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lunes, 24 de marzo de 2025

Whitechapel: Hymns In Dissonance (2025)

 "La brutalidad de regreso..."

Tras varias pasadas cargadas al deathcore combinando con momentos marcadamente melódicos, los cuales parecen haber tocado techo en un álbum como The valley (2019), los estadounidenses de Whitechapel tal parece han querido darse un gusto en pleno 2025 retornando hacia su sonido más agresivo y primitivo, conectando con sus raíces y la energía de aquel ya lejano This is exile (2008). De ahí que en estos cuarenta y tres minutos de música impactemos de lleno con la arista más violenta de la banda, diez canciones de pura brutalidad técnica dispuesta a dejar extasiado a quien creía que a estas alturas del partido los de Phil Bozeman eran incapaces de componer algo así de salvaje. 

Yendo a la música, 'Prisoner 666' es algo que declara intenciones de inmediato, la banda suena desatada en constantes idas y vueltas con un Bozeman completamente a gusto chillando y yendo abajo con profundos guturales imposibles de no disfrutar, mientras que 'Hymns in dissonance' (la canción) es una locura de canción, jugando con la estructura en velocidad, acelerando y bajando los tiempos durante cuatro minutos infartantes. Mención aparte para el minuto final en donde la banda se disfraza (innecesariamente, digámoslo) de Lorna Shore con esos redobles y parones bruscos tan típicos de los de Will Ramos. Con todos sus peros, los diez minutos de álbum son una brutalidad con patas y ciertamente el resto del disco no abandonará la idea. 

En ese camino, sin embargo, el disco inevitablemente no logrará sostener siempre el mismo nivel. 'Diabolic slumber', por ejemplo, suena como algo bastante olvidable mientras que el impacto violento que encarna 'Hate cult ritual' resulta muy disfrutable pero como en 'The abysmal gospel' insisten en la misma tecla, agotan. Por lo mismo cuando bajan un tanto la velocidad en 'Bedlam' o 'Mammoth god' aciertan y permiten que la experiencia resulte algo más gratificante. 

Dentro de esa recta final algo como 'Nothing is coming for any of us' (la más extensa de todas llegando a los seis minutos) merece un párrafo aparte resultando algo que incluso escapa de los límites del resto del álbum y por lo mismo suena como lo más interesante en todo el trabajo, abriendo en el más puro desate rabioso (regalando también los minutos más caóticos del disco) para ir acercándose lentamente a unos minutos finales melódicos marcados por un solo exquisito (pasado el tercer minuto) que nos recuerda que esta banda también puede emocionarnos y vaya que ilusiona respecto al futuro de Whitechapel. Que este perfectamente puede ser el camino a seguir. 

Quizás un disco más breve habría sido lo adecuado, digamos, dos o tres canciones menos, pero Whitechapel se han propuesto el no dejar títere con cabeza en este afiladísimo Hymns in dissonance y hasta cierto punto lo consiguen. El tiempo dirá si la jugada ha servido para tomar aire o la banda se estacionará un buen tiempo en este lugar más oscuro y salvaje. Por ahora, llevan varios discos al hilo de excelente factura, confirmándose como apuesta segura dentro de la escena metal actual. 

¿Canciones? 'Hymns in dissonance', 'Hate cult ritual' y 'Nothing is coming for any of us'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Whitechapel:

jueves, 27 de enero de 2022

Whitechapel: Kin (2021)

"Yendo y viniendo..."

Si pasado el 2000 fue con el numetal, desde hace al menos una década viene siendo el metalcore, o death en este caso. Géneros que en muchos, sobretodo aquellos más puristas, provocan rechazo de entrada debido a la rabia azucarada que suele transmitir. Ahora, si bien entiendo dicha posición pues cuando una fórmula es exitosa sabemos la industria suele producir mucha basura artificial con tal de ganar dinero, la invitación desde acá siempre es a abrir los sentidos y saber buscar, que este fenómeno no es nuevo, ocurrió también con el rocanrol en los sesenta, la psicodelia en los setenta, el glam + heavy metal en los años ochenta, el grunge en los noventa, y un largo etcétera. Siempre ha ocurrido... pero hay que saber buscar. 

Toda esa intro a partir de Whitechapel, una banda que ha recorrido un camino bastante interesante, propio también de las bandas que logran evolucionar desde el metal. Estos norteamericanos si bien comenzaron su carrera bastante ligados al death, basta pasar por álbumes como Somatic defilement (2007) o This is exile (2008) para verificarlo, lentamente fueron abriéndose hacia nuevos elementos, tanto desde lo instrumental como lo vocal. En ese camino, ya el homónimo de 2012 fue un disco que sacó a ratos el pie del acelerador, entregándose a momentos más melódicos y otros más exploratorios los cuales acabaron por explotarse en la pasada por Mark of the blade (2016)The valley (2019). El caso es que efectivamente hoy Whitechapel suena muchísimo más diverso que en sus inicios, y quienes les han seguido podrán verificar dicha evolución.

En dicho sentido, Kin es un disco completamente emparentado con sus dos antecesores, particularmente The valley, donde parecen haber dado con una fórmula que les permitió observar el horizonte y decidir con tranquilidad hacia donde avanzar (vaya negligencia mía el no haber comentado ese disco acá en el blog, uno de los buenos de 2019 sin duda). Y si bien en un comienzo intuimos que los tiros esta vez volverán a ir por donde mismo, pues 'I will find you' + 'Lost boy' tienen de todo, momentos acústicos y de calma que intercalan con sendas explosiones agresivas, vocales guturales y otras limpias e incluso un solo melódico que rebalsa emocionalidad (algo que ya expresado en The valley), rápidamente el álbum se encargará de mostrarnos que las intenciones esta vez han estado en explorar mucho más allá. Particularmente en el tema de las baladas. Y es que Kin es algo mentiroso en la partida e incluso en su trámite (siendo ese su principal defecto), pues si bien nos entregarán oscuros medios tiempos como 'A bloodsoaked symphony' o 'The ones that made us', el eje del álbum estará puesto en aquellos momentos donde definitivamente abrirán el abanico mediante sensibles canciones que escapan a la norma y donde Phil Bozeman juega a placer con la dualidad de su registro vocal, hablo de 'Anticure', 'History is silent' o hacia el cierre 'Without us'

El problema es que en ese camino Whitechapel dejan la sensación de constantemente querer ir y volver, intercalando todo el tiempo canciones violentas con otras lentas y melancólicas. Se les oye entonces muy inspirados y entregados en algo como 'Orphan', que es derechamente una balada, pero antes te metieron un relleno cargado de metal como 'To the wolves' que no tiene sentido en la continuidad y parece metido a la fuerza con el único objetivo de que no quedasen tantos temas lentos seguidos. 

Finalmente el álbum acaba con 'Kin' (la canción), una bonita balada más que tras tres minutos acústicos se desata en un precioso solo, sembrando la incógnita: ¿debemos esperar un futuro disco de Whitechapel que definitivamente abandonará el metal? No serían los primeros ni los últimos en hacerlo. Como sea, Kin es un álbum que parece toparse con un callejón sin salida en aquel camino que se inició en 2016 con Mark of the blade. En lo suyo es un (muy) buen álbum pero inevitablemente queda a la sombra de The valley, que en su secuencia encajaba mejor la fórmula (y duraba diez minutos menos). Acá han querido soltarse con las baladas, y lo han hecho, sobretodo hacia el cierre del álbum, pero siempre tratando de anclarse al metal, a veces de manera forzada. 

¿Canciones? 'I will find you', 'Anticure' y 'Kin'.

7,9 /10
Excelente.