Welcome to the garden state' y su sonido punkoide me parece podrían habérsela ahorrado o quizás haberla dejado como un cierre ya que temas como 'Where few dare to walk' o 'Out on the road-kill' huelen a relleno en cada uno de sus segundos, lo mismo con el cierre a cargo de 'Hole in my soul'...

Cerramos así un álbum cuyo punto positivo es la descarga de energía que regala (en ese sentido, The wings of war es el disco que Metallica sueña pero ya no puede componer) pero que falla al mismo tiempo en la monotonía en que tiende a caer en medida que avanza. Sobran acá al menos dos a tres temas, lo cual es bastante decir para un álbum que en su primera mitad al menos no tiene desperdicio. Con todo, Overkill continúa mostrándose vivo y con hambre suficiente como para seguir adelante defendiendo su legado con dignidad.

6/10
Bueno, cumple. 


Otras reseñas de Overkill:
2017 : The grinding wheel

jueves, 16 de febrero de 2017

Overkill : The Grinding Wheel (2017)

Vitalidad que no sabe de tiempo.

Con treinta años de trayectoria y (con este) dieciocho álbumes bajo el brazo, lo de Overkill no para de sorprender. ¡Tantos años y que aún suenen con este nivel de potencia! Lo cierto es que, pese a no gozar de la popularidad de un Megadeth o Slayer, los de Bobby "Blitz" Ellsworth vienen demostrando desde hace rato que poseen características de leyenda, sobretodo tras 2010, año donde gracias al iracundo Ironbound lograron volver a oídos de muchos. Posteriormente confirmaron el interés con un par de excelentes álbumes para en 2017 regresar con The grinding wheel, un disco que baja un tanto las revoluciones en relación a sus antecesores pero no necesariamente por esto el nivel.

Efectivamente esta vez la cabalgata de Overkill se aleja por momentos del thrash sin concesiones que enmarcó álbumes como The electric age (2012) o White devil armony (2014) y se mueve sobre tiempos un tanto más lentos, aunque igual de convincentes. Abren por ejemplo con 'Mean, green, killing machine', que pretende ser la 'Master of puppets' de este álbum. Siete minutos y una estructura que tras dos estrofa/coro posee un quiebre que manda al tema hacia otro lado para durante los últimos dos minutos volver. El resultado es excelente. Se verá corroborado con la pasada por 'Goddamn trouble' + 'One finest hour', más dinámica y veloz aunque algo excesiva en su duración (ambas rondan los seis minutos y tienden a repetirse en demasía). Donde si logran ser efectivos e impecables de comienzo a fin será con el contagioso "Come on, come on!" de 'Shine on' y 'Let's go to hades', ambas van directo al hueso y demuestran que la banda aún es capaz de invitarnos a rockear con buenas armas. 

Ahora, si algo tuviese que criticarle al disco es su exceso de duración. Canciones como 'The long road', 'The wheel' y sobretodo 'Come heavy' me parece podrían habérselas ahorrado más que nada por reiterativas e insistir sobre algo que ya se había entregado de mejor forma. Sesenta minutos de álbum entorpecen el que incluso se pueda disfrutar al cierre de temas como 'Red white and blue' o 'The grinding wheel' , que si son notables y enmarcadas en un álbum más corto habrían lucido de mejor forma. 

Nadie podrá quitarles de todas maneras restarle méritos a lo que Ellzworth y Verni han sido capaces de sostener tras todo este tiempo. Overkill se mantiene en vida con dignidad de la mano de un sonido que por sobretodo suena auténtico y que aún goza de una frescura envidiable.

7/10
Muy bueno.