viernes, 14 de agosto de 2026

25 Años De... The Strokes: Is This It (2001)

 "Mirada hacia el pasado con descaro y talento..."

Para hablar del fenómeno que generó este disco hay que recordar en qué estaba el rock a comienzos de siglo, con una escena que oscilaba entre el nu metal y algunas bandas de melosas baladas (dígase, Coldplay, Travis y similares). Se percibía en el ambiente la necesidad de encontrar un punto medio, algún sonido que enganchase a la juventud desde un lugar que no fuese la rabia, que invitase a pasar un buen rato, algo que sonara divertido y contagioso, digamos, algo similar a lo que sucedió con el brit pop como respuesta al grunge durante los 90s. Y aquello lo trajeron The strokes con su debut, un disco que si lo miramos a distancia, hizo la lógica: mirar hacia atrás sin miedo, con talento y originalidad, volcándose de lleno a las guitarras sucias del post punk pero de la mano de un conjunto de canciones sencillas, melosas, controladas, bien ejecutadas y que apuestan más bien por minimalismo en términos de producción. El resultado no pudo ser más efectivo e hizo historia, marcando el camino para un montón de otras bandas durante el resto de la década. 

Las canciones que componen por tanto este Is this it no destacan en absoluto por desarrollar estructuras complejas (todas rondan los dos a tres minutos), ni siquiera por interpretaciones demasiado apasionadas (sin ir muy lejos, el registro de Julian Casablancas pareciese el de un tipo que está cantando con desgano), sin embargo, en la producción está la magia pues el disco aún en su sencillez contó con un sonido llamativo, cierta saturación en las guitarras de Albert Hammond Jr. y voces, lo cual le entregó vida particular al álbum. Lo anterior se percibe de inmediato cuando 'Is this it' (la canción) introduce la atmósfera del disco, una canción que avanza a su ritmo (lento, espeso), casi como si entrase caminando a una sala, esto para luego soltar algo más de energía con todo un neo clásico como 'The modern age', un tema que acelera los tiempos e introduce ágiles guitarrazos, aunque ojo al punto: siempre de manera controlada, pues incluso en sus momentos más dinámicos la canción jamás parece desatarse demasiado, algo que también ocurrirá más adelante en 'Soma', 'Barely legal' o 'Alone, together', siendo el cierre a cargo de 'Take ir or leave it' el único momento en todo el disco en donde la banda parece "chasconearse" un tanto. De hecho, el resto del álbum destacará fuertemente por los aspectos melódicos que regala, me refiero a pasajes simples pero simpáticos y tremendamente juveniles que se viven en 'Someday, 'Last nite' o 'Hard to explain'

Mirado a distancia, cabe la reflexión: ¿Marcaron The strokes el comienzo del fin de la era dorada del rock? Me explico: hasta el año 2000 todos los movimientos que se venían desarrollando en la industria miraron hacia adelante, en los 70s, 80s y 90s todo fue originalidad y apertura, sin embargo, Is this it es un disco que mira con descaro al sonido de veinte o treinta años atrás, haciéndolo propio y trayéndolo al presente con talento. Y si bien el éxito de este álbum podríamos afirmar que le permitió al rock sobrevivir por al menos una década más, no es menos cierto que dentro del mainstream la sensación de que "ya todo estaba hecho" comenzó a volverse cada vez más patente. Nada de lo anterior le resta méritos a este disco, uno que solo necesito media hora para mover la aguja por completo dentro de la escena y pasar así directo a la historia moderna como todo un neo clásico...

¿Canciones? 'The modern age', 'Las nite' y 'Hard to explain'.

9/10
Brillante.


Otras reseñas de The Strokes:

lunes, 10 de agosto de 2026

The Rolling Stones: Foreign Tongues (2026)

 "En el punto preciso..."

Hace poco veía unos videos del Bridges to Bremen, aquel concierto que The rolling stones filmaron oficialmente para su gira de 1997. En ese entonces Mick Jagger, Keith Richards y Charlie Watts superaban por poco los cincuenta años de edad, mientras que Ronnie Woods estaba cerca de cumplirlos. Ya eran leyendas claramente, sin embargo, lucían inquietos, renovados en energía, plenos, vigentes y capaces de maravillar a un joven adolescente como yo en aquel entonces. Treinta años han pasado, lo cual le entrega inevitablemente un condimento demasiado especial a este Foreign tongues, un álbum que llega tan solo tres años después del más que correcto Hackney diamonds (2023) e increíblemente no solo supera la vara dejada por este si no que se enmarca como el mejor disco de los stones por lo bajo desde Voodoo Lounge (1995). Así como se lee. 

En producción han vuelto a trabajar con Andrew Watt, quien ha conseguido encontrarles el punto preciso entre un sonido que traiga al presente la esencia de la banda sin sonar a un mero cliché añejo, digamos, un autoplagio carente de frescura. Y lo dicho no es cosa fácil, las comparaciones son odiosas pero Watt trabajó en el pasado con Ozzy Osbourne o Pearl Jam, por ejemplo, no consiguiendo resultados de este nivel, aunque con Paul McCartney si dio con la tecla. El caso es que basta darle play a esta hora de música para constatar que esto vendrá empapado en un sentimiento nostálgico bien llevado, de ahí que gran parte del álbum remita a esos sonidos por lo que The rolling stones siempre mostraron debilidad, abriendo con una blusera 'Rough and twisted', más adelante yendo a la balada country en 'Ringing hollow', a la balada pop en 'Covered in you' (con Paul McCartney tocando las líneas de bajo) o bastante avanzado el disco regalando sentidos momentos marca de la casa en 'Some of us' (con Keith Richards en voces) y en la extensa 'Back in your life', con un Mick Jagger y Ronnie Wood entregadísimos cada uno en lo suyo. Y ojo al dato: en la versión original el solo de guitarra de se alargaba por al menos dos minutos más. 

Entre todos estos pasajes emotivos la banda se encargará eso si de ostentar un buen ambiente y acelerar las revoluciones, entregándole gran protagonismo a las guitarras y teclados (cortesía en todo el álbum de Steve Winwood), esto en las dinámicas 'Mr. Charm', con dedicatoria al multimillonario Elon Musk ("La vida es muy corta para solo hacer dinero / Muéstrame como gastarlo, cariño / La vida es muy corta para solo vivirla solo..."), 'Hit me in the head' (que cuenta con un antiguo registro de batería que Charlie Watt habría dejado grabado por ahí), 'Never wanna lose you' o una simpática 'Divine intervention', varias de estas te hacen sentir como si estuviésemos en plenos años 80s debido a la frescura y fuerza que derrochan, lo mismo con la juguetona 'Side effects', mientras que el resto de la lista se complementa con verdaderos atrevimientos, ya sea con Mick Jagger yéndose a los agudos (si, a has leído bien) en  'Jealous lover' o con la banda realizando llamativas versiones de 'You know I'm no good' de Amy Winehouse (reemplazando de manera notable los vientos de la original por una armónica) y cerrando el disco con 'Beautiful Delilah' de Chuck Berry. 

Puede haya quienes critiquen la extensión del disco, y si bien esta sería una crítica válida también es cierto que se entiende por completo el que los tipos hayan querido meter todo lo que tenían en estudio. Primero por lo obvio, que este puede ser efectivamente el último álbum de la banda con esta formación, pero también está la sensación de tener entre manos un conjunto de canciones notables que merecían todas ser publicadas. Como sea, es imposible no sentirse agradecido de poder oír y presenciar el canto de cisne que ha representado esta década para una leyenda como The rolling stones. Benditos somos...

¿Canciones? 'Covered in you', 'Hit me in the head', 'Never wanna lose you' y 'Side effects'

7,8 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de The rolling stones:

jueves, 6 de agosto de 2026

Madonna: Confessions II (2026)

 "Viaje sensorial..."

Hay cierto consenso respecto a que Madonna le debía este disco a sus seguidores. Un álbum que en cierto modo retoma la fiesta que la vocalista inauguró veinte años atrás con el alabado Confessions on a dance floor (2005) y que luego continuó mediante la pasada por Hard candy (2008) + MDNA (2012). Aquella vibra en parte se cortó con Rebel heart (2015), un trabajo que pese a sus fallos en lo personal sigo defendiendo, y definitivamente se fue para otro lado en el sesudo, confuso y fallido Madame X (2019). Siete años han transcurrido desde entonces, tiempo donde se instalaron serias dudas respecto al presente de la vocalista y bastante incertidumbre en torno a su capacidad de impacto en la actualidad. Si se me permite la comparación: fenómeno similar al que alguna vez se vivió con Michael Jackson tras la publicación de Invincible en 2001. Dado todo lo anterior, la publicación de un disco como Confessions II (lamentable título, todo sea dicho) huele a revancha por parte de una Madonna que, con todo, se las ha arreglado para publicar un viaje coherente de comienzo a fin, un conjunto dinámico y adictivo que si bien se proyecta desde la dinámica de baile, no se estanca unicamente ahí entregando en su camino varios momentos tan diversos como inspirados.

Pues lo dicho, que de entrada Madonna ha decidido que la música hable, con unos veinte minutos iniciales que funcionan como un trance electrónico dispuesto a calar hondo en quienes ansiaban volver a oír a la vocalista de Erotica (1992), porque ojo al dato: si bien este álbum se ha planteado como una continuación evidente del Confessions de 2005, lo cierto es que estas canciones en todo sentido cruzan bastantes más límites, sonando mucho más desatadas, íntimas e incluso sexuales que las de aquel disco. Para muestra, todo lo que aparece en la Cara A del álbum, desde 'I feel so free' (una línea que Madonna se encarga de susurrar hasta el cansancio en esos minutos iniciales) hasta la impecable pasada por 'Bring your love' (excelente colaboración con Sabrina Carpenter) + 'Danceteria', dinámica que encontrará más adelante exquisita continuidad en cosas como 'Love sensation', 'Love without words' y sobre todo en la contagiosa 'Bizarre', todos momentos en donde la electrónica se toma las atmósferas generando esa sensación de estar experimentando un viaje sensorial imposible de no disfrutar. 

Lo interesante, sin embargo, es que lejos de estancarse en dichos ambientes, el disco es capaz de mostrarse siempre curioso, en constante búsqueda. Irá hacia lugares más oscuros y físicos tanto en 'School' como en la absolutamente exquisita 'My sins are my savior' (¿dije que el álbum recupera a la Madonna de Erotica, no?), así como sabrá encontrar necesarias salidas a respirar que amenizan de buena forma el continuo. Ocurrirá en la juguetona y latina 'Read my lips', así como más adelante en momentos que lentamente van transformando al disco en algo bastante más reflexivo y profundo, me refiero a la emotiva 'Fragile' (en otros tiempos, esto habría sido un HI-TA-ZO), sin lugar a dudas el tema en donde Madonna mejor canta en todo el disco (por lo mismo, permítanme el dudar respecto al origen de estas tomas vocales), la balada 'Betrayal' (una que incluso podría haber sido parte de un Ray of light allá por 1998), o ese cierre increíble que regala mediante 'L.E.S girl', una pieza delicada y dulce que recupera a la Madonna capaz de sensibilizar en base a sencillas melodías junto a una guitarra, esto sin mencionar lo especial que es oírla despedir el álbum repitiendo aquella sentida línea: "Todo se desvanece..."

En definitiva, si hubiese que encontrarle un problema a Confessions II este sería únicamente su título. Y es que un conjunto así de sólido no merecía el vivir a la sombra de un álbum de veinte años atrás, con el cual además es poco lo que comparte más allá del "espíritu de baile". Lo que tenemos acá es una hora de música que navega por distintos estados sin jamás renunciar a su coherencia. Grandes atmósferas y grandes canciones conviven dentro de una lista que sorprende desde todo sentido. Y si, que este es el disco que todos nos merecíamos de Madonna, pero por sobre aquello, este es el disco que ella misma se merecía publicar...

¿Canciones? 'Danceteria', 'My sins are my savior' y 'Fragile'.

8,5 /10
¡Excelente!


Otras reseñas de Madonna:

lunes, 3 de agosto de 2026

Muse: The Wow! Signal (2026)

 "Emulación de viejas glorias..."

En primera instancia, tras una escucha inicial, resultó inevitable oír este nuevo disco de Muse y no ilusionarse. Y es que la banda venía de discos tan malos y olvidables que el volver a percibir un mínimo de inspiración o ganas de componer algo que se acercase a los estándares de veinte años atrás, bueno, lo dicho, generó cierta emoción. Sin embargo, dándole más pasadas a este The wow! Signal el entusiasmo fue disipándose y disminuyendo. ¿La razón? Simple: el disco no es más que una emulación de viejas glorias de la banda, digamos, una mirada hacia los tiempos de Origin of symmetry (2001) o Black holes and revelations (2006) solo que sin conseguir la magia de antaño. Un retome impostado de fórmulas que alguna vez funcionaron de mejor forma.

Sin ir muy lejos, basta darle play a una canción como 'The dark forest' para verificar el como Matt Bellamy y compañía han intentado volver a esa partida ostentosagrandilocuente, con una estructura cambiante y sonido espacial (en este caso incluyendo además una sección media con coros en latin que recuerdan extrañamente a los suecos Ghost), aunque claro, jamás alcanzando las cotas de lo que en 2001 lograron con una 'New born' o en 2006 con 'Take a bow', por ejemplo. De todas formas, dejando las odiosas comparaciones afuera, el tema no está nada mal y encuentra excelente complemento en la danzable 'Nightshift superstar', sin embargo, esta tendencia a reiterar viejas fórmulas se sostendrá en baladas como 'Summering scars' o la pomposa 'Be with you' (quizás la única que consigue tocar una tecla emotiva que funciona), así como las guitarras de 'Cryogen', 'The sickness in you & I' o 'Unravelling' (de lo más contundente que acá suena) mostrarán claras referencias a los tiempos de Absolution (2003) y 'Hexagons' (quizás la mejor en todo el disco) recordará con descaro en su primer minuto los acordes de 'Knights of cydonia'. Ya en la recta final encontraremos una curiosa colaboración con Ellie Goulding en la juguetona 'Hush', esto para acabar definitivamente con otra balada fallida como 'Space debris'.

No es nada nuevo en todo caso esto que ocurre con Muse. Una banda que dio lo que tenía que dar durante su primera década y luego se dedicó a deambular entre sonidos facilones con el único objetivo de sostener su fama de "mega banda" (aló, U2?). Hoy da la sensación de que no les queda mucho más que esto, recurrir a la nostalgia sonora para impostar sonidos de veinte años atrás. ¿Lo positivo? Que el disco es mejor que cualquiera de los tres o cuatro anteriores. ¿Lo negativo? Que todo lo acá trabajado alguna vez sonó mejor. 

¿Canciones? 'Nightshift superstar', 'Be with you' y 'Hexagons'

sábado, 1 de agosto de 2026

20 Años De... Muse: Black Holes And Revelations (2006)

 "Su mejor versión..."

Mirado con el lente del tiempo y considerando todo lo que ha sucedido con Muse en estos veinte años cuesta creer que la banda alguna vez fue protagonista de la historia de la música contemporánea en primera persona... pero así fue. Esto gracias a álbumes alucinantes y atrevidos que a comienzos de siglo dieron que hablar en base a un sonido ciertamente ambicioso y grandilocuente, cargado al rock espacial pero con un tino melódico impecable, algo que ciertamente la banda supo condensar de manera adecuada primero en el notable Absolution (2003) y luego en este espectacular Black holes and revelations, un disco en donde la banda supo acercar el sonido ambicioso de sus antecesores, puliendo los "fallos" y encontrando un conjunto ciertamente más amigable pero no por esto menos atractivo. 

Ante todo este es un disco que funciona tanto en el frente individual como el colectivo. Dicho en simple: hay grandes (pero GRANDES) canciones acá así como también un continuo que fluye de manera armónica. Black holes and revelations es también un álbum diverso y de aquello habla toda su inapelable Cara A, abriendo con una introductoria pero inmensa 'Take a bow', una de esas canciones de Muse pomposas a tope pero que logra funcionar debido a la intensidad creciente que la banda logra generar, y continuando con una seguidilla impecable: el romántico single 'Starlight' (una de las baladas rock mejor escritas de este siglo), las guitarras bailables de la exquisita 'Supermassive black hole' (una que a futuro la banda intentaría emular en varias ocasiones) y la increíble 'Map of the problematique', otra que da muestras de la madurez compositiva que la banda ha sido capaz de alcanzar a estas alturas de su carrera (y para quien escribe: la mejor canción en la carrera de Muse). Lo dicho entonces, que la partida del disco es incontestable, al punto de que baladas como 'Soldier's poem' (con unos acordes acústicos que emulan la mítica 'Can't help falling in love' de Elvis Presley) o 'Invincible' funcionan como una necesaria bajada de revoluciones, un grato bálsamo que viene bien dado ese nivel apabullante que traía el álbum.

Entrando en la Cara B la sensación que transmite el disco es la de un partido que ya se ha ganado de manera contundente por lo que solo hay que sostener el ritmo. De ahí que la banda vuelva a acelerar y entregue una pasada algo más en piloto automático, primero con la agresividad de la directa 'Assassin' para luego pasar a algo más meloso como 'Exo-politics', sin embargo, como una nueva prueba de que a estas alturas Muse estaban bastante tocados e inspirados, se guardan hacia el cierre dos joyitas inmensas, la cambiante 'City of delusion' (con una estructura que abre en acústico y luego en el camino mete vientos e incluso trompetas) y la descomunal 'Knights of cydonia', que para el público general y la crítica es la mejor canción en la carrera de la banda. Para mi pega en el palo.

En definitiva, Black holes and revelations es el disco que uno le pasaría a un joven hoy de veinte años si quisiera convencerlo de que Muse alguna vez fue muy grande. Un álbum que funciona de comienzo a fin en todo momento, que cuando va a la grandilocuencia del sonido jamás suena pedante (algo que si le ocurriría a Matt Bellamy en los siguientes discos) y cuando acerca el sonido encuentra melodías brillantes sin caer en la ordinaria simpleza (idem). En 2006 Muse encontraban su mejor versión y bueno, desde aquí ciertamente solo se podía caer...

¿Canciones? 'Starlight', 'Supermassive black hole', 'Map of the problematique' y 'Knights of cydonia'.

9/10
Brillante.

domingo, 26 de julio de 2026

Paul McCartney : The Boys Of Dungeon Lane (2026)

 "En su más pura esencia..."

Me gusta repetir esa teoría de que Paul McCartney nos ha regalado un GRAN álbum por década. Sin embargo, en medida que avanza el tiempo, cada vez que el inglés lo vuelve a hacer nos invade esa sensación de incredulidad ante lo que presenciamos, y es que... ¿Cómo es posible que a estas alturas, en pleno 2026, tras más de sesenta años de carrera, el vocalista sea capaz de entregarnos un disco como The boys of Dungeon Lane? Pero así es. Estamos ante el creador contemporáneo más grande que ha parido la tierra y demás está decir el que es un verdadero privilegio el tenerlo aún creando, entregándonos "con lo que le queda" un álbum de esta magnitud... 

Lo que tenemos acá por tanto son catorce canciones que vuelven a mostrar a McCartney en su más pura esencia, dedicado principalmente a la generación de fantásticas y sensibles melodías. The boys of Dungeon Lane no es un disco ostentoso en cuanto arreglos, sus canciones rondan los dos a cuatro minutos, son piezas por lo general simples y sobrias pero que poseen el mérito de desbordar magia en cada una de sus estrofas, puentes y coros. Habrán momentos eso si en que las estructuras vayan por más y se muestren cambiantes, lo que hace en 'As you lie there' es notable, por ejemplo, yendo desde la calma del acústico a la fuerza rockera con los coros, lo mismo con ese quiebre acelerado y maravilloso que regala en el minuto final de 'Mountain top' (2:55 en adelante) que no hace si no recordar los momentos más gloriosos y creativos que vivió junto a los Wings, sin embargo, el resto del álbum se moverá entre movimientos menos bruscos. 

Encontraremos por supuesto pasajes cargados a la absoluta calma e intimidad en donde McCartney se lanza al acústico como solo él sabe hacer entre canciones tremendamente sensibles y humanas como 'Days we left behind' (que joya, por favor...) reflexionando una vez más en torno al inevitable e implacable paso del tiempo ("Nada se mantiene igual / Nada viene a mi mente / Y nadie puede borrar los días que dejamos atrás..."), lo mismo en 'Down south' o en la preciosa declaración de entrega y amor que es 'We two', otra donde Paul da muestras del talento inagotable que ostenta a la hora de conmover únicamente a través de una sencilla melodía + letra. De igual forma, en la vereda del frente estarán esos temas de corte más rockero como 'Lost horizon' o la exquisita 'Come inside', momentos en donde el disco abraza la fuerza como motor y en dicha línea consigue sonar contundente, así como en las enormes 'Ripples in a pond', 'Never know' o 'Life can be hard' encontramos al inglés en su faceta más romántica, juguetona y (como siempre) optimista, esta vez recurriendo al medio tiempo como arma de belleza.  

Mención aparte merece por supuesto Andrew Watt y su trabajo en producción, porque ojo al dato: Paul McCartney ya no puede cantar. Así como se lee. El vocalista se dejó la garganta durante los cientos de conciertos realizados a lo largo de estos últimos veinte años por lo que la voz que hoy le queda es realmente mínima, sin embargo, la mezcla acá ha logrado entre sutiles filtros y múltiples capas vocales ocultar dicho daño obteniendo un resultado realmente notable. 

The boys of Dungeon Lane es otro álbum increíble que Paul McCartney anota en su registro (y ya van...), un álbum que si bien es sencillo e incluso obvio en su sonido, es capaz en cada canción de sonar mágico, elegante, hermoso, sensible y sofisticado. Escribir esto emociona, no cabe duda, junto al genio de Liverpool continúa viviendo parte importante de lo que nos vuelve humanos, la capacidad de crear belleza a partir de la nada, de hacer carne la emoción de manera honesta. El mismo Paul tiene esto muy claro, por eso a la hora de cerrar este álbum en lugar de ir a la grandilocuencia decide volver a lo básico en canciones como 'First star of the night', 'Salesman saint' y la preciosa 'Momma gets by', diez minutos que funcionan como un acto de absoluta entrega hacia lo que ha sido su historia junto a la música. 

Bendito seas Paul, bendito seas... 

¿Canciones? 'As you lie there', 'Days we left behind' y 'Mountain top'.

8,5 / 10
¡Excelente! 

lunes, 20 de julio de 2026

Robyn: Sexistential (2026)

 "Un limbo entre la vanguardia y la radio fórmula..."

La figura de Robyn emergió finalizando los años noventa, en tiempos donde la ola conservadora pegaba un coletazo de vuelta tras un período en que la rebeldía e irreverencia habían dominado la escena. De esta forma, la industria pasó de entregar cobertura a figuras femeninas tales como Alanis Morissette, Björk, PJ Harvey o Tori Amos a plagar los medios con chicas absolutamente normativas (rubias, delgadas y de apariencia adolescente) como Britney Spears o Christina Aguilera. En dicho contexto, los primeros álbumes de esta sueca tendieron a ajustarse a dicho target, sin embargo, ya a mediados de la siguiente década tanto en Don't stop the music (2002) y sobre todo en el homónimo de 2005 la vocalista comenzó a enfocarse en un sonido mucho más intimista y sofisticado, aspectos que se exacerbaron en Body talk (2010), un disco que definitivamente la consagró como artista "de culto". Es complicado eso si cargar con tamaña mochila, que el público inevitablemente tiende a esperar algo especial en cada lanzamiento, más cuando tardas ocho años en publicar como viene siendo el caso de Robyn durante estas dos décadas...

Lo anterior a propósito de Sexistential, un álbum breve, directo, identitario y personal, pero en ningún caso un disco que venga a revolucionar la escena. Lo que encontramos en estas nueve canciones es  media hora de música con una carga inconfundible pues la sueca continúa desarrollando ese synthpop que se encuentra en un complejo limbo entre la vanguardia y la radio fórmula. Dicho en simple: lo de Robyn jamás han sido las melodías inmediatas (y si, sé que existe 'Call your girlfriend', pero vamos, que esta es claramente una excepción a su regla), pero acá hay canciones que se acercan a aquello . Insisto, se acercan. Ahí tienes cosas como 'Really real', 'Dopamine', 'Talk to me', 'Light up' o 'Into the sun' , cinco joyitas electrónicas perfectamente disfrutables (y bailables), aunque probablemente ninguna te volará la cabeza. El resto de la lista se completará con momentos no tan afortunados, un refrito de 'Blow my mind' (originalmente publicada en 2002 y que acá aparece en una versión más activa), una interesante 'Sucker for love' con una vibra latina en sus percusiones, una reiterativa 'It don't mean a thing' y una juguetona 'Sexistential' en donde la vocalista se entrega a contar la historia de su reciente fecundación in vitro. Todas estas acaban armando un conjunto que se deja oír, que cuenta con puntos altos, otros no tanto, pero que jamás golpea como uno esperaría, dejando una sensación algo extraña en su andar. 

El problema quizás esté en que el séptimo álbum de Robyn acaba tirando por lo obvio, y es que sin que esto sea algo necesariamente negativo, se percibía algo más de exploración en el anterior Honey (2018). El tiempo dirá si al conjunto le faltó algo más de fuerza o es un problema de expectativas...

¿Canciones? 'Really real', 'Light up' o 'Into the sun'

7/10
Muy bueno.

viernes, 17 de julio de 2026

Olivia Rodrigo: You Seem Pretty Sad For A Girl So In Love (2026)

 "Aún encorsetada..."

Encasillada en ese pop adolescente y liviano durante sus primeros dos discos, hay que ver si Olivia Rodrigo es capaz de dar señales de crecimiento o acabará limitada a dicho target. En dicho sentido, este You seem pretty sad for a girl so in love parece entregar ciertas señales aunque tampoco es el álbum bombástico con el que uno acabaría por consagrarla, trece canciones que se cargan con fuerza a las baladas al piano con una que otra incrustación de synthpop más algún guiño a sus inicios guitarreros que arman un conjunto efectivo, que se deja oír aunque carece de impacto suficiente como para considerarlo una verdadera revelación. 

Lo dicho entonces, que lo que tenemos acá es básicamente un álbum de baladas y medios tiempos que giran (¡era que no!) en torno a temáticas de amor y desamor. Para muestra toda la primera mitad del álbum, donde conviven momentos melosos muy a la Taylor Swift en canciones como 'Drop dead' o 'Honeybee' (los cuales también encontraremos más adelante en el disco, léase 'Begged' o 'Less'), pop rosa en 'U + me = <3' así como pasajes más activos en 'My way' que la conectan con el sonido adolescente de sus inicios. En todo este camino, sin embargo, hay ciertas canciones que dan muestras de un crecimiento, 'Stupid song' por ejemplo abre como cualquier otra al piano pero con su estructura creciente en intensidad va volviéndose interesante en medida que avanza, lo mismo que logra con 'The cure' (de las pocas del álbum que se acercan a los cinco minutos de duración) solo que esta vez acompañada únicamente de una guitarra acústica. De igual forma todos los pasajes que coquetean con la electrónica, 'Maggots for brains' o 'Expectations' aparecen como algo realmente atractivo de oír. ¿Y la colaboración con Robert Smith en 'What's wrong with me' ? Desaprovechada...

En estricto rigor You seem pretty sad... no tiene canción mala pero adolece de riesgo real. Hay señales, sonidos que insinúan un atrevimiento, sin embargo, Olivia Rodrigo continúa sonando encorsetada, atrapada en un personaje tipo estilo Disney al que le falta algo de mal rollo, lo cual la mantiene en una liga, por ahora, menor.

¿Canciones? 'The cure' y 'Maggots for brains'.

6,8 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Olivia Rodrigo:

martes, 14 de julio de 2026

Melanie C: Sweat (2026)

 "Trance electrónico..."

Tras unos cuantos discos cargados al pop de banda fue mediante Version of me (2016) cuando Melanie C comenzó a acercarse con mayor fuerza a la electrónica así como a las canciones de tono íntimo y personal, algo que luego se complementó en su álbum homónimo de 2020, uno donde derechamente se internó en la pista de baile continuando con las temáticas de auto conocimiento. Aquel espíritu es el que nuevamente empapa (valga la redundancia) a un trabajo como Sweat, con el plus de que esta vez ha querido ir aún más allá, profundizando en la idea del trance electrónico en un viaje bastante regular con algunos momentos de alto vuelo, concentrados principalmente en la primera mitad del disco.

Desde un inicio lo que encontramos acá por tanto es una invitación directa a la fiesta que Mel C ha querido armar, abriendo con una hipnótica y algo robótica 'Sweat' para luego ir soltando varias joyitas. Lo que logra, por ejemplo, en 'Drum machine' con ese trabajo centrado en las percusiones efectivamente transmite la libertad que pretende en sus letras ("Finalmente puedo ser lo que quiera ser..."), lo mismo más adelante con 'Pressure', la más desatada en todo el disco. Entre estas el álbum entregará cosas más poperas y melódicas en una sólida 'What could possibly go wrong?' o en 'Emotional memory' (una donde la figura de Kylie Minogue se hace presente) mientras que 'Til it breaks' bajará un tanto la atmósfera para abordar un sonido electrónico algo más íntimo y sexy. 

El nudo del álbum sostendrá el ritmo mediante 'Attitude' o el bajo marcado de 'Good for nothing', así como la popera 'Undefeated champion' volverá a entregarse al mensaje de autosuperación personal y 'Cahsmere' será una donde la voz de Melanie suena prácticamente desnuda sobre sencillas percusiones. Como único detalle para el álbum estará la recta final, donde únicamente destaca la balada 'One track mind' (con la que claramente debió cerrar el disco) dado que canciones como 'Free to love' o 'Flick of the wrist'  derechamente sobran debido a la redundancia tanto en lo musical como en el mensaje. No le resta esto demasiado eso si a un trabajo que prácticamente en todo su trayecto suena sólido y coherente, es solo que con dos temas menos la experiencia seguro habría cerrado mejor.

Es cierto que Melanie C no descubre nada en este Sweat, también el que al disco le faltan composiciones más profundas y ambiciosas en cuanto a arreglos (algo que se puede encontrar en el mencionado Version of me de 2016, si me apuran, su mejor disco en veinte años), sin embargo, es innegable el que a la vocalista se le oye absolutamente cómoda en este tono directo entre canciones pegajosas, atractivas y ciertamente atrevidas. La vocalista continúa mostrándose como la más activa y, digámoslo, exitosa de las ex Spice girls y el que a tres décadas de aquel suceso continúe entregándonos una propuesta siempre inquieta da como para entregarle el respeto que siempre ha merecido. 

¿Canciones? 'Drum machine', 'Pressure' y 'One track mind'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Melanie C:

miércoles, 8 de julio de 2026

Fito Páez: Shine (2026)

 "Desequilibrado..."

Catorce álbumes en dieciséis años hablan de un artista ansioso por mostrarse activo, siempre con algo que decir. ¿Válido? Claro que si. Sin embargo, la verborrea tiene un costo y ese claramente es la falta de creatividad y frescura. En dicha línea, Shine aparece como una nueva intentona por parte de Fito Páez de perseguir la vigencia pero a la vez como otro trabajo fallido (y ya van...), y la causa es una sola: el exceso. Y es que hurgando en esta lista efectivamente encuentras buenas canciones, arranques de cruda sinceridad y destellos del compositor grandioso que el argentino alguna vez fue, sin embargo, estas conviven con otra serie de temas pobres, obvios y totalmente olvidables, generando un contraste evidente, un desequilibrio que inevitablemente termina estrellando a un disco que quizás con un poco más de calma podría haber funcionado mucho mejor.

Sin ir muy lejos, toda la primera parte de este disco es un apaga y vámonos. Desde ahí, llama poderosamente la atención lo contradictorio que suena este Fito Páez, invitándonos en 'Shine' a rebelarnos, a dejar las redes ("Que tiempos aburridos nos tocó vivir / Tiren los teléfonos, a la mierda el flow y los beats...") mientras añora unos supuestos tiempos mejores ("Me gustaba cuando el mundo andaba todo dado vuelta / Desesperadamente feliz / Era todos contra todos en las camas y en las plazas..."), todo esto de la mano de una música tan jodidamente conservadora que impacta, digamos, sus típicas canciones de tres minutos con estructuras obvias y arreglos básicos. Para muestra la espantosa 'Girl T-rex' (¡que mal está abriendo los discos Fito desde hace un tiempo!), la mencionada 'Shine' o el reggae optimista 'Nuestro templo'. Cual de todas más olvidable. 

Será recién en la indignación que transmite 'Río místico' así como en el rock golpeado de 'Las fuerzas armadas del amor' (con guiño a Bruce Springsteen incluido) cuando el disco comience a despertar, y si bien es cierto que a esta última le falta garra y desgarro como para llegar realmente lejos, al menos esos aires a Circo beat (1994) funcionan muy bien y ciertas líneas aciertan por su crudeza ("No me creo la mentira de que me hacen daño porque el daño de verdad es el que me hago yo..."). De igual forma, la ternura de 'Planeta azul', la franqueza al piano que derrocha 'El honor de los lobos' así como ese grandilocuente cierre con 'Universo' (la más ambiciosa de todas claramente) hablan de un disco dividido en dos partes, una donde Fito intenta brillar, iluminar e inspirar desde el positivismo pero falla desde lo básico/formulero de los arreglos, y otra más oscura que le muestra bastante más inspirado. 

Shine no es el desastre que algunos andan por ahí pregonando pero si un trabajo irregular, de altos y bajos marcados. Una pena, insisto, que buen material acá había. El problema es el de siempre, mucho disco, mucha publicación para un tipo que no está dispuesto a poner la pelota al piso...

¿Canciones? 'Las fuerzas armadas del amor', 'Planeta azul', 'El honor de los lobos' y 'Universo'. 

6,8 / 10
Cumple y algo más...

lunes, 6 de julio de 2026

Jessie Ware: Superbloom (2026)

 "Una fiesta elegante y glamorosa..."

Hay artistas a los que el mainstream simplemente no se les da (y es una real lástima). Uno de esos casos es el de Jessie Ware, una artista que dicho en simple: si no pegó tras álbumes tan sofisticados, atractivos y distintivos como What's your pleasure? (2020) y That! Feels! Good! (2023), no va a pegar con nada. Ahora, convertirte en una vocalista "de nicho" tiene sus ventajas y una de ellas es la libertad que entrega el no tener que sostener un determinado éxito comercial, asunto que se respira en este Superbloom, un disco donde la inglesa ha ido a donde la han llevado sus ovarios, internándose de lleno en las influencias setenteras que desde siempre han inspirado su sonido e invitándonos a una fiesta elegante y glamorosa mediante su álbum más "disco" a la fecha.

Lo que encontramos acá entonces son once canciones bastante monocordes que desarrollan un pop de banda sinuoso, sexy y sabroso, alcanzando puntos altos en la sólida partida a cargo de 'I could get used to this', una exquisitamente sexual 'Ride' o en la imponente 'Don't you know who I am?', esta última con un dramatismo tan sorprendentemente latino en su discurso ("¿No sabes acaso quien soy? / Soy el amor de tu vida / No te atrevas a dejarme..."). De igual forma conmueve una balada al piano + vientos como '16 summers' así como el disco divierte en la inquieta 'Mr Valentine', sin embargo y todo sea dicho, no todo será perfecto en Superbloom (comenzando por esa confusa portada) pues al insistir constantemente en la misma tecla musical habrán momentos en el que álbum inevitablemente se vuelve algo plano y demasiado pomposo entre canciones que están de bien a muy bien pero carecen de algún factor sorpresa. 

A destacar la producción del álbum, suena impecable, así como las siempre notables interpretaciones de Jessie Ware, todas en su punto. Ahora, al lado de las joyas que nos venía entregando la vocalista esta lista inevitablemente queda un peldaño por debajo, sin que esto signifique por supuesto que no siga sonando mejor que gran parte del pop que llega a nosotros por estos días. 

¿Canciones? 'I could get used to this', 'Ride' y 'Don't you know who I am?'

7,2 /10
Muy bueno.


Otras reseñas de Jessie Ware:

viernes, 3 de julio de 2026

Tori Amos : In Times Of Dragons (2026)

 "Entregada al concepto..."

"Las chicas del sur saben lo que significa / Cuando el patriarcado amenazante dice: ¡ahora cállate! / El puso su dedo en esos hermosos labios / Los dos sabemos para qué sirven, no?" - comienza declarando Tori Amos en su más reciente disco. Luego expandirá el relato citando al multi millonario Peter Thiel (el cofundador de PayPal) con aquel "...(ya) no creo que la democracia y la libertad sean compatibles", para luego complementar con un "Hay jerarquías / Deberías sentirte agradecido de servir / Cual sea la capacidad / Y no estoy preguntando...". Todas estas desafiantes y provocadoras líneas están inmersas en 'Shush', un tema oscuro y siniestro donde la vocalista dispara contra los millonarios machistas que hoy están al frente de nuestro mundo, instalando desde un inicio la sensación de estar ante un trabajo profundo y valiente, un disco doble (son veintitrés canciones en setenta minutos de música) de corte feminista en donde la prolífica artista no se ha dejado absolutamente nada en el tintero, armando un trabajo que puede peque a momentos de excesivo pero en ningún caso de poco coherente.

El disco plantea básicamente un viaje, la historia de una mujer esposa de un millonario que comienza un camino emancipador en el amplio sentido, situación que declara precisamente en 'In times of dragon' (la canción) entre líneas que anticipan el inicio de este proceso ("Acorralada, sé que estoy cambiando / Una vez fui bella, ¿ahora soy la bestia? / Él quiere hacerme creer que es la iluminación oscura / Y me cazará / Está sediento de sangre...") o inmediatamente después animándose a encontrar fuerzas en 'Provincetown' ("Vamos chica, agarra el salvavidas / Construye un puente para quienes se quedaron atrás / ¿Me congelaré o me rendiré? ¿Lucharé o huiré...?"), esto para luego encontrarse en canciones como 'St. Teresa', 'Gasoline girls' o 'Fanny Faudrey' (una feminista del Siglo XIX que Tori se ha inventado) con una serie personajes ficticios que acompañarán a la protagonista ya sea a modo de inspiración, apoyo físico o espiritual, esto mientras entabla sabrosos diálogos tanto con personas de carne y hueso en 'Veins', junto a su hija Natashya Hawley en las voces ("No quería contarte las sombras / No quería contarte la historia de la familia / Porque no quiero que corra por tus venas..."), como con la naturaleza en la delicada 'Strawberry moon'

Y así como la primera parte del álbum había comenzado con la profundidad de 'Shush', la Cara B no se queda en absoluto atrás abriendo con una tremenda 'Song of sorrow', encarando de lleno el diálogo de la protagonista consigo misma ("Cántame tu anhelo / ¿No lo ves? Estoy aquí, querida / Te estás convirtiendo en tu propia mujer / Completa de nuevo...") seguida de una oscura y fascinante 'Flood', para luego volver a acudir a la espiritualidad y elevar los ánimos con 'Pyrite', armando un camino que llegará a su fin primero con la esperanzadora 'Stronger together', nuevamente con referencias hacia lo que significa para una mujer salir adelante junto a su hija ("Pudimos y lo hicimos juntas / Ahora que eres una mujer / Ahora que soy una mujer...") y luego con la absolutamente atmosférica y experimental '23 peaks', otro gusto que claramente Tori se ha querido dar en un disco que se mantiene en todo momento fiel al concepto que desea transmitir.

Lo que Tori Amos propone en este In times of dragons es una experiencia, una travesía ambiciosa donde la vocalista no ha temido al entregarse por completo a la obra. El resultado abre un abanico ciertamente ecléctico pues acá ha entrado de todo, con varias canciones que superan los seis minutos y que si bien ponen al relato por sobre los arreglos, estos no se quedan en absoluto atrás. Por supuesto que el disco resultará desafiante para el auditor casual (quizás inaccesible considerando lo espeso que puede llegar a ser si quien oye no está dispuesto a sumergirse de lleno en el concepto) y también es cierto que un puñado de temas resulta bastante genérico dentro del catálogo de Tori ('Ode to Minnesota', 'Tempest', 'Angelshark' o 'Blue lotus'), sin embargo, tan solo por la valentía de entregar un producto así de contundente, el trabajo se enmarca dentro de lo bueno que habremos oído en este año y ciertamente el disco más inspirado de Tori Amos en largos años. Aunque el mundo lamentablemente no se entere...

¿Canciones? 'Shush', 'Veins','Song of sorrow' y  'Pyrite'.

8,2 / 10
Excelente.


Otras reseñas de Tori Amos:

martes, 30 de junio de 2026

Draconian: In Somnolent Ruin (2026)

"A lo suyo y lo hacen bien..."

In somnolent ruin es el álbum que marca el regreso de Lisa Johansson a las voces de Draconian tras quince años de distancia, esto en reemplazo de Heike Langhans, junto a quien la banda alcanzó a grabar dos sólidos álbumes como fueron Sovran (2015) y Under a godless veil (2020). Y bueno, como era de esperar en este tipo de casos, digamos, cuando un integrante emblemático retorna a una banda, los suecos nos entregan un disco marca de la casa, un trabajo que para bien y para mal no presenta transgresión alguna a su sonido característico.

Lo que encontramos acá por tanto es una hora de una fórmula bastante probada a estas alturas, es decir, ese ir y venir constante marcado por oleadas de riffs que se suceden lentamente uno tras otro mientras Lisa + Arders Jacobsson desarrollan sus (ya) clásicos duelos vocales, la primera aportando su dulce canto de sirena mientras el segundo vomita terroríficos guturales. El cóctel funciona, claro que si, entregando puntos altos en 'The monochrome blade', la sentida 'I gave you wings' o en ese cierre maravilloso e intenso que logran mediante 'Lethe'. De igual forma en 'Anima' el duelo vocal es limpio gracias a la colaboración de Daniel Änghede (miembro de Ison, banda donde también participa la ahora ex vocalista Heike) mientras que en cosas como 'I welcome thy arrow' , 'The face of god' o 'Cold heavens' (donde Lisa sube el registro por única vez en todo el disco) la fórmula se desarrolla con comodidad y solidez armando así un compendio que dentro del canon de la banda funciona a la perfección. 

Estamos por tanto ante el clásico disco que "te gustará si te gusta la banda". Sin más. Esto porque In somnolent ruin no es en ningún caso un álbum que explore nuevas tesituras ni escape a lo que conocemos de Draconian. Los suecos van a lo suyo y lo hacen bien. Para un oyente casual seguro todas las canciones parecerán la misma pues efectivamente la fórmula es bastante reiterativa, sin embargo, este es también uno de esos trabajos en donde hay que escarbar, sumergirse con paciencia en la propuesta para descubrir la belleza que se esconde tras cada melancólico pasaje, que vaya que la hay.

¿Canciones? 'The monochrome blade' y 'Lethe'. 

7/10
Muy bueno.


Otras reseñas de Draconian:

domingo, 28 de junio de 2026

Dimmu Borgir: Grand Serpent Rising (2026)

 "Más directo y efectivo..."

Respecto a Dimmu borgir existe cierto consenso respecto a que lo mejor de la banda ha quedado muy atrás (período 1997-2007), que llevan veinte años deambulando entre la rotación constante de integrantes y desarrollando más bien una caricatura (inofensiva) de sí mismos. En ese camino está claro el que los noruegos han ido suavizando su sonido, desarrollando un black melódico/sinfónico característico que por momentos les acerca más al gótico que a sus raíces extremas,  y bueno, este Grand serpent rising no llega para modificar el curso, otro disco sin arranques demasiado violentos y donde todo luce bastante controlado. Ahora, dicho lo anterior, el conjunto al menos les muestra más inspirados que en álbumes anteriores. 

Yendo a la música propiamente tal, el disco tiene un claro problema: la lista de los temas y extensión del álbum. De hecho, la partida es débil, con una 'Tridentium' que introduce largos pasajes instrumentales complementados con un relato hablado sucedida por una veloz 'Ascent', sin embargo, ninguna de las dos logra efectivamente atraparnos. Será recién en los siete minutos de 'As seen in the unseen', que pone énfasis en los aspectos melódicos, seguida de la excelente 'The qryptfarer' (la mejor de todas) cuando el asunto comience a repuntar con convicción, en esta última entregando parte de los arreglos más interesantes del trabajo con una batería que protagoniza y desarrolla exquisitas atmósferas junto a teclados. Esta última junto a la pasada por 'Ulvgjeld & blodsodel' (una que habría funcionado mejor como apertura del disco) + la agresiva 'Repository of divine transmutation' arman el tridente más consistente en el álbum. El problema es que en adelante el disco comienza a redundar volviéndose muy pesado, en ocasiones yendo al medio tiempo ('Phantom of the nemesis') o a veces acelerando ('The exonerated') pero siempre entre canciones de cinco minutos que pese a estar ejecutadas de manera impecable y gozar de una producción exquisita (todo suena en su lugar, hay que decirlo), no presentan grandes sorpresas en materia de estructuras o arreglos. 

Grand serpent rising es un (muy) buen disco que trae de regreso la fórmula que Dimmu borgir viene desarrollando desde hace dos décadas pero en versión bastante más directa y efectiva respecto a los antecesores (sobre todo en la comparación con el pomposo Eonian de 2018). El disco funciona aunque con tres o cuatro canciones menos claramente se disfrutaría mejor...

¿Canciones?   'As seen in the unseen', 'The qryptfarer' y 'Repository of divine transmutation'.

6,8 / 10
Cumple y algo más...

viernes, 26 de junio de 2026

Sepultura: The Cloud Of Unknowing (EP, 2026)

 "Despedida de sensaciones encontradas..."

Pues lo dicho, que la amplia fanaticada noventera de Sepultura jamás se tragó a Derrick Green, por lo que tras la partida de Max Cavalera en 1994 la carrera de los brasileños navegó durante treinta años entre el (injusto) desprecio y la indiferencia, llegando así a un previsible final que se ha materializado en gira de despedida y la publicación de este pequeño EP, cuatro dignas canciones que entregan el último sorbo por parte de una agrupación hasta el final intentó sostenerse con dignidad, pese incluso a las posteriores dolorosas partidas en batería de Igor Cavalera y Eloy Casagrande

Y bueno, lo que tenemos acá son dieciséis minutos que dan muestras de la ambición que esta formación siempre mostró por ir un poco más allá de lo obvio, cuatro piezas que se pasean por diversos estilos, abriendo con un metal furibundo en 'All souls rising' en donde la velocidad se interrumpe bruscamente con sorpresivas orquestaciones, o cerrando con una cambiante 'The place'. Entre ambas habrán metido una balada como 'Beyond the dream', con la que apuntan a terrenos más emocionales de la mano de un Derrick Green que canta completamente limpio, mientras que 'Sacred books' si bien entregará un sonido duro más tradicional dentro de lo que ha sido la banda durante estos últimos veinte años, de todas formas se las arreglará para meter un caótico piano a medio tema que aportará un matiz relevante a la canción.

The cloud of unknowing acaba resultando un EP que deja sensaciones encontradas, por una parte las canciones saben bien, son interesantes cada una en lo suyo y muestran a una agrupación aún creativamente inquieta. Lo anterior se condice además con el hecho de que este material llegue a seis años Quadra (2020), el mejor álbum de Sepultura desde Dante XXI (2006). Dicho lo anterior, al lanzar estas canciones en un formato tan reducido con menos de veinte minutos de música pareciese que simplemente se las han sacado de encima, que no han querido (o no han podido) agregar algo más de trabajo para lanzar un álbum propiamente tal. Quizás están cansados y se entiende. Navegar todo el tiempo a contracorriente agota a cualquiera...

¿Canciones? 'All souls rising' y 'The place'. 

6,5 / 10
Cumple y algo más...