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domingo, 19 de abril de 2026

U2: Easter Lily (EP, 2026)

"Siguen tomando aire..." 

Continúan las sorpresas con U2, y todo parece indicar que tendremos un 2026 bastante prolífico por parte de los irlandeses. Tan solo un mes atrás les tuvimos publicando el EP Days of ash y ya les tenemos de regreso con seis nuevas canciones que sumadas a las cinco anteriores perfectamente podrían haber conformado un nuevo álbum de la banda. Aunque...  a juzgar por lo resultados quizás debamos agradecer la decisión de mejor esperar y dejar este puñado de temas como lo que han sido: una mera salida a tomar aire. 

¿Con qué nos encontramos entonces en este Easter Lily? Pues con un conjunto de temas que efectivamente acercan a U2 hacia lo que suele ser su sonido más tradicional (ahí habrá varios que seguro respirarán aliviados), es decir, ese sonido donde la guitarra de The Edge vuelve a ser protagonista así como la emocionalidad de las composiciones. Esto lo apreciamos desde un comienzo cuando 'Song for Hal' abra los fuegos, una canción que va en busca de una melodía conmovedora y que cuenta con la singularidad de estar interpretada íntegramente por el guitarrista de U2. El resto de la banda aparecerá en pleno más adelante, primero cuando la batería de Larry Mullen Jr. sostenga la ascendente 'In a life', luego con el bajo de Adam Clayton siendo preponderante en la bonita 'Scars', esto para que todos acaben construyendo intensidad en 'Resurrection song'. Lo dicho entonces, que las canciones están bien y efectivamente transmiten mayor fuerza respecto a lo entregado un mes atrás, pero todo sea dicho: tampoco es que algo de acá te vuele la cabeza. Ni de cerca. 

En dicho sentido lo que más llama la atención en el conjunto es el cierre. Ahí los aires ochenteros de 'Easter parade' traerán al presente ese sonido tan Unforgettable fire de la banda, mientras que 'Coexist (I will bless the lord at all times?)' expone a tope (por enésima vez) la faceta más espiritual de Bono en un relato hablado de casi siete minutos de duración, esto en compañía de Brian Eno en los créditos de composición. Lo último explica claramente el que sea el único tema que respira claramente fuera la caja.  

Cantidad no siempre implica calidad, siendo este uno de los casos que confirma la frase. U2 en un mes nos han entregado once canciones y un poema que como EPs saben bien pues traen de regreso a la banda, pero efectivamente como disco habrían resultado un conjunto realmente decepcionante. A seguir esperando por tanto por el bendito regreso en pleno que todo parece indicar se dará en este 2026...

¿Canciones? 'Scars' y 'Easter parade'.

6,5 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de U2:

sábado, 7 de marzo de 2026

U2: Days Of Ash (EP, 2026)

 "Atisbos de grandeza..."

U2 alguna vez fue muy pero muy grande. Por lo mismo, resulta inevitable ante cualquier nuevo lanzamiento el mirar hacia atrás y hacer la odiosa comparación. Los años, sin embargo, pasan para cualquiera, y ya sea debido a la auto complacencia o el terror a volverse irrelevantes, la carrera de los irlandeses viene siendo bastante errática desde hace al menos veinticinco años. Por lo mismo, lo más justo a la hora de analizar desde lo musical este nuevo EP sea mirar simplemente hacia lo más reciente, hacia esta última década marcada por el auto homenaje de álbumes como Songs of innocence (2014) y Songs of experience (2017), pues en esa línea continúan moviéndose estas cinco canciones (complementadas con la lectura de un poema) que muestran a un U2 encorsetado, contenido, dejando ver atisbos de grandeza que adornan canciones bonitas cuando mucho pero que lamentablemente parecen conformarse solo con aquello.

Desde lo lírico el asunto va por otro lado, y ahí radica el principal potencial de este EP. Days of ash fue lanzado el pasado 18 de febrero (el "día de cenizas", que para quien no lo sepa representa en la tradición cristiana el inicio de los cuarenta días que preceden a la pascua de resurrección) y se plantea como un lanzamiento reflexivo respecto a nuestro presente. Conscientes de que han estado callados durante demasiados años es que el EP abre con una declaración: "Tienes derecho a mantenerte en silencio...o no". A partir de esa sentencia la banda inteligentemente ha querido abordar varias de las principales aristas conflictivas que hoy nos asechan, y lo han hecho con nombre y apellido. Dedican explícitamente estas canciones a Renée Good (asesinada ahora en 2026 en los Estados Unidos por el ICE de Donald Trump), a Sarina Esmailzadeh (asesinada en 2022 por el gobierno iraní en medio de protestas por la liberación femenina) o a Awdah Hathaleen (activista palestino asesinado en 2025), es decir, el lanzamiento está marcado por la muerte y desde ahí posee un peso no menor, además de atingente. El problema paradójicamente está en las canciones. Que acá no encontramos ningún 'Pride', una 'One tree hill', un 'New year's day' o una 'Sunday bloody sunday', ni siquiera una 'Iris' o una 'Cedarwood road' (yéndonos a la era más reciente de U2) si no más bien un puñado de cancioncitas bonitas carentes de ira o filo, veinte minutos de música que quedan en el incómodo terreno de la canción pacifista que no molesta ni impacta.   

Pues lo dicho, que nos entregan cinco canciones y un poema. De estas, lo más atractivo aparece en la balada acústica 'The tears of things', un relato de estructura creciente que va ganando intensidad en medida que avanza, y 'One life at time', principalmente gracias a la atmósfera envolvente que generan las vocalizaciones de Bono. Entre lo demás, 'Song of the future' es bonita pero no mucho más, 'Yours eternally' (en compañía de Ed Sheeran) es la enésima canción en donde U2 intentan sonar como Coldplay (dramático el terminar copiándole a tu copia) mientras que 'American obituary' es la nueva intentona de U2 por componer una canción de rock afilada y fallar en el intento, principalmente a causa de lo básico y mínimo que está Dave Evans (alguna vez conocido como "The Edge") en la guitarra. 

Days of ash evidentemente está lejos de ser un desastre. Acá no hay canciones malas pero si un conjunto que plantea una incertidumbre: ¿Esto es efectivamente lo mejor que pueden entregar hoy en día o más bien son canciones compuestas "a la rápida" dada la necesidad de salir a decir algo frente a la contingencia? Bueno, se supone que este 2026 o el próximo año tendremos nuevo disco y respuesta.

¿Canciones? 'The tears of things' y 'One life at time'. 

6/10
Bueno, cumple...


Otros lanzamientos de U2:

jueves, 19 de diciembre de 2024

Villagers: That Golden Time (2024)

 "Un respiro de calma y sobriedad..."

Conor O'Brien es ese personaje distinto dentro de la escena, destinado a vivir entre las sombras (más en estos tiempos donde solo paga la inmediatez y la nostalgia) pese a que disco a disco se las arregle para sonar tan delicado como ambicioso. En ese camino, Fever dreams (2021) fue un álbum que coqueteó siempre con la experimentación entre teclados, baterías electrónicas, cuerdas, saxofones y vientos varios, entregando un resultado notable que en medio del anonimato se anotó como uno de sus álbumes más interesantes a la fecha. Caía de cajón eso si que tras un disco así de sesudo debía venir una baja en la intensidad, que es lo que nos ha entregado en That golden time, un disco de cuerdas + piano donde el foco está puesto principalmente en el mensaje. 

Por supuesto que el conjunto sigue siendo amable, que no te vas a encontrar en un álbum de Villagers canciones que no suenen dulces (o no ha pasado hasta el día de hoy), sin embargo, salvo alguna excepción como 'Keepsake' (la única que promueve atmósferas que van con fuerza hacia la electrónica) prácticamente todo el álbum transmite una sensación de simpleza en términos de recursos, trabajando sobre melodías sencillas y estructuras en general repetitivas, sin que esto signifique perjuicio, digámoslo. El disco por tanto declara intenciones desde un comienzo mediante 'Truly alone', sostenida únicamente sobre un teclado y con esa letra enfocada en la autosuperación cuando se cuenta con nadie salvo si mismo ("Enfrentar el viento hacia donde sea que sople / Trazar el camino tal como fluye el río / Desafiar al frío hasta que llega a tus huesos / Verdaderamente solo..."), las cuales se confirman mediante 'First responder' (donde aparecen vientos en el cierre) seguida de 'I want what I don´t need' + 'You lucky one' + 'That golden time', estas ya derechamente armadas sobre cuerdas o un piano pero con una apuesta que apunta a la sencillez. 

En la recta final aparecerá otra excepción como 'No drama', una exquisita reflexión acerca de la búsqueda de la sencillez ("La gente lo complica / Tu esperas, esperas y esperas / Por esa vida que soñaste / Sin dramas, solo amor...") que en su estructura va subiendo como la espuma hasta encontrar una explosión de intensidad (pasado el minuto tres), sin embargo, salvo este paréntesis el disco acabará entre propuestas que insistirán en el minimalismo, como la oscura 'Behind the curtain' (que en su minuto final desata una locura eso si, como si Conor no quisiera que nos olvidásemos de sus inquietudes) o la tranquila 'Money on the mind'.

O'Brien es un artesano de canciones y con That golden time ha vuelto a dar muestras de aquello. Esta vez ha apuntado a algo más sobrio y calmo, un respiro quizás en su inquieta trayectoria, una que lo continúa mostrando como uno de los compositores modernos más interesantes de la escena. Aunque el mundo no se entere...

¿Canciones?  'Truly alone', 'No drama' y 'Behind the curtain'. 

7,5 /10
¡Muy bueno!

lunes, 25 de noviembre de 2024

20 Años De... U2: How To Dismantle An Atomic Bomb (2004)

 "Caricatura de sí mismos..."

La historia es conocida. El "fracaso" (las comillas son totalmente intencionadas) de Pop (1997) volvía a sumir a U2 en una crisis existencial similar a la que habían vivido diez años atrás post Rattle & hum (1989). Con una diferencia relevante eso si: la crisis de 1990 era artística, más no comercial. A los noventa los irlandeses entraban con dudas en torno a su perfil artístico, preguntándose si aún tenían algo relevante que decir y por lo que existir, de ahí que la respuesta fuese artística: el brillante Achtung baby (1991). Entrando a los dos miles, sin embargo, lo que embargó a U2 fue un terror a volverse irrelevantes, viejos y que bandas como Coldplay (entre otros) les ganasen la partida llenando estadios. De ahí la decisión de abandonar por completo la vanguardia noventera simplificando fórmulas para así congraciarse con el público mediante un meloso All that you can't leave behind (2000), un álbum sencillo, ameno y que en términos de promoción (+ gira) explotaba el perfil mesiánico de un Bono que desde entonces decidió transformarse en una caricatura de si mismo. 

Quedaba en el aire, sin embargo, la duda respecto al siguiente paso. ¿Más de lo mismo o algún tipo de paso hacia adelante? Lo cierto es que How to dismantle an atomic bomb (qué título más molesto, por favor...), a diferencia de su antecesor que era bastante más claro y conciso, pretende ser muchas cosas (de ahí la cantidad de productores que metieron mano acá, ocho en total). Un disco que intenta retomar la veta más rockera de U2 y entregarle protagonismo a la guitarra de The Edge en canciones como 'Vertigo' (que sería a los irlandeses lo que 'It's my life' fue a Bon Jovi, es decir el último hit en su carrera y la canción que quizás salvo de la quema a este álbum), una interesante 'Love and peace or else', donde se acuerdan de lo que era construir una atmósfera gracias al tándem Adam Clayton + Larry Mullen Jr. que acá funciona perfecto, aunque al mismo tiempo lastran el resultado a causa de esa producción que tiende a endulzar el sonido con campanitas, o ese esperpento que es 'All because of you', con un coro amateur a más no poder y una de las peores canciones de U2 en su historia. Porque claro, una cosa es querer sonar afilados y otra efectivamente poder. Lo cierto es que a quien tenemos acá en guitarra parece ser una especie de imitador barato de The Edge por lo que los riffs acaban siempre siendo bastante simples y es realmente poco lo que aquí suena a esos U2 que diez o quince años atrás podían reventarte la cabeza asumiendo riesgos en cosas como 'In god's country', 'Acrobat' o 'Gone'.

Por lo mismo, cuando más cómoda se siente a la banda es cuando entrega una versión azucarada del mítico The Joshua Tree (1987), es decir, en la adorable 'City of blinding lights' (aquí si que están en modo Coldplay armando una especie de 'Clocks' que pretende ser más ambiciosa aunque de nuevo, no les da), la seria 'One step closer' (un digno ntento por recuperar las atmósferas de The unforgettable fire) o las hiper melosas 'Original of the species', 'Crumbs from your table' (auto plagio del single 'Electrical storm') o 'Yahweh' (otro "quiero pero no puedo"), asunto que complementarán con algunas baladas como 'A man and a woman', que en su simpleza me sigue pareciendo de lo más agradable del disco, el auto plagio (y ya van...) que es 'Miracle drug' (donde nos intentan ver la cara imitando a 'Beautiful day' con descaro, de hecho, es raro que no haya sido single promocional) o 'Sometimes you can't make it on your own', con dedicatoria personal y emocional al padre de Bono en otro de los buenos momentos del disco. 

How to dismantle an atomic bomb en ningún caso es un mal disco sino más bien uno que sostiene esa versión endulzada de U2, donde la banda pareciese siempre imitarse a si misma, aunque a diferencia de lo que hicieron en los noventa, esta vez sin ninguna gracia ni ironía de por medio.

Nobleza obliga decir que más allá de los resultados musicales, a la banda mal no les fue en cuanto a objetivos. En su simpleza el disco efectivamente supo llegar a nuevos públicos y ampliar su target, que era lo que buscaban. Y es que claro, para alguien que no conocía canciones como 'One tree hill' o 'Where the streets have no names' seguro 'Original of the species' o 'City of blinding lights' le resultaron alucinantes. Por supuesto que quienes les conocíamos vimos el plumero a distancia y mucha sorpresa no encontramos en esta lista de canciones, sin embargo, su meta no éramos nosotros, ellos deseaban nuevas (¡y jóvenes!) audiencias para agigantar su legado. Desde ahí entonces la jugada funcionó. ¿Qué el disco es una completa mediocridad? Da un poco igual. Porque cuando los objetivos son comerciales y no artísticos, ocurre esto. Así suele funcionar el pop: coloca los resultados por sobre los medios. 

¿Canciones? 'Vertigo', 'Sometimes you can't make it on your own' y 'A man and a woman'.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Fontaines D.C: Romance (2024)

"Simplifican las formas …"

Tras algunos álbumes centrados en el post punk, digamos, discos de guitarras, oscuros y ciertamente poco amigables, los irlandeses Fontaines D.C lograron hacerse un nombre aunque claro, siempre inmersos en este contexto actual donde el rock ha dejado de ser popular. Por lo mismo es que en este cuarto trabajo han buscado expandir horizontes mediante un trabajo que desde la portada declara intensiones, mostrándoles más abiertos y esperanzados con el presente, también más amistosos y melosos desde el sonido (es su disco más pop a la fecha, digámoslo) aunque conservando siempre su esencia, generando en el global un equilibrio bastante bien logrado. 

Hay varios cambios que han decidido realizar para esta ocasión, entendiendo que el producto debe verse coherente desde todos lados. Han modificado su estética, por ejemplo, girando hacia una cosa mucho más noventera, mientras que desde lo musical se han alejado de los riffs densos y pesados de discos anteriores, acortando también la duración del álbum (que no alcanza los cuarenta minutos), aligerando sus canciones y poniendo fuerte énfasis en las melodías. Para todo esto han decidido trabajar con James Ford en producción, un tipo que antes colaboró con Arctic monkeys, Foals, Jessie Ware, Blur o este mismo año participó en el regreso de Pet shop boys, es decir, un experto en ayudarle a destrabar caminos a artistas en momentos particularmente delicados o cruciales. Y mal no les ha ido, pues sea como sea, finalmente todo ha colaborado para que Romance sea el disco que Fontaines D.C necesitaba a estas alturas de su carrera, ese álbum de pop pretencioso con el que desean llevar su música y mensaje a nuevos públicos pero sin jamás traicionar lo que son. 

Por sobre todo, Romance es un álbum amigable con el auditor pero que al mismo jamás suena vacío o desechable. Es un producto elaborado al detalle, lleno de ricas melodías y poderosa diversidad, lo cual se transmite desde el primer minuto de música. Primero mediante 'Romance' (la canción), una declaración de amor y fidelidad oscura y tétrica que funciona perfecto como introducción, y luego sacando esa carta bajo la manga que es 'Starburster', donde reiteran una especie de advertencia al comienzo ("Podría sentirse mal...") para luego impactar con los marcados (y crípticos) fraseos de Grian Chatten seguido de un contagioso coro ("Voy a derribar tu negocio / Si es que es una felicidad momentánea"), en un single impecable, desafiante y juguetón.

Algo que Fontaines D.C reiterarán bastante a lo largo del disco será eso de comenzar los temas con el coro, ya sea entre guitarras en 'Here's the thing', tonos melancólicos en 'Desire', otros marcadamente etéreos en 'Sundowner' o cerrando el álbum entre aires acústicos y enamorados de 'Favourite', esto con la clara intencionalidad de ser directos con el mensaje. La banda no desean mentirnos y desde un comienzo colocan sus cartas sobre la mesa. Guste a quien le guste. Ahora, entre las mencionadas intercalan varias canciones amenas y livianas pero que nuevamente explorarán diferentes aristas, algunas como 'Bug' o 'Motorcycle boy' serán extremadamente sencillas (quizás demasiado) mientras que otras  apuntarán a un sonido algo más reflexivo, como 'Horseness is the whatness' o la notable 'In a modern world', esta última representando un momento clave del álbum gracias a su tono marcadamente profundo y melancólico. 

No todo será perfecto eso si. Efectivamente hay canciones que en su simpleza no parecen llevarte a algún lugar y se quedan únicamente en la intentona, como ocurre en las mencionadas 'Motorcycle boy' o 'Horseness is the whatness', por lo mismo se agradece la inclusión hacia el cierre de la cruda 'Death kink' (con esos exquisitos aires a Pixies), pues en cierto modo oxigenan un disco que entrando en su recta final parecía perder fuerza. 

Romance, el cuarto disco de Fontaines D.C, es un triunfo para la banda y desde ya uno de los grandes discos que habremos oído este año. Y si, que la banda ha tanteado terreno simplificado las formas pero en general salen bien parados gracias al realce de melodías notables. Queda como desafío a futuro el que la banda pueda quizás incorporar a este sonido algo más de peso y acidez, porque claro, pese a que este álbum funciona muy bien, la sensación de que los irlandeses aún podrían encontrar su mejor versión sigue en el aire. El tiempo dirá...

¿Canciones? 'Starburster', 'In a modern world' y 'Favourite'.

8,5 /10
¡Excelente!

martes, 15 de octubre de 2024

God Is An Astronaut: Embers (2024)

"Un par de cambios más abajo..."

Fue a comienzos de siglo cuando emergió una ola de bandas post rock, siendo God is an astronaut una de las que rápidamente se subió a aquel carro, es decir, los irlandeses llevan un buen rato en esto, navegando en un género que parece haber encontrado su tope creativo hace bastantes años pero que de todas formas continúa cada cierto tiempo lanzando uno que otro coletazo. Y si bien en sus comienzos la banda se hacía cargo de arreglos cercanos a la electrónica (para muestra, The end of the beginning de 2002), rápidamente mediante All is violent, all if bright (2005) y el posterior Far from refuge (2007) giraron hacia algo bastante más oscuro y melancólico con atmósferas marcadas por las guitarras. En aquel camino un disco como Ghost tapes #10 (2021) lució más bien como una excepción a la regla, un disco que apostó por un sonido estridente y punzante que al parecer quedará marcado como una mera anécdota pues en este Embers la banda ha vuelto a bajar varios cambios, retomando las construcciones en calma y las atmósferas contenidas. Quitan por tanto el pie del acelerador esta vez en busca de piezas que tienden a abrir en total tranquilidad para lentamente ir ganando intensidad, aunque siempre en un contexto de excesivo (auto) control. Por lo mismo, el principal problema que asoma en el disco es la falta de impacto. 

Nos encontramos así con una que otra canción "de guitarras", donde colocan énfasis en el trabajo de batería para poco a poco ir incorporando momentos de peso, como ocurre en 'Apparition', 'Odyssey' o en los sesudos casi diez minutos de 'Embers' (la canción), momentos que serán matizados con otros altos en melancolía estilo 'Falling leaves' o 'Heart of roots', sin embargo, ya sea entre cuerdas, un piano o apostando por el progresivo, el nexo común a lo largo del álbum será lo contenido que suena todo, al punto de que llegamos a los veinte minutos finales, entre cosas como 'Realms' o 'Prism' (que son unas especies de interludios realmente eternos en compañía una vez más de la chelista Jo Quail) o ese cierre con 'Hourglass', realmente con muy poco interés y la sensación de que el disco suena a paso atrás por todos lados, sobre todo haciendo la comparación con lo que fue Ghost tapes #10

Las ejecuciones son prolijas, la producción impecable y las composiciones en ningún caso están mal pero la falta de fuerza, de momentos que atrapen, hacen que Embers luzca pálido y poco interesante. Una pena. 

¿Canciones? 'Apparition' y 'Odyssey'. 

5/10
Nada muy especial...


Otras reseñas de God is an astronaut:

martes, 28 de noviembre de 2023

Róisín Murphy: Hit Parade (2023)

 "Nada convencional..."

La vanguardia generalmente no paga, y bien lo sabe la irlandesa Róisín Murphy, quien desde el término de la mítica banda noventera Moloko ha dedicado sus energías a desarrollar una carrera que funciona bajo parámetros propios, completamente a espaldas de la industria. En ese camino lo más comercialmente accesible que ha publicado podría ser Overpowered (2007), sin embargo, desde entonces no ha abandonado sus ansias por indagar en distintos lugares aunque siempre "en la suya", entregando pocas concesiones incluso a sus seguidores. Su acercamiento a la música disco en el homónimo de 2020 fue nada convencional y este siguiente Hit parade tampoco lo es, en esta ocasión se ha reunido con el alemán DJ Koze para trabajar un álbum que desarrolla una electrónica bastante orgánica que conecta con el funk, el R&B y el house pero que en ningún momento se esfuerza por agradar respondiendo unicamente a las inquietudes de ambos artistas. 

De entrada el álbum declarará intenciones en la íntima 'What not to do', que regala un dúo vocal que se desarrollará en total calma sobre electrónica al punto de extender su tono introductorio bastante más allá de lo prudente (llega a los cinco minutos). En adelante se sucederán canciones que van a su ritmo, ya sea sosteniéndose sobre un beat reiterado en 'Coocool' + 'Hurtz so bad', o dándole mayor protagonismo a las guitarras, con mucha sutileza en la tranquila 'The universe' o yendo al funk en 'The house'. Se identifican coros en las canciones y más de alguna podría acercarse a lo que se entendería por un single, sin embargo, el factor común será la reiteración de una estructura y será más bien la riqueza de los arreglos el elemento que aportará diversidad.  Precisamente por lo anterior es que hace sentido que la carta de presentación para Hit parade haya sido una canción como 'Fader', aparentemente un "anti single" pero que resulta fascinante por donde se mire gracias a ese sabor in crescendo que muestra, sampleo incluido de 'Window shopping' de Sharon Jones & The dap kings

En su segunda mitad el disco comenzará a jugar sus cartas finales en una pasada infranqueable si lo que buscas serán sonidos inmediatos. Sonarán acá las más extensas del álbum (cada una ronda los siete minutos), abriendo de manera ascendente entre percusiones latinas en 'Free will', luego pasándose directamente el house en 'You knew' (con seguridad el momento más expuesto del trabajo y donde destaca ese tremendo "Tu sabías que tenía sentimientos por ti / Pero no quisiste ir conmigo / Sabías exactamente lo que me motivaba / Y creo que el disco lo mostrará...") y a la electrónica en plan Björk (la noventera) en 'Can't replicate', armando así un tridente en donde Róisín muestra todas las cartas y no escatima en gastos, volviendo el viaje imposible de atravesar si no es sumergiéndote de lleno en la experiencia propuesta. 

Finalmente, si algo se le puede achacar a Hit parade es su débil cierre, ahí tanto el trap de 'Two ways' como las atmósferas de 'Eureka' no pasan de la curiosidad, dejándonos un final algo frío para un álbum al que parecen sobrarle claramente esos minutos finales. De todas maneras, la experiencia que presenta Róisín Murphy en su sexto álbum no desentona en absoluto con su discografía, la mujer sigue mostrando unos ovarios inmensos a la hora de trabajar bajo sus propios términos. ¿Destinada a vivir en el anonimato? Seguramente. Pero su coherencia le honra. 

¿Canciones? 'Fader', 'Hurtz so bad' y 'You knew'

8,2 / 10
¡Excelente!

sábado, 8 de julio de 2023

30 Años De... U2: Zooropa (1993)

 "En su más alto momento..."


Año 1991 y U2 da un salto que haría historia. Todo gracias al fantástico Achtung baby! , un álbum que transforma el sonido y la imagen de la banda permitiendo que el cambio de década fluya con naturalidad para los irlandeses. Pocas veces en la historia hemos visto una mutación tan impactante (y exitosa) como la que U2 encarnó en el paso desde Rattle & hum (1989) a Achtung Baby! (diez años más tarde Radiohead protagonizaría algo comparable con el paso desde Ok Computer a Kid A) y es que los tipos vivían los años más creativos de su carrera por lo que el éxito del álbum, sumado al buen recibimiento obtenido por una pretenciosa gira titulada Zoo Tv Tour, desencadenó en la idea de en plena gira meterse al estudio con objeto de grabar un EP, cuatro o cinco canciones que viniesen a confirmar el buen momento de la agrupación. Pero nuevamente, los tipos estaban tocados y la inspiración fluyó al punto de que el pensado EP terminó convirtiéndose en Zooropauno de los álbumes más fascinantes en la carrera de U2.

Si con Achtung Baby! la banda consiguió encontrar un perfecto equilibrio entre talentosas melodías con vocación masiva ("One", "Even better than the real thing, "Mysterious ways"), cierto nivel de oscuridad ("Love is blindness", "So cruel", "Acrobat") y un moderno rock que coqueteaba con la vanguardia ("Zoo Station", "The fly", "Until the end of the world"), con Zooropa la banda se atreve a expandir aún más los límites de su sonido entregando un álbum arriesgado e incluso alternativo. Confían plenamente en su material por lo que pierden el miedo a jugar sobre los margenes de lo esperable y bueno, vuelven a salir bien parados. 


En general Zooropa es un álbum oscuro e íntimo, con momentos en donde realmente cuesta visualizar el que estemos oyendo a la misma banda que cinco años atrás componía canciones como 'I still haven't found what I'm looking for' o 'Desire'. Acá incluso en los momentos más melódicos del álbum ('Babyface', 'Stay' o 'The first time') se aprecia un sello musical característico y una producción exquisita (a cargo de Brian Eno + Flood, quien ese mismo año grabaría junto a Depeche mode el Songs of faith and devotion) , cargada a los teclados y que entrega atmósferas increíbles en temas como 'Zooropa' o la lúgubre 'Dirty day'. Durante todo el álbum David Evans Adams (a.k.a The Edge) suena fabuloso en las guitarras, experimenta más que nunca en canciones como 'Numb' o en las capas que envuelven el sonido de la ya mencionadas 'Zooropa' o 'Stay (faraway, so close)'Bono en las voces aparece lleno de filtros e incluso se da el lujo de reinventar sus registros en una inolvidable y absolutamente confrontacional 'Lemon' (¿un single de siete minutos?, un single de siete minutos...), la batería de Larry Mullen suena seca y particular, robándose la película en la mecánica 'Daddy's gonna pay for your crashed car' y por si todo esto fuese poco, el cierre a cargo de 'The wanderer', con un legendario Johnny Cash en las voces, llega a confirmar el que la banda se sentía con la confianza como para realizar lo que fuese. 

Estamos frente a un trabajo de lujo, un disco al que cuesta encontrarle defectos. Un álbum que se suponía venía a ser el hermano menor de Achtung Baby! y terminó ganándose su espacio por méritos propios. Un verdadero neo clásico. 

La historia de U2 alcanza su máximo creativo con Zooropa, a partir de acá solo quedaba el inevitable descenso y es que superar algo como esto realmente era complicado, por no decir imposible. En 1995 buscarían inspiración (y aire) en un proyecto más alternativo que Zooropa, titulado Passengers y en 1997 llegaría Popel comienzo del fin para la banda, pero bueno,  aquello es parte de otra historia...


9/10
¡Brillante!

martes, 28 de marzo de 2023

U2 : Songs Of Surrender (2023)

 "Rendidos..."

¿En qué momento fue que U2 perdieron el rumbo? ¿Tras el patinazo de Pop (1997)? ¿Durante la concesión comercial que representó la pasada por All that you can't leave behind (2000) + How to dismantle an atomic bomb (2004)? ¿En el fallido intento por volver a sonar interesantes en No line on the horizon (2009)? ¿Tras la intrascendencia del álbum conceptual doble Songs of innocence (2014) + Experience (2017), lanzado con tres años de diferencia entre si? Como sea, claramente los irlandeses no han sabido envejecer haciéndole honor a su carrera (inmensa y prácticamente impoluta hasta 1993) y algo como Songs of surrender no hace si no confirmar el punto, un álbum que nadie pidió pero que Bono + The Edge decidieron era necesario grabar a toda costa, incluso en ausencia del 50% de la banda.  Y bueno, el resultado no podía ser otro: cuarenta canciones (si, cuarenta canciones) que dan muestras de una completa confusión, casi tres horas de música (si, casi tres horas) sin dirección alguna, una supuesta revisión del catálogo de U2 que enlaza algunas canciones en donde efectivamente han intentado re pensar el concepto original (las menos) y otras (la inmensa mayoría) que son meras versiones acústicas o reciclaje de arreglos. 

En la primera categoría cabría destacar aquellas que, gusten más o menos, han propuesto algo "diferente", como ocurre en 'One' (ese góspel que meten al 2:48 en el "Love is a temple..." les ha quedado precioso), 'Where the streets have no names' (lástima el no aprovechar la ocasión para revitalizar la estructura original), 'The fly', 'Miracle drug' (atractivo lo de las percusiones) o en las acústicas 'Stories for boys', '11 o'clock tick tock' o 'Two hearts beat as one', mientras que en cosas como 'Dirty day' o 'With or without you' lo han intentado, con resultados no tan memorables... pero lo han intentado. 

¿Y el resto? Pues lo dicho, reciclaje de arreglos (en 'Red hill mining town' utilizan los vientos que presentaron para la gira de los 30 años de Joshua Tree en 2018, por ejemplo, mientras que 'Every breaking wave' no es otra cosa que la versión desnuda que Edge + Bono siempre interpretaron en conciertos) + versiones acústicas (o al piano) que respetan las estructuras originales, algunas funcionan (más que nada porque hablamos de temazos que se cantan solos) como 'Until the end of the world'  o 'Who's gonna ride your wild horses', otras te dejan indiferente al aportar nada nuevo ('Song for someone', 'All I want is you', 'Sunday bloody sunday', 'Out of control', 'Stuck in a moment you can't get out of' o Stay') mientras que 'Bad', 'Walk on  (¿qué carajos es esto de "versión Ucrania"), 'Desire' (¿alguien me podría explicar que aporta esta jugarreta ridícula a la carrera de U2? ) o 'Peace on earth' (con un flojísimo The Edge en las voces) son verdaderos asesinatos sin tino alguno. 

Tema aparte es Paul Hewson (a.k.a Bono), quien está acá inmerso en una producción que le entrega bastante protagonismo a su voz (aviso: no escuchen 'Electrical storm' con audífonos, que el hombre te deja sordo), lo cual evidencia el daño inevitable causado por el paso del tiempo pero también la falta de auto crítica del vocalista. Lo que hace en 'Beautiful day', 'I still haven´t found what I'm looking for', 'Dirty day' o 'Every breaking wave' (ese agudo final, por favor...) roza lo indigno, cantando con total desgano y pereza. 

Songs of surrender podría en algún momento haber sido una buena idea, de haberse trabajado con la seriedad que ameritaban estas canciones. Si hubiesen entregado un recorrido cronológico por su carrera mediante trece o quince canciones, todas trabajadas al detalle, podría haber funcionado. Sin embargo, la realidad es que presentan un cajón de desastres en donde entró de todo. El disco no es una re imaginación de sus canciones (aquello solo ocurre en contadas ocasiones) si no más bien una especie de álbum Unplugged poco prolijo. Si lo que buscaban era reflejar el real estado de U2 en 2023 mediante versiones casi improvisadas en el patio de la casa en plan fogata, pues bueno, han cumplido el objetivo. Los fans menos exigentes e incondicionales seguro considerarán esto como un regalo pero el resto solo lamentará ver el triste estado de una banda que alguna vez, más de veinte años atrás, fue absoluta y total vanguardia. 

domingo, 24 de octubre de 2021

Villagers: Fever Dreams (2021)

 "Belleza digna de ser descubierta..."

Los discos de Conor O'Brien siempre tienen algo, aunque el mundo no se entere. Y es que el tino melódico del irlandés es algo no fácil de encontrar por estos tiempos, donde todo tiende a la efectividad y pocos se dan el trabajo de componer canciones tan cuidadas como las que abundan en este Fever dreams (vaya portadón además). O' Brien es un amante de la música en un amplio sentido y compone en cada trabajo con la "tranquilidad" de quien sabe juega a contra mano de lo que hoy tiende a sonar, por tanto su trabajo llegará a quienes sepan (y tengan la paciencia) de buscar en el baúl de la música contemporánea. Esa libertad vuelve a expresarse en su sexto álbum, un viaje no tan sesudo como el que alguna vez regaló en el notable {Awayland} (2013), pero si uno donde continúa centrándose en la belleza del sonido, esta vez en una dimensión mucho más onírica que cerebral. 

Nos encontraremos así con un disco ante todo desafiante, que abrirá apostando por la contundencia en 'The first day', donde los vientos serán protagonistas, para luego dar paso a las mencionadas atmósferas oníricas en 'Song in seven' o 'Momentarily', entre las cuales sonarán los dos momentos más atrevidos del álbum, primero con una dulzura de canción como 'So simpático', que a medio tema (3:40) se quebrará con un saxofón para extenderse por tres minutos, y luego con la multifacética 'Circles in the firing line', que también abre como una bonita canción para luego dispararse hacia cualquier lado, incluida una extraña aceleración entre guitarras en el cierre. 

Ya en la cara b del disco, 'Restless endeavour' entregará una faceta más exploratoria desatando el caos mediante el ensamble batería + saxofón + teclados, asunto que llevará más lejos aún en la psicodélica 'Fever dreams', no sin antes bajar bruscamente las revoluciones yendo al piano y la melancolía primero en 'Full faith in Providence' y finalmente en 'Deep in my heart', una bonita jugada también marca de la casa. 

Fever dreams oscila por distintos lugares musicales a placer. Acá hay mucha atmósfera íntima y volátil, osados cambios estructurales, pasadas donde el compositor se interna en pantanos exploratorios, dulzura y contundencia en materia de arreglos. Es bastante para un álbum donde se aplica el cliché de que "requiere tiempo", un disco que poco a poco desenfunda su belleza, como suele ocurrir con cada álbum de Villagers. No es un trabajo fácil pero si uno digno de ser descubierto.

¿Canciones? 'So simpatico', 'Circles in the firing line', 'Restless endeavour'.

8,2 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Villagers:

lunes, 1 de marzo de 2021

God Is An Astronaut: Ghost Tapes #10 (2021)

"Fórmula directa..."

A los pocos años de haber nacido, digámoslo, el post rock acabó agotándose debido a la constante repetición de fórmulas. Sin embargo, existen aún bandas que intentan aportar miradas dentro del género, siendo God is an astronaut una de ellas. Los irlandeses van ya por su décimo álbum tras dos décadas de existencia y con Ghost tapes #10 efectivamente han intentado mostrar diferencias respecto a su antecesor directo, el oscuro y melancólico Epitaph (2018), entregando esta vez treinta y siete minutos que se lanzan sobre un sonido mucho más directo, explosivo y que concentra su poder en las guitarras, conectando de manera más clara con lo que fueron álbumes como Origins (2013) o Helios/Erebus (2015) aunque intentando ser más efectivos en esta ocasión.

Lo mencionado se aprecia de inmediato al sonar 'Adrift' en la partida del disco, ahí, veinte segundos de redobles rápidamente suceden a un afilado riff que irá encontrando en su camino sucesivas explosiones para regalar finalmente una pausa (3:34) que poco a poco irá subiendo decibeles hasta el cierre de la canción. Esta idea de ir al choque rápido en la combinación de guitarras + velocidad más adelante volverá a retomarse en piezas como 'Spectres' o la excelente 'Fade' (de lo mejor del álbum con su trabajo sobre dinámicas aceleradas), mientras que 'Burial', 'In flux' o 'Barren trees' se tomarán un tiempo mayor para realizar la descarga. 

En definitiva, no da para afirmar que God is an astronaut re definen algo con su más reciente trabajo pero si para confirmar el buen pie en que se encuentra la banda. Ghost tapes #10 es un disco dinámico, directo y potente, cualquier seguidor de la banda o del género lo disfrutará sin problemas y a un auditor casual le podrá servir como puerta de entrada hacia la agrupación.

¿Canciones? 'Adrift' , 'Fade'. 

7/10
Muy bueno.

lunes, 23 de noviembre de 2020

20 Años De... U2: All That You Can’t Leave Behind (2000)

 "Lo necesario para sobrevivir ..."

A la hora de analizar la carrera de U2 jamás hay que dejar de lado la obsesión de la banda por el éxito y la masividad. Y es que si bien durante los años noventa los irlandeses se dieron el gusto de romper sus fronteras pasando desde mesianismo de álbumes como The Joshua tree (1987) + Rattle and hum (1989) a la arrogancia y el descaro de Achtung baby (1991) + Zooropa (1993), dicha etapa no habría sido posible de no haber existido hitazos como 'One', 'Mysterious ways', 'Lemon' o 'Stay', canciones que le entregaron a U2 piso suficiente como para atreverse a más, primero mediante el absolutamente alternativo proyecto Passengers y luego a través de la confusa aventura que significó Pop (1997). Pero ahí toparon. Básicamente porque la humorada de 'Discotheque' no se entendió, 'Staring at the sun' como single algo sonó pero no se transformó en ese clásico inmediato que la banda esperaba y de canciones como 'Last night on earth', 'Please' o 'If god will send his angels' pocos se enteraron. Lo cierto es que con Pop los irlandeses (y su sello) cometieron el error de invitar al público a una fiesta teniendo en las manos un disco bastante oscuro, áspero, poco amable y, digámoslo, incluso triste. 

Aquel álbum de 1997, complementado con una gira como Popmart en donde la banda no reparó en gastos para acabar recorriendo Estados Unidos con estadios semi vacíos, acabó dejando a U2 en tierra de nadie, por lo que la única salida que la banda vio posible fue el recular, abandonar las luces, artificios, experimentaciones y personajes para volver a la simpleza del sonido, centrarse en melodías accesibles al gran público y tantear terreno desde ahí. Y eso fue All that you can't leave behind, el regreso a lo básico de una banda temerosa por acabar de perder lo ganado y que sintió el golpe de haber ido demasiado lejos. Sin embargo, algo hay que dejar claro: U2 lanza en 2000 un álbum por sobre todo comercial, y que si bien está compuesto en su mayoría por canciones agradables (una que otra notable), el énfasis estuvo puesto en publicar un disco en donde cualquiera de sus canciones fuese un single potencial, en la evidente idea de hacer todo lo contrario a la era Pop, cuando en el afán de comerse al mundo acabaron complicándose demasiado. 

De ahí que el álbum abra en plan optimista con 'Beautiful day', un golazo de entrada con el que la banda efectivamente logró su objetivo: sonar hasta en las cocinas. En ella percibimos de inmediato el que U2 no mira hacia atrás para conservar su identidad, pues no se emulan los punzantes riffs de Boy (1980) ni el espíritu combativo de War (1983), si más bien se concentran en ser efectivos con guitarras que aparecen solo en los coros y un mensaje contagioso que invita a mirar el vaso medio lleno de la vida ("Lo que no tienes no lo necesitas ahora..."). 


Esta idea de lograr bastante con poco se replicará de inmediato encontrando al mismo tiempo los primeros tropiezos del disco, primero en la hiper melosa 'Stuck in a moment you can't get out of' (dedicada a la memoria de Michael Hutchence, con Bono emulando aquellas palabras que no alcanzó a decirle a su amigo) y luego en una tremendamente mediocre 'Elevation', canción definitivamente indigna de la leyenda que tras un par de estrofas + coros + "Uuuuh uuuh" acaba por ir hacia ningún lugar. Esta irregularidad evidente acabará por inundar por completo al álbum, el cual de manera increíble y a la vuelta de la esquina recuperará el nivel en la apuesta por el himno y la épica que es 'Walk on' ("Y si la oscuridad nos mantuviese separados / Se fuerte") o la emocionante pasada por 'Kite' ("Quiero que sepas que ya no me necesitas más, ni a mi ni a nadie...") seguida de la delicada pero singular 'In a little while', con un Bono que se rompe vocalmente en la interpretación llevando al límite su dañada garganta (no hay que olvidar que tras la gira 1997/98 el hombre fue operado de sus cuerdas vocales) pero transmitiendo al mismo toda la intensidad que el tema requiere.  

Hacia el final del álbum este volverá a encontrar un momento particularmente desnudo y honesto en la excelente 'When I look at the world' y cierto grado de visceralidad en el sonido llegará con 'New York', sin embargo, gran parte de la cara b continuará dando muestras de la irregularidad mencionada, entre una totalmente olvidable 'Wild honey' (que realmente parece un demo) y dos piezas que son azúcar a cucharadas como 'Peace on earth' (¡malditas campanadas!) y 'Grace', cerrando así un álbum que regala momentos pero que en general evidencia que los momentos más inspirados para U2 habían quedado atrás.

All that you can't leave behind debe ser el álbum "más Bono" en la carrera de los irlandeses, un disco donde el fuerte está en las letras + producción melosa pero donde (valga la redundancia) el filo de la guitarra de The edge se encuentra en general ausente. El resultado, sin embargo, en términos de resonancia fue positivo para la banda. Habrán perdido audacia y sacrificado el espíritu salvaje de años anteriores pero ganaron sin duda en aceptación masiva, metiendo al menos tres singles entre las masas, llenando recintos y abriéndose espacio para una tercera década de existencia con altas expectativas. Mirado a la luz del tiempo quizás esta era la única manera que tenían para sobrevivir.

¿Grandes canciones? 'Kite', 'In a little while' y 'When I look at the world'

6,5 / 10
Cumple y algo más...


viernes, 17 de enero de 2020

20 Años De... The Cranberries : Bury The Hatchet (1999)

“El (necesario) giro hacia lo liviano...”

El pasado 15 de enero se cumplieron dos años desde la dolorosa partida de Dolores O’riordan, una de las voces más características de la (ya añeja) década de los 90. No quisiese dejar pasar por tanto el volver a su discografía junto a The Cranberries (que fue muy corta por cierto, apenas cinco discos en su etapa inicial) y referirme esta vez a Bury the hatchet ("Enterrar el hacha" vendría siendo la traducción) álbum que el año recién pasado cumplió 20 años de existencia por lo que corresponde el re visitarlo.

Pero primero contextualicemos. Estábamos en pleno fin de siglo, 1999 y los irlandeses venían precedidos por la edición de To the faithful departed (1997), con seguridad el álbum más oscuro y difícil de su carrera, un trabajo que si bien dejó tres clásicos eternos en la memoria colectiva (‘Salvation’, ‘Free to decide’ + ‘When you’re gone’) más otros tantos temones de alto nivel (‘Hollywood’, ‘Forever yellow skies’ o ‘I just shot John Lennon’), el global resultó un tanto esquizofrénico y denso, lo cual complementado con una gira extenuante (que en algún momento de su desarrollo debió incluso ser suspendida) derivó en una serie de conflictos internos que tuvieron a la banda al borde de la separación. Surgía por tanto la necesidad de encontrar un respiro en la música y de aquello se trató Bury the hatchet, un trabajo que en cuanto a temáticas escapa de las múltiples referencias a la guerra que en el pasado la banda abordó y más bien se centra en el momento personal/adulto que vivían sus integrantes, abordando conflictos personales como la desilución, el matrimonio y la maternidad pero siempre con un dejo de esperanza en las líricas, además de enmarcar estos conceptos en un sonido en general ligero, de fácil escucha que dejó de lado el peso y la distorsión de discos anteriores.

Para muestra la apertura a cargo de la completamente acústica ‘Animal instinct’ , un tema que en sus líneas se refiere a la depresión (“Repentinamente me sentí deprimida / Estaba totalmente tensa”) y las relaciones tóxicas (“¿Acaso no sabes que me hiciste morir? / Es parte de lo hermoso que tenemos...”) pero cuenta con una interpretación de Dolores que a ratos suena incluso tierna, impactando desde el contraste. Posteriormente un par de temas centrados en la rabia como ‘Loud and clear’ (“La gente es extraña / La gente en peligro / La gente está trastornada") y ‘Promises’ (“Todas las promesas que hicimos / Todas las palabras que dijimos y rompimos...”), para luego dar paso a una de las canciones más hermosas compuestas por la banda: ‘You and me’, con dedicatoria incluida de Dolores a su hijo Taylor, que al momento de ser lanzado el álbum tenía dos años de edad. Finalmente la cara A del disco cerrará con dos canciones igual de dulces en sus arreglos aunque crudas en sus temáticas, la nostálgica ‘Just my imagination’ y ‘Shattered’, con nuevas referencias a las relaciones dañinas (“Estoy tratando de controlarme así que por favor sal de mi camino...”). 


Demás está decir que los primeros seis temas del trabajo no tienen segundo de desperdicio, y quizás este sea el pequeño gran defecto con que carga Bury the hatchet: su segunda parte no logra sostener el nivel que el disco traía. Quizás otro orden de los temas habría permitido que este fluyese de mejor forma (aunque fue característica en la carrera de The Cranberries el concentrar los singles en la primera mitad de sus discos) pero el caso es que toda la pasada desde ‘Desperate Andy’ hasta ‘What’s on my mind’ no engancha demasiado y será recién en el tridente final con la energía de ‘Delilah’ seguida de las preciosas baladas ‘Fee fi fo’ + ‘Dying in the sun’ cuando el álbum vuelva a convencer. 

Dolores O’riordan fue siempre una mujer conflictuada y la carrera de The cranberries no escapó de aquello. El cuarto álbum de la banda estaría marcado por esa constante dualidad, ese ir y venir entre la emocionada y el dolor, aunque esta vez enmarcando todo en un sonido en general inofensivo pero cargado de identidad. Bury the hatchet es un disco de canciones, de grandes canciones que lograron que la banda pudiese seguir junto a nosotros un poco más, aunque tampoco demasiado. Digamos que simplemente se postergó el final...


7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de The cranberries:
1993: Everybody else is doing it, so why can´t we?