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jueves, 13 de junio de 2024

20 Años De... George Michael: Patience (2004)

 "Un regreso a contracorriente ..."

La carrera e historia del gran George Michael no deja de tener un dulce y agraz que conmueve. Dueño de un desplante y una voz inolvidable, el inglés supo construir una década magnífica durante el período 1986/96, años en donde pareció dispuesto a devorarse al mundo. Sin embargo, en la intimidad su vida estuvo siempre rodeada por la tragedia, depresión, inseguridades, (injustas) polémicas mediáticas, altos y bajos. En 1993 fallece su pareja por VIH (el hombre al que más amó en su vida y con quien declaró haber conocido la felicidad), tras lo cual consigue publicar el fantástico Older (1996), disco que supuso un triunfo tanto en críticas como repercusión pero cuyo éxito se contrapuso a una serie de situaciones personales de conflicto, incluida la muerte de su madre además de algunos escándalos en prensa, situaciones que acabaron por alejarlo de las pistas un largo tiempo, ocho años para ser exacto. Finalmente en 2004 el vocalista publicaría su cuarto (y último) álbum, trece canciones que lo muestran en una faceta aún más reposada respecto a lo que fue Older y que lo alejaron por completo de las canciones inmediatas que caracterizaron su pasado.

En este sentido, Patience luce ante todo como un álbum melancólico e incluso triste, un disco con el que George Michael pareciese querer escapar del éxito entre baladas o medios tiempos que no tienen puesto el foco en la búsqueda de melodías o coros con gancho, por lo que el resultado acaba siendo denso y espeso. Precisamente por esto último es que en la lista seguramente se incluyeron algunas canciones algo más "festivas", como el pop en acústico 'Amazing' (con seguridad el single más claro en todo el disco), la invitación electrónica al baile de cosas como 'Flawless (go to the city)', la política 'Shoot the dog' (donde pegaba palos a Tony Blair por apoyar a George W. Bush en la invasión a Irak en 2003) o la hipnótica 'Precious box', así como la agresiva y sexual 'Freek! 04', sin embargo, estas funcionan como verdaderas islas en medio de un conjunto que se mueve sobre sonoridades mucho más oscuras y personales que por lo mismo puede resulten algo monótonas para alguien no dispuesto a darle tiempo y espacio al trabajo.

En este sentido, otra traba que presenta el disco es su extensión. En total son setenta minutos de música, con canciones que oscilan van desde los cinco a siete minutos de duración, es decir, juegan bastante con la tolerancia del auditor y suenan siempre desafiantes. Sin ir muy lejos, recién comenzando el álbum la pasada por 'John and Elvis are dead' + 'Cars and trains' + 'Round here' resulta bastante difícil de seguir (¡no son malos temas! pero si quince minutos dispuestos a espantar a cualquier auditor casual) mientras que el resto de los temas no cambiarán el tono, abusando a ratos del medio tiempo y la batería electrónica ('American angel', claro ejemplo), siendo los seis minutos de 'My mother had a brother' la única excepción a la regla, el único momento que desde lo musical encuentra arreglos atractivos y una exploración diversa. Respecto a las interpretaciones, cabría también el destacar lo que logra en 'Patience' (la canción) o 'Through', donde George Michael efectivamente transmite desde la emoción.

En el global, a veinte años de distancia Patience luce como un álbum incluso suicida. A contracorriente del éxito. Ante la disyuntiva de regresar con un bombazo o un trabajo de bajas pretensiones comerciales, el histórico vocalista optó por lo segundo aunque incrustando una que otra canción dinámica en el camino. El resultado va y viene, a ratos privilegiando en exceso el mensaje y las atmósferas oscuras para de pronto invitarnos a bailar. Finalmente el trabajo resultó ser uno de aquellos discos sentenciados a quedar en tierra de nadie: no fue valorado por los seguidores ni la crítica. Hoy, sin embargo, con sus pros y contra luce de culto, sobre todo considerando el que acabó por ser lo último en la carrera del eterno vocalista. 

¿Canciones? 'Amazing', 'Shoot the dog', 'Flawless (go to the city)' y 'My mother had a brother'.

7,2 / 10
Muy bueno.

viernes, 20 de octubre de 2023

20 Años De... Metallica: St. Anger (2003)

"Catarsis (muy) mal encausada..."

Finalizando los años ochenta fue que Metallica acabaron tocando techo en ...And justice for all (1988), la dupla Hetfield/Ulrich se mostró harta de ese thrash con aires progresivos y ante la falta de creatividad (que la técnica para 1988 la tenían) fue que decidieron hacer el giro junto a Bob Rock en producción mediante su álbum homónimo de 1991, abordando un sonido bastante más accesible entre canciones breves, todas pensadas para ser un posible single que sonase en las radios. La jugada les resultó fenomenal al punto de encontrar fuerzas como para (intentar) estirar el chicle mediante el hard rock, algo más oscuro por momentos, de la dupla Load/Reload (1996/7). El fin de siglo les atrapaba, sin embargo, en un momento confuso. La banda se mostraba en tierra de nadie, intentando conectar con sus influencias más primitivas (Black sabbath, Mercyful fate o Thin Lizzy) en el álbum de covers Garage Inc. (1998) pero al mismo tiempo sonando más comerciales que nunca en el single 'I disappear' en 2000. Si a eso agregamos los conflictos internos que acabaron desembocando en el retiro de Jason Newsted de la banda, que decir, llegando a 2002 todo era confusión al interior de Metallica

Parte importante de este proceso se encuentra registrado en el sabroso documental Some kind of monster (2004), donde sin pudor alguno decidieron exponerlo todo: la partida de Newsted, el intento fallido por grabar un álbum sin tener norte claro, la incorporación de un terapeuta al núcleo de la banda, el abandono de James Hetfield a causa de su ingreso a un centro de desintoxicación, su posterior regreso y la grabación de lo que acabaría siendo St. Anger, un disco mediante el cual la agrupación intentó hacer catarsis, desatando la ira que les abrumaba por aquel entonces (sobre todo a Hetfield) aunque con un detalle no menor: y es que en lugar de volver al metal de sus primeros años intentaron congeniar con los sonidos que por aquel entonces estaban sonando, particularmente el nu metal. El problema es que el álbum claramente atrapa a James Hetfield en un momento poco inspirado y al no haber otra mente creativa potente al interior de Metallica (ni músicos demasiado talentosos), el resultado no podía ser otro: un absoluto fiasco de comienzo a fin. Dicho en simple: en St.Anger todo funciona mal, el álbum transmite una especie de catarsis pero esta se encuentra muy mal conducida, armando una tormenta perfecta en donde todos los elementos que componen el disco se conjugan de mala manera.

Nos encontramos acá con un disco larguísimo (setenta y cinco minutos) en donde el factor común es que prácticamente todas las canciones dan vueltas y vueltas de más, extendiéndose mucho más allá de lo que el tema pide, llegando al caso del hartazgo y ridículo en cosas como 'Some kind of monster', 'Invisible kid' o 'All within my hands', canciones donde la banda riffea y riffea, como si buscasen algo que jamás encuentran, llevando los temas a los siete u ocho minutos de manera absurda. Algo que también sucederá en los temas más "breves" y directos, cosas como 'Dirty window' o 'Sweet amber' dan vueltas en círculos constantes sin llegar a un fin. Son canciones que con algo más de inspiración podrían haber llegado a funcionar pero acá terminan quedando en buenas ideas mal conjugadas.

En materia de experimentos el asunto tampoco cuajará. La ya mencionada 'Some kind of monster' no abre mal, en sus primeros dos minutos anticipa lo que podría haber funcionado quizás como un interesante instrumental, sin embargo, las ganas de Metallica por sonar "actuales" les comen el buen gusto y James Hetfield decide entrar en escena rapeando cual Fred Durst generando vergüenza ajena. Lo mismo en 'Shoot me again' (¿la canción más mala en la carrera de Metallica? Probablemente), un esperpento donde la banda pretende emular el peso del nu metal pero con nulas habilidades, haciendo un soberano ridículo.

De todas maneras en el trámite habrán momentos (pocos) en que el viaje transmite algo de lo que pretende. Es el caso de 'St. Anger' (la canción), donde Lars Ulrich logra imprimir algo de peso verdadero con el doble pedal y Hetfield efectivamente vocifera alaridos que funcionan (ese "Madly in anger with you!"), algo que también ocurre en 'My world'. De igual forma en 'The unnamed feeling' encontramos los momentos más melódicos del álbum y también aquellos donde hay un grado de angustia que efectivamente por momentos conmueve, aunque digámoslo: Metallica hacen lo posible por arruinar el tema con arreglos y acompañamientos vocales de muy mal gusto.

Respecto a la instrumentación cabe mencionar que Bob Rock fue quien asumió labores de bajista en el disco y junto con Kirk Hammett brillan por su ausencia, por lo que todo el peso del sonido recae acá en James Hetfield + Lars Ulrich, siendo estos culpables directos del descalabro que se oye. Por un lado la batería no puede ser más básica durante todo el disco entre redobles amateur ('Dirty window', joderrr...), incorporando además ese elemento inolvidable que tanto material de humor ha regalado durante estas dos décadas: la caja que suena como pegarle a un sartén de lata. Mientras que lo de Hetfield en las voces es derechamente espantoso. Lo que hace en 'Frantic' es lamentable (ese "Tik! Tik! Tik! Tok! en ascenso, que horror), así como las desafinaciones que causan pudor en 'Some kind of monster' (otra vez sale al baile por razones negativas, ¡es que es pésima por uno y mil motivos!), 'Purify' (que podría haber sido una buena canción si el vocalista no la arruinaba) y en 'All within my hands' (los aullidos en esta son para encarcelarlo). 

Es de suponer que dado el momento complejo personal que James Hetfield vivía fue que quisieron dejar su desangre vocal registrado, sin embargo, hay límites tolerables y acá se transgreden todos dejando un resultado de mal gusto. Si a esto agregamos incursiones nu metaleras fallidas e interpretaciones técnicas de bajísimo nivel, St. Anger no solo se enmarca como el peor álbum en la carrera de Metallica sino que uno de los discos más lamentables en la historia de la música, si consideramos que quien compone son los mismos que tan solo diez o quince años atrás entregaron varios de los trabajos más influyentes de la era contemporánea. 

Como sea, el mito de que desde las crisis surgen genialidades acá se rompió por completo y se entiende que desde St.Anger en adelante la banda se dedicase álbum tras álbum solo a emular viejas glorias, incapaces ya de componer algo que mirase hacia adelante. En 2003 lo intentaron, y vaya que fallaron...

¿Canciones? 'St.Anger', 'My world' y 'The unnamed feeling'.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

25 Años De... Metallica : Load (1996)

(Reseña originalmente publicada en 2016, con motivo del aniversario 20. Pero bueno, ahora son 25, por lo que tocaba...) 

"Hambre y talento..."


En 1993 terminaba la extenuante gira del álbum comercialmente más exitoso en la carrera de Metallica: el disco negro. Tan agotador resulta el proceso, que la banda se regala un par de años de respiro, cada integrante a su vida familiar y vuelven recién en 1995 al estudio. Han pasado cuatro años desde la edición de su antecesor, el sello apura, sin embargo, Hetfield + Ulrich (amos y señores en Metallica, se sabe) tienen material de sobra para trabajar. Surge la idea incluso de editar un álbum doble aunque finalmente decantan por la edición de dos álbumes hermanados que serían lanzados con un año de diferencia: los polémicos Load / Reload

Frente al primero, editado en Junio de 1996, el choque con la fanaticada sería inmediato, recordemos que estos eran tiempos en que el poder del single + video clip era enorme, no existía internet ni filtraciones por lo que todos estábamos un mes completo (o más) escuchando la canción que el sello discográfico decidía que promocionaría el álbum, en este caso: 'Until it sleeps', un tema lento, una evidente declaración de intenciones particularmente oscura (con líneas que realizan referencia a la depresión) aunque trabajada al detalle, con un sonido muy cuidado (el trabajo de Bob Rock en producción es extraordinario, hay que decirlo) pero que solamente en los coros + recta final (3:30) mete guitarras, aunque nunca de manera realmente agresiva, confirmando la tendencia que el álbum negro había iniciado y que los desmarcaba (ya por completo esta vez) del metal. Visualmente se aprecian también diferencias importantes, los cuatro integrantes adoptan una imagen de rockstar, con pelo corto e incluso maquillados, Load de hecho vendrá cargado en su arte interior con sesiones que intensifican esta vuelta de tuerca estética. 

Una vez publicado el álbum se pudo comprobar que efectivamente 'Until it sleeps' era únicamente la punta del iceberg para un álbum definitivamente más complejo, diverso, alternativo e incluso experimental. Una experiencia que mirada a 25 años de distancia resulta fascinante. Y es que si en el álbum negro oímos a una banda coqueteando con sonidos acústicos y más lentos a lo habitual, acá el asunto pasará a una dimensión realmente densa, con una banda desatada en términos creativos y con dos protagonistas evidentes: James Hetfield que encuentra interpretaciones vocales extraordinarias (nunca cantó y nunca volvió a cantar mejor que en Load), además de un conjunto de letras profundas e impecables, y un Kirk Hammett que realiza un tratamiento muy especial en el trabajo de las guitarras a lo largo de todo el disco. En general, sin embargo, la banda se muestra sin miedo y dispuesta a ir por todo, al punto de explotar la capacidad del formato (este dura 78 minutos, el máximo que aguantaba un CD). 

Como mencionaba líneas atrás, frente a la idea de un disco doble, finalmente la dupla Metallica + Bob Rock decanta por catorce canciones, en su mayoría cargada al hard rock. De metal nada, salvo el nombre. Entre las canciones de corte más clásico y directo destaca la partida con 'Ain’t my bitch' (que perfectamente pudo ser el sencillo promocional pero no quisieron seguramente por que habría entregado señales equivocadas respecto al disco), la excelente '2 x 4' , 'King Nothing' (hermanada musicalmente con la clásica 'Enter sandman', con referencias a esta en su cierre incluso, pero con ese comienzo magistral e inolvidable en donde Kirk Hammett logró darle vida propia al tema), 'Cure' 'Wasting my hate' (dos que beben de lo que la banda venía haciendo en el álbum negro). En una sección más comercial/amigable aparecerían canciones como 'Hero of the day' o la completamente acústica 'Mama said' (donde Hetfield expone su veta más personal, tanto en lo lírico como en lo musical) y la parte más experimental del álbum toma vida en cortes como 'The house of Jack built' (vaya huevos que tuvieron como para instalar de tercera en el disco una atrevida aventura musical de casi ocho minutos), 'Bleeding me' (donde James literalmente se desangra ante nosotros, quedando nuevamente expuesto en uno de los momentos más emocionales en la carrera de la banda ), la extrañísima y blusera 'Poor twisted me' o el fascinante cierre con la trilogía 'Thorn within', 'Ronnie' y 'The outlaw torn', esta última una pieza maestra de casi 10 minutos que por si sola hace que todo el experimento valga la pena. 

En definitiva, Load fue una jugada osadísima por parte de Metallica, una que de paso acabó por colmar la paciencia de sus fans más puristas, quienes despreciaron el trabajo y desde acá marcaron distancia con la banda. Sin embargo, dejando de lado todo lo externo, a dos décadas y media de su creación, el tiempo ha hecho lo suyo con el álbum situándolo en el lugar que merece, como una experiencia notable en el amplio sentido de la palabra. No es el mejor álbum de la banda, claro que no, pero lo que en 1996 hicieron fue tremendo, un disco evidentemente incomprendido en su momento pero que sigue sonando con una identidad exquisita, un equilibrio entre hambre y talento. ¿Qué se les fue la mano con la duración y le sobran un par de temas? Seguro, pero ojo a algo: nunca, en los veinticinco años que vinieron, Metallica volvió a sonar así de contundente, y eso dice bastante...

¿Canciones? '2x4', 'King nothing', 'Bleeding me' y 'The outlaw torn'.

7,8 / 10
¡Muy bueno!

martes, 2 de abril de 2019

20 Años De... R.E.M: Up (1998)

“El emotivo comienzo de un fin... ”

Curiosa década vivieron R.E.M durante los noventa, período donde la banda vivenció su propia montaña rusa. Y es que tras varios años moviéndose dentro del mundo alternativo encontraron la popularidad gracias a álbumes como Out of time (1991) y Automatic for the people (1992) para posteriormente encontrarse de golpe con un forzado punto de no retorno tras el abandono de Bill Berry (histórico baterista de la agrupación) en 1997. De esta forma, posterior a la edición del soberbio (y sub valorado) New adventures in hi-fi (1996) la banda debió re plantearse todo al punto de incluso cuestionar su continuidad. Seguir o no seguir, era el dilema, pero también el como seguir. El caso es que el resultado de toda esta revolución emocional y musical fue Up, con seguridad el disco más controvertido en la carrera de R.E.M aunque también uno de los más singulares, sabrosos y elegantes que nos dejaron.

En Up nos encontramos con una nueva banda, una que de abandona el rock and roll y las estructuras directas para centrarse en la generación de hipnóticos ambientes así como en materia de percusiones, como era de esperar al haber perdido a su baterista, se lanza a experimentar en la electrónica. Basta oír la partida a cargo de los cuatro extensos minutos de ‘Airportman’, donde Michael Stipe apenas susurra sobre un mar de teclados para comprender que este no sería un álbum cualquiera de R.E.M y mucho menos uno tradicional. Este trabajo enfocado en las atmósferas se volverá columna vertebral de Up, apareciendo en temas claves como ‘Hope’ (donde desatan la exploración electrónica mediante una dinámica creciente) y más adelante en los desaforados guitarrazos de ‘Why not smile’. Entre estas se abrirá un abanico diverso que toca varias de las aristas más extremas que encontraremos en la carrera de R.E.M, por un lado aparecerán canciones realmente desoladoras y dolorosas como ‘Sad professor’ o toda esa pasada final por ‘Diminished/ I’m not over you’ + ‘Parakeet’ + ‘Falls to climb’ mientras que en otros momentos nos encontraremos con gloriosas melodías como ‘Suspicion’, ‘Daysleeper’ o la absolutamente hermosa ‘At my most beautiful’. En medio de este ir y venir rastros de rock verán la luz en 'Lotus', en 'The apologist' o en esa maravilla de canción que es 'Walk unafraid', otra gema escondida que nos regaló un disco que se caracteriza por funcionar como un paseo tan lúgubre como mágico, un paseo por un pantano mediante el cual la banda lograba enfrentar su crisis existencial. 

Mirado a distancia resulta evidente el que Up simboliza el comienzo del fin para R.E.M. El disco marcó un antes y un después para ellos, desde aquí no volverían a ser los mismos, sin embargo, a poco más de dos décadas de distancia cabe mencionar el que la experiencia sobrevive absolutamente al paso del tiempo. Honesto y visceral, con varias de las melodías más desgarradoras de su carrera y un conjunto de letras que dieron muestras de un Michael Stipe inspiradísimo, Up fue un disco poco comprendido en su momento e incluso despreciado por sus incursiones electrónicas pero que sin lugar a dudas merece ser revisitado. Una joya oculta de estos dinosaurios de la música.  

¿Canciones? 'Lotus', 'Walk unafraid', 'At my most beautiful'.

8/10
Excelente.


Otras reseñas de R.E.M:
2011: Collapse into now
1996: New adventures in Hi-Fi

sábado, 9 de marzo de 2019

20 Años De... Eric Clapton : Pilgrim (1999)

"Poderosa exploración..."

Hora de hablar de una leyenda, de una viviente además. Me refiero al gran Eric Clapton, quien tras una relevante carrera como guitarrista, siempre cercano al rock y al blues, decidió entregarse a la exploración mediante un álbum tremendamente personal, íntimo y fascinante. 

Quien diría que tras la edición del notable Journeyman (1989) pasarían diez años sin que Clapton editase un álbum con material inédito. Y es que claro, entre medio mucha agua pasó bajo el puente. En lo artístico la muerte de Steve Ray Vaughan y en lo personal la trágica pérdida de su hijo de cuatro años lo sumergieron en un pozo del que solamente la música podía rescatarlo... y así fue. Un álbum Unplugged (1992) grabado para la cadena MTV y un disco de refritos bluseros en 1994 dieron cuenta de una inevitable realidad: el rock era cosa del pasado para el inglés. De ahí que los aires que se respiran en este fantástico Pilgrim ("Peregrino") no sean sorpresa en absoluto, temas donde priman los ambientes íntimos, las guitarras sutiles e interpretaciones muy cercanas, con una producción que colocó la sentida voz de Clapton en un primer plano pero donde además encontramos un factor sorpresa no menor: el coqueteo con las maquinitas y las baterías electrónicas. Todo este cóctel transforma la experiencia en un viaje realmente especial y que a veinte años de distancia resulta emocionante volver a visitar. 

El disco abre con todo un hit noventero: 'My father's eyes', hermosa pieza pop marcada por un exquisito slide sobre el cual Clapton reflexiona respecto a la paternidad y se conecta con aquel progenitor que nunca conoció (no olvidemos que su padre lo abandonó antes siquiera de haber nacido). El alejamiento volverá a ser tema durante distintos pasajes del álbum, en los siete melancólicos minutos de 'River of tears' o en la íntima pasada por 'Pilgrim' (la canción) + 'Broken hearted', ambas marcadísimas por las baterías electrónicas y guitarras que con acompañan con elegancia. El experimento continuará tomando forma con el lento pasar de la eléctrica 'One chance' seguida de la acústica 'Circus' (dato curioso, tanto esta como 'My father's eyes' fueron compuestas por Clapton para el Unplugged de 1992 pero finalmente excluidas de aquel registro para ser trabajadas con posterioridad) para cerrar la primera mitad con la excelente 'Going down slow', adaptación de una joya de 1941 original de St. Louis Jimmy Oden


Lejos de comenzar a meter relleno, la cara b de Pilgrim abrirá con esa pequeña joya que es 'Fall like rain', pieza con ribetes country donde se enlazan de gran forma sonidos acústicos y eléctricos, para luego dar paso al segundo refrito que contiene el álbum, 'Born in time', original de Bob Dylan. Nuevamente Clapton abordará su amor por el blues en 'Sick and tired' mientras que 'Needs his woman' volverá a colocar a las interpretaciones vocales en un primer plano sobre acordes acústicos y coros gospel muy bien ejecutados. Entrando en la recta final aparecerá el rock de 'She's gone', que quizás se percibe algo débil en la repetición una y otra vez de su coro, la nostalgia de 'You were there' e intimidad de 'Inside of me', donde los coros femeninos volverán a acompañar de gran forma una sensible interpretación (tanto vocal como instrumental) de Clapton, cerrando de gran forma un álbum marcado por la emoción y honestidad de un interprete que sin lugar a dudas tenía algo que decir en aquel lejano 1999. 

Pilgrim fue en su momento un disco injustamente despreciado por la crítica y olvidado tras el paso del tiempo pero que en su revisión continúa trayendo al presente las honestas intenciones por parte de un Eric Clapton que en estas catorce canciones volcó su alma y creatividad, regalando un producto contundente y que pese al barniz de modernidad que intentó ostentar derrochó identidad.

Búsquenlo, escúchenlo, disfrútenlo... no se van a arrepentir.

8/10
Excelente. 

martes, 16 de octubre de 2018

20 Años De... The Smashing Pumpkins: Adore (1998)

"La revolución electrónica y emocional de los pumpkins..."


En 1995 (si, como pasa el tiempo) The Smashing pumpkins se transformaban en todo un suceso. El lanzamiento del impresionante álbum doble Mellon collie and the infinite sadness (al cual le debo reseña, lo sé) le entregó a la banda un estatus absolutamente inimaginable años atrás y consagró a William Patrick ("Billy") Corgan como uno de los compositores más talentosos de su generación (si es que no el más), situación que ciertamente impactó en el ego del vocalista. Se sumaría al éxito obtenido una extenuante gira de promoción no exenta de dificultades, siendo la más importante de ellas el episodio de sobredosis experimentado por Jimmy Chamberlin y Jonathan Melvoin (tecladista durante aquellos conciertos) que desembocó en el arresto del primero y la muerte del segundo. Tras este suceso Chamberlin fue despedido por lo que la banda debió finalizar su gira con baterista alternativo replanteándose su futuro inmediato. El escenario se prestaba por tanto para una temprana reconversión, la cual llegaría en 1998 de la mano de un álbum completamente revolucionario dentro de lo que fue la carrera los estadounidenses: Adore, la aventura electrónica y emocional de los Pumpkins.

Un 2 de junio de 1998 Adore veía la luz aunque meses antes llegó a nosotros su adelanto promocional: 'Ava adore', tema que entregaba evidentes señales de cambio. Elementos electrónicos en las percusiones (asunto quizás esperable, considerando la partida de Chamberlin) y una lírica romántica / erótica / adulta inédita hasta ahora en la agrupación ("Tu siempre serás mi puta porque eres la única a quien adoro..."). Posteriormente, con el disco entre nosotros confirmaríamos por donde irían los tiros, un álbum decidido a romper absolutamente con el pasado inmediato de la banda, un álbum que se alejaba del rock, compuesto principalmente por sensibles baladas más una que otra jugada electrónica. Mirado a distancia, sin embargo, y analizando el canción a canción cabe mencionar que el álbum resulta ser una experiencia fantástica que ha logrado envejecer como el vino, una lista de canciones repleta de matices exquisitos que en su momento volvieron a dar cuenta del talento inagotable de Corgan como compositor, aunque ojo al dato: que Adore acabaría también por representar el comienzo del fin para Smashing Pumpkins, cuyos integrantes de ahora en adelante comenzarían a verse como un mero decorado ante el proyecto de su vocalista.  





El mismísimo Corgan ha reconocido en años recientes que Adore fue incluso cuestionado al interior de la banda, mencionando que la bajista D'arcy Wretzky (quien de hecho abandonaría el buque tan solo un año más tarde) insinuó que este debía ser más bien el primer álbum en solitario del cantautor, sin embargo, el ego de Corgan pudo más. Su espalda sostenía el éxito de Mellon collie and the infinite sadness y frente a aquello, ¿quién se atrevería a negarle algo? Había que dejarlo, que el hombre hiciese su disco a antojo y lo presentase como quisiese, de hecho, para la gira de promoción armó una banda plagada de excesos, con dos percusionistas + un tecladista que se sumaron a los fijos D'arcy y James Iha. El caso es que Corgan actuó como quiso y bueno, la ruptura fue total: el disco no calzaba en absoluto con lo que se esperaba de un nuevo disco de The smashing pumpkins por lo que no fue aceptado por el público, la crítica lo catalogó como un capricho experimental del vocalista y la venta de discos (en tiempos donde estas realmente importaban) fueron bajas. 

Desde lo musical y lírico, sin embargo, el disco resulta tremendamente coherente. Adore es un álbum que gira en torno al concepto de la pérdida. La partida de Chamberlin, el fin de su matrimonio y la reciente muerte de su madre mantienen a Corgan dentro de un torbellino emocional, y es este sentimiento desolador el que precisamente se manifiesta a lo largo de todo el disco. 

De esta forma, abrirá de manera tierna mediante la desnuda 'To Sheila' para a partir de ahí desenfundar un camino marcado por el sentir, con referencias clarísimas. Dialogará dolorosamente con su madre en la acústica 'Once upon a time' ("Madre, estoy cansado / Ven a rendirte hijo mío / El tiempo ha desbastado mi alma / No hay planes para partir pero igualmente me iré"), en la intensa 'Behold! The nightmares' ("No puedo seguir cavando rozas de tu tumba") y le dedicará explícitamente 'For Martha' ("Si te tienes que ir no te despidas / Yo seguiré adelante / Te veré en el otro lado"),  abordará el contradictorio deseo post ruptura mediante el rock de 'Ava Adore' + 'Pug' ('Deséame fuertemente/ Dréname y patéame con fuerza / Susúrrame secretos al oído / Intenta irte muy lejos"), desatará la ira por la pérdida en la contundente 'Tear' ('"Y por primera vez el cielo se volvió insano"), la sensible 'Crestfallen' ("Y todo lo que pido es otra oportunidad...") y en la impresionante 'Blank page' ("Una página en blanco fue toda mi rabia..."). 

En una arista más experimental navegaran 'Perfect' y 'Apples + oranges' , dos que se sostienen sobre baterías electrónicas y por esto mismo lucen algo desencajadas respecto al resto e incluso conectan con mayor claridad con The future embrace, el debut en solitario de Billy Corgan que años más tarde vería la luz (2005 para ser más exacto). 'Daphne descends' es una donde la mixtura maquinitas + guitarras funciona a la perfección (el trabajo de James Iha en esta es perfecto) mientras que la pasada por 'The tales of Dusty and Pistol Pete' + 'Annie-dog' + 'Shame' brilla a causa de su simpleza y naturalidad, permitiéndonos disfrutar de la banda (batería, bajo, guitarra y voz) sin aderezos ni exceso de producción. 

A más de dos décadas de su salida Adore sigue pareciendo un álbum osado y rupturista, contundente y minucioso. Un disco incomprendido en su momento debido al violento contraste que marcó frente a su antecesor pero que de cualquier forma se sostiene en base a un conjunto de canciones enormes a las cuales el tiempo se ha encargado de colocar en su merecido lugar. 


9 /10
¡Brillante!


martes, 2 de enero de 2018

20 Años De... Metallica : Reload (1997)


Para Joaquín, el único ser que seguramente conoceré en mi vida capaz de tocar tantos temas de Load/Reload en una guitarra de palo...

Corría 1997 y la polémica estaba instalada con Metallica. Y es que si bien a comienzos de década la banda había editado con evidentes intenciones comerciales el llamado "disco negro", fue definitivamente tras la llegada de Load en 1996 cuando la ruptura con gran parte de los "viejos fans" acabó por concretarse. Nunca le perdonaron estos a la banda el que abandonasen el thrash metal de sus inicios para abrazar un hard rock que ralentizaba los tiempos de sus canciones realizando concesiones melódicas importantes además de experimentar con sonidos que nada tenían que ver con el metal. 

Pero más allá de lo estrictamente musical, la banda parecía por aquellos años obsesionada con escapar por completo de la imagen que se habían forjado durante la anterior década, tanto en términos estéticos (aparecían ahora de pelo corto y posando en revistas) como actitudinales (paseándose por cuanto estelar o premiación pudiesen), aspectos que acabaron generando un distanciamiento absoluto entre Metallica y su público tradicional, aunque al mismo tiempo abrieron puertas para la entrada de una nueva generación de seguidores.

El caso es que en plena gira promoción, y en diversas declaraciones a medios, la banda comenzó a insinuar la idea de que aún habían suficientes canciones como para editar un nuevo álbum, el cual supuestamente contendría material un poco más pesado al seleccionado para Load. De esta forma, la publicación de Reload se concretó finalmente en noviembre de 1997 y en los hechos nos encontramos con un álbum similar en materia de estructuras a su hermano mayor aunque si con un sonido levemente más directo, con canciones que aceleraban más que las de Load pero con menos momentos de experimentación (la hay pero en dosis más contenidas). 

En una arista cargada al hard rock directo aparecen canciones como 'Fuel' (que fue adelantada en múltiples ocasiones por la banda en vivo aunque en una versión no terminada), 'Better than you', la fantástica 'Bad seed' (otra cuyos riffs también fueron adelantados en gira), 'Prince charming' o 'Attitude'. Estas se enlazan con pasadas más comerciales como 'The memory remains' (con participación de Marianne Faithfull en aquel mítico coro final) y 'The unforgiven II', otras más densas como las que se viven en 'Devil's dance' (refrito descarado de 'Sad but true', digámoslo), 'Slither' + 'Carpe diem baby' o la balada 'Low man's lyric' mientras que la experimentación únicamente llegará en 'Where the wild things are' (la única en todo el álbum que contó con participación de Jason Newsted en composición) y el desate absoluto que resulta ser la espectacular (y tremendamente personal) 'Fixxxer', una en donde James Hetfield se decide a soltar todos sus dolores y traumas.

En definitiva, al escuchar Reload completo, incluso a más de veinte años de su salida, desprende esa sensación de contener las sobras de Load, o digamos, lo que no se alcanzó a cocinar adecuadamente en 1996. Dentro de lo positivo habría que mencionar el que sobre la marcha la banda logró terminar varias piezas de manera adecuada, las cuales funcionan de maravillas en el disco ('Fuel', 'Devil's dance', 'Better than you', 'Bad seed' o 'Fixxxer') o también la ejecución de un Kirk Hammett que en las guitarras está superlativo a lo largo del álbum, sin embargo, también hay trabas importantes en el disco , sobretodo en canciones que resultan algo tediosas y provocan que el disco suene inconexo a ratos ('Slither', 'Carpe diem baby'  o 'Low man's lyric'). Ahora, en materia de medios el álbum no obtuvo la repercusión ni aceptación deseada. Lo cual incluso ha sido reconocido por el mismísimo James Hetfield en declaraciones. Llegaron a nosotros tres sencillos promocionales aunque solo 'The memory remains' contó con importante rotación, de hecho junto a 'Fuel' fueron los únicos temas que la banda  interpretó en vivo durante la gira de promoción (y eso hasta el día de hoy). Una lástima ya que muchos temas de Reload se quedaron sin un directo que les hiciese justicia. 

Cerraba de esta forma el ciclo Metallica quedando por cierto en tierra de nadie, entre la odiosidad de sus fans y una repercusión mediática conseguida a medias. Tomarían aire por tanto más adelante mediante un álbum de refritos (Garage inc, cuya reseña de aniversario espero llegue en este 2018) y un disco en vivo junto a la Sinfónica de San Francisco para luego vivir una fuerte crisis creativa que acabaría desembocando en el desastroso St.Anger de 2003. Todo aquello será materia de un futuro análisis pero hoy me pongo al día con Reload, el que hasta 1998 vendría siendo el disco "menos bueno" de Metallica (insisto, ya llegaría St. Anger para batir todos los records negativos). Finalmente, le pese a quien le pese, hay algo que al período 1996/1997 de Metallica nadie podrá quitarle: el haber sido los últimos años realmente creativos de la banda. 

6,5 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Metallica:
2016 // Hardwire... to self destruct
2011 // Lulu
1996 // Load
1991 // Metallica
1986 // Master of puppets
1984 // Ride the lightning 

domingo, 3 de diciembre de 2017

20 Años De... U2: Pop (1997)

"Caótico, confuso y valiente..."

La mutación vivida por los irlandeses de U2 a comienzos de los años 90 debe estar entre las más exitosas e impresionantes en la historia de la música. El paso desde la dupla The Joshua Tree/ Rattle & Hum a Achtung Baby/Zooropa da muestras de una agrupación que, cual Zenedine Zidane, en un momento complicado y clave del partido, agarró el centro de volea y logró meterla en el ángulo. Con esta jugada los irlandeses se despeinaban estéticamente (Bono dejaba de ser el personaje político mesiánico para meterse en cueros y disfrazarse de una especie de arrogante Elvis moderno) mientras en lo musical lograban conjugar vanguardia, modernidad y masividad. Sin embargo, y para sorpresa de todos, por ahí por 1995, la banda se siente tan pero tan genial que, en la cresta de la ola, decide hacer una pirueta suicida, la cual desembocaría un un álbum titulado simplemente: Pop

El contexto es el siguiente. La maratónica gira Zoo TV, que promocionaba los álbumes Achtung Baby + Zooropa, había terminado por lo que se toman entonces un (merecido) descanso para repescar ideas. En esa búsqueda es que deciden desarrollar un proyecto paralelo alternativo junto a Brian Eno titulado Passengers (desde donde emerge la fabulosa colaboración 'Miss Sarajevo' junto a Luciano Pavarotti) y regalan la fantástica 'Hold me, thrill me, kiss me, kill me' para la banda sonora de la película que fue Batman Forever. Llega 1996, van tres años desde Zooropa, el plato aún sigue caliente y el sello presiona, por lo que se meten al estudio. Hay un pequeño problema eso si: las canciones no están. Hay ideas, maquetas, discusiones respecto a que dirección tomar, pero el grueso de las canciones no está, lo cual los lleva a posponer el lanzamiento y comenzar a decidir a contratiempo. El plazo fatal para el lanzamiento sería marzo de 1997, ya que la gira está contratada (¡error fatal!) y esta debía partir en abril de dicho año, lo cual los obligaba a tener el single promocional en Diciembre y el disco terminado en Enero, estuviese como estuviese. Colocan entonces la carreta antes que los bueyes, por lo que el resultado no podía ser otro: un álbum confuso, que proyecta algo que no es y contiene muchas canciones que evidentemente no están terminadas (de hecho, las finalizan en vivo, en medida que avanza la gira). En palabras del mismo The Edge: "en el estudio queríamos expresar todo aquello que estábamos conociendo en la vida nocturna, y si hubiésemos sido Prince creo habría sido más fácil, pero no somos Prince..."

¿Y qué pretendía U2 proyectar con Pop? Una especie de crítica inteligente respecto a la cultura de consumo. Querían ser un enemigo interno del mercado. El álbum fue, de hecho, promocionado meses previo a su salida por 'Discotheque', cuyas líneas insinuaban estas intenciones ("Tu sabes, estás masticando chicle / Tu sabes lo que es pero quieres algo más...") enmarcadas además en un sonido que buscaba ser tan divertido como sofisticado. Sin embargo, el chiste no se entendió. 

¿Qué proyectó en lo concreto Pop? La idea de que la banda se había aligerado al abandonar el rock, abrazar la música nocturna y la electrónica de manera forzada, además de encarnar una incoherencia musical enorme: el disco pretende avanzar hacia muchos lugares, demasiados diría yo...

Dicho por Bono en su visita a Sarajevo en 1997: "promocionamos Pop como el álbum más alegre de nuestra carrera, siendo que probablemente es el más triste de todos". Y esa es una gran verdad. El disco abre con tres potentes temas que se lanzan a la electrónica de lleno, 'Discotheque' + 'Do you feel loved' + 'Mofo', las cuales cuentan con capas y capas de sonidos, mezcladas todas por los productores del álbum, Howie B y Flood, sin embargo, baja a terreno bruscamente con dos baladas: 'If god will send his angels' (que es una crítica al mercadeo religioso) y 'Staring at the sun', una gran canción de amor inmersa en un contexto bélico ("Intransigencia a nuestro alrededor / Los militares aún están en la ciudad..."). Posteriormente aparece el rock, primero en 'Last night on earth', uno de los temas que sufrió la inclemencia de haber sido incluido casi como una maqueta en el disco, la extraordinaria 'Gone', profunda reflexión personal de Bono respecto a la fama ("Querías llegar a ese lugar tan rápido / Que tuviste que perderte durante el camino...") y probablemente una de las mejores canciones de U2, no solo de esa década, sino que de su carrera entera, y la mixtura electrónica/guitarras que es 'Miami' (otra que evidentemente entra en el disco sin estar acabada) que en algún momento se barajó como nombre del álbum. 

Entrando en la recta final Pop se adentrará sobre ambientes muy oscuros de los que no volverá a salir, sonará la irónica y astuta 'The playboy mansion' ("Si la coca es un misterio / Michael Jackson, historia / Si la belleza es verdad y la cirugía fuente de juventud...") , la increíblemente elegante 'If you wear that velvet dress' (que venía de las sesiones de Zooropa), luego 'Please' (la única que retoma con fuerza el carácter político de la banda) y el cierre con otra reflexión espiritual notable por parte de Bono en 'Wake up dead man' El disco cierra por tanto en un lugar completa y absolutamente diferente a donde comenzó, lo cual habla claramente de que la banda no logró ensamblar con coherencia en estas doce canciones, probablemente por un exceso de ambiciones, una sobre estimación de sus capacidades y también lo apurados que debieron trabajar al haber firmado contratos con un disco en pleno proceso de gestación. En definitiva la banda acabó siendo devorada por su propia sombra. 

En materia de direcciones por tanto Pop resulta un ejercicio algo caótico, sin embargo, mirando el vaso medio lleno, acá hay excelentes canciones (algunas derechamente brillantes) y en lo suyo la mayoría de estas funcionan, además de dar muestras de una dupla Bono/The Edge aún en éxtasis creativo, tanto en materia lírica como en cuanto al tratamiento de las guitarras (lo que Edge logra en 'Mofo' o 'Gone' es un asunto de otro planeta). Pop representa además el último gran salto al vacío que U2 dio en su carrera. En 1997 una facción de los irlandeses, esa valiente y arriesgada, dejaba de existir, dando paso a una agrupación mucho más temerosa, cuidadosa de cada paso a dar y que desde 2000 en adelante se sumergiría en terrenos realmente comerciales y seguros (porque Pop fue cualquier cosa, menos un disco comercial). Pero aquello será motivo de una futura reseña de aniversario, la de All that you can't leave behind, que en 2020 cumplirá dos décadas de existencia...

7,5/10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de U2:

domingo, 16 de julio de 2017

20 Años De... The Cure : Wild Mood Swings (1996)

"Los chicos tristes quieren sonreír..."

(21 en realidad, pero que más da!)

Debería crear una nueva categoría en mi blog, la de los "discos despreciados". Y es que, ¿habrá algún grande de la música que no tenga uno de aquellos álbumes en sus filas? Aquel disco odiado en su momento por fans y/o crítica y, con el paso del tiempo, ignorado incluso por la propia banda. Ciertamente los años noventa se prestaron para lanzar "bichos raros", fue una década en donde la experimentación estuvo permitida y los fantásticos The Cure no quisieron ser menos realizando malabares en el aire sin malla de protección bajo ellos. El resultado fue injustamente crucificado, calificado de comercial y vacío. El caso es que el mundo no le perdonó a Robert Smith que, tras un álbum como Wish (1992), decidiese sonreír. Y es que los íconos de la tristeza y la melancolía no tienen derecho a ser felices ni a sonar livianos, no?  

Cabe reconocer el que la banda colaboró con la tirria que muchos le agarraron a Wild mood swings al decidir trolear a sus fans con 'The 13th', la extraña pero fascinante carta de presentación con que contó el álbum. Debemos recordar que veinte años atrás el mundo de la música era otro. Las aguas no se movían como en la actualidad, donde las bandas presentan sus discos a goteos adelantando una canción cada dos semanas vía YouTube. No. En los noventas el single llegaba con bastante anticipación al lanzamiento del álbum, el tema rotaba en canales de videos, en radios y aquello era todo lo que teníamos por tres o cuatro meses. De ahí que una canción donde sonaban trompetas e incorporaba ritmos latinos en su sonido, eso además de contar con una letra juguetona que entregaba un carisma inédito a un alegre Robert Smith (?), dejase a muchos en modo poker face. ¿Es que el nuevo álbum de The Cure será un disco de bachata? - se preguntaron espantados algunos. Lo cierto es que el adelanto promocional del nuevo álbum de The Cure exigía cierta apertura de mente. Pronto descubriríamos que, si bien 'The 13th' es la única canción que coquetearía con el cha cha cha, otras también se moverían en los mismos tonos optimistas.


El título del álbum ('Salvajes cambios de ánimo') me parece resume de manera perfecta el constante vaivén que nos encontramos en los catorce temas que lo componen. El principal ingrediente del disco es el optimismo, de eso no hay duda, ahí temas como 'Mint car' ("El sol está arriba, estoy tan feliz que podría gritar..."), la romántica 'Strange atracttion', 'Round, round & round' o 'Return' se enmarcan (junto a 'Friday I'm love' por supuesto) entre lo más dulce y alegre que ha compuesto Robert Smith en toda su carrera. Sin embargo, junto a estas conviven ciertas alusiones al mundo de las adicciones, excesos y la depresión, en esa linea funcionan la extraordinaria 'Want' (una de las canciones más viscerales en la carrera de The cure), 'Gone' , la contundente 'Club America' o 'Numb' ("Cansado de todo eso, irremediablemente hecho pedazos, él finalmente cae..."). Todo este ir y venir es amenizado (?) por una serie de baladas marcas de la casa, como 'This is a lie', 'Jupiter crash', 'Treasure' o 'Bare', cada una de ellas impecables y embalsamadas de melancolía.

Quizás el principal fallo con que cargó Wild mood swings fue el de proyectar cierto grado de confusión en su linea compositiva. El álbum danza entre temas densos y otros en exceso livianos, los cambios son bruscos y aquello probablemente no acabó de convencer a gran parte de los auditores. Sin embargo, dejando los prejuicios fuera, me parece que el puñado de canciones que The cure acá entregó funciona, el experimento se deja escuchar sin problemas y nos regaló de paso canciones únicas en la discografía de la banda. A más de veinte años de su lanzamiento vale la pena volver a darle una oportunidad a un disco que brilla por su singularidad. 

7,5 / 10
¡Muy bueno!