Mostrando entradas con la etiqueta Oliver Sykes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oliver Sykes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de julio de 2024

Bring Me The Horizon: Post Human (Nex Gen, 2024)

 "Pop sobrecargado de artificios..."

Con Bring me the horizon me había quedado allá por 2019 cuando publicaron Amo, un conjunto vacío que colocaba el efectismo por sobre las canciones estableciendo un claro desequilibrio entre las formas y el fondo. Desde entonces no supe más de ellos. Ahora me entero que, como era de prever, un año más tarde los tuvimos recuperando algo de peso (?) mediante Post human: Survival horror (2020), aunque claro, ya transformados en una banda completamente diferente a la que alguna vez sorprendió coqueteando con el death en aquel lejano Count your blessings (2006) y mucho más cercana a la electrónica, particularmente al hyperpop, mundo que vuelven a visitar en este nuevo Post human: Nex gen, un álbum de clara continuidad respecto a su antecesor aunque desde lo musical luce como un conjunto de contrastes, de luces y sombras confusas pero que ciertamente forman parte de la esencia de la banda a estas alturas.

Me explico. Para nadie es secreto que Bring me the horizon se han transformado en una especie de Coldplay del metal mainstream, es decir, una banda que tiempo atrás fue capaz de captar un importante target adolescente y viven de aquello. Saben que hagan lo que hagan habrán millones dispuestos a acompañarles de manera incondicional por la simple y sencilla razón de que han formado parte de sus vidas. Así funciona el fenómeno fan, no lo vamos a descubrir hoy. Por ello, cuando en 2020 la banda regresó a su veta más chillona/comercial entre canciones como 'Parasite eve' o 'Teardrops' muchos seguro se emocionaron al sentir que la banda re encaminaba su carrera hacia un álbum como Sempiternal (2013), pero hoy cuando abren con algo tan insulso, meloso y obvio como 'Youtopia' (lo siento eh? pero yo me rebelo a la ridiculez de titular canciones entrelazando mayúsculas con minúsculas), los mismos también se emocionan porque sienten el regreso de anda a saber que. Lo cierto es que los fans se van a emocionar siempre que sus ídolos vuelvan, y no hay más. 

No deja de ser cierto, sin embargo, que Bring me the horizon se encuentran para bien y para mal en un punto donde pareciese que todo vale, porque efectivamente en esta etapa Post human han vuelto a las melodías con fuerza pero incorporando una mescolanza elementos tomados de distintos lugares. ¿El resultado? Un pop sobrecargado de artificios (¿mencioné la relación con Coldplay, no?) que a veces funciona, como en el caso de 'Kool-Aid' (donde Oliver Sykes se mueve en diferentes registros aportando diversidad), pero en ocasiones no hace si no esconder estructuras simplonas que les acerca al pop punk comercial post 2000 de bandas tipo My chemical romance (ahí tienes 'Top 10 statues that cried blood', 'Darkside', 'Lost' o 'Strangers'). En ese camino, resulta curioso el homenaje evidente (que roza el plagio) que realizan a Deftones en 'Limousine' (junto a la noruega Aurora en voces) o el que en 'n/a' abran en un sencillo acústico para luego buscar la explosión mientras que en otros momentos se lanzarán de plano al sobrecargo armando canciones realmente insoportables, como 'Bullet w/th my name on' o 'R.i.p', donde cargan la balanza hacia el sonido hiperactivo. 

En definitiva, estamos ante otro álbum de Bring me the horizon cuya principal foco está puesto en el confeti de la producción. De hecho, si quitamos todo el maquillaje electrónico que adorna cada una de estas canciones, ¿qué nos queda? Pues un pop de estructuras (en su mayoría, que no todas) bastante tradicionales y coros contagiosos. La banda busca el impacto por tanto de manera artificial, desde los títulos ('[ost] p.u.s.s.-e', o sea...) hasta la estridencia del sonido, lo cual por si solo no es un punto negativo pero si en ocasiones terminan opacando canciones que sin todo el ruido habrían funcionado mejor ('Dig it', claro ejemplo). 

¿Canciones? 'Kool-Aid' y 'Lost'.

6,8 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Bring me the horizon:
2019: Amo

jueves, 31 de enero de 2019

Bring Me The Horizon: Amo (2019)

"Efectismo vacío..."

Seamos francos: demasiado pronto la carrera de Bring me the horizon comenzó a perder fuerza y novedad. Y si bien la banda sorprendió en aquel ya lejano Count your blessings (2006), marcado positivamente por aquellos elementos cercanos al death, rápidamente la banda declinó su sonido hacia dicha una arista más melódica, "edulcorando" su fórmula poco a poco al punto de  volverse hoy una banda completamente irreconocible en la comparación con el mencionado debut. Ahora, si bien en este sitio celebramos las agallas de jugar a contracorriente, lo de estos ingleses cuenta con un problema, o con dos más bien: que más que valentía lo de la banda suena a acomodo y que este ha ido armando un camino de claro declive creativo. 

En ese recorrido, podríamos afirmar que la ruta que ha desembocado en Amo comenzó a tantearse por allá  en 2013 tras la edición de Sempiternal, álbum en donde la banda inició sus coqueteos con la electrónica marcando una lenta pero sostenida retirada del peso de las guitarras para ceder espacio a temas cada vez más melosos y pasivos, para confirmarse luego en That's the spirit (2016), un disco que les acercó de manera lamentable al sonido dosmilero y añejo de bandas como Linkin park, y que por lo mismo les acabó por encerrar en un callejón sin salida del que era difícil salir sin repetir ni equivocarse. Amo representa por tanto una especie de todo o nada por parte de los ingleses, el all in que les acaba por sacar del rock para acercarlos peligrosamente (?) a otras ligas más cercanas al pop y la electrónica. ¿Es esto algo negativo per se? Para nada, siempre y cuando la música se encuentre a la altura, asunto que acá a excepción de contados momentos, no ocurre... 

Me explico. Hay cosas interesantes acá, esa partida descaradamente comercial a cargo de 'Mantra' pero que en la suavidad de sus guitarras funciona y contagia, así como el trabajo melódico junto a Dani Filth en 'Wonderful life' o el rave que desatan junto a Grimes en 'Nihilist blues' (muy extensa esta eso si, en cinco minutos que acaban pareciendo diez), sin embargo, esto es muy poco ante un conjunto por lo general simplón y que termina tirando por lo obvio entre cosas inofensivas como 'In the dark', el pop declarado de 'Medicine', el quiero pero no puedo que es 'Sugar honey ice & tea', la primera donde Oliver Sykes grita y deja a entrever que se ha quedado sin garganta, aunque antes nos ha encajado tres minutos de un rock nuevamente cercano al nu metal en su versión más pobre. 

La recta final del disco insistirá sobre loops y cuanto arreglo en teclados se les haya ocurrido meter (que acá todo entraba claramente) pero únicamente profundizará un formato que privilegia el efectismo por sobre canciones realmente interesantes, maquinitas+ producción que redundan sobre sonidos vacíos y que en su esencia es realmente poco lo que tienen por decir. Para muestra una canción como 'Heavy metal', pobrísima. 

Supongo que desde aquí no les quedará otra que el refrito. Las giras de aniversario (si, giras de aniversario de un disco editado tan solo diez años atrás) ya se realizaron por lo que únicamente les quedará sobrevivir emulando alguna forzada "vuelta a las raíces". Lo que sea, difícilmente sonará más vacío que esto.

¿Canciones? 'Mantra' y 'Wonderful life'.
3/10
Pésimo.