CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Mirado a distancia, un disco como A light for attracting attention (2022) habría funcionado sin problemas dentro de la discografía de Radiohead, digamos, como una consecución relativamente lógica para A moon shaped pool (2016). Ahí quedaron registrados los aires etéreos de 'The same', las guitarras de 'You will never work in television again' o la emocionalidad a flor de piel de 'Free in the knowledge' como pruebas tangibles de lo que afirmo. Desde entonces, sin embargo, lo cierto es que la dupla Greenwood + Yorke se ha mantenido activa en nuevas búsquedas, en un evidente intento por no estancarse en cierto tipo de canción o repetir constantemente el plato (que seguro sería el camino más fácil de tomar a estas alturas), al punto de que en este más reciente Cutoutspareciesen renegar de las melodías atractivas o las guitarras (de distorsión ni hablar) para más bien centrarse en sus atmósferas, ariscas y pesadas por lo general.
El álbum llega a menos de un año de la publicación de Wall of eyes por lo que se plantea como un trabajo de descartes, aunque cuenta con suficiente vida propia como para ser tomado bastante en serio, oscilando entre momentos hipnóticos que van con fuerza a los teclados en 'Foreign spies' (fabulosa con toda su onda introductoria), 'Colours fly' o 'Don't get me started' (esta con un notable trabajo instrumental e inmersivo), sacando la guitarra acústica en 'Instant psalm' o 'Bodies laughing', recurriendo a arreglos orquestales en 'Tip toe', acercándose (solo acercándose) al rock en las aceleraciones de 'Zero sum', 'Eyes & mouth' o 'No words' (una lástima lo limitado de voz que va Thom Yorke en todas estas pues no logra sacar todo el provecho a los temas), o entregándole protagonismo a la batería de Tom Skinner en 'The slip'.
El disco se plantea como un viaje inmersivo que por instantes (y guardando las proporciones) puede acercarse a la propuesta del mítico Kid A (2000), pero sin el tino melódico de aquella obra maestra y también con un punto de diversidad mayor. Es interesante por tanto lo que The smile continúan haciendo, mirando siempre hacia adelante y con la valentía/grandeza de quien responde únicamente a estándares propios. Para bien y para mal, no realizan concesiones frente a la nostalgia.
¿Canciones? 'Foreign spies' y 'Don't get me started' .
Mirado a dos años de distancia, hoy hace sentido en cierto modo el título del debut de la dupla Thom Yorke + Jonny Greenwood a cargo de The smile. A light for attracting attention (2022) fue efectivamente una luz en búsqueda de atención, una declaración de intenciones por parte de los ingleses que les mostró activos y frescos en materia creativa. También hubo concesiones en aquel disco, dividiendo su duración entre momentos amigables y otros de corte experimental, combinando más de alguna melodía conmovedora con una serie de atmósferas inmersivas. Ahora, una vez logrado el objetivo (el que nos enterásemos de la existencia de The smile) ha llegado la hora de profundizar ideas, que es lo que transmite efectivamente este Wall of eyes, un disco donde la banda acelera con fuerza hacia todos aquellos sonidos que por estos días les motiva a seguir en pie.
Y es que a diferencia de lo que ocurría en el debut, donde podíamos reconocer elementos melódicos marcados, en Wall of eyesla banda apuesta con mayor fuerza a las atmósferas hipnóticas. Es decir, en este álbum no encontramos absolutamente nada que aborde la delicadeza y dulzura de 'Free in the knowledge', ni tampoco el acercamiento eléctrico de 'You will never work in television again' o coros reconocibles como el de 'Pana-vision'. Pues no, la jugada acá apunta a la repetición de estructuras y canciones que ponen énfasis en las atmósferas por sobre cualquier gancho. Es el caso de 'Wall of eyes' (la canción), por ejemplo, un riff acústico sobre el que se irá desenvolviendo el sencillo relato de Thom Yorke, sin alzas de intensidad ni cambios estructurales bruscos si no unicamente el lento andar en medio de un ambiente inquietante, algo que se corroborará en la siguiente 'Teleharmonic' aunque esta vez entre teclados.
En adelante el álbum se debatirá entre canciones donde la guitarra de Greenwood adopta presencia aunque siempre de manera contenida casi a modo de acompañamiento ('Read the room' o 'Under our pillows') y temas muy Yorke, donde este va al piano y desde ahí narra ('Friend of a friend' o la delicada 'I quit'), el elemento común será eso si la falta de explosión, el siempre ir hacia adentro con el sonido. De hecho, será recién en la recta final de 'Bendic heltic' (5:30 en adelante) cuando oímos por primera vez a un Jonny Greenwood completamente desatado, desaforado , estridente y aterrador (exquisito momento por cierto), en una clara muestra de que pudiendo ir por ahí, han decidido conscientemente explorar otras aristas de sus inquietudes.
Un mérito importante con que cuenta el disco es que se limita a solo ocho canciones (todas extensas eso si, rondando los cinco a seis minutos), entendiendo la banda a la perfección el que dado lo complejo del relato es importante no agotar al auditor para así no perderlo. Por eso cuando llegamos al cierre a cargo del piano de 'You know me!' y se evidencia el cuanto perjudica a la obra la pérdida de potencia vocal de Thom Yorke(no queramos tapar el sol con un dedo), no nos complicamos demasiado pues nos quedamos con la sensación de haber atravesado un viaje claro y consistente, un álbum que es más un conjunto que una suma de partes. Lejos de ser un "proyecto de sobras", los ingleses han decidido con Wall of eyes no solo reactivar a The smile sino que dotarlo de mayor músculo y estilo.
¿Canciones? 'Wall of eyes', 'I quit' y 'Bendic heltic'.
Si bien Radiohead se encuentra más fuera que dentro en materia de labores creativas, dos discos en casi quince años dan cuenta de aquello, Thom Yorke es un tipo que no se ha quedado para nada quieto durante dicho período, publicando trabajos tanto con su proyecto alternativo Atoms for peace como en solitario. Al vocalista hay que darle el que constantemente ha buscado ir más allá de lo obvio, siendo precisamente A moon shaped pool (2016) en compañía de los Radiohead lo más convencional que le hemos oído en el último tiempo (que no se mal entiendan mis palabras, que aquel me sigue pareciendo un disco fascinante, fabuloso y que continúa sobreviviendo perfecto al paso del tiempo). El caso es que si uno lo piensa, en este 2022 podría haber tocado disco de la banda (seis años ya), sin embargo, Yorke ha decidido reunirse con sus compadres de toda la vida, el guitarrista Jonny Greenwood y el productor Nigel Godrich, para publicar un álbum que efectivamente suena y huele a Radiohead por todos lados... pero oficialmente no será de Radiohead. ¿Las razones? Ellos sabrán, pero analicemos (y digámoslo desde ya), A light for attracting attention es un álbum realmente hermoso, un disco cuidado, delicado, repleto de detalles exquisitos que dan cuenta del nivel de músicos que acá están involucrados, sin embargo, es un disco que carga con un (único) pecado de nacimiento: ha sido compuesto por unos tipos responsables de varios de los discos más importantes de los últimos treinta años. Casi nada, pero quizás por ahí ha pasado la decisión...
De esta forma, para prácticamente todo lo que suena en estos cincuenta y tres minutos de música podría aplicar el "esto ya lo he oído antes (no se si mejor, pero ya lo he oído)". Y es que así es. Las atmósferas hipnóticas de cosas como 'The same' recuerdan bastante a los trabajos en solitario de Thom Yorke (léase, The eraser), otro grupo de canciones, que juegan con la desestructura mediante guitarras limpias y juegos de percusiones, como 'The opposite', 'The smoke', 'Thin thing' o 'A hairdryer' retoman y elevan el sonido de The king of limbs (2011), también algo como 'Pana-vision' en ese mix piano + arreglos orquestales podría perfectamente haber entrado en lo que fue A moon shaped pool (2016), mientras que cuando la banda aborda el rock crudo en 'You will never work in television again' o 'We don't know what tomorrow brings', las canciones suenan a versiones alternativas de 'Bodysnatchers' o 'Jigsaw falling into place' del In rainbows (2007). Mención aparte para lo que hacen en 'Waving a white flag', que es llevar el 'Like spinning plates' de Amnesiac (2001) a un nuevo nivel.
El resto de los temas seguirán una línea muy marca de la casa, a veces llegando a lugares delicados en 'Skrting on the surface' (precioso lo que Yorke continúa consiguiendo con su voz, pese a haber perdido la potencia en su garganta, pero sabiendo utilizar de gran forma los agudos), sobre teclados en 'Open the floodgates' o yéndose a las cuerdas en la maravillosa 'Free in the knowledge' (con mini y curioso homenaje al 'Man in the mirror' de Michael Jackson en la recta final), que es el tema de SIEMPRE de Radiohead, el 'Fake plastic trees' o'Exit music (for a film)', pero que continúa funcionando perfecto porque a estos tipos la belleza les fluye como a realmente pocos.
Nadie que venga siguiendo a Radiohead desde sus inicios o se haya subido al carro posteriormente podrá quedar insatisfecho con lo que Yorke + Greenwood + Godrich acá han entregado, un disco precioso y repleto de momentos dignos de la leyenda. El tridente acá hace lo que mejor saben hacer y lo hacen bien. Mirando el vaso medio lleno, el trabajo les continúa mostrando en alto nivel, acá sigue habiendo magia. Mirando el medio vacío, es quizás la primera vez en que les vemos mirando hacia atrás con tanto descaro.
¿Canciones? 'The same', 'Pana-vision' y 'Free in the knowledge'
Esta vez no hablaré de "lo mejor", más bien de aquellos discos que en lo personal más disfruté durante 2019. Una mención honrosa y doce álbumes que me hicieron el año.
Mención honrosa del año
Dido: "Still on my mind"
"No sabemos cuanto se tomará Dido para una siguiente entrega, sin embargo, mientras sus regresos continúen poseyendo este grado de honestidad y calidad, bienvenido será la cantidad de tiempo que la artista desee tomarse. Por lo pronto, nos quedamos con este regalo para disfrutar un largo rato... aunque el mundo no se entere"
"Sin la presión de tener que meter melodías reconocibles en sus discos el inglés ha sabido valientemente salirse con la suya, porque donde cinco años atrás nos hizo dudar esta vez ha triunfado absolutamente"
"Si cuatro años atrás muchos pensamos que con Rebel heart la vocalista había tocado techo, pues a callar, que las ansias de expresar y reinventarse han podido más..." Reseña acá
10. Mayhem: "Daemon"
"Ejecutado con precisión técnica y armando un global que no tiene desperdicio, son diez canciones que cuentan con una producción nítida y que logra darle un baño de frescura a Mayhem, y no es que sus álbumes anteriores hubiesen estado mal pero esta bofetada de buen metal suena efectivamente renovadora"
"A favor cuenta el que si bien la fórmula es similar, esta ha sido pulida y mejorada para esta ocasión, y donde su antecesor se volvía algo difícil de seguir acá han sabido incorporar temas veloces y acortar la cantidad de canciones a modo de volver más llevadero el asunto. Nada falta ni sobra en estos 38 minutos de música, lo cual tras treinta años de carrera no es poco decir" Reseña acá
8. Sharon Van Etten: "Remind me tomorrow"
"Estamos sin ninguna duda frente al mejor álbum en la carrera de Sharon Van Etten, uno que continúa dando muestras de crecimiento y ciertamente la sitúan definitivamente entre las compositoras más talentosas del presente"
"La sensación que nos deja es la de entregar varias de las mejores canciones ha compuesto en su carrera además de entregar un conjunto que fuera de confirmarla como una artista única en su especie también la muestra madura y dueña de su momento, creativa y clara en cuanto a intenciones"
"A estas alturas del partido cabe la reflexión: a día de hoy Foals no han sido capaces de entregar un mal disco (ni siquiera del montón) y muy por el contrario, no paran de crecer"
"Una fórmula que ha sabido abrirse camino y frente a la que hoy no queda sino entregarse. Cohesionado de principio a fin, potente y envolvente en sus arreglos, intenso y emotivo en cuanto a interpretaciones, cualquier adjetivo tiende a quedarse corto"
3. Blood Incantation: "Hidden history of the human race"
"Se sitúa por sobre cualquier etiqueta, un disco conceptual, técnico y pensado al detalle pero que fluye de manera tan natural que lejos de agotar confirma a la banda como un absoluto imprescindible dentro de la escena metalera actual" Reseña acá
2. Devin Townsend: "Empath" "¿Qué más se puede decir respecto al genio de Townsend? Grandilocuente y dueño de un talento inagotable nos ha vuelto a regalar una maravilla (y ya van...)" Reseña acá
*Disco del año*
1. Abigail Williams : "Walk beyond the dark"
"Un disco que que impacta desde su cuidada producción (el trabajo suena realmente bien, sobretodo si lo comparamos con anteriores entregas del proyecto) hasta la apertura sonora que ostenta, paseándose a placer por diferentes aristas del mundo del metal y saliendo siempre bien parado" Reseña acá
Y bueno, muchas gracias a todos/as quienes visitan este humilde rincón que marcha semana a semana contra corriente de las tendencias. No renunciaré a escribir, pese a que no me cierro a la idea de lanzarme a otras plataformas, espero nunca dejar de escribir.
Bienvenida sea esta nueva década que se nos aproxima.
En la línea de lo que vienen siendo sus trabajos desde hace un buen tiempo a la fecha, Thom Yorke vuelve en este 2019 con el que oficialmente cuenta como su tercer álbum en solitario, aunque el hombre ha colaborado en múltiples proyectos durante esta década además del par de discos editados en Radiohead. El caso es que si unos años atrás lo oímos muy alejado de las melodías y entregado por completo al uso de la electrónica + maquinitas varias en el monótono Tomorrow's modern boxes (2014), álbum que en lo personal me aburrió soberanamente y me llevó a temer lo peor ante esta nueva entrega, grata ha sido mi sorpresa al constatar el buen nivel que exhibe Anima, un disco por sobre todas las cosas: atinado. Y es que si bien nos encontramos a lo largo de estos casi 50 minutos de música con los (ya) clásicos pasajes de Yorke centrados en ambientes regulares también logramos identificar un crecimiento enorme en el trabajo de cada una de las piezas aquí entregadas, como si todos los errores cometidos en su antecesor hubiesen sido corregidos en esta ocasión.
Uno de los desafíos a la hora de componer música electrónica es el que esta no suene fría y distante, que emocione y transmita pese a no contar con instrumentos en sus arreglos. Aquel escollo el mismo Yorke supo en algún momento de su carrera junto a Radiohead enfrentar de manera brillante, me refiero obviamente a ciertos pasajes desarrollados en la era Kid A / Amnesiac, para luego en discos posteriores ir experimentando cada vez más, siendo The king of limbs probablemente el trabajo más Thom Yorke en toda la carrera de los británicos. A estas alturas del partido no resulta una locura el afirmar que el vocalista maduró sus influencias y fascinaciones electrónicas primero al interior de su banda madre para poco a poco ir exportándolas hacia su carrera en solitario.
Y de todo aquello nos habla musicalmente Anima. La estructura regular de 'Traffic' que lentamente avanza hasta desencadenar una descarga final que nos la imaginamos gustosos en vivo, los característicos juegos vocales que se desarrollan en medio del caos que regala 'Last I heard (... he was circling the drain)' o los loops constantes de 'Twist' dan cuenta de una claridad enorme por parte de Yorke para trabajar su ya característica electrónica con toques hipnóticos.
Acercándose al nudo del disco aparecerá 'Down chorus', un relato emocional de aquellos que Yorke incluso ha entregado junto a Radiohead (muy a lo 'Daydreaming') para luego retomar el trabajo de ambientes, centrado en las percusiones primero en 'I am a very rude person' para así encontrar el momento más brillante del álbum, aquel compuesto por la maquinal 'Not the news' y la bailable (a la Yorke claro está) 'The axe', en lo que me parecen los diez minutos mejor logrados del trabajo y si es que no de la carrera en solitario del compositor (quizás comparables con el nivel exhibido en las tres primeras de Eraser, su debut en solitario de 2006). En el cierre aparecerá 'Impossible knots' que va muy bien guiada por un bajo + platillos y la robótica 'Runwayaway', la única que se percibe como un exceso de monotonía en un disco que creo podría haber cerrado perfectamente cinco minutos antes de manera impecable.
Si en 2006 Thom Yorke debutaba en solitario con un sólido y reconocido The eraser, el cuál olía a Radiohead en todos sus rincones (de ahí las buenas críticas recibidas),hay que darle el que casi quince años después acabe por entregarnos un álbum que funciona en direcciones absolutamente opuestas. Sin la presión de tener que meter melodías reconocibles en sus discos el inglés ha sabido valientemente salirse con la suya, porque donde cinco años atrás nos hizo dudar esta vez ha triunfado absolutamente.
El éxito suele ser una puta ingrata. En 2007 Radiohead editaba un fantástico In rainbows y medio mundo volvía a rendirse frente a los ingleses. Se consagraban además como una de las bandas más creativas e influyentes de las últimas dos décadas (si es que no la más). Sin embargo, bastó una caída para que muchos todos dudase(mos) de sus capacidades. Aquella llegó en 2011, año en que la banda editó el confuso The king of limbs, ¡que no es un mal disco! pero si uno en donde costó percibir a la banda y más bien pareció ser un capricho musical de Thom Yorke. De hecho, no tuvimos gira promocional del trabajo y a poco andar cada integrante acabó concentrándose en sus respectivos proyectos personales, poniendo a Radiohead en el congelador por un largo tiempo, cinco años de hecho.
La edición de A moon shaped pool aparecía entonces, en la previa, como un hito importante en la carrera de la banda. Y es que no la tenían nada de fácil. Cuesta en la historia de la música contemporánea encontrar otra banda con una discografía a cuestas tan potente como la que ostenta Radiohead, que me perdonen la comparación pero solamente el ejemplo de The Beatles se me hace en ese sentido similar. Por ende, y sobretodo considerando los antecedentes previos, las dudas se respiraban en el aire: ¿Serían capaces a estas alturas de editar un disco que volviese a re ubicarlos a la vanguardia del resto o al menos cumplir con el estar al nivel de su inmensa discografía?
La respuesta vive entre nosotros desde hace unas semanas, once canciones que en poco más de cincuenta minutos llegan para contestar cualquier tipo de incertidumbre y lo más increíble es que los de Thom Yorke vuelven a hacerlo siendo fieles a sus formas, es decir, sin entregar concesiones. A moon shaped pool es entonces, ni más ni menos, la hermosa demostración de vida de Radiohead.
Pero pasemos a la música, que es lo único realmente importante acá. El álbum abre con 'Burn the witch', probablemente la canción más insólita de este, la única que desencaja un tanto con los ambientes melancólicos que abundan en el disco. En 'Burn the witch' de inmediato percibimos la presencia de la banda en materia de arreglos (gloriosos los vientos que adornan el tema), además de una estructura 'single' bastante tradicional que perfectamente podría haber encajado dentro de un álbum como Hail to the thief (2003). La partida es sólida, por lo que cuando comienza a sonar el melancólico piano de Thom Yorke, protagonista en 'Daydreaming', resulta inevitable el creer que el asunto desencajará. Sin embargo, la dolorosa balada convence y conmueve, no tendrá la intensidad de un 'You and whose army' , 'Fake plastic trees' o 'Piramid song', pero en lo suyo 'Daydreaming' absorbe con armas propias.
El primer momentazo del álbum llega con 'Decks dark', una canción que jamás sube y que se mueve todo el tiempo sobre tiempos y ambientes muy calmos pero que, sin embargo, gracias al exquisito complemento instrumental que la banda regala acaba maravillando (escucharla con unos buenos audífonos es un placer al oído). Otras que en materia de arreglos no se quedan aunque funcionan en lineas más intensas son 'Ful stop' e 'Identikit', la primera es pura dinámica creciente (inevitable la asociación con la ya clásica 'Idioteque') mientras que la segunda debe ser la única del álbum en donde la guitarra de Johnny Greenwood adopta protagonismo. Entre estas dos y a manera de puente sonaran 'Desert island disk' y 'Glass eyes', preciosas baladas que danzan con calma sobre guitarras acústicas y pianos.
A estas alturas del partido, entrando en la recta final del álbum sobra comentar que este ya ha convencido y no tan solo eso, sino que lo ha hecho sin ripios ni puntos medianamente bajos. Estas positivas sensaciones se confirman con toda la pasada final, acá 'The numbers' conmueve con sus soberbios arreglos orquestales, 'Present tense' recuerda en un inicio los tonos acústicos de 'Faust arp' (una del In rainbows) pero luego con la banda en pleno entrando al tema todo acaba de encajar, 'Tinker Tailor soldier sailor rich man poor man beggar man thief' es absoluta tranquilidad (nuevamente el trabajo de orquesta es notable) mientras que el cierre llegará con una nueva versión de 'True love wait', una canción muy antigua de Radiohead, que incluso fue editada en un vivo de 2001 pero que acá es recuperada con arreglos de piano + una sentida interpretación de Yorke, quien sabemos acaba de terminar una relación de años, lo cual evidentemente ha influenciado el doloroso tono que en general predomina en el álbum.
Por sobre cualquier concepto me parece que A moon shaped pool, el noveno disco de estudio de Radiohead, es un trabajo hermoso. Probablemente en el canción a canción cueste encontrar alguna que destaque particularmente sobre el resto pero, sin embargo, en el global el álbum es fabuloso, arreglado de manera impecable por una banda que vuelve a demostrar su categoría dentro de la escena actual. Como para que no queden dudas al respecto.
22 de marzo de 1995 y se publica el segundo álbum de Radiohead. Eran otros tiempos, unos en donde el rock alternativo vendía y era moda. Y en medio de aquel singular planeta, dos años atrás habían debutado estos ingleses y siendo honestos, mucho más allá de la gigantesca llegada del single 'Creep' no habían llegado. De hecho, en 1995 los ojos estaban sobre otros, en Inglaterra había interés por lo que estaba ocurriendo con Oasis, Blur, Pulp, Supergrass o Suede pero Radiohead no era prioridad para demasiados. Seguramente el single 'My iron lung', editado en 1994, encendió en muchos las alarmas pero no fue hasta la aparición de The bends en pleno, y sobretodo de Ok Computer en 1997, cuando el mundo entero se vio en la obligación de reconocer que estaba frente a un fenómeno de proporciones, uno que haría historia con letras mayúsculas.
Hubo algo en Radiohead que poco a poco marcó distancia con cualquier otro par del momento: los tipos eran únicos. El mismo hecho de que la banda renegase en sus conciertos de 'Creep' algo ya dejaba en claro, básicamente que deseaban funcionar bajo sus propios márgenes (de hecho, hasta el día de hoy hacen algo parecido con 'High & dry', otro de sus hits). Lo cierto es que corrieron el riesgo y durante un tiempo largo salieron bien parados, en efecto, The bends fue el primero de una seguidilla de fantásticos aciertos. Con su segundo disco Radiohead pule en múltiples aspectos lo realizado en Pablo honey entregándonos un disco de rock sucio, incorrecto a ratos pero de una potencia melódica y emocional impresionante. No hay canción de este álbum que no conecte o transmita, y aquello lo transforma en un álbum que hasta al día de hoy, veinte años más tarde, sigue sonando con carácter de clásico.
The bends es un disco de guitarras, que duda cabe, de guitarras y emociones. El álbum abre con las múltiples capas de 'Planet telex' y luego 'The bends' (la canción) posee la fuerza de un himno de estadios, esta no fue single pero perfectamente podría haberlo sido. También en una pasada de rock melódico sonarán 'Sulk' o 'Bones' mientras que en un tono más crudo las enormes 'Just' y 'My iron lung' darán muestra de una banda muchísimo más desatada, caótica y potente al mismo tiempo. Mención aparte creo que merece a estas alturas la dupla conformada por Thom Yorke y Jhonny Greenwood, quienes siendo bastante poco tradicionales en lo suyo (voces y guitarras) logran desde un comienzo del trabajo imponer un elemento de desgarro y desorden, que en equilibrio acabaron entregando un sello característico a cada uno de los temas.
Ahora, siendo claros, The bends no sería lo mismo si todo lo anteriormente mencionado no se hubiese conjugado con un puñado de sensibles piezas dispuestas a erizar la piel de cualquiera. Acá aparecen una serie de baladas electro acústicas con las que sobran las palabras y conceptos. Destacan las increíbles 'Fake plastic trees' (que es claramente la continuación explosiva/depresiva de 'Creep') o 'Street spirit (fade out)' pero canciones como 'Bullet proof... I wish I was' o 'Nice dream' no se quedan en absoluto atrás. Finalmente, el conocido single 'High & dry' es lo que menos encaja con el resto del álbum, un tema pop que engancha poco y nada con la sensibilidad del álbum y que curiosamente me parece el único reproche (?) que se le podría apuntar al disco.
En definitiva, un neo clásico con todas sus letras, un disco que llegó a nosotros para dar muestra de una genialidad que seguiría desarrollándose con el correr de los años pero que con The bends comenzaba a mostrar las cartas. Ahora, lo increíble es que siendo este un disco sensacional, lo mejor estaría por venir.
Ya no hay sorpresas con Thom Yorke, un hombre que desde hace mucho parece haberse estancado (o acomodado) en el mundo de las maquinitas y la música de laptop por lo que disco a disco, ya sea en solitario, junto a amigos en Atoms for peace e incluso al frente de Radiohead, los resultados continúan apostando en la misma monótona dirección. Sin embargo, el problema no está en que el inglés se haya hartado de las guitarras sino más bien en que entre The eraser, su debut en solitario por allá por 2006, y este Tomorrow's modern boxes existe un mundo de distancia si de calidad hablamos. Y es que, digámoslo, muy Thom Yorke será pero su nuevo experimento no aporta absolutamente nada dentro de su discografía, es masturbación y nada más. Sonidos compuestos para él mismo, los cuales indagan sobre ambientes carentes de emoción e intensidad (en ese sentido esto me recordó por momentos a Biophilia, lo último de Bjork). Ahora, ¿algún problema con que Yorke componga solo para si mismo? ¡Ninguno! Pero de que el resultado es tremendamente aburrido, lo es.
Algo hay en ocho minutos de "A brain in a bottle" y "Guess again!", una agradable fluctuación vocal, un bonito piano o ruiditos simpáticos, pero de ahí en adelante el asunto es de plano vacío, un Thom Yorke que susurra todo el tiempo y empina falsetes de pena (ese es otro tema, su voz, que cada vez se le oye con menos fuerza), y arreglos de risa. Para muestra, los siete minutos de "There is no ice ( for my drink)", momento que da para cuestionarse si el cuento no es más que una joda de Yorke.
¿Debemos recibir a Tomorrow's modern boxes como una mera excentricidad o la constatación del decadente estado creativo en que se encuentra Thom Yorke? La respuesta la entregará probablemente el mismo Thom cuando en un tiempo más conozcamos lo nuevo de Radiohead. Con este anticipo eso si, llega a dar miedo el esperar ese álbum.
The eraser (2006), disco debut de Thom Yorke, fue un álbum que si bien daba rienda suelta al amorío del vocalista con la electrónica, aún por momentos sonaba a Radiohead. Posteriormente, en 2010 supimos que Yorke formaría Atoms for peace, un supergrupo plagado de nombres que prometían el cielo: Flea, Joey Waronker y Mauro Refosco. El primero no necesita presentación mientras que los dos últimos eran músicos que habían trabajado con artistas de la talla de David Byrne, R.E.M, Beck o Smashing Pumpkins. Sin embargo, los nombres no deben llevarnos a engaño,Amok no es el primer disco de Atoms for peace sino más bien el segundo proyecto en solitario de Thom Yorke y por ende la continuación lógica del mencionado The eraser. Esta vez eso si, salvo uno que otro guiño... olvídense de Radiohead.
La primera sensación que deja Amok tras unas cuantas pasadas es el ser un trabajo que requiere proceso de digestión. Acá son muy pocas las melodías inmediatas, todo gracias a una muy cuidada producción a cargo de Nigel Godrich (el mismo que viene produciendo los discos de Radiohead desde Ok Computer) la cual se encargó de que toda instrumentación tradicional (bajo, guitarras) pasase a segundo plano dando preponderancia a la electrónica y a un montón de maquinitas que dominan prácticamente todo el álbum. En ese sentido, salvo por la voz de Thom Yorke, el sonido de Amok pareciese prescindir en todo momento de seres humanos.
La segunda sensación es la de estar frente a un trabajo irregular, de constantes altos y bajos.Dentro de lo positivo habría que considerar la excelente apertura del disco a cargo de la mecánica y ágil "Before your very eyes", acá una guitarra adorna un tema marcado por dinámicas percusiones y un Yorkeque entre falsetes diseña una bella melodía. Gran declaración de principios que de paso nos prepara para lo que sonará durante los siguientes cuarenta minutos de música. Le sigue el fantástico ambiente de "Default", de estructura mucho más inmediata y reconocible que el resto, por ende resulta un tema fácil de asociar con el sonido de The eraser. Más adelante "Dropped" gozará de ambientes calmos interrumpidos por secciones rítmicas que me hicieron recordar que este tipo de sonido Yorke lo comenzó a trabajar tímidamente junto aRadiohead en Hail to the thief (2003), algo similar ocurrirá más adelante con "Reverse running". Otro de los buenos momentos del disco se vivirán casi al final de este con "Judge, jury and executioner", acá se cruzan por única vez en el álbum (ojalá hubiesen sido más) elementos acústicos y sintetizadores, logrando un muy buen resultado.
Sin embargo, ciertos tropiezos se viven en el álbum con la monotonía de temas como "Ingenue" o "Unless", incluso el final del disco a cargo de "Amok" me dijo muy poco. Son momentos en donde las maquinitas pareciesen no tener un norte claro por lo que los minutos corren sin conseguir efecto alguno.
No puedo terminar esta reseña sin destacar el hambre que Thom Yorke sigue mostrando a estas alturas de su carrera, lo cual no me parece poca cosa considerando que muchísimo más fácil le habría resultado el acomodarse en su sillón y vivir del legado de Radiohead. Acá con Amoklogra darle vida y sensibilidad durante varios pasajes a un sonido que en apariencia debiese ser frío y distante al estar compuesto prácticamente en su totalidad con computadoras. Yorkepor momentos pareciese incluso no necesitar a su banda para seguir creando material digno de atención, lo cual asusta pero vaya que se respeta.
A cuatro años de la edición de In rainbowsera completamente esperable el que este 2011 tuviésemos nuevo disco deRadiohead.Ahora, lo que si resultó ser una completa sorpresa fue el encontrarnos un lunes 14 de febrero por la mañana con la noticia de que en cinco días el álbum se comenzaba a vender vía internet en sus distintos formatos. La estrategia comercial fue exitosa: toda la semana se habló y especuló acerca del lanzamiento y finalmente fue el día 18 cuando tuvimos frente a nuestros ojos el vídeo del primer single del disco: "Lotus flower" y las interrogantes no se dejaron esperar ... ¿Donde está la banda? , ¿No suena a tema solista de Thom Yorke? , ¿Vendrá todo el disco en la misma linea? , ¿De cuál estará fumando este tipo?.
No tardamos demasiado en oír el disco completo y salir de toda duda: Radiohead vuelve a optar por el riesgo y se juega el pellejo editando un disco que choca en absolutamente todos los sentidos con lo que la mayoría esperaba de ellos. Y es que luego de un disco tan convencional (brillantemente convencional, digámoslo) como fue In rainbows lo más sencillo habría sido quedarse ahí, jugar con algo similar y seguir disfrutando del éxito obtenido. Yo creo que nadie se hubiese quejado si es que nos encontrábamos con otro álbum repleto de buenas y sencillas canciones. A diferencia de esto recibimos un disco que confunde por completo y en donde la primera pregunta que se te viene a la cabeza es precisamente...¡¿donde están las canciones?!
Lo primero que llama la atención en The king of limbs es su duración, sólo ocho canciones en 37 minutos, el álbum más corto en la carrera de la banda. Lo segundo, la ausencia casi total de temas con estructuras tradicionales. Lo tercero, la (lógica) similitud entre el sonido de este trabajo y algunos pasajes de The eraser (2006), el disco solista desarrollado por Thom Yorke. Sea como sea, The king of limbs es un disco de aquellos que requieren algo de tiempo para ir comprendiendo y valorando.
La partida de este la oímos con "Bloom". Una batería que marca un paso incesante, acompañada de una serie de teclados que junto a la voz de Yorke entregan un aire hipnótico al tema. No hay, como mencionaba anteriormente, estructuras reconocibles acá, sólo una secuencia que se repite durante cinco minutos. El complemento aparece con "Morning Mr Magpie", otra pieza que funciona en dirección similar a "Bloom", con la diferencia de que esta vez se insinúa una tímida guitarra a lo largo del tema. La monotonía del comienzo de disco se rompe un tanto con la aparición de "Little by little", un buen juego de percusiones y secuencias electrónicas. Nos encontramos frente a la primera canción de este en donde sentimos (¡al fin!) a la banda presente. Buen momento pese a que siento que le falta fuerza a la composición. "Little by little " me deja esa sensación de no ser una canción plenamente explotada.
Los tres minutos de "Feral" cierran la primera parte del álbum. Una sección instrumental que me recordó un tanto esos juegos que la banda realizó en "Kid A" (la canción), logrando un mayor éxito aquella vez eso si.Acá me vuelvo a quedar con la sensación de queno agarra nunca fuerza el tema y no se termina entendiendo hacia donde pretende ir la banda con el experimento.
Suena entonces la ya mencionada "Lotus flower". Elegante, delicada y bien armada. Con un Thom Yorke que esta vez se luce en un constante agudo y un acompañamiento entre teclados que entregan en todo momento una atmósfera inspirada y desatada. No es un tema tradicional dentro de la discografía de Radioheadpero claramente fue escogido como primer sencillo dada su reconocible estructura. Tras esa primera parte algo débil,The king of limbs vive su mejor instante con "Lotus flower" y la siguiente: "Codex". Quizás el único tema de todo el álbum que responde a lo que esperaríamos de esta banda, una balada de piano muy similar a joyitas que la agrupación ha trabajado en el pasado. Precioso momento aunque nuevamente nos preguntamos con justificada razón ... ¿Es esto un disco de Radiohead o una patriada de Yorke? Y es que no recuerdo otro álbum de la banda en donde su protagonismo fuese tan palpable (se extraña muchísimo a Jonny Greenwood) y donde sintiésemos tal nivel de ausencia de guitarras, bajos y de la banda en general.
Se acerca el final del disco y suena "Give up the ghost", otrotema es delicado donde el vocalista maneja bien la interpretación mientras una guitarra acústica marca el tiempo durante su duración, fuera de una serie de bases entran al tema poco a poco. Un experimento delicioso, aunque debo comentar que en vivo le sacaban muchísimo más provecho que en esta versión de estudio.
Y el final llega con "Separator", la que junto a "Codex" vienen siendo las únicas dos que perfectamente podrían haber sido incluidas en In rainbows y nadie se extrañaba. Una canción más corriente que destaca por la sutileza de sus arreglos y ese final que repite una y otra vez "si crees que esto termina estás equivocado", linea que ha hecho suponer a muchos que The king of limbs es sólo la primera parte de un trabajo que sería complementado con un disco próximo a editarse (nada confirmado por supuesto, sólo ideas locas de fans).
Siempre vienen bien las agrupaciones que arriesgan lo que tienen en lugar de jugar a la segura. La sensación acá es que han intentado repetir la experiencia Ok Computer + Kid A , es decir, un disco "de canciones", aclamado por la crítica, seguido de uno alternativo y experimental (la salida de un nuevo álbum en el corto plazo se correspondería a esta teoría ya que en aquella ocasión la banda editó Amnesiacun año luego de Kid A) . Tengo mis dudas, sin embargo, respecto a si esta vez lograrán salirse con la suya pues el nivel claramente no está. Ni individual ni colectivo.
Y es que le falta algo a este álbum. La primera parte es muy débil y cuando el disco comienza a entusiasmarnos... se acaba. Faltaron, al menos, un par de buenos temas que le entregasen un ritmo más constante al trabajo, el cual siento que nunca explota, carece de un clímax y cuenta con demasiados experimentos que funcionan como intentos de canciones pero no llegan a ser tales, aquello en un disco tan corto me parece fatal (si de 8 canciones al menos 3 no funcionan, estamos hablando de demasiado). Nos quedamos esperando entonces el siguiente paso de la banda. Yo jugaría mis fichas a que se nos viene un disco de carácter más tradicional.
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