CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Exactamente un año atrás, un 1 de agosto de 2022, PJ Harvey publicaba Orlam, un libro de poemas en donde la vocalista buscó desarrollar su prosa lejos de la música, dando muestras de una serie de influencias que iban desde William Blake hasta Robert Louis Stevenson. Publicó dicha obra narrativa también ante la dificultad para plasmar en sonido todo aquello que rondaba su cabeza tras las expediciones bélicas que representaron sus dos anteriores álbumes, al punto de haber llegado a los siete años de silencio musical, los cuales finalmente se ven interrumpidos con la publicación de I inside the old year dying, un trabajo basado en los poemas contenidos Orlam y que musicalmente vuelve a apostar por la intimidad y el minimalismo en materia de arreglos. Y es que si bien en The hope six demolition proyect (2016) tuvimos a una PJ Harvey insinuando un regreso hacia sonidos más eléctricos y estructuras de mayor dinámica, en su décimo álbum la cantautora (en compañía una vez más de la dupla John Parish + Flood en producción) retoma aquel sonido centrado en atmósferas bajas que la conectan más bien con aquel soberbio Let England shake (2011), es decir: un sonido tranquilo, oscuro e interpretaciones sobrias donde el centro está puesto en la calma del relato.
En ese sentido, estamos ante otro álbum de la artista que no deja espacio a medias tintas: te sumerges en el o derechamente abandonas misión. Doce canciones componen a este I inside the old year dying, todas breves (de dos a tres minutos) aunque no por esto poco claras en cuanto a intenciones, las cuales se declaran desde un inicio cuando 'Prayer at the gate' entre en escena, en esta Polly Jean va subiendo lentamente su registro sobre una melodía que unicamente acompaña el escenario que ella desea armar, en lo que será un arranque conmovedor que roza sutilmente el desgarro. Desde acá el álbum deambulará entre construcciones mínimas, acompañada de sobrios arpegios en 'Autumn term' + 'Lwonesome tonight', sonando derechamente desnuda en momentos de 'Seem an I', con algo más de fuerza en 'I inside the old year dying' + 'A noiseless noise' o al límite de lo perturbador en 'The nether-edge' + 'All souls'.
A diferencia de lo que sucedió en el mencionado Let England shake, la vocalista no encuentra (o derechamente no busca) momentos particularmente emocionantes en este álbum si no más bien explora atmósferas densas, oscuras y enigmáticas, sumergiéndonos en un pozo donde jamás teme el moverse bajo sus propios términos, consolidando su estatus de artista con mayúsculas, más allá de que muchos extrañen la fuerza e ira de sus inicios.
¿Canciones? 'Prayer at the gate', 'The nether-edge' y 'I inside the old I dying'.
Año 1991 y U2 da un salto que haría historia. Todo gracias al fantástico Achtung baby! , un álbum que transforma el sonido y la imagen de la banda permitiendo que el cambio de década fluya con naturalidad para los irlandeses. Pocas veces en la historia hemos visto una mutación tan impactante (y exitosa) como la que U2 encarnó en el paso desde Rattle & hum (1989) a Achtung Baby! (diez años más tarde Radiohead protagonizaría algo comparable con el paso desde Ok Computer a Kid A) y es que los tipos vivían los años más creativos de su carrera por lo que el éxito del álbum, sumado al buen recibimiento obtenido por una pretenciosa gira titulada Zoo Tv Tour, desencadenó en la idea de en plena gira meterse al estudio con objeto de grabar un EP, cuatro o cinco canciones que viniesen a confirmar el buen momento de la agrupación. Pero nuevamente, los tipos estaban tocados y la inspiración fluyó al punto de que el pensado EP terminó convirtiéndose en Zooropa, uno de los álbumes más fascinantes en la carrera de U2.
Si con Achtung Baby! la banda consiguió encontrar un perfecto equilibrio entre talentosas melodías con vocación masiva ("One", "Even better than the real thing, "Mysterious ways"), cierto nivel de oscuridad ("Love is blindness", "So cruel", "Acrobat") y un moderno rock que coqueteaba con la vanguardia ("Zoo Station", "The fly", "Until the end of the world"), con Zooropa la banda se atreve a expandir aún más los límites de su sonido entregando un álbum arriesgado e incluso alternativo. Confían plenamente en su material por lo que pierden el miedo a jugar sobre los margenes de lo esperable y bueno, vuelven a salir bien parados.
En general Zooropa es un álbum oscuro e íntimo, con momentos en donde realmente cuesta visualizar el que estemos oyendo a la misma banda que cinco años atrás componía canciones como 'I still haven't found what I'm looking for' o 'Desire'. Acá incluso en los momentos más melódicos del álbum ('Babyface', 'Stay' o 'The first time') se aprecia un sello musical característico y una producción exquisita (a cargo de Brian Eno + Flood, quien ese mismo año grabaría junto a Depeche mode el Songs of faith and devotion) , cargada a los teclados y que entrega atmósferas increíbles en temas como 'Zooropa' o la lúgubre 'Dirty day'. Durante todo el álbum David Evans Adams (a.k.a The Edge) suena fabuloso en las guitarras, experimenta más que nunca en canciones como 'Numb' o en las capas que envuelven el sonido de la ya mencionadas 'Zooropa' o 'Stay (faraway, so close)', Bonoen las voces aparece lleno de filtros e incluso se da el lujo de reinventar sus registros en una inolvidable y absolutamente confrontacional 'Lemon' (¿un single de siete minutos?, un single de siete minutos...), la batería deLarry Mullen suena seca y particular, robándose la película en la mecánica 'Daddy's gonna pay for your crashed car' y por si todo esto fuese poco, el cierre a cargo de 'The wanderer', con un legendario Johnny Cash en las voces, llega a confirmar el que la banda se sentía con la confianza como para realizar lo que fuese.
Estamos frente a un trabajo de lujo, un disco al que cuesta encontrarle defectos. Un álbum que se suponía venía a ser el hermano menor de Achtung Baby!y terminó ganándose su espacio por méritos propios. Un verdadero neo clásico. La historia de U2 alcanza su máximo creativo con Zooropa, a partir de acá solo quedaba el inevitable descenso y es que superar algo como esto realmente era complicado, por no decir imposible. En 1995 buscarían inspiración (y aire) en un proyecto más alternativo que Zooropa, titulado Passengersy en1997 llegaría Pop, el comienzo del fin para la banda, pero bueno, aquello es parte de otra historia...
Hay sueños capaces de desmoronarse muy rápido. Esto a propósito de Depeche mode y su primer cambio de década, el cual no pudo haber sido más glorioso, el éxito obtenido con Violator (1990) tanto en términos artísticos como comerciales solo puede ser comparable a lo logrado por U2 en Achtung baby! (1991) o Metallica con su homónimo (el llamado "disco negro"). Sin embargo, quien diría que dicho éxito también acabo por quebrar algo en el seno de los ingleses, al punto de tan solo dos años después encontrarlos en un lugar muy muy diferente tanto a nivel individual como colectivo. El caso es que en 1992 la banda decide sumergirse en un espiral tóxico de desgaste que se extendería por tres años, incluyendo la grabación de Songs of faith and devotion + su posterior (y extenuante) tour de promoción, que los llevó a recorrer el mundo entero (dato: visitaron acá Latinoamérica por primera vez), tras el cual acabarían totalmente rotos, con Alan Wilder abandonando el proyecto en 1995 (marcando un claro antes/después para la historia de la banda en términos creativos), Dave Gahan sumergido en una adicción que casi le quita la vida, Andrew Fletcher en estado depresivo y Martin Gore absolutamente exhausto. El período 1990-94 acabó transformándose por tanto en un verdadero infierno para Depeche mode, sin embargo, a veces ocurre eso de que en las peores crisis surge la genialidad, que es en definitiva lo que quedó registrado en el octavo álbum de los ingleses, una verdadera catarsis en donde los esfuerzos individuales fueron capaces de esconder el duro momento colectivo.
En lo musical, a la banda no le interesaba componer un "Violator 2" y para esto vuelven a asesorarse en producción con Flood, quien ya había trabajado con ellos en 1990 fuera de haber colaborado con un abanico bandas (U2, Nick Cave and the bad seeds, Nine inch nails, o Erasure, entre otros). Y dichas intensiones, el salto creativo entre este álbum y su antecesor se percibe desde la partida. Y es que si Violator abría con 'World in my eyes', una joya exquisita que sostenía la línea sinuosa y sexy trazada por la banda en torno al synth pop durante los años ochenta, Songs of faith and devotion abre con 'I feel you', que es OTRA COSA. De partida la batería se percibe 100% orgánica, lo cual le entrega una fuerza inaudita al sonido de Depeche mode, quienes jamás habían sonado tan banda de rock como acá hacen (asunto que le interesaba desarrollar particularmente a Dave Gahan, influenciado seguro por sus juntas en bares con bandas como Jane's addiction, entre otras). En 'I feel you' el vocalista suena inmenso (como en todo el disco por cierto, nunca cantó ni volvió a cantar así de rabioso) y Martin Gore es protagonista en las guitarras impregnando a Depeche mode de un sonido industrial inédito para ellos. Lo mismo sucederá con 'Walking in my shoes' aunque en una línea más delicada con teclados que marcan presencia y una letra brillante, de las más grandes que Gore haya escrito ("No estoy buscando absolución / Ni perdón por las cosas que he hecho / Pero antes de llegar a cualquier conclusión / Intenta caminar en mis zapatos...").
El tridente inicial cerrará con la imponente balada dramática'Condemnation', otra que en su temática se referirá al juicio externo ("Condenación, ¿Por qué? / Si mi deber estuvo siempre con la belleza / Y ese fue mi crimen...") y que originalmente iba a ser interpretada por Martin Gore pero dada la insistencia de Gahan, Flood cedió a darle una chance con resultados impresionantes. Es una de las interpretaciones más emocionales en la carrera del vocalista. '
Mercy in you' será otra pieza fantástica que insistirá sobre el sonido industrial aunque esta vez apelando a la electrónica como complemento. A esta le seguirá una bajada de revoluciones a cargo de 'Judas' + la gigante 'In your room' (seis minutos de total oscuridad e intensidad), cerrando una primera parte del álbum sin ripio alguno. En contra parte, la recta final del álbum si bien no sostendrá el nivel de todo lo anterior, cumple de sobra apelando a la dinámica en cosas como 'Get right with me'(con detallitos góspel incluidos), la inquieta'Rush' o en el oscuro cierre a cargo de 'Higher love', no sin antes haber pasado por la melosa calma de 'One caress', marcada por la presencia de vientos.
Pese al tormentoso contexto que rodeo la grabación de Songs of faith and devotion resulta increíble constatar el sólido resultado que la banda logró entregar. El disco no solo funciona como una perfecta sucesión para Violator si no que además supo abrir nuevas puertas para Depeche mode, abandonando con estilo el synth pop para sumergirse en texturas más oscuras y cercanas al rock. La partida de Alan Wilder se anota sin duda como el lamentable costo a pagar por este período, uno que ciertamente jamás volvería a ser retomado por la banda a este nivel...
¿Canciones? 'I feel you', 'Walking in my shoes', 'In your room'.
En medio de un mar de artistas femeninas cuyas temáticas no escapan del amor, desamor y relaciones varias, una mujer como PJ Harveyenaltece al género. Y es que ella es sencillamente única.
Tras haber entregado uno de los mejores discos de su carrera y, en opinión de quien escribe, el mejor álbum de todo 2011, Polly Jean Harvey vuelve a la carga. Se ha tomado su tiempo para ello aunque direcciones musicales no ha modificado demasiadas, de ahí que The hope six demolition proyectcorra desde ya un serio riesgo: quedar empantanado bajo la sombra de su antecesor. Sin embargo, esta mujer anda tocada por la dicha, por lo que pese a la odiosa e inevitable comparación me parece vuelve a salir bien parada.
Y es que si Let England shake fue un álbum enfocado en el historial bélico de Inglaterra esta vez la mujer ha decidido entregar su aguda mirada acerca del dolor desde otras perspectivas y lugares del mundo. Su nuevo álbum se ha inspirado particularmente en tres sitios: Afganistan, Kosovo y Washington D.C, contextos que la mujer visitó durante estos años junto al fotógrafo Seamus Murphy y desde donde surgieron todas las canciones e historias que componen su nuevo trabajo. Las miradas entonces varían pero la fiereza sigue ahí, intacta. De esta manera PJ Harvey realiza su ejercicio nuevamente con elegancia, inteligencia y estilo, regalando ciertos matices pero siendo igual de cruda y efectiva, aunque a diferencia de lo abordado en su anterior álbum, esta vez ha decidido desempolvar las guitarras (en compañía de Flood y John Parish en producción), algo que se aprecia de inmediato en la apertura con la coreable 'The community of hope', seguida de una golpeada 'The ministry of defeance'. Siguiendo con las canciones, tendría que mencionar los momentazos que regalan 'A line in the sand', con esos exquisitos agudos llevados al límite por la vocalista, 'Near the memorials of Vietnam of Lincoln' (otra que apunta a la canción himno estilo 'Give peace a chance' de John Lennon) o ´Medicinals' pero ciertamente el nivel general del disco es regular y cumple a cabalidad.
Superar una obra maestra resulta imposible pero a sabiendas de aquello, The hope six demolition proyect es un álbum que merece de tu tiempo. Los años avanzan, ya son prácticamente 25 de carrera para PJ Harvey, por lo que evidenciar el nivel creativo, la dedicación y personalidad que la mujer continúa colocando en cada uno de sus proyectos no puede sino llevarnos a admirarla cada vez más.
¿Canciones? 'The ministry of defeance', 'Near the memorials of Vietnam of Lincoln' y ´Medicinals'
Polly Jean Harvey es una de esas damas que la llevan. Ella fue en algún momento al rock lo que la islandesa Bjork sería a la electrónica (bueno, no por nada en los noventa se les ligó de cierta forma en los medios), digamos, una mujer de la que ya no sabías que esperar salvo lo mejor. 2007, sin embargo, marcó giro para la vocalista, momento en que decidió salir a explorar otras aristas de su perfil cambiando las guitarras por el piano en aquel sensible White chalk , el cual complementó un par de años más tarde en mediante el creativamente inquieto A woman a man walked by (2009) junto a John Parish. En este camino, Let England shake aparece como un álbum algo más "tradicional", ameno y fácil de llevar, digamos, un disco de estructuras reconocibles y arreglos sencillos. Pero cuidado, que lejos de estar ante un trabajo menor, estamos ante lo mejor que la inglesa ha compuesto en largo tiempo, uno que va creciendo en intensidad en medida que avanzan sus cuarenta minutos de duración y cual campana de Gauss tras encontrar su punto más alto irá entrando en calma hacia su recta final.
Por sobre todo, Let England shake es un álbum precioso, también Interesante en su sonido, conformado básicamente por guitarras eléctricas limpias que han reemplazado la distorsión de discos anteriores y arreglos absolutamente envolventes; ácido en sus temáticas y letras, estamos por lejos frente al disco más político de la artista a día de hoy, quien esta vez ha dejado de lado sus vivencias de pareja para adentrarse en el mundo de las guerras llevadas adelante por Inglaterra a lo largo de su historia. El disco posee por tanto un hilo conductor temático claro de comienzo a fin pero también coherencia en lo musical, armando un equilibrio impecable a lo largo de sus doce composiciones.
Sin ir muy lejos, abrirá de manera dinámica mediante el tridente 'Let England shake' (la canción), 'The last living rose' y la irónica 'The glorious land' (¿Cuál es el fruto de nuestra tierra gloriosa? - se pregunta. "Niños huérfanos y deformes" - contesta) para lentamente con 'The words tha maketh murder' ir adentrándose en terrenos más emocionales y acabar desbordando en la pasada por 'All and everyone' + 'On battleship hill' + 'England', doce minutos sensacionales donde Pj Harvey transmite el dolor como hace muchísimo no hacía, haciendo uso de arreglos mínimos y recurriendo básicamente a su voz como herramienta, todo en compañía de Josh Parish, Flood y Mick Harvey en producción, este último un antiguo colaborador de Nick Cave.
Con la magia ya declarada y habiéndonos maravillado, el resto no dejará de fluir en su segunda mitad. 'In the dark places' regalará nuevas dosis de desangre, 'Bitter branches' sonará algo más rabiosa y contrastará con la calma de 'Hanging in the wire', para finalmente retomar la emocionalidad a flor de piel con 'Written in the forehead' + 'The colour of the earth', todo siempre en un ambiente que roza el demo, que denota una exquisita precariedad evidentemente intencionada (es voz + guitarra casi todo el tiempo), tono que no hará sino confirmar el que estamos ante un álbum único en su especie y un imprescindible no solo de la artista si no de esta década, una obra interesante y creativa, equilibrada, sencilla y profunda.
La Misteriosa Mirada Del Flamenco (Chile, 2025)
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Género: Drama
Dirección: Diego Céspedes
Protagonistas: Tamara Cortés, Paula Dinamarca, Luis Dubó, Matías Catalán,
Claudia Cabezas
Duración: 110 minutos
Año...
2025: Una Nueva Derrota.
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Tras la derrota en el plebiscito constitucional de 2022 no quise más con la
política por un buen rato. Dejé de escribir acá por lo mismo. El escenario ...