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domingo, 25 de enero de 2026

30 Años De... The Smashing Pumpkins : Mellon Collie And The Infinite Sadness (1995)

 "Obra monumental y atemporal..."

Hora de escribir respecto a uno de los álbumes más extraordinarios de nuestra era. Por lo mismo, la tarea no es cosa fácil y la pregunta cae de cajón: ¿Por dónde comenzar? Quizás lo más sensato sería recordar en donde se encontraban The smashing pumpkins para 1995. Ahí habría que mencionarle a los más jóvenes que por aquel entonces la banda no era considerada "consagrada" dentro de la escena e incluso, pese a que hoy álbumes como Gish (1991) o Siamese dream (1993) son mirados como objetos arqueológicos de culto, los pumpkins aún eran mirados como una "apuesta alternativa" al lado de otros como Nirvana, Pearl Jam y toda esa ola grunge que había consumido todo a comienzos de los noventa. Lo anterior a pesar del éxito de hitazos como 'Disarm' o 'Today', que gozaron de bastante rotación en radios o canales de videoclips (como MTV, que en aquellos años era el claro eslabón que separaba a los artistas del anonimato). Dicho lo anterior, este disco llega para cambiarlo todo y registrar con letras doradas a William Patrick Corgan como un compositor de elite. En simple: hiciera lo que hiciera Corgan después de este 1995, un álbum como Mellon collie and the infinite sadness ya lo había dejado anotado en la historia. Bueno, a él y a sus nobles compañeros de banda.  

Si tuviera que resumir en una sola virtud la gloria alcanzada por este álbum tendría que mencionar la impresionante diversidad que ostenta. El disco es un desborde de melodías y canciones, un álbum doble de veintiocho canciones en total en donde la banda explota el amplio espectro sonoro/emocional que habían sido capaces de insinuar en el pasado, yendo desde furiosas guitarras hasta pasajes tremendamente tristes y melancólicos, los cuales se complementan con más de algún momento ameno e incluso tierno, esto en un álbum que en lugar de apostar por el viaje "coherente" decide a propósito ser una especie de "álbum blanco" de The Beatles, es decir, una mezcolanza de sonoridades con giros bruscos, una especie de collage de manchas en donde alternan deliberadamente distintos colores que arman un cuadro que luce sorprendentemente armónico. 

Lo anterior se declara en el disco desde un comienzo, abriendo con una hermosa y delicada pieza instrumental al piano que se enlaza con la grandilocuencia pop de 'Tonight, tonight', un himno destinado a la inmortalidad que entre potentes vientos dedica sus líneas a abrazar la esperanza en medio de ese camino que significa el volverse adulto ("Cree que la vida puede cambiar / Que no estás atascado en vano / No somos los mismos / Esta noche somos diferentes..."), para luego meter de golpe la fuerza incontenible de algo como 'Jellybelly' o el rock duro de la fantástica 'Zero', dos que beben un tanto del sonido del anterior Siamese dream (1993) y que coquetean incluso con el metal. Por cierto, en todas las mencionadas comienza a brillar con luces propias el trabajo en batería del increíble Jimmy Chamberlin, un tipo capaz de entregarle identidad a cada canción, ya sea en momentos agresivos como otros más en calma. 

En adelante el álbum continuará con esta oscilación entre emociones. Sonará, por ejemplo, la ira desatada del neo clásico 'Bullet with buttlefly wings', que fue el primer single promocional del álbum e impactó por sus rabiosas reflexiones en torno a la fama y el éxito con líneas tan sinceras como "El mundo es un vampiro..." o "A pesar de mi rabia aún soy una rata enjaulada...", la cual se conectará con la tristeza en acústico de 'To forgive' (de las más oscuras en todo el álbum) donde Billy Corgan volverá a referirse (como en el pasado con 'Disarm') a los fantasmas más dolorosos de su infancia ("Hijo bastardo de un hijo bastardo / Un niño de ojos salvajes del sol / Y justo como la lluvia / No soy el mismo, pero me siento igual..."). De igual forma el rock salvaje de 'An ode to no one' se enlazará con el sobrecargo psicodélico de 'Love' y la delicadeza de 'Cupid of locke', esto para anticipar una recta final del Disco 1 impresionante, con una conmovedora pasada introspectiva en 'Galapogos' ("No negaré el dolor / No negaré el cambio / ¿Y si cayera en desgracia ? / Aquí, contigo / ¿Me dejarás también...?") la cual deriva en  'Muzzle', una intensa canción de amor que recae en varias de las reflexiones más brillantes en la carrera de Corgan ("Y conocía el vacío de la juventud / La soledad del corazón / Y conocía los murmullos del alma..."), esto para cerrar el primer acto con la extensa y potente 'Porcelina of the vast oceans' seguida de la calma de 'Take me down', la primera interpretada y compuesta por el guitarrista James Iha

Lejos de bajar el nivel, la avalancha que significó toda esa primera parte del trabajo encuentra perfecta consecución en la segunda. Acá momentos tremendamente agresivos que se viven en 'Where boys fear to tread' + 'Bodies', una saturada 'Tales of a scorched earth' o la derechamente violenta 'X.Y.U', se conectan con la delicadeza de 'Thirty three', la oscuridad de 'In the arms of sleep', ternura de 'Stumbleine' o la emocionalidad de la espacial 'Thru the eyes of ruby', que destaca por las exquisitas atmósferas que generan sus guitarras. Y como si todo lo anterior fuese poco, entre estas sonará el hitazo '1979', un medio tiempo notable que gracias a su singularidad logró transformarse en un verdadero clásico generacional. 

Si hay algo que algunos reprochan a este álbum es su pasada final. Hay quienes consideran que canciones como 'We only come out at night' o 'Lily (my one and only)' en su simpleza no logran estar a la altura del resto. En lo personal las acepto pues estas me parece traen de regreso una calma necesaria considerando la locura de disco que venía sonando, además de que se complementan con cosas preciosas como 'Beautiful', 'By starlight' o la hermosa 'Farewell and goodnight' (la segunda escrita por James Iha) cerrando así una lista extensa de canciones que arman una verdadera montaña rusa de emociones pero que logra destacar debido a la inspiración constante que derrocha. 

Mellon collie and the infinite sadness acabó quedando en la historia como una obra monumental atemporal que a la vez resulta muy difícil de clasificar. En estas 28 canciones encuentras rabia, violencia, momentos tremendamente melódicos, melancolía, tristeza, reflexión, esperanza, enamoramiento, entrega, decepción o desamor. Así como se lee. Hay guitarras frenéticas, rock acelerado, medios tiempos, pasajes psicodélicos, producciones limpias y otras cargadas a la saturación. De todo en un álbum enorme que dio muestras de un Billy Corgan en absoluto estado de gracia. La historia ya estaba escrita, y bueno, desde acá la banda solo se podía comenzar a desmoronar. Y así efectivamente fue...

¿Canciones? 'Tonight, tonight', 'Bullet with butterfly wings', 'Muzzle', 'Bodies', '1979' y 'Thru the eyes of ruby'.

sábado, 10 de enero de 2026

30 Años De... Soda Stereo: Sueño Stereo (1995)

 "Animal en constante cambio..."

Así como hay bandas que naufragaron, otras supieron leer muy bien el complicado paso desde los 80s a los 90s, y una de ellas fue Soda stereo. Conocida es la metamorfosis que los argentinos experimentaron por aquellos años encontrando en el espectacular Dynamo (1992) la mejor versión de dicho proceso. Sin embargo, aquel discazo no representó un hecho puntual si no más bien el puntapié inicial para una trilogía fascinante que encontró continuidad en Sueño stereo y vivió su definitivo canto del cisne en el excelente Confort y música para volar (1996)

El contexto no era fácil eso si. Para 1995 la convivencia no andaba en buen pie al interior de la banda, sin embargo, los argentinos supieron para 1995 enfocarse en la creación de último álbum de estudio, un disco donde la mano creativa de Gustavo Cerati comenzó a tomar un peso prácticamente incontenible en una lista de canciones que equilibró momentos melódicos y accesibles con otros centrados fuertemente en las atmósferas, anticipando en cierto modo los afanes experimentales que el vocalista profundizó en su posterior álbum en solitario Bocanada (1999)

A diferencia por tanto de un disco como Dynamo, que se caracterizó por sus guitarras desatadas y dinámicas inquietas, en Sueño stereo encontramos a una banda bastante más reposada que cuando va al rock lo hace de manera controlada mediante singles enormes e históricos como 'Ella usó mi cabeza como un revolver', 'Paseando por Roma' o 'Zoom' (que no es más que una de las tantas jugarretas de Cerati en donde se dedicó a mezclar canciones antiguas, en este caso sampleando a las bandas setenteras Sparks y Hello), las cuales muestran una faceta menos estridente del trío, lo mismo en los notables medios tiempos 'Disco eterno' u 'Ojo de la tormenta', armando así una Cara A impecable que complementará con baladones como 'Efecto doppler' y la bonita 'Pasos', pequeña gran joya esta última y que de haber sido single seguro se habría convertido en un clásico de la banda. 

Dicho todo lo anterior, el principal mérito de este Sueño stereo se encuentra en su segunda parte pues pasado el nudo la lista se olvidará de los hits y entregará una secuencia "de aquellas", regalando  momentos inspiradísimos. Destacará acá inmediatamente 'Ángel eléctrico', con seguridad una de las mejores canciones en la carrera de Soda stereo, donde la producción supo sacarle partido al sonido de cada integrante (la guitarra de Gustavo, batería de Charly Alberti y bajo de Zeta Bosio se oyen acá con una claridad que impacta), siendo además la única en todo el álbum que con su sonido se acerca un tanto a lo que la banda había hecho en Dynamo. Siguiendo con el álbum, ''Ángel eléctrico' conectará de manera impecable con la delicadeza acústica de 'Crema de estrellas' para dar paso al épico cierre del álbum con 'Planta' + 'X playo' + Moiré', tres que en arman un continuo de doce minutos que destaca por sus atmósferas etéreas.  

Sueño stereo es un disco impecable que funciona desde donde se mire. Uno de esos álbumes que "no tiene canción mala". Es que ni siquiera regular. Los singles incontestables están, sin embargo lejos de quedarse en estos la lista se muestra ambiciosa y confirma a Gustavo Cerati como ese animal en constante cambio que desarrolló durante su carrera. Quizás el trabajo luce algo meloso en comparación con su antecesor, pero aquello no le resta méritos en absoluto pues el álbum tiene identidad propia y aquello hay que dárselos. 

La historia contaría que aún quedaría un último suspiro para Soda stereo, aquel histórico concierto eléctrico que grabarían para MTV en 1996, donde incluirían (¡y mejorarían!) algunas de las canciones de este álbum, pero aquello será motivo de reseña en 2027 si la vida me lo permite...

¿Canciones? 'Pasos', 'Ángel eléctrico' y el tridente final. 

9/10
Brillante.

jueves, 2 de octubre de 2025

35 Años De... Judas Priest: Painkiller (1990)

Antes que todo, un anticipo: quiero que este octubre de 2025 sea un mes dedicado al metal acá en el blog. De comienzo a fin. Y me parece no puede haber mejor disco para comenzar que este, un verdadero histórico del género...

Abramos haciendo algo de historia. Los años ochenta fueron una década de masificación y consolidación para Judas priest, quienes tras el éxito de British steel (1980) supieron encajar una pasada gloriosa mediante Screaming for vengeance (1982) + Defenders of the faith (1984). No es nada fácil reinventarse en el éxito, sin embargo, por lo que tras estos los ingleses dieron pasos erráticos, primero coqueteando con sonidos descaradamente comerciales en Turbo (1986) para luego intentar recuperar fuerzas con el potente Ram it down (1988), disco que decantó hacia sonidos más duros, encaminado hacia afiladas guitarras y un Rob Halford pletórico en cuanto a interpretaciones vocales exigentes, ahí quedan 'Ram it down' (la canción), 'Heavy metal' o la fantástica 'Blood red skies' como pruebas de lo dicho. 

Ram it down estuvo (muy) bien pero existía aún un pequeño gran detalle: salvo contados momentos, la banda seguía sonando a heavy metal ochentero y para una siguiente jugada necesitaban correr el cerco, a lo cual se sumó la renuncia al proyecto de Tom Allen (quien produjo todos sus discos previos entre 1980 y 1988) y el baterista Dave Holland, quienes comunicaron para 1989 que por diversas razones no seguirían trabajando con la banda. Digamos que todo se confabuló para la existencia de un álbum tan brutal como Painkiller, esta vez con Chris Tsangarides en producción (quien había trabajado como ingeniero para ellos en Sad wings of destiny) y el debut en batería de un joven Scott Travis. Finalmente con todo dispuesto, quien diría que la banda acabaría por parir no solo su trabajo más duro a la fecha si no que toda una obra maestra del metal, un conjunto sin ripio alguno que supo conjugar fiereza con emocionalidad como pocas veces se ha visto.  

Painkiller es todo aciertos, comenzando por la duración: solo nueve canciones + una breve intro. ¿Para qué más? Conscientes seguramente del nivel de material que tenían en sus manos no quisieron arruinarlo con relleno insustancial (como si ocurrió en Ram it down) y más bien entregarnos un puñetazo directo al cerebro. Y para muestra, la absolutamente increíble apertura con 'Painkiller' (la canción), seis minutos que muestran a toda la banda completamente desquiciada en su metro cuadrado, construyendo una estructura que avanza a la velocidad que la batería de Scott Travis propone, con un Halford extraordinario y las guitarras de Glenn Tipton + K.K Downing regalando una serie de duelos sencillamente impresionantes. Que decir, mejor comienzo imposible. 


Habiendo declarado intenciones, en adelante el álbum se debatirá entre canciones que son un desborde de energía pero centran su poderío en el trabajo melódico, como 'Hell patrol', 'All guns blazing' o la increíble 'Night crawler' (¡bendito seas Rob!) y otras en donde el asunto volverá a desatarse privilegiando la velocidad ante todo pero aportando un elemento de oscuridad y violencia en el sonido, algo inaudito en Judas priest hasta 1990, ahí tienes 'Leather rebel' o 'Metal meltdown' como ejemplos (Scott Travis está gigante en ambas) . Ya en la recta final del álbum tanto 'Between the hammer & the anvil' como 'One shot of glory' aparecen como dos temas algo más genéricos y que se limitan a cerrar el álbum de manera contundente, aunque entre estas aparecerá la singular y emocional 'A touch of evil', un tema sensacional que oscila entre los toques vampirescos y una atmósfera sexy que la banda sabe reproducir de manera genial recurriendo a los teclados. 

No deja de ser curioso que habiendo llegado tan alto tras casi veinte años de carrera (lo cual vuelve aún más meritorio un disco como Painkiller) la banda haya abruptamente se haya disuelto. Cuenta la leyenda que Rob Halford comenzó a desarrollar nuevas inquietudes musicales (desarrolladas posteriormente en el proyecto Fight a partir de 1993), asunto poco aceptado por el resto de la banda, lo que terminó provocando el inevitable quiebre. Sin embargo, en la historia había quedado ya tallada en piedra está increíble jugada, motivo de eterna admiración dentro del mundo del metal. 

¿Canciones? 'Painkiller', 'Hell patrol', 'Night crawler' y 'A touch of evil'.

jueves, 31 de julio de 2025

30 Años De... Pulp: Different Class (1995)

 "Sexy, irreverente e histórico..."

Es probable que muchos no estén enterados que antes de alcanzar el éxito en 1994/5, Pulp llevaban intentándolo por más de una década. Sin ir muy lejos, su primer álbum data de 1983, desde ahí dejaron en el camino tres discos y fue recién en 1992 cuando un sello multinacional como Island Records se interesó en ellos. ¡Claro! Comenzaban los noventa, se veía venir el llamado brit pop junto a esa ola de jóvenes bandas británicas que acabaron por transformarse en todo un fenómeno en aquellos años, por lo que había aprovechar que el horno estaba caliente y exprimirlas a como diese lugar. Ahí, las principales portadas fueron acaparadas por Oasis + Blur, sin embargo, el gran álbum inglés de aquellos años fue este: Different class de Pulp, una maravilla atemporal rebosante en talento, clase, elegancia y estilo.

Parte importante de lo anterior guarda relación con la trayectoria que Pulp cargaba a cuestas para mediados de los noventas. A esas alturas Jarvis Cocker superaba los treinta años, la banda también, y aquella madurez si bien se había anticipado un año atrás mediante un disco como His n hers (1994), acabó por explotar definitivamente en este Different class, un álbum que habla de cosas muy serias en un tono divertido, por más contradictorio que esto se lea. Y ahí es donde reside principalmente el mérito de este disco, en la capacidad hablar de temas adultos, dígase: historias de cama y frustraciones de una clase media obrera inglesa que durante los años ochenta creció con una sensación instalada de marginalidad. Sin embargo, lo interesante del trabajo es que lejos de contarte la historia desde la rabia, Pulp hacen de su tragedia una virtud, invitándote a bailar mediante un álbum de intenso pop marcado por momentos tan sexys como irreverentes.

"Deformes, errores, inadaptados..." - abre expresando un carismático Jarvis Cocker en 'Mis-shapes', para luego seguir con un "No nos vemos como tú. No hacemos lo que tú haces. Pero vivimos por acá también...". Más claro imposible, no? El resentimiento social está presente, desborda cada línea, se huele y se oye, sin embargo, lo dicho: la banda empapa el mensaje con una melodía graciosa e intensa, generando así magia instantánea. Sin ir muy lejos, en una misma línea más adelante estas sensaciones se elevarán a la enésima potencia mediante el himno generacional (y prácticamente de todo el brit pop) 'Common people', relatando la historia de un tipo ordinario que le muestra la vida de calle a una ricachona, sazonando el diálogo con frases impregnadas de un fantástico humor negro.

"Tú nunca vivirás como gente común. 
Nunca fallarás como gente común. 
Nunca verás la vida deslizarse fuera de tu vista
Y bailar, beber, cagarla, 
porque no hay nada más que hacer..."

También dentro de una arista marcada por la dinámica pop aparecerá aquella joya de single que fue 'Disco 2000', donde Jarvis vuelve a enmarcarse como el gran contador de historias que es, hablándonos de la friendzone décadas antes de que el término existiese ("Decían que cuando creciésemos nos casaríamos y nunca nos separaríamos / Oh, nunca lo hicimos / Aunque a veces piense en ello...") mientras que en la exquisita 'Underwear' (una que perfectamente pudo ser un hitazo de haber sido promocionada como tal) abordará el fascinante relato de una infidelidad a punto de ser descubierta ("¿Cómo demonios llegaste a acá? / Semi desnudo en la pieza de alguien más..."), temática que por cierto ya se habrá tocado a comienzos del álbum mediante 'Pencil skirt' ("Sé que estás comprometida con él / Pero también que quieres algo con qué jugar..."), además de otros tantos temas que presentarán sutiles connotaciones eróticas tanto en la líricas como en el sonido, hablo de 'Live bed show' o 'I spy'

El cóctel se complementará de manera diversa, yendo a la balada en 'Something changed', encontrando un competente medio tiempo en 'Sorted for e's & wizz' y entregando el momento más experimental del disco en la extensa 'F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E'. Y si, que puede que el único defecto que podamos marcarle a un disco así de sólido sea el que no logra cerrar como es debido, con una 'Monday morning' normalita (aunque levanta bastante en su histérica recta final) y una aún más corriente 'Bar Italia'.  

Detalles, sin embargo, que no le restan demasiado a un trabajo inmenso. Con producción del mítico Chris Thomas (famoso por haber trabajado junto a The Beatles en el disco blanco y mezclar The dark side of the moon de Pink Floyd, entre tantos más), estamos frente a álbum inteligente, de conceptos y letras fascinantes fuera de un sonido sofisticado que supo marcar distancia respecto a cualquiera de sus pares. Desde aquí ciertamente Pulp, y junto a ellos toda la ola britpopera, solo podía comenzar a desmoronarse. 

¿Canciones? 'Common people', 'Disco 2000' y 'Underwear'.

9/10
Brillante.


Otras reseñas de Pulp:

domingo, 27 de octubre de 2024

20 Años De... Green Day: American Idiot (2004)

 "Se vuelven cosa seria..."

Hora de hablar de este neo clásico en toda regla. Pero antes, un contexto: ¿Dónde estaba Green day hacia 2004? La banda había explotado en fama diez años atrás gracias a Dookie (1994) y habían estirado la fórmula con buenas armas mediante la pasada Insomniac (1995) + Nimrod (1997), sin embargo, el fin de siglo les atrapaba en un callejón sin salida. Llegaba el momento en que el trío debía de alguna manera salir de ahí o comenzar a repetirse hasta el hartazgo (¿aló?, ¿The offspring?). En medio de aquella búsqueda fue que llegó un bicho raro como Warning (2000), con el que lograron meter un par de hits aunque el tono acústico del álbum no acabó de gustar por lo que la respuesta en general fue tibia. Aquel disco representó eso si un tanque de oxigeno para la banda, entregándoles tiempo para pensar bien la siguiente jugada, a estas alturas un todo o nada para Green day: re impulsaban su carrera o sencillamente se hundían en el olvido. 

La historia, sin embargo, a veces se escribe de manera curiosa e imprevista. La banda se reúne en 2003 para grabar un nuevo álbum (Cigarettes and valentines se iba a titular) pero aquellos demos les son robados ante lo cual deciden retomar el trabajo pero desde cero, y quien diría que de aquellas nuevas sesiones acabaría surgiendo el álbum más popular en la carrera de Green day, uno que les permitió conectar con una nueva generación alargando su historia incluso a día de hoy. Todo esto gracias a un disco de corte conceptual que en cierto modo conectó con el sentir de la juventud de los Estados Unidos post 11/9/01, un disco de guitarras compuesto por un conjunto de canciones con un enfoque meloso (es un gran disco de pop, que duda cabe) pero que al mismo tiempo transmite un sentir rabioso y hasta cierto punto cuestionador, esto en el marco del sonido punk/melódico clásico de Green day aunque con uno que otro arranque estructural inédito en la carrera de la banda además de momentos marcadamente emocionales.

El caso es que basta darle play al álbum para comprender el éxito de este. Suena 'American idiot' (el mejor single de la banda desde 'Basket case') y el asunto de inmediato transmite el empuje que el disco necesitaba, de la mano de un mensaje potente y directo ("No quiero ser un idiota americano / No quiero una nación controlada por los nuevos medios / ¿Puedes oír el sonido de la histeria? / El subliminal 'jodementes' americano..."). Algo que además fue complementado con un videazo que acertó también desde el aspecto visual, con una banda encontrando una estética al exacerbar el negro/rojo que a Billie Joe Armstrong tanto le gustó desde los inicios de Green day (que hacía sentido además con los colores de la portada del álbum). En definitiva, todo sumó y desde la partida confabuló para el éxito. 

Desde lo musical, sin embargo, el disco también avanzará dando pasos gigantes. De segunda te encajan una monumental 'Jesus of suburbia', nueve minutos en donde la banda conecta varias cancioncitas de manera magistral con una fluidez que no puede si no maravillar, o sea, lo que hacen en la pieza post 3:44 y ese "I don't care if you don't ! I don't care if you don't care!" debe ser el momento más brillante en toda la discografía de Green day así como en la recta final Billie Joe Armstrong está estupendo verbalizando el desencanto de muchos/as hacia la política de aquel entonces ("Vivir y no respirar es morir en una tragedia / Correr, correr lejos para encontrar lo que crees / Y dejar atrás este huracán de jodidas mentiras...") .Y por si los casi veinte minutos iniciales te parecieron poco, sonarán a continuación las joyas de la corona del álbum, primero la enorme 'Holiday' y esa crítica ácida a la guerra que el gobierno de George W. Bush había declarado a Medio Oriente ("Oigan el sonido de la lluvia / Cayendo como un Armagedón de llamas / La vergüenza de aquellos que murieron sin un nombre..."), y luego la tremenda 'Boulevard of broken dreams', el primer momento marcadamente emocional en el álbum. 

Dada la intensidad que el álbum traía viene muy bien la calma que propone 'Are we the waiting' con sus aires de himno aunque rápidamente el álbum acelerará a fondo con 'St. Jimmy', cerrando así una Cara A impecable desde todo punto de vista. 

Por lo mismo, si hubiese que encontrarle un importante defecto a este American idiot de Green day es que su segunda parte, sin ser un desastre, no logra sostenerse tan arriba respecto como la primera. La pasada por 'Give me novacaine' + 'She's a rebel' + 'Extraordinary girl' suena absolutamente de manual y las canciones resultan tan triviales como olvidables, lo mismo con la melosa 'Wake me up when september ends', un tema que en lo personal siempre me ha resultado desagradable (por lo repetitiva, exageradamente sentimental y los aires a canción de cuna que tiene) aunque con igual énfasis debo reconocer que resume de buena forma el objetivo temático del disco.

De hecho, de toda la Cara B del disco solo resulta destacable el subidón que entrega 'Letterbomb', con la que efectivamente sentimos que el espíritu del disco regresa, así como los nueve ambiciosos minutos de 'Homecoming'. Es más, si American idiot hubiese estado compuesta por las primeras seis + estas dos mencionadas y cerrando luego de manera sobria con 'Whatsername', estaríamos seguro hablando de una obra maestra de proporciones. No fue así, sin embargo, por lo que el disco deja claramente esa sensación de ir de más a menos con una primera mitad incontestable y una segunda que no consigue sostener el nivel, a la que le sobran al menos veinte minutos. Tal cual.

Aún así, con sus peros, American idiot continúa siendo un gran disco. Por primera vez en su carrera Green day osaron escapar de sus temáticas adolescentes clásicas para meterse en temas políticos, de los que salen bien parados gracias a una producción impecable (de la mano del su insigne colaborador Rob Cavallo) y un puñado de canciones efectivas y consistentes. Con este álbum eso si la banda se vuelve seria y adulta, línea que intentarían confirmar unos años más tarde en el fallido 21st century breakdown (2009) para luego hartarse de todo e intentar retomar la ligereza en el tridente ¡Uno! ¡Dos! ¡Tré! (2012), aunque bueno, de aquello escribiré en unos años más si es que la vida me acompaña. 

¿Canciones? 'American idiot', 'Jesus of suburbia', 'Holiday' y 'St. Jimmy'.

8,5 / 10
¡Excelente!

viernes, 27 de septiembre de 2024

30 Años De... Korn : Korn (1994)

"Tormento, horror y trauma..."

Todo movimiento tiene su día cero, su punto de partida, y en el caso del nu metal este fue claramente el debut de Korn. Y si bien el disco podría compartir créditos con otros que expresaron de buena forma la movida metalera que se comenzaba a desarrollar en California (sin ir muy lejos, Burn my eyes de Machine head fue publicado incluso un par de meses antes), el de Korn alcanzó un nivel de repercusión mediática suficiente como para transformarse en modelos a seguir por una serie de pares generacionales.  Lo curioso, sin embargo, es que la banda "la rompe" con uno de los discos más dolorosos de la década, uno que conjugó con siniestra perfección el horror y trauma de un Jonathan Davis que consumido por su historia encontró en la música la posibilidad de (literalmente) vomitar sus más espantosos fantasmas. No se puede hablar por tanto del debut de Korn sin referirse al componente lírico de este, donde la palabra "abuso" se reitera en múltiples formas (o sea, que portada...), abuso físico, psicológico y emocional expresado a lo largo de un trabajo que desde un primer segundo impacta por su descarnada franqueza. 

Sin ir muy lejos, el disco abre mediante 'Blind' y de inmediato hace historia con esos instrumentos que lentamente van marcando presencia hasta impactar en aquel mítico "¿Are you ready?" de Jonathan Davis que desata la explosión, complementada claro con una letra que declara desde ya intenciones ("Este lugar dentro de mi mente / Un lugar que quisiera esconder / Tu no conoces las posibilidades / ¿Y si debiese morir?"). Desde entonces, las atmósferas oscilarán entre la violencia de una 'Ball tongue' (cosas como estas llegaron a influenciar incluso a un Max Cavalera en términos de vocalizaciones futuras), el descargo en tono de revancha de 'Divine' y lo derechamente siniestro, abordando la crueldad del bullying escolar en 'Clown' ("Grítame otra vez si quieres / Golpéame otra vez porque soy extraño / Dime que soy una nena y eres más duro que yo...") o 'Faget' ("Los malditos estereotipos alimentando sus cabezas / Soy horrible, por favor solo aléjate...") o directamente el abuso sexual en el desgarro de 'Need to' o el descarnado cierre a cargo de 'Daddy', una canción espantosa en el sentido literal de la palabra, una pieza histórica realmente difícil de oír incluso a treinta años de distancia y en donde se toca de manera directa como pocas veces en la historia de la música el abuso sexual infantil. Mención aparte por cierto para la interpretación de un Jonathan Davis absolutamente roto (y desnudo) ante el micrófono.

Toda esta atmósfera tétrica, sin embargo, no habría cuajado del todo de no haber contado con el sonido inconfundible en guitarra de Brian Welch, la batería seca de David Silvera y el bajo de Fieldy, armando un combo que pese a lo alternativo del sonido lograría hacerse un pequeño espacio en el mainstream, lo cual les permitió volverse referentes para toda la escena que dominaría la escena durante la segunda mitad de los noventas, de la mano de un joven Ross Robinson en producción, a quien este trabajo también le cambiaría la vida pues se volvería colaborador insigne de una una serie de bandas de nu metal, desde Deftones, Limp Bizkit hasta Slipknot.

Como un "pero" está que al disco le sobran un par de temas en su recta final, canciones que sin ser malas simplemente no están al nivel ('Predictible' o 'Lies', por ejemplo), sin embargo, cualquier problema queda eclipsado ante el concepto general del trabajo. Un debut marcado por el tormento de Jonathan Davis, un tipo valiente dispuesto a enfrentar sus demonios y mostrarse plenamente vulnerable en medio del mundo de "machitos" que representaba el metal noventero, algo que a treinta años de distancia claramente le continúa honrando. 

¿Canciones? 'Blind', 'Ball tongue', 'Clown' y 'Daddy'.

miércoles, 14 de febrero de 2024

30 Años De... Green Day : Dookie (1994)

 "Liviano, necesario e histórico..."

La primera mitad de los noventa necesitaban la aparición de algo ligero en el universo del rock. El desencanto y la rabia del grunge habían consumido parte importante del mercado por lo que el avistamiento de una banda jovial y liviana como Green day supuso una bocanada de oxígeno para la industria. Y si bien la banda había lanzado un par de álbumes previos de manera independiente, su debut con un sello multinacional llegó en 1994 mediante Dookie, un álbum que toma como base el sonido seco y elemental del punk (guitarra/bajo/batería sumado a estructuras simples) pero lo equilibra con gratas dosis melódicas sumado al característico sello interpretativo en voces de Billie Joe Armstrong, un Mike Dirnt siempre presente con el bajo y los redobles de Tré Cool, armando un conjunto sellado a fuego por una serie de hitazos incontestables + una segunda línea de alto nivel. Esto de la mano en producción de Rob Cavallo, quien desde acá les acompañaría en casi toda su carrera.

Por sobre cualquier otro elemento, Dookie es un trabajo directo. Son quince canciones en menos de cuarenta minutos de música, la gran mayoría rondando los dos minutos de duración y que se sostienen sobre estructuras sencillas, como decimos en Chile: dos cucharadas y a la papa. Ahora, verdad sea dicha, el gran éxito comercial del álbum se debió en parte importante a la imparable rotación de 'Basket case', un clásico eterno que conjuga a la perfección un sonido intenso (mérito de Tré cool) con la notable interpretación vocal de Billie. Sin embargo, cosa curiosa: la canción no fue promocionada como primer single, ni siquiera segundo. El tema con que el sello decidió promocionar a Dookie en primer lugar fue 'Longview', marcadísima por el bajo de Mike Dirnt y que funciona como una completa oda a la falta de motivación sumado a la crisis existencial que puede vivir alguien cercano a los veinte años ("Me siento y miro el teléfono / Pero nadie llama / Llámame patético, llámame como quieras / Mi madre me dice que consiga empleo / Pero a ella le disgusta el que tiene...") mientras que el segundo single fue 'Welcome to paradise', mucho más adictiva gracias a su exquisito riff y sección media, también propiedad del bajo de Dirnt (¡Qué exquisito al rollo desprende su sección del minuto 2 en adelante!). Por cierto, dato curioso: la canción ya había sido publicada en el segundo disco de la banda, Kerplunk! (1992), pero acá ha sido reciclada, producida y publicada nuevamente (¡excelente decisión!). 

Otra singularidad con que cuenta Dookie, y que también se anota como acierto, es que los temas más "comerciales" y gancheros del disco aparecen bastante avanzado este. 'Basket case' es recién la séptima en la lista, y los posteriores singles 'She' (una vez más siendo el bajo notable protagonista) + el excelente medio tiempo 'When I come around' suenan casi entrando en la recta final del disco. De esta manera, la distribución nos permite disfrutar de una serie de canciones precisas como 'Burnout', 'Having a blast', 'Chump' o 'Pulling teeth', de aparentes bajas pretensiones todas pero que en el conjunto arman una sólida segunda línea para el álbum.

Ahora, como único "pero" para el disco está el que a los 2/3 de este la banda tiende a quedarse sin combustible por lo que en la recta final no se complican la existencia y se limitan a derechamente rellenar con jugarretas como 'Coming clean', 'Emenius sleepus' . 'In the end' o 'F.O.D', las cuales con suerte superan el minuto de duración por lo que no molestan, aunque perfectamente más de alguna se la podrían haber ahorrado. 

Con el correr de los años Green day buscarían dar ese paso cualitativo que complejizase de alguna manera su propuesta, sin embargo, Dookie iba por otro lado, era el álbum con que la banda necesitaba darse a conocer al mundo y como carta de presentación estuvo impecable, un álbum histórico que conjugó guitarras, mal rollo a cuenta gotas, un trabajo melódico notable e interpretaciones características. 

¿Canciones? 'Basket case', 'Welcome to paradise', 'When I come around'.

sábado, 20 de enero de 2024

25 Años De... Marilyn Manson : Mechanical Animals (1998)

"Sexy y elegante, pero no menos rabioso..."

No deja de impactar el lento pero sostenido desarme que acabó viviendo Marilyn Manson tras su período 1996- 2000. Consumido por el personaje auto destructivo, Brian Warner claramente no supo gestionar su explosivo éxito noventero y acabó desenvolviéndose entre un constante ir y venir, en ocasiones recurriendo a lugares comunes (The high end of low, 2009) y a veces buscando la re invención (The pale emperor, 2015). Siendo justos, cabe mencionar que el hombre no ha grabado ningún desastre a día de hoy, es decir, tomas cualquiera de sus álbumes de los últimos veinte años y el más básico (¿Born villain?) por lo bajo cumple, sin embargo, tampoco ha sido capaz de acercarse siquiera a sus momentos más gloriosos e inspirados, siendo aquel 1998 con Mechanical animals uno de ellos. 

Probablemente sean dos los elementos que enaltecen este tercer trabajo de la banda (hasta ese entonces Brian Warner aún no consumía el proyecto por completo), el primero es obvio, su nivel y propuesta, pero el segundo guarda relación con el contexto que rodeó su grabación, digamos, desde donde venía Marilyn Manson y esto es el colosal Antichrist superstar (1996), aquella obra maestra que acabó por cambiarlo todo para el vocalista y desde el que evidentemente no era cosa fácil continuar. La genialidad del paso radica por tanto en la capacidad de Warner para no competir consigo mismo, y en lugar de lanzar un "anticristo parte 2" decide sacudirse y transformar su momento, disfrazarse de una especie de David Bowie moderno y girando tanto en lo estético, musical como en lo temático. 

El resultado es fascinante, para Mechanical animals el artista decide crear a dos personajes conceptuales, Alpha y Omega, el primero no es si no el artista post Antichrist superstar y que por ende vive la resaca del éxito, mientras que el segundo es un alienígena de carácter andrógino que en la tierra es corrompido a causa de las adicciones. De esta forma, las canciones para cada personaje aparecen aleatoriamente a lo largo del álbum (son siete para cada uno), construyendo así un conjunto teatral de comienzo a fin (exagerado incluso a momentos), pero repleto de atmósferas y crípticos mensajes, digamos, la fotografía de un artista que vivía su más brillante momento y lograba (al menos por ahora) reinventarse en el éxito.

Sin ir muy lejos, lejos de la estridencia de discos anteriores, el álbum abre realizando un giro hacia el glam y la elegancia en 'Great big white world', con la que Manson sube un peldaño en términos de estilo y da muestras del nivel creativo que podía ostentar en ese entonces, esto mediante un sonido que pone énfasis en el tándem guitarra/teclados pero entrega importante protagonismo al mensaje que se entrega, en este caso criticando al orden mundial contemporáneo ("No conecto con tu mundo / Nada sana ni crece / Porque es un gran mundo blanco / Y estamos drenando nuestros colores..."). Algo similar ocurrirá en el sólido single 'The dope show' (carta de presentación comercial del álbum en aquel entonces), que incluye reflexiones respecto a la fama y éxito dentro de la industria ("Te aman cuando estás en las portadas / Cuando no estás aman a otro...") en el contexto de un sonido sexy y sinuoso, algo completamente inédito hasta ahora ahora en la banda. 

Posteriormente, en la intensa 'Mechanical animals' (la canción) oiremos por primera vez a Manson interpretando desde el despecho abordando una ruptura sentimental ("Eras automática y vacía como la "o" en Dios..."), mientras que los guiños a un rock industrial más duro aparecerán en 'Rock is dead', sonido que el disco volverá a retomar más adelante en canciones como 'Posthuman', 'I want to disappear' o 'New model No. 15', aunque con resultados algo menores. 

Los momentos más íntimos y donde las atmósferas coquetearán con la psicodelia llegarán en el nudo del álbum en la soberbia pasada por 'Disassociative' + 'The speed of pain', en ambas con Manson acercándose a un sonido desnudo y reflexivo, en la primera metiendo mano a la electrónica como fondo ("No puedo salir de acá / No quiero explotar en miedo / Un astronauta muerto en el espacio..." - afirma en esta) y en la segunda realizando el homenaje más claro a Bowie yendo a la guitarra acústica (haciendo por cierto modo su propia 'Space oddity'). En esa línea, otra pasada tremendamente interesante desde lo musical aparecerá más adelante en 'User frienly' seguida de 'Fundamentally loathsome', con referencias sexuales y cierta cadencia en el sonido que anticipaba desde ya lo que se desarrollaría en extenso cinco años más tarde en un álbum como The golden age of grotesque (2003), así como casi cerrando el disco en 'The last day on earth', dueña de un sonido inmersivo nuevamente inaudito en la carrera de Marilyn Manson.

Mucho más directa resultará la declaración de principios 'I don't like the drugs (but the drugs like me)' abriendo la recta final y nuevamente tirando de líneas tan duras como pesimistas ("Tu y yo estamos listos para caer / Criados para ser estúpidos, educados para ser absolutamente nada...") mientras realiza confesiones respecto a su consumo, el cual comenzaba en la intimidad a hacer mella en la vida de Brian Warner ("Hay un huevo en nuestra alma que llenamos con drogas / Y  nos sentimos bien"), asunto que volverá a tocar en la fantástica balada 'Coma white' ("Una píldora que te vuelve insensible / Que te vuelve tonto / Que te vuelve cualquier otro / Pero ninguna droga en este mundo te salvará de ti mismo..."), cerrando así un álbum franco y descarnado desde lo lírico, diverso y atrevido desde lo musical. 

El carácter auto destructivo de Marilyn Manson acabó por arruinar en cierto modo el legado de su obra. Con los años el vocalista se transformaría en una penosa caricatura de si mismo, sin embargo, en la historia siempre quedará su década de gloria, marcada a fuego por dos álbumes como Antichrist superstar y Mechanical animals, absolutamente brillantes ambos e increíblemente disímiles entre sí. En 1998 Manson necesitaba escapar del metal industrial de sus inicios (marcado por la presencia de Trent Reznor, digámoslo), de ahí el giro hacia un álbum lleno de glamour, sexy pero no por esto menos rabioso. Una joya histórica e inolvidable.

10/10
Obra maestra.

sábado, 8 de julio de 2023

30 Años De... U2: Zooropa (1993)

 "En su más alto momento..."


Año 1991 y U2 da un salto que haría historia. Todo gracias al fantástico Achtung baby! , un álbum que transforma el sonido y la imagen de la banda permitiendo que el cambio de década fluya con naturalidad para los irlandeses. Pocas veces en la historia hemos visto una mutación tan impactante (y exitosa) como la que U2 encarnó en el paso desde Rattle & hum (1989) a Achtung Baby! (diez años más tarde Radiohead protagonizaría algo comparable con el paso desde Ok Computer a Kid A) y es que los tipos vivían los años más creativos de su carrera por lo que el éxito del álbum, sumado al buen recibimiento obtenido por una pretenciosa gira titulada Zoo Tv Tour, desencadenó en la idea de en plena gira meterse al estudio con objeto de grabar un EP, cuatro o cinco canciones que viniesen a confirmar el buen momento de la agrupación. Pero nuevamente, los tipos estaban tocados y la inspiración fluyó al punto de que el pensado EP terminó convirtiéndose en Zooropauno de los álbumes más fascinantes en la carrera de U2.

Si con Achtung Baby! la banda consiguió encontrar un perfecto equilibrio entre talentosas melodías con vocación masiva ("One", "Even better than the real thing, "Mysterious ways"), cierto nivel de oscuridad ("Love is blindness", "So cruel", "Acrobat") y un moderno rock que coqueteaba con la vanguardia ("Zoo Station", "The fly", "Until the end of the world"), con Zooropa la banda se atreve a expandir aún más los límites de su sonido entregando un álbum arriesgado e incluso alternativo. Confían plenamente en su material por lo que pierden el miedo a jugar sobre los margenes de lo esperable y bueno, vuelven a salir bien parados. 


En general Zooropa es un álbum oscuro e íntimo, con momentos en donde realmente cuesta visualizar el que estemos oyendo a la misma banda que cinco años atrás componía canciones como 'I still haven't found what I'm looking for' o 'Desire'. Acá incluso en los momentos más melódicos del álbum ('Babyface', 'Stay' o 'The first time') se aprecia un sello musical característico y una producción exquisita (a cargo de Brian Eno + Flood, quien ese mismo año grabaría junto a Depeche mode el Songs of faith and devotion) , cargada a los teclados y que entrega atmósferas increíbles en temas como 'Zooropa' o la lúgubre 'Dirty day'. Durante todo el álbum David Evans Adams (a.k.a The Edge) suena fabuloso en las guitarras, experimenta más que nunca en canciones como 'Numb' o en las capas que envuelven el sonido de la ya mencionadas 'Zooropa' o 'Stay (faraway, so close)'Bono en las voces aparece lleno de filtros e incluso se da el lujo de reinventar sus registros en una inolvidable y absolutamente confrontacional 'Lemon' (¿un single de siete minutos?, un single de siete minutos...), la batería de Larry Mullen suena seca y particular, robándose la película en la mecánica 'Daddy's gonna pay for your crashed car' y por si todo esto fuese poco, el cierre a cargo de 'The wanderer', con un legendario Johnny Cash en las voces, llega a confirmar el que la banda se sentía con la confianza como para realizar lo que fuese. 

Estamos frente a un trabajo de lujo, un disco al que cuesta encontrarle defectos. Un álbum que se suponía venía a ser el hermano menor de Achtung Baby! y terminó ganándose su espacio por méritos propios. Un verdadero neo clásico. 

La historia de U2 alcanza su máximo creativo con Zooropa, a partir de acá solo quedaba el inevitable descenso y es que superar algo como esto realmente era complicado, por no decir imposible. En 1995 buscarían inspiración (y aire) en un proyecto más alternativo que Zooropa, titulado Passengers y en 1997 llegaría Popel comienzo del fin para la banda, pero bueno,  aquello es parte de otra historia...


9/10
¡Brillante!

viernes, 2 de diciembre de 2022

20 Años De... Björk: Vespertine (2001)

 "El desmarque definitivo..."

Dicen que el primer paso es el más difícil de todos, aquel que marca una nueva dirección a seguir y rompe con el pasado. En dicho sentido, Homogenic fue claramente el primer paso hacia la emancipación de Björk, una obra maestra en donde la islandesa abrió aguas cortando con el pop de sus inicios, tanteando nuevos terrenos entre atmósferas densas, oscuras e íntimas para lograr así expandir su universo. Ahora, si el de 1997 fue el eslabón inicial, cuatro años más tarde Vespertine acabó por desatar el definitivo desmarque, aquel punto de no retorno para una artista dispuesta a hacer algo que muy pocos (en la vida) están dispuestos a hacer: volver a comenzar. Porque digámoslo como lo que es: la Björk post Verpertine tiene poco y nada que ver con la pre, es prácticamente otra artista la que acá inicia una carrera (la prueba está en las pocas canciones de sus primeros dos álbumes que la vocalista interpreta a día de hoy en sus shows en vivo), una con aspiraciones artísticas completamente diferentes y ciertamente alejada de la atención mediática.

Para comprender esto último cabe mencionar el contexto que rodea la producción de Vespertine. ¿Desde donde venía Björk? Del reconocimiento transversal de la crítica ante Homogenic, su comentado (y polémico) trabajo junto a Lars Von Trier en Dancer in the dark (que incluyó además una banda sonora fantástica interpretada por la islandesa) y el posterior bullying masivo tras la gala de los Oscar (donde se vistió de cisne). Toda una vorágine, demasiado para una personalidad introvertida. Sin embargo, en medio de todo aquello es que inicia su relación con el afamado artista Matthew Barney (compañero de vida durante los casi quince años posteriores) por lo que se comprende el que la islandesa decidiese internarse (aún más) en si misma y en dicha relación, expresando su momento mediante un álbum que expande el sonido de Homogenic, llevándolo a otro lugar, uno que se aleja ya por completo de las estructuras pop, trabajando una electrónica minimalista que funciona como un verdadero viaje, un trance continuo. 

En cuanto a temáticas el álbum también tiene su línea. Y es que si cuatro años atrás Björk abordaba el amor desde la pérdida e incluso la rabia, en Vespertine abraza el sentimiento en estado puro e íntimo, cómo alguna vez expresó Peter Gabriel (en 'Red rain' de 1986): "Defensas abajo, con la confianza de un niño...". Tal cual. Björk se entrega por completo, y en paralelo, tanto a su relación de pareja como a si misma, asunto que se expresa con total claridad en la inicial 'Hidden place', una delicada invitación a sumergirse en la esperanza que se encuentra con la llegada del enamoramiento ("Desde el más cálido cordón / Tu amor me fue enviado /  No estoy segura en qué hacer con el / Ni donde ponerlo..."), esto enmarcado en un sonido tremendamente sutil, que se mueve entre micro beats + arreglos orquestales, ideas que volverán a tratarse más adelante en cosas como 'It's not up to you', 'An echo a stain' o 'Sun in my mouth'. Todas inmensas.

Verdad sea dicha, el álbum es una bestialidad en materia de arreglos. Hay canciones que serán pura delicadeza, donde instrumentos como el arpa adoptan protagonismo y la vocalista sabe encontrar varias de las mejores interpretaciones de su carrera, jugando con las intensidades en 'Pagan poetry' (con prácticamente el único momento explosivo que encontramos en el álbum), en la hermosa 'Aurora'o yendo muy abajo en las atmósferas, como ocurre en 'Cocoon', 'Undo' (con ese llamado a rendirse ante el sentimiento, afirmando que este "no debe ser una lucha ni cuesta arriba") o en esa recta final que se vive con 'Harm of will' + 'Unison' (apabullante cierre para el álbum), temas en donde Björk es capaz de alcanzar niveles únicos de expresividad recurriendo incluso a susurros con su voz. De igual forma, cuando el disco se lanza a la exploración más dura, encuentra cosas como 'Heirloom', que funcionará a la perfección en el tándem bajo + electrónica.

El momento que encuentra Björk en Vespertine es de apertura total. Nunca sonó tan adulta, (las referencias a su sexualidad en el disco son tan poéticas como transversales) y entregada a si misma, a su crecimiento artístico y emocional. Sin embargo, lejos de proyectar un monólogo impenetrable, el álbum es tan emocional que solo puede sobrecoger. ¿Cuántos artistas han sido capaces de parir dos obras maestras incontestables al hilo? Pues he acá una. Genia absoluta. 

¿Canciones? 'Hidden place', 'Undo', 'Aurora'.

10/10
Obra maestra.