miércoles, 20 de mayo de 2020

30 Años De... Los Prisioneros: Corazones (1990)

"Una obra descarnada dispuesta a hacer historia..."

Entre 1984 y 1989, en apenas cinco años, el trío chileno Los prisioneros había logrado lanzar tres álbumes al mercado, afirmar un nombre pero al mismo tiempo destruirse internamente. Diferencias creativas importantes, además de un conocido lío de faldas, provocaron el quiebre entre Claudio Narea y Jorge González, tras lo cual el primero abandonaría la banda mientras que el segundo decidió centrar todas sus energías en lo musical, comprometiéndose a lanzar un disco de nivel tras el frustrante resultado obtenido años atrás en La cultura de la basura (1987), un álbum de irregular nivel que sufrió a causa de la pobre producción con que contó. De esta forma, en medio de un período personal de absoluta convulsión emocional Jorge González viaja solo a los Estados Unidos para reunirse con el productor argentino Gustavo Santaolalla, quien lo ayudaría a trabajar en el que no solo acabaría por ser el oficialmente cuarto álbum de la banda sino que también una verdadera obra maestra de la música chilena. 

Visceral en lo lírico y fascinante en lo musical, Corazones terminó desatando todo el complejo universo interno de Jorge González. Y es que si bien en un inicio el álbum se planteó con un enfoque tradicional (con canciones de rock tipo 'Las sierras eléctricas' como punto de partida) poco a poco comenzaron a aparecer letras mucho más personales, que guardaban relación con el momento emocional del vocalista, mientras que en materia de arreglos el asunto fue acercándose hacia los sonidos que por entonces motivaban al chileno, es decir, la electrónica y el synth pop, algo que por cierto ya se había anticipado años atrás en canciones como 'Muevan las industrias' o 'Estar solo', de Pateando piedras (1986). Los méritos por tanto con que cuenta el álbum son muchísimos, comenzando por la valentía de haberse alejado de manera drástica del sonido de banda de rock y de todo lo que se habría esperado de un nuevo álbum de Los prisioneros en 1990.

En este sentido, Corazones va al choque en lo estético y lírico, es un disco que en lo temático e interpretativo conecta con Camilo Sesto mientras que en lo musical con Rick Astley, así de extraño y genial a la vez. Abre con los teclados del hitazo 'Tren al sur', donde la mano de Santaolalla en la producción es más que evidente, sacándole enorme partido a sobrios arreglos y a la voz de Jorge González, que en el coro suena inolvidable. Posteriormente, esa sensación de lograr muchísimo con poco se hace carne en la majestuosa 'Amiga mía', un teclado que se cruza con el bombo + bajo  marcando el ritmo y el relato de una historia nostálgica llena de dolor, armando un clásico romántico/doloroso imperecedero que muestra a un vocalista desgarrándose en cada linea con sutiles referencias románticas, eróticas e incluso al consumo de drogas. 

"Aprendiendo de nuevo. Despertando en mi cama.
No habrá otra espalda, la almohada sudada..."

En una linea mucho más dinámica que apunta directamente a la pista de baile aparece 'Con suavidad', una canción donde efectivamente González fue capaz de llevar lejos el sonido que pretendía lograr con el álbum, algo que más adelante se volverá expresar en versión más simple en 'Por amarte'. El disco, sin embargo, no será solo romance, un potente momento político se vivirá en la extraordinaria 'Corazones rojos', una canción que originalmente fue pensada para un colectivo feminista llamado Las cleopatras pero que acá aparece en una versión más madura y lograda, fuera de adelantarse tres décadas a las discusiones de género que hoy se están llevando a nivel mundial (una crítica  al machismo que por cierto que ya se había adelantado, aunque con menos talento, en 'Una mujer que no llame la atención' de 1986).  

"Ten cuidado de lo que piensas, hay un alguien sobre ti.
Seguirá esta historia, seguirá este orden. 
Porque Dios así lo quiso, porque Dios también es hombre..." 

También en una linea política solo que en tono más ligero sonarán 'Cuentame una historia original' o 'Noche en la ciudad', donde el vocalista realiza una ácida crítica a la sociedad chilena de aquellos años, plagada de hipocresías y con una moralidad fuertemente marcada por la iglesia. Mientras que el dramatismo volverá a ser protagonista en la cara b del disco mediante las enormes 'Estrechez de corazón' (¿la mejor interpretación vocal de Jorge González en toda su carrera? Probablemente) y 'Es demasiado triste', el teatral cierre para un álbum que no tiene puntos bajos, donde cada nota y linea parece encontrarse exactamente en su punto y lugar.

Si bien Corazones figura oficialmente como el cuarto álbum en la carrera de Los prisioneros, muchos afirman que más bien se trató del primer álbum en solitario de Jorge González. Estoy entre aquellos. El disco, que vio la luz un 20 de mayo de 1990, sacó a la luz lo mejor del compositor tanto en materia vocal como musical, un álbum desgarrador a momentos, ácido en otros. Un disco poco comprendido en aquellos años a causa de sus arreglos cargados a la electrónica y sus temáticas dramáticas, pero al que el tiempo ha sabido colocar como el fantástico trabajo que es. 

En definitiva, treinta años de uno de los más grandes discos de la historia de la música chilena.

10 / 10
Obra maestra.

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