CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Si hay un disco que catapultó a Depeche mode a ser lo que hoy y siempre serán, es este. Algunos seguro mencionarán a Black celebration (1986) como una primera joya de la corona, con su sonido sofisticado ('A question of lust'), sensualidad a tope ('Stripped'), espectaculares invitaciones al baile ('Question of time') y momentos emocionalmente potentes ('Black celebration', 'Sometimes'), sin embargo, no nos engañemos, que es Music for the masses el disco en donde los británicos encuentran su punto tanto a nivel compositivo como hitero. Esto último porque si bien la banda había golpeado el mercado durante los tempranos 80s con cosas como 'Just can't get enough', 'Everything counts' o 'People are people', faltaba un álbum que recogiese esa vibra y la expresase en un mismo conjunto, sin sacrificar además su esencia, que es lo que acá hacen alternando singles absolutamente incontestables con clásicas pasadas más oscuras e íntimas marca de la casa.
Yendo a la música, en su sexto álbum los ingleses van en busca de la pista del baile desde un comienzo. Abre 'Never let me down again' y entendemos de inmediato hacia donde quieren ir, con una salvedad además: suenan más contundentes que nunca. Esta vez el synth pop se oye profesional (y no tan notoriamente amateur como en sus primeros álbumes), convincente y con vocación de estadios.'Never let me down again' es un himno pero no será el único, 'Strangelove' impactará con su fascinante coro y más adelante 'Behind the wheel' bajará las revoluciones para plantearse con su lírica sugerente ("Hay momentos en que prefiero no ser quien conduzca / Ven, tira mis cuerdas / Mira mis movimientos / Haré lo que sea / Por favor...") como una de las cosas más sensuales que la banda haya compuesto hasta ese entonces, aspecto que por lo demás en los siguientes dos álbumes sería profundizado y explotado.
Finalmente, cerrando esta línea cargada al synth pop de disco sonará 'Sacred', una que perfectamente podría haber sido single, y en menor medida el medio tiempo 'Nothing', mientras que el resto será ir intercalando pasadas algo más íntimas, canciones como 'The things you said', 'Little 15' o 'I want you now', que arman un relato sobre la sencillez de un desnudo sintetizador, cositas que insisten sobre el sonido industrial como 'To have and to hold' y un cierre absolutamente freak en plan instrumental con 'Pimpf', que pinta nada en el disco verdad sea dicha...
Efectivamente Music for the masses no es un álbum perfecto pues se percibe cierta diferencia de nivel entre los puntos altos (que son MUY altos) de este (básicamente los singles más alguna a gusto del consumidor) y su segunda línea, lo cual lo priva de ser una obra maestra plenamente redonda, sin embargo, el trabajo efectivamente logra explotar aquella vocación de masas que la banda venía insinuando desde hace varios años y cosa curiosa: comienza a cerrar un ciclo. En el siguiente (y extraordinario) Violator (1990) si bien ciertos elementos synth pop volverían a ser retomados, poco a poco Depeche mode comenzaría a acercarse una versión algo más cargada al formato "banda de rock", pero aquello será motivo de futuras reseñas...
¿Canciones? 'Never let me down again', 'Strangelove', 'Behind the wheel'.
¿Con qué características debe contar un álbum perfecto? Enunciemos: dos o tres himnos, digamos, aquellas canciones absolutamente incontestables, un par de éxitos masivos e inolvidables, una medianía de canciones que dejen la sensación de jamás bajar el nivel, un conjunto de líricas que entreguen ideas interesantes, un vocalista que logre impregnar un determinado sello en sus interpretaciones, una banda en estado de gracia y una producción capaz de hacer lucir de buena forma dicho estado. Y bueno, todas estas variables se conjugaron en 1987 con U2, una banda que venía en ascenso y que en 1984 ya había golpeado fuerte la mesa con The unforgettable fire pero que tres años más tarde se metería definitivamente en la historia con The Joshua Tree, su fabulosa obra cumbre.
Musicalmente The joshua tree se entiende como un álbum que aterriza la experimentación desarrollada tres años atrás en The unforgettable fire. En ese sentido, el de 1987 es un álbum que deambula entre el mesianismo y la crudeza, pero que salvo pequeños chispazos no entrega demasiado espacio a los excesos, sonando de esta forma más compacto y sólido que su antecesor. Es un álbum pensado al detalle, donde varias cabezas estuvieron detrás de lograr el sonido perfecto (Brian Eno y Daniel Lanois principalmente), el cual tras largos períodos de locura pudo conseguirse.
Pero vayamos a la música. Abre el disco, una melodía en ascenso señala el rumbo, el rasgueo de la guitarra de Dave Evans (a.k.a The Edge) comienza a pronunciarse para que tras unos cuantos segundos la banda entre en pleno. Es 'Where the streets have no names', un himno, una de las canciones más fabulosas en la carrera de los irlandeses, un tema que por si solo merecería una reseña y que por cierto, nos deja de entrada muy arriba. Curiosamente, en lugar de mantenernos en la cresta de la ola y entregarnos un tema de rock directo ('In god's country', por ejemplo), la banda a continuación opta por bajar las revoluciones, primero mediante el personal medio tiempo 'I still haven't found what I'm looking for', una canción de arreglos muy simples pero que destaca gracias a la interpretación y letra de un Bono conmovedor ("He hablado con la lengua de los ángeles / He tomado la mano del diablo / Era cálida en la noche / Yo estaba frío como una roca / Pero aún no encuentro lo que andaba buscando..."), y luego con la fabulosa balada 'With or without you', canción marcada por el bajo de Adam Clayton y que poco a poco comienza a ganar fuerza hasta acabar orgásmicamente con múltiples explosiones para nuevamente finalizar sobre la calma. Por cierto, los tres temas más contagiosos del álbum ya han sonado por lo que desde acá queda comprobar si el resto logra sostener el nivel.
Un viaje a centro américa influenciaría a Bono a escribir 'Bullet the blue sky' , uno de los temas más políticos en la carrera de la banda, con directas alusiones a la guerra y un sonido marcado (nuevamente) por el bajo de Clayton, una batería de Larry Mullen Jr. que desde los tiempos de 'Sunday bloody sunday' no era así de protagonista y, por supuesto, la fantástica guitarra de The edge, que interrumpe brusca pero acertadamente el relato del vocalista en un par de momentos. La primera parte del álbum finaliza con la sensibilidad de 'Running to stand still', que con sus referencias al mundo de las adicciones se transformaría en otra de las tantas joyas ocultas en la discografía de U2.
La cara B del disco abre con una dupla incontestable, dos temas aparentemente menores que vienen a demostrar la grandeza de The Joshua Tree, me refiero a la soberbia 'Red hill mining town', cuyo peso reside completamente en la emocionante interpretación de un Bono que va al límite de su registro, e 'In god's country', con unos guitarrazos inolvidables sobre los que danza una hermosa letra que consagra al Bono letrista ("Los ríos corren pero pronto se secarán / Necesitamos nuevos sueños esta noche..."). Nos acercaremos al final con 'Trip through your wires', el tema más estadounidense del trabajo y otra muy política, 'One tree hill', que es toda poesía (con cierre en tono de oración gospel incluido) para acabar definitivamente este viaje con la oscuridad de 'Exit' y el lamento 'Mothers of the disappeared', dedicada a las madres cuyos hijos o familiares desaparecieron durante distintos periodos dictatoriales ocurridos en Latinoamérica durante los años 70's.
The Joshua Tree es U2 en estado de gracia. Un álbum perfecto en donde cada canción es un mundo, una historia y que en materia de composiciones encontró a una banda inspirada, capaz de conjugar potentes melodías, cargadas de carácter, con momentos igual de crudos. El disco marcaría por cierto un antes/después para los irlandeses, quienes a partir de acá abrazarían una vocación masiva, de grandes estadios, que hasta el día de hoy los ha marcado. Encuentran así el reconocimiento definitivo y la consagración, desde acá les tocaría re inventarse en el éxito, lo cual no sería fácil tarea, en 1989 tropezarían con Rattle & Hum, aunque aquello será motivo de una futura reseña...