Mostrando entradas con la etiqueta Gavin Harrison. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gavin Harrison. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de septiembre de 2022

Porcupine Tree: Closure / Continuation (2022)

 "Todo en su lugar, quizás demasiado..."

Es claro que tras la pasada por los años 2000 llegó un momento en que a Steven Wilson se le pasó por la cabeza esa idea de que "la banda soy yo", de ahí que mandase a descansar a Porcupine tree para desarrollar una carrera en solitario. Y mal no le fue, mira que no en vano durante la pasada década se transformó en uno de los creativos más importantes para el rock, "el último gran héroe", como en alguna reseña me gustó etiquetarlo. En ese camino, sin embargo, un disco como The future bites (2021) lo mostró jugando en ligas externas, no saliendo bien parado. No es que el disco haya sido un desastre pero de que el experimento electro pop no cuajó, no cuajó. Por esto mismo, un álbum como Closure/Continuation de entrada no huele bien, no parece ser una jugada genuina, algo que Wilson tuviese efectivamente proyectado si no más bien una especie de descarte, un forzado regreso a la esencia de su sonido. Sin embargo, ¡cuidado!, que tampoco da para llegar y afirmar que estemos ante un mal álbum, que Steven Wilson es un tipo que cuando anda poco inspirado compone algo que como mínimo cumple, o algo que ya se quisieran otros artistas en su discografía. El problema es que prácticamente todo lo que entrega(n) en estas siete canciones suena a refrito, a cosas que antes hemos oído en la discografía de Porcupine tree

Las credenciales, eso si, aparecen de inmediato y en alto nivel, 'Harridan' abre con un bajo limpio y bello (interpretado por el propio Steven Wilson, quien asumió el instrumento al no contar con Colin Edwin para esta ocasión), al que le seguirán ocho minutos de una estructura exquisita llena de intensidad, oscuridad y momentos explosivos, esto a diferencia de 'Of the new day', que se mostrará como la típica balada de Wilson, aunque encontrará nivel gracias a los quiebres eléctricos que desarrolla tras cada estrofa, algo similar a lo que ocurrirá más adelante en 'Dignity', otra que irá sobre asuntos más melódicos, el problema es que son ocho minutos (así que agárrate) de algo que tenemos de sobra en la carrera en solitario del guitarrista, siendo la primera que huele descaradamente a piloto automático. Finalmente, el tridente inicial del disco se cierra con 'Rats return', una que se acercará a la línea más metal progresiva de Porcupine tree, con un Gavin Harrison notable como siempre. De esta forma, insisto en el punto: las canciones se suceden, son diversas, en su área cumplen, suenan bien, la producción es impecable, las ejecuciones son perfectas y todo está en su sitio... quizás demasiado. 

El caso es que nos queda algo más de disco, se agradece ahí 'Herd culling' con su vaivén oscuro/explosivo (Harrison nuevamente gigante), mientras que 'Walk the plant' se propone como la única incursión realmente experimental del álbum, con unos arranques electrónicos que en medida que el tema avanza funcionan cada vez mejor, aunque digámoslo, tiene toda la pinta de ser un descarte de The future bites de Wilson. Finalmente, no podía ser de otra manera y el álbum cerrará con los casi diez minutos de 'Chimera's wreck', otro tropiezo, una canción que se hace eterna con su intro de más de cuatro minutos y que entre vuelta y vuelta, recién acercándose a los seis meterá algo de fuerza, sonando más Rush que nunca.

El "problema" con bandas como Procupine tree es que compiten contra ellos mismos, por lo que la vara está siempre arriba, lo cual acá ha pesado. Eso sin mencionar lo forzado que el disco parece. No sabemos si la historia llegará hasta acá o tendremos que esperar otros doce años para un nuevo álbum de la banda, lo que si parece claro es que este paréntesis, sin ser un mal disco (insisto, ya se lo quisieran tantos otros), al lado de cualquiera de los trabajos post 2000 luce algo pálido. 

¿Canciones? 'Harridan', 'Of the new day', 'Herd culling'

6,9 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Porcupine Tree:

miércoles, 31 de agosto de 2022

20 Años De... Porcupine Tree: In Absentia (2002)

 "Ambiciosos y poderosos aires ..."

Durante esta última década, la figura de Steven Wilson se ha vuelto absolutamente reconocible dentro del mundo del rock, sin embargo, nobleza obliga a reconocer que el mito en torno al artista nació bastante tiempo antes, dos décadas atrás para ser exacto, particularmente gracias a la publicación de un álbum como In absentia. Y es que si bien Porcupine tree venía desarrollándose con solvencia desde hacía una década en el mundo del rock progresivo (con un nivel de prolificidad no menor además, fueron seis discos en diez años los publicados hasta 2000) fue el séptimo trabajo de la banda el que provocó el acercamiento masivo por parte del público. 

En ese camino, fueron varios los elementos que se conjugaron en aquel 2002 y que, entre todos, marcaron una positiva diferencia que se plasmó en In absentia. Podríamos hablar de la evidente madurez adquirida por Steven Wilson en composición, quien encuentra durante largos pasajes del trabajo un equilibrio impecable en el tridente rock/progresivo/meloso, también del cambio de sello (algo que se aprecia en la producción, fuerte y clara) así como la incorporación de Gavin Harrison en batería, quien aporta un elemento más duro y ligado al metal en varias de las canciones del álbum. El caso es que todo junto acabó por cuajar en un disco excelente, no exento de ciertos problemas pero que en gran parte de su trámite logra situar a la banda en otro lugar, metiéndolos de lleno en la entonces nueva década. 

El poderío de In absentia se muestra de inmediato, con una pasada doble que fluye tan bien que se percibe como una sola pieza de diez minutos, abriendo con 'Blackest eyes', con una banda entrando con todo, Harrison mostrando credenciales para luego dar paso a los afanes melódicos de Wilson entre exquisitas guitarras acústicas y eléctricas, fórmula que se volverá a desarrollar más adelante en cosas como 'The sound of muzak' (igual de sólida), mientras 'Trains' abordará una arista melancólica y sensible con notables juegos vocales (2:56 - 3:17) y una estructura dinámica. Que decir, la partida es enorme. A esta le seguirán los aires floydianos de 'Lips of ashes', Gilmour total en su partida y varios momentos de su desarrollo (aunque también me recuerda los tiempos más experimentales del Tears for fears noventero), la inmersiva 'Gravity eyelids', de casi ocho minutos, abriendo con una sección etérea para a medio comenzar a insinuar guitarras que acabarán explotando con mucha fuerza, y 'Wedding nails', instrumental que entregará la cara más ligada al metal progresivo por parte de los ingleses.

La mencionada 'Wedding nails' es una que habría enganchado perfecto con el rock directo de 'The creator has a mastertape' para quizás cerrar a lo grande con los siete colosales minutos de 'Strip the soul', sin embargo, entre todas estas tenemos una brusca baja de revoluciones con 'Prodigal' seguida de cosas muy atmosféricas como '.3' o 'Heartattack in a layby', dando luces acá del principal defecto del álbum: es demasiado extenso. Siempre lo he dicho acá en el blog, cuando los discos son complejos o particularmente densos, ocho o nueve canciones es la cifra adecuada, por lo que llevar este álbum a casi setenta minutos me sigue pareciendo a día de hoy un absoluto despropósito. De igual manera, el disco cerrará de manera adecuada sobre el piano en 'Collapse the light into earth', un tema que pese a lo repetitivo (es un acorde que se repite en loop por casi seis minutos). logra generar intensidad entre sus alzas instrumentales.  

Las sensaciones que acaba dejando In absentia, a veinte años de distancia, es la de ser un álbum fantástico que supo mostrar una cara más dura de Porcupine tree, fuera de marcar un claro antes/después para Steven Wilson a nivel compositivo. Sin embargo, no es un disco perfecto. Hay tres o cuatro canciones en donde la banda extiende demasiado el concepto, llevándolo a límites innecesarios (ojo: algo que entenderían para el siguiente Deadwing, donde si acotarían la duración), nada tan terrible de todas maneras, que cuando el disco funciona es una cosa gigante. 

¿Canciones? 'Blackest eyes', 'Trains' y 'The creator has a mastertape'.