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miércoles, 8 de julio de 2026

Fito Páez: Shine (2026)

 "Desequilibrado..."

Catorce álbumes en dieciséis años hablan de un artista ansioso por mostrarse activo, siempre con algo que decir. ¿Válido? Claro que si. Sin embargo, la verborrea tiene un costo y ese claramente es la falta de creatividad y frescura. En dicha línea, Shine aparece como una nueva intentona por parte de Fito Páez de perseguir la vigencia pero a la vez como otro trabajo fallido (y ya van...), y la causa es una sola: el exceso. Y es que hurgando en esta lista efectivamente encuentras buenas canciones, arranques de cruda sinceridad y destellos del compositor grandioso que el argentino alguna vez fue, sin embargo, estas conviven con otra serie de temas pobres, obvios y totalmente olvidables, generando un contraste evidente, un desequilibrio que inevitablemente termina estrellando a un disco que quizás con un poco más de calma podría haber funcionado mucho mejor.

Sin ir muy lejos, toda la primera parte de este disco es un apaga y vámonos. Desde ahí, llama poderosamente la atención lo contradictorio que suena este Fito Páez, invitándonos en 'Shine' a rebelarnos, a dejar las redes ("Que tiempos aburridos nos tocó vivir / Tiren los teléfonos, a la mierda el flow y los beats...") mientras añora unos supuestos tiempos mejores ("Me gustaba cuando el mundo andaba todo dado vuelta / Desesperadamente feliz / Era todos contra todos en las camas y en las plazas..."), todo esto de la mano de una música tan jodidamente conservadora que impacta, digamos, sus típicas canciones de tres minutos con estructuras obvias y arreglos básicos. Para muestra la espantosa 'Girl T-rex' (¡que mal está abriendo los discos Fito desde hace un tiempo!), la mencionada 'Shine' o el reggae optimista 'Nuestro templo'. Cual de todas más olvidable. 

Será recién en la indignación que transmite 'Río místico' así como en el rock golpeado de 'Las fuerzas armadas del amor' (con guiño a Bruce Springsteen incluido) cuando el disco comience a despertar, y si bien es cierto que a esta última le falta garra y desgarro como para llegar realmente lejos, al menos esos aires a Circo beat (1994) funcionan muy bien y ciertas líneas aciertan por su crudeza ("No me creo la mentira de que me hacen daño porque el daño de verdad es el que me hago yo..."). De igual forma, la ternura de 'Planeta azul', la franqueza al piano que derrocha 'El honor de los lobos' así como ese grandilocuente cierre con 'Universo' (la más ambiciosa de todas claramente) hablan de un disco dividido en dos partes, una donde Fito intenta brillar, iluminar e inspirar desde el positivismo pero falla desde lo básico/formulero de los arreglos, y otra más oscura que le muestra bastante más inspirado. 

Shine no es el desastre que algunos andan por ahí pregonando pero si un trabajo irregular, de altos y bajos marcados. Una pena, insisto, que buen material acá había. El problema es el de siempre, mucho disco, mucha publicación para un tipo que no está dispuesto a poner la pelota al piso...

¿Canciones? 'Las fuerzas armadas del amor', 'Planeta azul', 'El honor de los lobos' y 'Universo'. 

6,8 / 10
Cumple y algo más...

domingo, 26 de abril de 2026

Ca7riel & Paco Amoroso: Free Spirits (Argentina, 2026)

 "Ameno, divertido y fluido..."

No deja de ser curioso (y meritorio) el camino que este dúo argentino ha decidido transitar a partir de su debut tan solo un par de años atrás. Aquel Baño María (2024) fue un disco de sonido actual aunque en exceso correcto y de manual, digamos, nada que no pudiésemos oír en otros artistas latinos del momento. Vino luego un exitoso Tiny Desk que les volvió virales y en ese entonces la jugada maestra: la publicación de Papota (2025), con un giro estético hacia el buen humor, la ironía y un sonido muchísimo más rico en cuanto a arreglos. Y bueno, este Free spirits llega para consolidar todo aquello, doce canciones que desde lo musical navegan en múltiples direcciones de la mano de un relato ameno, divertido y fluido cuyo principal objetivo es llevarte a pasar un buen rato.

Dicho lo anterior, por sobre todo Free spirits es un disco que apuesta por ser entretenido... y ahí triunfan. Las canciones son breves y diversas, todas rondan los dos a tres minutos, cada una de ellas cuenta con un relato particular, jugando con la ironía en la partida con 'Nada nuevo' y esta idea de que "todo ya está inventado", riéndose de la sensación de constante disconformidad en 'No me sirve más' o 'Lo quiero ya!', entregándose al humor tanto en la simpática oda al sexo que es 'Ay ay ay' (junto a Anderson.Paak) o en el 'Himno del mediocre'. Esto mientras en materia de arreglos el asunto va y viene, lanzándose a la bossanova en 'Goo goo ga ga' (¿seré el único que oye "reggaeton con caca"?), a las guitarras aflamencadas en la excelente 'Vida loca', a la onda disco en 'Muero', al rock melódico en 'Hasta Jesús tuvo un mal día' (en esta en colaboración nada más y nada menos que Sting) o al funk tanto en 'Soy increíble' como en 'Todo ray', donde recuerdan muchísimo a sus icónicos compatriotas Illya Kuryaki and the Valderramas. El abanico que Ca7riel & Paco Amoroso abren acá por tanto es tremendamente diverso y desde ahí funciona, el disco fluye todo el tiempo de manera natural y en el camino seguro que más de alguna sonrisa te va a sacar.

El tiempo dirá si el dúo se tomará en serio en algún momento, subiendo la vara en cuanto a ambiciones, o se quedarán más bien en estas jugarretas simpáticas que apuestan a poco. Como sea, Free spirits se deja oír y cuenta con el mérito de mantener siempre el tono fresco. Si a eso agregamos el salto de crecimiento respecto al debut, pues por ahora la tarea está hecha y aprobada.

¿Canciones? 'Nada nuevo', 'Vida loca' y 'Soy increíble'.

7/10 
Muy bueno.

martes, 13 de enero de 2026

30 Años De... Los Fabulosos Cadillacs: Rey Azúcar (1995)

 "La canción valiente es canción para siempre..."

Para mediados de los noventa Los fabulosos cadillacs contaban con una década de carrera y venían de mostrar credenciales mediante El león (1992), un trabajo de puntos altísimos donde los argentinos supieron conjugar la vibra latina/fiestera de su sonido ('Gitana', 'Siguiendo la luna') con canciones profundas y de alto contenido social ('Manuel Santillán, el León', 'Desapariciones'). Aquel álbum cargaba con un problema eso si: su extensión, el disco era muy largo y con demasiado material de relleno. Quizás precisamente por lo anterior fue que alguien tuvo la buena idea en 1993 de publicar Vasos vacíos, un compilado de grandes éxitos que terminó por consolidar a la banda a nivel latinoamericano en base a una serie de hitazos históricos e incontestables. Dicho álbum, sin embargo, incluía dos canciones inéditas,  'Matador' y 'Quinto centenario', las cuales anticipaban por donde vendría la mano en un futuro inmediato. Ambas canciones estaban compuestas por el bajista Flavio Cianciarulo y conjugaban dos aristas que comenzarían a empapar el sonido de la banda: un fuerte carácter contestatario y ciertos acercamientos con el rock. De esta forma en 1995 llegaría Rey azúcar, un trabajo diverso que encuentra a los argentinos en su pico creativo mediante una lista que (esta vez si) funcionaría de manera impecable prácticamente en todo su trayecto. 

Destacarán acá las composiciones de Flavio, abriendo con ese himno generacional que fue 'Mal bicho', de característicos vientos (en ese sentido la canción está hermanadísima con la ya mencionada 'Matador') y una serie de líneas que disparan sin miedo en contra del racismo y los autoritarismos ("Que me hablás de privilegios / De una raza soberana / Superiores, inferiores / Minga de poder..."). Más adelante las temáticas peliagudas volverán a aparecer, primero en 'Paquito' y sus referencias a la discriminación a causa del contagio de VIH ("¡¿No era solo cosas de maricas y adictos?! - Grita su padre / Y se pregunta en que pudieron fallar..."), la sabrosa 'Raggapunkypartyrebelde' ("Gano poco, gano mal, tengo poco que comer / Pero tengo para bailar y eso si está bien...") y, por supuesto, la furiosa y rockera  'Las venas abiertas de América latina', que en menos de tres minutos resume a la perfección el carácter indómito y salvaje que derrocha este álbum.

Todo lo anterior se conjugará con los aportes del saxofonista Sergio Rotman en el reggae de 'Ciego de amor', en el ska de 'Miami' y en la revolucionaria 'Hora cero' (dedicada al guerrillero nicaragüense Augusto Sandino), además de pasadas cargadas al baile en la exquisita 'Carmela' (compuesta por el baterista Fernando Ricciardi), 'Reparito', la joya escondida que es 'Padre nuestro', 'Muerte querida' y la balada 'Estrella de mar', todas estas últimas escritas por Gabriel Fernández Capello, o sea, Vicentico. Por cierto, a todo lo anterior habría que sumar además la influencia internacional que recibió el álbum, reflejado en la tremenda versión presentada del clásico beatlesco 'Strawberry fields forever', que incluyó la mítica participación de Debbie Harry de Blondie, así como la producción a cargo de Tina Weymouth y Chris Frantz, miembros históricos de Talking heads. 

La multiplicidad de autores y/o participantes es algo que desborda en Rey azúcar y el momento inspirado que vivía cada integrante ciertamente colaboró en la entrega de un álbum enorme tanto en términos de estilos, arreglos como temáticas. El mejor álbum en la carrera de Los fabulosos cadillacs sin lugar a dudas y uno desde donde la banda solo podía comenzar a desvanecerse. El futuro les depararía un experimental (y fallido) Fabulosos calavera (1997) para acabar cerrando su historia con La marcha del golazo solitario (1999), dos álbumes curiosos y dignos de análisis que espero abordar en 2027 y 2029 si la vida me lo permite. Será hasta entonces...

¿Canciones? 'Mal bicho', 'Carmela', Raggapunkypartyrebelde', 'Las venas abiertas de América latina' y 'Padre nuestro'.

9/10
Brillante.

sábado, 10 de enero de 2026

30 Años De... Soda Stereo: Sueño Stereo (1995)

 "Animal en constante cambio..."

Así como hay bandas que naufragaron, otras supieron leer muy bien el complicado paso desde los 80s a los 90s, y una de ellas fue Soda stereo. Conocida es la metamorfosis que los argentinos experimentaron por aquellos años encontrando en el espectacular Dynamo (1992) la mejor versión de dicho proceso. Sin embargo, aquel discazo no representó un hecho puntual si no más bien el puntapié inicial para una trilogía fascinante que encontró continuidad en Sueño stereo y vivió su definitivo canto del cisne en el excelente Confort y música para volar (1996). 

El contexto no era fácil eso si. Para 1995 la convivencia no andaba en buen pie al interior de la banda, sin embargo, los argentinos supieron para 1995 enfocarse en la creación de último álbum de estudio, un disco donde la mano creativa de Gustavo Cerati comenzó a tomar un peso prácticamente incontenible en una lista de canciones que equilibró momentos melódicos y accesibles con otros centrados fuertemente en las atmósferas, anticipando en cierto modo los afanes experimentales que el vocalista profundizó en su posterior álbum en solitario Bocanada (1999). 

A diferencia por tanto de un disco como Dynamo, que se caracterizó por sus guitarras desatadas y dinámicas inquietas, en Sueño stereo encontramos a una banda bastante más reposada que cuando va al rock lo hace de manera controlada mediante singles enormes e históricos como 'Ella usó mi cabeza como un revolver', 'Paseando por Roma' o 'Zoom' (que no es más que una de las tantas jugarretas de Cerati en donde se dedicó a mezclar canciones antiguas, en este caso sampleando a las bandas setenteras Sparks y Hello), las cuales muestran una faceta menos estridente del trío, lo mismo en los notables medios tiempos 'Disco eterno' u 'Ojo de la tormenta', armando así una Cara A impecable que complementará con baladones como 'Efecto doppler' y la bonita 'Pasos', pequeña gran joya esta última y que de haber sido single seguro se habría convertido en un clásico de la banda. 

Dicho todo lo anterior, el principal mérito de este Sueño stereo se encuentra en su segunda parte pues pasado el nudo la lista se olvidará de los hits y entregará una secuencia "de aquellas", regalando  momentos inspiradísimos. Destacará acá inmediatamente 'Ángel eléctrico', con seguridad una de las mejores canciones en la carrera de Soda stereo, donde la producción supo sacarle partido al sonido de cada integrante (la guitarra de Gustavo, batería de Charly Alberti y bajo de Zeta Bosio se oyen acá con una claridad que impacta), siendo además la única en todo el álbum que con su sonido se acerca un tanto a lo que la banda había hecho en Dynamo. Siguiendo con el álbum, ''Ángel eléctrico' conectará de manera impecable con la delicadeza acústica de 'Crema de estrellas' para dar paso al épico cierre del álbum con 'Planta' + 'X playo' + Moiré', tres que en arman un continuo de doce minutos que destaca por sus atmósferas etéreas.  

Sueño stereo es un disco impecable que funciona desde donde se mire. Uno de esos álbumes que "no tiene canción mala". Es que ni siquiera regular. Los singles incontestables están, sin embargo lejos de quedarse en estos la lista se muestra ambiciosa y confirma a Gustavo Cerati como ese animal en constante cambio que desarrolló durante su carrera. Quizás el trabajo luce algo meloso en comparación con su antecesor, pero aquello no le resta méritos en absoluto pues el álbum tiene identidad propia y aquello hay que dárselos. 

La historia contaría que aún quedaría un último suspiro para Soda stereo, aquel histórico concierto eléctrico que grabarían para MTV en 1996, donde incluirían (¡y mejorarían!) algunas de las canciones de este álbum, pero aquello será motivo de reseña en 2027 si la vida me lo permite...

¿Canciones? 'Pasos', 'Ángel eléctrico' y el tridente final. 

9/10
Brillante.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Divididos: Divididos (2025)

 "Corazón y carne..."

Escuchar este nuevo álbum de Divididos resulta un ejercicio necesario, uno que de golpe nos recuerda de qué estamos hechos. Un trabajo que nos conecta con aquella esencia que entre tecnología y contacto virtual ciertamente hemos extraviado. A los que vienen habría que mostrarles por tanto un álbum como este, un disco que apunta a lo primitivo del sonido, a ese rock en formato trío que descansa en el peso del tándem guitarra/batería/bajo y que desde sus letras intenta comunicarnos mensajes profundos y, repito, necesarios. 

El homónimo de Divididos llega tras quince años de silencio (si es que no contamos el Haciendo cosas raras de 2018 que fue una regrabación del debut) y de hecho, es apenas el segundo con Catriel Ciavarella en batería (quien acompaña a Ricardo Mollo + Diego Arnedo desde 2004). La banda por tanto se ha tomado su tiempo a lo largo de estos últimos veinticinco años, a diferencia de sus 90s donde publicaron disco casi año por medio. Y aquel silencio prolongado por más de una década seguramente ha derivado en un álbum de universo propio, un trabajo que no responde a intereses externos ni a una intención desesperada por conectar con nuevos públicos. Dicho en simple: han grabado un disco que les define de comienzo a fin. Todo lo dicho se expone a la perfección en una canción como 'Bafles en el mar' (para quien no lo sepa, un bafle es un parlante), una que se cuece a fuego lento y habla de aquella necesidad por volver a conectar con nosotros mismos ("Por esas cosas que nos hace el tiempo / Por laberintos de rosales voy / Cae la flor sobre su propia espina / No hay sueño que no lleve cicatriz..."), la importancia de "volver al centro, volver al silencio". Más adelante una canción como 'El faro' insistirá sobre las mismas ideas, enlazando también el concepto del vasto del mar con el auto conocimiento.

"El bombo es lo ancestral, lo primitivo.
El golpe que te abrazó en noches de frío.
Naufragando, ¿a cuántas balsas creo que estoy?
Hombre anfibio, cree en tu voz interior"

Desde lo musical la lista se debatirá entre medios tiempos muy bien logrados como la extensa 'Mundo ganado' (la única que les conecta un tilín con esa onda blusera tan presente en sus primeros álbumes) o la bonita balada acústica 'Vos ya sabrás', así como en otros momentos acelerará un tanto mostrando la versión más rock de los argentinos. Esta arista lucirá impecable en la partida mediante 'Aliados en un viaje' (que manjar ese primer minuto por favor, ¡cuánta maestría a la hora construir una atmósfera!), también mostrando su pasión por Led Zeppelin en toda la pasada por 'Revienta el Mi mayor' (el riff principal en esta recuerda muchísimo a 'The song remains the same') + 'Insomnio' + 'Cabalgata deportiva', así como en 'Monte de olvidos' o 'Doña red' intentarán mostrar algo más de peso en el sonido. 

Divididos están enchapados a la antigua y como tales nos entregan un disco de doce canciones en casi una hora exacta de música  (¿algo más noventero que eso?), sin embargo, el conjunto se muestra tan afiatado que no podemos si no agradecer la extensión. Nos han entregado un álbum que es corazón y carne, un trabajo que apunta a lo primitivo del sonido y se percibe casi como una máquina en el tiempo, un paréntesis necesario en medio de la vorágine que vivimos día a día. 

¿Canciones? 'Aliados en un viaje', 'Bafles en el mar' y 'Mundo ganado'.

7,8 / 10
¡Muy bueno!

martes, 23 de diciembre de 2025

Milo J: La Vida Era Más Corta (2025)

 "Identidad, carácter e intención..."

Camilo Joaquín Villarruel tiene apenas 19 años, sin embargo, posee una voz grave que nos lleva a imaginar a un tipo de mayor experiencia. Cuando vamos hacia su (aún) breve discografía confirmamos aquella sensación. Esto porque en poco tiempo el vocalista ha tocado aristas bastante disímiles entre sí, yendo hacia las cuerdas y temáticas melosas en su debut 111 (2023), para luego haber abrazado el trap ruidoso en el siguiente 166 (2024) y este año mediante La vida era más corta acercarse con fuerza a las raíces de la canción folclórica argentina. Ahora, pese a la diferencia marcada de estilos existen elementos comunes en cada uno de los trabajos del argentino, los cuales en este tercer disco se encuentran más acentuados que nunca: muestras de identidad, carácter e intención. En casi cincuenta minutos por tanto encontramos acá un trabajo tremendamente sensible y que apunta a temáticas relacionadas con infancias traumáticas marcadas principalmente por la pobreza, un disco reflexivo aunque al mismo tiempo esperanzador, un álbum que con sus canciones invita a enfrentar de cara a la tristeza, confiar y actuar para que las cosas vayan para mejor.  

Lo anterior se visualiza en cada una de las canciones que componen este viaje, abriendo con una chacarera como 'Bajo la piel' donde el argentino se refiere a las heridas del pasado ("Tengo unos tatuajes bajo de la piel / Que no cicatrizaron, otros se reencarnan / No me siento propio y al ver el ocaso quise ir más despacio..."), idea que se complementará a la perfección con la dolorosamente hermosa 'Niño', una reflexión profunda respecto al lastre que representa el abandono en una primera infancia, relato que impacta viniendo desde un chico tan joven.

"Niño, haz las paces con la vida.
La nostalgia de tu antes no te deja caminar. 
¿Quién mató tu sonrisita de ilusión y de bondad?
Sé que te querés dormir pa no volver a despertar..."

Habiendo declarado intenciones, en adelante el disco intentará matizar los ánimos introduciendo pasajes de dinámica activa mediante 'Gil', los aires andinos de 'Solifican12', otra chacarera como 'Lucía' (junto a Soledad en las voces) o 'Recordé', mientras que 'Ama de mi sol' (que introduce con un mini homenaje al 'Giros' de Fito Páez) o 'Mmmm' (junto a la vocalista Paula Prieto y unos arreglos preciosos hacia el cierre del tema) vuelven a internarse en terrenos más duros mediante unas líneas impecables que se refieren al arte de sobrevivir ("Anoche di con los muertos pues no logro dar con el sol / Volver a casa era el fin pero el fin no es opción..."). Acá, ya en el nudo del álbum, sin embargo, aparecen los primeros detalles con el álbum. Primero porque hay una redundancia tanto en formas como fondo (demasiadas canciones que hablan de lo mismo y reiteran géneros) y segundo porque no todas las canciones logran estar al mismo nivel.

'Llora, llora', por ejemplo, junto a Akrilla si bien tiene bonitos arreglos y nuevamente acierta con la letra en una notable invitación a abrazar el dolor ("Llora, porque tenés casi 30 y te pesan las riendas de seguir un día más..."), falla en la intención de "modernizar" innecesariamente el sonido del álbum metiendo voces filtradas que no encajan con la idea orgánica que el resto del disco transmite (lástima que la chilena no pueda cantar sin ese autotune exagerado), mientras que la pasada por 'Cuando el agua hirviendo' o 'La vida era más corta' se vuelve pesada no porque estas sean malas canciones si no por la redundancia, la insistencia en canciones que tocan la misma tecla una y otra vez.

De hecho, será en la recta final cuando el álbum repunte notablemente. En este segmento la producción ha tomado la decisión deliberada de entregar un "disco 2" compuesto por cuatro canciones que terminan siendo el momento más sensible en todo el trabajo. Sonará acá una preciosa 'Radamel', la notable 'El invisible' (junto al dúo folclórico Cuti y Roberto Carabajal) que es la única en todo el disco que canta desde la rabia ante la desigualdad y la injusticia ("Bienaventurados, benditos los ricos / Consiguen de todo con el apellido / Me sale la bronca si me tomo un vino / Me hierve la sangre conteniendo un grito..."), esto para dar paso a esa inmensa joya que es 'Luciérnagas' junto a Silvio Rodríguez en una dolorosa mirada en torno a la pérdida de un ser amado ("Dicen que el ser humano valora el tiempo cuando no hay / Pero juraría que disfruté cada segundito que hubo a la par de tu presencia..."). 

Finalmente, y como si todo lo anterior fuese poco, el disco cierra trayendo al presente a la legendaria Mercedes Sosa mediante 'Jangadero', para la que se utilizó una grabación inédita (que originalmente corresponde a una improvisación tras bambalinas de la cantante junto a Soledad) sobre la que Milo J respetuosamente ha incorporado su registro. 

En definitiva, al joven vocalista argentino se le ha ocurrido construir un álbum de folclor siendo un artista pop que venía de un álbum urbano como 166. Ya solo por eso la intentona es digna de aplausos. Ahora, una cosa son las intenciones y otra los resultados. Acá el riesgo de "hacer el loco" era importante, Milo J podía quedar perfectamente en off side al meterse en terrenos aparentemente ajenos. Sin embargo, más allá de cualquier prejuicio ha logrado armar un disco lleno de idas y vueltas interesantes, colaborando con artistas de ayer y hoy logrando impregnar al trabajo de profundidad. Ha navegado a contra corriente y aquello le dignifica. Uno de los discos del año sin lugar a dudas...

¿Canciones? 'Niño', 'MmmmM' y 'Luciérnagas'.

8,5 /10
¡Excelente!

jueves, 18 de diciembre de 2025

Babasónicos: Cuerpos, Vol 1 (2025)

 "Sin ganas..."

Tras unos años de conformismo y absoluta mediocridad, marcados por álbumes como Mucho (2008) + A propósito (2011) + Romantisísmico (2013), es cierto que a partir de 2018 vivimos una especie de renacer por parte de Babasónicos. En ese camino álbumes como Discutible o el más reciente Trinchera (2022) dieron muestra de una agrupación que volvía a tener hambre y algo importante que decir. Ambos trabajos abrazaron el pop desde un lugar más intimista entre guitarras sutiles y una clara inmersión en los sintetizadores, siendo precisamente esta última arista es la que han intentado profundizar en este Volumen 1 (?) de Cuerpos, un disco bastante breve que intensifica las dinámicas minimalistas de la mano de una electrónica sutil. Digamos, algo parecido a lo realizado en Trinchera aunque con una salvedad no menor pues esta vez no han estado muy inspirados que digamos. Dicho en simple: la intención está, más no las letras ni las canciones. 

Nos entregan así un disco corto, sólo nueve canciones en media hora que desde un comienzo van en busca de un sonido elegante, sin embargo, desde la partida con 'Tiempo off' notamos que "algo falta". Las rimas son bastante básicas y deben estar entre lo peor que ha escrito Adrián Dárgelos en largo tiempo ("Me gustaría ser tu amante por un par de días... insecticida (?) / Me gustaría besar esa parte escondida... ingeniería (?) / Ser un lanzafuego en tu tropa... para emborracharme en tu sopa") y la música es repetitiva sin jamás generar alguna alza de intensidad. Esto se repetirá a lo largo de todo el álbum, aburriendo derechamente en cosas como 'Relaciones aparte', 'Cocos' o 'Mercado blue' (apagadísimas las tres) mientras que algo de dinamismo se puede encontrar en 'Maracuya', la simpática 'Miau' (aunque es dramática la repetición de líneas) o en las tímidas guitarras de 'Labios apilados', sin embargo, verdad sea dicha... en ninguna canción en todo el disco aparece la magia. 

Es cierto que se aprecia una intención en el álbum, la intención de ir por un synthpop sobrio e intimista, un disco que continúa la senda trazada por Discutible y Trinchera llevando aún más a lo profundo el sonido. El problema es que la banda suena sin ganas, desanimada y poco creativa. Quizás esto debió ser otro EP, como hicieron con Suficiente (2020) porque como un conjunto de mayores aspiraciones fracasa completamente y vuelve a sumergir a los argentinos en la irregularidad. Una pena, que venían bien...

¿Canciones? 'Macacuyá', por buscar alguna. 

5/10
Nada muy especial...


lunes, 15 de diciembre de 2025

20 Años De... Babasónicos: Anoche (2005)

Ok. Hora de hacer el giro hacia acá, nuestro continente. Basta de anglos y en lo que queda de 2025 me concentraré en álbumes en nuestra lengua, que tocaba ya. Y que mejor manera de entrar acá que haciendo historia con este disco al que le guardo tanto cariño...

"Arrogante pop..."

Sabido es que el cambio de siglo llegó también con un giro estilístico para Babasónicos. Entre Miami (1999) y Jessico (2001) se perciben conexiones pero dicho eslabón marcó un punto de no retorno para la banda, que desde entonces se enfocaría en su arista más azucarada y comercial, lejos de la estridencia y/o experimentación de álbumes como Dopádromo (1996) o Babasónica (1997). De hecho, en 2003 llegó Infame y tras singles como 'Irresponsables', 'Putita' o 'Y qué' ya nada volvió a ser igual. Los argentinos le apuntaron a la fórmula, entendieron que había que volver más comprensible el lenguaje y cantarle al amor con un toque de descaro para así lograr lo que cualquier agrupación desearía tras más de una década de existencia: renovar su audiencia. Porque lograr el recambio generacional con tu base de fans te asegura otras dos décadas de vida y aquello ocurrió con Babasónicos, quienes de golpe acercaron su música a chicos y chicas que en ese entonces rondaban los veinte (y hoy los cuarenta por abajo) entre discos extremadamente simples pero efectivos. Pop puro y duro. 

En dicho camino Anoche marca un punto alto en el camino (y también el fin de una etapa) pues si bien muestra a la banda inmersa en su versión más melosa (donde prácticamente TODAS las canciones hablan del "date cuenta que me gustas" y de ahí no salen), desde lo musical el disco luce muchísimo más cohesionado respecto al anterior Infame e infinitamente más sofisticado que el posterior Mucho (2008), con unos Babasónicos que por última vez en LARGO tiempo parecen esforzarse por componer algo de nivel. Lo anterior entre canciones que rondan los dos minutos de duración pero que en esa sencillez saben encontrar rápidamente ideas contundentes, momentos cargados al rock entre líneas interesantes y coros contagiosos. 

Esto se aprecia de inmediato cuando el rock descarado de 'Así se habla' vaya al choque con sus líneas dedicadas a alguna chica de clase alta ("¿Será tu educación cristiana? / Ves fantasma' en todas partes / ¿Será tu condición racial? / O tu lugar de privilegio..."), esto para luego encajarte uno de los momentos más brillantes de Babasónicos su carrera, me refiero al meddley compuesto por 'Carismático' + 'Yegua´+ 'Un flash' , tres piezas románticas que son una y son complementadas con la genial 'Pobre duende', con un Adrián Dárgelos inspiradísimo que pareciese profetizar su rendición ante el mercado.

"Miren lo que han hecho con el duende del rock.
Lo han destrozado.
Lo han convertido en una estampa estúpida de sumisión..." 

Posteriormente tendremos una nueva inclinación hacia las guitarras en 'Solita' y la exquisitamente descarada 'Puesto' ("Que sofisticado fue invitarte a toquetear / Yo tan lento, vos tan regia..."), cerrando así una primera mitad del álbum absolutamente sensacional, una seguidilla de piezas breves que oscilan entre un rock dinámico y baladas pop tan adictivas como radiantes. 

La segunda parte del disco continuará esta tendencia, recuperando el sonido de Miami y Jessico en el rock tejano de 'Falsario' o en la sólida 'Ciegos por el diezmo', pasando por bonitas baladas electro acústicas como 'Capricho' + 'El colmo', esta última con un coro que es pretende ser un himno que le habla a la posteridad ("Por eso canción llévame lejos donde nadie se acuerde de mi / Quiero ser el murmullo de alguna ciudad que no sepa quien soy..."), para ya ir cerrando con la delicadeza de 'Exámenes', con la que el disco quizás debió terminar y cerrar en alto, sin embargo, la banda decidió dar una vuelta más con el medio tiempo 'Muñeco' y las guitarras de 'Luces', que están bien pero aparecen en la lista como lo más débil de esta.

Mirado a veinte años de distancia un disco como Anoche luce soberbio. Un perfecto equilibrio entre aquel sonido meloso que la banda había descubierto unos años atrás y atisbos de un rock que, ojo al dato, desde acá abandonarían para jamás volver a retomar. ¿Y desde acá qué? Pues la debacle. Los sucesores Mucho (2008), A propósito (2011) y Romantisísmico (2013) exacerbarían las dosis de azúcar en la banda a un nivel casi intolerable, simplificando las fórmulas a un nivel ridículo (es como lo que le pasó a Coldplay pasado 2008, fenómeno similar) y marcando una larga siesta creativa de la que ciertamente los argentinos recién parecen estar despertando. Lo anterior no empaña, sin embargo, este disco de 2005. A día de hoy, el último gran álbum de la Babasónicos. 

¿Canciones? El meddley 'Carismático' + 'Yegua´+ 'Un flash', 'Puesto' y 'Exámenes'.

8,2 / 10
¡Excelente!

Otras reseñas de Babasónicos:

miércoles, 30 de abril de 2025

A.N.I.M.A.L: Legado (2025)

"Sostienen su esencia..."

Le ocurrió a algunas bandas de metal noventero eso de haber abrazado el groove para luego perderse en el nu metal (¿aló, Machine head?), y en Latinoamérica tuvimos a A.N.I.M.A.L como claro exponente de esta tendencia. Los argentinos volvieron en 2018 tras más de una década alejados y ahora en 2025 los tenemos de regreso con siete canciones (un poquito más que un EP) que entregan un buen compendio de lo que ha sido la carrera de la banda, léase: un sonido que apuesta por la fuerza de riffs directos, que busca recuperar la potencia de los primeros álbumes de la banda y que en términos de temáticas va por donde suelen ir, dígase, reivindicaciones sociales e incitaciones al levantamiento popular. 

El trabajo resulta entonces sencillo de oír, solo veinticuatro minutos de música que abren con un tridente que declara intenciones, primero con 'Legado' y su llamado a la la sublevación ("Hoy la lucha debe continuar igual..."), para luego sostener el peso sumado a un trabajo de batería llamativo y atractivo tanto en 'Fraternidad' como 'Sagrado'. Luego establecerán una pequeña pausa mediante el instrumental 'Llamado primitivo' para retomar la energía con 'Puño criminal', un tema más groovero en donde el bajo adopta mayor protagonismo, e ir cerrando con una visceral 'Violento despertar' seguida de la balada 'Culpables de hoy', que no está mal pero falla en la producción (suena horrible, digámoslo) y me parece no logra alcanzar las cotas emotivas que pretende. Algún momento explosivo o un solo hacia su final no habría estado mal...

Legado de A.N.I.M.A.L cumple su objetivo por donde se mire. Si bien es un trabajo breve que ambiciona poco, aquello que se propone lo consigue: mantener vivo el espíritu y la fuerza de los argentinos. A estas alturas, es lo que hay.

¿Canciones? 'Fraternidad' y 'Violento despertar'.

6,8 / 10
Cumple y algo más...

lunes, 28 de abril de 2025

Fito Páez: Novela (2025)

"Pasado por agua..."

Para comprender el contexto completo que ha rodeado la publicación del más reciente trabajo de Fito Páez hay que ir y volver en la historia del argentino, particularmente a casi cuarenta años atrás. Y es que fue tras Ciudad de pobres corazones (1987) cuando el artista sintió la necesidad de conducir su carrera hacia senderos más luminosos y escapar de la oscuridad que estaba atrapando su vida. De ahí un disco como Ey! (1988) y el posterior inicio de una nueva etapa tanto con Tercer mundo (1990) como con los míticos El amor después del amor (1991) + Circo beat (1994). Para mediados de los noventa efectivamente Fito era todo luces y glamour, sin embargo, diez años atrás la cosa no era tan así y fue en dicho contexto en que se pensó un trabajo como Novela, un álbum conceptual que incluso se soñó como película pero que finalmente quedó botado entre demos e ideas que jamás se concretaron. Eso hasta dos años atrás, cuando el vocalista decidió retomar el proyecto aunque claro, con una salvedad no menor: que hoy Fito es otro. El actual viene publicando discos como churros desde hace veinte años, la mayoría de ellos breves aunque de vez en cuanto nos encontramos con un algún arranque extenso, ambicioso y grandilocuente, ocurrió unos años atrás en La ciudad liberada (2017) y ocurre también en este Novela, veintitantas canciones que en casi setenta minutos pretenden abarcarlo todo, y por lo mismo acaba enredándose consigo mismo.

No voy a entrar acá en la absurda comparación entre los demos originales y las versiones que finalmente Fito Páez acá ha publicado pues dicho ejercicio no tiene sentido alguno. Novela no existió en 1989 y existe en 2025, punto final. Y si, que el vocalista seguro entrampado en su ego es que ha decidido pasar los mencionados demos por agua, agregarle algunas cosas nuevas y unos cuantos relatos a fin de volver más comprensible la historia que se narra, sin embargo, si el disco funcionase poco nos importarían los retoques realizados. El problema es que no es así. Novela es otro álbum del argentino incapaz de escapar de sus lugares comunes, digamos, esas canciones pomposas, sobre cargadas y que recurren habitualmente al (auto) homenaje con descaro. 

Y si, que el 80% de Novela (si es que no más) suena a cosas que antes ya le hemos oído a Páez. Medios tiempos como 'Maldivina y turbialuz', 'Cuando el curso llega al pueblo' (que es como una mezcla entre cuatro canciones de Fito), 'Cruces de gin en sal', 'El vuelo', 'Aceptémoslo' o el rock de 'Jimmy Jimmy' (otra que huele a refrito por todos lados, aunque el guiño a 'Sgt. Peppers...' de The beatles resulta simpático) son cosas que si en algún momento funcionan lo hacen únicamente desde la falta de originalidad, mientras que el resto se debate entre cosas tan inofensivas como 'Argentina es una trampa' o derechamente flojas tipo 'Miss understood' , 'Superextraño' (¿En serio Fito no puedes hacer rimar algo mejor que esto?) o toda esa recta final que se hace realmente eterna, aburrida hasta decir basta. 'Sale el sol', por favor, que tortura de canción...

No todo será negativo eso si, la producción del disco se destaca pues este suena realmente impecable, mientras que la desnudez de 'Balas y flores' o la oscura 'El último apagón' funcionan desde la rareza, ahora, esto teniéndole demasiada paciencia a un disco que jamás engancha y vuelve a dar muestras de un artista que luce como un constante "quiero pero (ya) no puedo", un tipo que se sigue cantando a si mismo y a las pruebas me remito: ese exageradísimo y meloso cierre a cargo de 'Esperanzas y tormentas'. ¿Es que en serio Fito cree que está cerrando una obra maestra? Wow...

¿Canciones? 'Balas y flores' y 'El último apagón'.

4,5/10
Nada muy especial...


Otras reseñas de Fito Páez:
2020: La conquista del espacio

lunes, 30 de diciembre de 2024

Charly García: La Lógica Del Escorpión (2024)

 "Innecesario..."

Quienes ronden los cuarenta (por arriba o abajo) y amen el cine recordarán una (ya) vieja película del gran Gaspar Noé titulada Irreversible (2002), la cual abría con un telón negro y una frase devastadora: "El tiempo todo lo destruye". Esto a propósito del último trabajo de Charly García, que no es más que un enorme "quiero pero no puedo", porque digámoslo claro: Charly ya no puede tocar, menos cantar, tampoco compone, entonces, ¿de qué se trata esto? Pues de un conjunto de canciones sacadas de aquí y allá, pasadas todas por una producción exagerada, un compilado de temas viejos más unas cuantas versiones de otros artistas que seguro tienen un significado personal para García pero que lamentablemente resultan muy difíciles de disfrutar debido al mal estado del argentino. 

La lógica del escorpión se supone viene a enderezar las cosas tras aquel tibio Random (2017) y hasta cierto punto podríamos afirmar que la premisa se cumple, es decir, este disco efectivamente desprende una vibra que nos acerca a ese Charly sucio de tiempo atrás (digamos, el post 2000). También el disco posee un tono tremendamente personal (eso hay que dárselo) al punto de que cada canción pareciese querer decir algo respecto al presente del argentino. Ahora, otra cosa es que haya correspondencia entre todas estas nobles intenciones y un conjunto de nivel. Cosa que acá no ocurre.  

El disco abre en modo rock con el minuto y medio de 'Rompela', una canción de guitarras que ya había aparecido en el proyecto Kill Gil (ese disco fantasma que tuvo grandes problemas para ser publicado quince años atrás) en donde el vocalista nos invita a "gritar, agitar y no ser cómo los demás". De inmediato eso si, acá se vuelven evidentes ciertas red flags: Charly no canta y tampoco tiene nuevas ideas. De hecho, en adelante el álbum se transformará en un reciclado de viejas melodías. Se sucederán algunos medios tiempos muy livianitos como la popera 'Yo no sé' o 'Medicina N°9' (que se construye prácticamente por completo sobre dos canciones : 'El rap de las hormigas' y 'Rock and roll yo'), así como baladas realmente terribles como 'Te recuerdo invierno', rarezas tipo 'El club de los 27', un blues bastante básico y cliché, además de algún otro tema cargado al rock como 'Autofemicidio'. El factor común (fuera de los mencionados auto plagios) será lo cortos que son los temas (dos minutos la gran mayoría) y la mínima complejidad, la cual se intenta ocultar bajo la producción. 

La Cara B del álbum entregará una colaboración con Pedro Aznar en 'America' (que emula la lírica de 'I'm afraid of americans' de David Bowie), rescata 'Juan represión' (una pequeña gran joya setentera de Sui Generis), volverá a recurrir al auto plagio en 'Estrellas al caer' (tiene la melodía de 'Chipi chipi') y versionará tanto a Lennon en 'Watching the wheels' (algo que ya había hecho en Kill Gil, o sea vuelve a recalentar un plato de ese disco) como a The birds en 'Rock and roll star' (traducción del tema de 1967). En toda esta pasada lo más interesante será la inclusión de 'La pelícana y el androide', un tema compuesto por Luis Alberto Spinetta en 1984 y que se supone iba a ser parte del álbum que lanzarían junto a Charly por aquellos años, aunque el flaco la terminó dejando en Privé (1986). 

En definitiva, ¿quién es uno par a jubilar a un artista? Por supuesto que nadie. Si Charly García estaba interesado en grabar y publicar esta despedida, estaba en pleno derecho. Sin embargo, las cosas por su nombre: con esto él y sus cercanos lo único que han conseguido es evidenciar su mal estado mediante un conjunto de canciones terriblemente interpretadas desde lo vocal (duele insistir en el punto pero es la realidad) y que en lo musical aportan realmente nada al catálogo del artista. 

Charly García es un gigante, su aporte a la historia de la música latinoamericana es indeleble y el culto en torno a su figura será eterno. Más allá de este traspié innecesario.

¿Canciones? 'La pelícana y el androide'.

2/10
Pésimo.


sábado, 28 de diciembre de 2024

30 Años De... Charly García: La Hija De La Lágrima (1994)

"Fallida y descarnadamente honesto..."

Hay discos a los cuales el paso del tiempo ayuda a entenderles mejor. Ocurre sobretodo con esos álbumes que fueron despreciados en su momento. Un caso así es el de La hija de la lágrima, trabajo tremendamente denostado en su momento pero que hoy, a treinta años de distancia se puede valorar de otra manera al comprender el contexto de aquel Charly García, uno que a sus veinte años había ya conocido el respeto y la fama para luego durante sus treintas lograr reinventarse mediante una seguidilla de álbumes tan fantásticos como históricos. La pasada 1987/1990, sin embargo, causó estragos en la vida del argentino, de pronto esta se volvió caótica entre problemas emocionales (incluida la muerte de su hermano) que derivaron en abuso de sustancias y adicciones varias (cabe recordar que por aquellos años estuvo incluso internado un par de veces). Todo esto evidentemente encontró reflejo en lo musical, con un artista que intentó enfrentar sus vaivenes con trabajo, de ahí la colaboración con Pedro Aznar en Tango 4 (1991) o el confuso regreso en 1992 de Serú Girán. El momento, sin embargo, de volver a hacerse cargo de su obra era inevitable y aquel llegó en 1994 mediante un álbum que extenso (veintitrés piezas en sesenta y ocho minutos) y conceptual que expresó a cabalidad el momento de un Charly García absolutamente consumido por su momento. 

Ante todo, La hija de la lágrima es un álbum anti climático. Dicho en simple: un disco que te saca constantemente. Existen quienes aseguran que esta característica fue intencionada, que Charly en el inicio de un proceso claramente auto destructivo arremetió incluso contra su propia obra, olvidándose de aquel "viejo Charly" que se ocupaba tanto de la belleza de las formas y aspirando más bien a la desestructura (tanto individual como del conjunto). Están también quienes afirman que el disco no es más que la primera señal de un talento agotado, carente de norte e inspiración, a causa de los excesos (digamos que el tiempo y la evidencia inclinó la balanza hacia esta segunda teoría). Como sea, La hija de la lágrima resulta ser un disco que oscila constantemente entre extremos opuestos, yendo con facilidad desde el minimalismo a arreglos excesivos, con canciones e interludios que se enmarcan entre atmósferas oscuras, tristes y cargadas de desesperanza, lo cual habla de un trabajo tremendamente honesto, desgarrado y que ciertamente no concesiona absolutamente nada con el auditor. Todo eso hay que dárselo, independiente de si que tan bien funcione el conjunto.

Dentro de las canciones que destacan están los paisajes lúgubres y personales de 'Víctima', donde declara intenciones abriéndose en canal ("Víctima de soledad / Víctima de un mal extraño / Mi corazón se ha partido en dos / ¿Quién te ha visto y quién te ve? / Quien te ama te hace daño..."), así como la sensible y dolorosa 'Kurosawa', abordando con claridad el tema de su depresión ("La sombra llega y no espera / Se presenta y no te deja opción / Todo se vuelve madera, yo lo siento / Y no tengo un amor para dar...") y la pérdida ("La llama ya se abre / Porque mi ángel se fue / Cuando estaba acá..."). En la misma línea funciona 'Love is love' mientras que 'Fax U' si bien sostiene el tono acústico del álbum (con María Gabriela Epumer haciendo su debut en la banda) aportará un lenguaje más rabioso y descarnado mediante un ambiguo juego de palabras que podría aplicarse tanto a la falta de conexión que puede provocar la tecnología como a una relación de desamor. Mención aparte merece esa belleza titulada 'Chipi chipi', una singlazo que vivirá por siempre (por eso mismo él la hizo así...) lleno de ternura y que aparece como una luz de esperanza en medio de un álbum generalmente por lo general oscuro. 

Si el disco hubiese sido todo lo anterior más tres o cuatro canciones trabajadas al detalle, estaríamos hablando de uno de los mejores álbumes en la carrera de Charly García y efectivamente ese regreso de nivel que se esperaba para 1994. Sin embargo, no fue así. El resto del trabajo es un total desvarío, encontramos temas que no pasan de ser meras improvisaciones rocanroleras o bluseras, como 'La sal no sala', la sesentera 'Chiquilín', 'Workin' in the morning' o 'Waitin', sumado a un conjunto de instrumentales de dos a tres minutos (no hay que olvidar que el disco se supone era una especie de banda sonora para una película imaginaria de Charly), algunos de estos dan muestras de algo bien pensado ('Overture' o 'Interludio de la lágrima', por ejemplo) pero la gran mayoría son idas de olla sin ton ni son, muchos de ellos puestos además de manera consecutiva en la lista, volviendo aún más compleja la experiencia.  

A treinta años de distancia, La hija de la lágrima no se aprecia como el desastre que en su época pareció ser, si no más bien como un trabajo descarnadamente honesto en donde Charly García no se propone acá gustarle a alguien ni componer una joya si no más bien plasmar su momento y ser en una obra musical. El resultado por ende fue verborreico y ciertamente inclasificable. Para 1994 Charly ya había destruido su voz y perdido prácticamente toda dulzura (para muestra el Unplugged que grabaría ese mismo año para MTV), sin embargo, se pueden identificar acá atisbos de una sensibilidad particular, propia de un artista en estado depresivo que iniciaba un camino hacia la locura, auto destructivo y delirante, algo que se expresaría con aún más fuerza en los posteriores Say no more (1996) y El aguante (1998), el verdadero descenso a los infiernos. Aunque aquello será materia de análisis futuros si es que la vida me acompaña...

¿Canciones? 'Víctima', 'Chipi chipi', 'Fax U' y 'Kurosawa'.

5,9 / 10
Caótico.


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miércoles, 25 de diciembre de 2024

40 Años De... Charly García: Piano Bar (1984)

 "En plenas facultades creativas..."

Hora de comenzar a ponerse al día con esta leyenda. Corresponde...

A los más jóvenes habría que explicarles que ese ancianito que ven hoy en 2024 sentado en silla de ruedas y que parece un pedazo de cartón, alguna vez fue un artista colosal, capaz no solo de haber publicado un puñado de discos increíbles si no que directamente cambiar la historia del rock latinoamericano.

Hay que ir cuarenta años atrás eso si para encontrar los momentos más fascinantes en la carrera de Charly García, tiempos donde el argentino dio muestras de encontrarse muy por sobre la comprensión de los mortales (no fueron pocos quienes lo criticaban por "haberse vendido") y decidió avanzar representando la absoluta vanguardia, encarnando a un verdadero monstruo de la música capaz incluso de iluminar al resto (la lista de artistas que despegaron bajo el ala de Charly es inmensa). A modo de muestra está lo que había logrado apenas un año atrás con Clics modernos (1983) y esa capacidad para equilibrar el pop extremadamente liviano de 'Nos siguen pegando abajo' + 'No me dejan salir' con cosas tan hermosas y delicadas como 'No soy un extraño', 'Los dinosaurios' u 'Ojos de video tape'. García sonaba como un artista multifacético y extraordinario, algo que confirmaría un año más tarde mediante este Piano bar, álbum que inevitablemente se encuentra hermanado con su antecesor pese a contar con elementos suficientes como para tener vida propia. 

En efecto, cierta estructura de Clics modernos acá se replica, digamos, esa búsqueda del equilibrio antes mencionado, sin embargo, en Piano bar el asunto apunta a una mayor profundidad, incluso en sus momentos más "divertidos". En estos Charly apostará por menos baile y más guitarras, como es el caso de la sólida y golpeada partida a cargo de 'Demoliendo hoteles', marcada por esas frases tan históricas como monumentales ("Yo que crecí con Videla / Yo que nací sin poder / Yo que luché por la libertad pero nunca la pude tener...") o la rockera 'Cerca de la revolución' (otro hitazo eterno), siendo 'Rap del exilio' el único tema en todo el disco que carga su sonido hacia el funk e invita al movimiento y donde se ríe un poco de su desconexión con los medios de la época ("Tenía un sólido futuro artístico y me comí el bajón / Yo tenía tres libros y una foto del Ché / Ahora tengo mil años y muy poco que hacer...").

 

El resto apuntará más bien a facetas íntimas del artista, donde los teclados (a cargo de Fito Páez) son protagonistas, ya sea en medios tiempos como 'Promesas sobre el bidet' + 'Raros peinados nuevos' o elevando su sonido a otra dimensión en la maravillosa 'Piano bar', gran joya de este álbum gracias a su particular sensibilidad y esa estructura inquieta que muestra todo el tiempo. La solemnidad del sonido aparecerá en 'No te animás a despegar' (dedicada en ese entonces a Fabiana Cantilo, sin embargo, resulta paradójico que con los años la canción terminase hablando de sí mismo) para luego elevar el viaje mediante la dinámica 'No se va a llamar mi amor' seguida de la melódica y amigable (aunque algo repetitiva) 'Tuve tu amor', estas dos siendo influencia evidente para la posterior carrera en solitario de Fito.

El disco cerrará con la colaboración entre Charly y Luis Alberto Spinetta titulada 'Total interferencia' (se cuenta que estos dos tenían toda la intención de concretar un álbum, lo cual lamentablemente no se dio), una que García dudó hasta último momento si incorporar o no en la lista definitiva (la leyenda cuenta que Páez le convenció) y que funciona como una pequeña gran joya marcada por sus exquisitas atmósferas y crudas reflexiones ("Pienso que estamos como el amor que se echa a perder / Violamos todo lo que amamos / Para vivir..."), finalizando así un trabajo que en la odiosa comparación con Clics modernos queda un tanto abajo (hay momentos que se hacen algo pesados y la segunda línea no es tan potente como en el mencionado) pero que supo mostrar a un artista en plenas facultades creativas, lo cual no es poco para un músico que llevaba haciendo historia al menos una década. Finalmente este disco sería sustento para el notable Parte de la religión (1987) y bueno, la entrada a ese callejón sin salida que acabaría desembocando en el proceso auto destructivo que vivió una década más tarde...

¿Canciones? 'Demoliendo hoteles', 'Piano bar' y 'Cerca de la revolución'. 

8,8 / 10
¡Excelente!


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