sábado, 13 de julio de 2024

Ulcerate: Cutting The Throat Of God (2024)

"La vara demasiado alta..."

Mirado a distancia, podríamos afirmar categóricamente que una década atrás mediante un álbum como Vermis (2013) fue que Ulcerate acabó de pulir su fórmula volviéndose de pronto una máquina sonora verdaderamente aplastante. Hoy el death progresivo que trabajan funciona como una apuesta segura que enroca contundencia con virtuosismo y atmósferas tan angustiantes como a momentos asfixiantes, una labor nada sencilla y que explica el que la banda venga tomándose cuatro años entre lanzamientos desde hace un rato. Ahora, el que los neozelandeses hayan encontrado su lugar seguro presenta, sin embargo, también algunas dificultades, las cuales me parece se evidencian por primera vez en su carrera en este Cutting the throat of god, un disco impecable desde todo punto de vista donde todo se encuentra exactamente en el lugar indicado pero que al mismo tiempo carece de sorpresa, dejando la sensación de que la cima la han alcanzado en el pasado Stare into death and be still (2020) y en este no han hecho si no replicar la fórmula. 

¿Es esto último un gran problema? ¡En absoluto! O sea, por favor, ya se quisiera cualquier banda un álbum como este, poderoso desde un comienzo, cuando 'To flow through ashen hearts' abra en calma para al minuto lanzarte encima una tonelada de buen metal, impactando tu ser contra la fuerza de un sonido incontestable, ejecutado con la precisión acostumbrada (lo de Jamie Saint Merat en batería nuevamente es fenomenal) y unos cambios de velocidad ante los que no queda si no rendirse. Pasa la primera y quedamos sinceramente extasiados, esto es Ulcerate en toda su esencia desenfundado su poder y la tentación de escribir "disco del año" es enorme. Pero existe un problema: que se vienen seis más en la misma línea (todas muy extensas además, siete a ocho minutos cada una). Los mismos tiempos, los mismos parones para tomar aire y las mismas aceleraciones, por lo que inevitablemente la monotonía se apropia del lugar y la sensación de que "ya lo hemos oído todo" se hace presente demasiado pronto en el disco. 

¿Y es que alguien podría alegar algo ante cosas tan colosales como 'The dawn is hollow' o 'Transfiguration in and out of worlds'? Son todo estructuras intrincadas, complejas, rebuscadas y muy pensadas, con un Paul Kelland enorme en las voces relatando guturales y donde la descarga de intensidad es constante pues la banda solo suelta el acelerador para tomar impulso. Sin embargo, los temas son tan extensos y mono sonoros que otras, verdaderas joyas como 'Further opening the wounds' (o toda la recta final) se te vuelven eternas, dejándose sonar como un río que corre y corre y corre. ¿Agradable? Claro que si. ¿Monótono? También. 

¿Te imaginas comiendo el mismo plato sabroso y gourmet todos los días durante un mes? Algo así es Cutting the throat of god. Los primeros cinco días seguro lo encuentras exquisito y te sientes maravillado con lo que tu paladar recibe, pero al quince seguro ya extrañas el arroz y al veinte matarías por unas ordinarias papas fritas...

En definitiva. Si este es el primer disco que oyes de Ulcerate, seguro te parecerá grandioso e impactante (¡que lo es!), ahora, para quienes les venimos siguiendo desde hace un buen tiempo, la experiencia resulta satisfactoria aunque redundante. Acá hay técnica, oscuridad, violencia en el sonido, ejecuciones de primera y atmósferas inmersivas dispuestas a no dar tregua. El problema es que todo eso ya lo teníamos en discos anteriores por lo que la vara estaba muy arriba y aquello inevitablemente merma un tanto la experiencia. 

¿Canciones? 'To flow through ashen hearts', 'The dawn is hollow' y 'Transfiguration in and out of worlds'.

8,2 / 10
Excelente.


Otras reseñas de Ulcerate:

miércoles, 10 de julio de 2024

Bring Me The Horizon: Post Human (Nex Gen, 2024)

 "Pop sobrecargado de artificios..."

Con Bring me the horizon me había quedado allá por 2019 cuando publicaron Amo, un conjunto vacío que colocaba el efectismo por sobre las canciones estableciendo un claro desequilibrio entre las formas y el fondo. Desde entonces no supe más de ellos. Ahora me entero que, como era de prever, un año más tarde los tuvimos recuperando algo de peso (?) mediante Post human: Survival horror (2020), aunque claro, ya transformados en una banda completamente diferente a la que alguna vez sorprendió coqueteando con el death en aquel lejano Count your blessings (2006) y mucho más cercana a la electrónica, particularmente al hyperpop, mundo que vuelven a visitar en este nuevo Post human: Nex gen, un álbum de clara continuidad respecto a su antecesor aunque desde lo musical luce como un conjunto de contrastes, de luces y sombras confusas pero que ciertamente forman parte de la esencia de la banda a estas alturas.

Me explico. Para nadie es secreto que Bring me the horizon se han transformado en una especie de Coldplay del metal mainstream, es decir, una banda que tiempo atrás fue capaz de captar un importante target adolescente y viven de aquello. Saben que hagan lo que hagan habrán millones dispuestos a acompañarles de manera incondicional por la simple y sencilla razón de que han formado parte de sus vidas. Así funciona el fenómeno fan, no lo vamos a descubrir hoy. Por ello, cuando en 2020 la banda regresó a su veta más chillona/comercial entre canciones como 'Parasite eve' o 'Teardrops' muchos seguro se emocionaron al sentir que la banda re encaminaba su carrera hacia un álbum como Sempiternal (2013), pero hoy cuando abren con algo tan insulso, meloso y obvio como 'Youtopia' (lo siento eh? pero yo me rebelo a la ridiculez de titular canciones entrelazando mayúsculas con minúsculas), los mismos también se emocionan porque sienten el regreso de anda a saber que. Lo cierto es que los fans se van a emocionar siempre que sus ídolos vuelvan, y no hay más. 

No deja de ser cierto, sin embargo, que Bring me the horizon se encuentran para bien y para mal en un punto donde pareciese que todo vale, porque efectivamente en esta etapa Post human han vuelto a las melodías con fuerza pero incorporando una mescolanza elementos tomados de distintos lugares. ¿El resultado? Un pop sobrecargado de artificios (¿mencioné la relación con Coldplay, no?) que a veces funciona, como en el caso de 'Kool-Aid' (donde Oliver Sykes se mueve en diferentes registros aportando diversidad), pero en ocasiones no hace si no esconder estructuras simplonas que les acerca al pop punk comercial post 2000 de bandas tipo My chemical romance (ahí tienes 'Top 10 statues that cried blood', 'Darkside', 'Lost' o 'Strangers'). En ese camino, resulta curioso el homenaje evidente (que roza el plagio) que realizan a Deftones en 'Limousine' (junto a la noruega Aurora en voces) o el que en 'n/a' abran en un sencillo acústico para luego buscar la explosión mientras que en otros momentos se lanzarán de plano al sobrecargo armando canciones realmente insoportables, como 'Bullet w/th my name on' o 'R.i.p', donde cargan la balanza hacia el sonido hiperactivo. 

En definitiva, estamos ante otro álbum de Bring me the horizon cuya principal foco está puesto en el confeti de la producción. De hecho, si quitamos todo el maquillaje electrónico que adorna cada una de estas canciones, ¿qué nos queda? Pues un pop de estructuras (en su mayoría, que no todas) bastante tradicionales y coros contagiosos. La banda busca el impacto por tanto de manera artificial, desde los títulos ('[ost] p.u.s.s.-e', o sea...) hasta la estridencia del sonido, lo cual por si solo no es un punto negativo pero si en ocasiones terminan opacando canciones que sin todo el ruido habrían funcionado mejor ('Dig it', claro ejemplo). 

¿Canciones? 'Kool-Aid' y 'Lost'.

6,8 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Bring me the horizon:
2019: Amo

domingo, 7 de julio de 2024

Knocked Loose: You Won't Go Before You're Supposed To (2024)

 "Por sobre los prejuicios..."

Pasa con todos los géneros, que al adquirir popularidad las bandas acaban prostituyéndose hasta el hartazgo, agotando las fórmulas y transformándose en meras caricaturas carentes de identidad, lo cual inevitablemente termina alejando más que acercando a cualquier auditor casual. Ocurrió con el glam en los 80s, el grunge en los 90s, nu metal en los dos miles y con el metalcore en los 10s. En dicho contexto, las barreras con una banda como Knocked loose existen ya que hablamos de una agrupación reciente, por lo que los prejuicios juegan acá... y bastante. ¿Otra banda más de chicos rabiosos/depresivos? ¿Otra banda tarrienta y chillona? Pues bastante de eso hubo en el debut Laugh tracks (2016) y en su respectiva continuación A different shade of blue (2019), aunque en ambos se podían reconocer pequeños momentos donde la banda intentaba matizar la fórmula mostrando diversidad de influencias y no siempre tirando por lo obvio. Por lo mismo, había que ver el camino que tomaban ante el siempre interesante desafío del tercer disco ¿Estiramos con calco el hilo de los dos primeros? ¿Incorporamos uno que otro elemento para tantear terreno? ¿Hacemos un giro brusco y escapamos del target? Finalmente You won't go before you're supposed to vive entre nosotros y pareciese inclinarse por la segunda opción, es decir, la del disco de continuidad pero que escapa del "más de lo mismo", un conjunto que sostiene una identidad pero muestra crecimiento. 

Antes que todo eso si, imposible no referirse a la lamentable producción a cargo de Drew Fulk (a.k.a WZRD BLD): espantosa. Ruidosa a más no poder con una ecualización que vuelve inaudible el disco a un alto volumen, lo cual seguro se volverá un muro infranqueable para muchos. Esto porque además el disco desenfunda el conjunto más histérico que hayan publicado a día de hoy, uno que les continúa alejando de sus pares y les acerca aún con más fuerza al sonido de una banda como Converge (con quienes la comparación es algo obvia), entonces, sonido histérico y producción tarrienta, que decir,  mala combinación por donde se mire.

Hecho el descargo, vamos a las canciones y al conjunto propiamente tal. Ahí, vuelven a reducir la duración del trabajo (como hicieron en el debut de 2016), llevándolo a los veintisiete minutos de extensión a diferencia del antecesor donde se habían acercado a los cuarenta. Las canciones son por tanto breves todas (de dos a tres minutos) y van bastante al grano con una banda desatada desde el primer minuto, cuando 'Thirst' muestre a un Bryan Garris salvaje interactuando en velocidad con los guturales del guitarrista Isaac Hale. Tanto 'Piece by piece' como 'Suffocate' (en una colaboración que fluye perfecto con Poppy) irán en una línea similar (interesante el momento reggaetonero que se marcan en la segunda) y será recién en 'Don't reach for me' cuando la banda baje un tanto las revoluciones y juegue un tanto más con la estructura introduciendo una serie de breakdowns y realizando varias pausas en el tema para "desnudar" el sonido. Acá también es donde el disco convence, cuando Knocked loose parecen tener demasiado claro lo que están haciendo y no unicamente metiendo mano al efectismo de los primeros temas, algo que se corrobora en la fantástica 'Take me home', la cual desarrollan sobre la misma sección de guitarra utilizada antes en la breve 'Moss covers all' aunque también jugando con el trabajo de percusiones. Pareciese que experimentan con su sonido pero lo realizan con una madurez enorme. 

Ya en la recta final el disco retomará una arista más obvia, retomando la línea más hardcore, salvaje e histérica tanto en 'Slaughterhouse 2', esta vez realizando desafíos vocales junto a Chris Cerulli de Motionless in white (con quienes Bryan Garris había colaborado en una "primera parte" de este tema, publicado en un álbum de 2022), 'The calm that keeps you awake' con una partida de guitarras bastante nu metaleras pero que rápidamente rompen en una estructura más tradicional donde Isaac Hale vuelve a apoyar con guturales, 'Blinding faith', otra que bien juega con los parones estructurales y el cierre con aires solemnes que entrega 'Sit & mourn' (la más extensa de todas además).

En You won't go before you're supposed to si bien la banda conserva su esencia frenética, se las arreglan acá para ir un tanto más allá tanto en términos de estructuras como de intereses creativos. Se muestran suficientemente diversos como para mantenernos interesados y abiertos a lo que pueda venir a futuro. No solo estamos ante el mejor disco de Knocked loose a la fecha si no también como uno de los buenos que nos habrá dejado 2024, lo cual considerando la tarrienta producción no es poco decir.

¿Canciones? 'Don't reach for me', 'Take me home' y 'Blinding faith'.

8,2 / 10
¡Excelente!

jueves, 4 de julio de 2024

Kvadrat: The Horrible Dissonance Of Oblivion (2024)

 "La desolación y el olvido como motor creativo..."

Uno de los principales motivos por los que existe este blog es mi fascinación por hacer llegar música (e ideas) a otras personas. Por lo mismo, este álbum debut de Kvadrat me supone un desafío exquisito pues hablamos de un proyecto particularmente desconocido para el mundo (como muestra las escasas reproducciones que cuenta en plataformas de streaming) pero de una tremenda riqueza, tanto en lo interpretativo como argumental. Pero bueno, sin ir más lejos me doy a a la tarea de descuartizarlo en un texto...

He acá otro proyecto pensado y ejecutado por un solo tipo pero que se hace pasar por banda. Me refiero al griego Ivan Agakechagias, quien se encuentra a cargo de absolutamente todo en su álbum debut bajo el pseudónimo Kvadrat, arreglándoselas para entregarnos uno de los álbumes más fascinantes que seguro oiremos durante 2024 (quienes tengamos el privilegio, claro). El caso es que mediante siete canciones el multi instrumentista nos presenta un trabajo que hace carne sentimientos tan oscuros como la desolación y el desencanto provocado por la soledad y el olvido (de ahí el título de la obra y también la portada, con este hombre atrapado en un cubo de oscuridad y angustia), y lo hace mediante el sonido que le permite ir ahí y transmitir, es decir, un metal que a ratos es death y a ratos black, que suena tan furioso como desgarrado entre atmósferas marcadas por la desesperanza y, digámoslo, la tristeza. Algo que se comprende mucho mejor yendo a las letras, lo cual no es cosa fácil pues el álbum está cantado en la lengua nativa de su compositor (es decir, griego), aunque incorporando leves pasajes en inglés en una que otra canción (supongo en el afán de "acercar" un tanto los textos a un oyente casual).

Yendo a lo estrictamente musical, un primer elemento a aplaudir es la producción del disco. Desde ahí el músico ha acertado pues el trabajo siendo extremo en su sonido, no molesta ni cae en ese exceso de ruido y/o estridencia que suele empañar al metal actual. Esto lo apreciamos de inmediato cuando irrumpa una canción como 'Laberinto subterráneo' (mencionaré los títulos en español para facilitar en este caso comprensión). En esta los instrumentos entran en pleno generando alta intensidad inmediata, un doble pedal demoledor + guitarras punzantes pero donde todo está ecualizado a un punto preciso, transmitiendo a la perfección la fuerza con que carga el sonido. 

En materia de temáticas el disco funcionará básicamente en dos trazos paralelos, aunque en ambos el eje común será la experiencia de vivir el dolor en la total y absoluta soledad. En ocasiones el blanco será la sociedad, como en la mencionada 'Laberinto subterráneo' ('Υπόγειος λαβύρινθος') donde se insinuará el que somos parte de un engranaje macabro ("Un mosaico existencial / Horrible masa amorfa / Un mosaico humano / Pueblos que mantenemos vivos / Cubos de carne podrida / Ladrillo a ladrillo para construir nuestra prisión") o más adelante en 'Ojos de cristal' ('Γυάλινα μάτια') con esas pausas y desates constantes que irán más al hueso expresando lo que significa encontrarse solo en medio de la masa ("Una multitud con enfermedades terminales / Pandemia social / Todos juntos y completamente solos a la vez..."), mientras que otras piezas serán mucho más "personales" abordando directamente el sufrimiento del ser humano, ya sea ante una enfermedad física o mental. 

En dicha línea se mueve '-4°C' ("Te sentirás muerto del escalofrío constante / Entre ríos de sangre podrida / En un mundo frío e inhóspito"), siendo esta la primera que en su recta final incorporará una estrofa en inglés donde se percibe la desesperación del relato ("No tengo descanso / Córtame la puta cabeza / Quiero sufrir en silencio..."), también 'Inexistencia séptica' ('Σηπτική ανυπαρξία'), donde Kvadrat se interna en terrenos tremendamente oscuros abordando la locura que puede provocar la agonía en el dolor ("Solo queda un poco de tiempo / Tus horribles gritos ya te han arrullado / Mírate directamente a los ojos / Mantén tu columna y piernas para que puedas sostener tus restos / Temblando de dolor / Agonía horrible / Congelando tu risa / Apaleado hasta la extinción..."), mientras que la gran joya en esta línea será aquella que titula el álbum, 'La horrible disonancia del olvido' ('Η φρικτή δυσαρμονία της λήθης'), la cual en más de ocho minutos expresa en música y palabras la angustia que puede significar el vivir una enfermedad como el Alzheimer (o cualquiera que involucre la pérdida de la mente) en líneas realmente devastadoras ("¿Quién eres en el espejo? ¿Qué ha sido de mi? ¿Cómo terminamos así? / Habitaciones y ciudades vacías / No hay señales de vida / Ahora una muerte cerebral / Lucho contra el tiempo a ciegas / Horas, días, años / Tardes sin fin..."), todo esto enmarcado en un metal que reproduce a la perfección todo el pesar que la temática requiere. 

Finalmente, el álbum cerrará en el tono que requería en los nueve minutos de 'Decadencia total' ('Ολική αποσύνθεση'), también la más singular del disco con una intro que sobre pasa los tres minutos, abriendo de manera cristalina para lentamente ir aumentando la tensión hasta romper en plan denuncia con todo el pesimismo y desencanto posible ("Llena el aire de podredumbre y contamina la atmósfera / Altera toda la realidad / Ella teje la red para sus larvas / Para ocultar la vergüenza en sus capullos..."), cerrando así un álbum fabuloso en el amplio sentido de la palabra. 

The horrible dissonance of oblivion funciona desde todos sus ángulos posibles. Un disco que si lo oyes obviando las temáticas que trata es capaz de transmitirte tanto ira como angustia, ahora si sabes lo que el tipo está cantando el asunto se eleva a otro nivel. Estructuralmente el disco es creativo, en materia de atmósferas suena tan podrido como puede y las ejecuciones instrumentales (+vocales) son impecables. Metal de alto corte y si consideramos que es el debut en largo del griego Ivan Agakechagias, que decir, extraordinario.

¿Canciones? Cualquiera, son todas enormes y el álbum funciona como un todo.

9/10
Brillante.

lunes, 1 de julio de 2024

Six Feet Under : Killing For Revenge (2024)

 "Sin ideas..."

Ha llegado la hora de escribir respecto a uno de los álbumes más lamentablemente esperados del año. Y es que si bien la discografía de Six feet under venía desplomándose álbum tras álbum desde hace al menos una década (lo cual coincide con el cambio de integrantes de 2011, digámoslo), tanto Undead (2012) + Unborn (2013) como el posterior Crypt of the devil (2015) resultaron ser discos perfectamente disfrutables, no así Torment (2017), la primera señal de que algo andaba mal con Chris Barnes tanto en términos de ideas como vocales, asunto que acabó por evidenciarse dramáticamente en el espantoso Nightmare of the decomposed (2020). El morbo con este nuevo disco estaba por tanto instalado y no pocos lo esperaban con la mesa dispuesta a descuartizar lo que viniese, y bueno, con el disco ya entre nosotros desde hace un par de meses (lo cual siempre ayuda al análisis) las preguntas caen de cajón: ¿es el desastre esperado? ¿Barnes está realmente acabado? ¿mejora respecto al nefasto antecesor? Pues veamos...

Lo primero, que nobleza obliga: lo han intentado. Cuatro inéditos años se han tomado para lanzar este Killing for revenge, lo cual evidencia que Chris + Jack Owen sintieron el golpe por lo que han intentado volver con algo de nivel (comenzando por la portada, a cargo de Vincent Locke, el mismo creador de las primeras de Cannibal Corpse). El problema es que jamás Six feet under ha sido una banda particularmente innovadora y si a eso agregamos el desgaste vocal de Barnes, que decir, es poco lo que se puede hacer. Por esto mismo es que seguramente la banda intenta abrir de manera agresiva mediante el tridente 'Know-nothing ingrate' + 'Accomplice to evil deeds' + 'Ascension', diez minutos donde la agrupación acelera a fondo y recurre al manual death para generar impacto. El resultado es disfrutable, digámoslo, sin embargo basta que los tiempos bajen para que todo comience a caerse a pedazos. A la vuelta de la esquina 'When the moon goes down in blood' suena tremendamente básica desde lo instrumental mientras que 'Hostility against mankind' expone todos los problemas de Chris Barnes en las voces, un tipo que (literalmente) ya no puede cantar, solo berrear frases cortas. Desde lo musical también el asunto impacta, ¿qué es eso que realizan pasado el 1:45? ¿En serio no pueden componer algo menos amateur?

Algo más entretenida parece sonar 'Compulsive', el único tema además donde la guitarra de Jack Owen impone presencia y pareciese desesperadamente con ese solo querer levantar el nivel, muy poco eso si ante un disco que en su segunda parte toca fondo, sobre todo con 'Neanderthal', transformada desde ya en el chiste del álbum, el meme hecho música. Algo que ya ni siquiera da pena, es que te partes de la risa oyéndola. Luego, de la recta final es poco lo que se puede decir más allá de que no se distinguen diferencias entre 'Judgement day' , 'Bestial savagery' y 'Mass casualty murdercide', completamente genéricas todas. Finalmente, que en el cierre te planten un rocanrolazo como 'Hair of the dog' de Nazareth, con Barnes haciendo un completo ridículo en las voces, a mi curiosamente me ha dejado un gusto simpático. Al menos se ríen de nosotros y de ellos mismos, al menos pareciese se pasaron un buen rato juntos grabando esto. Es algo...

El disco es malo. Es cierto que más bajo que Nightmare of the decomposed no se podía caer por lo que alguna cosita acá ha servido para levantar el ánimo pero tal parece que para mucho más Six feet under no está. 

¿Canciones? 'Accomplice to evil deeds'. 'Compulsive' quizás...

3/10
Pésimo.


Otras reseñas de Six feet under:

jueves, 27 de junio de 2024

In Vain: Solemn (2024)

 "Regreso de altura..."

Le guardo especial cariño a esta banda, seguramente debido a que les descubrí diez años atrás y enganché rápidamente con un álbum como Ænigma (2013), el cual me sigue pareciendo pieza cumbre dentro de lo que estos noruegos llevan a cabo, es decir, ese death melódico con coqueteos progresivos enmarcados en un constante ir y venir vocal, pasando de momentos guturales a otros desbocados + coros limpios/melódicos. Nada nuevo, verdad sea dicha, y quizás por lo mismo, conscientes de que es fácil agotar este tipo de fórmulas es que In vain se toman tiempo entre cada lanzamiento, fueron cinco años para Currents (2018) y ahora han sido seis para este Solemn. Dicho en simple: dejan que el plato se enfríe para luego volver a realizar el ataque despiadado, uno que en este quinto trabajo se manifiesta en plenitud seguro dejando más que satisfecho a todo quien les haya extrañado durante estos años.  

Desde un comienzo por tanto el tándem se expresa en total claridad. 'Shadows flap their black wings' suena impecable con sus estrofas guturales seguido de un puente limpio que desemboca en un coro histérico, estructura que dará un par de vueltas para pasando los tres minutos lanzarte un solo extenso marcado por las armonías de guitarras y una recta final que retomará los coros (incluyendo la curiosa presencia de trompetas hacia el cierre). Que decir, todo de manual, pero funciona perfecto. In vain saben muy bien lo que hacen y vaya que sacan brillo a la fórmula. Hay un problema, sin embargo: la repetición. Finalmente, sabemos tan bien por donde irá el asunto que en el canción a canción casi asumimos que debemos "aceptar" los primeros dos a tres minutos para luego realmente acceder a lo interesante. Ocurre en 'To the gallows', por ejemplo, cuya primera sección parece ser un mero trámite que da paso a un trazo melódico mucho más relevante y un cierre fenomenal (todo sea dicho), en 'Season of unrest', que baja los tiempos a cero tras el primer tercio de canción para volver a nacer junto a un delicado saxofón.

Dado lo anterior, una pieza como 'As the going down of the sun' resulta particularmente atractiva gracias a las atmósferas tétricas que construye sobre tiempos ralentizados, mientras que en 'Where the winds meet' o 'Beyond the pale' encontraremos los pasajes más violentos y bestiales del disco, bastante cargados al death aunque de todas formas realizando parones bruscos y melódicos en los coros, es decir, del manual no se olvidan nunca. 

Por lo mismo, dada la contundencia de la propuesta, puede que la banda se haya excedido en la duración del disco. Entiendo que al no lanzar algo en seis años In vain sientan la necesidad de entregar todo lo que tenían a su público, sin embargo, una hora de música se hace demasiado para una fórmula a momentos tan densa (y repetitiva, digámoslo), al punto de que a las tres finales (que se marcan veinte minutos entre todas) cuesta llegar con real interés, lo cual resulta triste considerando el cariño que transmite una canción enorme como 'Eternal waves' (ese quiebre en el 2:30, ¡precioso!) o lo singular que suena 'Watch for me on the mountain', una que con su relato en calma y tintes épicos se desmarca por completo de todo lo que antes había sonado.  

Solemn de In vain acaba dejando sensaciones de dulce y agraz. Es un gran disco (de eso no cabe duda) que trae de regreso a los noruegos en plenitud. Cada canción que acá presentan está ejecutada con precisión quirúrgica y las incursiones progresivas (sin lugar a duda el aspecto mejor logrado del del disco) son enormes. El problema es que a ratos se les ve el plumero. Las fórmulas son evidentes y reiterativas, lo cual merma un tanto el viaje y lo vuelve algo pesado. Con todo, es un regreso de altura.

¿Canciones? 'Shadows flap their black wings', 'As the going down of the sun' y 'Eternal waves'.

7,8 /10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de In Vain:

martes, 25 de junio de 2024

Darkthrone: It Beckons Us All....... (2024)

"Nada nuevo bajo el sol..." 

Si algo ha caracterizado la carrera de Darkthrone ha sido tanto la productividad como la constante exploración. Los noruegos no paran, al punto de que desde 1991 jamás han pasado tres años sin que tengamos un nuevo trabajo del dúo y de hecho llegan a este 2024 lanzando prácticamente un disco por año desde 2019. Este ritmo prolífico evidentemente habla bien del descaro de Fenriz + Nocturno Culto, quienes funcionan bajo normas propias grabando lo que les sale de los huevos, sin embargo, también acaba mermando el factor sorpresa entre nosotros. Dicho en simple: muchas expectativas no existen ante un nuevo trabajo de Darkthrone pues sabemos que la banda en un año no te va a reinventar la rueda (tampoco hace falta eh?). Finalmente, sus álbumes vienen desde hace una década respondiendo a un metal podrido pero que tiende al aletargamiento, con reminiscencias doom y estructuras repetitivas, elementos que lucieron bastante bien en toda la pasada por The underground resistance (2013) + Arctic thunder (2016) + Old star (2019) pero que inevitablemente fueron perdiendo frescura tanto en Eternal hails....... (2021) como en Astral fortress (2022), al punto de que este último ni siquiera llegué a comentarlo acá en el blog dado lo poco interesante que me pareció. En ese camino este nuevo It beckons us all...... se instala en la línea de sus dos antecesores inmediatos, es decir, mantiene esa tendencia a dar vueltas hasta el hartazgo sobre una idea al punto de hacerte perder interés sobre la propuesta presentada. 

Dicho lo anterior, cabe mencionar que el álbum va de más a menos. Nos plantean acá un nuevo disco de pocas canciones pero extensas, son siete en cuarenta y tres minutos de música, abriendo y declarando intenciones en 'Howling primitive colonies', de sonido crudo donde los riffs de guitarra lo son todo pues la estructura gira en torno a estos y las voces no son más que un relato hablado que solamente complementa. 'Eon 3' va en la misma línea aunque apostando a una atmósfera más tétrica (las voces son meras exclamaciones de conceptos al aire) que realizará un giro (2:25) ralentizando aún más los tiempos. Por esto mismo, la velocidad que imprimen en 'Black dawn affiliation' sabe bien, aunque en la extensión parecieran querer ocultar la falta de ideas (lo que hacen en el quiebre del tema desde el minuto tres en adelante solamente dando vueltas sobre un riff, que quieres que te diga...) mientras que la Cara A cerrará con un instrumental de tres minutos que no disgusta pero tampoco encanta. 

A la segunda parte del álbum llegamos con sensaciones encontradas, las cuales se acentuarán considerando que el dúo ha dejado para el cierre los dos temas más extensos del disco, 'The bird people of Nordland' de casi ocho minutos y 'The lone pines of the lost planet' que supera los diez. La primera deja mucho que desear, desganada en sus primeros cuatro minutos la intentan levantar acelerando hacia el final pero no alcanza mientras que la segunda abre con una guitarra limpia que ilusiona pero al minuto girará hacia otra estructura lenta y repetitiva con algún cambio poco atractivo durante el desarrollo.

Las sensaciones que deja este It beckons us all....... no son positivas. No es este el disco que uno le entregaría a alguien que no conozca a Darkthrone (salvo que quisieras que no les oyese nunca más) si no más bien un trabajo apto únicamente para amantes del dúo, quienes les vienen siguiendo el paso desde al menos los últimos veinte años y se han encariñado con esta etapa final cargada a las atmósferas (cada vez más) ralentizadas. Ahora, incluso en dicho contexto el disco falla a causa de la ausencia de momentos inspirados. 

¿Canciones? Con paciencia, 'Howling primitive colonies'.

5/10
Nada muy especial...


Otras reseñas de Darkthrone:
2021: Eternal hails......
2019: Old star