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miércoles, 15 de abril de 2026

Neurosis: An Undying Love For A Burning World (2026)

 "Tan oscuro como necesario..."

Tras la salida Scott Kelly, separado de la banda por los abusos verbales y físicos ejercidos contra su propia familia, cabían dudas respecto al presente y futuro de Neurosis. ¿Habría algo más o la historia terminaba allí tras el destape de la lamentable noticia? Finalmente, y a diez años del último lanzamiento de la agrupación, han regresado mediante un álbum que transmite efectivamente ese deseo de sacarlo todo, un trabajo de carácter catártico que en poco más de una hora mira con fuerza al presente, a ese mundo que parece desmoronarse ante nuestros ojos y ante el cual la banda alega el tener algo que decir. En ningún caso por tanto este An undying love for a burning world (el título anticipa intenciones) resulta ser un álbum nostálgico que emula viejos tiempos de la banda. En absoluto. Lo que encontramos acá es una mirada musical actual por parte de unos Neurosis que no solo se niegan a morir si no que han sabido utilizar su música para enfrentar el luto de la manera más talentosa posible.

Ante todo estamos frente a un álbum oscurísimo que efectivamente transmite la rabia del momento en cada uno de sus pasajes, de ahí lo coherente de esa partida que en cincuenta segundos solo repite un desesperado "¡Estamos totalmente rasgados!" para bruscamente lanzarse a la golpeada 'Mirror deep', una que desprende angustia en cada una de sus líneas. Por cierto, con un Aaron Turner absolutamente entregado a la labor e impecable en voces. Ahora, lo que vuelve al trabajo aún más interesante es la capacidad que muestra la banda para encontrar belleza dentro de todo ese sonido tan arisco, salvaje y primitivo. Ocurre, por ejemplo, en 'First red days' que será la primera de varias canciones extensas (ocho minutos en este caso pero hay otras que incluso superan los diez), lo cual le permite a Neurosis el desarrollar atmósferas instrumentales de enorme profundidad. Lo mismo en cosas como 'Blind', que cuenta con la particularidad de ese emocional interludio donde la voz gutural y quebrada de Turner se dobla con el registro limpio del guitarrista Steve Von Till, o 'Seething and scattered' que regala incluso algún pasaje psicodélico en ese nudo que precede a un sutil pero intenso momento instrumental. 

Ya entrando en la recta final del disco 'Untethered' apuntará a algo más directo mediante la reiteración mientras que el cierre definitivo llegará de manera majestuosa en los veinticinco minutos que entregan la dupla 'In the waiting hours' + 'Last light', en ambas Neurosis se explayan a más no poder en cada una de sus ideas, en la segunda incluso llevando la interpretación vocal de Turner al límite del desgarro (no temen el dejar un gallo expuesto en el 2:10) para luego desarrollar un viaje tremendamente emocional que confrontará los momentos melódicamente más hermosos del trabajo con un final que es pura tensión. Que decir, una maravilla. 

Neurosis han logrado lo imposible: entregarnos un álbum que no solo responde al legado de la banda si no que además, aún en la ausencia de un pilar como Scott Kelly, logra sonar fresco y plenamente vigente. An undying love for a burning world funciona como una declaración de principios clarísima ante un mundo que arde frente a nuestros ojos y desde ahí se erige como un trabajo tan oscuro como necesario. De los mejores discos que habremos oído este año. 

¿Canciones? 'Mirror deep', 'Blind' y 'Last light'.

9/10
Brillante.

domingo, 8 de junio de 2025

Imperial Triumphant: Goldstar (2025)

 "Vanguardia imprescindible..."

Si se trata de metal que mira hacia adelante y se sitúa a la vanguardia, pues Imperial triumphant tienen bastante que decir. Y es que en base a un sonido desaforado, caótico, experimental, técnico y disonante, este trío estadounidense se las han arreglado a lo largo de la presente década para volverse un imprescindible dentro de la escena, al punto de llevar varios álbumes al hilo realmente extraordinarios. Dicho lo anterior, estos tipos están tocados, claramente en estado de gracia por lo que con Goldstar lo han vuelto a hacer. Uno realmente no se explica cómo, pero lo han vuelto a hacer. 

Nos entregan así nueve canciones (que en realidad son siete + dos piezas breves de menos de un minuto) que se enmarcan dentro de lo más "accesible" que hayan compuesto en su carrera aunque no por esto perdiendo un ápice de identidad, es decir, volveremos a encontrar acá esa mixtura que entre una violenta oscuridad y el caos interpretativo, aunque esta vez complementada con momentos ligeramente melódicos y pasajes incluso emocionantes. Esto enmarcado además en una narrativa singular, pues la música de Imperial triumphant debe sonar podrida porque habla de una sociedad oscura, decadente y podrida por dentro, generando así un nexo coherente entre lo musical y el mensaje. 

Ahora, si un "defecto" se le podía achacar al anterior Spirit of ecstasy (2022) es que por momentos este se volvía pesado. Demasiado inaccesible. Y eso acá en Goldstar ha sido corregido, lo cual se aprecia a la perfección en una canción fantástica como 'Lexington delirium' (una vez más, con participación en dos líneas vocales de su fiel amigo Tomas Haake, baterista de Meshuggah), que debe ser lo más parecido a un single que han publicado hasta ahora, un tema que baja un tanto las revoluciones para centrarse en las lúgubres atmósferas que construye y donde hasta casi como que se distingue un coro (cuenta con un videazo además). Antes y después de esta la banda habrá desenfundado eso si su arista más agresiva, yendo directo al death y machaque constante mediante 'Eye of mars', luego con una curiosa 'Gomorrah nouveaux', donde complementarán el sonido con tambores y ritmos africanos, algo que volverán a desarrollar casi finalizando el disco en la curiosa 'Pleasuredome' (esta vez con participación en batería de otro mítico como Dave Lombardo), así como también apuntando a la histeria en los cuarenta segundos de 'NewYorkCity' junto a Yoshiko Ohara en voces. 

Ahora, pese a que todo lo anterior funciona, se distinguirán a lo largo del disco algunos momentos particularmente altos, como el sonido podridísimo que entrega 'Rot moderne', el derroche de intensidad en la espectacular 'Hotel Sphinx', que es donde mejor trabajan la disonancia a lo largo del álbum mientras emulan de manera genial la obra del compositor clásico alemán Händel ("III. Sarabande, HWV 437", para quien le interese saberlo), y ese cierre maravilloso a cargo de 'Industry of misery', siete minutos realmente brillantes que realizan en toda su recta final un guiño precioso y emocionante al 'I want you (she's so heavy)' de The beatles. 

Cada vez que Imperial triumphant lanza un álbum la sensación es la de estar ante lo mejor que han hecho. Eso hasta que llega el siguiente. Goldstar no ha sido la excepción, un disco que trae de regreso la propuesta caótica del trío, con la salvedad de que esta vez han matizado ese aparente desorden tan característico con ciertos riffs o estructuras reconocibles. El resultado es un álbum fascinante de comienzo a fin aunque también muy diverso, un disco perfecto que consolida a la banda como la verdadera joya moderna que son. Benditos sean... 

¿Canciones? 'Lexington delirium', 'Hotel Sphinx' y 'Industry of misery'.

10/10
Disco perfecto.


Otras reseñas de Imperial triumphant:

martes, 20 de mayo de 2025

Havukruunu: Tavastland (2025)

 "Fuerza, desenfado y diversidad..."

Lo he escrito acá y lo reitero: el metal es la única forma de música moderna (y aún popular) que muestra creatividad y atrevimiento en sus obras. 

Lo anterior a propósito del (ya) cuarto álbum de los finlandeses Havukruunu, una de esas bandas que conocen cinco monos pero deberían contar con mayor atención. En Tavastland (para quien no lo sepa, un pueblo originario de Finlandia) volvemos a oírles desenfundando su black sucio, afilado y rabioso (como debe ser), con fuertes dosis de paganismo pero incorporando esta vez un condimento heavymetalero que les honra y distingue. Con una producción que sigue oliendo a vieja escuela pero efectivamente suena mejor que en álbumes anteriores (se nota grabaron en un mejor estudio) la banda continúa acá dando muestras de su amor por el más podrido black metal sin olvidar sus ganas por correr los límites de lo posible saliendo a cabalgar sin problemas por otras zonas del heavy dejándonos un disco lleno de fuerza, desenfado pero ante todo diverso.

De esta forma, en canciones como 'Kuolematon laulunhenki' (que abre el disco con sus notables siete minutos) o la mismísima 'Tavastland' encontraremos esos clásicos corales que van en busca de atmósferas cargadas de épica, los cuales se enlazaran con riffs crudos o un solo a medio camino (elemento que se repetirá a lo largo del disco), todos elementos que aportan en conjunto diversidad y dan muestras de una banda que tiene demasiado claro hacia donde quiere llegar. Habrán otros momentos, sin embargo, como en 'Yönsynty' o 'Kuoleman oma' (lo que hacen en esta pasados los tres minutos, por favor... ¡que maravilla!) que se centrarán fuertemente en el peso de su sonido (una masa que pareciese te aplasta) mientras que en 'Havukruunu ja talvenvarjo' si bien abren a toda furia durante tres minutos, serán capaces luego de hacer la pausa, enlazar fuertemente con el folk y regalar una cabalgata final cargada al heavy metal digna de los más ochenteros Iron Maiden. 

Entrando a la recta final del disco las sensaciones no cambiarán. 'Unissakävijä' es otra pieza increíble, que abre con dos minutos instrumentales espectaculares para pasar a una narración y acabar disparándose hacia cualquier lado explotando en múltiples direcciones (3:20 en adelante, puro rocanrol), mientras que el cierre llegará con la cabalgata de 'Kun veri sekoittuu lumeen' (emocionante de comienzo a fin) y los diez minutos de 'De miseriis fennorum', donde deciden cruzar la valla y acercarse con fuerza hacia algo más cercano al metal progresivo. Toda una aventura. 

Lo dicho entonces, Tavastland de Havukruunu se enmarca desde ya como uno de los álbumes más fascinantes que nos habrá dejado 2025, un disco diverso que bebe de múltiples fuentes musicales dentro del mundo del metal (insisto, que hay mucho de Iron maiden acá, sobre todo en la segunda mitad) pero es capaz de sonar cargado de fuerza e identidad. Es su disco más ambicioso a la fecha, aunque el mundo no se entere...

¿Canciones? 'Havukruunu ja talvenvarjo', 'Kuoleman oma' y 'Unissakävijä'.

9,2 /10
Brillante.

domingo, 23 de febrero de 2025

Bad Bunny: Debí Tirar Más Fotos (2025)

 "Enriquece su discografía..."

El cáncer de los cantantes de reggaetón o posterior "música urbana" (como decidió llamarle el mercado) es que no tienen ambiciones musicales. Su objetivo es la fama, el dinero, los autos y las minas. Por eso no perduran. La prueba es que incluso aquellos más icónicos no han sido capaces de sobrevivir al éxito. Pasa uno y llega otro. Duran lo que dura un chicle. 

La reflexión anterior a propósito de Bad Bunny, quien abre su más reciente disco homenajeando a El gran combo de Puerto Rico y su hitazo de 1975  'Un verano en Nueva York'. Luego meterá su onda y esas líneas fanfarronas tan marca de la casa a estas alturas ("Porque pasan los años y sigo dando el palo / Vendiendo discos como cuadros de Frida Kahlo..."). El resultado, sin embargo, es fantástico, tres minutos (que se nos hacen nada, quisiéramos fueran cinco al menos) que introducen a la perfección ese ir y venir de un álbum que transmite la sensación de estar frente a un artista que (ahora si que si) hace lo que le da la gana, que ha encontrado un nombre, una identidad y se encuentra a otro nivel respecto a cualquiera de sus pares. Un tipo que ha entendido que para trascender (de verdad) debe aspirar a romper sus propios límites y ambicionar en serio el salir de ellos. Porque Bad Bunny podría haberse quedado en YHLOMDLG (2020) y sus millones de reproducciones, darse vuelta en esos temas simplones y morir ahí. Sin embargo, ha decidido el ir por más. Bravo por eso.

No por nada a la mencionada 'NuevaYol' le seguirá una cosa tan adictiva y divertida como 'Voy a llevarte pa PR'. Acá todo está bien pensado, en Debí tirar más fotos el vocalista se mueve a placer, encontrándose y conectando con sus raíces puertorriqueñas pero también haciendo el puente con su presente e impronta. 

Por eso nos regala la hermosa 'Baile inolvidable', una de esas salsas que ya no se hacen y te retrotraen a cuarenta años atrás, invita a una banda local y desconocida como Chiwi en 'Weltita', apunta a un sonido desnudo y orgánico en 'Café con ron' o le entrega tanto énfasis a las percusiones en 'Pitorro de coco'. Todos estos pasajes llegan para enriquecer la discografía del vocalista, sin embargo, este no se olvidará de quien es e intercalará su presente mediante esas miradas tan propias y descarnadas que suele entregar del desamor, abriendo de manera magnífica una columna vertebral del disco mediante 'El club' ("Qué estará haciendo mi ex? / ¿Será que ya me superó? ¿Y le va bien? / Mientras que yo borracho pienso...") y continuando con 'Ketu tecré' + 'Bokete' + 'Kloufrens' + 'Turista', instaladas estas en el nudo del álbum previo a una recta final que retomará la diversidad, ya sea nuevamente yendo al minimalismo en la política (Has leído bien, ¿Bad Bunny hablando de política? Pues si) 'Lo que le pasó a Hawaii' ("Quieren quitarme el río y también la playa / Quieren al barrio mío y que tus hijos de vayan..."), al perreo más elemental en la electrónica 'EoO' o acertando de lleno mediante el hitazo que es 'Dtmf', otra que equilibra a la perfección la conexión con sus raíces ("Hoy voy a estar con mi abuelo to el día, jugando dominó / Si me pregunta si aún pienso en ti, le digo que no") con un coro magnífico marcado por el arrepentimiento y la nostalgia ("Debí tirar más fotos de cuando te tuve / Debí darte más besos y abrazos las veces que pude...").

Curiosamente los momentos musicales más débiles del disco serán aquellos donde colabora con otros artistas y suelta protagonismo, ocurre en 'Perfumito nuevo' o 'Veldá', dos que perfectamente podrían no estar acá y nadie las extrañaría. También es cierto que por segundos a Bad Bunny el personaje lo desborda y se pone en modo Residente a hablarle a "su gente", rozando el exceso de sentimentalismo, sin embargo, nada de esto le resta demasiado a un álbum con que el vocalista se ha detenido para mostrarle al mundo de donde viene y de qué está hecho. El resultado le ha quedado notable, un disco que es aporte a la escena y se anota desde ya como uno de los buenos discos que nos habrá dejado 2025.

¿Canciones? 'Voy a llevarte pa PR', 'Baile inolvidable' , 'Lo que le pasó a Hawaii' y 'Dtmf'.

8,5 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Bad Bunny:

sábado, 19 de octubre de 2024

Blood Incantation: Absolute Elsewhere (2024)

 "Diálogo sabroso y contundente..."

Desde siempre Blood incantation fue una banda que lució distinta dentro de la escena metalera. Y si bien el sonido de sus dos primeros discos poseía la crudeza y bestialidad propia de los géneros que intentaban abordar (un death técnico y progresivo fascinante), existían pinceladas puestas astutamente en el camino que invitaban a pensar que los estadounidenses podrían hacerle el quite a lo obvio, asunto que se confirmó con la llegada en 2022 de Timewave zero, un curioso álbum instrumental decididamente cargado al ambient y a unos sonidos espaciales que se alejaban por completo del metal. La duda quedó por tanto instalada: ¿insistiría la banda a futuro en este camino o la aventura quedaría enmarcada unicamente como un loco experimento? Lo cierto es que oyendo este nuevo Absolute elsewhere aquel disco de 2022 recobra mayor sentido, pues si dos años atrás Blood incantation declaraban influencias, en este 2024 confirman la intención de expandir su sonido, complementando su death técnico con sonidos claramente influenciados por aquellos próceres del progresivo psicodélico y atmosférico setentero.

El disco estará compuesto por tanto por dos caras, 'The stargate' + 'The message', que plantearán un verdadero viaje cuyo eje central será efectivamente el metal pero con una banda se dará el gusto en ciertos pasajes para salir de ahí y retrotraer el sonido hacia varias décadas atrás (esto en compañía en producción de Arthur Rizk). En este sentido, 'The stargate (Tablet I)' funciona como una perfecta declaración de intenciones respecto a lo que oiremos en el resto del álbum, abriendo de manera afilada y furiosa para a los dos minutos cortar este sonido con una sección sensible y atmosférica marcada por teclados en un inicio y guitarras luego (Pink floyd muy presente acá) para luego retomar el metal y cerrar con tres minutos que tienden al caos. La jugada es notable aunque seguro habrá quienes la critiquen por sonar algo "forzada" al meter esa sección media que poco tiene que ver con el resto del tema. Pero bueno, es la apuesta de la banda y tenían que probar que tal fluía la mixtura. Ciertamente mal no ha quedado aunque todo andará bastante mejor en medida que el disco avance. 

En 'The stargate (Tablet II)' funcionan al revés, es decir, van desde lo absolutamente psicodélico (colaborando con Thorsten Quaeschning de Tangerine dream) hacia el metal que encuentran en el minuto final, conectando esto de manera impecable con el 'Tablet III', donde incluso incorporan arreglos orientales a medio tema. De igual forma, la Cara B del disco abrirá y cerrará con secciones cargadas al metal, matizando con un 'The message (Tablet II)' que parece interpretada por el mismísimo David Gilmour y toma trazos casi textuales de la era Animals de Pink Floyd (incluso meten esos diálogos característicos bajo las cuerdas). 

En definitiva, Blood incantation sorprenden y nos entregan un álbum contundente, siempre atractivo, ameno y ciertamente interesante. Sin lugar a dudas el disco conceptual del año. Ahora, si bien la banda vuelve a agregar otro álbum brillante a su lista (y ya van...), tampoco por esto hay que moverse a engaño, que lo que acá han generado no ha sido más que un sabroso diálogo entre el death que varias leyendas trabajaron por allá por los años noventa con el progresivo atmosférico setentero. Esto tampoco les resta mérito, que han querido precisamente ir ahí y vaya que han triunfado. Esto no es Hidden history of the human race (2019), un disco que no para de crecer con el paso del tiempo, por lo que puede que muchos hayan quedado gusto a poco en términos de brutalidad del sonido, ahora, en ningún caso alguien podría declararse engañado por el camino que la banda ha tomado, que ellos mismos nos advirtieron tiempo atrás que no eran una banda cualquiera...

¿Canciones? Imposible mencionar una, el disco funciona como un todo. 

9 / 10
Brillante.

sábado, 27 de abril de 2024

Vampire Weekend: Only God Was Above Us (2024)

"Pop de altísimo nivel creativo..."

Por allá por 2008, gracias al sonido de un hitazo como 'A-punk', los Vampire weekend parecieron (a simple vista) sumarse a la ola post punk revival que azotaba con fuerza la segunda mitad de dicha década. Craso error, sin embargo, pues habían singularidades en el sonido de la banda capaces de marcar diferencias con sus pares. Y es que si bien las guitarras (limpias siempre) eran elemento importante en la música de estos estadounidenses, los tipos estuvieron muy lejos de acotarse a una fórmula, complementando sus atmósferas alegres y divertidas con interesantes trabajos de teclados, tambores y baterías (para muestra, 'Cape cod kwassa kwassa' también de aquel disco debut). Más adelante el tiempo haría lo suyo, por lo que las distancias con sus pares generacionales se acentuarían primero con la llegada de Contra (2010) y luego en el fascinante Modern vampires of the city (2013), dos discos que les mostraban como la nueva maravilla alternativa, aunque a la vez dejaban a la banda en un limbo complejo: demasiado livianos para un público duro pero muy densos para ser comercialmente atractivos. Finalmente, Vampire weekend no volvieron a marcarse otro hit, vino Father of the bride (2016) e incluso se temió por el fin del proyecto. Para sorpresa de todos, sin embargo, y tras siete años de silencio les tenemos de vuelta con Only god was above us y no podemos sino agradecer el regreso pues lejos de lanzar un disco "por cumplir", volvemos a oírles ingeniosos y chispeantes, diferentes y únicos pero por sobre todo libres, desatados y contundentes.

El quinto disco de Vampire weekend transmite la sensación de haber sido pensado y trabajado al detalle, un álbum de pop de altísimo nivel creativo e interpretativo, aunque generalmente en dosis acotadas. Y es que la banda siempre ha mostrado una exquisita capacidad de síntesis para en tan solo tres minutos ir y volver varias veces. Para muestra lo que hacen abriendo en 'Ice cream piano', comenzando desde la calma para desatar el caos acelerando a tope, metiendo vientos y jugando con la estructura a placer. La declaración de intenciones se corrobora en la circense 'Classical',  juguetona como ella sola, o más adelante en algo como 'Connect' (una verdadera locura de canción), donde la banda desencaja con esos fascinantes arreglos de piano. Bajarán la intensidad sin olvidar su vocación melódica en 'Capricorn', así como en 'The surfer' apostarán por la solemnidad de su sonido o en 'Mary Boone' volverán a mostrar una impactante diversidad de influencias, al punto de no saber si estás oyendo un tema retro o uno tremendamente moderno. Como sea, la sensación es fascinante. Entre todas estas sonará una atinada 'Gen-X cops', que nos regalará las dosis de pop liviano que la segunda parte del disco necesitaba recordando de paso las punzantes guitarras de los inicios de la banda.

Por si todo lo anterior fuese poco, la banda decide forzar sus límites cerrando el álbum con los casi ocho minutos de 'Hope', un medio tiempo bastante clásico (y algo repetitivo a ratos) que regala dos a tres minutazos de psicodelia en su sección intermedia, todo eso si con una fluidez pasmosa y que da muestras del enorme talento que chorrea este Only god was above us. Discazo de comienzo a fin y serio candidado desde ya a ser el disco del año. 

¿Canciones?  'Connect', 'Mary Boone', 'Gen-X cops' y 'Hope'.

8,5 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Vampire Weekend:

sábado, 9 de marzo de 2024

Ihsahn: Ihsahn (2024)

 "Viaje salvaje, emocional y que desborda talento..."

Con una carrera que viene mostrando potentes señales de diversidad desde hace al menos quince años pero que intensificó fuertemente la búsqueda en grandes álbumes como Arktis (2016) o Amr (2018), el genio noruego Ihsahn está de regreso. Y como era de esperar, vuelve con una propuesta ambiciosa bajo el brazo, un álbum homónimo donde el vocalista pretende definirse y abordar varias de las aristas que tienden a apasionarle desde lo musical. De ahí el que en este nuevo trabajo lo oigamos recuperando una vibra ligada al metal más extremo, acercándole de cierta forma a lo que fueron sus primeros álbumes en solitario, aunque claro, esto sin jamás dejar de lado su veta más emocional. A Ihsahn la etiqueta "metal" le queda enana, aquello lo sabemos y este nuevo disco vuelve a demostrarlo, con el agregado además de complementar su sonido con toda una obra sinfónica puesta al servicio de su música, lo cual vuelve a este álbum un experimento digno de toda nuestra atención. De hecho, a tanto ha llegado su ambición que el trabajo ha sido lanzado en dos versiones, donde una de ellas incluye únicamente los arreglos orquestales. 

De esta forma, durante casi cincuenta minutos Ihsahn revela ocho canciones (+ tres breves puentes instrumentales) que a diferencia de sus antecesores inmediatos no pareciesen desplegar una paleta de colores TAN diversa si no más bien centrarse en la contundencia de la propuesta, esto entre canciones subirán o bajarán la velocidad pero que contarán con un elemento en común: la particularidad sensibilidad del artista. 

Nos encontraremos así con una partida que privilegiará la aceleración y violencia del sonido, como ocurre en 'The promethean spark', donde el vocalista irá mutando el registro (gutural en las estrofas + coros limpios) así como la intensidad, mientras que en 'Pilgrimade to oblivion' + 'Twice born' el asunto será más salvaje y directo. En esta misma línea, aunque mucho más avanzado el disco, sonarán los casi ocho minutos de 'Hubris and blue devils'. Lo anterior a diferencia del nudo del álbum, el cual entregará momentos marcadamente más emocionales. 'A taste of the ambrosia' es una balada dolorosa interpretada con guturales, a lo cual sumarán los elementos sinfónicos y una estructura que a medio tema comienza a acelerar con fuerza, es decir, un cóctel que se enmarca dentro de lo más interesante en todo el conjunto. Algo similar es lo que desarrolla en 'Blood trails to love' o más adelante en 'The distance between us'. 

Para el cierre los nueve minutos de 'At the heart of all things broken', un viaje sensible y emotivo donde Ihsahn se propone el tocar diversas puertas, resumiendo de buena forma lo que ha sido este álbum, un colectivo de canciones dispuestas a armar un conjunto representativo del momento del artista, con miradas hacia su pasado pero también evidenciando el aprendizaje y la experiencia adquirida en este par de décadas. 

El genio noruego no decepciona, nos ha entregado un nuevo disco repleto de momentos interesantes, contundentes y que desbordan en talento. Desde ya, uno de los grandes trabajos que habremos oído durante este 2024.

¿Canciones? 'Pilgrimade to oblivion', 'A taste of the ambrosia' y 'At the heart of all things broken'.

9 / 10
Brillante.


Otras reseñas de Ihsahn:

lunes, 25 de diciembre de 2023

Horrendous: Ontological Mysterium (2023)

"Diversifica sus objetivos..."

Mediante sus antecesores los estadounidenses de Horrendous ya habían demostrado su valía y poderío técnico, fuera de las ansias por llevar el death progresivo un peldaño arriba. Y es que el mejor homenaje que puedes realizar a tus influencias (que en este caso van desde los míticos Cynic hasta Death) es hacer crecer su sonido y expandirlo, que es lo que vuelven a intentar con su quinto álbum, un verdadero manjar para quien guste de la música extrema, un disco que va y viene constantemente, que efectivamente entrega esas dosis de velocidad y filo que cualquier álbum de death requiere pero que lejos de estancarse ahí va por más, muchísimo más, incorporando elementos melódicos, momentos instrumentales, arreglos singulares, cambios estructurales y, por cierto, un nivel técnico que suena prolijo en cuanto a ejecución pese a jugársela por una producción no tan limpia como suele ser la del progresivo. 

Hay muchas cosas que Horrendous parecen haber aprendido de sus maestros Cynic pero una que salta de inmediato a la vista acá es la idea de que en ocasiones "menos es más", el que no es necesario componer un álbum de sesenta o setenta minutos para mostrar complejidad, por lo que tal como en aquel clásico Focus (1993), los norteamericanos nos entregan un álbum que podría considerarse breve para el estilo, con tan solo nueve canciones (que perfectamente podrían haber sido seis pues hay tres instrumentales que son meros "puentes para") en menos de cuarenta minutos, es decir, un álbum conciso y preciso. Sin embargo, el principal mérito de Horrendous está en saber conjugar una cantidad importante de elementos en poco tiempo, en dosis cuidadas y exactas. 

Esta diversidad se ve venir de entrada cuando das play al álbum y suena 'The blaze', que funciona a modo de introducción pero más bien parece ser una simpática jugarreta de los músicos, casi una fanfarria a varias guitarras a la cual le seguirá la verdadera carta de presentación del disco: los siete minutos de 'Chrysopoeia (The archaeology of dawn)', que en su inicio funciona como un (gran) tema de death a la vieja usanza pero que en su nudo deciden detener y transformar, juegan con las pausas, las guitarras y llevan el tema hacia otro lado, uno mucho más atmosférico. Más directa, bruta y violenta será 'Neon leviathan', donde la banda da muestras de que en velocidad pueden mostrar poderío técnico pero luego, nuevamente, harán el parón intencionado con 'Aurora neoterica' + 'Preterition hymn', la primera una especie de jam session puesta ahí para hacer puente con la segunda, que navega sobre tiempos lentos, destacando por los juegos de guitarras que presenta. 

Y lo dicho, que no te das cuenta y estás entrando en la recta final del disco. Ahí, 'Cult of Shaad'oah' traerá de regreso el peso y los bruscos cambios estructurales, mientras que volverán a hacer la jugada del instrumental que huele a improvisación (el momento más débil del disco, hay que decirlo, y el único donde se huele algo de falta de dirección) que antecede a un tema mucho más profundo, esto en la pasada 'Exeg (en) esis' + 'Ontological mysterium'. Finalmente el viaje cerrará con 'The death knell ringeth', una donde la banda parece realmente dejárselo todo centrando sus energías en el poderío técnico, los parones y aceleraciones. 

Cuesta encontrarle defectos a un álbum que diversifica tan bien sus objetivos, pero ciertamente siendo un álbum brillante Ontological mysterium no es perfecto. Efectivamente Horrendous realizan una especie de giro respecto a lo que fue el antecesor Idol (2018), un gran disco de death progresivo donde la banda pareció tocar techo en cuanto a los aspectos técnicos de su sonido. Esta vez han intentado darle una vuelta de tuerca al asunto incorporando pasajes más cercanos, incluso permitiéndose cierta desprolijidad (intencionada claro está) en el cierre de algunos pasajes instrumentales. Quizás el camino a profundizar a futuro sean los aspectos melódicos pues en la línea técnica está difícil mejorar algo que parece inmejorable. El disco es realmente notable, no es un 10/10 para mi únicamente porque los experimentos instrumentales no pasan de ser meros puentes, a veces sin un norte totalmente claro. De todas maneras, si no es el disco del año, pega en el palo. 

¿Canciones? 'The blaze' + 'Chrysopoeia (The archaeology of dawn)', 'Neon leviathan' y 'Ontological mysterium'. 

9,2 / 10
¡Brillante!

martes, 1 de agosto de 2023

Sigur Rós: Átta (2023)

"A contra corriente..." 

Diez años sin un disco de Sigur rós ha sido demasiado, más aún considerando desde donde venía la banda, aquel fantástico e industrial Kveikur (2013). Nos han hecho esperar una década pero no solo eso: han regresado fieles a si mismos sin realizar una mínima concesión con el oyente en casi una hora de música que posee ritmo propio, uno completamente a contra corriente respecto a lo que vivimos hoy como sociedad. De esta manera, los islandeses nos invitan a abandonar la vorágine diaria, ese ritmo infernal que nos acosa tanto en el cotidiano (trabajo, familia, amigos) como a nivel tecnológico, léase, la cultura de lo inmediato, el "lo miro y lo olvido" que proponen aplicaciones tipo Twitter, Instagram, Tik Tok o Tinder, donde todo dura lo que tarda un dedo en cruzar una pantalla. Muy por el contrario, Sigur rós nos proponen un álbum que no funcionará jamás como música de fondo mientras realizas alguna tarea, acá el desafío es abrazar la música como instrumento de belleza y lanzarse a conectar con el sonido, algo que suena lógico pero realmente se realiza muy poco a día de hoy. 

En dicho sentido, Átta resultará seguro una experiencia a ratos desesperante para muchos, sus espesas atmósferas, plagadas de momentos particularmente luminosos y emocionales son una invitación constante a detenerlo todo y vivenciar el sonido. Esto se percibe de inmediato en la apertura creciente, instrumental y orquestal a cargo de 'Glóð', seguida de los siete delicados minutos de 'Blóðberg', con un Jonsi que vocalmente va navegando entre calmas aguas durante siete delicados minutos. Esta apuesta por los desarrollos en la más absoluta tranquilidad serán factor común a lo largo del álbum, haciendo presencia en 'Mór' (quizás la más plana de todas), 'Ylur' (con un tributo melódico en su recta final que por unos segundos rememoria al clásico 'Hoppípolla' de 2005) o 'Fall'. 

En dicho camino existirán instantes en donde la banda subirá un tanto la intensidad, ocurre entre agudos en la notable 'Skel', la absolutamente hermosa 'Andrá' o en 'Klettur', que enlaza golpeadas percusiones con el sonido de orquesta, siendo la única en todo el álbum que conecta en su sonido con lo que fue Kveikur diez años atrás. Esta pasada, sin embargo, que luce algo más "explosiva" respecto al resto acaba por ser una excepción dentro de un continuo que se mueve todo el tiempo tan lento como puede, o como quiere.

En una era como la que vivimos, donde todo es para ayer y vivimos sometidos a la cultura de lo inmediato, tiene mérito el grabar un álbum tan a contra cultura como Átta, más cuando se goza con el prestigio como el que carga Sigur rós. Tampoco es que esperemos de ellos una búsqueda por el hit o lo masivo, que sabemos bien quienes son, pero el que vuelvan tras diez años de silencio marcando este tipo de presencia, funcionando bajo estándares propios, solo enaltece un regreso de enorme nivel y que se anota entre lo más grande que nos habrá dejado este 2023.

¿Canciones? 'Skel', 'Klettur', 'Andrá' y 'Gold'.

9/10
Brillante.


Otras reseñas de Sigur Rós:

miércoles, 18 de enero de 2023

Imperial Triumphant : Spirit Of Ecstasy (2022)

 "Extremo, caótico y desafiante como pocos..."

En tiempos donde la creatividad va de capa caída, una banda como Imperial triumphant luce como un verdadero oasis en el desierto. Ocho canciones son las que nos ofrecen en esta ocasión en casi una hora de música, más que suficiente considerando el que cada una es un mundo en si misma. Nuevamente están acá con un álbum complejo, denso y desafiante, un trabajo marcado por su sonido extremo y caótico, dispuesto a jugar con los tiempos y sonoridades como pocos hoy son capaces de hacer. 

Basta darle play a 'Chump change' para captar por donde va esto, ocho minutos de absoluta tensión con dos secciones violentas interrumpidas por un parón de treinta segundos en donde los instrumentos apenas se asoman. A esta le seguirá la fantástica 'Metrovertigo', que es un vómito de caos e intensidad, entre alaridos y lamentos. Tenebrosa es decir poco. En adelante, esta tendencia a las canciones con segmentos violentos intercalados por un relato instrumental y "calmo", volverá a repetirse a lo largo del álbum, logrado de manera magistral en algo como 'Tower of glory, city of shame'.

Uno de los grandes momentos del disco llegará con la excelente 'Merkurius gilded', donde el desate se ve complementado por la frenética aparición del mismísimo (¿están sentados?) Kenny G (si, como leyeron), quien acompaña a su hijo Max Gorelick (este en guitarra), en una pieza que es una verdadera locura. 'Death on the highway' debe ser la que mayor presencia de un death clásico posee dentro del álbum (sobre todo en su recta inicial), en 'In the pleasure of their company' el jazz fusión será elemento característico mientras que ya en la recta final 'Bezumnaya' se la jugará por el desarrollo de atmósferas tétricas en base a relatos, armando de esta forma un cóctel absolutamente imprescindible para quienes valoran la creatividad en tiempos donde todo parece recurrir a fórmulas del pasado.

El único pero que podría achacarse a un trabajo como Spirit of ecstasy es que de cierta forma lo esperábamos tras lo que fue Alphaville (2020), eso por buscarle algo a un álbum extraordinario en el amplio sentido de la palabra, de la mano de uno de los proyectos más fascinantes que nos está dejando la década.

¿Canciones? 'Metrovertigo', 'Tower of glory, city of shame' y 'Merkurius gilded'.

9,5 / 10
Brillante.


Otras reseñas de Imperial Triumphant:
2020: Alphaville

viernes, 6 de enero de 2023

Natalia Lafourcade : De Todas Las Flores (2022)

 "Desde el dolor al auto conocimiento y la superación..."

Seguro habrá gente que se preguntará o no entenderá porque uno se entrega tanto a esto de la música ¿Por qué gastar tiempo hablando o escribiendo de discos que a pocos le interesan? Más considerando el que no hay beneficio económico tras esto. Pues bien, la respuesta se encuentra acá. Hoy. En discos capaces de meterse en tu vida, en tus venas, emocionarte con su belleza e impactar tu momento. Es la potencia del arte. 

Pero vamos a ella. La mexicana Natalia Lafourcade ha ido poco a poco construyendo camino. Su música ha funcionado por lo general como una verdadera oda al enamoramiento, al más puro, entregado e incluso inocente, ya sea abrazando el pop en Hasta la raíz (2015) o a históricos de la música latinoamericana junto a Los Macorinos en Musas (2017). Sin embargo, le ha tocado el momento de sufrir y a partir del dolor parir su mejor obra a la fecha (suele ocurrir), abriéndose en canal y exponiendo un verdadero viaje introspectivo que va desde el sufrimiento hasta el renacer, pasando por el auto conocimiento y el entregarse a la oportunidad de volver a amar, todo esto tratado con una franqueza, tino en las letras, intensidad y carga emocional que pocas logran encontrar, enmarcado además en arreglos sutiles y diversos que persiguen ser una delicada banda sonora para la historia que acá se entrega.

'Vine solita' es la declaración de intenciones, el punto de partida. Natalia se instala en pleno dolor (como ese meme del perro en donde todo arde alrededor) y desde acá decide iniciar su viaje, sin ver nada declara su esperanza ("Llega la noche, apago la luz y en la oscuridad sigo soñando con despertar...") y en pleno desgarro se viste de Violeta Parra para afirmar el querer aferrarse a la vida desde si misma ("En cada día estoy naciendo, en cada día estoy partiendo de mí..."). Esto para posteriormente acudir al recuerdo, primero en 'De todas las flores' yendo a la nostalgia al narrar la historia de amor que no perduró ("En las calles de Madrid fuimos sin un rumbo fijo / Cuando nos bailamos, cuando nos perdimos en esa canción que nuestro antiguo mundo juntos comprendimos...") y luego con 'Pasan los días', enfrentando la pérdida y viviendo el luto ("Es tan absurdo imaginar que nuestro amor no es suficiente para hacernos regresar..."). 

Sin embargo, contra lo que uno habría esperado, el álbum no se estanca en el desamor y desde acá apunta hacia el camino de la superación, en 'Llévame Viento' conectando con la naturaleza ("Viento, álzame como a las hojas las besa el otoño..."), como también hará en la dulce 'Pajarito colibrí' y más adelante en 'Canta la arena', nuevamente instalándose en la esperanza ("Si de amores andas sollozando, sin poder dormir / Solo canta, quiebra la garganta, es hora de partir..."), mientras que en 'El lugar correcto' reflexionará respecto a esos necesarios momentos de soledad donde se convive con uno mismo ("Había olvidado como ver en el espejo / En mi rostro, en mis ojos, lo que habita en mi universo...").

En el nudo del disco, 'María la curandera' (la única del disco que no es propia, pues musicaliza un poema de la chamana María Sabina) instalará un ritual para mejorar ("Cúrate mi niña con amor del más bonito / Y recuerda siempre que eres tú la medicina..."), para luego entregarse a la oportunidad de volver a sentir y amar, primero en 'Caminar bonito' ("Y agradezco entender una humilde lección, caminar bonito / Pues la vida son montañas que quisiera atravesar contigo...") y luego en la notable 'Mi manera de querer', que viene con un fenomenal coro de la mano ("No me importa si eres hombre o eres mujer / Yo te veo como un ser de luz de cabeza a los pies..."). Finalmente, el arco comenzará a cerrar con 'Muerte' y su respectivo agradecimiento al dolor ("Le doy gracias a la muerte por enseñarme a vivir / Por invitarme a salir, a descifrar bien mi suerte..."), nuevamente en contacto con lo terrenal en la simpática 'Canta la arena' ("Si me besa el mar, todita ya me tiene...") y la sentida despedida que es 'Que te vaya bonito Nicolás'.

Musicalmente el álbum, si bien es dulce y ameno en los arreglos, coqueteando en ocasiones con el bolero o el jazz, no se queda en ambiciones (buenos consejos le ha dado Adan Jodorowsky en la producción). Prácticamente todas las canciones se extienden hasta los seis minutos, con introducciones o cierres que dejan ir el sonido, encontrando atinados momentos para todo, pues si bien el relato y la voz de Natalia serán constante protagonista, habrán instantes para que la música luzca. 

Siete años sin publicar material propio fueron bastante, la misma vocalista ha comentado que un buen amigo así se lo hizo ver, por lo que tras su exploración por las raíces de la música latinoamericana que vivió entre 2017 y 2021, decidió meterse al estudio con un conjunto de músicos para plasmar su momento artístico. El resultado ha sido fantástico, un álbum coherente de comienzo a fin, emocional pero que no se desborda innecesariamente, claro en sus mensajes pero bien escrito y compuesto. Que decir, un regalo.

¿Canciones? 'Vine solita' , 'Pasan los días', 'Pajarito colibrí', 'Mi manera de querer' y 'Muerte'.

10/10
Disco perfecto.

miércoles, 7 de julio de 2021

The Ruins Of Beverast: The Thule Grimoires (2021)

 "Complejo, profundo y maravillosamente a contra corriente..."

Varios meses de vida tiene ya este álbum pero hay que revisarlo. Y es que estamos frente a otro caso de un personaje increíblemente creativo al que vale la pena seguirle el paso. Me refiero al alemán Alexander Von Meilenwald, quien continuando con su costumbre de publicar un disco cada cuatro años regresa en este 2021 con el sexto trabajo del desafiante proyecto The ruins of Beverast. Black, doom, metal atmosférico, llámenle como quieran a esto, sin embargo, por sobre cualquier etiqueta (que todas le quedan cortas) no es exagerado afirmar que cada lanzamiento del multi intrumentista es una verdadera experiencia y The thule grimoires no será la excepción, un viaje envolvente dispuesto a someterte en atmósferas góticas y rituales realmente terroríficos (si, así como suena). 

Sin ir muy lejos, desde el primer momento en que le das play al álbum sientes el estar frente a algo especial, lo cual no deja de ser curioso considerando lo denso y pesado que se percibe el andar del sonido, sin embargo, las abrasivas olas de guitarras que proponen los primeros cuatro minutos de 'Ropes into the eden' (que luego acaban construyendo un instrumental de doce) resultan imponentes al punto de mantenerte ahí, adicto a lo que estás escuchando. Desde entonces el álbum se pasea entre una serie de piezas que privilegian el armado de atmósferas, espesas siempre, por sobre la efectividad, en una lista de canciones extensas (son siete en total donde tres de ellas superan los diez minutos de duración) que se pasean por diferentes tópicos dentro del metal, todos fascinantes. 

En materia de arreglos el álbum es exquisito, con canciones que se cuecen a fuego lento donde guitarras y baterías van construyendo los ambientes y acompañan el apartado vocal que Meilenwand propone, quien en 'Kromlec'h knell' opta por relatar únicamente en un registro limpio y grave (imposible no pensar en Type o negative por momentos) mientras que en la excelente 'The tundra shines' decide regalar unos guturales desaforados en el giro hacia el black que realiza en su recta final. En el nudo del álbum 'Mammothpolis' abordará un sonido mucho más tribal centrado en las percusiones, el cual dará paso a 'Anchoress in furs', una pieza maestra que por si sola es un viaje, en una buena muestra de hasta donde el compositor ha sido capaz de llevar la experiencia, dividiendo la canción en tres secciones, yendo desde la oscuridad y el peso (los primeros cinco minutos) hacia la rabia (la sección intermedia de dos minutos) y luego al desenlace cargado a la emotividad (los tres minutos finales).

Ciertamente, tras tan intensos cincuenta minutos de música uno podría sentir que ha sido suficiente, sin embargo, este alemán no está dispuesto a soltarnos por lo que en la recta final nos trae de regreso. Primero mediante 'Polar hiss hysteria', la canción más acelerada del álbum y la única donde percibimos dinámica constante, y luego en el cierre definitivo a cargo de los catorce minutos de 'Deserts to bind and defeat', otro ambicioso viaje que verdaderamente te somete a una montaña rusa de explosiones y emociones, con una cantidad de idas y vueltas que te dejan extenuado. 

¿Qué es demasiado? Si, seguramente lo es. Es tanto lo que el compositor propone en estos setenta minutos que inevitablemente por momentos te pierdes (siendo este su único "defecto"), pues el disco exige estar completamente inmerso en la experiencia para valorar sus innumerables detalles. En tiempos donde muy pocos están dispuestos a regalar su tiempo a algo así de complejo y profundo, un disco como The thule grimoires funciona completamente a contra corriente, pero que quede claro: el problema es nuestro, no de este extraordinario artista.

¿Canciones? 'Ropes into the eden', 'The tundra shines'  y 'Anchoress in furs'.

9/10
¡Brillante! 

jueves, 28 de enero de 2021

Imperial Triumphant: Alphaville (2020)

 "Profundo y complejo ejercicio de excentricidad y vanguardia... "

En 2012 y 2015 fue que el trío neoyorkino Imperial triumphant publicó sus primeros dos álbumes, discos cercanos a un black furioso y bien ejecutado que dio que hablar dentro de la escena, sin embargo fue la llegada de Vile luxury (2018) la que los enmarcó de inmediato dentro de las propuestas más interesantes dentro del universo de la música extrema, realizando un giro brutal respecto a sus antecesores. En aquel trabajo percibimos a una banda absolutamente libre de ataduras y experimentando a antojo tanto en materia de instrumentación como de estructuras, al punto de que en 2019 la multinacional Century Media se interesó en ellos. No llama la atención por tanto el que tras tamaño envión creativo y comercial, rápidamente la agrupación se haya metido al estudio en la idea de gestar una nueva obra, aunque en esa misma línea, el prejuicio y los temores de inmediato llevaron a imaginar el que nos encontraríamos frente a un cuarto álbum artificial e incluso forzado, lo cual no puede estar más lejos de la realidad, Imperial triumphant han vuelto a parir un producto colosal, profundo, complejo y brillante, un disco que no hace sino agrandar su figura. 

Decir que Alphaville es death metal + jazz sería simplificar demasiado el asunto, además de una falta de respeto en torno a un trabajo que ha sido tan cuidadoso a la hora de generar sus mixturas. Basta darle play a una pieza como 'Rotted futures' para comprender que el asunto acá está lejos de la caricatura, con dos minutos iniciales que generan una ansiedad ascendente para luego romper en una instrumentación que cruza absolutamente todo, marcada siempre por ese bajo exquisito, y acompañada de un relato macabro que apunta a la temática del disco, la Nueva York del período entre guerras mundiales, pero que perfectamente podría servir como palo a nuestra actualidad ("Valores establecidos / Una sociedad exaltada, desmantelada y destilada por hombres podridos / Una y otra vez / Sistemática sangre dorada / El sueño intoxicado / Promesas de prosperidad / Futuros podridos ..."). Posteriormente se sucederán piezas diversas y complejas, donde ninguna se parece a otra, 'Excelsior' es una que hasta sus tres minutos sigue un patrón caótico (?) para luego dar pie a una verdadera ebullición instrumental que cuando pareciese va a explotar se va al silencio que precederá a un minuto final de absoluta locura. Y si, que Imperial triumphant nos han dejado en ridículo a todos quienes hemos intentado explicar con palabras algo que en realidad únicamente hay que oírlo. 


Si los doce minutos iniciales del disco de cierta forma reciben el listón entregado dos años atrás por Vile luxury, lo de 'City swine' si que es demencial, tres minutos iniciales fascinantes marcados por redobles + doble pedal  que se verán interrumpidos por la brusca irrupción de un tambor japonés (participa acá Tomas Haake, baterista de Meshuggah) + piano que complementarán un desmadre total en términos estructurales. Fascinante. De igual forma 'Atomic age' debe ser la pieza más brutal del álbum, con sus ocho minutos plagados de idas y vueltas tan oscuras como desgarradas, mientras que 'Intermission to mercury' abrirá con dos minutos cargados de melancólico jazz, los cuales romperán (1:50) en una descarga de batería + riffs + relato constante y donde la exquisita aparición de un saxofón (3:18) figura como el elemento disonante en el andar que acabará por desembocar en dos minutos finales absolutamente caóticos. Simplemente... wow. 

En la recta final sonará una atronadora y apabullante 'Alphaville', una maravilla que figura como de lo mejor del disco (y que no por casualidad toma el título de la película francesa de 1965), seguida de 'The greater good', otros agobiantes y oscuros siete minutos marcados por un sonido dispuesto a machacar incesantemente tu cerebro. Por si todo fuese poco, en el streaming la banda regala dos versiones que ha querido llevar a su terreno, una de thrash directo  (Voivod, 'Experiment') y otras instrumental muchísimo más experimental ( The residents, 'Happy home'), en una evidente muestra de versatilidad en materia de influencias.

Con una propuesta estética y lírica muy cuidada, Alphaville debido a su diversidad puede considerarse como el conjunto más "accesible" (nunca mejor puestas las comillas) que Imperial triumphant ha publicado a fecha de hoy. El disco es una invitación para adentrarse en el universo de una agrupación dispuesta a llevar al límite su brillante y caótica mixtura, la cual hasta ahora no ha hecho sino crecer de manera exponencial. 

¿Canciones? 'City swine', 'Intermission to mercury' y 'Alphaville'.

9,5 /10
Brillante.

viernes, 11 de mayo de 2018

Janelle Monáe : Dirty Computer (2018)

"Feminista, contundente, directo, personal, valiente, reivindicativo y necesario..."

Ok. Ha llegado (¡al fin!) el momento de que Janelle Monáe visite mi blog. Y es que no es nada fácil abordar a una artista tan multifacética (actriz, música, activista, modelo) y potente como ella sola, una tipa que con cada uno de sus álbumes nos ha propuesto un desafío, discursos y universos distópicos que abordar y analizar al detalle, que nos obligan además a ir por referencias musicales y literarias que complementan cada trabajo. En ese sentido, si bien Dirty computer marca diferencias respecto a sus dos anteriores trabajos no será la excepción en cuanto a la complejidad de la obra, la cual aborda el afrofuturismo en un mundo donde todo aquel considerado diferente/sucio es eliminado, idea que puede comprenderse de mejor forma revisando el trailer de cuarenta minutos Emotion picture (el cual fue proyectado en algunos cines de EEUU previo a la exhibición de Pantera negra (la película) que complementa (o más bien explica) el concepto del álbum.

Partamos comentando que el de 2018 es su álbum más personal a la fecha, un disco donde abandona los personajes construidos para hablar de si misma, utilizando por cierto la metáfora política y reivindicativa como principal herramienta. Y si, Dirty computer es un álbum de astuta protesta, escrito por una mujer negra que vive una situación de privilegio por lo que intenta, desde ahí, entregar su mensaje. Pero es también un álbum con marcadas referencias explícitas hacia la liberación sexual, femenina por supuesto, lo cual se declara desde su apertura (nos saltamos la intro, con participación de Brian Wilson, que me parece aporta poco) a cargo de 'Crazy, classic, life', ahí Janelle es directa lanzando lineas tales como "Joven, negra, salvaje y libre. Desnuda en una limusina. Yo solo quiero una fiesta dura. Quiero sexo en la piscina. Solo déjame vivir mi vida..." o "No quiero un anillo de diamantes. No quiero desperdiciar mi juventud. No quiero vivir de rodillas. Solo quiero decir la verdad...", con salida del closet incluida (recordemos que la mujer se declaró pansexual hace poco en la Rolling Stone), aspecto que además coincide con su declarada admiración hacia el fallecido Prince, con quien compartió muchísimo en sus inicios e incluso participó antes de su partida en este álbum, lo cual se traduce en las guitarras y teclados de la fantástica 'Make me feel' e incluso en los aires que posee el cierre del disco en 'Americans'. 


Las referencias directas a la liberación continuarán con la adictiva 'Take a byte' ("No soy el tipo de chica que le mostrarías a tu madre. No miento / Prueba una mordida. Ayúdate a ti misma. Está bien. No lo contaré..."), donde realiza un elegante juego de palabras entre "mordida" y el mínimo elemento de memoria en un computador, y en la popera 'Screwed' ("Verás, todo es sexo excepto el sexo, que es poder") para dar paso luego al momento más alto del disco, primero con 'Django Jane', donde Monáe sube al trono y desenfunda un rap furioso e iracundo, un monólogo de la vagina - descrito así por ella misma, el cual se complementa con la exquisita 'PYNK' (que cuenta con Grimes en los coros), una apología a la femineidad desatada ("Como tus dedos en mi...") y la genial 'Make me feel', con el ya mencionado aporte funkoide por parte de Prince. 


Pasando el mejor momento del disco este me parece vive un pequeño bajón, mostrando ahí su única pata coja. 'Got the juice' (con un fraseo que recuerda el 'Hollowback girl' de Gwen Stefani) cuenta con la participación de Pharrel Williams y funciona en su tono divertido pero se alarga innecesariamente un par de minutos por sobre lo necesario, lo mismo con 'I like that', que no suena tan inspirada como el resto del conjunto y contrasta con la desnuda franqueza que desenvuelve el único tema romántico que contiene el disco: 'Don't judge me' ("¿Qué tal si te beso justo ahí? ¿Temblarás por dentro o solo llamarás una noche? ¿Qué tal si te hago un show? Podrías tocar si gustas...justo ahí. ¿Si te beso pensarás me sentía solitaria? Pero no me juzgues, se que tengo mis temas pero estos se ahogan cuando te beso...").

Finalmente, tras el llamado a no confundirse con las religiones y simplemente usar las palabras del amor, en voz de Stevie Wonder, llegará otro tema muy honesto y personal, 'I'm afraid' que es pura intensidad y el cierre definitivo a cargo de la contundente defensa de su tierra en 'Americans', que retomará la dinámica con el espíritu de Prince nuevamente tan presente en el álbum.

En definitiva, Dirty computer da muestras de una artista tremendamente inteligente a la hora de plasmar sus mensajes. Un disco conceptual que apuesta por un sonido más moderno en relación a sus dos primeros trabajos y ahí, en el nudo del álbum se entrampa un tanto (por buscarle algo en realidad), así como también no contener "hits inmediatos" dado que se concentra fuertemente en los aspectos líricos y mensajes a entregar, ¡pero que va! ¡Qué ella haga lo que guste! ¡Sin concesiones! Que la miel no está hecha para el asno y eso siempre se ha sabido. El álbum es potente y contundente, directo y necesario, personal y valiente. Tiene todos los condimentos para pararse a aplaudir a esta pequeña gran mujer que avanza en su carrera, hasta ahora, sin temer a nada.

9,2 /10
¡Brillante!