CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
A Taylor Swift le viene pesando desde hace bastante el exceso de productividad. A partir de 2019 hemos tenido cinco discos en seis años, demasiado. En este tiempo la estrella pop ha intentado oscilar entre álbumes íntimos cargados al acústico y otros más dinámicos en donde la electrónica prepondera. El problema ha sido el obvio: quien mucho abarca poco aprieta, y donde pudo haber espacio para un par de sólidos trabajos hemos tenido una seguidilla de mediocridades. En ese camino, este The life of a show girl se suma a la ya extensa lista de álbumes absolutamente olvidables de la vocalista donde quizás un par de canciones pueden salvarse de la quema pero, sinceramente, no mucho más.
Nos encontramos acá por tanto ante doce canciones cual de todas más inofensiva. La mejor y única con la actitud necesaria es 'The fate of Ophelia', que es pop del bueno, activo y pegajoso (una cuyo tono se condice además con la portada y título del álbum). El resto, sin embargo, se mueve entre aburridos medios tiempos ('Father figure', 'Ruin the friendship', 'Wi$h li$t', 'Cancelled'), alguna jugarreta pop ('Opalite', 'Wood') y una que otra balada de manual en donde va al piano ('Eldest daughter' es ahí quizás la más interesante de todas gracias a su letra). Finalmente el conflicto sigue siendo el de siempre, canciones que se suceden sin nada realmente interesante que contarte desde lo melódico o en cuanto a arreglos, por lo que todo tiende al tedio en un disco sostiene la tendencia a la baja de una artista que parece llevar demasiado tiempo sumergida en la absoluta complacencia.
No es nada fácil reinventarse en el éxito y bueno, los últimos años de Taylor Swift solo confirman la idea.
Si hay alguien que entiende como funciona la industria musical hoy, es Taylor Swift . Amada y odiada en idéntica proporción, la vocalista logró hacerse de un nombre una década atrás y desde entonces no ha parado de publicar álbumes, en múltiples ediciones físicas (en colores diferentes o con x canciones extras) a manera de mantener a sus fans siempre atentos a sus movimientos. El resultado de esta estrategia podemos verlo hoy: éxito total. La tipa agota entradas por todo el mundo con su The eras tour, repasando con cuidado toda su discografía en conciertos de (agárrate) tres horas y media, dedicando de paso también un espacio a este, su más reciente trabajo, un álbum que llega bastante antes de lo que habríamos esperado considerando el que tanto Evermore (2020) como Midnights (2022) fueron álbumes bastante discretos (aburridos incluso) que pedían a gritos el que Taylor se tomase algo más de tiempo para publicar algo nuevo en lugar de ir sacando lo que tuviese a mano en tiempo record. Pero bueno, acá hay una línea editorial por lo que en menos de dos años y fiel a su estrategia comercial acá la tenemos de regreso con otro álbum en su línea: un disco extenso, monotemático, personal e innecesario.
Dieciséis nuevas canciones son las que acá entrega (¡treinta y una! en la versión extendida), donde la vocalista se explaya en sus aventuras personales, sus amores tortuosos y desamores. Nada nuevo por cierto, no solo en su discografía si no que en la historia de la música.¿Es qué habrá algo más cliché que vocalistas mujeres cantando acerca de relaciones de pareja? Ya sea desde la idealización o el fracaso, nada nuevo bajo el sol. El caso es que acá va Taylor de nuevo, hablando de lo crueles que son sus hombres en 'My boy only breaks his favorite toys' (o sea, el título ya se explica por si mismo, pero traduzcámoslo : "El tipo me trata mal pero se que soy su favorita...") o 'Down bad' (abriéndose en canal desde sus primeras líneas: "¿Realmente me transportaste en una nube de polvo brillante solo para hacer tus experimentos? / Decirme que era la elegida / Para luego devolverme al mundo desde donde vengo..."), hablando de amores imposibles en 'Fortnight' (junto a Post Malone), reflexionando con un profundo "¿Quién te va a contener como yo?" en 'The tortured poets department' (la canción) o cantándole al despecho y a la rabia en 'So long, London' ("Juraste que me amabas pero ¿dónde estaban las pistas? / Morí en el altar esperando las pruebas / Nos sacrificaste a los dioses de tus más tristes días / Y yo estoy trayendo el color de regreso a mi rostro...").
En adelante, los títulos se continuarán explicando solos ('I can fix him (No really I can)', 'I can do it with a broken heart', The smallest man who ever lived'), todos abordando la obsesión temática de la artista: los hombres. Porque tal parece no hay nada más de lo que le interese cantar. Ahora, seamos sinceros: ¿alguien se cree que esto es mero azar o inspiración? ¡Claro que no!
Y es que precisamente todas estas miradas del amor ligado al sufrimiento puede sean finalmente la explicación para el enorme éxito de Taylor Swift, una empresaria de la música que inteligentemente ha explotado las temáticas que una sociedad patriarcal le permite explorar a las mujeres. El amor es terreno de ellas, por lo que resulta lógico que las adolescentes (y las no tanto) se identifiquen con este conjunto de canciones, que sufran con Taylor y se comprometan con su causa. ¿Tiene algo de malo todo esto? ¡Para nada! Que cada cual es libre de cantarle a lo que quiera y como quiera. Sin embargo, el mensaje y análisis cultural no puede dejarse de lado a la hora de analizar el fenómeno pues si nos ceñimos estrictamente a lo musical, The tortured poets department es otro álbum excesivo y repetitivo de la vocalista, uno repleto de canciones cortas (tres minutos prácticamente todas), baladas de estructuras muy sencillas y arreglos cargados al piano + una electrónica completamente inofensiva con algún momento explosivo en donde la producción de batería hace lo suyo. Todo muy predecible y domesticado, sin embargo.
El disco por tanto paga los costos de la verborrea de su autora, una que ha decidido instalarse en una posición tremendamente conservadora tanto desde lo lírico como lo musical, lejos de otras autoras actuales con ovarios tales como Florence Welch (con quien por cierto comparte créditos en una canción acá),Beyoncé e incluso las mismísimas Dua Lipa o Billie Eilish. Insisto en que esto no transforma la música de Taylor Swift en desechable per se. No sería nada que la estadounidense le cantase al amor tortuoso una y otra vez si es lo hiciera de manera novedosa (está escrito acá en mi blog el cuanto disfruté un disco como Folklore en 2020), con algún elemento que impacte en su sonido, cosa que no ocurre en ningún momento a lo largo de este disco.
¿Canciones?'My boy only breaks his favorite toys' y 'I can do it with a broken heart' (por ser la única en todo el disco que aporta una dinámica cargada al synth pop que cambia el tono del disco).
Caía de cajón la vuelta al pop de Taylor Swift tras la experiencia acústica de Folklore (2020) + Evermore (2021), sin embargo, cosa curiosa: lejos de volver con la invitación al baile de turno, la norteamericana ha intentado jugar en una línea propia y marcada por cierta identidad, lo hace entonces mediante un conjunto de medios tiempos sencillos, donde el relato es lo primordial y la música se limita al uso de sutiles baterías electrónicas más uno que otro teclado. Y entonces, ¿algún problema? Pues todos, pasando por que las canciones no están y luego por lo inofensivo que suena todo, a un nivel que impacta (en un mal sentido).
El caso es que más de la jugada comercial de 'Anti-Hero', ciertas aceleraciones que propone en la segunda mitad del disco (claramente superior a la primera), principalmente en canciones como 'Bejeweled' o 'Karma', además de lo bonito que en su minimalismo suena 'Sweet nothing', el resto se pasea por la intrascendencia, en temas que carecen de gancho, lo cual por si solo no es problema pero cuando tampoco logras generar atmósferas íntimas o emocionalmente interesantes, digamos, que el disco no entrega excusa suficiente para seguir ahí, menos volver.
Y bueno, el que cada canción ronde los 150 a 170 millones de reproducciones en Spotify solo verifica lo que ya sabemos y que para fraseó el mítico 'Cambalache': "que el mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 510 y en el 2000 también..."
No han sido pocos los artistas que en este período de pandemia han querido lanzar un álbum en partida doble, que es lo que ocurrió con Taylor Swift en 2020, quien seguramente alentada por los buenos resultados obtenidos por folklore ha decidido seis meses más tarde publicar los descartes de este. De esta forma nos encontramos en pasado diciembre con quince canciones que en sesenta minutos insisten sobre la fórmula: piano, suaves percusiones y sensibles interpretaciones cuyas temáticas rondan el amor y el desamor. El resultado es predecible y, como era de esperar, inferior a lo entregado en julio pasado, aunque digámoslo, tampoco un desastre.
Siendo claros, evermorecomete los mismos errores de su antecesor: sobran canciones, se redunda demasiado sobre ambientes similares y el álbum atravesando el nudo tiende a desgranarse lentamente. El punto es que pese a aquello, el conjunto sabe encontrar paisajes arreglados con mucho cuidado y cuya delicadeza a ratos convence (sobre todo en su primera mitad). Incluso me atrevería a afirmar el que si cosas como 'Willow' , 'Champagne problems','tis the damn season' o la gran 'Tolerate it' hubiesen sido incluidas en folklore este sin lugar a dudas se habría encumbrado entre los mejores álbumes de 2020. No fue así y finalmente nos hemos quedado con dos discos de correcto nivel (uno más que el otro) pero que perfectamente podrían haber sido uno.
En evermore nuevamente hay colaboraciones (repite el plato Bon Iver y se suman Haim + The national), una estructura bastante similar a la de folklore y se repite la cursilería/pose de titular todo con minúsculas. ¿Se justifica la entrega entonces? Si eres muy fan y estás gozando esta "nueva etapa" de Taylor (y le compras todo el giro intimista) , seguro que si, para el resto es de agradecer que spotify tenga la opción de armarte una lista con lo mejor de ambos álbumes, que grandes canciones acá claro que las hay pese a que esta segunda entrega huele de comienzo a fin a plato refrito.
Hora los resúmenes por lo que sin más, una breve pasada por lo que publiqué durante 2020. Al finalizar este año:
- Habré publicado118 entradas, el número más alto desde la creación del blog (allá por un lejano 2009). El año que más había escrito había sido 2015 (117 entradas)
- De esas 118 entradas: 22 correspondieron a reseñas de aniversario mientras que comenté 74 álbumes del año.
- De los 74 álbumes que comenté de 2020: un 17% (trece) correspondieron artistas o voces femeninas, mientras que un 83% (sesenta y uno) a artistas masculinos.
- De los 74 álbumes comentados: 35 (un 47%) provenían de los Estados Unidos, 16 (un 21%) desde Inglaterra, 4 desde Canadá, 3 desde Noruega, Australia y España, 2 desde Argentina y Suecia, y comenté un álbum proveniente Brasil, Uruguay, Alemania, Gales e Islandia.
Estaría interesante comparar estas cifras con las de todos los años anteriores. A ver si me da la vida y el tiempo para en algún momento revisar como han ido variando mis preferencias/intereses a lo largo de la década.
Y ahora, las diez canciones que más me tocaron la fibra durante este 2020:
10. Paradise lost: Fall from grace ¿Desesperanzador video + excelente canción? Combinación perfecta...
9. Francisca Valenzuela : No te alcanzo El alza de intensidad hacia la recta final, con vientos entrando y esas líneas depresivas transforman lo que venía siendo una canción corriente en un verdadero temón. Lo mejor que ha hecho Francisca en su carrera.
8. Taylor Swift + Bon Iver : Exile Esa entrada fenomenal de Bon Iver (2:16) entablando un diálogo de reproches mutuos con Taylor, propios de una pareja ya rota, transmite todo el dolor que el tema exigía... ¡Impecable!
7. Bunbury : Los términos de mi rendición ¿Una canción que resuma a la perfección el tono pesimista de sus más recientes trabajos? Pues este...
6. Car seat headrest : Weightlifters Notable reflexiva introspección llena de dudas y temores.
5. Deftones: The spell of mathematics Las atmósferas de siempre pero cuando crees que te van a meter un alza de intensidad, cuando esperas a un desaforado Chino Moreno, te meten unos aplausos y una sección instrumental absolutamente sublime.
4. The killers : My own soul's warning Sean como sean los discos de The killers, cada vez que lanzan uno, alguna de sus canciones están arriba en el top. Bandota de hits incontestables.
3. The weeknd : Blinding lights Vaya golazo. Contagiosa de principio a fin.
2. The flaming lips : Mother I've taken LSD "Madre, he tomado LSD, creí me liberaría pero me deprimió, ahora puedo ver toda la tristeza del mundo..." + un montón de historias tristes. Enorme. Como para fumarse uno e irse con Wayne a donde él quiera.
1. Taylor Swift : Cardigan
¿Alguna mujer no ha sido "la amante" alguna vez? ¿A alguna no le prometieron ser más que un buen rato y se ilusionó con eso?
"Cuando eres joven asumen que no sabes nada..."
La canción del año para mi. Empoderamiento pop que nace desde el dolor.
Para finalizar, comparto mi lista de Spotify con 50 canciones que me acompañaron durante este año, en orden decreciente, es decir, desde la 50 a la número 1. Acá hay de todo...
¡Pero vaya sorpresa! A tan sólo un año de la publicación de Lover (2019), y cuando nadie lo esperaba, la norteamericana Taylor Swift ha decidido golpear la mesa y romper la línea de sus anteriores trabajos mediante la publicación de un álbum inesperado y que se distancia claramente de aquello que antes le habíamos conocido. En la búsqueda de este objetivo se ha dejado asesorar por Aaron Dessner (productor y miembro de The national), quien ha colaborado en letras y arreglos de gran parte del disco, entregando así a este buen folklore un tono reflexivo que se contrapone al pop dinámico y adolescente que la vocalista venía entregando desde hace un largo rato.
De esta forma, en su octavo álbum Taylor Swift ha abordado una serie de miradas en torno al mundo de las relaciones pero lo ha hecho desde una perspectiva adulta en lo lírico (encontrando varias de las mejores líneas de su carrera) e introspectivo en lo musical, un disco marcado por sentidas baladas, todas ellas arregladas al detalle y que lejos de sonar ligeras o de manual apuestan por la profundidad en el sonido. De todo aquello habla la partida a cargo de 'The 1' + 'Cardigan', en la primera habla de aquellos amores que no fueron ("Tu sabes, las mejores películas son las que nunca se filmaron...") mientras que en la segunda se plantea la historia de una infidelidad ("Besos en autos y bares era todo lo que necesitábamos / Tu dibujaste estrellas alrededor de mis cicatrices / Pero ahora estoy sangrando..."), en la que desde ya debe ser una de las mejores canciones que nos habrá dejado este 2020. En ambas mencionadas el piano funciona como instrumento guía aunque las percusiones a cargo de Dessner son total aporte en cada ocasión, lo mismo que ocurrirá más adelante, en ocasiones incluso acariciando la gloria como en 'Exile', en donde participa Bon Iver regalando un doloroso diálogo con Taylor, con un contraste vocal entre ambos que transmite a la perfección la desconexión de una pareja que se rompe en pedazos.
Por supuesto que el disco no se quedará solo en estas, en 'My tears ricochet' la vocalista emociona como nunca cuando sube al coro encontrando nuevamente en la producción un tremendo aliado, con unas percusiones que hacen de lo poco algo inmenso. En 'Seven' triunfa con una dulce y sencilla melodía mientras que en canciones como 'The last great american dynasty' (dedicada a Rebekah Harkness, artista, millonaria y mecenas del arte, que vivió en casa que Taylor compró en 2015) o 'August' intentará escapar por minutos del exceso de baladas aumentando un poco los tiempos del disco.
Si algo hubiese que criticarle a folklore es su evidentemente exceso de canciones, son dieciséis en 63 minutos de duración y ahí piezas como 'Mirrorball', 'This is me trying' (donde se concierte en toda una Lana del Rey) o toda la recta final se vuelven algo repetitivas por lo que cuesta bastante llegar al cierre del álbum, lo cual es lamentable considerando lo enorme de toda la primera mitad de este. Con diez y once canciones estaríamos hablando de uno de los discos del año pero con todo lo que ha entregado acabamos quedándonos con una primera mitad fantástica, siete u ocho canciones brillantes y un puñado de relleno que no acaba de estar a la altura.
El tiempo dirá si folklore representa el punto inicial de una nueva etapa musical para Taylor Swift o la mujer acaba reculando como ha hecho recientemente Lady Gaga tras su interesante Joanne (2016). Por ahora nos quedamos con un muy buen trabajo que seguramente dejará satisfecho tanto a fans como a auditores casuales de la artista.
53 Domingos (España, 2026)
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Género: Comedia
Dirección: Cesc Gay
Protagonistas: Javier Cámara, Carmen Machi, Javier Gutiérrez
Duración: 70 minutos
Año: 2026
Viene bien de vez en cuando ...
2025: Una Nueva Derrota.
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Tras la derrota en el plebiscito constitucional de 2022 no quise más con la
política por un buen rato. Dejé de escribir acá por lo mismo. El escenario ...