jueves, 22 de octubre de 2026

Beck: Ride Lonesome (2026)

 "El refrito del refrito..."

De dulce y agraz con el más reciente de Beck. Y es que si bien el vocalista ha compuesto un álbum bonito, cuidado y que efectivamente cuenta con más de alguna joya en su lista, la sensación a refrito es constante y potente. E incluso a refrito del refrito pues no olvidemos que en 2014 el estadounidense había publicado Morning phase, un álbum de corte acústico que funcionaba como contraparte para el mítico Sea change de 2002, esa maravilla tremendamente oscura con la que el vocalista supo exorcizar sus demonios y canalizar como pocos el dolor del luto post ruptura. El caso es que 2026 lo atrapa nuevamente en un momento emocionalmente complejo y bueno, junto a Nigel Godrich en producción se metió al estudio a grabar (nuevamente) un álbum honesto y descarnado pero que carga con dos problemas: el carecer de efecto sorpresa por lo que a ratos se vuelve demasiado predecible.

Grandes canciones acá hay, la mayoría concentrada en la primera mitad del álbum. Tienes ese comienzo empapado en melancolía que regalan las cuerdas de 'Ride lonesome' (aunque el perfume a 'The golden age', la partida en Sea change, no se lo quita nadie) o 'Run away', la absoluta intimidad que desprenden 'In the night' (vaya joya) o 'For your love', así como la delicadeza al piano de una preciosa 'Failed words', sin embargo, todo sea dicho: existe cierta redundancia en canciones como 'Disappearing act' o 'Slow canyon', al punto de que durante toda la Cara B del disco (quizás con la única excepción de 'It ends right here') convives con la sensación de que esto a Beck ya se lo has oído antes... y mejor. 

Ride lonesome no es en absoluto un mal disco pero si uno que salvo contados momentos no consigue alcanzar la magia que pretende. 

¿Canciones? 'Ride lonesome', 'In the night' y 'It ends right here'.

6,9 /10
(Muy) bueno.

martes, 20 de octubre de 2026

Chelsea Wolfe : The Dark (2026)

"Lo más amigable en su carrera..."

Una de las vocalistas más singulares de la actualidad está de regreso, y eso siempre será buena noticia. Y es que si algo tenemos asegurado con cada nuevo álbum de Chelsea Wolfe es que la estadounidense dará muestras de una búsqueda profunda y descarnada de su momento, como ha hecho con cada uno de sus álbumes. En el camino han quedado esos paseos por sonoridades tremendamente lúgubres que coqueteaban con el industrial, expresadas en trabajos como Abyss (2015), Hiss spun (2017) o el más reciente She reaches out to she reaches out to she (2024), así como exploraciones fuera de la caja encarando el folk en Birth of violence (2019), trabajando proyectos paralelos junto a Converge en 2021 o con Tyler Bates mediante la banda sonora de X (la película de 2022). La ruta ha sido intensa, Chelsea Wolfe nos ha dado bastante durante estos diez años por lo que un disco más reposado como The dark hace sentido en el papel, un conjunto bastante cercano, ameno de oír y que muestra a la vocalista más "amigable" que en cualquiera de sus antecesores.

Lo que tenemos acá entonces son diez canciones que en cuarenta minutos navegan por temáticas relacionadas con el desamor y la pérdida, esto entre estructuras plenamente reconocibles con estrofas, puentes y coros marcados, aunque claro, siempre con el sello oscuro y gótico de Chelsea. De esta forma, la oiremos abriendo entre cuerdas mediante 'Cold' (toda una declaración de intenciones abriendo con ese "Te dejo ir / Necesito saber quien soy sin ti...") para luego ir ensuciando la atmósfera, con una cosa muy The cure en la dinámica 'Seethe', abrazando baterías electrónicas en 'Humours' o apostando por un relato más tétrico en la excelente 'Swallower'. Estas canciones, sin embargo, serán excepciones dentro de un álbum que en general persigue atmósferas limpias, ya sea entregándose a la calma del folk en 'Halo' + 'The dark' (que recuerda un tanto el sonido que PJ Harvey viene abrazando en sus últimos discos), coqueteando con el pop en la melosa 'I'm not there' o yendo al piano en 'Dancer in the sky', esto para en la recta final entregarnos la que claramente es la gran joya del álbum: 'Death is not the end', una abre en la más absoluta calma acústica para en el camino ir metiéndole suciedad al tema. 

Puede que Chelsea Wolfe nos haya traído acostumbrados a trabajos ariscos por lo que este The dark luzca demasiado sencillo en apariencia. Y es que lo es. La vocalista ha abierto el pecho hacia canciones más reconocibles que lo habitual, aunque jamás dejando de ser ella. El resultado continúa luciendo satisfactorio y aparece como una salida a tomar aire que el tiempo dirá si queda solo en esto o más bien representa el inicio de un nuevo ciclo.

¿Canciones? 'Cold', 'Swallower' y 'Death is not the end'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otros álbumes de Chelsea Wolfe:

viernes, 16 de octubre de 2026

He Visto A... BTS (14/10/2026)

"Cercanos, pese a la enormidad..."

Acompañé a mi hija a ver a BTS. Sinceramente no sabía demasiado de la banda, ni de dinámicas de fans o siquiera como sería el show. Estaba enterado de que este año se habían publicado algunos de sus conciertos de manera oficial pero ninguno lo vi, a lo más había hecho las tareas escuchando el reciente Arirang (del que escribí acá en el blog) por lo que iba a este concierto realmente abierto a la sorpresa. ¿Y con qué me encontré? Pues con un espectáculo en 360 grados, un escenario inmenso pensado para que absolutamente todo el público, donde sea que estuviese ubicado pudiese disfrutarlo a tope (primer punto positivo a destacar), y a unos BTS que pese a lo plástico del show se vieron bastante entregados a la causa, con momentos de sincera conexión con el público (segundo check). Desde lo musical el asunto si deja un tanto que desear para uno que viene del mundo análogo, pues dicho en simple: esto es (prácticamente) todo playback, y digámoslo, tampoco es que coreográficamente el asunto fuese demasiado impactante. Si, que los chicos bailan, pero esto no es Michael Jackson ni nada parecido, ni siquiera Lady Gaga o Britney, por lo que la excusa del doblaje debido al esfuerzo físico no cuela demasiado. Ahora, dicho lo anterior, realmente a muy pocas fanáticas les debe haber interesado el que BTS no canten (si, que hubo momentos en que cantaron, lo sé, pero fueron los menos) y más bien le den play a sus canciones desde el computador en la mesa de sonido, o que sobre el escenario no hubiese un solo músico siquiera; pues los chicos son un fenómeno en sí mismos y ellas asisten a rendirles culto. Y no hay más. 

El escenario de la gira es bastante inmenso, con cuatro brazos que a momentos son ocupados por los siete integrantes (sumado a un grupo numeroso de bailarines que les acompañan) y que cuentan con la particularidad de estar ubicados a muy baja altura por lo que seguro aquellas fans que estaban en cancha les tuvieron muy cerca en determinados momentos del show. 

Lo mejor de la noche por tanto me pareció la cercanía que BTS muestran hacia su audiencia (han sabido fidelizar al cliente, eso claro está), con pasajes en que se comunicaron con la gente incluso en español (realizando simpáticas referencias a elementos propiamente chilenos), así como la participación constante de las fans, que fuera de gritárselo todo, marcan presencia con unas linternas (las cuales compran por cerca de 100 dólares cada una) que se encienden de manera sincronizada junto a cada canción por lo que a veces el estadio estuvo rojo, a veces púrpura, amarillo, verde o azul, siendo esto algo bastante impresionante de presenciar en directo. 

Me quedo entonces con eso. Un espectáculo que en gran parte lo hace la gente, una banda bastante entregada (notable el momentazo en que BTS junto a sus bailarines recorren todo el estadio realizando una especie de vuelta olímpica) y una producción que desde el armado del escenario o la presencia de pantallas gigantes en 360 grados aseguran al espectador la visualización de un show de primer nivel. Sin embargo, de todas formas hubo detalles que quedaron al debe, al menos conmigo. Al concierto le faltaba cierta continuidad a ratos, por ejemplo, con ventanas (al menos dos, donde los integrantes van a cambiarse de vestuario seguramente) demasiado extensas (duraban más de cinco minutos, eran realmente eternas), mientras que la espectacularidad del escenario en cuanto a tamaño no me pareció fuese congruente con los efectos visuales que se presentan. Algún fuego artificial o juegos de luces, pero nunca sentí estar viendo algo realmente impresionante o único. Con todo, disfruté bastante del concierto y bueno, mi hija estaba feliz, que era finalmente lo realmente importante. 

Sonido: 7 (muy despacio al comienzo, luego le subieron)
Interpretación: 5 (90% playback, más allá del alguna balada o momento a capella) 
Puesta en escena: 7 (muchos bailarines sobre el escenario a ratos confundían la presentación. A destacar aquellos momentos en que la banda se comunicó o acercó con el público).  
Complementos: 7 (el escenario, inmenso e impresionante, pero faltaron más fuegos artificiales y que la estructura + pasillos se iluminase siendo mayor aporte al show. El detalle de las lámparas que se sincronizan es precioso, pero eso lo arma la gente, no necesariamente la producción)
Lista de temas: 8 (centrado en su último disco, lo cual siempre me parece positivo, pero con varios momentos enfocados en temas emblemáticos de discos anteriores)

6,8 / 10
(Muy) bueno.

martes, 13 de octubre de 2026

Amon Amarth : The Allfather Awakens (2026)

 "Lo mejor en casi quince años..."

De que la música de Amon amarth fue perdiendo peso y frescura con el paso de los años para nadie es secreto. Tras una tríada de álbumes publicados a fines de los años noventa en donde los suecos supieron desarrollar un death melódico de alto tonelaje (aunque algo monocorde, digámoslo) poco a poco la banda fue afinando la fórmula, acercándose a canciones más amenas que básicamente soltaron el componente death para acercarse a algo incluso más familiarizado con el powermetal. El antes/después claramente lo marcó la pasada por With oden on our side (2006) + Twilight of the thunder god (2008), álbumes que les convirtieron en una especie de Sabaton o Powerwolf de mayor peso, el problema es lo que vino después, una seguidilla de discos en exceso cómodos, carentes de ideas y completamente olvidables, álbumes cada vez menos inspirados que durante una década se dedicaron más que nada a reiterar un manual. Desde ahí, era poco lo que esperábamos de este álbum número trece para la banda, sin embargo, nobleza obliga: sin ser tampoco una maravilla (las cosas por su nombre), este The allfather awakens representa lo mejor que la banda ha grabado en casi quince años, digamos, al menos desde Surtur rising (2013). 

Lo dicho entonces, que estas diez canciones muestran a unos Amon amarth bastante más inspirados que lo habitual,  y es que si bien la banda abre los fuegos recurriendo al manual mediante una veloz 'Gjallarhorn' rápidamente comprobaremos que el asunto acá no solo apunta a algo mucho más diverso sino que además a canciones realmente interesantes en cuanto a arreglos. La cabalgata que propone 'Eight legs of thunder', por ejemplo, incluyendo ese trabajo de guitarras que acaba explotando en un exquisito solo ascendente o la oscura 'Kvasir's blood' (la mejor de todo el álbum con claridad, ojalá a futuro exploraran por acá), con un Johan Hegg yendo muy abajo con los guturales, hablan de que estos suecos al fin volvieron a encontrarse con la musa inspiradora. De hecho, es tanta la confianza que derrochan que se han atrevido a meter en el nudo del disco un tema acústico como 'Upphaf' así como cerrar el trabajo con los casi siete minutos de 'Ascending like an eagle'. 

Más allá de la otra mitad del álbum se dedique meramente a cumplir mediante sólidos lugares comunes, ya solo por las cinco antes mencionadas, sumadas al excelente medio tiempo 'Die with a war cry', este disco vale totalmente la pena y se enmarca como lo más destacado que Amon amarth han publicado en más de una década. 

¿Canciones? 'Eight legs of thunder', 'Kvasir's blood' y 'Upphaf'.

7/10
Muy bueno.

Otras reseñas de Amon amarth:

sábado, 10 de octubre de 2026

Five Finger Death Punch: Legacy (2026)

 "Lo mismo una y otra vez..."

Hablando de discos monótonos plagados de lugares comunes: el último de Five finger death punch. Una banda que definitivamente no parece aspirar a nada más que esto, dar vueltas en el mismo álbum una y otra vez. Lo cierto es que podrías tomar cualquiera de las canciones del anterior Afterlife (2022), intercambiarla por las de este Legacy y no encontrarías diferencia alguna. El mismo sonido, la misma producción, idénticas intenciones... 

¿Qué encontramos acá por tanto? Nuevamente diez canciones (que parece ser la cifra mágica que el mercado indica hoy como "adecuado") que oscilan entre ese rock meloso, contenido y tremendamente monótono, una especie de Disturbed pasado por agua (lo que ya es bastante decir) que jamás sorprende, nunca escapa de los moldes ni estructuras típicas (estrofa/coro/estrofa/coro). Canción a canción lo que suena es un conjunto de guitarras inofensivas y  vocalizaciones de manual para un álbum que pareciera todo el tiempo conformarse con el mínimo, al punto de que si alguien me dice que varias de estas canciones están compuestas por una IA, me lo creo...

Y eso, no da para más. De los peores discos que habré oído este año, si es que no el peor...


3/10
Pésimo.


Otras reseñas de Five finger death punch:
2022: Afterlife

jueves, 8 de octubre de 2026

President : Blood Of Your Empire (2026)

"Demasiado pensado..."

Otra banda de máscaras, otra banda de metal (?) que pretende sonar modernilla. Desde ahí, lo de President huele mal de entrada pues hablamos de un nuevo proyecto misterioso que aparece en la idea de refrescar la escena metalera (y ya van...), sin embargo; y por lo mismo, la pregunta cae de cajón: ¿hay algo interesante acá por oír o la banda genera más ruido por el envoltorio que por la música? En dicho sentido, algo habíamos podido anticipar exactamente un año atrás (todo fríamente calculado claramente) mediante la publicación del EP King of terrors, asunto que corroboramos con este Blood of your empire, diez canciones que en menos de cuarenta minutos se pasean por todo lo que esperamos de este tipo de agrupaciones, dígase, una producción actual (de esa que contiene la estridencia), riffs entrecortados, estructuras que juegan a ser eclécticas, con momentos electrónicos, otros hiphopeados o coros marcadamente melódicos, todo esto puesto en una juguera con un elemento clave que espolvorea el cóctel por completo: la falta de pasión.

Y es que en esto último es donde falla este proyecto, todo suena tan jodidamente pensado que resulta muy difícil enganchar con estas canciones, las cuales te transmiten poco y nada. ¿Tendrá que ver el tono constantemente opaco del vocalista? ¿La falta de desenfreno a la hora de explotar? ¿La tendencia constante al coro melódico? ¿Todas las anteriores? Como sea, más allá de alguna aceleración divertida que el proyecto regala en cosas como 'Pink noise', los afanes emocionales de 'Dionysus', el pop declarado que se enlaza con guitarrazos muy a la Deftones en 'Mercy' o las reminiscencias simpáticas que recuerdan al Limp Bizkit de fines de los noventa que aparecen en 'Hate figure', este conjunto presenta muy poca cosa que te haga querer volver y más bien se presenta como uno de esos álbumes que se quedan en la caricatura de lo que pretenden. 

De lo más olvidable del año claramente...

¿Canciones? 'Dionysus', por buscar alguna.

5/10
Nada muy especial...

martes, 6 de octubre de 2026

Mastodon: Marrow Deep (2026)

"Entre lo sombrío y la esperanza..."

Nuevamente la tragedia. Si Crack the skye (2009) estuvo marcado por el suicidio de la hermana de Brann Dailor (de apenas catorce años) y Hushed and grim (2021) por la muerte de Nick John, manager histórico de la banda, este 2026 llegó empapado en dolor para Mastodon, primero con el fallecimiento de la madre de Dailor un año atrás y luego con la noticia del accidente fatal sufrido por Brent Hinds, herida que seguro marcará el destino de la agrupación. Este Marrow deep llega a nosotros por tanto en medio de un aire especial, una sensación que oscila entre lo sombrío y la esperanza, pues lo que tenemos acá es a una banda que ha intentado rearmarse con lo que les queda, construyendo un trabajo que no le hace el quite a la tristeza provocada por la pérdida; esto mediante doce canciones que en poco más de sesenta minutos vuelven a entregar esa versión que conecta de manera notable la dureza del sonido de Mastodon con su arista más sensible.

En búsqueda de dar con la tecla adecuada la banda ha colaborado en producción con un curioso tándem, el sueco Patrik Berger (que viene del mundo del pop) + Kurt Ballou (histórico guitarrista de Converge), y además han incorporado a dos integrantes a la formación, Nick Johnston en guitarra y Joao Nogueira en teclados, ahora, lo cierto es que toda esta nueva experiencia ha llegado a buen cause, las ideas han fluido por lo que Marrow deep ha acabado funcionando a la perfección. No es un disco fácil (¿alguno de Mastodon lo ha sido?) pero si es un álbum que logra transmitir de manera impecable una sensación de contundencia, de fuerza en los arreglos e interpretaciones vocales, con el constante duelo entre Troy Sanders + Brann Dailor luciendo en excelente forma. Lo anterior lo apreciamos rápidamente cuando las líneas apocalípticas de 'Barbarians blood' emerjan ("Estamos en peligro / Perdiéndolo todo / Como el fuego / Quemando lo que alguna vez amamos..."), seguida de 'Poisonous weapons' + 'Your ghost again', siendo este el primer momento marcadamente emocional del álbum, el cual encontrará complemento en la sólida 'Snakes for dinner', también esta con claras referencias a aquella pérdida que te deja ante preguntas sin respuestas ("Cuando te fuiste tomaste la luna y las estrellas / Enterrándolas profundo en el océano / Cuando te fuiste tomaste nuestros corazones y mentes / Todo lo que pude encontrar bajo la mugre fueron recuerdos...").

La labor de los nuevos integrantes (guitarra y teclado) se sentirá por primera vez con fuerza en la sección instrumental de 'Out like a bomb' así como en la recta final del disco, esos quince minutos armados por dos joyas psicodélicas y experimentales como la setentera 'The vanishing', esta con la particularidad de contar con la participación del mítico Geezer Butler en el bajo (el favorito de la madre de Dailor, por cierto) + 'The three fates', esto no sin antes haber pasado por otra serie de momentos desbordantes en energía como los que se viven con 'Golden spires', la absolutamente furiosa 'A vampire's demeanor' o el notable giro de temperamento que entrega 'Moth and bone', una que abre en medio de la más exquisita calma para luego ir regalando explosiones sucesivas.

Como detalle está el de costumbre: la extensión. Considerando lo monocorde del sonido de Mastodon, dos o tres temas menos habrían ayudado a la experiencia global, sobre todo considerando el que acá, tal como en el pasado Hushed and grim (2021), existen momentos en que la banda explora un tanto fuera de la caja, sin embargo, estos terminan quedando algo escondidos entre tanta canción que la banda incluye en la lista. Ahora, con todo, la banda ha vuelto a entregar un trabajo de alto vuelo. Marrow deep conjuga de gran forma la tecla emotiva del metal, esa que ya habían tocado unos años atrás y que acá han vuelto a desarrollar. Uno de los buenos discos del año.

¿Canciones? 'Your ghost again', 'A vampire's demeanor'  y 'The vanishing'.

8/10
Excelente.