CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Seguir calentándose la cabeza con Behemoth es un verdadero sin sentido pues dicho en simple: lo mejor de la banda ya quedó atrás, ya sea en Demigod (2004) como claro exponente de su primera era o diez años después mediante The satanist (2014) abriendo una nueva. Pero ya está. En adelante hemos tuvimos a la banda explorando tiempos más bajos en I loved you at darknest (2018) para luego lanzar un álbum bastante estándar como Opvs contra natvram (2022), con el cual pretendieron retomar su arista más agresiva. En dicho sentido este The shit ov god se mueve entre medio, equilibrando canciones cercanas a un metal más duro con otras de tono comercial y repetitivo, generando un conjunto que no molesta pero tampoco impacta. Uno además bastante breve (solo ocho canciones en poco más de media hora, algo que uno no sabe si agradecer o lamentar), lo cual habla también de un disco que parece haber sido lanzado sin tener demasiadas ideas nuevas que mostrar, asunto que se transmite las canciones que lo componen.
Para muestra está la primera mitad del álbum, abriendo con algo como 'The shadow elite' que si bien muestra los dientes con su agresividad, no deja de ser una canción de metal popero centrada en la repetición de su coro, algo que se corrobora además con las jugarretas teatrales de 'The shit ov god' + 'Lvciferaeon', singles evidentes del disco y que funcionan como ejes centrales del álbum (por algo también son las únicas tres que están interpretando en vivo en sus conciertos de 2025). Ahora, como la banda tiende a buscar el equilibrio, complementará estas pasadas con cosas más oscuras en 'Sowing salt', 'To drown the svn in wine' o Nomen barbarvm', las cuales les acercan a su etapa dosmilera y con ello cumplen su objetivo.
Ya en la recta final acabarán con las dos piezas más interesantes de todas, primero la bajada de revoluciones de 'O Venvs, come!' (buscando la épica en modo The satanist claramente) y una densa 'Avgvr (the dread vvlture)', correcto cierre para un trabajo breve que entrega pinceladas de acá y allá con el claro fin de complacer a todo el mundo.
La popularidad tiende a venir de la mano con la necesidad de mantenerse publicando discos con el único fin de sostener la máquina en marcha. Y bueno, Behemoth desde hace una década al menos pareciese encontrarse ahí, manteniéndose activos más que nada.
Tras aquel soberbio The satanist (2014) es cierto que un disco como I loved you at your darkest (2018) supuso un enorme bajón para quienes venían siguiendo a Behemoth. Básicamente porque a nivel compositivo las canciones lucieron excesivamente simples, con una banda que sonó demasiado acomodada y con un discurso bastante caricaturezco. Si a eso agregamos la sobre exposición de Nergal y la respectiva maquinaria dispuesta a comercializar el concepto Behemoth en la escena, que decir, razones para criticarles durante estos años han sobrado, sin embargo, tal parece que el líder y vocalista polaco ha escuchado a su pueblo por lo que para esta entrega ha calibrado el asunto, recuperando en parte el mal rollo de su sonido, entregando un conjunto tan teatral como siempre y que si bien no se acerca en absoluto a los tiempos post 2000 (olvídense de eso, aquel Behemoth difícilmente volverá), al menos suena más equilibrado, atractivo y poderoso.
A favor del álbum cuenta la energía de cada una de las canciones que le componen (si no contamos evidentemente el relato en tono introductorio de 'Post-god nirvana'), con un trabajo soberbio instrumental, marcado por un Inferno inspirado en batería en cada una de las canciones. Abren por tanto desarrollando un torbellino black con 'Malaria Vvulgata' + 'The deathless sun', y luego continuarán el trámite con cosas notables como 'Disinheritance' o 'Off to war!', todas veloces, con un Nergal arenoso y convincente en las vocales. Entre estas habrá alguna bajada de intensidad, en el medio tiempo 'Ov my herculean exile', por ejemplo, y sobre todo en la soberbia 'Neo-Spartacvs', que entrega espacio para que el bajo de Orion luzca en la mezcla pero también para que la banda juegue con la estructura, subiendo y bajando a placer.
Como aspecto negativo cabría mencionar el que la banda ha sacrificado diversidad en busca del poderío del sonido, de ahí que la recta final y cosas como 'Once upon a pale horse' + 'Thy becoming eternal' sin ser malos temas, suenan algo redundantes y por lo mismo, poco interesantes, lo mismo con 'Versvs Christvs', que evidentemente va en busca del final épico pero fracasa en el intento. Nos quedamos así frente a un Opvs contra natvram que definitivamente es más de lo que muchos esperaban del actual Behemoth, re encausa de cierta forma la carrera de los polacos y da muestras de que cuando estos tipos se aplican son capaces de llegar lejos.
En tiempos donde todo es inmediato y nace para ser desechado diez minutos más tarde, soy enemigo de escribir de un disco que acaba de ser lanzado. Se que es lo que se estila, que hay que estar al día, darle dos pasadas al álbum y escribir lo que sea al respecto, sin embargo, ya sea porque tengo vida o porque prefiero darle algo de mastique a la música, suelo tomarme un tiempo mayor al de otros sitios respecto a las reseñas de nuevos lanzamientos (muchos de hecho, en el afán de encontrar "el momento preciso" quedan en carpeta para jamás lograr concretar una reseña). El caso es que en esta ocasión romperé mi norma para hablar del esperado álbum de los polacos de Behemoth, el álbum del momento, el disco del cual todos están hablando. Lo haré básicamente por una razón: porque la banda, y principalmente su lider Adam "Nergal" Darski, así lo han querido, entregándonos un álbum sencillo, inmediato, continuista y que ciertamente no propone ningún desafío relevante a quienes vienen siguiendo a la banda desde hace más de una década.
Dicho en simple: quienes disfrutaron del renombrado The satanist (2014) pero se temían un giro definitivo que acabase por alejar a Behemoth de la música extrema encontrarán seguramente en I loved you at your darkest una justificación para abandonar el barco. Y es que pese a que han transcurrido cuatro años entre este lanzamiento y su antecesor, Nergal no se ha calentado la cabeza, como quien tuviese de antemano claras las direcciones a seguir nos ha entregado un álbum similar al mencionado y pero que, en sus palabras, "se encuentra más orientado al rock que cualquier otro disco de Behemoth". Y es que así es, I loved you at your darkest podría entenderse como un muy buen álbum de rock interpretado por la característica e iracunda garganta de Nergal y ejecutado por músicos de primerísimo nivel. El resultado por tanto no puede ser malo, ni siquiera mediocre, pero digámoslo: apunta a nuevos públicos y no ha dejado espacio para piezas particularmente complejas. Olvídense por tanto de canciones como 'Lucifer' (Evangelion, 2009) o sin ir más lejos, 'Blow your trumpets Gabriel' / 'O father O satan O Sun!' (The satanist, 2014). No. Acá todo llega a nosotros en piezas compactas y directas, que en tres o cuatro minutos desenfundan el mensaje sin vueltas de tuerca ni nada por el estilo.
Las temáticas y los mensajes acá se mantienen. La blasfemia, los ataques a la iglesia católica y al cristianismo están presentes, pero claro, el sonido de la banda parece tan armado y llega a nosotros con videoclips tan contradictorios en su discurso/práctica (donde los pechos de una mujer son considerados "ofensivos" por lo cual incomprensiblemente se censuran) que inevitablemente sentimos que todo lo presentado, por más adornado y bien empaquetado que se encuentre, resulta ser una evidente charada donde el foco de la banda está puesto fuertemente en todo aquello que se proyecta más que en el fondo, en lo realmente importante: que el contenido sea claro y coherente.
Musicalmente el disco como antes mencioné, no está nada mal. A destacar la dinámica de temas como 'Ecclesia diabolica catholica' o 'If cruxifixion was not enough' (muy similares ambas ciertamente) , la absoluta contundencia de 'God = dog', los ambientes de 'Bartzabel' (me encanta, lo admito) o la fiereza de la pasada por 'Angelvs XIII' + 'Sabbath mater' , de lo más atractivo que contiene el álbum, así como también esos juegos corales eclesiásticos que se repiten durante gran parte del trabajo (y en general aportan) además de la incorporación de elementos acústicos en ciertos pasajes, pero insisto, la sensación de estar frente a un álbum que mete mano a fórmulas melódicas, y que aquello lo contiene, es potente.
Nuevamente las palabras del mismísimo Nergal aclaran el camino: "Aunque nuestro origen está en el black metal, Behemoth es algo mucho más grande". ¿Es aquello un pecado? ¿Es malo el disco por esta razón? En absoluto. Pero situando el álbum en su contexto, el de un disco de rock interpretado por notables músicos de pasado en el metal extremo, tampoco me parece estemos frente a un producto que escape del "correcto".
¿Canciones? 'Ecclesia diabolica catholica' y 'Bartzabel'
Eso. Sin demasiado bla bla. Ni idea si son los mejores discos del año, estos son simplemente los que más oí durante este 2014, aquellos que mejores sensaciones y emociones me dejaron...
14. Alcest // Shelter. Buen giro el del francés Neige hacia un sonido en general mucho más limpio y optimista que el trabajado en el pasado. Un disco de explosiones y de ambientes particularmente sensibles.
13. Coldplay // Ghost stories. Se que se ve poco cool en un blog el destacar un álbum de Coldplay y siempre resultará intelectualmente más atractivo hablar de alguna bandita indie que nadie recordará dentro de cinco años, pero bueno, digamos que he sido conquistado por el viaje melancólico de Chris Martin y no hay más.
12. Behemoth // The satanist. Tras cinco años de silencio y luego una complicada enfermedad, Adam Nergal y los polacos de Behemoth regresan con un álbum fabuloso. Oscuro, blasfemo y repleto de interesantes matices.
11. Morrissey // World peace is none of your business. Exagerado y encaprichado, el gran Morrisey se pasea durante casi 60 minutos por donde le ha dado la gana encontrando un álbum musicalmente impecable, más de alguna interpretación memorables y un puñado de melodías notables. Da gusto oírlo así de vivo.
10. St. Vincent // St. Vincent. El mejor disco en la carrera de esta mujer. Moderno, atractivo, repleto de canciones que funcionan. Acá hay pasta para más, no cabe duda.
09. Septicflesh // Titan. El death metal sinfónico llevado (nuevamente) a su máxima expresión. Ambicioso, brillante, sencillamente colosal. No lo ubico más arriba en el conteo solamente porque en el pasado ya habían entregado otro disco igual de enorme.
08. Beck // Morning phase. ¡Que grande! Nada como un buen refrito pare recordar que estamos frente a uno de los talentosos de este par de décadas. Beck vuelve a conmover con un disco de corte acústico pero que a diferencia del dramático Sea change (2002) esta vez habla desde renacer y la esperanza.
07. Ty Segall // Manipulator. La excentricidad de un creador innato. Un tipo que parece no tener límites a la hora de romper sus propios límites. Acá lo ha vuelto a hacer, cayendo probablemente en el exceso de material pero aún así impresionando con su talento.
06. The horrors // Luminous. Mucho más directo que en sus anteriores álbumes pero notable a la hora de encontrar grandes canciones. Un disco sólido de comienzo a fin.
05. Peter Murphy // Lion. Trabajando sobre registros poco habituales e incluso forzando la garganta más allá de lo estéticamente correcto, aún así, Murphy desenfunda un puñado de piezas llenas de desgarro y honestidad. Lo dicho, el puto amo.
04. Robert Plant // Lullaby ... and the ceaseless roar.Si este mismo disco hubiese lo hubiese firmado Led Zeppelin, se los aseguro, muchos sitios estarían hablando de uno de los discos del año. La vida, sobretodo en estos tiempos, suele ser injusta con quienes proponen honestidad y decencia. Plant ha renunciado a millones de dolares y en su lugar ha decidido regalarnos 50 minutos de su enorme talento. Un grande de verdad.
03. Solstafir // Otta. Intensidad para dar y regalar. Un verdadero viaje por las gélidas atmósferas de Islandia y una banda que encuentra este 2014 su más alto momento creativo. Una maravilla de disco.
02. Woods // With light and with love. Bonito a momentos, desenfrenado en otros. Tras varios intentos Woods ha logrado (al fin!) entregar un álbum equilibrado de comienzo a fin, lleno de melodías y arreglos destacados.
01. The war on drugs // Lost in the dream. ¿Cabe alguna duda? Pasaron los meses y en lo personal nunca sentí que hubo contendor para el fantástico cóctel de influencias que Adam Granduciel nos propuso con Lost in the dream, un disco enorme que ha colocado a la banda varios peldaños arriba de donde estaba. Las expectativas para el siguiente álbum serán enormes y habrá que ver si Granduciel logra conducir el buque a buen puerto, sea como sea, pasarán los años y nos quedaremos con el magnífico recuerdo de este fabuloso disco. Reseña acá
Esta será mi última reseña durante este 2014. Se me quedaron muchos discos en carpeta pero bueno, no alcanza el tiempo y la vida para comentar tanta música que llega a nosotros. Gracias a todos quienes visitan y comentan en mi querido blog, no tengan dudas de que también constantemente visito sus sitios.
Internet llegó para cambiarlo todo, principalmente las formas en que se distribuye y comercializa la música. Nuestros gustos ya no son manejados por los sellos y las productoras, hoy somos nosotros quienes decidimos que escuchamos y que no, aquella libertad es maravillosa aunque también viene con un riesgo bajo la manga. Las estrellas y dinosaurios del rock están en extinción, muchos anticipan su pronta desaparición... Y bueno, este blog tiene que ver un poco con todo eso, con la necesidad de expresar y entregar algo, lo que sea y de la forma que sea, de utilizar estas herramientas para que la música y las ideas sigan teniendo espacios...
Toda banda de metal que aspira a la masividad necesita ese disco que les acerque a un público ubicado fuera del nicho, y digámoslo desde ya, eso es lo que los Behemoth han buscado en este, su regreso tras cinco años de silencio. Pero antes, hagamos algo de historia: la carrera de el trío polaco venía subiendo como la espuma desde hace mucho, al punto de haberse convertido en banda de culto durante la última década. La banda fue siguiendo un camino de auto superación en donde cada disco parecía competir con el anterior en brutalidad, técnica y blasfemia. Para muchos Behemoth tocó techo con Zos kia cultus (2002) o Demigod (2004), mientras que otros consideran a Evangelion (2009) como su gran obra. Lo cierto es que este camino se vio interrumpido de manera abrupta en 2010 con la noticia de la leucemia que afectó a su vocalista y principal compositor Adam Nergal Darski, el cual debió someterse incluso a un trasplante de médula ósea para poder sobrevivir. Este hecho provocó evidentemente un parón indefinido de la carrera de Behemoth y cierta incertidumbre con respecto al futuro. Por todo esto, The satanist viene a ser un álbum muy especial, el primero tras la enfermedad de Nergal pero también uno que desde lo musical evidentemente intenta marcar un antes/después para la agrupación.
En dicha dirección, la sorpresa resulta agradable. Nos hemos encontramos finalmente frente a un álbum fabuloso en múltiples sentidos y desde ya uno de los candidatos a estar en los recuentos de fin de año. Un disco que conserva los elementos clásicos de Behemoth, que sostiene todo ese misticismo en torno al trabajo temático de la banda (con simbolismos y letras que mantienen al cristianismo y las religiones como principal blanco) y lo complementa con un sonido suficientemente agresivo como para conservar la esencia de los polacos pero entregando matices suficientes como para acercar a nuevos públicos, incluso para quienes no sean tan amantes de la música extrema.
A diferencia de los últimos álbum de Behemoth, los cuales se encontraban muy centrados en la brutalidad y velocidad (para que ir tan lejos, basta ir por Evangelion para corroborar) , The satanistdetiene un tanto los tiempos acercándose a un sonido mucho más oscuro y que inclina la balanza por momentos hacia el black. Por supuesto que encontramos velocidad acá en temas como 'Furor divinus', la ganchera 'Oba pro nobis Lucifer', 'Messe noire' (ojo a la sección melódica a partir del 3:05, que es manjar)o en la maravillosamente caótica 'Amen', sin embargo, de igual forma el disco se inclina por momentos más siniestros y calmos, en la partida a cargo de 'Blow your trumpets Gabriel', en 'The satanist' (la canción) o 'Ben sahar'. Para el final del álbum la banda se da algunos gustos, como aquellas pausas acústicas que aparecen en 'In the absence ov light' o el épico y emocionante cierre que es 'O father O Satan O sun!', siete minutos que se instalan entre lo más grande que ha realizada la banda en su carrera.
Nergal(un tipo genial a estas alturas) habló de que The satanist sería un trabajo muy emocional dado el momento personal que vivió durante los pasados años y la verdad es que así ha sido. Y acá quisiese destacar algo: habría sido sencillo volver con un disco enfocado en la técnica y la brutalidad llevada al extremo, sin embargo Behemoth ha vuelto tras cinco años de silencio con un álbum por sobre todas las cosas honesto, un trabajo que cuenta con mucha diversidad de tiempos y eso lo hace fácil de oír, que musicalmente se encuentra ejecutado e interpretado de manera soberbia, con composiciones sólidas, siempre interesantes y equilibradas. Un disco que no ha sido compuesto en piloto automático y aquello me parece enorme. De los grandes discos que nos habrá dejado esta década, que duda cabe.
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