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domingo, 23 de febrero de 2025

Bad Bunny: Debí Tirar Más Fotos (2025)

 "Enriquece su discografía..."

El cáncer de los cantantes de reggaetón o posterior "música urbana" (como decidió llamarle el mercado) es que no tienen ambiciones musicales. Su objetivo es la fama, el dinero, los autos y las minas. Por eso no perduran. La prueba es que incluso aquellos más icónicos no han sido capaces de sobrevivir al éxito. Pasa uno y llega otro. Duran lo que dura un chicle. 

La reflexión anterior a propósito de Bad Bunny, quien abre su más reciente disco homenajeando a El gran combo de Puerto Rico y su hitazo de 1975  'Un verano en Nueva York'. Luego meterá su onda y esas líneas fanfarronas tan marca de la casa a estas alturas ("Porque pasan los años y sigo dando el palo / Vendiendo discos como cuadros de Frida Kahlo..."). El resultado, sin embargo, es fantástico, tres minutos (que se nos hacen nada, quisiéramos fueran cinco al menos) que introducen a la perfección ese ir y venir de un álbum que transmite la sensación de estar frente a un artista que (ahora si que si) hace lo que le da la gana, que ha encontrado un nombre, una identidad y se encuentra a otro nivel respecto a cualquiera de sus pares. Un tipo que ha entendido que para trascender (de verdad) debe aspirar a romper sus propios límites y ambicionar en serio el salir de ellos. Porque Bad Bunny podría haberse quedado en YHLOMDLG (2020) y sus millones de reproducciones, darse vuelta en esos temas simplones y morir ahí. Sin embargo, ha decidido el ir por más. Bravo por eso.

No por nada a la mencionada 'NuevaYol' le seguirá una cosa tan adictiva y divertida como 'Voy a llevarte pa PR'. Acá todo está bien pensado, en Debí tirar más fotos el vocalista se mueve a placer, encontrándose y conectando con sus raíces puertorriqueñas pero también haciendo el puente con su presente e impronta. 

Por eso nos regala la hermosa 'Baile inolvidable', una de esas salsas que ya no se hacen y te retrotraen a cuarenta años atrás, invita a una banda local y desconocida como Chiwi en 'Weltita', apunta a un sonido desnudo y orgánico en 'Café con ron' o le entrega tanto énfasis a las percusiones en 'Pitorro de coco'. Todos estos pasajes llegan para enriquecer la discografía del vocalista, sin embargo, este no se olvidará de quien es e intercalará su presente mediante esas miradas tan propias y descarnadas que suele entregar del desamor, abriendo de manera magnífica una columna vertebral del disco mediante 'El club' ("Qué estará haciendo mi ex? / ¿Será que ya me superó? ¿Y le va bien? / Mientras que yo borracho pienso...") y continuando con 'Ketu tecré' + 'Bokete' + 'Kloufrens' + 'Turista', instaladas estas en el nudo del álbum previo a una recta final que retomará la diversidad, ya sea nuevamente yendo al minimalismo en la política (Has leído bien, ¿Bad Bunny hablando de política? Pues si) 'Lo que le pasó a Hawaii' ("Quieren quitarme el río y también la playa / Quieren al barrio mío y que tus hijos de vayan..."), al perreo más elemental en la electrónica 'EoO' o acertando de lleno mediante el hitazo que es 'Dtmf', otra que equilibra a la perfección la conexión con sus raíces ("Hoy voy a estar con mi abuelo to el día, jugando dominó / Si me pregunta si aún pienso en ti, le digo que no") con un coro magnífico marcado por el arrepentimiento y la nostalgia ("Debí tirar más fotos de cuando te tuve / Debí darte más besos y abrazos las veces que pude...").

Curiosamente los momentos musicales más débiles del disco serán aquellos donde colabora con otros artistas y suelta protagonismo, ocurre en 'Perfumito nuevo' o 'Veldá', dos que perfectamente podrían no estar acá y nadie las extrañaría. También es cierto que por segundos a Bad Bunny el personaje lo desborda y se pone en modo Residente a hablarle a "su gente", rozando el exceso de sentimentalismo, sin embargo, nada de esto le resta demasiado a un álbum con que el vocalista se ha detenido para mostrarle al mundo de donde viene y de qué está hecho. El resultado le ha quedado notable, un disco que es aporte a la escena y se anota desde ya como uno de los buenos discos que nos habrá dejado 2025.

¿Canciones? 'Voy a llevarte pa PR', 'Baile inolvidable' , 'Lo que le pasó a Hawaii' y 'Dtmf'.

8,5 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Bad Bunny:

jueves, 18 de abril de 2024

Residente: Las Letras Ya No Importan (2024)

"Una vorágine que viaja desde amor al dolor..."

Considerando las expectativas, el debut de Residente en 2017 estuvo bastante bien. Al menos atractivo desde lo musical gracias a todas esa diversidad de influencias que el puertorriqueño intentó desplegar. Sin embargo, verdad sea dicha: tampoco es que el álbum haya dejado demasiada huella. Y parece ser que en esa búsqueda se ha lanzado René Pérez Joglar en este, su nuevo y extenso álbum (son veintitrés canciones en más de hora y media de música), uno que desde su título decide ir al choque y rebelarse ante el presente vacío que el vocalista denuncia. ¿Qué las letras ya no importan? Pues entonces lanzo un disco en donde las letras lo son todo, en forma y fondo. Su herramienta será la de siempre, los versos y el hip hop pues el puertorriqueño rapea tupido y parejo a lo largo del trabajo sobre el sonido que se le plante por delante, ayudándose para esto de una multiplicidad de artistas, todos provenientes de mundos diferentes, armando por tanto una paleta de colores bastante amplia y multicolor. 

Yendo a la lista de canciones, esta contará con una singularidad: comenzará y cerrará abriendo el pecho, lo cual conceptualmente hace sentido pues tanto la partida a cargo de '313' como el cierre con 'René' parecen ser momentos en donde el personaje bravucón y ego maniaco se saca la careta para mostrarse realmente desnudo ante nosotros, yendo desde el amor al dolor, desde la reflexión existencial ("Ni la grandeza de una piedra gigante se detiene / Porque el mundo en el que vive se mueve al rededor de ella / Por eso hay que morir para que otros nazcan / Para que nada se detenga..." - introduce Penélope Cruz en '313') hasta el relato de su historia desde el fracaso ("Cuando caigo en depresión mis problemas se los cuento a la ventana del avión / El estrés me tiene enfermo / Hace diez años que no duermo..." - afirma en 'René'). ¿Y entre medio de estas dos? Pues la vorágine. Yendo al choque en 'El malestar en la cultura', volando altísimo rapeando sobre cuerdas en 'Yo no se pero sé' junto a los sevillanos de SFDK, realizando un fantástico duelo en velocidad con Busta Rhymes en 'Cerebro' o Big Daddy Kane en 'Estilo libre', metiendo política en la brillante y oriental 'Bajo los escombros', 'This is not America' (una que ya conocíamos de años anteriores) o la notable 'En talla', donde enlaza a la perfección la calle puertorriqueña con la cubana en compañía de Al2 El aldeano.  

A todos estos momentos densos se le sumarán cosas más livianas como el corrido 'Pólvora de ayer' o la divertida 'Quiero ser baladista', que cuenta con las líneas más básicas en todo el disco pero se salva gracias a la parodia de balada que el mismísimo Ricky Martin ayuda a construir ("Quiero querer, quererte, queriéndote..." - cantan ambos), así como experimentos realmente curiosos e interesantes como el desarrollado en 'Las letras ya no importan', limitando toda la canción a enumerar cifras desde el uno hasta el ocho, y verdad sea dicha: si el álbum se hubiese quedado ahí limitando el asunto a unas doce a quince canciones, probablemente estaríamos hablando de uno de los discos más geniales del año, sin embargo, en el afán de meterlo todo y disparar a mil lugares distintos Residente ha decidido ir aún más lejos y claro, se pasa varios pueblos metiéndonos jugarretas demasiado básicas como 'Jerga platanera' o 'Problema cabrón', reggaetón bastante cliché en 'Que fluya' o 'Sin lú', entre rimas que dan vergüenza ajena ("Mira esas nalgas de santuario / Aplaudiendo como foca en el acuario..."), las cuales entorpecen el trámite innecesariamente, logrando que lleguemos a la recta final del disco bastante agotados por lo que otro experimento como 'Artificial inteligente' resulte ser un tedio más que otra cosa. 

Pues lo dicho. Residente nos acaba de encajar un trabajo que lo reivindica por completo, consigo mismo y el público. Lamentablemente el vocalista continúa en ocasiones tropezando con su ego, cantándose a si mismo una y otra vez entre temas que se entorpecen entre si debido a lo redundante que suenan ('Ron en el piso' y 'Desde la servilleta', claros ejemplos) o estirando un disco con canciones de relleno que eran innecesarias. Ahora, con todos sus problemas, Las letras ya no importan encuentra en varios momentos al Residente más creativo y valiente que hemos oído en toda su carrera, uno al que yo al menos quisiera seguir escuchando. 

¿Canciones? 'Yo no sé pero sé', 'Bajo los escombros', 'En talla' y 'Estilo libre'.

8/10
Excelente.


Otras reseñas de Residente:

viernes, 16 de septiembre de 2022

Bad Bunny: Un Verano Sin Ti (2022)

 "(Algo) Más que unos cuantos hits..."

No me las voy a dar de experto acá en reggaetón y menos en Bad Bunny. Es más, sinceremos desde ya: no he escuchado sus singles, a excepción de 'Callaita' no me suena ninguna de sus canciones y menos he oído sus discos, de hecho, este es el primero al que le doy play. Sin embargo, considerando que este mismísimo blog existe como una invitación para que quienes lo revisen rompan las fronteras que marcan los estereotipos y/o géneros, mínimo que yo diese el ejemplo, y bueno, acá estoy. El caso es que desde hace unos meses le he ido dando pasadas a Un verano sin ti,  ¿Y con que me he encontrado? Primero, con un buen puñado de hits, y luego con un conjunto suficientemente diverso como para sostenerse durante parte importante de su trámite, a pesar de su extensa, y digámoslo, innecesaria duración. De esta manera, en una lógica muy actual, Un verano sin ti se presenta como una especie de playlist veraniego dispuesto a calentar tu noche, con momentos bailables, otros de reggaetón genérico, algunos experimentos e incluso baladas. Eso si, todo marcado por un elemento transversal que empapa el disco completo: relaciones amorosas y/o sexuales, estables o casuales. 

En ese sentido, Un verano sin ti pese a lanzar una que otra línea subida de tono de vez en cuando ("Te pongo en cuatro, te pones en cuatro, ponte en cuatro", y todas las conjugaciones del cuatro básicamente), no deja de ser un álbum tremendamente conservador desde lo temático, un disco que busca vender donde siempre se ha intentado vender en la historia de la música, colocando el foco durante ochenta minutos en la relación entre Bad Bunny, el amor y las mujeres. 

Sin embargo, dicha monotonía temática se contra pone con el buen humor y ligereza con que se trata el asunto, con algunas canciones realmente divertidas y cuyas líneas logran que te la pases riendo, lo cual suma. Ocurre en 'Tarot', por ejemplo, que desde lo musical es un tema muy tradicional pero cuyos versos divertidos enganchan ("Si subiste una story es pa' que te lo comenten / Si te mando un fueguito es que me tienes caliente..."), lo mismo con 'Aguacero' ("To'os dicen que ese culo lo hizo el cirujano pero fue diosito con sus propias manos..."). Incluso en esos momentos en donde Bad Bunny suena más llorón y dramático que nunca es cuando más divertido y contagioso precisamente se le oye, pasa en 'Un ratito' ("Pa' mi que nací pa estal solo / No hay una loca pa' este loco...") y también en 'Un verano sin ti' ("Sorry pol sel yo y no ser el hombre que tu merecías..."). 

Luego, dejando lo lírico de lado, en lo musical el álbum propone algunos matices y eso hay que dárselo. Al menos por un rato se aprecia la intención de no agotar con las mismas fórmulas (sobre todo en la primera mitad), abriendo de manera impecable y con mucha simpatía en 'Moscow mule' ("Guasá sin el retrato, no gualda mi contacto..."), para luego complementar con canciones dispuestas a ser hitazos contagiosos como 'Me porto bonito' o 'Titi me preguntó', sin embargo, entre estas sonará el bicho raro 'Después de la playa', que abre muy tradicional para al minuto transformarse en un merengue, el bossa nova acústico 'Yo no soy celoso' , los elementos electrónicos de 'Neverita' o 'El apagón', el pop de 'Otro atardecer', el romanticismo reggae de 'Me fui de vacaciones', así como la sabrosa 'Enséñame a bailar', de lo mejor en todo el disco. 

De esta manera, el disco durante 3/4 de su trámite encuentra un buen equilibrio entre temas divertidos, hits gancheros, una que otra balada dramática y propuestas musicales diversas, al punto de que quizás con quince minutos menos habría lucido mucho más redondo, sin embargo, en la segunda mitad suenan varias canciones de un reggaetón genérico a más no poder, y si bien 'La corriente' pese a lo típica se sostiene bastante bien (gracias a lo vieja escuela de su sonido), cosas como 'Efecto', 'Party' (esta es espantosa), 'Un coco' o 'Agosto' derechamente aburren y lucen totalmente innecesarias. 

De todas maneras, el saldo es más que positivo. No vamos a decir que Bad Bunny se gradúa de gran músico con Un verano sin ti, lo del tipo es divertir y ya. Pero en ese camino hay que darle el haber construido un disco que aspira a ser bastante más que unos cuantos hits.

¿Canciones? 'Moscow mule', 'Un ratito' y 'Enséñame a bailar'.

7/10
Muy bueno

viernes, 19 de mayo de 2017

Residente : Residente (2017)

"Recupera frescura..."

La salida de este, el primer álbum en solitario de René Pérez (a.k.a Residente), me vino bien. Me obligó (?) a recordar los viejos álbumes de Calle 13, que se yo, Residente o visitante (2007) y Los de atrás vienen conmigo (2008), dos discos tan divertidos como irreverentes y que hace mucho no disfrutaba. Ahora, el tiempo (y el éxito, digámoslo) fue desgastando a Calle 13, a la banda y sobretodo al personaje construido por René, esto comenzó a vislumbrarse en Entren los que quieran (2010) pero se percibió con fuerza en el pésimo Multi viral (2014), un álbum que fuera de evidenciar falta de ideas (¡tomarse cuatro años para un disco tan malo!) también llegó para probar aquello de que el peor enemigo de todo ser humano siempre fue y será su propio ego. El caso es que poco de Calle 13 se percibió en aquel Multi viral, y si mucho de René Pérez, de ahí que no sorprendiese en absoluto la noticia de que la banda se acababa y el siguiente paso sería efectivamente el oír al vocalista en solitario. Sin embargo, para sorpresa de sus detractores, el homónimo debut de Residente está lejos de ser el desastre que algunos podrían haber esperado...

El disco abre con la breve 'Intro ADN / DNA' seguida de 'Somos anormales', en estas el artista reflexiona respecto a su descendencia y celebra la diferencia entre los seres humanos, y si bien los temas suenan divertidos musicalmente no hay anda acá demasiado singular. Es con 'Interludio entre montañas siberianas' y los interesantes sonidos orientales de 'Una leyenda china' donde comenzamos a ver los frutos del viaje que René emprendió por el mundo previo a la edición del disco (el tipo anduvo por África, Asia y Europa buscando inspiración), esto se complementará con otro interludio ('Haruna Fati') y 'Dagombas en Tamale', cuyo sonido tribal se complementa de buena forma con una letra que celebra la escasez y austeridad de los pueblos del mundo. 

La dulzura de la romántica 'Desencuentro' abre la segunda parte del álbum y acierta colaborando con la actriz y cantante francesa Soko pero el tono combativo se retomará en 'Guerra', que pese ser un auto plagio de muchas canciones de Calle 13, funciona y suena fresca gracias a los elementos folclóricos con que cuenta. Lo interesante es que a estas altura vamos en el octavo tema y, cosa curiosa, seguimos ahí disfrutando del experimento, el cual incluso vive sus mejores momentos con la notable 'Apocalíptico', otra donde el vocalista cede protagonismo a voces femeninas y en materia instrumental equilibra electrónica con tribales acertando totalmente. 

En la recta final el disco vivirá un pequeño bache con 'La sombra' y 'Milo', que no están mal pero nuevamente recurren al auto plagio con fraseos populistas que parecen sacados de cualquiera de los dos últimos álbumes de Calle 13 ("Somos las sombras que no tienen cara / Somos las sombras de los que no tienen nombre / Somos todo lo que la luz no te cuenta / Somos todo lo que la luz esconde...") para luego recuperar la frescura con el tema más divertido del álbum, 'El futuro es nuestro' y la reflexión en la excelente 'Hijos del cañaveral'.

En definitiva, Residente entrega un trabajo cargado de influencias folclóricas asiáticas/africanas, todas bien cohesionadas y que logran entregarle frescura a un personaje que venía bastante desgastado. El experimento se agradece y en general se disfruta, aunque claro, de todas formas el vocalista tropieza durante algunos momentos consigo mismo, recurriendo al populismo y al auto plagio.

7/10
Muy bueno.


Otras reseñas de Calle 13:

lunes, 24 de marzo de 2014

Calle 13: Multi Viral (2014)

Salgan los que quieran 

Desde que conocí a Calle 13 me resultaron una agrupación atractiva. Recuerdo que era ¿2007? cuando "La cumbia de los aburridos" llegó a mis oídos, la divertida irreverencia de un álbum como Residente o visitante enganchó de inmediato conmigo y las buenas sensaciones se confirmaron con la edición del entretenido Los de atrás vienen conmigo (2008), un disco que utilizaba el reggaeton como excusa para meter contenido e incluso se daba maña para salirse del estilo en excelentes colaboraciones junto a los enormes Café Tacuba o el gran Rubén Bladés. Aquellas insinuaciones de crecimiento y madurez explotaron en 2010 con Entren los que quieran, un buen álbum con el que el dúo proveniente de Puerto Rico daba por terminada su relación con el fenómeno reggaeton y giraba su sonido hacia el rock y el rap, desarrollando al mismo tiempo un tono combativo con vocación social que hablaba de hacer "reventar el sistema desde adentro" (nada muy original, hay que decirlo). Entren los que quieran estuvo bien, sin embargo, el perfumillo a populismo por momentos se tornaba algo insoportable ("Calma pueblo que acá estoy yo / Lo que no dicen lo digo yo / Porque yo soy como tu y tu eres como yo") aunque el disco de todas maneras encontraba momentos fabulosos en "La vuelta al mundo", "La bala" y "Latinoamerica", probablemente las tres mejores canciones de la carrera de Calle 13.

Con permiso de quienes leen voy a copiar y pegar lo que escribí de aquel disco casi cuatro años atrás: "Me parece que Entren los que quieran debería marcar el fin de una etapa para Calle 13. Y es que se aprecia la clara evolución dentro del sonido de la banda, la cual terminó desembocando en este buen trabajo, sin embargo seguir repitiéndose en esto mismo creo que sería fatal para la agrupación, espero por tanto que se tomen un tiempo para pensar bien el siguiente paso".

Y bueno, cuatro años de silencio hablan de que efectivamente el dúo se tomó su tiempo para dar el siguiente paso, el problema es que no se si por razones comerciales o quizás mera falta de creatividad (o quizás un poco de ambas cosas), Multi Viral ha terminado siendo una clara continuación de lo realizado en Entren los que quieran por lo que la banda suena atrapada en un callejón sin salida bastante poco atractivo para los "no fans". 

Cuando un disco no presenta evolución alguna debe sostenerse únicamente en la calidad de sus canciones y acá aquello es lo que precisamente escasea. Salvo la dulce colaboración junto a Silvio Rodríguez en "Ojos de color", el acelerado rap de "Adentro" y el cierre folclórico a cargo de "Así de grandes son las ideas", acá no hay nada que suene particularmente atractivo. El álbum no es divertido ni tampoco cuenta con un discurso interesante por lo que tema a tema se cae a pedazos como un producto vacío que parece haber sido editado solamente con fines comerciales. Nos encotramos acá con los mismos fraseos de discos anteriores, las mismas reiterativas ideas (el populismo en tono de víctima sigue en mode on), se mantienen los discursos combativos lanzados con ventilador ("El aguante") pero que suenan tan repetitivos como, insisto, vacíos. 

Multi Viral es un disco básicamente poco creativo. El álbum de todas maneras me imagino que caerá bien entre a fanaticada adolescente que gustó de Entren los que quieran, sin embargo en lo personal lamento el evidente estancamiento de una banda que alguna vez brilló precisamente por haber sido capaces de romper, en base a la creatividad, sus propios límites. 

2 / 5
Malo


Otras reseñas de CALLE 13:

sábado, 12 de marzo de 2011

Calle 13: Entren los que quieran (2010)


La evolución tanto musical como lírica que ha vivido Calle 13 ha sido singular. No cabe duda de que salvo contadas excepciones tales como "La cumbia de los aburridos" (buuu!) o "Llégale a mi guarida", sus primeros trabajos sostenían una clara influencia de todo el fenómeno del reggaeton, sin embargo con el correr de los años ha sido la misma agrupación la que se ha encargado de romper relaciones el estilo y llevar su sonido hacia otras estaciones. De igual manera las letras se han moderado, dando paso a un discurso de mayor contenido contestatario y de crítica social. Aquella mutación temática la pudimos observar ya de manera clara en su tercer disco , Los de atrás vienen conmigo (2008), pero la hemos visto reventar definitivamente en su más reciente trabajo, el cual paso a comentar el día de hoy.


Si tuviese que definir en una linea este disco me la jugaría diciendo que Entren los que quieran es el trabajo más maduro en la carrera de Calle 13. Tanto en lo temático como en la musical la banda claramente ha afinado la puntería, entregándonos esta vez un álbum sólido y claro en sus intenciones en donde al menos 8 de sus 11 canciones se mueven en un nivel más que aceptable, encontrando incluso algunos de los momentos más altos de la carrera de la agrupación.

La primera mitad del disco crece en medida que suena encontrando un excelente nivel a eso del séptimo tema. Da la partida con el rock contestatario de "Calma pueblo" seguida del ritmo caliente de "Baile de los pobres", hasta acá podríamos decir que el disco aún no prende demasiado pero es con la hermosa "La vuelta al mundo" en donde ya este álbum muestra un matiz completamente distinto a lo que la banda había trabajado en el pasado. Sencilla pero conmovedora, logrando una emotividad que se complementa a la perfección con el grito pacifista que es "La bala". El aparente contraste rítmico se vuelve a poner a prueba con buenos resultados al presentar la bailable y acelerada "Vamo' a portarnos mal" seguida de folclórica "Latinoamerica" , un verdadero himno para el continente, la mejor canción del álbum por paliza.

En la segunda mitad del álbum continua la mezcla de estilos aunque el nivel no se muestra tan alto como en la primera parte ya mencionada. Destaca la calma de "Muerte en Hawaii" y la rabiosa "El hormiguero" pero el resto de los temas no aportan demasiado. Revisemos entonces los mejores momentos de este dinámico álbum.

"Me escapé de la rutina para pilotear mi viaje,
porque el cubo en el que vivía se convirtió en paisaje.
Yo era un objeto condenado a ser ceniza,
un día decidí a hacerle caso a la brisa.
A irme resbalando detrás de tu camisa.
No me convenció nadie, me convenció tu sonrisa..."


"Sería inaccesible que alguien te mate
si cada bala costase lo que cuesta un yate.
Tendrías que ahorrar todo tu salario
para ser un mercenario habría que ser millonario.
Pero no es así, se mata por montones.
Las balas son igual de baratas que los condones
Hay poca educación, hay muchos cartuchos,
cuando se lee poco se dispara mucho..."


"Trabajo bruto pero con orgullo
aquí se comparte, lo mio es tuyo.
Este pueblo no se ahoga con marullos
y si se derrumba, yo lo reconstruyo.
Tampoco pestañeo cuando te miro
para que te recuerdes de mi apellido.
La Operación Cóndor invadiendo mi nido,
perdono pero nunca olvido..."


Los aspectos positivos de Que entren los que quieran guardan relación con la variedad sonora que presenta y la honestidad que en general derrocha. Esto además de lo importante que me parece el que una banda se agarre de la música popular para entregar un mensaje e intentar ser aporte. Es cierto que Calle 13 es parte de la maquinaria (tres discos en cuatro años te habla de una banda que claramente es negocio para la industria de la música), sin embargo bienvenidas sean las bandas que aprovechan esta plataforma para generar conciencia entre las masas que normalmente no reciben más que brutalidad descerebrada.

Ahora, no todo es perfecto y el aspecto negativo me parece que aflora cuando la voz de Residente (Rene Pérez Joglar) cae en un populismo que tiende a cansar. Cuando se le canta al personaje más que al mensaje este se despotencia. Es el caso de "Calma pueblo" por ejemplo, en donde lineas como "Calma pueblo que aquí estoy yo/ Lo que dices tú lo digo yo/ Porque yo soy como tu y tu eres como yo" creo que rallan en el abuso.

Me parece que Que entren los que quieran debería marcar el fin de una etapa para Calle 13. Y es que se aprecia la clara evolución dentro del sonido de la banda que terminó desembocando en este buen disco, sin embargo seguir repitiéndose en esto mismo creo que sería fatal para la agrupación, espero por tanto que se tomen un tiempo para pensar bien el siguiente paso. Nos quedamos por el momento con este agradable disco y los buenos momentos que trajo con el.

3/5
Buen disco