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sábado, 1 de agosto de 2026

20 Años De... Muse: Black Holes And Revelations (2006)

 "Su mejor versión..."

Mirado con el lente del tiempo y considerando todo lo que ha sucedido con Muse en estos veinte años cuesta creer que la banda alguna vez fue protagonista de la historia de la música contemporánea en primera persona... pero así fue. Esto gracias a álbumes alucinantes y atrevidos que a comienzos de siglo dieron que hablar en base a un sonido ciertamente ambicioso y grandilocuente, cargado al rock espacial pero con un tino melódico impecable, algo que ciertamente la banda supo condensar de manera adecuada primero en el notable Absolution (2003) y luego en este espectacular Black holes and revelations, un disco en donde la banda supo acercar el sonido ambicioso de sus antecesores, puliendo los "fallos" y encontrando un conjunto ciertamente más amigable pero no por esto menos atractivo. 

Ante todo este es un disco que funciona tanto en el frente individual como el colectivo. Dicho en simple: hay grandes (pero GRANDES) canciones acá así como también un continuo que fluye de manera armónica. Black holes and revelations es también un álbum diverso y de aquello habla toda su inapelable Cara A, abriendo con una introductoria pero inmensa 'Take a bow', una de esas canciones de Muse pomposas a tope pero que logra funcionar debido a la intensidad creciente que la banda logra generar, y continuando con una seguidilla impecable: el romántico single 'Starlight' (una de las baladas rock mejor escritas de este siglo), las guitarras bailables de la exquisita 'Supermassive black hole' (una que a futuro la banda intentaría emular en varias ocasiones) y la increíble 'Map of the problematique', otra que da muestras de la madurez compositiva que la banda ha sido capaz de alcanzar a estas alturas de su carrera (y para quien escribe: la mejor canción en la carrera de Muse). Lo dicho entonces, que la partida del disco es incontestable, al punto de que baladas como 'Soldier's poem' (con unos acordes acústicos que emulan la mítica 'Can't help falling in love' de Elvis Presley) o 'Invincible' funcionan como una necesaria bajada de revoluciones, un grato bálsamo que viene bien dado ese nivel apabullante que traía el álbum.

Entrando en la Cara B la sensación que transmite el disco es la de un partido que ya se ha ganado de manera contundente por lo que solo hay que sostener el ritmo. De ahí que la banda vuelva a acelerar y entregue una pasada algo más en piloto automático, primero con la agresividad de la directa 'Assassin' para luego pasar a algo más meloso como 'Exo-politics', sin embargo, como una nueva prueba de que a estas alturas Muse estaban bastante tocados e inspirados, se guardan hacia el cierre dos joyitas inmensas, la cambiante 'City of delusion' (con una estructura que abre en acústico y luego en el camino mete vientos e incluso trompetas) y la descomunal 'Knights of cydonia', que para el público general y la crítica es la mejor canción en la carrera de la banda. Para mi pega en el palo.

En definitiva, Black holes and revelations es el disco que uno le pasaría a un joven hoy de veinte años si quisiera convencerlo de que Muse alguna vez fue muy grande. Un álbum que funciona de comienzo a fin en todo momento, que cuando va a la grandilocuencia del sonido jamás suena pedante (algo que si le ocurriría a Matt Bellamy en los siguientes discos) y cuando acerca el sonido encuentra melodías brillantes sin caer en la ordinaria simpleza (idem). En 2006 Muse encontraban su mejor versión y bueno, desde aquí ciertamente solo se podía caer...

¿Canciones? 'Starlight', 'Supermassive black hole', 'Map of the problematique' y 'Knights of cydonia'.

9/10
Brillante.

domingo, 26 de julio de 2026

Paul McCartney : The Boys Of Dungeon Lane (2026)

 "En su más pura esencia..."

Me gusta repetir esa teoría de que Paul McCartney nos ha regalado un GRAN álbum por década. Sin embargo, en medida que avanza el tiempo, cada vez que el inglés lo vuelve a hacer nos invade esa sensación de incredulidad ante lo que presenciamos, y es que... ¿Cómo es posible que a estas alturas, en pleno 2026, tras más de sesenta años de carrera, el vocalista sea capaz de entregarnos un disco como The boys of Dungeon Lane? Pero así es. Estamos ante el creador contemporáneo más grande que ha parido la tierra y demás está decir el que es un verdadero privilegio el tenerlo aún creando, entregándonos "con lo que le queda" un álbum de esta magnitud... 

Lo que tenemos acá por tanto son catorce canciones que vuelven a mostrar a McCartney en su más pura esencia, dedicado principalmente a la generación de fantásticas y sensibles melodías. The boys of Dungeon Lane no es un disco ostentoso en cuanto arreglos, sus canciones rondan los dos a cuatro minutos, son piezas por lo general simples y sobrias pero que poseen el mérito de desbordar magia en cada una de sus estrofas, puentes y coros. Habrán momentos eso si en que las estructuras vayan por más y se muestren cambiantes, lo que hace en 'As you lie there' es notable, por ejemplo, yendo desde la calma del acústico a la fuerza rockera con los coros, lo mismo con ese quiebre acelerado y maravilloso que regala en el minuto final de 'Mountain top' (2:55 en adelante) que no hace si no recordar los momentos más gloriosos y creativos que vivió junto a los Wings, sin embargo, el resto del álbum se moverá entre movimientos menos bruscos. 

Encontraremos por supuesto pasajes cargados a la absoluta calma e intimidad en donde McCartney se lanza al acústico como solo él sabe hacer entre canciones tremendamente sensibles y humanas como 'Days we left behind' (que joya, por favor...) reflexionando una vez más en torno al inevitable e implacable paso del tiempo ("Nada se mantiene igual / Nada viene a mi mente / Y nadie puede borrar los días que dejamos atrás..."), lo mismo en 'Down south' o en la preciosa declaración de entrega y amor que es 'We two', otra donde Paul da muestras del talento inagotable que ostenta a la hora de conmover únicamente a través de una sencilla melodía + letra. De igual forma, en la vereda del frente estarán esos temas de corte más rockero como 'Lost horizon' o la exquisita 'Come inside', momentos en donde el disco abraza la fuerza como motor y en dicha línea consigue sonar contundente, así como en las enormes 'Ripples in a pond', 'Never know' o 'Life can be hard' encontramos al inglés en su faceta más romántica, juguetona y (como siempre) optimista, esta vez recurriendo al medio tiempo como arma de belleza.  

Mención aparte merece por supuesto Andrew Watt y su trabajo en producción, porque ojo al dato: Paul McCartney ya no puede cantar. Así como se lee. El vocalista se dejó la garganta durante los cientos de conciertos realizados a lo largo de estos últimos veinte años por lo que la voz que hoy le queda es realmente mínima, sin embargo, la mezcla acá ha logrado entre sutiles filtros y múltiples capas vocales ocultar dicho daño obteniendo un resultado realmente notable. 

The boys of Dungeon Lane es otro álbum increíble que Paul McCartney anota en su registro (y ya van...), un álbum que si bien es sencillo e incluso obvio en su sonido, es capaz en cada canción de sonar mágico, elegante, hermoso, sensible y sofisticado. Escribir esto emociona, no cabe duda, junto al genio de Liverpool continúa viviendo parte importante de lo que nos vuelve humanos, la capacidad de crear belleza a partir de la nada, de hacer carne la emoción de manera honesta. El mismo Paul tiene esto muy claro, por eso a la hora de cerrar este álbum en lugar de ir a la grandilocuencia decide volver a lo básico en canciones como 'First star of the night', 'Salesman saint' y la preciosa 'Momma gets by', diez minutos que funcionan como un acto de absoluta entrega hacia lo que ha sido su historia junto a la música. 

Bendito seas Paul, bendito seas... 

¿Canciones? 'As you lie there', 'Days we left behind' y 'Mountain top'.

8,5 / 10
¡Excelente! 

martes, 14 de julio de 2026

Melanie C: Sweat (2026)

 "Trance electrónico..."

Tras unos cuantos discos cargados al pop de banda fue mediante Version of me (2016) cuando Melanie C comenzó a acercarse con mayor fuerza a la electrónica así como a las canciones de tono íntimo y personal, algo que luego se complementó en su álbum homónimo de 2020, uno donde derechamente se internó en la pista de baile continuando con las temáticas de auto conocimiento. Aquel espíritu es el que nuevamente empapa (valga la redundancia) a un trabajo como Sweat, con el plus de que esta vez ha querido ir aún más allá, profundizando en la idea del trance electrónico en un viaje bastante regular con algunos momentos de alto vuelo, concentrados principalmente en la primera mitad del disco.

Desde un inicio lo que encontramos acá por tanto es una invitación directa a la fiesta que Mel C ha querido armar, abriendo con una hipnótica y algo robótica 'Sweat' para luego ir soltando varias joyitas. Lo que logra, por ejemplo, en 'Drum machine' con ese trabajo centrado en las percusiones efectivamente transmite la libertad que pretende en sus letras ("Finalmente puedo ser lo que quiera ser..."), lo mismo más adelante con 'Pressure', la más desatada en todo el disco. Entre estas el álbum entregará cosas más poperas y melódicas en una sólida 'What could possibly go wrong?' o en 'Emotional memory' (una donde la figura de Kylie Minogue se hace presente) mientras que 'Til it breaks' bajará un tanto la atmósfera para abordar un sonido electrónico algo más íntimo y sexy. 

El nudo del álbum sostendrá el ritmo mediante 'Attitude' o el bajo marcado de 'Good for nothing', así como la popera 'Undefeated champion' volverá a entregarse al mensaje de autosuperación personal y 'Cahsmere' será una donde la voz de Melanie suena prácticamente desnuda sobre sencillas percusiones. Como único detalle para el álbum estará la recta final, donde únicamente destaca la balada 'One track mind' (con la que claramente debió cerrar el disco) dado que canciones como 'Free to love' o 'Flick of the wrist'  derechamente sobran debido a la redundancia tanto en lo musical como en el mensaje. No le resta esto demasiado eso si a un trabajo que prácticamente en todo su trayecto suena sólido y coherente, es solo que con dos temas menos la experiencia seguro habría cerrado mejor.

Es cierto que Melanie C no descubre nada en este Sweat, también el que al disco le faltan composiciones más profundas y ambiciosas en cuanto a arreglos (algo que se puede encontrar en el mencionado Version of me de 2016, si me apuran, su mejor disco en veinte años), sin embargo, es innegable el que a la vocalista se le oye absolutamente cómoda en este tono directo entre canciones pegajosas, atractivas y ciertamente atrevidas. La vocalista continúa mostrándose como la más activa y, digámoslo, exitosa de las ex Spice girls y el que a tres décadas de aquel suceso continúe entregándonos una propuesta siempre inquieta da como para entregarle el respeto que siempre ha merecido. 

¿Canciones? 'Drum machine', 'Pressure' y 'One track mind'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Melanie C:

lunes, 6 de julio de 2026

Jessie Ware: Superbloom (2026)

 "Una fiesta elegante y glamorosa..."

Hay artistas a los que el mainstream simplemente no se les da (y es una real lástima). Uno de esos casos es el de Jessie Ware, una artista que dicho en simple: si no pegó tras álbumes tan sofisticados, atractivos y distintivos como What's your pleasure? (2020) y That! Feels! Good! (2023), no va a pegar con nada. Ahora, convertirte en una vocalista "de nicho" tiene sus ventajas y una de ellas es la libertad que entrega el no tener que sostener un determinado éxito comercial, asunto que se respira en este Superbloom, un disco donde la inglesa ha ido a donde la han llevado sus ovarios, internándose de lleno en las influencias setenteras que desde siempre han inspirado su sonido e invitándonos a una fiesta elegante y glamorosa mediante su álbum más "disco" a la fecha.

Lo que encontramos acá entonces son once canciones bastante monocordes que desarrollan un pop de banda sinuoso, sexy y sabroso, alcanzando puntos altos en la sólida partida a cargo de 'I could get used to this', una exquisitamente sexual 'Ride' o en la imponente 'Don't you know who I am?', esta última con un dramatismo tan sorprendentemente latino en su discurso ("¿No sabes acaso quien soy? / Soy el amor de tu vida / No te atrevas a dejarme..."). De igual forma conmueve una balada al piano + vientos como '16 summers' así como el disco divierte en la inquieta 'Mr Valentine', sin embargo y todo sea dicho, no todo será perfecto en Superbloom (comenzando por esa confusa portada) pues al insistir constantemente en la misma tecla musical habrán momentos en el que álbum inevitablemente se vuelve algo plano y demasiado pomposo entre canciones que están de bien a muy bien pero carecen de algún factor sorpresa. 

A destacar la producción del álbum, suena impecable, así como las siempre notables interpretaciones de Jessie Ware, todas en su punto. Ahora, al lado de las joyas que nos venía entregando la vocalista esta lista inevitablemente queda un peldaño por debajo, sin que esto signifique por supuesto que no siga sonando mejor que gran parte del pop que llega a nosotros por estos días. 

¿Canciones? 'I could get used to this', 'Ride' y 'Don't you know who I am?'

7,2 /10
Muy bueno.


Otras reseñas de Jessie Ware:

jueves, 28 de mayo de 2026

Winterfylleth: The Unyielding Season (2026)

 "Oscuridad salvaje y para nada amable..."

Desde 2008 a la fecha que estos ingleses no han parado de publicar. Con la única excepción del período 2020/24, la banda viene lanzando con precisión quirúrgica un álbum cada dos años, desarrollando durante estas casi dos décadas de carrera (joder, como pasa el tiempo...) un tándem que oscila entre un furioso black atmosférico y momentos cristalinos de absoluta paz. Así como se lee. En los álbumes de Winterfylleth puedes encontrar el infierno mismo así como pasajes de tranquilidad cargados a las cuerdas, y si bien este último aspecto fue llevado al extremo en un álbum como The hallowing of Heirdom (2018), disco en donde dejaron completamente de lado el metal y se lanzaron de lleno al folk entre guitarras acústicas, relatos y violines (un bonito disco que recomiendo), desde entonces la banda ha retomado lo que mejor saben hacer, dígase, ese black oscuro y nada de amable con el auditor matizado con uno que otro breve momento de calma, y bueno, este The unyielding season llega para dar continuidad a esa línea.

Lo que tenemos acá por tanto son diez canciones de un black a la vieja usanza que prácticamente no regala tregua (la portada anticipa). Sin ir muy lejos, toda la primera parte del álbum funciona como un bloque compacto donde las capas de guitarras, una batería incesante y los alaridos de Chris Naughton son característicos (este último aparece bien debajo en la mezcla eso si, lo cual aporta a la sensación de caos que el sonido pretende). No hay medias tintas por tanto en toda la pasada que va desde 'Heroes of a hundred fields' hasta 'Perdition's flame', armando casi treinta minutos compactos que gustarán a quien disfrute del filo más oscuro del género, aunque claro, pecará de monótono ante cualquier auditor de metal que no conozca demasiado a la banda. 

Dicho lo anterior, lo más interesante en el álbum aparecerá a partir del nudo cuando 'The unyielding season' baje los tiempos y aspire a desarrollar una atmósfera más profunda y no tan salvaje, mientras que 'In ashen wake' mostrará una elegante introducción de teclados que durante tres minutos preparan terreno para el posterior desate. Lo atractivo, sin embargo, en esta última serán las guitarras que irán sosteniendo la atmósfera e intensidad del tema (desde el minuto cuatro en adelante), construyendo uno de los pasajes más llamativos en todo el disco. Entre ambas sonará además el instrumental 'Unspoken elegy', el cual derechamente se internará en terrenos acústicos, dando muestras de esa otra faceta más pacífica que Winterfylleth suelen desarrollar en sus trabajos. 

Habiendo llegado a este punto del álbum, algo como 'Towards elysium' termina disfrutándose muchísimo más, pues retoma el salvajismo del sonido (aunque con unos pasajes melódicos exquisitos) viniendo de una serie de canciones diversas por lo que el matiz se percibe, más aún cuando el disco cierra con un gusto que los ingleses se han dado: una versión seca de 'Enchantment' de Paradise lost, todo un regalo. 

La sensación que deja por tanto este The unyielding season es la de ser un álbum que va de menos a más, que abre de manera algo tradicional e incluso monótona para pasando el cuarto tema ir abriendo un abanico más que interesante. La lista de canciones no ayuda a la experiencia y ciertamente de haber sido un disco más corto el asunto habría funcionado aún mejor. Se entiende en todo caso el que la banda insista en meter todo lo que tienen en sus trabajos pues al fin y al cabo saben que quien llegue a ellos sabe muy bien a lo que va...

¿Canciones? 'In ashen wake' y 'Towards elysium'.

7,5/10
¡Muy bueno!

martes, 21 de abril de 2026

Harry Styles: Kiss All The Time. Disco, Occasionally (2026)

"En constante búsqueda..." 

Unos años atrás fue que Harry Styles inició una búsqueda musical variopinta expresada en aquel diverso Harry's house (2022), un disco que declaraba intenciones al tomar influencias de una serie de artistas entregando una versión musicalmente sofisticada del inglés. Aquella búsqueda se ha profundizado en este Kiss all the time. Disco, ocassionally, un trabajo que se inclina hacia una electrónica minimalista y escapa de manera evidente del hit inmediato. No encontramos por tanto acá ninguna 'Sign of the times', 'Watermelon sugar' o 'As it was', y desde ahí el disco se plantea en su recorrido como una especie de constante búsqueda que, sin embargo, cuenta con un problema: no parece jamás encontrar un lugar donde estacionar, dando vueltas y vueltas sobre un sonido que nunca termina de explotar.

Dicho lo anterior, un conflicto importante con que cuenta este disco es la lista de temas, el orden, lo cual entorpece su disfrute. Dicho en simple: acá hay buenas canciones, pero (casi) todas están ubicadas en su segunda parte y en un orden poco conveniente. 

Me explico: el disco abre de manera especial con la notable 'Aperture', una canción de tono introductorio en donde Harry Styles logra construir una de esas canciones que va generando un alza de intensidad en medida que avanza, llegando a un coro atractivo (ese "We belong together" es efectivamente de lo más contagioso encontramos en todo el álbum) con una electrónica sutil y elegante como telón de fondo. El problema es que tras esta el disco no toma un camino claro. Uno era el de la explosión, digamos, tras un tema introductorio y atmosférico desatar la fiesta. Eso no ocurre. Pero tampoco vienen más canciones profundas bien logradas con las que conectar si no más bien un giro hacia un pop minimalista simplónDe hecho, la extensión por sí sola algo dice, 'Aperture' es la única canción del álbum que supera los cinco minutos mientras que todo el resto ronda los dos o tres. 

Sin ir muy lejos, la mejor en toda la primera parte es claramente 'Ready, steady, go!', con un bajo que marca el tema todo el tiempo y una dinámica atractiva, sin embargo, la producción lastra el resultado al rehuir intencionalmente de la fiesta, apostando por el minimalismo, encorsetando la canción y limitando la que claramente tenía potencial para ser la 'As it was' del disco. Y del resto ni hablar, sonará una monótona 'American girls', la golpeada 'Are you listening yet?' (con esos redobles de batería como protagonistas), la agradable 'Taste back' o la balada 'The waiting game', quedando todas relegadas a ese incómodo lugar que agrada pero no impacta. Son canciones que se dejan oír, de sofisticada producción, con detalles sonoros incluso exquisitos pero que no cuentan con un golpe realmente efectivo tanto en términos estructurales como interpretativos. 

Será recién en la Cara B del álbum cuando este muestre sus mejores cartas. 'Season 2 weight loss' es la más exploratoria (e interesante) de todas gracias a sus juegos de percusiones, 'Pop' es una que si explota mejor su potencial (¿no debió esta ser la segunda o tercera en la lista?) debido a que si se le juega por un coro más explosivo, lo mismo con 'Dance no more' y sus aires funk, mientras que el cierre con 'Carla's song' se muestra melódicamente rico y sofisticado. Es decir, buenas canciones acá claramente habían. Ahora, de igual forma: ¿Qué pintan entre todas estas las melosas baladas 'Coming up roses' y 'Paint by numbers'? Absolutamente nada. Una muestra más de un disco que intentó ir hacia demasiados lados en lugar de haber asegurado un solo camino. 

Pues lo dicho, Kiss all the time. Disco, occasionally deja la sensación de ser un trabajo en constante búsqueda pero que no termina de funcionar. Como global se valora la valentía del vocalista al abandonar los coros facilones de discos como Fine line (2019) y mostrar mayor ambición musical, de hecho, encuentra acá un puñado de buenas canciones, el "problema" es que en la ambición de apuntar a tanto no ha logrado cerrar el círculo con un disco redondo. Quizás para el siguiente...

¿Canciones? 'Aperture', 'Ready, steady, go!', ''Season 2 weight loss' y 'Pop'.

6,9 / 10
(Muy) Bueno.


Otras reseñas de Harry Styles:
2022: Harry's house

jueves, 26 de marzo de 2026

Charli XCX: Wuthering Heights (2026)

 "Arisco y atractivo..."

Tras el imponente éxito de un álbum como Brat (2024) se abrían diversos caminos para Charli XCX, curiosamente la vocalista escogió el más sorpresivo de todos: tomar la tangente entregándose de lleno a la banda sonora del Wuthering heights de Emerald Fennell. De esta forma la inglesa ha matado dos pájaros de un tiro, se ha sacado la presión de tener que generar un multi ventas y también se ha permitido el experimentar con su sonido. El resultado de esta aventura es una colección de piezas bastante compactas en términos sonoros que la muestran navegando por lo general sobre terrenos calmos, lejos del característico frenesí de anteriores trabajos. La sensación por tanto ante el disco es que la vocalista se ha tomado MUY en serio el desafío desarrollando una electrónica tan consistente como elegante que en todo momento luce atrevida al complementar maquinitas con cuerdas, lo digital y lo orgánico, encontrando más de alguna melodía gloriosas en el camino.

Hay estridencia de todas formas en estas canciones, el punto es que no de la manera en que Charli XCX solía entregárnosla. Acá aparece a veces marcada por los instrumentos de cuerda, muchos de ellos sonando intencionadamente al borde de la desafinación, como ocurre en la partida en 'House', con diálogos de John Cale que se complementan con la vocalista emanando aullidos mientras exclama un furibundo "I think I'm gonna die in this house...", también en la intensa 'Wall of sound', la balada 'Always everywhere' o ese enorme cierre a cargo de 'Funny mouth'. Pero no serán solo las cuerdas, las vocalizaciones coquetearán también con la incorrección en la mencionada 'House' o en la explosiva 'Eyes of the world', armando así un cóctel siempre singular y desafiante, un conjunto arisco en sus formas pero que esconde elementos tremendamente atractivos. Por lo mismo, la lista se suavizará y volverá más amena en pasadas donde la electrónica es más agresiva y podemos oír a la Charlotte de siempre, ocurre en los singles claros del disco tipo 'Dying for you' o 'Out of myself', en momentos empapados en autotune como 'Altars' o en el pop delicado de 'My reminder'.

Wuthering heights es un viaje que explora diversas texturas y muestra ante todo una faceta interesante, atrevida y fresca de Charli XCX. El álbum funciona como banda sonora pero también como trabajo propio de la artista y aquello es todo un logro. Considerando además desde donde venía la vocalista, que decir, paso hacia el frente por donde se mire.

¿Canciones? 'Dying for you', 'Out of myself' y 'Funny mouth'.

8/10
Excelente.


Otras reseñas de Charli XCX:
2024: Brat

martes, 17 de marzo de 2026

Sylosis: The New Flesh (2026)

 "Contundente pero demasiado cómodo..."

Sylosis es el proyecto del guitarrista Josh Middleton, quien desde los inicios de la banda intentó desarrollar un sonido con tintes ligados al metalcore (el cual ya han abandonado con el paso del tiempo) pero que principalmente se inclinaba hacia el death melódico, encontrando en Monolith (2012) su mejor exponente a día de hoy. Ocurrió, sin embargo que en 2017 el músico se integró como miembro de Architects, dejando este proyecto un tanto en el aire. Y si bien la banda publicó un par de discos en estos años, ninguno de estos dejó sensaciones demasiado satisfactorias. Finalmente en 2023 Josh abandonó Architects por lo que pudo abocarse de lleno a Sylosis siendo este The new flesh el álbum que pretende retomar un camino algo más regular. Quizás por esto mismo es que el músico ha intentado desarrollar un álbum contundente pero (demasiado) cómodo, un álbum directo de canciones que rondan todas los cuatro minutos y que, para bien y para mal, efectivamente van en busca de un death melódico sin medias tintas ni matices.

El álbum está bien producido y las ejecuciones son prolijas, eso hay que dárselo. El sonido es impecable, potente y fresco pero también de manual. ¿Y este que dice? Que hay que abrir con temas veloces y efectivos, por ende tenemos una tríada armada por 'Beneath the surface', la exquisitamente melódica 'Erased' y 'All glory, no valour'. El problema es que adelante el disco no diversificará demasiado, habrán momentos más cargados al groove (muy a la Lamb of god) como en 'Mirror, mirror', otros que serán una aplanadora como 'Spared from the guillotine' y bajadas de tiempo entre teclados en 'Adorn my throne', pero en general la tónica será similar, siendo la balada limpia 'Everywhere at once' (algo escondida en la recta final de la lista) el único momento en todo el álbum donde este escapa a esta lógica. 

The new flesh responde a la línea que Sylosis por lo general ha desarrollado. Es un disco que no está mal (imposible que lo esté con este nivel de músicos y producción) pero tampoco impacta debido a lo demasiado calculado que suena, el álbum no se eleva ni desciende, más bien se mantiene plano dentro de su propuesta. Por lo mismo, un poquito de riesgo no vendría mal a futuro...

¿Canciones? 'Erased', 'Adorn my throne y 'Everywhere at once'.

6,5 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Sylosis:

martes, 10 de marzo de 2026

Morrissey: Make-up Is A Lie (2026)

 "Poco inspirado..."

¿Separar la obra del personaje? En el caso de Morrissey esta tarea resulta imposible pues su discografía ha estado desde siempre empapada por quien es. Lo tomas o lo dejas. Desde esos títulos eternos y relevadores hasta las líneas personales y mordaces, si algo no se le puede criticar al inglés es falta de autenticidad, y bueno, este reciente Make-up is a lie no llega para ser excepción. El álbum se publica tras seis años de silencio marcados por sus problemas de salud, múltiples suspensiones de conciertos, disputas legales y alegatos de no contar con ningún sello que quisiera publicar sus álbumes. Ahora, más allá de las críticas en torno al personaje, es justo mencionar que Morrissey de una u otra forma se las había arreglado para no lanzar un mal disco en veinticinco años. Así como se lee. Mirado a distancia, la frescura que el inglés ostentó en aquel notable You are the quarry (2004) efectivamente alcanzó para que los siguientes Ringleader of the tormentos (2006) + Years of refusal (2009) funcionaran sin mayores problemas, y desde entonces el vocalista se ha debatido entre álbumes correctos con una que otra pincelada interesante. Eso hasta este 2026. Y no es que Make-up is a lie sea un desastre pero si un conjunto que luce poco inspirado, obvio, y digámoslo, incluso agotador. Un disco que transmite la idea de tener algo que decir desde lo lírico, más no desde lo musical.

Lo dicho entonces, que las letras sinceras o mensajes punzantes están presentes a lo largo de estos cincuenta minutos de música, ¡era que no! No con la claridad de otros tiempos pero si al menos con la franqueza que caracteriza al vocalista. Abre con 'You're right, it's time', por ejemplo, declarando de inmediato un "quisiera alejarme de aquellos que están frente a la pantalla todo el día / Quisiera hablar y no ser atrapado por la censura...", así como más adelante se entregará a la conspiranoia xenófoba en 'Notredame' (sumándose a la idea de que la iglesia fue quemada intencionalmente en 2019 por musulmanes). El problema con ambas será uno que se reiterará en prácticamente todo el conjunto: la falta de enganche, lo obvio y reiterativo que suenan tanto los arreglos como estructuras. Ya sea yendo a las guitarras como a los teclados todo acá da vueltas sin encontrar momentos particularmente atractivos. Ocurre en la solemnidad de piezas tan oscuras como 'Headache' o 'Boulevard', buscando momentos más melosos en 'Zoom zoom the little boy' o 'The night pop dropped', coqueteando con sonidos orientales en 'Make-up is a lie' (la canción) o desatando las guitarras en 'Amazona'. El disco suena sin magia, sin vueltas de tuerca relevantes e incluso en canciones como 'Many icebergs ago' dramáticamente aburrido.

Make-up is a lie es un álbum que resulta difícil de seguir y que se anota como lo más pobre que Morrissey ha publicado en largo tiempo. Un disco sin chispa que parece estar sumergido en la falta de carisma y consumido por un personaje que suena creativamente encerrado en un callejón sin salida. Las cosas como son.

¿Canciones? 'Headache'.

5/10
Nada muy especial...

miércoles, 18 de febrero de 2026

Robbie Williams: Britpop (2026)

 "Inofensivo..."

No deja de ser curioso el fenómeno de Robbie Williams, un tipo que en veinte años pasó de ser una figura reconocida (allá por el inicio de los dosmiles) a la absoluta (y quizás injusta) irrelevancia, al punto de que generaciones actuales prácticamente no le conocen. Eso a pesar de haberlo intentado prácticamente todo, incluido un regreso esporádico a Take that por allá por 2013 o un bio pic protagonizado por un mono en 2024. Pero nada ha resultado, el pop actual continúa mostrándose arisco con el inglés y quizás por eso ha querido regresar con este álbum, uno que remite desde su título y sonido a treinta años atrás, a aquellos tiempos cuando el llamado britpop reinaba y donde Robbie era una figura apetecida por el mercado. Nos entrega así once canciones bastante orgánicas, marcadas por el pop de banda, arreglos pomposos que centran su fuerte en las melodías y coros, algo muy "a la antigua", digámoslo. 

Dicho lo anterior, Britpop debe ser también el disco más rockero en la carrera de Robbie Williams, esto entre canciones que apuntan a las guitarras directas pero que cargan con un problema: se quedan a medio camino de todo. Esto pues gran parte los temas se instalan en un terreno absolutamente inofensivo y en exceso meloso. No hay mal rollo acá, tampoco garra ni desangre. Las comparaciones son odiosas pero los clásicos del vocalista precisamente remitían a aquello ('Angels' y 'Feel', claros ejemplos). Las melodías acá están pero falta la fuerza y un claro ejemplo de esto es la partida mediante 'Rocket' (junto a una leyenda como Tony Iommi), un single impostadísimo donde Robbie se disfraza de rockero repitiendo demasiadas veces ese "I just wanna be your rocket" en una canción que finalmente luce como una jugarreta simpática pero no mucho más. Más adelante volverá a ocurrir algo similar en 'Bite your tongue', aunque esta centra su gancho en el trabajo de batería. En dicho sentido donde mejor luce el álbum es en algo como 'Spies', un medio tiempo sobrio donde el vocalista pareciese encontrar su punto melódico, mientras que las referencias noventeras aparecerán en algo como 'Pretty faces', que posee un comienzo que emula el 'Song 2' de Blur, así como en 'Cocky' + 'All my life', dos que perfectamente podrían aparecer en algún álbum de Liam Gallagher

El resto complementará con la balada 'Human', que cuenta con la curiosa colaboración con el dúo mexicano Jesse & Joy, un arranque synth pop en 'Morrissey' (muy pobre como canción y cuyo único atractivo/morbo es la referencia al mítico vocalista de The smiths) y idas a las cuerdas en el cierre mediante 'It's ok until the drugs stop working' + 'Pocket rocket', finalizando así un disco que no pareciese jamás encontrar el punto. 

Robbie Williams no va a volver a ser relevante con este disco aunque a su favor esta vez tampoco pareciese haber sido su objetivo. Britpop cuenta con alguna canción atractiva y el resto se mueve dentro de la conformidad. Considerando que había poco que perder quizás algo más de riesgo no le habría venido mal...

¿Canciones? 'Spies' y 'Cocky'. 

6/10
Bueno, cumple...

martes, 9 de diciembre de 2025

Wolf Alice: The Clearing (2025)

 "Se niegan a ser etiquetados..."

El tercer disco de una banda suele ser revelador. Es el álbum donde las agrupaciones tienden a demostrar para qué están, y en el caso de Wolf Alice vaya que mostraron credenciales con aquel notable Blue weekend (2021), un trabajo creativo donde abrazaron sonidos crudos y oscuros cargados al dream/noise pop aunque arrastrando al mismo tiempo las guitarras presentes en sus dos primeros álbumes. La crítica se rindió ante ellos y todo pareció indicar que en adelante les oiríamos moviéndose bajo los parámetros que dicho disco limitó. Pero no. Hay bandas que se rebelan a la idea de ser etiquetados e incluso a aquella "teoría del tercer disco". Esto a propósito de este The clearing, un trabajo que se aleja por completo y en todos los sentidos de su antecesor, es decir, quienes creyeron que en adelante el camino que la banda abrazaría sería el de Blue weekend, olvídenlo. Que Wolf Alice quieren demostrarnos que son lo que les da la gana ser y no piensan someterse a ningún encasillamiento. Lejos por tanto de la oscuridad de su anterior trabajo en The clearing (el título anticipa) la banda se lanza directamente hacia sonidos limpios, cristalinos, esperanzadores y bonitos. Once canciones que muestran su faceta más luminosa.

No encontramos acá por tanto pasajes sucios ni estridentes, tampoco capas de guitarras ni nada por el estilo. Todo lo contrario. Quizás la única excepción la marque el single 'Bloom baby bloom', que es un tema de pop rabioso en donde oímos a Ellie Rowsell más explosiva que nunca en los coros, sin embargo, el resto del álbum se moverá entre lugares bastante más calmos y pulcros desde la producción, abriendo con la delicadeza de 'Thorns' y ese coro maravilloso ("Debo ser una narcisista / Dios sabe que no puedo resistirlo / Hacer una canción y bailar con ella...") o continuando con la simple 'Just two girls' (que es bajo/batería/piano/voz + algún teclado en coros), esto para luego derechamente coquetear con el country en cosas como 'Learning against the wall' o 'Passenger seat' (muy Sheryl Crow desde la interpretación, quienes ronden los cuarenta entenderán a lo que me refiero), jugar con sonidos melosos en 'Bread butter tea sugar' o derechamente pasarse a baladas desnudas en 'Play it out' (esta al piano), 'Safe in the world' (bajo + batería) o 'Midninght song' (cuerdas). 

Dentro de toda esta apuesta por la sencillez existirán de todas formas momentos en donde la banda dará muestras de aquel talento que les sigue sobrando, y aquello lo han dejado para el cierre del disco. Primero con la dinámica 'White horses', que construye cuidados pasajes entre cuerdas acústicas, y luego cerrando el álbum con 'The sofa', una preciosa oda al "hacer nada" que con sus líneas emocionarían sin lugar a dudas a Cristian Castro ("Puedo estar feliz / Puedo estar triste / Puedo ser una perra cuando estoy molesta / Quiero estancarme o enamorarme / A veces solo quiero coger / Amo mi vida / Pero a veces quiero que me dejes día y noche en el sofá..."). 

Wolf Alice están jugando a confundirnos, lo cual habla bien de su versatilidad. De pronto no sabemos hacia donde irán o que esperar de ellos... y eso es bueno. En The clearing se han despojado por completo de todo aquello que empapó sus primeros tres álbumes, abriendo con esto un camino expectante para futuro. Este disco funciona (muy) bien, lo mejor de el está en su comienzo y final, en las dos primeras y dos últimas. Entre medio puede que lo que suena resulte demasiado sencillo para quienes habían enganchado con el pasado de la banda, sin embargo, la belleza está, solo hay que saber sentarse a disfrutarla en calma.

¿Canciones? ''Bloom baby bloom', 'White horses' y 'The sofa'.

7,5 /10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Wolf Alice:

sábado, 6 de diciembre de 2025

The Last Dinner Party: From The Pyre (2025)

 "Doblan la apuesta..."

El debut de estas chicas estuvo (muy) bien y generó algo de ruido, sin embargo, este cargó inevitablemente con el estigma de representar un fenómeno inflado artificialmente. No faltaron las frases tipo "tienen bombo únicamente por ser mujeres" (misoginia pura y dura, digámoslo) por lo que (supongo) la banda habrá sentido la necesidad de rápidamente salir a callar voces. No han dejado por tanto que el plato de se enfríe y ya nos han servido otro, pero ojo al dato: uno bastante más sobrecargado (aunque no en un mal sentido). Y es que si bien uno puede perfectamente observar consecuencia entre este nuevo conjunto de canciones y las que armaron aquel sólido Prelude to ecstasy (2024), se aprecia esta vez mayor inclinación hacia la pomposidad y cierta intención por complejizar un tanto la propuesta. 

Lo anterior se palpa de inmediato al darle play a algo como 'Agnus dei', una canción de pop elegante y que hasta sus tres minutos reitera la fórmula del debut, sin embargo, en su recta final apuesta por la sofisticación estructural dando una vuelta de tuerca más, metiendo un alza de intensidad e incluso incorporando un solo de guitarra (demasiado limpio eso si, por lo que queda algo al debe todo sea dicho). La canción supera los cinco minutos de duración y desde ahí plantea una novedad (en el debut todas rondaron los tres) al escapar un tantito de lo obvio, algo que volveremos a percibir más adelante en algo como 'This is a the killer speaking' (en esta la banda y Abigail Morris están más teatrales que lo habitual) y en la absolutamente barroca 'Rifle'. Antes habremos disfrutado de dos cosillas más livianas como 'Count the ways' + 'Second best', que se enfocan más bien en la riqueza melódica que caracterizó el debut de la banda. Como sea, la primera mitad de este From the pyre no decepciona e incluso se da el gusto de ir por más y salir bien parado.

La segunda parte del disco abrirá sosteniendo esta tendencia a la contundencia en materia de arreglos, encontrando un momentazo en el mantra que es 'Woman is a tree' seguida de la estridente 'I hold your anger', esto para casi en el cierre llegar a la joya oculta que contiene este disco: 'The scythe', una en donde le encuentran el punto perfecto a la fórmula entre cuerdas, un aporte de batería impecable, violines incluso y una intensidad que se sostiene a lo largo del tema. Es la mejor canción del disco sin lugar a dudas, la 'Nothing matters' de esta lista y seguramente por eso la han puesto casi en el cierre emulando lo que ocurrió con dicho single en su disco debut.

The last dinner party continúan siendo como sus portadas: una bonita oda al sobrecargo. De todo un poco sin desbalancearse demasiado hacia algún lugar especial. Lo anterior, sin embargo, no debería entenderse como una crítica negativa pues lo que han logrado en este From the pyre huele muy pero muy bien. Han tomado "las sobras del debut", aquello que no quedó y en tiempo record han doblado la apuesta. Me sigue faltando algo más de mal rollo, que la banda se queda a medio camino en ciertas canciones ('Agnus dei' o 'Rifle', claros ejemplos), a la guitarra le falta más fuerza pero bueno, que estamos apenas en un segundo disco y la sensación de que podrían ir por más está en el aire. A esperar...

¿Canciones? 'Agnus dei', 'Woman is a tree' y 'The scythe'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de The last dinner party:

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Florence + The Machine : Everybody Scream (2025)

 "Desequilibrado..."

Tras un par de álbumes iniciales cargados al pop, las melodías gloriosas, reconocibles y recordables, mensajes de superación o historias de desamor, la inglesa Florence Welch decidió dar un giro hacia los rincones más íntimos y oscuros de su sentir. Algo de esto se insinuó en el magnífico How big, how blue, how beautiful (2015) para luego profundizarse mediante el lúgubre High as hope (2018), llegando así a un punto donde de no retorno en Dance fever (2022), un trabajo en donde la música se puso al servicio del mensaje, experiencia o idea que se deseaba transmitir. Aquello vuelve a ocurrir en este Everybody scream e incluso se intensifica, dejándonos un disco que si bien alcanza cotas enormes en algunos pasajes, en general acaba perdiéndose en sí mismo a causa de su falta de gancho.  Dicho en simple: este es uno de esos álbumes que no tiene mucho sentido oír sin ir siguiendo las letras (las cuales son brillantes, todo sea dicho) pero que desde lo musical queda en deuda. Principalmente debido a la monotonía en que cae en medida que avanza. 

Yendo a las temáticas, el sexto álbum de Florence + the machine se encuentra marcado por la compleja experiencia del embarazo ectópico sufrido por la artista en 2023, lo cual le ha llevado a reflexionar profundamente respecto a su presente. Abre el disco por tanto con 'Everybody scream' refiriéndose a ella misma en tercera persona, a su alter ego sobre el escenario, y como este personaje le funciona a modo de desahogo ("Ella me lo da todo / Ya no siento dolor / Me derrumbo, me levanto / Y lo vuelvo a hacer / Porque nunca es suficiente / Me hace sentir amada / Podría venir aquí y gritar tan fuerte como quiera..."), esto para rápidamente entregar la GRAN canción del disco, la más ambiciosa claramente y también la más directa en cuanto a su mensaje: 'One of the greats'. En esta, unicamente sobre una sutil pero cruda guitarra eléctrica, Florence se refiere a lo cerca que estuvo de la muerte ("Salí arrastrándome debajo de la tierra / Con las uñas rotas y tosiendo tierra / Escupiendo canciones para que las cantes conmigo..."), realiza un recorrido por su período más oscuro ("Solo era hermosa bajo las luces / Solo así era poderosa / Me quemé a los treinta y seis...") para luego enfocarse en lo que significa ser una mujer dentro de la industria musical ("Debe ser grato ser hombre y componer música aburrida, solo porque puedes..."), esto dentro de una estructura que juega a absoluto placer con las intensidades. 

La partida es notable por tanto y las dos que suenan a continuación no destiñen en absoluto, ya sea disfrazándose de bruja y dialogando con la muerte en la críptica 'Witch dance' o subiendo la intensidad en 'Sympathy magic', probablemente el tema con mayor vocación pop en todo el álbum. El problema, sin embargo, comienza desde acá en adelante. Y no porque vengan malas canciones (la mayoría tiene lo suyo), sino porque el álbum abusa de los arreglos minimalistas en la idea de entregarle total protagonismo al relato. Se sucederán entonces sutiles cuerdas y una serie de elementos que se limitarán a preparar terreno para que las dramáticas/poéticas narrativas de Florence se desarrollen, encontrando gratos momentos en 'Perfume and milk', donde intenta reconstruirse desde el dolor ("Y estoy cambiando, convirtiéndome en algo más / Una criatura de anhelo , cuidándose solo a mi misma / Lamiendo mis heridas, refugiándome..."), o refiriéndose a asuntos más banales como el amor no correspondido en 'Buckle'. 

Podríamos afirmar que medio disco está bien, incluso muy bien. Sin embargo, la Cara B de este insiste demasiado en el concepto e incluso entrega canciones que se quedan totalmente cortas de alcance. El caso de 'Kraken' es dramático, por ejemplo, un tema que pedía a gritos mayor explosión y se queda en meras insinuaciones. Ya de la monotonía de la pasada por 'The old religion' ,'Drink deep', la acústica 'Music by men' o ese cierre insulso a cargo de 'And love', ni hablemos. El álbum caerá en un pozo por tanto en su segunda parte, del que ni siquiera los coros explosivos de 'You can have it all'  logrará salvarlo.

El que un disco presente una propuesta profunda e incluso arisca no es un problema en sí mismo. Lo complicado es cuando la complejidad de un mensaje no tiene correspondencia con la música, que es algo que acá ocurre en bastantes momentos. Everybody scream es un disco desequilibrado, de grandes momentos y otros derechamente agotadores. Una pena, que con Florence las expectativas siempre están muy arriba. Pero las cosas como son. 

¿Canciones? 'One of the greats', 'Witch dance' y 'Sympathy magic'.

6,5 / 10
Cumple y algo más...

jueves, 27 de noviembre de 2025

55 Años de... George Harrison: All Things Must Pass (1970)

 "La música como puente de sanación y liberación..."

Bendito el artista que posee la capacidad de transformar un momento y sentir en obra. En el caso de George Harrison la historia es conocida, para 1970 el "beatle tímido" venía de una década extraordinaria junto a la banda más importante de la historia de la música contemporánea, diez años increíbles que lo cambiaron todo aunque por lo mismo representaron una vorágine difícil de llevar para un hombre cuyo talento inevitablemente se vio opacado al lado figuras colosales como fueron Paul McCartney y John Lennon. Y si bien a partir de 1966 la dupla le permitió a Harrison el incorporar una que otra canción en el repertorio beatlesco, la sensación de que el guitarrista poseía un inmenso potencial se encontraba en el aire. Sin embargo, quien debía creerse el cuento primero era el mismísimo Harrison y de aquello va el fascinante viaje que propone All things must pass (el título anticipa...), una extensa colección de canciones que le permitieron al guitarrista encontrar suficiente confianza en sí mismo como para cerrar definitivamente su capítulo junto a The beatles.

Yendo a la música, All things must pass es (evidentemente) un disco de guitarras pero también uno que goza de una sensibilidad tremendamente particular, la cual desborda en todo momento. Está compuesto por canciones que Harrison fue acumulando desde 1966, las cuales a comienzos de 1970 decidió mostrar a Phil Spector en la idea de que este le ayudase con la producción del que vendría a ser su tercer álbum en solitario. Los dos anteriores eso si fueron meras experimentaciones, por lo que este sería el primero con que buscaría acercarse con fuerza al mainstream, de hecho, el disco contiene el que acabaría por ser su mayor éxito en términos comerciales, el single 'My sweet lord', una bonita plegaria en tono góspel que daría muestras de la arista más creyente del vocalista (una que estuvo muy presente a lo largo de su carrera) y que destaca en cuanto a arreglos debido a esa serena calma que entregan sus cuerdas acústicas sumado a ese característico e inmortal slide eléctrico. Es una canción de pop sencillamente brillante y que, todo sea dicho, en cierto modo acabó injustamente opacando a nivel popular la belleza y contundencia del resto del disco. 

Sin ir muy lejos, previo a la mencionada el álbum habrá abierto con la delicada 'I'd have you anytime', una preciosa declaración de amor y entrega que funciona debido a la desnudez que transmite, sensación que volverá a aparecer en distintos pasajes del álbum. Ocurre en el extraordinario lamento de 'Isn't it a pity', donde Harrison reflexiona sentidamente respecto al daño que somos capaces de causar los seres humanos (como cosa curiosa aparecerá dos veces en el disco, primero en una extensa versión de siete minutos que se carga a los vientos, luego en formato más breve y sobrio en cuanto a arreglos), en las cuerdas de 'Run of the mill', desde la absoluta calma en 'If not for you' (escrita por su amigo Bob Dylan) o abriendo la segunda parte del álbum mediante la hermosa 'Beware of darkness', dueña de una melodía que impresiona por su intensidad. Una de esas canciones que logra demasiado con aparentemente pocos recursos. 


Dicho todo lo anterior, donde reside el principal mérito del trabajo está en la diversidad que presenta pues así como existen momentos delicados que transmiten desde la melancolía, habrán otros en donde las atmósferas serán absolutamente festivas y optimistas, acercándose al rock de guitarras en la juguetona 'Wah-wah', en 'Awaiting on you all' o 'Art of dying', nuevamente entregándose al amor en 'What is life' o en la bonita 'Apple scruffs'. Por cierto, muchas de estas estarán cargadas a la sobre producción (sello característico de Phil Spector), sin embargo, esto no alcanza a molestar y más bien entrega una identidad marcada a las canciones. Ejemplo claro de esto es la preciosa 'Let it down', una donde los arreglos potencian efectivamente el resultado y entregan contundencia, lo mismo con la notable 'All things must pass', que si bien se sabe fue compuesta años atrás e incluso pudo ser un tema de The beatles, encontró acá su lugar perfecto bajo la idea de que "todas las cosas deben pasar". Finalmente y como cosa curiosa cabe mencionar que el disco en su versión original incluía un LP extra titulado Apple jam, el cual contenía una serie de improvisaciones instrumentales que Harrison simplemente se dio el gusto de meter acá. Todo un arranque de libertad y confianza.

All things must pass fue en aquel 1970 la prueba palpable de que no habría más The beatles, que George Harrison se encontraba ya en otro camino y había encontrado en la música un puente para su sanación y liberación, digamos, el coraje para volar con alas propias. A más de cincuenta años de distancia tocaba el realizarle un homenaje a esta maravilla rebosante en melodías gloriosas, un trabajo que no solo acabaría por ser el mejor álbum del guitarrista si no que incluso sería el mejor disco en solitario compuesto por un ex beatle. Y si, que las comparaciones son odiosas pero verdad sea dicha: nunca Lennon ni McCartney lograron entregar un trabajo de este nivel. Queda escrito. 

¿Canciones? 'I'd have you anytime', 'My sweet lord', 'Beware of darkness' y 'Let it down'.

10/10
Disco perfecto.

Otras reseñas de George Harrison:
1970: Let it be (The beatles)

sábado, 15 de noviembre de 2025

30 Años De... Ozzy Osbourne: Ozzmosis (1995)

 "De aquí a la eternidad..."

Conocido es como el fin de los ochenta dejó fuera de juego a muchos. El éxito del grunge puso en boga los sonidos oscuros, dolorosos y personales, desprolijos incluso desde la ejecución, por lo que todo aquello ligado al glam metal quedó relegado prácticamente al olvido con la excepción honrosa excepción de Guns n' roses, Aerosmith o Bon Jovi, los únicos que pudieron resistir el huracán sin necesariamente transformarse. En dicho sentido Ozzy Osbourne era uno que había que ver si lograba sobrevivir y algo de ello se pudo percibir en un álbum como No more tears (1991), donde el vocalista incorporó un peso mayor respecto a anteriores trabajos, sin embargo, para 1995 no había total claridad respecto a si el vocalista lograría definitivamente perdurar o morir en el intento. Y bueno, Ozzmosis fue el disco que definitivamente respondió a dicho dilema, un trabajo de sonido característico con el que Ozzy Osbourne logró lo que muchos añoran: conectar con las nuevas generaciones. 

Para lo anterior el inglés tomó una serie de buenas decisiones: colaboró en producción con Michael Beinhorn, quien venía de trabajar junto a Soundgarden en el exitoso Superunnown (1994), pero también armó una banda de alto tonelaje junto a Zakk Wylde en guitarras una vez más (absoluto protagonista del disco) y Deen Castronovo en batería.  La intención era evidente, había que generar un sonido oscuro pero donde Ozzy no sacrificase su esencia, que siguiese sonando a él. Y aquello se logró. De ahí que en las canciones de este Ozzmosis predominen riffs pesadísimos puesto en el contexto de temas perfectamente reconocibles donde la mano sensible/melódica de Osbourne se identifica con total claridad. 

Para muestra, la Cara A del disco. Cinco canciones absolutamente incontestables (y si me apuran, seis), abriendo con todo un neoclásico como 'Perry Mason' y esa fanfarria de teclados (mejor partida imposible) que da paso a una canción marcada por su peso y un trabajo de intensidad enorme por parte del vocalista. Increíble por cierto el recordar que esto en su momento fue un hitazo que te encontrabas en el dial a las dos de la tarde en cualquier radio en aquel 1995. Emociona el solo recordarlo y mirado a treinta años de distancia cuesta creer el que existió un tiempo donde esto era lo que llegaba a oídos de adolescentes. En fin, volviendo al disco, el asunto no quedará ahí y la lista continuará con una seguidilla de canciones en donde cualquiera pudo ser single e inmediato éxito, bajando las revoluciones y yendo hacia momentos particularmente sensibles en 'I just want you', 'Ghost behind my eyes' o la maravillosa 'See you on the other side', esta última con participación del mítico Lemmy Kilmister en composición, a quien Ozzy le pidió ayuda considerando que ya había colaborado en el clásico 'Mama, I'm coming home'. A las anteriores se sumarán canciones que retomarán la veta más dura del álbum como 'Thunder underground', 'Denial' o la extensa 'My jekyll doesn't hide', esto para finalmente complementar con dos baladas: 'My little man' y 'Old L.A tonight', donde el vocalista vuelve a mostrar su faceta más sensible y reflexiva. 

Mirado a treinta años de distancia Ozzmosis aparece como un álbum realmente especial en la carrara de Ozzy Osbourne. Efectivamente el disco abrió los oídos de muchos adolescentes de aquella época (me incluyo) mediante un conjunto que (esta vez si) lograba sonar "noventero", un trabajo oscuro centrado en sus guitarras pero que también equilibraba dicha búsqueda con momentos tremendamente emocionales. El disco es también significativo dado que el vocalista nunca más en su carrera fue capaz de generar (con su música en solitario) algún fenómeno dentro del mainstream. En 1997 publicaría el compilado The ozzman cometh (que incluyó el subvalorado single 'Back to earth', vaya temazo...) y recién en 2001 llegaría un genérico Down to earth como sucesor de estudio. La sensación que queda por tanto es que el vocalista no pudo darle a este buen momento la continuidad que merecía, idea que se refuerza cuando recordamos que lo siguiente realmente significativo en su carrera fue la exposición junto a su familia en el reality show "The Osbournes", lo cual vuelve a este Ozzmosis una pieza arqueológica aún más interesante de volver a revivir, sin embargo, la tarea ya estaba hecha y aquello el inglés se lo debió a este, su último GRAN álbum.

¿Canciones? 'Perry Mason', 'I just want you' y 'See you on the other side'.