CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Siempre singulares, dueños de una actitud punk que en (muy) pocos se puede encontrar hoy, los ingleses de Idles se las vienen arreglando desde hace una década para dar que hablar como una de las bandas más atractivas e interesantes de la escena. La tenían complicada con su quinto álbum eso si, el salvaje Crawler antecedía (imperdonable mi omisión acá en el blog de este durante 2021) y por ende la vara se encontraba altísima. Y cuando en esto de la música sucede algo como esto, cuando en una determinada dirección se pareciera haber tocado techo, solo quedan dos caminos: comenzar con la repetición de fórmulas para así estirar el hilo mientras se pueda o derechamente hacer el giro hacia el vacío. Esto último es lo que pareciese insinuar este Tangk, un álbum con el que Idles han decidido sensibilizar su sonido, escapando de su habitual aridez mediante un conjunto que en ningún caso resulta fácil de oír (la esencia no la pierden, eso está fuera de discusión) pero si se aleja del palazo a la cien que representaron sus anteriores trabajos.
Hay canciones acá más amenas, quizás las más "accesibles" (insisto en las comillas) que han compuesto en su carrera, como los claros singles 'Gift horse' o 'Dancer', ambas dueñas de un sonido sucio pero que invita al baile, fuera de coros marcadamente reconocibles y contagiosos. Entre estas, sin embargo, se han lanzado hacia sonidos marcadamente hipnóticos, primero en 'Idea 01', una de esas canciones que jamás acaba de despegar (lo cual está lejos de ser un defecto en este caso) y donde huelen a los Radiohead más experimentales (está Nigel Godrich en la producción, así que algo por ahí tenía que aparecer), y luego jugando a placer con las percusiones tanto en 'Pop pop pop', nuevamente yendo a los Radiohead de Kid A en la construcción de atmósferas (para muestra, ese minuto final), como más adelante en 'Grace'.
En su Cara B, salvo alguna excepción el disco apuntará hacia lo íntimo, volviéndose bastante oscuro y lúgubre, en cosas como 'Roy' o 'Jungle' regalando alguna explosión en el camino y en otras como 'A gospel' entregando el que debe ser el tema más triste en el álbum abordando una penosa ruptura y donde el siempre desafinado e incorrecto Joe Talbot se oye en el suelo ("Borra mi número / No estoy más / Ignora mis ojos bebé / Son solo dolor..."). La excepción en el camino será 'Hall & oates, donde no se olvidarán de que están hechos entregando el tema más ruidoso, crudo y directo en todo el disco, el más breve también, apenas dos minutos.
Un trabajo como Tangk no parece ser un lugar definitivo para Idles si no más bien un punto de partida, una constante búsqueda. Los ingleses respiran libertad y aquello se transmite en sus álbumes, acá con su quinta entrega pareciesen haberse sentado a explorar para ver desde donde se rearman y continúan avanzando en su historia. Benditos sean por eso...
Si bien Radiohead se encuentra más fuera que dentro en materia de labores creativas, dos discos en casi quince años dan cuenta de aquello, Thom Yorke es un tipo que no se ha quedado para nada quieto durante dicho período, publicando trabajos tanto con su proyecto alternativo Atoms for peace como en solitario. Al vocalista hay que darle el que constantemente ha buscado ir más allá de lo obvio, siendo precisamente A moon shaped pool (2016) en compañía de los Radiohead lo más convencional que le hemos oído en el último tiempo (que no se mal entiendan mis palabras, que aquel me sigue pareciendo un disco fascinante, fabuloso y que continúa sobreviviendo perfecto al paso del tiempo). El caso es que si uno lo piensa, en este 2022 podría haber tocado disco de la banda (seis años ya), sin embargo, Yorke ha decidido reunirse con sus compadres de toda la vida, el guitarrista Jonny Greenwood y el productor Nigel Godrich, para publicar un álbum que efectivamente suena y huele a Radiohead por todos lados... pero oficialmente no será de Radiohead. ¿Las razones? Ellos sabrán, pero analicemos (y digámoslo desde ya), A light for attracting attention es un álbum realmente hermoso, un disco cuidado, delicado, repleto de detalles exquisitos que dan cuenta del nivel de músicos que acá están involucrados, sin embargo, es un disco que carga con un (único) pecado de nacimiento: ha sido compuesto por unos tipos responsables de varios de los discos más importantes de los últimos treinta años. Casi nada, pero quizás por ahí ha pasado la decisión...
De esta forma, para prácticamente todo lo que suena en estos cincuenta y tres minutos de música podría aplicar el "esto ya lo he oído antes (no se si mejor, pero ya lo he oído)". Y es que así es. Las atmósferas hipnóticas de cosas como 'The same' recuerdan bastante a los trabajos en solitario de Thom Yorke (léase, The eraser), otro grupo de canciones, que juegan con la desestructura mediante guitarras limpias y juegos de percusiones, como 'The opposite', 'The smoke', 'Thin thing' o 'A hairdryer' retoman y elevan el sonido de The king of limbs (2011), también algo como 'Pana-vision' en ese mix piano + arreglos orquestales podría perfectamente haber entrado en lo que fue A moon shaped pool (2016), mientras que cuando la banda aborda el rock crudo en 'You will never work in television again' o 'We don't know what tomorrow brings', las canciones suenan a versiones alternativas de 'Bodysnatchers' o 'Jigsaw falling into place' del In rainbows (2007). Mención aparte para lo que hacen en 'Waving a white flag', que es llevar el 'Like spinning plates' de Amnesiac (2001) a un nuevo nivel.
El resto de los temas seguirán una línea muy marca de la casa, a veces llegando a lugares delicados en 'Skrting on the surface' (precioso lo que Yorke continúa consiguiendo con su voz, pese a haber perdido la potencia en su garganta, pero sabiendo utilizar de gran forma los agudos), sobre teclados en 'Open the floodgates' o yéndose a las cuerdas en la maravillosa 'Free in the knowledge' (con mini y curioso homenaje al 'Man in the mirror' de Michael Jackson en la recta final), que es el tema de SIEMPRE de Radiohead, el 'Fake plastic trees' o'Exit music (for a film)', pero que continúa funcionando perfecto porque a estos tipos la belleza les fluye como a realmente pocos.
Nadie que venga siguiendo a Radiohead desde sus inicios o se haya subido al carro posteriormente podrá quedar insatisfecho con lo que Yorke + Greenwood + Godrich acá han entregado, un disco precioso y repleto de momentos dignos de la leyenda. El tridente acá hace lo que mejor saben hacer y lo hacen bien. Mirando el vaso medio lleno, el trabajo les continúa mostrando en alto nivel, acá sigue habiendo magia. Mirando el medio vacío, es quizás la primera vez en que les vemos mirando hacia atrás con tanto descaro.
¿Canciones? 'The same', 'Pana-vision' y 'Free in the knowledge'
Los recientes pasos de Arcade fire hablaban de una agrupación que tendía a tropezar consigo misma. Tocaron techo claramente una década atrás con aquel fascinante The suburbs (2010), el cual llegó para acumular grandeza, considerando lo que la banda había logrado años antes con otra joya como Funeral (2004). Tras estos, sin embargo, la banda se mareó. Con Reflektor (2013) pudieron anotarse otro registro enorme, pero la falta de contención les jugó en contra, y donde si definitivamente patinaron fue con Everything now (2017), una intentona comercial que los dejó fuera de juego y en tierra de nadie. Desde ahí se entiende el que cinco años más tarde regresen con un álbum que aparenta bajas pretensiones, que busca conectarles con los aspectos más básicos de su sonido y esa sensibilidad tan particular que les caracterizó en sus inicios, esto con ayuda de Nigel Godrich (el mítico productor de Radiohead), cuyo aporte se hace sentir a lo largo del álbum.
We es ante todo un álbum de tonos grises y melancólicos, un trabajo que escapa de las guitarras eléctricas y las ansias de baile que intentaron promover en su antecesor, centrándose más bien en la generación de atmósferas profundas, reflexivas e íntimas. Además, a diferencia de lo hecho en cualquiera de sus antecesores, esta vez han apostado por calidad en lugar de cantidad, entregando solo nueve canciones + un preludio que en cuarenta minutos pretenden entregar un concepto sonoro claro, sin dispersiones.
Abren de manera ambiciosa, con el piano de 'Age of anxiety I', hablando de los males de la sociedad actual en términos de calidad de vida ("En la era en que nadie duerme y las pastillas hacen poco por mi..."), aunque pegándole el palo también al mundo de las apariencias ("Cuando te miro, veo lo que tu quieres que vea..."), en una canción que entrando a los tres minutos despega con fuerza entre teclados y la potencia de la batería. Es una tremenda partida que, digámoslo, por si sola se come entero al Everything now. En una línea similar, la de pasar desde la calma del piano a las explosiones (en este caso electrónicas), sonará 'Age of anxiety II (Rabbit hole)', desarrollando la fórmula también con elegancia y eficacia, aunque quizás alargándose demasiado en su hipnótica sección final.
Tras los diez minutos iniciales sonará un preludio insignificante de treinta segundos seguido de 'End of the empire', dividida en dos partes también (I-III y IV, cosa más rara imposible), la primera en arreglos acústicos y la segunda sobre el piano, aunque ambas muy dramáticas en sus tonos, quizás demasiado, marcando el momento más pesado del álbum, al que curiosamente le seguirá el más brillante de este, primero gracias a 'The lightning' (I y II, again), la gran joya del disco, con una sección inicial intensa pero en calma, que como declaración de amor funciona a la perfección ("Podemos lograrlo bebé / Por favor no renuncies , yo no renunciaré a ti..."), y una segunda en donde se desata la fiesta (lástima que no la titulasen simplemente 'The lightning' y fuese una gran canción de cinco o seis minutos), y luego con 'Unconditional I (Lookout kid)', un bonito himno acústico dedicado a la auto determinación personal ("Mira chico, confía en ti / No tienes porque jugar los roles que fueron escritos para ti / Solo se tu..."), seguida de 'Unconditional II (Race and religion)', que es el clásico tema onda disco que Regine Chassagne interpreta (acá con mucho tino) pero que cuenta con la particularidad de haber resucitado tras veinte años de silencio al eterno Peter Gabriel, en una participación muy minimalista, similar a lo que hicieron con David Bowie en 'Reflektor'(la canción).
Por cierto, porque hay que decirlo, es un cuento aparte y meramente de forma pero... eso de dividir las canciones en parte I y II, ¿qué pinta acá? Honestamente no le veo sentido ni justificación alguna, me parece un arranque pretencioso e innecesario que suma cero.
En fin, finalmente el viaje llega a término con 'We', otra bonita pieza acústica que finalizará el álbum con una elegancia que no le oíamos a Arcade fire desde hace bastante. We luce honesto como disco, es un esfuerzo artístico que suma y se percibe, doce años después, como la real continuación a The suburbs. Estos Arcade fire, más contenidos claramente tras tanto paso en falso dado durante la pasada década, consiguen de todas formas sonar coherentes e interesantes de seguir.
¿Canciones? 'Age of anxiety I', 'The lightning', 'Unconditional'.
The eraser (2006), disco debut de Thom Yorke, fue un álbum que si bien daba rienda suelta al amorío del vocalista con la electrónica, aún por momentos sonaba a Radiohead. Posteriormente, en 2010 supimos que Yorke formaría Atoms for peace, un supergrupo plagado de nombres que prometían el cielo: Flea, Joey Waronker y Mauro Refosco. El primero no necesita presentación mientras que los dos últimos eran músicos que habían trabajado con artistas de la talla de David Byrne, R.E.M, Beck o Smashing Pumpkins. Sin embargo, los nombres no deben llevarnos a engaño,Amok no es el primer disco de Atoms for peace sino más bien el segundo proyecto en solitario de Thom Yorke y por ende la continuación lógica del mencionado The eraser. Esta vez eso si, salvo uno que otro guiño... olvídense de Radiohead.
La primera sensación que deja Amok tras unas cuantas pasadas es el ser un trabajo que requiere proceso de digestión. Acá son muy pocas las melodías inmediatas, todo gracias a una muy cuidada producción a cargo de Nigel Godrich (el mismo que viene produciendo los discos de Radiohead desde Ok Computer) la cual se encargó de que toda instrumentación tradicional (bajo, guitarras) pasase a segundo plano dando preponderancia a la electrónica y a un montón de maquinitas que dominan prácticamente todo el álbum. En ese sentido, salvo por la voz de Thom Yorke, el sonido de Amok pareciese prescindir en todo momento de seres humanos.
La segunda sensación es la de estar frente a un trabajo irregular, de constantes altos y bajos.Dentro de lo positivo habría que considerar la excelente apertura del disco a cargo de la mecánica y ágil "Before your very eyes", acá una guitarra adorna un tema marcado por dinámicas percusiones y un Yorkeque entre falsetes diseña una bella melodía. Gran declaración de principios que de paso nos prepara para lo que sonará durante los siguientes cuarenta minutos de música. Le sigue el fantástico ambiente de "Default", de estructura mucho más inmediata y reconocible que el resto, por ende resulta un tema fácil de asociar con el sonido de The eraser. Más adelante "Dropped" gozará de ambientes calmos interrumpidos por secciones rítmicas que me hicieron recordar que este tipo de sonido Yorke lo comenzó a trabajar tímidamente junto aRadiohead en Hail to the thief (2003), algo similar ocurrirá más adelante con "Reverse running". Otro de los buenos momentos del disco se vivirán casi al final de este con "Judge, jury and executioner", acá se cruzan por única vez en el álbum (ojalá hubiesen sido más) elementos acústicos y sintetizadores, logrando un muy buen resultado.
Sin embargo, ciertos tropiezos se viven en el álbum con la monotonía de temas como "Ingenue" o "Unless", incluso el final del disco a cargo de "Amok" me dijo muy poco. Son momentos en donde las maquinitas pareciesen no tener un norte claro por lo que los minutos corren sin conseguir efecto alguno.
No puedo terminar esta reseña sin destacar el hambre que Thom Yorke sigue mostrando a estas alturas de su carrera, lo cual no me parece poca cosa considerando que muchísimo más fácil le habría resultado el acomodarse en su sillón y vivir del legado de Radiohead. Acá con Amoklogra darle vida y sensibilidad durante varios pasajes a un sonido que en apariencia debiese ser frío y distante al estar compuesto prácticamente en su totalidad con computadoras. Yorkepor momentos pareciese incluso no necesitar a su banda para seguir creando material digno de atención, lo cual asusta pero vaya que se respeta.
2025: Una Nueva Derrota.
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Tras la derrota en el plebiscito constitucional de 2022 no quise más con la
política por un buen rato. Dejé de escribir acá por lo mismo. El escenario ...