CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Al grano: el gran drama con Lamb of god es lo similares que suenan cada uno de sus discos, algo que por cierto le ocurre a gran parte de las bandas de groove metal. Por lo mismo desde hace un largo rato que cada nuevo disco de los estadounidenses parece ser un mero calco de aquella fórmula que vienen repitiendo desde hace casi treinta años, donde todo se limita a verificar que tan inspirados han estado esta vez. Algo positivo eso si con los de Randy Blythe es que los tipos se toman tiempo entre cada lanzamiento, de hecho, cuatro años han transcurrido desde el plano Omens (2022) lo cual seguro ha ayudado a que este Into oblivion deje un buen sabor, se sienta fresco y rebosante en energía, al punto de parecer lo mejor que han grabado en al menos una década.
Por supuesto que encontraremos acá las clásicas reminiscencias a Pantera en el sonido de la banda. Sin ir muy lejos, basta darle play a cosas como 'Bully' o 'A thousand years' (en esta con Blythe más Phil Anselmo que nunca con esos susurros) para identificar de inmediato la evidente referencia, asunto que será complementado de buena forma por aceleraciones violentas en donde la batería de Art Cruz es absoluta protagonista, me refiero a 'Into oblivion' (la canción), 'Parasocial Christ' o 'St. Catherine's wheel', esto además de una que otra salida a respirar que la banda regala tanto en 'Sepsis' (exquisito el bajo de John Campbell en esta) o 'El vacío', dos canciones que bajan los tiempos y juegan con atmósferas que escapan al ritmo que propone en general el disco.
El global en este Into oblivion funciona, un disco que además (y de manera muy atinada) es breve. Son solo diez canciones que en menos de cuarenta minutos entregan una buena dosis de lo que Lamb of god son. No descubren la pólvora, ni siquiera lo intentan pero al menos mejoran la oferta respecto a cualquiera de los dos antecesores...
¿Canciones? 'Into oblivion', 'El vacío' y 'Bully'.
Todo parece indicar que a estas alturas del partido no habrán mayores sorpresas con Lamb of god. Los norteamericanos se han establecido como unos verdaderos estandartes del groove metal y por tanto, disco a disco no hacen si no responder a dicha categoría. Y si bien no bajan escandalosamente el nivel, tampoco pareciesen aspirar a más y con su noveno álbum nos han dejado bastante fácil el análisis: más de lo mismo, para bien y para mal.
Para bien porque la fuerza y garra siguen tan presentes como en sus inicios, con canciones que no entregan respiro entre un doble pedal consistente a cargo de Art Cruz, afilados riffs y la incombustible garganta de Randy Blythe, dando muestras de una formación plenamente consolidada, sin embargo, si alguien realiza el ejercicio de ir al anterior álbum de la banda (el homónimo de 2020) y darle play a canciones como 'Chekmate' o 'Gears', ¿podría establecer diferencias consistentes respecto a las actuales 'To the grave' o 'Ditch' ? Difícilmente. Dicho en simple: los temas podrían haber estado ahí o acá y no habría diferencia. La fórmula es exactamente la misma y si, que funciona, pero evidentemente queda acomodada y acotada entre el público que gusta de Lamb of god.
Engancha por tanto la partida a cargo de 'Nevermore' seguida de la sólida 'Vanishing', también el singlazo 'Omens', sin embargo, pasando el nudo del álbum cosas como 'Gomorrah' o 'Designs' pese a ser consistentes, suenan a completo relleno en un álbum que muy rápido entrega la sensación de haberse quedado sin armas. El álbum cerrará con 'September song' que abre con un minuto acústico que ilusiona para luego retomar la dinámica de siempre en un disco que cuenta con todos los elementos clásicos de Lamb of god, que suena bien, con fuerza y filo pero no presenta nada particularmente atractivo. Un disco más...
Todo parece indicar que tras más de dos décadas en el cuerpo y ocho álbumes publicados como Lamb of god (ya que antes la banda lanzó dos álbumes siendo Burn the priest) los norteamericanos liderados por Randy Blythe no tienen intención alguna de darle una vuelta a su sonido, al menos no por ahora. Tampoco es que haya quejas al respecto, a estas alturas la banda posee un metal consolidado marcado por ese groove que por momentos los emparenta bastante con Pantera y ciertamente cuando una fórmula funciona resulta ilógico el pensar en modificarla, salvo que tengas algo mejor que presentar. El caso es que ya son varios discos en donde el sonido de Lamb of god se ha vuelto genérico, pasando por el sólido Wrath (2009), luego Resolution (2012), siendo VII: Sturm und druns (2015) lo más reciente que habíamos oído de ellos, un álbum veloz, furioso y excelente en lo suyo. Cinco años han transcurrido, período donde la banda sufrió la partida de su baterista fundador Chris Adler (sustituido por un joven Art Cruz), asunto que supongo los llevó a imaginar esta nueva entrega como un álbum homónimo, digamos, un disco dispuesto a definir el actual sonido de la agrupación.
Lo curioso es que, para bien y para mal, Lamb of god (el álbum) suena como siempre. Desde la partida en 'Memento mori' nos encontramos con riffs duros, la batería con sus redobles jugando un rol preponderante y un coro potentes en donde Blythe cumple de sobra en un recordable "Wake up! Wake up! Wake up!". Todo marca de la casa, ameno y reconocible. Durante el primer tramo del álbum por tanto se sucederán lugares comunes de la banda con piezas como 'Checkmate' o 'Gears' (¡cuanto Phil Anselmo hay en estas vocalizaciones!) que recurren a estructuras típicas (estrofa/coro un par de veces + quiebre + coros finales) que seguro dejarán satisfechos a sus fans. Se extraña, sin embargo, algo de la frescura en el sonido que la banda lució en su anterior trabajo, la cual recién aparece con fuerza en 'Resurrection man', que con esas punzantes guitarras tan Sepultura y sus vueltas estructurales se transforma en la pieza más atractiva del disco por paliza.
Posteriormente, en la recta final el disco retomará la fuerza del sonido clásico de Lamb of god aunque inevitablemente dejará la sensación de que todo esto ya lo hemos oído antes en su misma discografía, cerrando así un disco que si bien cumple suena a pérdida de novedad en muchos sentidos. En palabras simples: si quiero escuchar un gran disco de Lamb of god, representativo de su sonido, yo iría a buscar alguno anterior. Simple y claro.
Tras la lamentable tragedia en que se vio involucrado Randy Blythe, la cual incluso lo mantuvo un lapso de tiempo tras las rejas, Lamb of god regresa con el acelerador a fondo de la mano de un álbum que funciona como una perfecta descarga de ira y energía, sorprendiendo gratamente gracias a la cohesión que este presenta. En ese sentido, y dadas las circunstancias que rodearon la composición del séptimo disco de la banda, era quizás esperable el que este abordara un sonido agresivo, sin embargo en el cómo lo han logrado creo que radican todos los méritos.
VII: Sturm und drang es un trabajo que, salvo una que otra excepción, funciona en una linea bastante regular: guitarras afiladas, un mal rollo constante y un Blythe, que como era de esperar, se entrega absolutamente en cada una de las interpretaciones. Hablando de las canciones, toda la primera mitad me parece un constante punto alto, desde la velocidad de 'Still echoes' + 'Erase this', pasando por la demoledora '512' (titulada en honor a la celda que el vocalista habitó), el excelente experimento melódico que es 'Embers' (Chino Moreno de Deftones aportando lo suyo acá), hasta la pausa que entrega 'Overload' (el recuerdo de Alice in chains presente acá), todo funciona como un viaje que no entrega respiro ni baja el nivel.
Ahora, la segunda parte del disco redundará un tanto, insistiendo con la velocidad en 'Anthropoid' o 'Wine and piss' , demoliendo craneos en 'Delusion pandemic' o bajando hacia tonalidades más oscuras en el notable cierre que es 'Torches', otro de los tremendos momentos que regala el disco. Quizás en toda esta recta final el disco se acabe quedando sin mucho que proponer pero me parece que nadie podrá negar que el objetivo desde hace mucho rato había sido logrado. Si no estamos frente al mejor disco de Lamb of god, pega en el palo, VII: Sturm und drang suena inspirado, explosivo y fresco, potente y honesto. Otro de los buenos discos que nos dejará este año.
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