CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Mirado a distancia, un disco como A light for attracting attention (2022) habría funcionado sin problemas dentro de la discografía de Radiohead, digamos, como una consecución relativamente lógica para A moon shaped pool (2016). Ahí quedaron registrados los aires etéreos de 'The same', las guitarras de 'You will never work in television again' o la emocionalidad a flor de piel de 'Free in the knowledge' como pruebas tangibles de lo que afirmo. Desde entonces, sin embargo, lo cierto es que la dupla Greenwood + Yorke se ha mantenido activa en nuevas búsquedas, en un evidente intento por no estancarse en cierto tipo de canción o repetir constantemente el plato (que seguro sería el camino más fácil de tomar a estas alturas), al punto de que en este más reciente Cutoutspareciesen renegar de las melodías atractivas o las guitarras (de distorsión ni hablar) para más bien centrarse en sus atmósferas, ariscas y pesadas por lo general.
El álbum llega a menos de un año de la publicación de Wall of eyes por lo que se plantea como un trabajo de descartes, aunque cuenta con suficiente vida propia como para ser tomado bastante en serio, oscilando entre momentos hipnóticos que van con fuerza a los teclados en 'Foreign spies' (fabulosa con toda su onda introductoria), 'Colours fly' o 'Don't get me started' (esta con un notable trabajo instrumental e inmersivo), sacando la guitarra acústica en 'Instant psalm' o 'Bodies laughing', recurriendo a arreglos orquestales en 'Tip toe', acercándose (solo acercándose) al rock en las aceleraciones de 'Zero sum', 'Eyes & mouth' o 'No words' (una lástima lo limitado de voz que va Thom Yorke en todas estas pues no logra sacar todo el provecho a los temas), o entregándole protagonismo a la batería de Tom Skinner en 'The slip'.
El disco se plantea como un viaje inmersivo que por instantes (y guardando las proporciones) puede acercarse a la propuesta del mítico Kid A (2000), pero sin el tino melódico de aquella obra maestra y también con un punto de diversidad mayor. Es interesante por tanto lo que The smile continúan haciendo, mirando siempre hacia adelante y con la valentía/grandeza de quien responde únicamente a estándares propios. Para bien y para mal, no realizan concesiones frente a la nostalgia.
¿Canciones? 'Foreign spies' y 'Don't get me started' .
El éxito suele ser una puta ingrata. En 2007 Radiohead editaba un fantástico In rainbows y medio mundo volvía a rendirse frente a los ingleses. Se consagraban además como una de las bandas más creativas e influyentes de las últimas dos décadas (si es que no la más). Sin embargo, bastó una caída para que muchos todos dudase(mos) de sus capacidades. Aquella llegó en 2011, año en que la banda editó el confuso The king of limbs, ¡que no es un mal disco! pero si uno en donde costó percibir a la banda y más bien pareció ser un capricho musical de Thom Yorke. De hecho, no tuvimos gira promocional del trabajo y a poco andar cada integrante acabó concentrándose en sus respectivos proyectos personales, poniendo a Radiohead en el congelador por un largo tiempo, cinco años de hecho.
La edición de A moon shaped pool aparecía entonces, en la previa, como un hito importante en la carrera de la banda. Y es que no la tenían nada de fácil. Cuesta en la historia de la música contemporánea encontrar otra banda con una discografía a cuestas tan potente como la que ostenta Radiohead, que me perdonen la comparación pero solamente el ejemplo de The Beatles se me hace en ese sentido similar. Por ende, y sobretodo considerando los antecedentes previos, las dudas se respiraban en el aire: ¿Serían capaces a estas alturas de editar un disco que volviese a re ubicarlos a la vanguardia del resto o al menos cumplir con el estar al nivel de su inmensa discografía?
La respuesta vive entre nosotros desde hace unas semanas, once canciones que en poco más de cincuenta minutos llegan para contestar cualquier tipo de incertidumbre y lo más increíble es que los de Thom Yorke vuelven a hacerlo siendo fieles a sus formas, es decir, sin entregar concesiones. A moon shaped pool es entonces, ni más ni menos, la hermosa demostración de vida de Radiohead.
Pero pasemos a la música, que es lo único realmente importante acá. El álbum abre con 'Burn the witch', probablemente la canción más insólita de este, la única que desencaja un tanto con los ambientes melancólicos que abundan en el disco. En 'Burn the witch' de inmediato percibimos la presencia de la banda en materia de arreglos (gloriosos los vientos que adornan el tema), además de una estructura 'single' bastante tradicional que perfectamente podría haber encajado dentro de un álbum como Hail to the thief (2003). La partida es sólida, por lo que cuando comienza a sonar el melancólico piano de Thom Yorke, protagonista en 'Daydreaming', resulta inevitable el creer que el asunto desencajará. Sin embargo, la dolorosa balada convence y conmueve, no tendrá la intensidad de un 'You and whose army' , 'Fake plastic trees' o 'Piramid song', pero en lo suyo 'Daydreaming' absorbe con armas propias.
El primer momentazo del álbum llega con 'Decks dark', una canción que jamás sube y que se mueve todo el tiempo sobre tiempos y ambientes muy calmos pero que, sin embargo, gracias al exquisito complemento instrumental que la banda regala acaba maravillando (escucharla con unos buenos audífonos es un placer al oído). Otras que en materia de arreglos no se quedan aunque funcionan en lineas más intensas son 'Ful stop' e 'Identikit', la primera es pura dinámica creciente (inevitable la asociación con la ya clásica 'Idioteque') mientras que la segunda debe ser la única del álbum en donde la guitarra de Johnny Greenwood adopta protagonismo. Entre estas dos y a manera de puente sonaran 'Desert island disk' y 'Glass eyes', preciosas baladas que danzan con calma sobre guitarras acústicas y pianos.
A estas alturas del partido, entrando en la recta final del álbum sobra comentar que este ya ha convencido y no tan solo eso, sino que lo ha hecho sin ripios ni puntos medianamente bajos. Estas positivas sensaciones se confirman con toda la pasada final, acá 'The numbers' conmueve con sus soberbios arreglos orquestales, 'Present tense' recuerda en un inicio los tonos acústicos de 'Faust arp' (una del In rainbows) pero luego con la banda en pleno entrando al tema todo acaba de encajar, 'Tinker Tailor soldier sailor rich man poor man beggar man thief' es absoluta tranquilidad (nuevamente el trabajo de orquesta es notable) mientras que el cierre llegará con una nueva versión de 'True love wait', una canción muy antigua de Radiohead, que incluso fue editada en un vivo de 2001 pero que acá es recuperada con arreglos de piano + una sentida interpretación de Yorke, quien sabemos acaba de terminar una relación de años, lo cual evidentemente ha influenciado el doloroso tono que en general predomina en el álbum.
Por sobre cualquier concepto me parece que A moon shaped pool, el noveno disco de estudio de Radiohead, es un trabajo hermoso. Probablemente en el canción a canción cueste encontrar alguna que destaque particularmente sobre el resto pero, sin embargo, en el global el álbum es fabuloso, arreglado de manera impecable por una banda que vuelve a demostrar su categoría dentro de la escena actual. Como para que no queden dudas al respecto.
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