CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
A estas alturas todos tenemos claros los pro y contras de un proyecto como Greta van fleet, banda que se ha dispuesto revitalizar el sonido rock de los años setenta cruzando eso si algunos límites tolerables. Y es que una cosa es beber el influjo de Led Zeppelin y/o similares (ahí tienes a Rival sons, hace poco comentados acá en el blog) pero otra muy distinta es tomar riffs prácticamente con calco y armar una canción a partir de eso, que es lo que hicieron estos norteamericanos en su álbum debut de 2018 y replicaron tres años más tarde, con algunos matices atractivos cabe mencionar, mediante The battle at garden's gate (2021). En dicho sentido, Starcatcher se mueve en una línea simular a su antecesor entregando una serie de elementos bien trabajados, que suenan contundentes y ejecutados con cuidada precisión, sin embargo, el elemento sorpresa acá continúa tan ausente que inevitablemente el chiste acaba por cansar en medida que el álbum avanza.
Me explico, ¿alguien podría afirmar que los teclados de 'Fate of the faithfull', las delicadas cuerdas de 'Waited all your life' o batería en ''The indigo streak' suenan mal? Todo lo contrario, el cóctel sonoro es atractivo e incluso mejora mediante el arranque frenético de 'Runway blues' o un fresco medio tiempo como 'Sacred the thread'. Entre todas estas encontraremos también los clásicos arranques zeppelianos (herencia que evidentemente aún no son capaces de quitarse de encima) en 'The falling sky' o 'Frozen light' o la apuesta épica que desarrollan en 'Meeting the master' casi cerrando el álbum, armando así un compendio que se deja oír, donde todos los elementos se encuentran correctamente puestos en su lugar (incluido un Josh Kiszka tremendamente sólido en sus agudas vocales) pero donde también nada escapa de lo que esperamos oír en un álbum de Greta van fleet, es decir, fuerza, rock y psicodelia.
Starcatcher es otro álbum correcto por parte de una banda que luce cómoda en su lugar, cumpliendo en el canción a canción pero jamás insinuando una salida de la zona de confort. Para bien y para mal, los estadounidenses no parecen tener ganas de avanzar de década.
¿Canciones? 'Waited all your life' y 'Meeting the master'.
Conocido por todos ya es este caso. En 2018 debutaron Greta van fleet mediante un álbum que generó sensaciones encontradas, una parte del público les elevó (de manera exagerada claro está) como la nueva esperanza del rock mientras otros restamos valor a la obra considerando las evidentes referencias explícitas a próceres del rock, particularmente Led Zeppelin. Que digo referencias, plagios con descaro. ¿Qué la banda suena bien? No cabe duda. ¿Qué manejan la épica con talento? También. ¿Qué parecen revitalizar el rock de estadios como pocos hoy en día? Absolutamente. Si a todo eso y más, pero le duela a quien le duela, la sensación del "esto ya lo he oído antes" sigue presente con ellos en The battle at garden's gate, quizás con el detalle de que esta vez por momentos pareciese se ríen del asunto, fuera de ser capaces de entregar un conjunto que supera ampliamente al debut de 2018.
Digo que se ríen porque francamente, ¿Cuál era la necesidad de abrir 'Built my nations' con un riff tan similar al de 'Black dog' de Led Zeppelin considerando que la canción luego dispara hacia otro lado,? ¿Para qué sino el reírse de todo? Algo similar ocurre cuando Josh Kiszka imita los berridos de Robert Plant con descaro en 'Broken bells' (4:18 - 4:30) ¿Para qué? Ahora, donde si el plagio no parece ser un juego sino una necesidad es en 'Tears of rain', la cual construye sus estrofas sobre los acordes de 'Angie' de The rolling stones, también en 'My way, soon', que en su fraseo (0:42) es 'Baba O'riley' de The who o en 'Age of machina', que es alguna canción de (again) Led Zeppelin, solo queno sabes cual...
Todas las canciones anteriormente mencionadas están bien, eso que quede claro, pero cuentan con problemas de identidad por lo que si has gozado con grandes del rock setentero, el disfrute se bloquea un tanto. Donde si a la banda se le pueden reconocer enormes méritos es en 'Heat above' (desde ya, candidata directa a ser la mejor canción del año), donde se les oye plenamente conscientes del temón que tienen entre manos, trabajándolo con cuidado, abriendo entre teclados para luego pasarse a las cuerdas y meter un golazo con ese coro glorioso que sale de la garganta de Kiszka. En la misma línea épica, triunfan cuando sueltan la ya mencionada 'Broken bells' o en la excelente 'Stardust chords', internándose en ambas en terrenos más eléctricos, mientras que otras aparentemente menos ambiciosas como 'Light my love' o 'Caravel' funcionan a la perfección.
Eso si: se hace largo el álbum. Sesenta y dos minutos parecen ser demasiado y la recta final llegamos cansados o con poco interés. Entiendo que el manual decía que debían ser doce canciones pero acá claramente el asunto se les alargó sin haber necesidad. De todas maneras elementos a destacar son la producción a cargo de Greg Kurstin (quien ha trabajado durante esta última década con Foo fighters o Paul McCartney, entre otros), que suena limpia y potente a la vez, así como la capacidad de Greta van fleet para entregar un puñado de grandes canciones, muchísimo más sólidas que el debut. En algunas de ellas continúan recurriendo a viejas glorias con descaro y en otras parecen salir a flote con propiedad. ¿La tercera será la vencida? El tiempo dirá...
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