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viernes, 4 de agosto de 2023

Dieth: To Hell And Back (2023)

 "Ameno, más no mucho más..."

Suele ocurrir el que cuando un personaje renuncia o es expulsado (como en este caso) de una gran banda, arma su propio proyecto de despecho, que es lo que ha hecho David Ellefson tras su bullada salida de Megadeth, reclutando para la causa a Guilherme Miranda (ex Entombed AC) en voz + guitarra y a Michal Lysejko en batería (ex Decapitated, por tanto, uno que también sabe de funas). Llega así a nosotros el debut de Dieth, cuarenta minutos de un metal cuya valoración dependerá exclusivamente del cristal con que se mire, esto dado que un elemento positivo a considerar aquí es el factor sorpresa pues To hell and back se aleja bastante de lo que habríamos esperado de un proyecto de Ellefson. Dicho en simple: el super grupo jamás intenta emular a Megadeth y más bien bebe de las experiencias musicales de los colegas del bajista. Ahora, pasada la primera impresión cabe mencionar que gran parte del trabajo, si bien es diverso (otro aspecto positivo) suena en general de manual, con temas breves (impecablemente ejecutados, no cabe duda) que oscilan entre los tres a cinco minutos y que salvo una que otra excepción, no sorprenden demasiado en cuanto a estructuras y/o arreglos. 

Sin ir muy lejos, el disco abre con una pasada directa enfocada en la velocidad mediante el tridente 'To hell and back' (la canción) + 'Don't get mad... get even!' + 'Wicked disdain', canciones rocanroleras que apuestan por el coro efectivo en el afán seguramente de enganchar oyentes pero que terminan tirando por lo obvio. Será recién en algo como 'Free us all' cuando por primera vez el álbum pareciese tener algo que decir, esta baja los tiempos, entrega momentos para el bajo y aporta un peso diferente respecto a las anteriores, algo similar a lo que ocurre con 'Heavy as a clown', algo monótona en sus dos minutos iniciales pero que mejora con la sección instrumental mientras que el nudo del álbum estará marcado por la aparición de la balada 'Walk with me forever', que si bien es algo cliché en la búsqueda de emoción cuenta con el elemento sorpresa de estar interpretada inéditamente por David Ellefson.

De pronto y sin notarlo, notamos que al disco le queda poco, lo cual habla bien de su diversidad aunque nada realmente nos vuela la cabeza, algo que se exacerbará en la recta final mediante canciones que retoman la velocidad y el peso pero huelen a relleno con descaro, me refiero a la genérica 'Dead inside' seguida de 'The mark of Cain' (¿qué es ese minuto final que repite una y otra vez un riff si no la evidencia de que se han quedado sin ideas?) y la veloz 'In the hall of the hanging serpents'. El segmento instrumental de dos minutos 'Severance' no merece demasiado comentario pues aporta cero más allá de repetir la melodía con que el disco había abierto, en la idea (supongo) de cerrar donde habían comenzado.

De dulce y agraz por tanto el debut (¿y despedida?) de Dieth. El tiempo dirá si la experiencia dará para más que esto, por ahora han entregado un álbum ameno que se deja oír gracias a su diversidad y buenas ejecuciones pero que en el detalle, en pocos momentos escapa de lo obvio.

¿Canciones? 'Free us all'. 

6/10
Bueno, cumple.

sábado, 1 de octubre de 2022

25 Años De... Megadeth: Cryptic Writings (1997)

"Accesible y de nivel.." 

A estas alturas del partido no es secreto para nadie el cuanto influyó en la carrera de Dave Mustaine su temprano despido de Metallica, encontrando desde entonces luces y sombras en la carrera del vocalista. Por una parte, fue aquella frustración la que le permitió encontrar fortaleza suficiente (rabia también) como para desarrollar los primeros álbumes de Megadeth, hallando un momento cumbre claramente en Rust in peace (1990), pero también cabe mencionar que de aquel momento traumático Mustaine no pudo separarse en largo tiempo, al punto de inevitablemente siempre verse persiguiendo la obra de sus ex compañeros. De ahí que cuando estos giraron hacia sonidos más accesibles durante los noventa, Megadeth también hizo lo propio, siendo Crypting writings el ejemplo más palpable de esta búsqueda. 

Siendo claros, el de 1997 es por lejos el disco comercialmente más accesible en la carrera de los norteamericanos, dando continuación a un camino iniciado en la pasada Countdown to extinction (1992) +  Youthanasia (1994) pero que acá va en la búsqueda de canciones aún más reconocibles, que colocan a las armonías por sobre la velocidad, aspecto que se palpa desde la partida a cargo de 'Trust', perfecta carta de presentación que da muestras de un trabajo cuidadísimo en materia de arreglos donde cada integrante luce y tiene su momento (inolvidable ese Nick Menza redoblando en el inicio), pero sobre todo en 'Almost honest' (donde esta vez es el bajo de Dave Ellefson el que se muestra), una canción claramente pensada para ser single. A estas se sumarán más adelante cosas muy melódicas como 'I'll get even', 'A secret place' o 'Use the man', donde se sumergen en sonidos acústicos, las cuales se compensarán con canciones donde nos recuerdan el que aún pueden acelerar y sacar músculo, como ocurre en 'The disintegrators' y en toda esa pasada final 'She-wolf' (el dúo Mustaine/Friedman es puro rock and roll aquí), 'Vortex' y 'FFF' , muy Kill'em all esta, hay que decirlo. 

También, en una arista oscura y algo experimental que anticiparía los caminos que la banda retomaría en el siguiente Risk (1999), llegarán cosas como 'Mastermind' o 'Sin', cerrando así un álbum diverso, marcado por momentos accesibles y otros marca de la casa pero donde cada canción da muestras de una banda ganosa y (aún) fresca, a lo cual suma la producción a cargo de Dann Huff, quien supo equilibrar el sonido entregando momentos para que esta formación estelar pudiese mostrarse en plena comodidad, en Cryptic writings hay juegos vocales, duelos de guitarras, un bajo siempre presente y una batería que aporta trucos, lo cual se agradece. Para algunos el álbum será recordado como el fin de una era para Megadeth (sin ir muy lejos, Nick Menza ya no estaría en el siguiente), para otros el comienzo del fin, como sea, el álbum cuenta con méritos suficientes para se revisitado con cariño. Siendo un disco con una mirada comercial, acá hay cosas de mucho nivel.

¿Canciones? 'Trust', 'Use the man' y 'She-wolf'.

domingo, 25 de septiembre de 2022

30 Años De... Megadeth: Countdown To Extinction (1992)

 "Búsqueda de reconocimiento sin sacrificio de la esencia..."

El paso hacia los noventa (maravilla de década) abrió un verdadero abanico en la industria de la música donde muchísimos tuvieron cabida y particularmente el mundo del metal vivió un auge no menor, con una serie de bandas que le bajaron un tanto los decibeles a su sonido, afinaron las guitarras y lograron encajar más de alguna canción dentro de lo que los medios pedían, equilibrando un sonido duro de líricas agudas (tanto personales como políticas) con estructuras reconocibles y más de algún coro de estadio. En ese camino, bandas como Metallica, Pantera y Megadeth deben haber sido las que mayor reconocimiento público obtuvieron, al punto de que tras aquel brillante Rust in peace (imperdonable que no lo reseñase a sus veinte años, pero bueno, será hasta 2025 si es que la vida me acompaña) los de Dave Mustaine optan por acercar un tanto su tradicional thrash metal a nuevos públicos mediante este Countdown to extinction, álbum que por cierto acabó por convertirse en el disco de mayor ventas en la carrera de la banda, es decir, que la jugada resultó efectiva. 

El caso es que con un Mustaine que había tocado fondo con sus adicciones y en aquel 1992 comenzaba su período de desintoxicación, la banda entra al estudio a grabar su quinto álbum, con Max Norman en producción (destacado por haber grabado en los ochenta con Ozzy Osbourne) y aquella formación estrella, que incluía a Marty Friedman en guitarra, Nick Menza en batería y David Ellefson al bajo. Había una idea en el aire, sin embargo, que era el poder acercar el sonido de Megadeth al mercado sin sacrificar del todo la esencia de la banda, digámoslo, duela a quien le suela: el éxito del disco negro de Metallica estaba en el ambiente y Mustaine aspiraba a algo así. Aquello se plasma a la perfección en una histórica canción como 'Symphony of destruction', una que ralentiza los tiempos habituales, mete un coro memorable y evidencia una vocación de himno. El resto del álbum se moverá también en dicha línea, encontrando una fórmula que de manera evidente se aleja de aquellos riffs veloces característicos del thrash ochentero con el fin de ir hacia nuevos públicos mediante estructuras amenas y canciones en general breves, como ocurre en 'Countdown to extinction' (la canción),  'This was my life', con ese breve aunque exquisito solo de Friedman a medio camino y cuyo riff  la banda auto plagiará en un single como 'Almost honest' unos años más tarde , 'Foreclosure of a dream' o 'Captive honour', que incorporan incluso secciones acústicas en sus partidas. 

Este tipo de canciones se complementarán con medios tiempos como 'Psychotron', que destaca por ese grato duelo de guitarras que propone en cada estrofa, y pasadas de mayor peso que apuntan directo a la médula, como la excelente 'Skin o' my teeth' , 'Architecture of my aggression', el notable diálogo de 'Sweating bullets' o 'High speed dirt', mientras que en el cierre 'Ashes in your mouth' será la única en todo el álbum que se desatará en términos de estructura, con un sonido que permite el lucimiento de cada instrumento en gran nivel.  

Countdown to extinction fue lo que el mercado exigía para que una banda como Megadeth pudiese lograr mayor repercusión, aspectos que acentuarían en los posteriores Youthanasia (1994) y Crypting writings (1997), sin embargo, el de 1992 posee el mérito de haber sostenido una identidad, es un disco que continúa sonando crudo, desgraciado en sus intenciones y de muy mal rollo. La banda vivía entonces sus mejores momentos y mirado a treinta años de distancia no queda sino admirarlo como quien presencia una figura histórica en un museo.

¿Canciones? 'Skin o' my teeth', 'Sweating bullets' y 'Ashes in your mouth'.

8,5 /10
¡Excelente!


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