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lunes, 30 de diciembre de 2024

Charly García: La Lógica Del Escorpión (2024)

 "Innecesario..."

Quienes ronden los cuarenta (por arriba o abajo) y amen el cine recordarán una (ya) vieja película del gran Gaspar Noé titulada Irreversible (2002), la cual abría con un telón negro y una frase devastadora: "El tiempo todo lo destruye". Esto a propósito del último trabajo de Charly García, que no es más que un enorme "quiero pero no puedo", porque digámoslo claro: Charly ya no puede tocar, menos cantar, tampoco compone, entonces, ¿de qué se trata esto? Pues de un conjunto de canciones sacadas de aquí y allá, pasadas todas por una producción exagerada, un compilado de temas viejos más unas cuantas versiones de otros artistas que seguro tienen un significado personal para García pero que lamentablemente resultan muy difíciles de disfrutar debido al mal estado del argentino. 

La lógica del escorpión se supone viene a enderezar las cosas tras aquel tibio Random (2017) y hasta cierto punto podríamos afirmar que la premisa se cumple, es decir, este disco efectivamente desprende una vibra que nos acerca a ese Charly sucio de tiempo atrás (digamos, el post 2000). También el disco posee un tono tremendamente personal (eso hay que dárselo) al punto de que cada canción pareciese querer decir algo respecto al presente del argentino. Ahora, otra cosa es que haya correspondencia entre todas estas nobles intenciones y un conjunto de nivel. Cosa que acá no ocurre.  

El disco abre en modo rock con el minuto y medio de 'Rompela', una canción de guitarras que ya había aparecido en el proyecto Kill Gil (ese disco fantasma que tuvo grandes problemas para ser publicado quince años atrás) en donde el vocalista nos invita a "gritar, agitar y no ser cómo los demás". De inmediato eso si, acá se vuelven evidentes ciertas red flags: Charly no canta y tampoco tiene nuevas ideas. De hecho, en adelante el álbum se transformará en un reciclado de viejas melodías. Se sucederán algunos medios tiempos muy livianitos como la popera 'Yo no sé' o 'Medicina N°9' (que se construye prácticamente por completo sobre dos canciones : 'El rap de las hormigas' y 'Rock and roll yo'), así como baladas realmente terribles como 'Te recuerdo invierno', rarezas tipo 'El club de los 27', un blues bastante básico y cliché, además de algún otro tema cargado al rock como 'Autofemicidio'. El factor común (fuera de los mencionados auto plagios) será lo cortos que son los temas (dos minutos la gran mayoría) y la mínima complejidad, la cual se intenta ocultar bajo la producción. 

La Cara B del álbum entregará una colaboración con Pedro Aznar en 'America' (que emula la lírica de 'I'm afraid of americans' de David Bowie), rescata 'Juan represión' (una pequeña gran joya setentera de Sui Generis), volverá a recurrir al auto plagio en 'Estrellas al caer' (tiene la melodía de 'Chipi chipi') y versionará tanto a Lennon en 'Watching the wheels' (algo que ya había hecho en Kill Gil, o sea vuelve a recalentar un plato de ese disco) como a The birds en 'Rock and roll star' (traducción del tema de 1967). En toda esta pasada lo más interesante será la inclusión de 'La pelícana y el androide', un tema compuesto por Luis Alberto Spinetta en 1984 y que se supone iba a ser parte del álbum que lanzarían junto a Charly por aquellos años, aunque el flaco la terminó dejando en Privé (1986). 

En definitiva, ¿quién es uno par a jubilar a un artista? Por supuesto que nadie. Si Charly García estaba interesado en grabar y publicar esta despedida, estaba en pleno derecho. Sin embargo, las cosas por su nombre: con esto él y sus cercanos lo único que han conseguido es evidenciar su mal estado mediante un conjunto de canciones terriblemente interpretadas desde lo vocal (duele insistir en el punto pero es la realidad) y que en lo musical aportan realmente nada al catálogo del artista. 

Charly García es un gigante, su aporte a la historia de la música latinoamericana es indeleble y el culto en torno a su figura será eterno. Más allá de este traspié innecesario.

¿Canciones? 'La pelícana y el androide'.

2/10
Pésimo.


sábado, 28 de diciembre de 2024

30 Años De... Charly García: La Hija De La Lágrima (1994)

"Fallida y descarnadamente honesto..."

Hay discos a los cuales el paso del tiempo ayuda a entenderles mejor. Ocurre sobretodo con esos álbumes que fueron despreciados en su momento. Un caso así es el de La hija de la lágrima, trabajo tremendamente denostado en su momento pero que hoy, a treinta años de distancia se puede valorar de otra manera al comprender el contexto de aquel Charly García, uno que a sus veinte años había ya conocido el respeto y la fama para luego durante sus treintas lograr reinventarse mediante una seguidilla de álbumes tan fantásticos como históricos. La pasada 1987/1990, sin embargo, causó estragos en la vida del argentino, de pronto esta se volvió caótica entre problemas emocionales (incluida la muerte de su hermano) que derivaron en abuso de sustancias y adicciones varias (cabe recordar que por aquellos años estuvo incluso internado un par de veces). Todo esto evidentemente encontró reflejo en lo musical, con un artista que intentó enfrentar sus vaivenes con trabajo, de ahí la colaboración con Pedro Aznar en Tango 4 (1991) o el confuso regreso en 1992 de Serú Girán. El momento, sin embargo, de volver a hacerse cargo de su obra era inevitable y aquel llegó en 1994 mediante un álbum que extenso (veintitrés piezas en sesenta y ocho minutos) y conceptual que expresó a cabalidad el momento de un Charly García absolutamente consumido por su momento. 

Ante todo, La hija de la lágrima es un álbum anti climático. Dicho en simple: un disco que te saca constantemente. Existen quienes aseguran que esta característica fue intencionada, que Charly en el inicio de un proceso claramente auto destructivo arremetió incluso contra su propia obra, olvidándose de aquel "viejo Charly" que se ocupaba tanto de la belleza de las formas y aspirando más bien a la desestructura (tanto individual como del conjunto). Están también quienes afirman que el disco no es más que la primera señal de un talento agotado, carente de norte e inspiración, a causa de los excesos (digamos que el tiempo y la evidencia inclinó la balanza hacia esta segunda teoría). Como sea, La hija de la lágrima resulta ser un disco que oscila constantemente entre extremos opuestos, yendo con facilidad desde el minimalismo a arreglos excesivos, con canciones e interludios que se enmarcan entre atmósferas oscuras, tristes y cargadas de desesperanza, lo cual habla de un trabajo tremendamente honesto, desgarrado y que ciertamente no concesiona absolutamente nada con el auditor. Todo eso hay que dárselo, independiente de si que tan bien funcione el conjunto.

Dentro de las canciones que destacan están los paisajes lúgubres y personales de 'Víctima', donde declara intenciones abriéndose en canal ("Víctima de soledad / Víctima de un mal extraño / Mi corazón se ha partido en dos / ¿Quién te ha visto y quién te ve? / Quien te ama te hace daño..."), así como la sensible y dolorosa 'Kurosawa', abordando con claridad el tema de su depresión ("La sombra llega y no espera / Se presenta y no te deja opción / Todo se vuelve madera, yo lo siento / Y no tengo un amor para dar...") y la pérdida ("La llama ya se abre / Porque mi ángel se fue / Cuando estaba acá..."). En la misma línea funciona 'Love is love' mientras que 'Fax U' si bien sostiene el tono acústico del álbum (con María Gabriela Epumer haciendo su debut en la banda) aportará un lenguaje más rabioso y descarnado mediante un ambiguo juego de palabras que podría aplicarse tanto a la falta de conexión que puede provocar la tecnología como a una relación de desamor. Mención aparte merece esa belleza titulada 'Chipi chipi', una singlazo que vivirá por siempre (por eso mismo él la hizo así...) lleno de ternura y que aparece como una luz de esperanza en medio de un álbum generalmente por lo general oscuro. 

Si el disco hubiese sido todo lo anterior más tres o cuatro canciones trabajadas al detalle, estaríamos hablando de uno de los mejores álbumes en la carrera de Charly García y efectivamente ese regreso de nivel que se esperaba para 1994. Sin embargo, no fue así. El resto del trabajo es un total desvarío, encontramos temas que no pasan de ser meras improvisaciones rocanroleras o bluseras, como 'La sal no sala', la sesentera 'Chiquilín', 'Workin' in the morning' o 'Waitin', sumado a un conjunto de instrumentales de dos a tres minutos (no hay que olvidar que el disco se supone era una especie de banda sonora para una película imaginaria de Charly), algunos de estos dan muestras de algo bien pensado ('Overture' o 'Interludio de la lágrima', por ejemplo) pero la gran mayoría son idas de olla sin ton ni son, muchos de ellos puestos además de manera consecutiva en la lista, volviendo aún más compleja la experiencia.  

A treinta años de distancia, La hija de la lágrima no se aprecia como el desastre que en su época pareció ser, si no más bien como un trabajo descarnadamente honesto en donde Charly García no se propone acá gustarle a alguien ni componer una joya si no más bien plasmar su momento y ser en una obra musical. El resultado por ende fue verborreico y ciertamente inclasificable. Para 1994 Charly ya había destruido su voz y perdido prácticamente toda dulzura (para muestra el Unplugged que grabaría ese mismo año para MTV), sin embargo, se pueden identificar acá atisbos de una sensibilidad particular, propia de un artista en estado depresivo que iniciaba un camino hacia la locura, auto destructivo y delirante, algo que se expresaría con aún más fuerza en los posteriores Say no more (1996) y El aguante (1998), el verdadero descenso a los infiernos. Aunque aquello será materia de análisis futuros si es que la vida me acompaña...

¿Canciones? 'Víctima', 'Chipi chipi', 'Fax U' y 'Kurosawa'.

5,9 / 10
Caótico.


Otras reseñas de Charly García:

miércoles, 25 de diciembre de 2024

40 Años De... Charly García: Piano Bar (1984)

 "En plenas facultades creativas..."

Hora de comenzar a ponerse al día con esta leyenda. Corresponde...

A los más jóvenes habría que explicarles que ese ancianito que ven hoy en 2024 sentado en silla de ruedas y que parece un pedazo de cartón, alguna vez fue un artista colosal, capaz no solo de haber publicado un puñado de discos increíbles si no que directamente cambiar la historia del rock latinoamericano.

Hay que ir cuarenta años atrás eso si para encontrar los momentos más fascinantes en la carrera de Charly García, tiempos donde el argentino dio muestras de encontrarse muy por sobre la comprensión de los mortales (no fueron pocos quienes lo criticaban por "haberse vendido") y decidió avanzar representando la absoluta vanguardia, encarnando a un verdadero monstruo de la música capaz incluso de iluminar al resto (la lista de artistas que despegaron bajo el ala de Charly es inmensa). A modo de muestra está lo que había logrado apenas un año atrás con Clics modernos (1983) y esa capacidad para equilibrar el pop extremadamente liviano de 'Nos siguen pegando abajo' + 'No me dejan salir' con cosas tan hermosas y delicadas como 'No soy un extraño', 'Los dinosaurios' u 'Ojos de video tape'. García sonaba como un artista multifacético y extraordinario, algo que confirmaría un año más tarde mediante este Piano bar, álbum que inevitablemente se encuentra hermanado con su antecesor pese a contar con elementos suficientes como para tener vida propia. 

En efecto, cierta estructura de Clics modernos acá se replica, digamos, esa búsqueda del equilibrio antes mencionado, sin embargo, en Piano bar el asunto apunta a una mayor profundidad, incluso en sus momentos más "divertidos". En estos Charly apostará por menos baile y más guitarras, como es el caso de la sólida y golpeada partida a cargo de 'Demoliendo hoteles', marcada por esas frases tan históricas como monumentales ("Yo que crecí con Videla / Yo que nací sin poder / Yo que luché por la libertad pero nunca la pude tener...") o la rockera 'Cerca de la revolución' (otro hitazo eterno), siendo 'Rap del exilio' el único tema en todo el disco que carga su sonido hacia el funk e invita al movimiento y donde se ríe un poco de su desconexión con los medios de la época ("Tenía un sólido futuro artístico y me comí el bajón / Yo tenía tres libros y una foto del Ché / Ahora tengo mil años y muy poco que hacer...").

 

El resto apuntará más bien a facetas íntimas del artista, donde los teclados (a cargo de Fito Páez) son protagonistas, ya sea en medios tiempos como 'Promesas sobre el bidet' + 'Raros peinados nuevos' o elevando su sonido a otra dimensión en la maravillosa 'Piano bar', gran joya de este álbum gracias a su particular sensibilidad y esa estructura inquieta que muestra todo el tiempo. La solemnidad del sonido aparecerá en 'No te animás a despegar' (dedicada en ese entonces a Fabiana Cantilo, sin embargo, resulta paradójico que con los años la canción terminase hablando de sí mismo) para luego elevar el viaje mediante la dinámica 'No se va a llamar mi amor' seguida de la melódica y amigable (aunque algo repetitiva) 'Tuve tu amor', estas dos siendo influencia evidente para la posterior carrera en solitario de Fito.

El disco cerrará con la colaboración entre Charly y Luis Alberto Spinetta titulada 'Total interferencia' (se cuenta que estos dos tenían toda la intención de concretar un álbum, lo cual lamentablemente no se dio), una que García dudó hasta último momento si incorporar o no en la lista definitiva (la leyenda cuenta que Páez le convenció) y que funciona como una pequeña gran joya marcada por sus exquisitas atmósferas y crudas reflexiones ("Pienso que estamos como el amor que se echa a perder / Violamos todo lo que amamos / Para vivir..."), finalizando así un trabajo que en la odiosa comparación con Clics modernos queda un tanto abajo (hay momentos que se hacen algo pesados y la segunda línea no es tan potente como en el mencionado) pero que supo mostrar a un artista en plenas facultades creativas, lo cual no es poco para un músico que llevaba haciendo historia al menos una década. Finalmente este disco sería sustento para el notable Parte de la religión (1987) y bueno, la entrada a ese callejón sin salida que acabaría desembocando en el proceso auto destructivo que vivió una década más tarde...

¿Canciones? 'Demoliendo hoteles', 'Piano bar' y 'Cerca de la revolución'. 

8,8 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Charly García:

domingo, 5 de marzo de 2017

Charly García : Random (2017)

"Quiero pero no puedo..."

Tras unos años 90s bastante irregulares y donde, digámoslo, más allá de una u que otra excentricidad y alguna gran canción, mucho no nos dejó, el gran Charly García parecía vivir una especie de segundo aire a comienzos de siglo gracias a la dupla Influencia + Rock and roll YO (2002/03), dos discos que pese a su evidente falta de continuidad contenían un grado suficiente de malrollismo como para dejarnos a muchos satisfechos. Con nosotros se quedaron joyas como 'Influencia', 'Dileando con un alma' + 'Rehen' , 'Asesíname' o 'Rock and roll Yo' y la sensación de que aún podría haber presente para el argentino. Sin embargo, el tiempo se encargó de demostrarnos lo contrario: García fue devorado por el personaje durante demasiado tiempo... y ahora tocaba pagar.

Random se presenta entonces ante nosotros como el sincero intento de recuperar forma por parte de un artista que divagó durante más de veinte años, el problema es que el regreso llega con artista bastante deteriorado en lo vocal, sin el filo ni el tino melódico de antaño, por lo que pese a entregar momentos gratos, mucho más allá de las correctas intenciones no llega. Dicho en simple: el clásico "quiero pero no puedo".

A Charly le interesa que lo escuchemos, que sepamos que está sintiendo en estos días, de ahí que gran parte del disco aborde arreglos muy sencillos que entregan protagonismo a sus letras. Funcionan entonces 'La maquina de ser feliz' ("Hay tanta gente sola, hoy tanta gente llora... " o "Y la felicidad no existe en soledad, la máquina no puede dar..." son algunas lineas que se despacha) así como 'Primavera', una donde se ríe todo el tiempo respecto a su nueva relación con las drogas ("Ahora que estoy rehabilitado saldré de gira otra vez / Me encerrarán cuando se acabe y roben lo que yo gané..."). En lo musical puede que 'Amigos de Dios' sea junto con 'Spector' y 'Mundo B' lo más interesante que el disco contiene pues el disco cierra bien cuando realiza guiños a sus años más oscuros.

Ahora, imposible no arquear la mirada cuando notamos que 'Ella es tan Kubrick' posee una onda tan similar al 'I'm not in love' que venía en Influencia (2002) , que 'Rivalidad' es una especie de mezcla entre 'Buscando un símbolo de paz' + 'Fanky' o que los primeros acordes y tiempos de 'Otro' recuerdan muchísimo a 'Yendo de la cama al living'. Digamos que el auto plagio por momentos es demasiado evidente, lo cual inevitablemente resta algo de méritos al regreso.

Siendo francos, el disco no contiene ningún tema dispuesto a volarte la cabeza pero con todo, y situando a Random en su contexto, el de un artista que lleva en veinticinco años no ha sido capaz de editar más que un puñado de canciones de nivel, me parece que el álbum cumple al entregar pinceladas de un talento que claramente ha sufrido merma pero que al menos hoy se muestra honesto y con ciertos elementos (letras básicamente, más uno que otro arreglo) a destacar.

6/10
Bueno, cumple...

domingo, 10 de julio de 2016

20 Años De... Joaquín Sabina: Yo, Mi, Me, Contigo (1996)

"Su más alto momento..."

Y acá voy, regalándome un gusto con una copa de vino a mi lado.

Que me perdonen los fanáticos del español, pero en toda la primera década discográfica de Joaquín Sabina no logro encontrar más de cinco canciones de mi agrado, y si gustan las cito: 'Calle melancolía' , 'Whiskey sin soda', 'Princesa', 'Medias negras' y 'Corre, dijo la tortuga'. Puede que sea la precaria producción lo que me espanta (eso si que no me lo pueden negar, sus primeros discos suenan en exceso amateur) o la excesiva simpleza en materia de arreglos, pero el caso es que no es sino hasta 1992 cuando me encuentro con el primer disco realmente disfrutable de Sabina, hablo de Fisica y química. Temas como 'Y nos dieron las diez', 'Conductores suicidas', 'La del pirata cojo' o 'Amor se llama el juego' quedarían marcados a fuego en el comienzo de una etapa absolutamente genial del cantautor español. De hecho, Física y química se vería complementado con dos álbumes más fabulosos aún, los mejores de la carrera de Sabina, me refiero a Esta boca es mía (1994) y Yo, mi, me, contigo (1996), y en este último me quiero concentrar hoy.

Y si el de 1994 supuso un avance importante en lo musical, dos años más tarde Sabina llegaba para consagrar definitivamente el equilibrio encontrado. Esta vez su pluma, poesía y buen humor se conjuga con una dosis importante de diversidad de estilos. En ese sentido Yo, mi, me, contigo es una montaña rusa que va y viene pero siempre funciona de maravillas, Sabina emociona y conmueve con su constante oda a la imperfección, con su siempre particular visión del amor o el desengaño, lo logra en versión rock con 'El rocanrol de los idiotas', con la preciosa 'Contigo' o la absolutamente visceral 'Y sin embargo' (una de las mejores de su carrera, no?), pero también convence a la hora de realizar su particular homenaje a la vida en 'Jugar por jugar' ("La vida no es un block cuadriculado si no una golondrina al viento...") , al hablar de amores pasajeros en 'Aves de paso' o realizar un notable homenaje a Joan Manuel Serrat en 'Mi primo, el Nano'. 

Sabina colabora con Charly García en 'Es mentira' y se empapa de su desfachatez ("Es mentira que sepan a vinagre los besos sin amor..."), se lanza a la política en 'Postal de La Habana' para durante la recta final del álbum entregar una serie de jugarretas freaks, primero en versión ranchera con 'Viridiana', luego rock en 'Las seis de la mañana' y él sabrá que en la loquísima 'No sopor...no sopor'. El disco acabará definitivamente con la íntima y personal 'Tan joven y tan viejo', el último rastro en su discografía con voz limpia (desde acá lo oiremos con su característica garganta cada vez más rasposa) y el cierre definitivo de una etapa. 

Yo, mi, me, contigo es un disco tremendo en donde el poeta equilibra (¡al fin!) sus punzantes líricas con arreglos y una producción sofisticada, un álbum tan incorrecto como perfecto y que da muestras del instante que Joaquín Sabina vivía, un momento único, irreverente e irrepetible. La resaca vendría más tarde, pero en 1996 el español seguía plasmando su particular forma de sentir como quien sabe no tiene ya nada que perder. Muchos le debemos demasiado, y bueno, esta reseña de aniversario ha tratado de ir por ahí...

¿Canciones? 'El rocanrol de los idiotas', 'Contigo', 'Es mentira', 'Y sin embargo'.

9/10
Brillante.