CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Más allá de las idas y vueltas que ha dado en su carrera, si algo no se le puede negar a Enrique Bunbury es la capacidad que ha mostrado para siempre invitarnos a abrazar el presente. El tipo podría vivir de giras de reencuentro junto a Héroes del silencio, sin embargo, constantemente se ha negado a aquello y en cambio ha optado por un camino muchísimo más desafiante: el de la creación y el riesgo constante.
En dicho sentido convendría también admitir que el español se encuentra viviendo su momento creativo más regular y talentoso en al menos veinte años, así como se lee. Desde hace un tiempo el vocalista viene agarrando experiencia y aprendiendo de los errores del pasado, sus discos han dejado de ser esos ensayos eternos, verborreicos y exagerados para lentamente ir adoptando posturas sobrias y reflexivas. En su ruta lo más reciente fue el sólido Cuentas pendientes (2025), un trabajo donde predominó su fascinación por los sonidos latinos (algo que viene explorando desde Pequeño, allá por 1999), y bueno, este De un siglo anterior insiste en dicha senda, con la curiosidad de mejorar incluso la propuesta respecto a su antecesor, lo cual llama la atención considerando que el disco llega apenas un año más tarde. Pero insisto, que Bunbury anda tocadísimo...
Desde un comienzo acá captamos por donde irán los tiros, medios tiempos y personales baladas en donde el vocalista vuelve a mirar hacia adentro, a reflexionar respecto al paso del tiempo, el fracaso y la necesidad de aprender del error. Bajo esta última idea es que el álbum abre en un tono bastante optimista mediante 'Creer que se puede creer' (el título anticipa) y la fantástica 'Brindis al sol', una de aquellas canciones dispuestas a vivir en nuestro sub consciente por siempre (y de esas el español vaya que tiene varias) gracias a la complicidad que sus fantásticas líneas ("¿Quién va a lloriquear por los años que pasan? / En la imagen que devuelve el espejo no te reconocerás...") encuentran entre arreglos de cuerdas sobrios pero llenos de magia. En la misma línea profunda que mira hacia el pasado para tomar impulso se mueve otra joya como 'La voz' ("Que más da cuanto te equivoques Siempre puedes echar marcha atrás / Regresar, completar el ciclo / Y quizás volver otra vez hasta el mismo lugar...") y delicadas piezas como 'La próxima vez no habrá próxima vez'.
El álbum ha sido grabado en su adorado México, y vaya que se nota. El perfume latinoamericano se huele todo el tiempo y se percibe con claridad en un sentido bolero como 'De un siglo anterior', donde realmente pareciese definirse entre líneas como "No hay más brújula que la convicción...", al meterle sabor a la cosa en 'Peor que como estamos (es difícil ya que estemos)', el tema más político y punzante de la lista, en los coqueteos con el tango en 'En el arcén' o la sentida 'Zamba para olvidar'. Bunbury claramente se ha empapado de estos sonidos, ha trabajado con múltiples músicos y seguro ha sabido escuchar, lo cual ha derivado en un trabajo que jamás suena a caricatura y muestra un notable crecimiento para un artista que vuelve acá a encontrar un punto altísimo en su carrera. Y ya van...
¿Canciones? 'Brindis al sol', 'La voz', 'De un siglo anterior'.
Excluyendo aquella aventura furiosa (y brillante) que fue Radical sonora (1997), un disco que más bien respondió a las ansias de Enrique Bunbury por alejarse del sonido de Héroes del silencio, desde un comienzo la carrera del español estuvo ligada a su fascinación por la cultura y sonidos latinos. Sin ir muy lejos, tanto Pequeño (1999) como álbumes posteriores estuvieron marcados por aquella búsqueda, y bueno, este Cuentas pendientes retoma aquella senda, un disco que lo aleja del sonido eléctrico y experimental de Posible (2020), Curso de levitación intensivo (2020) e incluso Greta Garbo (2023), para una vez más internarse en la arista más dramática del sonido latinoamericano, algo que acá en Chile llamamos "la balada cebolla". De vuelta entonces al bolero, el pesimismo y sufrimiento, aquellas canciones que empapan con sangre sus líneas y que vuelven a mostrar al Bunbury más visceral.
Lo anterior se anticipa de buena forma en la sobria partida que entregan 'Para llegar hasta aquí' + 'Saliendo del arrabal' + 'Las chingadas ganas de llorar', diez minutos iniciales marcados por la sencillez del sonido y líneas directas, sin embargo, será a partir de 'Serpiente' cuando el álbum efectivamente mostrará las garras, desatando la convicción que prometía con ese puente/coro lleno de fuerza ("Quítate el bozal para masticar / Eres una serpiente, no sabe ir de frente y me clava el puñal por detrás..."). De hecho, desde acá el disco se irá por un tubo sin jamás bajar el nivel, aportando sensibilidad en la delicada pasada por 'Loco' + 'Cuentas pendientes' para definitivamente desatarse en 'Te puedes a todo acostumbrar', el momento cúspide del álbum y uno donde Bunbury nos saca a bailar armando una especie de 'Nunca es suficiente' (la de Natalia Lafourcade) en versión propia.
Entrando en su recta final el disco ya ha ganado pero de todas formas confirmará sensaciones mediante una sólida 'La hiedra' (que me ha recordado en su coro a 'Es el amor quien llega', una vieja gloria de la mexicana Ana Gabriel) para entregar un cierre sentido y reflexivo mediante 'Como una sombra' + 'El baile de los disfraces y la tentación', marcadas ambas por un piano sutil + guitarras acústicas que proporcionan atmósferas propicias para que Bunbury vuelva a expandir su tono más teatral.
Sacando cuentas y haciendo historia, no sería exagerado afirmar que a partir de 2020 Enrique Bunbury se encuentra viviendo un período sólido y estable dentro de su carrera en solitario, también aquel en donde con mayor claridad ha sabido expresar sus convicciones musicales, equilibrando esto con álbumes que oscilan entre el bueno y el notable. No es poco para un artista que lleva treinta años luchando contra su propia sombra...
¿Canciones? 'Serpiente', 'Te puedes a todo acostumbrar' y 'Como una sombra'.
Claramente Senderos de traición (1990) marcó el antes/después para Héroes del silencio, un punto de no retorno para una agrupación que demasiado temprano comenzó a mostrar ripios internos insalvables. Con aquel disco llegó el éxito y el reconocimiento pero también la lucha de egos, el cansancio, el desgaste y las disputas en torno a las direcciones que debía la banda seguir. Sabido es que Juan Valdivia se mostraba algo más ortodoxo que Bunbury, el guitarrista deseaba que Héroes profundizase aristas más duras mientras que el vocalista se mostraba dispuesto a experimentar y precisamente salir de ahí (algo que ciertamente se corroboró tan solo un par de años más tarde en un disco como Radical sonora). En medio de toda esta disputa de estilos la leyenda cuenta que El espíritu del vino (1993) fue un trabajo en donde Bunbury se impuso, por lo que para el siguiente le tocaba a Valdivia, de ahí que para Avalancha dejasen de trabajar con Phil Manzanera y recurriesen al canadiense Bob Ezrin en producción, con quien se lanzaron en la búsqueda de los sonidos más densos y duros en toda la carrera de Héroes del silencio, aunque claro, esto siempre matizado por una serie de sensibles (y oscuras) baladas, generando así un equilibrio tan sólido como fascinante.
Sin ir demasiado lejos basta darle play al álbum para corroborar lo que se te viene encima. Tras un breve instrumental que parece invitar a tomar aire suena la apabullante'¡Rueda, fortuna!', un rock and roll acelerado que muestra a la banda en su faceta más agresiva de la mano de un Bunbury críptico que reflexiona respecto a los destinos de la vida ("¿Cuántos billones de años formaron estos latidos en los que estamos? / ¿Cuál es el punto en que coinciden lo increíble y lo exacto...?") y un Juan Valdivia ciertamente furioso en guitarra. A esta le seguirá 'Deshacer el mundo', probablemente la mejor canción en toda la carrera de Héroes del silencio, así como se lee. Un medio tiempo agresivo dueño de una intensidad enorme que daba muestras de la madurez compositiva a la que había llegado la banda en ese entonces, lo mismo que 'Iberia sumergida' (escogida como primer single promocional del disco), un poco menos agresiva que sus antecesoras pero igual de efectiva gracias al notable trabajo en batería de Pedro Andreu.
Uno de los puntos que juega muy a favor de este disco es la elección del orden de la lista, la cual coopera con el viaje que propone. Esto a propósito de la segunda fase que vive tras dicho desenfrenado comienzo. El álbum baja entonces las intensidades primero con el medio tiempo 'Avalancha', con Bunbury enviando mensajes en su cara al mismísimo Valdivia ("Aún nos quedan cosas por hacer / Si no das un paso, te estancas...") y luego con un baladón como 'En los brazos del la fiebre', un tema que muestra a la dupla en su máximo esplendor, cada cual funcionando a lo tope en lo suyo entre líneas tremendamente nostálgicas que nuevamente aplican para la separación de la banda.
"El paraíso deviene en infierno, y luego se queja.
Y sin que nadie se mueva, ¿Quién lo arregla...?"
'En los brazos de la fiebre', por cierto, es una canción absolutamente hermanada con la que fue escogida como segundo single del álbum transformándose desde entonces en un verdadero clásico de la banda :'La chispa adecuada'. Son dos caras de una misma moneda, la primera en versión eléctrica mientras que la segunda se va al acústico de la mano de una exquisita sensibilidad. Lo interesante es que entre ambas el disco entregará temas de bastante peso, primero con la veloz 'Parasiempre' (muy en la línea de '¡Rueda, fortuna!' en la apertura del álbum) y luego con la sencillamente espectacular 'Días de borrasca', casi siete minutos en donde Juan Valdivia vuelve a entregarse a un hard rock inspiradísimo. De la interpretación vocal de Bunbury ni hablar, como dicen hoy los lolos: en su prime.
Finalmente, el álbum está tan bien pensado que tras haber alcanzado su punto más alto en la pasada por 'La chispa adecuada' + 'Días de borrasca' plantea un "post orgasmo" que se dedica simplemente a sostener el buen momento, a estirarlo de manera placentera primer con los medios tiempos 'Morir todavía' + 'Opio' (brillante en esta el coro con ese "...las cosas más triviales se vuelven fundamentales"), para luego finalizar el viaje mediante otra épica balada (y ya van...) como 'La espuma de venus'.
Se cerraba así una experiencia fabulosa, poco más de cincuenta minutos sin segundo de desperdicio que representaron el fantástico canto del cisne para una banda que aún viviendo su peor momento en materia de convivencia supo encontrar fuerzas suficientes como para cerrar su carrera de manera gigante. En Avalancha encuentras todo lo que caracterizó la carrera de la Héroes del silencio: un sonido furioso y sensible a la vez, una banda a tope, la guitarra afiladísima de Valdivia, varias de las mejores interpretaciones vocales de Bunbury y un set de potentes líricas. Se terminaba aquí también el viaje de la banda, uno ciertamente breve pero tremendamente intenso. A veces menos es más, y bueno, este fue uno de aquellos casos. Benditos sean, de aquí a la eternidad...
Atención, que esta semana me voy a dar un gustazo de aquellos. Comenzando el día de hoy...
Y es que dentro del universo de la música en habla hispana no debe haber mayor mito que el de Héroes del silencio (quizás Soda Stereo, quizás...),una banda de la que se sigue hablando a décadas de distancia, al punto de que no ha habido entrevista durante estos casi cuarenta años en la que Enrique Bunbury no haya debido contestar alguna pregunta relacionada con el regreso de los españoles. El fenómeno no deja de llamar la atención considerando lo poco que duró la agrupación, fueron cuatro álbumes en tan solo ocho años pero bueno, así se construyen los mitos, ¿no? El de The Beatles, Nirvana, Guns n' roses... o Héroes. El nexo común es la existencia de carreras breves pero explosivas, altamente creativas y con finales tan abruptos como dramáticos, digamos, que derramaron sangre entre sus seguidores.
Respecto a Héroes del silencio, si bien la banda para 1990 ya había publicado un álbum debut un par de años atrás, el disco que definitivamente les consagró a nivel masivo fue este notable Senderos de traición, doce canciones que en cuarenta y cinco minutos fueron capaces de condensar absolutamente todos los elementos que sellaron a fuego la carrera de los españoles, dígase, un rock marcado por la guitarra afilada pero particularmente sensible de Juan Valdivia, enmarcado en la fuerza interpretativa (y sentidas letras) de un desaforado y siempre teatral Enrique Bunbury.
Este mix se aprecia de inmediato en la partida del disco. Y es que... ¿Qué se puede decir a estas alturas de una canción como 'Entre dos tierras' ? Un verdadero hitazo noventero y clásico absoluto, dueño de una intensidad que se mantiene a tope durante sus seis minutos minutos de duración y que manifiesta una fuerza sencillamente espectacular, un torrente apasionado que por momentos luce incontrolable pero que la mano de Phil Manzanera (productor que acompañaría a la banda por un par de discos) supo encauzar por buen camino. Esta energía volverá a decir presente a lo largo del álbum en otros pasajes igual de notables como 'La carta', 'Hechizo' o 'Decadencia', temas tremendamente dinámicos que funcionan cada uno como un verdadero shot de adrenalina.
Lo notable acá es que la banda supo matizar dichos desbordes de energía con pasadas igual de emocionales pero que quitaban el pie del acelerador, me refiero a sensibles medios tiempos como 'Maldito duende' (otro golazo eterno que se anotó este disco), 'Malas intensiones', 'Senda' o 'Despertar', así como una serie de baladas, destacando los coros que encuentran en 'Oración' o ya cerrando con 'Con nombre de guerra', quizás el único punto bajo (o que no se encuentra al nivel del resto) en todo el trabajo.
En definitiva, si algo caracterizó la carrera de Héroes del silencio fue la apabullante fuerza que transmitían sus canciones (lo cual también se puede visualizar en el registro oficial en vivo que grabaron en Alemania por aquellos años), algo que Senderos de traición expuso con absoluta claridad . Ese tipo de disco que transmite una compacta idea sonora de comienzo a fin y funcionó como una excelente carta de presentación a nivel internacional para los españoles. Ciertamente repetir este nivelazo a futuro no era fácil, así como el lograr que personalidades tan avasalladoras como las de Valdivia y Bunbury pudiesen convivir por demasiado tiempo más. Solo quedaba disfrutarles por cuanto esto pudiese durar, aunque bueno, aún a la banda le quedarían un par de balas por lanzar...
¿Canciones? 'Entre dos tierras', 'Maldito duente', 'La carta' y 'Hechizo'.
El período de pandemia resultó particularmente fecundo para Enrique Bunbury, quien en 2020 publicó dos álbumes, un EP en 2021 y en este 2023 llega con otras diez canciones bajo el brazo dispuestas a expresar su momento, uno que coincide con un forzado alejamiento de los escenarios que el vocalista debió anunciar el año recién pasado a causa de problemas de salud. Greta Garbo es un trabajo por tanto que bebe de estos dos hechos, en lo lírico se encuentra centrado en la reflexión en torno a la partida y el que "todo pasa", mientras que en materia de arreglos apuesta por un sonido orgánico, minimalista y que escapa del uso de teclados + sintetizadores de sus antecesores inmediatos. En este camino, la austeridad que Bunbury propone en estos cuarenta minutos de música funcionan de manera irregular, de menos a más para ser más preciso. Y por cierto, tampoco ayuda la producción de Adan Jodorowsky, en exceso tímida y contenida.
Y es que cuando el vocalista apunta al rock en la partida del álbum con 'Nuestros mundos no obedecen a tus mapas' lo hace con una timidez que impacta, lo mismo en 'Invulnerables', con unas guitarras que no pueden estar más adormecidas. La sensación es que el español tiene algo que decir (las letras están muy bien, ahí no caben dudas) pero lo musical muestra una falta de hambre que lastra bastante el resultado. Lo mismo con el medio tiempo 'Alaska', totalmente inofensivo (e incluso aburrido). De esta forma, tras un tridente inicial olvidable el disco recién muestra su potencial pasado el primer tercio, cuando 'Desaparecer', pese a ser una balada de piano completamente de manual, funcione gracias a la interpretación de un resentido Bunbury que aborda la idea del abandono ("El día menos pensado tengo que aprender a desaparecer..."), algo que también logrará en 'Para ser inolvidable' o la excelente 'De vuelta a casa', nuevamente volando alto gracias al mensaje ("Vamos, adelante, no te olvides de mi / Aquí nada termina, es la lección que aprendí..."), en un sonido que evoca con claridad el 'Let me roll it' de Paul McCartney.
El mejor tramo del disco culminará con la rabiosa 'La tormenta perfecta', una que hubiésemos querido se extendiese algo más allá de sus escasos tres minutos, con Bunbury subiendo el registro línea a línea en el coro y regalando exclamaciones de hastío ("Este es un tiempo de mierda / Todo se está transformando / De mariposa a gusano / Atrapado en la enredadera..."). Finalmente, en la recta final se retomarán los medios tiempos, destacando unicamente el cierre a cargo de 'Corregir el mundo con una canción', quizás la más completa en todo el disco en materia de arreglos, entre percusiones y un saxofón encargados de construir una atmósfera envolvente que vaya que funciona.
Greta garbo tiene una idea clara y la desarrolla. También la transmite. Es coherente en ese sentido y al menos durante medio álbum convence. Sin embargo, cuenta con un problema de producción, la cual no ha sabido sacar provecho a todo lo que acá se presenta. El resultado es por tanto irregular, de altos y bajos, un disco de grandes letras y mensajes pero que musicalmente queda bastante al debe.
¿Canciones? Todo el nudo: 'Desaparecer','Para ser inolvidable', 'De vuelta a casa' y 'La tormenta perfecta'.
No deja de impactar el que tras tantos años Enrique Bunbury deba seguir enfrentando en cada entrevista alguna pregunta respecto al final de Héroes del silencio y/o una posible reunión de la banda. El hombre debe estar harto, sin embargo, con infinita paciencia en este último período ha decidido referirse al tema una y otra vez, en un gesto que reconoce de cierta forma la grandeza de su banda madre, con quienes el tiempo ha hecho justicia situándolos en un sitial privilegiado dentro de la escena habla hispana noventera. El caso es que muchos nos hemos preguntado (en un ejercicio inútil claro está) el qué hubiese ocurrido con Héroes de haber continuado la banda, y es que los españoles decidieron dejarlo todo cuando estaban muy muy arriba, Avalancha (1995) fue un álbum magnífico y por ende las expectativas ante un siguiente paso eran gigantes (por algo también lo traumático de la ruptura). Y acá quisiera aventurarme con una idea loquísima pero que prometo justificar: fuese lo que fuese que viniese para Héroes del silencio, creo se habría acercado a lo que Enrique propuso en los cincuenta minutos de este Radical sonora.
¿En qué me baso para afirmar semejante disparate? Pues en que si bien Bunburyse aventura en su debut en solitario con sonidos que se alejan forma del rock duro y ortodoxo desarrollado junto a su ex banda (también marca claras diferencias en lo estético, yendo a los colores y cortándose el pelo), lo que cambia acá es la piel, el envoltorio, más la fuerza, pasión, el desgarro y la convicción se siguen percibiendo muy a flor de piel, esto a diferencia de cualquiera de los futuros álbumes del vocalista.
Aunque no lo pareciese en su momento, el rock sigue corriendo por las venas de Enrique Bunbury en Radical sonora, sin embargo, al no estar ya acompañado por sus antiguos compañeros de ruta, el vocalista pudo dar rienda suelta a todo aquello que retumbaba en su cabeza por aquellos años, dicho por él mismo: el trip hop de cosas como Massive attack o la electrónica inquieta de bandas tipo The prodigy. Se acompaña para esta labor de Phil Manzanera en producción (quien había trabajado con él en un par de álbumes de Héroes, además de haber colaborado a mediado de los noventa con Os Paralamas, Fito Páez y Aterciopelados) publicando un disco poderoso, descarnado en lo lírico y explorador en materia de arreglos. Lo dicho se aprecia con claridad en la partida del álbum, en 'Big-bang' hay guitarras y Bunbury suena desaforado y desafiante ("Derrumba los muros, abre las puertas / Deshazte los nudos que te sujetan..."), sin embargo, las baterías programadas serán absolutas protagonistas, algo que también ocurrirá más adelante en cosas como 'Negativo', en la declaración de principios que es 'Contra corriente' (donde Enrique manifiesta su intención de rebelarse la perfección y lo programado abrazando el desorden y lo espontáneo), en el grito rebelde que es 'Servidor de nadie' (reiterando conceptos estilo "Extravagancia, irreverencia, desobediencia o impertinencia / Insolencia , desvergüenza, rarezas y resistencia") o llegando al cierre en 'Nueve'.
En otra arista del álbum, las atmósferas calmas vendrán empapadas de electrónica + trip hop en canciones como 'Encadenados', 'Planeta sur', 'Despacio' o 'Alfa', en el single promocional 'Salomé' desatará de manera fantástica su curiosidad por los sonidos orientales (no olvidar que viajó a Marruecos para grabar el álbum), mientras que 'Alicia (expulsada al país de las maravillas)' o 'Polen' serán las únicas excepción del álbum, digamos, baladas pop acústicas y melosas que escapan del salvajismo que ronda en el álbum y, por cierto, las únicas que harán de puente con todo lo que vendría a futuro para el vocalista.
En su momento, en aquel ya lejano 1997, Radical sonora sufrió de la incomprensión del público a causa de la ruptura del vocalista con Héroes del silencio. Mirado a 25 años de distancia, sin embargo, el álbum no solo se valora por el tremendo nivel que muestra en el canción a canción y por la valentía que transmite durante todo su trayecto, si no que se enmarca (junto al inmediatamente posterior Pequeño, de 1999) como lo mejor que Bunbury ha compuesto a día de hoy. Lo que si está claro es que el vocalista nunca volvió a sonar así de salvaje e iracundo, y que si algo quedaba en sus venas de la furia de su ex banda, aquello quedó inmortalizado en los cincuenta minutos de este enorme álbum.
A seis meses de la publicación de un notable Posible, un álbum oscuro, atrevido, denso y afilado en lo lírico, Enrique Bunbury ha sentido que (aunque cueste creerlo) aún le quedaban cosas por decir. De esta forma casi cerrando este nefasto y fatídico año el español nos ha entregado una segunda parte para el mencionado, un disco que funciona en una línea similar en lo musical, insistiendo sobre los tiempos pausados, sintetizadores y el saxofón, aunque esta vez deja un tanto de lado las melodías para centrarse fuertemente en las líricas.
Bunbury nos regala por tanto nuevamente diez canciones en donde ha plasmado todo su sentir en torno a una serie de temas actuales, siempre en un tono crudo, afilado y desafiante. Ahí dispara directo en muchas direcciones, apunta a lo que él entiende por nuevo orden mundial en 'N.O.M' ("Este es el terreno de juego / Y tu aportación serán ladridos de perro...") o desatando el pesimismo frente a lo que vivimos en 'El día de mañana'("Ahorra un poco, no gastes tanto / Resérvate para un por si acaso y prepárate para lo peor..."), mientras que en un tono mucho más personal se cantará a si mismo en 'El precio que hay que pagar' ("Se que digo tonterías y a veces me río de la moral...") o en 'El momento de aprovechar el momento' ("¡Que temeridad! No caer en la mediocridad / Que elegancia y que genialidad..."). Ahora, probablemente el momento más alto del disco llegará con su descargo a las redes sociales y el palo a todos quienes osamos hablar de sus obras en 'Malditos charlatanes'.
"Porque mientras yo escribo,
Otro habla de lo que hago o digo, con aires de superioridad moral,
y una incapacidad total para crear algo de belleza..."
En definitiva, si algo resuena con fuerza en Curso de levitación intensivo (vaya título, eh?) son las letras, sin embargo, un problema se evidencia en lo musical, principalmente en la segunda parte del álbum. Se suceden de esta forma canciones como 'Tsunami', 'El pálido punto azul' o 'Ezequiel y todo el asunto del big bang' y el asunto se vuelve en exceso plano, con tiempos muy similares y una falta de intensidad evidente tanto en materia de arreglos como de interpretación, quizás con la única excepción de 'Tenías razón en todos', un cierre memorable para el álbum. En este sentido, a diferencia de lo que ocurría en Posible, donde podíamos observar una influencia en el sonido de los Depeche mode más recientes (entre muchas otras), en esta ocasión el asunto va muy en la línea de un Nick Cave pero se pega totalmente en la misma tecla, cerrando así un álbum que seguramente entre los fans, aquellos que todo aceptan y aplauden será bienvenido pero para un auditor cualquiera resultará absolutamente inaccesible.
Tampoco es que el disco sea un desastre pero al lado de su antecesor inmediato queda enano. Perdón Enrique, pero es la opinión de este humilde charlatán...
¿Canciones? 'El día de mañana', 'Malditos charlatanes' y 'Tenías razón en todo'.
Hay quienes se han sorprendido un tanto con el tono reflexivo y pesimista que marca el más reciente álbum de Enrique Bunbury. No deberían. Desde siempre la carrera del compositor español ha estado marcada por confesiones intimas, personales y existenciales, las cuales ciertamente se han intensificado en los años más recientes. De esta forma en Palosanto (2013) llegaron canciones fatalistas como 'Salvavidas' ("Todo lo que necesito hoy quítamelo / Y déjame seguir atrapado en este bote navegando a la deriva y sin timón..."), en el MTV Unplugged (2015) el artista decidió declarar principios mediante las profundas 'Ahora', 'Dos clavos a mis alas' o 'El boxeador' mientras que en Expectativas (2017) pudimos verlo algo más incisivo frente al poder político ('La ceremonia de la confusión', 'Bandeja de plata' o 'Parecemos tontos'). Las temáticas lúgubres por tanto, siempre han estado ahí, sin embargo, los arreglos esta vez han marcado una clara diferencia, intensificando las atmósferas y logrando que el álbum se perciba aún más intenso.
Y es que lejos de su zona de confort, Posible se anota como uno de los discos más oscuros (junto a Las consecuencias, 2010) y atrevidos (junto al extraordinario Radical sonora, 1997) en la carrera de Enrique Bunbury, un álbum en donde el vocalista ha trabajado su sonido con herramientas que incluso ha admitido le causaron más de un dolor de cabeza al no saber manejarlas adecuadamente. Pero así lo quería Enrique, la idea era aprender, crecer y encontrarse con un trabajo que escapase intencionadamente de lo analógico y el formato de banda de rock, lanzándose de lleno a los sintetizadores y baterías electrónicas, con contados momentos en donde la guitarra adopta protagonismo.
También este es un disco que pone especial énfasis en sus líricas, donde los arreglos de teclados + vientos construyen más bien atmósferas para aquello que se desea transmitir. Dicha línea se expresa con claridad en un tema como 'Deseos de usar y tirar', una canción que jamás encuentra un remate o momento de alta intensidad si no más bien se mantiene sobrio de la mano del mensaje ("En estos tiempos donde todo es tan fugaz y pasajero..."), algo similar a lo que ocurre en la calma y reflexiva 'Mis posibilidades (Interestellar)'.
Lo anterior no quita eso si que el álbum encuentre algunos pasajes que meten algo más de fuerza y van en busca de coros marcados, como ocurre en la notable 'Cualquiera en su sano juicio (se habría vuelto loco por ti)', una partida enorme y elegante (muy en la línea del Depeche mode más reciente, el de Spirit) donde un piano comenzará marcando el tiempo para que luego los teclados vayan aumentando la intensidad o en 'Mariachi sin cabeza'("Equivocado pero convencido / Inquilino de una soledad devastadora..."), mientras que los momentos más dinámicos del disco llegarán con ''Hombre de acción' (lo más parecido a un single tradicional que contiene el disco) o 'Las palabras', el único tema del álbum donde se un redoble clásico de batería adopta protagonismo, el cual por cierto se enlaza con elementos electrónicos que inevitablemente traen al presente un perfume a Radical sonora.
Estando muy bien todo lo antes mencionado, los puntos más altos del disco llegarán cuando este vaya aún más adentro en lo personal, como ocurre en la arrogante 'Arte de vanguardia' ("Tengo solo ya la urgencia de librarme / Y vivir tan al margen de todo, como pueda..."), que toma prestado el saxofón de 'Early to bed' de los olvidados Morphine, y el increíble cierre a cargo de 'Indeciso o no' ("Cuando ya no sabes navegar a que puerto / Da igual a que lado sople hoy el viento...") + 'Los términos de mi rendición' ("Se que el romper de una ola no puede explicar todo el mar..."), que acaba el disco con un solo de guitarra que si se alargaba un minuto más no nos quejábamos.
El disco carece de canciones contagiosas, de ganchos comercialmente atractivos y apuesta más bien por la intimidad y profundidad del sonido, pero nadie podría criticarle algo a un álbum trabajado con tal nivel de transparencia. En 2013 escribí en la reseña de Palosanto el que extrañaba los tiempos más osados de Bunbury, pues bien, he aquí el disco que muchos llevábamos demasiados años esperando. De lo mejor que ha grabado en su carrera...
¿Canciones? 'Cualquiera en su sano juicio (se habría vuelto loco por ti)', 'Arte de vanguardia', 'Los términos de mi rendición'.
Pese a que su último álbum de estudio data de cuatro años atrás, quienes seguimos a Bunbury no podríamos decir que no hemos sabido de él durante este período. Tuvimos un álbum en vivo grabado en Madrid, un más que interesante MTV Unplugged y un compilado doble con rarezas varias. Tocaba ya, sin embargo, ir por algo realmente nuevo, sobretodo considerando que la pasada por Licenciado Cantinas (2011) y Palosanto (2013), pese a ser proyectos que daban rienda suelta al Bunbury inquieto, ese que se sumerge de lleno en cada uno de sus productos y participa en todo detalle, no convenció del todo. La edición, por tanto, de Expectativas contaba con cierta presión encima, la de re alinear un tanto la carrera del español, que independiente de su innegable (e inagotable) talento, desde siempre ha mostrado un dejo de irregularidad en su andar...
Estas intenciones, las de entregar un conjunto de temas coherentes entre si, se aprecian en Expectativas, un álbum que efectivamente suena compacto, tanto en temáticas a tratar como en sonido. Hablando de las letras habría que mencionar el que esta vez Bunbury ha escapado del personalismo, ha dejado un tanto de hablar de si mismo para abordar un enfoque más social, disparando dardos a la política en canciones como 'En bandeja de plata' ("Nada ocurre por casualidad / No puede un retrasado mental estar al mando de todo...") o incluso a colegas artistas en 'La actitud correcta' ("No es cuestión de credibilidad, no tampoco de autenticidad / Es el resultado final el que me parece insuficiente..."). Ahora, lo interesante acá está en que si bien volvemos a tener al vocalista en plan full band, a diferencia de lo desarrollado en Palosanto (2013)esta vez los arreglos lucen diversos incorporando teclados y sintetizadores a las atmósferas, lo cual evidentemente genera un salto de crecimiento respecto al antecesor. Y algo más: el disco es corto, solo once canciones. Lo cual también ayuda a la experiencia.
El disco desprende una espontaneidad importante, percibes a la banda tocando junta y aquello se disfruta muchísimo. En lo personal he disfrutado con los sintetizadores de 'La ceremonia de la confusión' , el rock de 'Cuna de Caín' y todo lo que suena a partir de 'Parecemos tontos', con momentos altos vividos en la intensa 'Al filo de un cuchillo', la cambiante 'Bartleby - Mis dominios' o la exquisitamente oscura 'Supongo'. Y si bien no se encuentra en el disco alguna joya con mayúsculas que explote a un nivel mayor, el conjunto es capaz de sostenerse y lucir debido a su regularidad. Dicho en simple: no hay canción mala en la lista.
Enrique Bunbury regresa entonces con uno de los buenos álbumes que nos dejará su carrera, un disco centrado en las canciones y que suena equilibrado, lo cual ha acabado por configurar con conjunto que resulta fácil de seguir y disfrutar. Se extrañan algunas canciones particularmente potentes o algo más de riesgo, pero insisto, en el tema a tema el asunto no debería dejar a nadie disconforme. ¿Canciones? 'La actitud correcta', 'Parecemos tontos' y 'Al filo de un cuchillo'.
En palabras del mismísimo Bunbury, tanto Hellville de luxe (2008), Las consecuencias (2010) como Licenciado Cantinas (2011) fueron álbumes que miraban hacia atrás e intentaban rescatar las influencias que motivaban su música. A diferencia de aquello, Palosanto vendría a ser un álbum que trataría del presente, tanto temática como musicalmente. En algunos aspectos estoy de acuerdo con el autor, existen elementos en este nuevo trabajo que marcan diferencias con lo que venía realizando recientemente. Se mantiene la (siempre) excelente producción y la lírica notable por un lado pero por otro se aprecian elementos novedosos, el tono contingente o interpretaciones vocales que se alejan un poco de las exageraciones, en ese sentido (al fin!) Bunbury se dedica a cantar y no a imitarse a si mismo como venía haciendo desde hace rato. Todos estos elementos convierten a Palosanto en un disco interesante, sin embargo, no siempre los esfuerzos de un autor encuentran la inspiración precisa y aquello siento que acá ocurre...
En el intento de no repetir el plato y de reencontrarse con su presente, Bunbury nos entrega un disco que pretende ser incisivo, el problema es que salvo alguna excepción se queda por lo general en meras intenciones. Me explico, el álbum se divide básicamente en dos segmentos, una primera parte de corte social (que llega hasta el noveno tema) en donde lo escuchamos muy comprometido con la contingencia política y una segunda fase más clásica e íntima. En general el tono del álbum es reflexivo, primero hacia afuera y luego hacia adentro, el problema es que ambas secciones no tienen mucho que ver entre si y producen un contraste demasiado evidente, ahora, esto no sería tan incómodo si las canciones en su contexto funcionasen, lo cual solo ocurre a goteos.
Yendo a la música, la partida del álbum se carga hacia los medios tiempos. El formato es de banda rock tradicional (vuelven las guitarras, batería y banda) pero a 'Despierta' le falta ira, le falta garra para ser un verdadero llamado a lasubversión y la pasada por 'Más alto que nosotros solo el cielo' + 'Salvavidas' + 'Los inmortales' está bien, se deja oír, pero luce en exceso inofensiva. Las letras resultan interesantes pero musicalmente los temas son muy planos, falta algún quiebre en las estructuras que te saque de lo obvio.De hecho, en toda la primera mitad cuando mejor cala el álbum es cuando va a las baladas, ocurre primero en 'Prisioneros', una balada muy sentida que parece haber sido sacada del repertorio de Las consecuencias, y luego en 'El cambio y la celebración' (la mejor de todo el disco), una que luce gracias a sus notables líneas ("Muere un poco para nacer mejor en parto doloroso...").También se conecta de buena forma con 'Hijo de Cortés', el único momento del disco donde Bunbury abandona la poesía para ser directo en sus mensajes, un buen salud "con chelas y pisco" dirigido la hermandad entre los distintos países, con menciones a Fujimori y Pinochetincluidas.
Lamentablemente lo demás no da con el mismo nivel entre (demasiadas) canciones autocomplacientes en cuanto a arreglos por lo el disco inevitablemente termina volviéndose muy espeso en una segunda parte carente de filo. Queda la sensación de que el hombre quiso meter al disco todo lo que tenía (nada nuevo en todo caso, a la mayoría de sus discos le sobran temas) con la intención de darle contundencia pero terminó logrando precisamente lo contrario.
Palosanto con cuatro o cinco temas menos, sin ser brillante, era un mejor disco. Bunbury se ha propuesto el realizar un álbum de metas más exigentes que los anteriores, un álbum donde no le cantase todo el tiempo al personaje pero en el global no lo ha logrado Se extrañan sus tiempos realmente osados, una semana atrás, luego de mucho tiempo me puse Radical sonora (1997) y como lo disfruté...
¿Canciones? 'Más alto que nosotros solo el cielo', 'El cambio y la celebración' e 'Hijo de Cortés'.
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