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viernes, 15 de marzo de 2024

Ministry: Hopiumforthemasses (2024)

 "Poco trascendente..."

No vamos a descubrir acá lo cuesta abajo que viene desarrollándose la carrera de Al Jourgensen, reviviendo artificialmente a Ministry cada ciertos años. ¿Cuántos álbumes de mediocres o de medio pelo ha lanzado en esta última década? El caso es que en este 2024 tocaba, y acá lo tenemos pasándose un buen rato frente a nosotros mediante once canciones que dan muestras de su habitual uso del humor y acidez. Esto último, sin embargo, lejos de convertirse en una virtud acaba convirtiendo al disco en un ejercicio particularmente frustrante, y es que estando los temas ahí, la rabia, rebeldía y la crítica directa, Jourgensen no es capaz de construir un álbum que suene atractivo (para que vamos a decir fresco o novedoso) y acaba perdiéndose una vez más entre la monotonía de sus loops y medios tiempos. 

Pues lo dicho, que durante cuarenta minutos Jourgensen decide pegarle palos a la misoginia y la violencia machista en 'B.D.E' ( siglas para "Big dick energy"), al racismo en 'Goddamn white thash' (que directo ha estado esta vez con los títulos eh?) o 'Aryan embarrasen', a la explotación de recursos naturales en 'Just stop oil' (quizás la mejor de todas) o al orden político/económico/cultural actual en 'New religion' El problema es que jamás el álbum pareciese tener algo relevante que decir desde lo musical y se limita a dar vueltas entre la reiteración de trucos que le conocemos de memoria al vocalista. Para muestra lo que intenta en 'TV song 1/6 edition', cuando va en busca de algo más agresivo pero con nulo impacto, agotando y aburriendo más bien. 

Finalmente, Hopiumforthemasses se mueve en la línea poco trascendente de sus antecesores, un nuevo trabajo que llega para estirar el hilo de la despedida (desde 2012 viene anticipando que "este si que si es el último disco de Ministry"), que en cuanto a temáticas pareciese tener algo que escupir pero que en cuanto a arreglos no es interesante, sumándose a la lista de álbumes menores dentro de la discografía de la banda, una que hasta 2007 al menos mostraba realmente pocos ripios. Queda por tanto en el recuerdo la trilogía post 2000 compuesta por Houses of the molé (2004) + Rio grande blood (2006) + The last sucker (2007), sumado viejas glorias históricas como The mind is a terrible thing to taste (1989) o Psalm 69 (1992). Esa historia está escrita ... y esa no se mancha. 

¿Canciones? 'Just stop oil'.

4/10
Malo.


Otras reseñas de Ministry:

martes, 19 de octubre de 2021

Ministry: Moral Hygiene (2021)

 "(Al menos) hay propuesta..."

Como aquellas sagas en el cine que tienden a estirarse mucho más allá de lo necesario, lo de Al Jourgensen a cargo de Ministry parece ser un culebrón de nunca acabar. Casi quince años atrás, en 2008 fue cuando este mítico personaje anunció (por primera vez) que no habría más Ministry, sin embargo, cuatro años más tarde lo vimos reuniendo a la banda para publicar Relapse (2012). Posteriormente ocurrió la lamentable muerte de Mike Scaccia y con ella la noticia: habría un último álbum que reuniría lo últimos riffs del guitarrista. Llegó así From beer to eternity (2013) a nosotros, de nivel irregular pero frente al cual todos quisimos ver el vaso medio lleno considerando las circunstancias. Pero esto no terminó ahí, y para sorpresa de muchos, cinco años más tarde tuvimos a Ministry (o lo que quedaba de ellos) de regreso, inspirados (?) en la figura de Donald Trump mediante Amerikkkant (2008), un disco redundante y, digámoslo, carente de toda magia. 

El caso es que cada nuevo lanzamiento venía siendo peor que el anterior por lo que frente a este Moral Hygiene las expectativas altas no estaban pero quedaba por verificar si la tendencia a la baja se confirmaba o más bien corregía en algunos aspectos. Con el álbum entre nosotros cabe mencionar que el buen Al ha querido realizar un giro de timón centrándose esta vez en las canciones por sobre los excesivos efectismos que sobraron tanto en From beer to eternity como Amerikkant, sin embargo, tampoco el álbum apunta hacia el metal despiadado de álbumes como Houses of the molé (2004), Rio grande blood (2005) o The last sucker (2007), sino más bien busca encontrar un equilibrio, con medios tiempos cargados de peso + groove, como ocurre en 'Alert level' + 'Good trouble', que no están mal aunque ambas son muy similares por lo que parecen ser diez minutos de lo mismo (por cierto, los seis minutos de la primera no se justifican en absoluto), siendo recién en 'Sabotage is sex' donde percibimos un matiz gracias a la participación en voces de Jello Biafra (un histórico de Dead Kennedys), así como en 'Desinformation' encontramos la que debe ser la mejor pegada en todo el álbum. En el nudo del álbum 'Search en destroy' también funcionará, pese a bajar velocidad respecto a su versión original de The Stooges (de 1973), mientras que 'Believe me' con su incursión en teclados y guitarras acústicas resultará atractiva, novedosa e interesante.

La primera mitad del disco por tanto, pese a nunca encontrar un punto marcadamente alto y reiterar ideas en su comienzo, mejora ostensiblemente el nivel que Al Jourgensen venía entregando en anteriores álbumes de Ministry, y eso hay que dárselo. Ahora, lamentablemente estas sensaciones no logran confirmarse en la segunda mitad, donde el disco se empantana poco a poco entre experimentaciones y canciones en exceso difíciles de seguir, como toda la pasada por 'Broken system' + 'We shall resist' + 'Death roll', quince minutos en total que son puro tedio y rompen por completo el ritmo que el disco venía trayendo, así como el cierre hiperquinético que propone 'Tv song #6' tampoco se entiende más allá del freakerío de su sonido. Una lástima. 

Mirando el vaso medio lleno, hay una propuesta musical acá y cositas que permiten afirmar el que estamos ante el mejor álbum de Ministry en diez años, al menos en la etapa post Mike Scaccia. Ahora, claro, tampoco da para destapar nada, que objetivamente esto se encuentra muy pero muy lejos de los momentos más logrados de esta leyenda. 

¿Canciones? 'Desinformation' , 'Search and destroy' y 'Believe me'.

6,5/ 10
Cumple y algo más...


Otros álbumes de Ministry:

lunes, 19 de marzo de 2018

Ministry: AmeriKKKant (2018)

"Identidad que se niega a desaparecer..."

En el libro de las falsas despedidas existirá un capítulo especial dedicado a Ministry, quienes (Al jourgensen en realidad) anunciaron la edición de Relapse (2012) como un último lanzamiento (con gira de despedida incluida) para luego, un año más tarde y tras la lamentable pérdida de Mike Scaccia, regresar afirmando que (ahora si que si) decían adiós con From beer to eternity (2013), álbum que se suponía contenía los últimos riffs que el guitarrista trabajó junto a la banda. El caso es que a cinco años de dicho lanzamiento el elástico se ha vuelto a estirar, por lo que tenemos nuevo disco de Ministry: AmeriKKKant, álbum número catorce en su discografía. 

Vuelve además Jourgensen con nueva musa, si en el pasado tuvimos a George W. Bush como protagonista de una trilogía, esta vez es Donald Trump quien acapara las críticas y ridiculizaciones a lo largo de los casi cincuenta minutos de música que esta vez nos proponen. En ese sentido, AmeriKKKant es un disco que desde sus primeros segundos muestra las cartas con descaro mediante 'I know words', una intro instrumental que juega con el (ya mítico) "We will make America great again" una y otra vez, como quien repite un chiste hasta la saciedad. Desde acá observamos el principal problema con que carga el álbum: acá no hay canciones sino más bien ideas que se reiteran una y otra vez durante minutos que se vuelven eternos. 

Y es que desde el inicio el trabajo se va por un tubo donde cuesta distinguir el paso entre tema y tema, un viaje que abusa de los loops, del uso del ruido y la desestructura, realizando guiños al pasado de la banda mediante el uso constante de temas extensos, repetitivos y pesados. Para muestra, los monocordes 16 minutos que componen la pasada por 'Twilight zone' + 'Victims of a clown', que únicamente son interrumpidos por una violenta aceleración que aparece en los últimos treinta segundos de la segunda. La sensación inevitable es la de estar frente a un producto forzado por un Al Jourgensen que sentía algo debía decir respecto a la contingencia política de los Estados Unidos, fuese lo que fuese.

Más adelante, canciones como 'We're tired of it' o 'Antifa' mostrarán una faceta más dinámica de la banda, la cual se anexará con densos pasajes (y probablemente los más interesantes de todo el disco) como los que se viven con 'Wargasm' o 'Game over', compensando lo que había sido una partida bastante pobre.

En definitiva, Al Jourgensen (una vez más) se muestra absolutamente libre durante el tránsito de AmeriKKKant, un álbum que equilibra una crítica aguda con buenas dosis de buen humor y que musicalmente continúa mostrando cierta identidad propia de quienes inauguraron este género casi treinta años atrás, sin embargo, la falta de ideas es evidente. ¿Nos olvidamos entonces definitivamente del retiro? ¿Tendremos una nueva trilogía, esta vez dedicada a la figura de Trump? Como sea, sin deslumbrar y muy lejos de sus mejores tiempos claro está, esto sigue sonando a la libertad característica de Ministry, aunque las canciones sigan sin estar...

5/10
Nada muy especial...


Otras reseñas de Ministry:

martes, 10 de septiembre de 2013

Ministry: From Beer To Eternity (2013)

Sensaciones encontradas

Al Jourgensen debe ser una de esas personas que vive con la conciencia tranquila. El tipo puede jactarse de haber realizado durante su carrera musical lo que le dio la gana y haber vomitado cuanta idea se encontrase en su cabeza, sin temor a las consecuencias. El punto de inflexión en la carrera de Ministry se dio tras el éxito de Psalm (1992), momento en que la banda pudo haber optado por masificar su propuesta pero aquello no sucedió, los tipos decidieron morir con las botas puestas y dejar servido el éxito comercial a sus discípulos. Los hechos mostraron que dentro del mundo del metal industrial los créditos se los llevaron otros (Trent Reznor, Marilyn Manson, Rammstein, Fear Factory e incluso Rob Zombie en algún momento), sin embargo, la dignidad está con Ministry. 

El caso es que desde hace años que Jourgensen viene anunciando el fin de la banda. Incluso luego de esa magnífica trilogía dedicada a George W. Bush entre 2004 y 2007 (The last sucker es un álbum que deberías escuchar) hubo tour de despedida (Adios ...puta madres) pero cinco años más tarde, en 2012 y luego de haber vivido serios problemas de salud, Jourgensen reunió a la banda para editar Relapse, el que ahora si suponía el cierre de una carrera notable. Ahora, lamentablemente a fines de 2012 supimos del fallecimiento de Mike Scaccia, insigne guitarrista de la banda, asunto que motivó a que nuevamente Jourgensen sacase a Ministry del cajón. Sus palabras fueron: "es imposible que exista más Ministry sin él, sin embargo, considero una obligación el editar los últimos temas que Mike y yo estábamos trabajando poco antes de su muerte...". Y bue...

El caso es que pese a todo el enrarecido ambiente que rodeó la grabación de From beer to eternity, si hay algo que jamás se percibe en el álbum es un aroma a despedida. Olvídense de concesiones o momentos llorones. Ministry está de vuelta con un disco que cuenta con marca registrada y que si bien no se parece prácticamente en nada a su antecesor, contiene al mismo tiempo todos los elementos desquiciados (e incluso excesivos) que por lo general han estado presentes en la carrera de la banda. Ahora, si estos elementos están bien o mal conducidos será materia de debate (a mi el disco me ha generado sensaciones encontradas), pero de que la banda está de regreso con toda su habitual carga, lo está. 

Hablando de la música habría que decir que From beer to eternity se presenta como un álbum más lento y menos directo que cualquiera de los últimos tres o cuatro discos de la banda. En ese sentido, ese violento doble pedal que predominó tanto en The last sucker (2007) como en Relapse (2012) acá solo aparece a momentos, entregando de esta manera un disco que suena más cargado a la experimentación que a la dinámica inmediata. 

La partida llega con "Hail to the majesty", una especie de jam session que cruza sucias guitarras, jueguitos electrónicos, voces, discursos y gritos varios. Como introducción está muy bien aunque quizás le sobra un minutito. Le seguirán tres temas bastante densos pero que a mi me han encantado. Primero aparece una repetitiva y desestructurada "Punch in the face", que con su machaque constante me recordó muchísimo los buenos tiempos de Psalm 69 por lo que enganchó conmigo de inmediato, luego suena "PermaWar" (que ya la conocíamos como adelanto), la cual se consagra rápidamente como una de las mejores piezas del disco mientras y finalmente "Perfect storm", que conjuga momentos muy pesados y lentos con otros más veloces. Estos cambios de velocidad enganchan a la perfección con la aparición de "Fairly unbalance", el primer momento del álbum que trae de regreso a los Ministry brutales y cargados de dinámica. Hasta acá, no hay quejas, el disco va impecable. 

El problema aparece al sexto tema, cuando los excesos (¿falta de material?) se toman el disco. La seguidilla "The horror"/ "Side F/X" / "Lesson unlearned" la verdad es que aporta muy poco. Son doce minutos de ruidos, gritos, loops, quiebres sin sentido y uno que otro coro loco que por ahí aparece pero que en realidad no conecta en absoluto con los primeros cinco temas que en lo personal tanto había disfrutado. Para el final el asunto repunta un tanto (pero solo un poco) con los ocho minutos de "Thanks but no thanks", básicamente gracias a las ironías y el sentido del humor de Jourgensen pero "Change of luck" vuelve a caer en el problema del relleno (el tema comienza con 3 minutos y medio de nada ) y "Enjoy the quiet" no es más que un dialogo de despedida con una masa ruidosa de fondo, así que como canción no cuenta.

Me quedo entonces con sensaciones dispares. Con un álbum que cuenta con una primera parte atractiva pero una segunda cargada al relleno y repleta de excesos que me llevan a pensar que Al Jourgensen se apuró un tanto con la edición de este trabajo. Si el tipo quería rendir homenaje a su fallecido amigo y compañero creo que debió tomarse un poco más de tiempo para poder completar este álbum de manera adecuada. Como despedida siento que Relapse funcionaba mejor y dejaba una sensación más clara. From beer to eternity como EP funcionaría pero como disco no termina de convencer. Pero bueno, comencé esta reseña afirmando que Jourgensen siempre ha hecho lo que ha querido... no lo vamos a comenzar a regañar ahora por aquello.

6/10
Bueno, cumple.