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lunes, 30 de septiembre de 2024

25 Años De... Slipknot: Slipknot (1999)

 "Derroche de violencia y frescura..."

Finalizando el Siglo XX el nu metal se había apoderado de la escena comercial, relegando a los viejos estandartes a un lugar completamente secundario al punto de que algunos se vieron en la necesidad de buscar cercanía con las nuevas tendencias para conservar vigencia (Max Cavalera, Ozzy Osbourne o Metallica, claros ejemplos) mientras que otros derechamente debieron replantear su presente para continuar existiendo (Iron maiden, Judas priest). En ese contexto, si hubo un disco que tomó lo mejor de ambos lados fue el debut de Slipknot, conectando el groove de Sepultura (el de Roots, obvio) con la violencia de Pantera, el dramatismo de unos Korn y los coqueteos con el hip hop propios de aquel metal que en aquel 1999 lucía moderno. De esta forma y de la mano de un salvaje Corey Taylor, el debut de los de Iowa es por sobre todo un disco agresivo que coloca a la dinámica cargada de ira por sobre cualquier otra cosa, algo que en su momento llamó la atención pues este sonido que efectivamente les acercaba a un metal más violento y "tradicional" vino a ocupar un vacío que ninguna otra banda de nu metal había podido llenar, quizás System of a down, sin embargo, hay que recordar que para 1999 estos aún no publicaban Toxicity (2001), que fue el disco que los catapultó a la eternidad. Y si a todo lo dicho agregamos el elemento imagen, es decir, esto de los nueve integrantes con overol + máscaras, que decir, el impacto en los adolescentes de aquella época estaba asegurado.

Yendo a la música propiamente tal, el álbum declara intenciones de inmediato mediante '(sic)', con la batería versátil de Joey Jordison aportando salvajismo al sonido, el bajo de Paul Gray oyéndose con claridad (legado de Fieldy de Korn claramente), Corey Taylor vomitando sus trabalenguas que desde ahora se volverían legado propio y la tornamesa a cargo de Sid Wilson, armando un combo directo y efectivo que derrocha una incesante energía. En una línea similar se moverán cosas como 'Eyeless' o 'Surfacing', ambas canciones breves de dos a tres minutos intercaladas de manera inteligente por otras que efectivamente sonaban algo más comerciales con un estrofa/coro plenamente reconocible, como el hitazo 'Wait and bleed', con un Taylor gigante que da muestras de un desplante vocal extraordinario haciendo los guturales y las voces limpias (todo en velocidad), o 'Spit it out', una donde la influencia del Sepultura/Soulfly más groove se hace muy evidente. 

El nudo del disco estará armado por una jugarreta caótica cuasi instrumental como 'Tattered and torn' (demasiado extensa quizás), el interludio 'Frail limb nursety' y la oscura 'Purity', que como dato curioso fue objetada por temas de derechos de autor por lo que la banda decidió sustituirla en una futura edición por 'Me inside'. Ambas (tanto 'Purity' como 'Me inside') cuentan con la particularidad de exponer la clara influencia de Korn en ciertas atmósferas fuera de contar con un Corey Taylor que canta abiertamente limpio en los coros, una idea que en discos futuros se replicaría bastante y que en este mismo aparecerá más adelante en 'No life'. 

Ya entrando en su recta final el disco pecará donde pecaban gran parte de los álbumes de los noventa: demasiados temas y esa tendencia a que los discos ser extensos. Se retomará por tanto la línea directa y efectiva entre canciones breves como 'Liberate', 'Diluted' u 'Only one', rescatadas estas por la versatilidad de Joey Jordison pero bastante monocordes en general, de hecho, los experimentos 'Prosthetics' o el cierre mediante 'Scissors' suenan como lo más llamativo de toda esta pasada, siendo esta última un cierre impecable (nuevamente con Corey Taylor emulando los gruñidos y quejidos de Jonathan Davis) y la única que se alarga en el disco (supera los siete minutos) pero justificándose gracias a su estructura creciente y desesperante. 

El debut de Slipknot funcionó en 1999 como una descarga de energía a ratos incontenible, matizada con uno que otro guiño comercial más algunos pasajes experimentales dignos de atención. Con un nu metal en pleno auge el álbum representó un baño de frescura, el cual se complementó un par de años más adelante con el brillante Iowa (2001). Evidentemente este fenómeno resultaría a futuro difícil de replicar por lo que con los años la banda entraría en un espiral marcado por la irregularidad, sin embargo, la grandeza de sus primeros años les ha permitido extender una carrera por incluso veinticinco años. Y merecido lo han tenido... 

¿Canciones? '(sic)', 'Wait and bleed', 'Purify' y 'Scissors'.

9/10
Brillante.

martes, 5 de enero de 2021

Vivo Recomendado: R.E.M (Festival Glastonbury , 1999)


Ayer 4 de enero el gran, inolvidable y siempre subvalorado Michael Stipe cumplió 61 años de vida. En el instagram quise subir por tanto algún video en vivo de R.E.M y en esa búsqueda me encontré en YouTube con este pedazo de actuación que hoy paso a recomendar en homenaje también al recuerdo de lo que fue esta tremenda banda.

Le di play a la presentación principalmente porque era de 1999, digamos, el año de Up (el más triste, oscuro y fascinante álbum en la carrera de R.E.M), sin embargo, de aquel trabajo interpretan en este show solo cuatro temas: 'Daysleeper' (que fue el single principal de dicho disco), 'At my most beautiful' (preciosa versión), 'Walk unafraid' (siempre una maravilla en vivo) y 'Why not smile' (en un claro gusto que se dieron en versión acústica). El resto osciló entre hits y alguna vieja joya que quisieron recuperar, todo siempre en un ambiente de mucha energía y una entrega absoluta por parte de una banda que siempre lució así, libre y espontánea. 

R.E.M fue de esas bandas que nunca se vendió. Que cuando las ideas comenzaron a desaparecer y la voz a desaparecer, decidieron anticiparse y dejarlo. En este 2021 se cumplirán diez años ya sin ellos, y bueno, se les extraña y admira en proporciones equivalentes.  

Sonaron aquel 25 de junio de 1999 canciones pertenecientes a los álbumes: Life rich pageant/1986 (1), Document/1987 (3), Out of time/1991 (1), Automatic for the people/1992 (3), Monster/1994 (3), New adventures in Hi-Fi/1996 (1) y el mencionado Up/1999 (4)

Repertorio de este show: 
Apertura: 'Daysleeper'
Sección rock para venirse arriba: 'Wake up bomb' + 'The one I love' 
Pasada más íntima: 'Sweetness follow' + 'At my most beautiful'
Hits: 'Everybody hurts' + 'Losing my religion'
Guitarras nuevamente: 'Walk unafraid' + 'Star 69' + 'Finest worksong'
Primer cierre: 'Man on the moon'

Bis acústico: 'Why not smile' 
Recta final: 'Crush with eyeliner' + 'Tongue' + 'Cuyahoga'
Cierre definitivo bien arriba: 'It's the end of the world as we know it (and I feel fine)' 

Que decir, conciertazo. 
¡Que lo disfruten!

viernes, 7 de febrero de 2020

20 Años De... Makiza: Aerolíneas Makiza (1999, Chile)

“Vanguardia valiente y pura...”

El pasado 15 de noviembre de 2019 el mundo presenciaba el desarrollo de un estallido social ocurrido en Chile. En las calles la gente decidió mostrar su descontento frente al modelo político y económico imperante en el país desde hace casi cuarenta años. Resulta paradójico constatar que exactamente veinte años atrás, un 15 de noviembre de 1999, en el contexto de un país que ostentaba cifras macros que hablaban de un sostenido crecimiento global, un grupo de jóvenes chilenos hijos de exiliados políticos lanzaba al mercado un trabajo que anticipaba claramente ese descontento que en silencio comenzaba a incubarse. Si, veinte años atrás un álbum de hip hop nacional, probablemente el disco chileno más valiente y desafiante de las últimas décadas, se adelantaba a los tiempos mediante un afilado discurso que apuntaba directo a los círculos de poder tocando temas que hoy en pleno Siglo XXI suenan actuales y contingentes pero que veinte años atrás eran absoluta vanguardia.

De esta forma nos encontramos frente a un álbum cuyo concepto es el viaje, y en este habrá espacio tanto para que los protagonistas expresen un sentir personal como para ejercer una crítica política colectiva, generando así un conjunto muy emocional y por sobretodo tremendamente honesto que además en lo musical se verá complementado por una serie de notables referencias, las cuales van desde 'Plástico' (el clásico de Rubén Blades), la preciosa 'The only thing I could wish for' de Angela Bofill hasta ‘Light my fire’ de Shirley Bassey (por cierto, si no conocen estas canciones háganse un favor y disfrútenlas, que son puro manjar).

Hablando de las canciones propiamente tal, los fuegos abrirán con Seo2 (Cristian Bórquez) + Anita (Ana Tijoux) presentándose en ‘Versos al viento’ para rápidamente mostrar credenciales en ‘La chupaya 99’, construyendo una fascinante charla que culmina en aquel inolvidable “Yo no tengo nada que envidiar a los de allá / Vamos Chile no se rinde por la chupaya...” interpretado por Ana Tijoux, quien logra elevar el tema melódicamente a otra dimensión (aspecto que ella sabría explotar años más tarde en su carrera en solitario). Desde aquí en adelante el disco se mostrará inquieto, Seo2 será absoluto protagonista en ‘A propósito de coincidencias’ o ‘In loco parentis’ (donde aborda el tema del abandono y su sueño de tener una familia) mientras que Anita se tomará el escenario en ‘Un día cualquiera’, pero cuando ambos conectan es donde el disco llega a sus más altas cotas, destacan ahí enorme reflexión de quien ha vivido afuera en ‘La rosa de los vientos’ (“Y si he nacido afuera, estoy orgullosa / Y si tengo sangre indígena, mejor, porque es hermosa”), la descarnada crítica política de ‘El paro’ (“Si la masa no piensa iré contra la corriente ...”) o el alegato feminista de ‘Tu luz + su luz’ (“Mujer nunca supliques ni mendigues un cariño...”). Cabe mencionar el que la cara A del álbum no tiene desperdicio, sin embargo, pasando el nudo de este se visualizarán algunos problemas...


El primero de ellos guarda relación con un elemento que desde ya anticipaba los conflictos que la banda tendría que enfrentar: cuando Ana Tijoux es relegada a un segundo plano el disco pierde. Y no es que canciones como ‘La saga’ (“Dime quien fue Hitler? Dime quien fue Franco? / Dos hijos de puta que querían el mundo en blanco... ”), ‘La vida es como un sueño’ o ‘La misión’ sean malas de plano, pero si se perciben como temas cualquiera de hip hop. Es Anita quien aporta el necesario matiz y cada vez que ella aparece el álbum vuelve a volar. ¿Un ejemplo? ‘Esencia de vida’, que logra a medio disco traernos de regreso cuando este ya se había vuelto realmente pesado. Cabe mencionar el que Ana Tijoux se presentaba ante nosotros en ese entonces como “Anita”, un diminutivo que delata muchos asuntos a la vez, el sesgo de género existente en la sociedad y música (sobretodo en el hip hop, un estilo "de hombres") pero también el bajo perfil que la artista deseaba mantener en aquel entonces, lo cual evidentemente se contrapuso con la realidad pues era ella quien acabaría acaparando las portadas y entrevistas de la banda. La lucha de egos al interior de Makiza era evidente, y la música también hablaba de aquello.

Otro problema con que carga a cuestas el disco es su extensión. Son 72 minutos de música los que aquí se nos presentan, con una primera mitad enorme pero una segunda que redunda bastante y deja la sensación de que pusieron todo lo que tenían, quizás demasiado. Ahí ‘Alquimia’ funciona gracias a sus arreglos, fuera de ser el único en todo el disco que aborda una temática de pareja, pero tanto ‘Gigolo’ ,‘Vidas entrelazadas’ como ‘Con elegancia’ no están a la altura en cuanto a letras ni música dejándonos así un disco desbalanceado.

En definitiva, Aerolíneas Makiza resultó ser en su momento un bombazo de álbum y por aquello quedaría marcado para la posteridad. En el detalle aparecerían elementos a mejorar que lamentablemente no vieron continuidad tras la pronta ruptura del cuarteto, pero bueno, de lo bueno poco afirma el refrán y al menos un muy grato consuelo que este proyecto nos dejó fue la carrera en solitario de Ana Tijoux, donde la artista ha sabido dar rienda a suelta a su creatividad y personalidad, la cual vimos nacer veinte años atrás en este histórico álbum. 

7,8 / 10
Excelente. 

lunes, 20 de enero de 2020

20 Años De... Stone Temple Pilots : No. 4 (1999)

“Peso e identidad ...”

El rock en los 90s, tan diverso y bestial como efímero. En ese contexto Stone temple pilots fue un proyecto más que entregó pinceladas de un enorme talento pero qué tal como tantos otros (Soundgarden, Guns n’ roses, Alice in chains, Smashing pumpkins, Nirvana, Rage against the machine, Faith no more, etc) no fue capaz de sostenerse en el tiempo. El caso es que en el contexto del fin de década, con una industria que ya funcionaba a contra corriente (la oscuridad y lo alternativo ya no vendía, el llamado grunge como tal había desaparecido mientras que el teen pop y el nu metal se habían tomado la escena) los de Scott Weiland intentaban sobrevivir y tras un fallido álbum como Tiny music... songs from the Vatican gift shop (1996), que pese a su buen nivel acabó por dejarlos a medio camino de todo, intentarían recuperar fuerza con No.4, disco que desde su título y portada llevan a pensar el que no estaban con ganas de complicarse un segundo la vida. El contexto tampoco estaba para aquello, sin ir muy lejos el estado de Weiland por aquellos años era de absoluta incertidumbre, con adicciones que le impedían llevar una vida medianamente regular y donde incluso pasó tiempo en cárcel a causa de estas. En efecto, No.4 es un álbum que va directo al punto, es el disco más pesado en la carrera de la banda y uno que coloca sus fichas en la fuerza de varias de sus canciones. Para esta tarea se hicieron asesorar una vez más por Brendan O’brien en la producción, un verdadero crack a la hora de saber encontrar el sonido e identidad de una banda y que no por nada fue quien produjo toda la discografía de Stone temple pilots, a Pearl Jam en su etapa Vs/Yield o a artistas tan disímiles como The offspring o Korn. 

Nos encontramos así con un conjunto que en el global resulta ameno de oír, un puñado de canciones que en ocasiones apuestan por las guitarras y la suciedad en el sonido, como ocurre con ‘Down’ (enorme comienzo mediante una de las canciones más exquisitas en la carrera de la banda), ‘Heaven & hot rods’ (que tiene toda la vibra inquieta y bailable de viejas glorias como ‘Sexy type thing’), la veloz ’Sex & violence’ y en las potentes ‘MC5’ o ‘No way out’, pero que al mismo tiempo regala dulces pausas melódicas en las acústicas ‘Sour girl’ (otra pequeña joya que regala el disco y da muestras de la versatilidad vocal con que contaba Scott Weiland), ‘Glide’ o ‘Atlanta’. Entre todas estas también encontraremos una segunda línea que simplemente cumple, me refiero al rock de ‘Pruno’ o ‘Church on tuesday’, un dupla que sin estar mal no logran encumbrarse más allá de la fuerza de sus coros. 

Ad portas de un nuevo álbum de Stone temple pilots sin Scott Weiland no está demás recordar la corta pero interesante carrera que la banda fue capaz de regalarnos durante su primera década de existencia. Ahí No.4 emerge gracias a su singularidad e identidad bien lograda, un disco rico de oír, de marcadas guitarras y potencia en sus canciones. No es un disco complejo ni pretende serlo, tampoco será recordado por singles que hayan trascendido pero en su simpleza y derroche de energía logra impactar y ser disfrutado incluso a dos décadas de distancia. 

7,5 / 10
¡Muy bueno! 


viernes, 17 de enero de 2020

20 Años De... The Cranberries : Bury The Hatchet (1999)

“El (necesario) giro hacia lo liviano...”

El pasado 15 de enero se cumplieron dos años desde la dolorosa partida de Dolores O’riordan, una de las voces más características de la (ya añeja) década de los 90. No quisiese dejar pasar por tanto el volver a su discografía junto a The Cranberries (que fue muy corta por cierto, apenas cinco discos en su etapa inicial) y referirme esta vez a Bury the hatchet ("Enterrar el hacha" vendría siendo la traducción) álbum que el año recién pasado cumplió 20 años de existencia por lo que corresponde el re visitarlo.

Pero primero contextualicemos. Estábamos en pleno fin de siglo, 1999 y los irlandeses venían precedidos por la edición de To the faithful departed (1997), con seguridad el álbum más oscuro y difícil de su carrera, un trabajo que si bien dejó tres clásicos eternos en la memoria colectiva (‘Salvation’, ‘Free to decide’ + ‘When you’re gone’) más otros tantos temones de alto nivel (‘Hollywood’, ‘Forever yellow skies’ o ‘I just shot John Lennon’), el global resultó un tanto esquizofrénico y denso, lo cual complementado con una gira extenuante (que en algún momento de su desarrollo debió incluso ser suspendida) derivó en una serie de conflictos internos que tuvieron a la banda al borde de la separación. Surgía por tanto la necesidad de encontrar un respiro en la música y de aquello se trató Bury the hatchet, un trabajo que en cuanto a temáticas escapa de las múltiples referencias a la guerra que en el pasado la banda abordó y más bien se centra en el momento personal/adulto que vivían sus integrantes, abordando conflictos personales como la desilución, el matrimonio y la maternidad pero siempre con un dejo de esperanza en las líricas, además de enmarcar estos conceptos en un sonido en general ligero, de fácil escucha que dejó de lado el peso y la distorsión de discos anteriores.

Para muestra la apertura a cargo de la completamente acústica ‘Animal instinct’ , un tema que en sus líneas se refiere a la depresión (“Repentinamente me sentí deprimida / Estaba totalmente tensa”) y las relaciones tóxicas (“¿Acaso no sabes que me hiciste morir? / Es parte de lo hermoso que tenemos...”) pero cuenta con una interpretación de Dolores que a ratos suena incluso tierna, impactando desde el contraste. Posteriormente un par de temas centrados en la rabia como ‘Loud and clear’ (“La gente es extraña / La gente en peligro / La gente está trastornada") y ‘Promises’ (“Todas las promesas que hicimos / Todas las palabras que dijimos y rompimos...”), para luego dar paso a una de las canciones más hermosas compuestas por la banda: ‘You and me’, con dedicatoria incluida de Dolores a su hijo Taylor, que al momento de ser lanzado el álbum tenía dos años de edad. Finalmente la cara A del disco cerrará con dos canciones igual de dulces en sus arreglos aunque crudas en sus temáticas, la nostálgica ‘Just my imagination’ y ‘Shattered’, con nuevas referencias a las relaciones dañinas (“Estoy tratando de controlarme así que por favor sal de mi camino...”). 


Demás está decir que los primeros seis temas del trabajo no tienen segundo de desperdicio, y quizás este sea el pequeño gran defecto con que carga Bury the hatchet: su segunda parte no logra sostener el nivel que el disco traía. Quizás otro orden de los temas habría permitido que este fluyese de mejor forma (aunque fue característica en la carrera de The Cranberries el concentrar los singles en la primera mitad de sus discos) pero el caso es que toda la pasada desde ‘Desperate Andy’ hasta ‘What’s on my mind’ no engancha demasiado y será recién en el tridente final con la energía de ‘Delilah’ seguida de las preciosas baladas ‘Fee fi fo’ + ‘Dying in the sun’ cuando el álbum vuelva a convencer. 

Dolores O’riordan fue siempre una mujer conflictuada y la carrera de The cranberries no escapó de aquello. El cuarto álbum de la banda estaría marcado por esa constante dualidad, ese ir y venir entre la emocionada y el dolor, aunque esta vez enmarcando todo en un sonido en general inofensivo pero cargado de identidad. Bury the hatchet es un disco de canciones, de grandes canciones que lograron que la banda pudiese seguir junto a nosotros un poco más, aunque tampoco demasiado. Digamos que simplemente se postergó el final...


7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de The cranberries:
1993: Everybody else is doing it, so why can´t we?

viernes, 4 de octubre de 2019

20 Años De... Babasónicos : Miami (1999)

“Creatividad y exploración desbocada...”

El fin del Siglo XX marcaba un momento crucial para los argentinos de Babasónicos, quienes creativamente se venían mostrando inquietos de la mano de álbumes fascinantes como fueron Dopádromo (1996) y el oscuro Babasónica (1997). Ambos discos, sin embargo, continuaban moviéndose dentro de una escena alternativa que por distintas razones mantenían a la banda relegada en un segundo plano frente a las masas. Todo cambiaría en 2001 tras la aparición de Jessico, el disco que definitivamente encumbró a Babasónicos hacia otra dimensión en materia comercial. Pero cabe mencionar que aquel éxito comenzó a forjarse dos años antes con la edición de Miami, trabajo donde la banda entendió la necesidad de expandir su sonido hacia nuevos lugares, y bueno, acabaron por soltarlo todo.

La mera producción de Miami habla de un disco aperturista, de un álbum más iluminado respecto a Babasónica (cuya ruidosa producción a día de hoy me sigue pareciendo su peor defecto), pero también luce el contenido, hablamos de 18 canciones en una hora de música donde la banda no reparó en meter todo lo que tenía. Ahí, se perciben temas marcados por sus aires exploratorios, la presencia de la electrónica, cercanía con el trip hop y elementos country a la hora de trabajar las guitarras. Para muestra, la fascinante partida a cargo de ‘4 A.M’, con un Adrián Dárgelos inspiradísimo en las letras (aspecto a destacar en todo el álbum,  donde el vocalista se muestra más acertado que nunca) que recita sobre una repetitiva base que desemboca en un adictivo coro (“Esta no es tu casa y este ya no es tu lugar / Huye conmigo, abandona a los demás”). Posteriormente escucharemos el rock tejano y divertido de ‘Desfachatados’ (único single reconocible además de todo el álbum), tono que se repetirá más adelante en temas como ‘El sumum’ o ‘El playboy’. Estas se entrelazarán con pasadas centradas en la generación de ambientes inquietantes, como las notables ‘El ringo’ ,‘La roncha’ o ‘Drag dealer’, instancias totalmente experimentales como ‘Bardo de estrellas’, miradas hacia atrás en ‘Combustible’ o ‘El shopping’ (canciones que encajarían perfectamente en Dopádromo o incluso Babasónica) y hacia adelante en ‘Grand prix’ o ‘Paraguayana’ (que anticipan de cierta forma el sonido que oiríamos dos años más adelante en Jessico), además de esos singulares temas románticos que solo una banda como Babasónicos serían capaces e componer (‘Valle de valium’ o ‘Casualidad’, dos pequeñas obras maestras que nos regaló este disco).

Si, que el disco se extiende en demasía incorporando en su recta final al menos tres o cuatro piezas que desvarían entre excesos, además de un conjunto mucho más enfocado en dar rienda suelta a la creatividad por sobre la búsqueda de coros gancheros pero a Miami hay que darle el haber sido un disco fresco y rebosante en talento. Lo pagaron caro por supuesto. Tras esto Sony les terminó el contrato y desde acá tuvieron que arreglárselas por ellos mismos, conteniendo la locura en sus populares sucesores, pero el de 1999 fue el álbum que les permitió seguir creyendo en ellos mismos.

¿Canciones? '4 A.M', 'Desfachatados', 'Valle de valium' y 'Casualidad'. 

8,5 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Babasónicos:
2018: Discutible
1997: Babasónica
1996: Dopádromo

martes, 24 de septiembre de 2019

20 Años De... Red Hot Chili Peppers: Californication (1999)

“Salir de la fosa y vivir para contarlo...”

En junio recién pasado se cumplieron dos décadas del renacer de Red hot chili peppers, del disco que los trajo de vuelta, les entregó un segundo aire y reposicionó en la escena, y bueno, no quisiese dejarlo pasar considerando el que hablamos de un verdadero neo clásico del rock contemporáneo.

Contextualicemos: a mediados de década la banda vivía su primera gran crisis, con John Frusciante sumergido en adicciones y abandonando el buque, dando paso a un corto paso de Dave Navarro como guitarrista de la agrupación, quien participaría en el (injustamente) vapuleado One hot minute (1995). Pero tras el rompimiento vino la luz, y vaya de que forma. Y es que al verificar que la nueva formación (y sonido) no acababa de cuajar, Anthony,  Flea y Chad deciden acudir en ayuda de John, rescatarlo, traerlo de regreso y hacerlo participe de un disco marcado por la emoción. De hecho, ahí reside el principal mérito de Californication, más allá de lo musical (donde virtudes sobran y ya me referiré a aquello) está el haber sido un álbum  que nace a partir de la amistad, el amor por la música y el junto a ella saber sobreponerse al rompimiento. 

Pero hablemos de las canciones. Ahí, Frusciante justifica plenamente su regreso a la banda mostrando credenciales y siendo absoluto protagonista del álbum, aquí el guitarrista se desborda en más de una ocasión con su particular forma de tocar (para bien y para mal, ya que claramente "puliría" sus técnicas en discos posteriores), aunque también la producción de Rick Rubin entrega a la voz de Anthony Kiedis un rol relevante todo el tiempo, imponiéndose por sobre la instrumentación y marcando la fuerza de cada tema. Todo esto se aprecia desde la partida a cargo de ‘Around the world’, con un Flea soberbio emulando los acordes de ‘Breadfan’ (original de Bugdie en 1973, aunque versionada también de manera magistral por Metallica durante sus inicios) para luego dar paso a una estructura que se mueve con naturalidad desde el funk a coros tremendamente melódicos. Posteriormente oiremos una seguidilla de canciones con un potencial enorme, y es que la primera parte de Californication por si sola impacta a causa de su riqueza individual. Ahí destacará la eterna ‘Scar tissue’, con su maravilloso tono reflexivo, la dolorosa ‘Otherside’ (“¿Por cuanto tiempo resbalaré...? Cortar mi garganta creo es todo lo que me queda”) o la ácida ‘Californication’ ("Paga muy bien a tu cirujano para romper el hechizo del envejecimiento, la piel de celebridad es esto..."), sin embargo, todo gran álbum debe contar con una segunda línea tan potente como la primera y ahí el funk de ‘Get on top’, rock y fuerza de ‘Parallel universe’ y armonías de ‘Easily’ complementan una Cara A del disco absolutamente incontestable. 


Tras ‘Easily’ la sensación de haber tocado techo es palpable, de ahí que las revoluciones bajen bruscamente a cero, como quien quisiese llamarte a terreno, con la pacífica ‘Porcelain’ para luego retomar un tono más oscuro en la potente ‘Emit remmus’. En la recta final el disco nuevamente jugará con el los fraseos funk en ‘I like dirt’, apostará por la dinámica hiperquinética en ‘Right on time’ y una línea más íntima en ‘Savior’, anticipándonos un sonido que en 2006 desarrollarían más en extenso en el soberbio Stadium arcadium, para cerrar muy en grande con la preciosa acústica de ‘Road trippin’. Durante toda esta pasada solo se puede criticar el haber llevado el álbum innecesariamente a quince temas pudiendo terminarlo antes y ahorrarse ese guiño a los inicios de la banda que es ‘Purple stain’ y la plana ‘This velvet globe’, que como cara b del disco creo habría estado bien. 

Nada empaña por supuesto los enormes méritos de Californication, el disco definitivo de Red hot chili peppers, aquel que acabó por definir su sonido y trajo de regreso a una banda que aún tenía algo importante que decir en la escena. Neo clásico absoluto. 

8 / 10
¡Excelente! 


Otras reseñas de Red hot chili peppers:

martes, 27 de agosto de 2019

20 Años De... Korn: Issues (1999)

“La búsqueda del equilibrio...”

Dentro de muy poco verá la luz un nuevo álbum de Korn por lo que me ha apetecido hablar de Issues, disco que en noviembre próximo cumplirá dos décadas de existencia y que posee además una relevancia no menor dentro de la carrera de los norteamericanos, de hecho, me atrevería a afirmar que Issues es el álbum que acabó por definir el sonido moderno de Korn, independiente de las particulares y confusas volteretas que la agrupación viviría más adelante, con vuelta a las raíces (Korn III, 2010) e incursiones electrónicas (The path of totality, 2011) incluidas. 

Sin embargo, previo a hablar del disco propiamente tal cabe consignar donde se encontraba Korn a finales de siglo pasado, que aquello también juega en la valoración del álbum. La banda provenía de dos álbumes muy oscuros y rabiosos (el debut homónimo de 1994 y  Life is peachy de 1996) que contrastaron absolutamente con el comercial Follow the leader (1998), disco con el cual los de Jonathan Davis se encontraron de golpe con la masividadad gracias al éxito de singles como ‘Got the life’ o ‘Freak on a leash’ (y aquel inolvidable videoclip) pero donde también la banda buscaba nuevos horizontes, incluso coqueteando descaradamente con el hip hop en algunas de sus canciones (‘Children of the Korn’ o ‘All in the family’). En este sentido, Issues podríamos entenderlo como un trabajo que llegó para centrar el sonido de la banda, persiguiendo un equilibrio entre sus raíces (el disco intenta recuperar la rabia en el sonido) sin perder el éxito alcanzado un año atrás. 

De esta forma, lo primero que llama la atención en torno al disco es su estructura: Issues se compone de 16 piezas donde varias de estas corresponderán a interludios instrumentales que hacen de puente entre secciones del álbum, demostrando el que estaba en la banda la intención de entregar un trabajo que funcionase como un continuo y generase un determinado ambiente, más allá de la sucesión de canciones sin sentido alguno. Estas, sin embargo, siguen siendo simples pero entre si poseen un hilo conductor (asunto que no ocurría en Follow the leader) y concentran todo su potencial en la fuerza de sus coros. Ahí es donde Korn deja absolutamente claro el que desean continuar de la mano del éxito del llamado nu metal. Issues por tanto es un álbum plagado de singles, algunos lo fueron y sonaron bastante en su momento (‘Falling away from me’, ‘Make me bad’) mientras que otros sin serlo poseían enorme potencial para ser éxitos comercializables (‘Beg for me’, esa pequeña joya que es ‘Trash’ o ‘Wake up’). De igual forma el disco también entrega espacio a momentos más íntimos/exploratorios como los que se viven en el cierre a cargo de ‘Counting’ + ‘Dirty’ o en ‘Hey daddy’, la cual antecede a ese momentazo que es ‘Somebody someone’ (una de las mejores canciones en la carrera de Korn, digámoslo), donde oímos a Jonathan Davis metiendo mano una vez más a la formula del quiebre a media canción (asunto que a estas alturas es marca registrada del vocalista ) y consagrándose por cierto como el tremendo cantante que es, alternando sus singulares agudos, interpretaciones limpias con sus singulares guturales, asunto que se vuelve a explotar de manera espectacular más adelante en ‘Let’s get this party started’. 

Mirado con el lente del tiempo, Issues posee demasiados méritos: una línea musical coherente, un tracklist sin ripios, la confirmación de Jonathan Davis como un enorme . vocalista (asunto que continuaría explotando más adelante tanto en Untouchables como en Take a look in the mirror) pero por sobre todo situó a Korn encima de cualquier imitador del momento. Con Issues la banda centró y encontró un sonido, no por nada perduraron durante tantos años, no exentos de ripios e irregularidades, claro, pero con un camino que al menos en 1999 supieron equilibrar de manera brillante.      
   
8,5 / 10 
¡Brillante!


jueves, 22 de agosto de 2019

20 Años De... Fito Páez: Abre (1999)

“Furioso, desenfrenado...” 

No vamos a venir a descubrir hoy la grandeza de Fito Páez, un verdadero genio en vida que, por si fuese poco, aún se mantiene absolutamente vigente y creativo, tal como nos demostró con la edición de su fantástica Ciudad liberada en 2017. Todo un mérito para el argentino considerando que su momento más iluminado se desarrollo más de veinte años atrás, particularmente durante los años noventa, período en el que Páez fue capaz de desarrollar una trilogía eterna iniciada por El amor después del amor (1991), continuada por el conceptual Circo beat (1994) y finalizada con Abre (1999), y complementada entre medio por Euforia (1996), el brillante unplugged alternativo con que el cantautor desafió a MTV, y la controversial colaboración con Joaquín Sabina en 1998 titulada Enemigos íntimos. Hablamos por tanto de que en una década Fito Páez fue capaz de editar cinco álbumes de alta factura, lo cual da cuenta del momento inspiradísimo que vivía en aquel entonces. 

Hoy, sin embargo, quiero centrarme en Abre, con seguridad uno de los álbumes más singulares en la carrera del argentino, tanto en lo musical como en lo lírico. Y es que el de 1999 marca diferencias importantes respecto a cualquiera de sus antecesores, mostrando a un Fito adulto, liberado, desafiante, maduro y particularmente rabioso, recuperando durante largos pasajes ese mal rollo que no le oíamos desde hace mucho (más de una década sin duda). El resultado de todo esto es un disco ruidoso en el amplio (y buen sentido) de la palabra, con momentos muy rock y plagado de temas cargados de furia. 

Que el disco de la partida con los casi siete minutos de ‘Abre’ (la canción) declara intenciones de inmediato. Aquí Fito se muestra desatado en todo sentido ("Abre drogas, abre amar / Abre hacer e imaginar..."), pidiendo por un mundo más liberado (veinte años atrás ya nos desafiaba a tomar ese camino) entre teclados y sintetizadores, marcando una experiencia creciente y fascinante que se complementa de manera brillante con ‘Al lado del camino’, una pieza histórica y personal que se construye sobre un piano + guitarra y que cuenta con un relato frente al cual cualquier adjetivo se queda corto (“Tendré que hacer lo que es y no debido / Tendré que hacer el bien y hacer el daño / No olvides que el perdón es lo divino y errar a veces suele ser humano”). El disco queda muy arriba tras esta dupla inicial por lo que para bajar un poco la intensidad suena ‘Dos en la ciudad’, una bonita/sencilla canción pop que narra una historia de reencuentro con una ex pareja y da cuenta de ese Páez adulto antes mencionado (“Se nos pasó la noche entre el whiskey y la coca... pero aún sabíamos reír”)


Un segundo tramo del álbum da inicio con el rock de ‘Es solo una cuestión de actitud’, otra que desafía y vomita ira en la lírica (“Hay un pozo profundo en la esquina del sol / Si caes la vida te muele a palos...”) y la monumental ‘La casa desaparecida’, más de once minutos (si, el disco cuenta con temas muy extensos pero que increíblemente siempre están en su punto) que dan cuenta de una mirada histórica por parte de Fito a la Argentina de fin de siglo. Nuevamente tras un momento tan denso y potente el disco intentará bajar las revoluciones con la folclórica y delicada ‘Tu sonrisa inolvidable’ para nuevamente desatarse en la espectacular ‘Desierto’, una catarsis musical que con sus guitarras y ruido por montón interpreta a la perfección la rabia que Fito escupe en cada línea (“No soy turista de viaje / Soy pasajero intranquilo / No me provoques ahora / Tengo un cuchillo con filo...”)

Finalmente, tras el caos absoluto vendrá la calma. El viaje que Abre propone comenzará a cerrar con las melódicas ‘Torre de cristal’ + ‘Ahí voy’, ambas muy tranquilas y que serán acompañadas por la declaración de amor hacia Cuba que es ‘Havana’ (“La locura de los que se perdieron en el mar / Las vidas rotas por la sangre, aquí y allá...”), la dolorosa/desnuda balada ‘La despedida’ (“Sabe amargo el licor que de las cosas queridas / Tu me pierdes a mi, yo te doy por perdida”) y el cierre a cargo de ‘Buena estrella’, un evidente refrito de su clásico ‘Dar es dar’ (tiene prácticamente los mismos acordes) y que pretende contrastar las dosis de rabia que inundaron el álbum con buenas dosis de optimismo (“Necesito fundirme con tu espíritu divino / Y sentir que si, se puede ser feliz...”)

Se acaba Abre, un disco extenso de doce temas y setenta minutos de música que dieron paso a una nueva etapa para el cantautor argentino, una más adulta, reposada y, digámoslo, menos inspirada, de ahí la importancia de este álbum, áspero y que a día de hoy continúa apareciendo como un bicho raro a causa de los ambientes cargados de ira que constantemente visita. Una joya, digámoslo. 

8,5 / 10
¡Brillante!

sábado, 9 de marzo de 2019

20 Años De... Eric Clapton : Pilgrim (1999)

"Poderosa exploración..."

Hora de hablar de una leyenda, de una viviente además. Me refiero al gran Eric Clapton, quien tras una relevante carrera como guitarrista, siempre cercano al rock y al blues, decidió entregarse a la exploración mediante un álbum tremendamente personal, íntimo y fascinante. 

Quien diría que tras la edición del notable Journeyman (1989) pasarían diez años sin que Clapton editase un álbum con material inédito. Y es que claro, entre medio mucha agua pasó bajo el puente. En lo artístico la muerte de Steve Ray Vaughan y en lo personal la trágica pérdida de su hijo de cuatro años lo sumergieron en un pozo del que solamente la música podía rescatarlo... y así fue. Un álbum Unplugged (1992) grabado para la cadena MTV y un disco de refritos bluseros en 1994 dieron cuenta de una inevitable realidad: el rock era cosa del pasado para el inglés. De ahí que los aires que se respiran en este fantástico Pilgrim ("Peregrino") no sean sorpresa en absoluto, temas donde priman los ambientes íntimos, las guitarras sutiles e interpretaciones muy cercanas, con una producción que colocó la sentida voz de Clapton en un primer plano pero donde además encontramos un factor sorpresa no menor: el coqueteo con las maquinitas y las baterías electrónicas. Todo este cóctel transforma la experiencia en un viaje realmente especial y que a veinte años de distancia resulta emocionante volver a visitar. 

El disco abre con todo un hit noventero: 'My father's eyes', hermosa pieza pop marcada por un exquisito slide sobre el cual Clapton reflexiona respecto a la paternidad y se conecta con aquel progenitor que nunca conoció (no olvidemos que su padre lo abandonó antes siquiera de haber nacido). El alejamiento volverá a ser tema durante distintos pasajes del álbum, en los siete melancólicos minutos de 'River of tears' o en la íntima pasada por 'Pilgrim' (la canción) + 'Broken hearted', ambas marcadísimas por las baterías electrónicas y guitarras que con acompañan con elegancia. El experimento continuará tomando forma con el lento pasar de la eléctrica 'One chance' seguida de la acústica 'Circus' (dato curioso, tanto esta como 'My father's eyes' fueron compuestas por Clapton para el Unplugged de 1992 pero finalmente excluidas de aquel registro para ser trabajadas con posterioridad) para cerrar la primera mitad con la excelente 'Going down slow', adaptación de una joya de 1941 original de St. Louis Jimmy Oden. 


Lejos de comenzar a meter relleno, la cara b de Pilgrim abrirá con esa pequeña joya que es 'Fall like rain', pieza con ribetes country donde se enlazan de gran forma sonidos acústicos y eléctricos, para luego dar paso al segundo refrito que contiene el álbum, 'Born in time', original de Bob Dylan. Nuevamente Clapton abordará su amor por el blues en 'Sick and tired' mientras que 'Needs his woman' volverá a colocar a las interpretaciones vocales en un primer plano sobre acordes acústicos y coros gospel muy bien ejecutados. Entrando en la recta final aparecerá el rock de 'She's gone', que quizás se percibe algo débil en la repetición una y otra vez de su coro, la nostalgia de 'You were there' e intimidad de 'Inside of me', donde los coros femeninos volverán a acompañar de gran forma una sensible interpretación (tanto vocal como instrumental) de Clapton, cerrando de gran forma un álbum marcado por la emoción y honestidad de un interprete que sin lugar a dudas tenía algo que decir en aquel lejano 1999. 

Pilgrim fue en su momento un disco injustamente despreciado por la crítica y olvidado tras el paso del tiempo pero que en su revisión continúa trayendo al presente las honestas intenciones por parte de un Eric Clapton que en estas catorce canciones volcó su alma y creatividad, regalando un producto contundente y que pese al barniz de modernidad que intentó ostentar derrochó identidad.

Búsquenlo, escúchenlo, disfrútenlo... no se van a arrepentir.

8/10
Excelente.