"Más ambiciosos..."
Muy bueno.
CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
"Más ambiciosos..."
"Mirada hacia el pasado con descaro y talento..."
Las canciones que componen por tanto este Is this it no destacan en absoluto por desarrollar estructuras complejas (todas rondan los dos a tres minutos), ni siquiera por interpretaciones demasiado apasionadas (sin ir muy lejos, el registro de Julian Casablancas pareciese el de un tipo que está cantando con desgano), sin embargo, en la producción está la magia pues el disco aún en su sencillez contó con un sonido llamativo, cierta saturación en las guitarras de Albert Hammond Jr. y voces, lo cual le entregó vida particular al álbum. Lo anterior se percibe de inmediato cuando 'Is this it' (la canción) introduce la atmósfera del disco, una canción que avanza a su ritmo (lento, espeso), casi como si entrase caminando a una sala, esto para luego soltar algo más de energía con todo un neo clásico como 'The modern age', un tema que acelera los tiempos e introduce ágiles guitarrazos, aunque ojo al punto: siempre de manera controlada, pues incluso en sus momentos más dinámicos la canción jamás parece desatarse demasiado, algo que también ocurrirá más adelante en 'Soma', 'Barely legal' o 'Alone, together', siendo el cierre a cargo de 'Take ir or leave it' el único momento en todo el disco en donde la banda parece "chasconearse" un tanto. De hecho, el resto del álbum destacará fuertemente por los aspectos melódicos que regala, me refiero a pasajes simples pero simpáticos y tremendamente juveniles que se viven en 'Someday, 'Last nite' o 'Hard to explain'.
Mirado a distancia, cabe la reflexión: ¿Marcaron The strokes el comienzo del fin de la era dorada del rock? Me explico: hasta el año 2000 todos los movimientos que se venían desarrollando en la industria miraron hacia adelante, en los 70s, 80s y 90s todo fue originalidad y apertura, sin embargo, Is this it es un disco que mira con descaro al sonido de veinte o treinta años atrás, haciéndolo propio y trayéndolo al presente con talento. Y si bien el éxito de este álbum podríamos afirmar que le permitió al rock sobrevivir por al menos una década más, no es menos cierto que dentro del mainstream la sensación de que "ya todo estaba hecho" comenzó a volverse cada vez más patente. Nada de lo anterior le resta méritos a este disco, uno que solo necesito media hora para mover la aguja por completo dentro de la escena y pasar así directo a la historia moderna como todo un neo clásico...
¿Canciones? 'The modern age', 'Las nite' y 'Hard to explain'.
9/10
Brillante.
"En el punto preciso..."
En producción han vuelto a trabajar con Andrew Watt, quien ha conseguido encontrarles el punto preciso entre un sonido que traiga al presente la esencia de la banda sin sonar a un mero cliché añejo, digamos, un autoplagio carente de frescura. Y lo dicho no es cosa fácil, las comparaciones son odiosas pero Watt trabajó en el pasado con Ozzy Osbourne o Pearl Jam, por ejemplo, no consiguiendo resultados de este nivel, aunque con Paul McCartney si dio con la tecla. El caso es que basta darle play a esta hora de música para constatar que esto vendrá empapado en un sentimiento nostálgico bien llevado, de ahí que gran parte del álbum remita a esos sonidos por lo que The rolling stones siempre mostraron debilidad, abriendo con una blusera 'Rough and twisted', más adelante yendo a la balada country en 'Ringing hollow', a la balada pop en 'Covered in you' (con Paul McCartney tocando las líneas de bajo) o bastante avanzado el disco regalando sentidos momentos marca de la casa en 'Some of us' (con Keith Richards en voces) y en la extensa 'Back in your life', con un Mick Jagger y Ronnie Wood entregadísimos cada uno en lo suyo. Y ojo al dato: en la versión original el solo de guitarra de se alargaba por al menos dos minutos más.
Entre todos estos pasajes emotivos la banda se encargará eso si de ostentar un buen ambiente y acelerar las revoluciones, entregándole gran protagonismo a las guitarras y teclados (cortesía en todo el álbum de Steve Winwood), esto en las dinámicas 'Mr. Charm', con dedicatoria al multimillonario Elon Musk ("La vida es muy corta para solo hacer dinero / Muéstrame como gastarlo, cariño / La vida es muy corta para solo vivirla solo..."), 'Hit me in the head' (que cuenta con un antiguo registro de batería que Charlie Watt habría dejado grabado por ahí), 'Never wanna lose you' o una simpática 'Divine intervention', varias de estas te hacen sentir como si estuviésemos en plenos años 80s debido a la frescura y fuerza que derrochan, lo mismo con la juguetona 'Side effects', mientras que el resto de la lista se complementa con verdaderos atrevimientos, ya sea con Mick Jagger yéndose a los agudos (si, a has leído bien) en 'Jealous lover' o con la banda realizando llamativas versiones de 'You know I'm no good' de Amy Winehouse (reemplazando de manera notable los vientos de la original por una armónica) y cerrando el disco con 'Beautiful Delilah' de Chuck Berry.
Puede haya quienes critiquen la extensión del disco, y si bien esta sería una crítica válida también es cierto que se entiende por completo el que los tipos hayan querido meter todo lo que tenían en estudio. Primero por lo obvio, que este puede ser efectivamente el último álbum de la banda con esta formación, pero también está la sensación de tener entre manos un conjunto de canciones notables que merecían todas ser publicadas. Como sea, es imposible no sentirse agradecido de poder oír y presenciar el canto de cisne que ha representado esta década para una leyenda como The rolling stones. Benditos somos...
¿Canciones? 'Covered in you', 'Hit me in the head', 'Never wanna lose you' y 'Side effects'
7,8 / 10
¡Muy bueno!
"Viaje sensorial..."
Pues lo dicho, que de entrada Madonna ha decidido que la música hable, con unos veinte minutos iniciales que funcionan como un trance electrónico dispuesto a calar hondo en quienes ansiaban volver a oír a la vocalista de Erotica (1992), porque ojo al dato: si bien este álbum se ha planteado como una continuación evidente del Confessions de 2005, lo cierto es que estas canciones en todo sentido cruzan bastantes más límites, sonando mucho más desatadas, íntimas e incluso sexuales que las de aquel disco. Para muestra, todo lo que aparece en la Cara A del álbum, desde 'I feel so free' (una línea que Madonna se encarga de susurrar hasta el cansancio en esos minutos iniciales) hasta la impecable pasada por 'Bring your love' (excelente colaboración con Sabrina Carpenter) + 'Danceteria', dinámica que encontrará más adelante exquisita continuidad en cosas como 'Love sensation', 'Love without words' y sobre todo en la contagiosa 'Bizarre', todos momentos en donde la electrónica se toma las atmósferas generando esa sensación de estar experimentando un viaje sensorial imposible de no disfrutar.
Lo interesante, sin embargo, es que lejos de estancarse en dichos ambientes, el disco es capaz de mostrarse siempre curioso, en constante búsqueda. Irá hacia lugares más oscuros y físicos tanto en 'School' como en la absolutamente exquisita 'My sins are my savior' (¿dije que el álbum recupera a la Madonna de Erotica, no?), así como sabrá encontrar necesarias salidas a respirar que amenizan de buena forma el continuo. Ocurrirá en la juguetona y latina 'Read my lips', así como más adelante en momentos que lentamente van transformando al disco en algo bastante más reflexivo y profundo, me refiero a la emotiva 'Fragile' (en otros tiempos, esto habría sido un HI-TA-ZO), sin lugar a dudas el tema en donde Madonna mejor canta en todo el disco (por lo mismo, permítanme el dudar respecto al origen de estas tomas vocales), la balada 'Betrayal' (una que incluso podría haber sido parte de un Ray of light allá por 1998), o ese cierre increíble que regala mediante 'L.E.S girl', una pieza delicada y dulce que recupera a la Madonna capaz de sensibilizar en base a sencillas melodías junto a una guitarra, esto sin mencionar lo especial que es oírla despedir el álbum repitiendo aquella sentida línea: "Todo se desvanece..."
En definitiva, si hubiese que encontrarle un problema a Confessions II este sería únicamente su título. Y es que un conjunto así de sólido no merecía el vivir a la sombra de un álbum de veinte años atrás, con el cual además es poco lo que comparte más allá del "espíritu de baile". Lo que tenemos acá es una hora de música que navega por distintos estados sin jamás renunciar a su coherencia. Grandes atmósferas y grandes canciones conviven dentro de una lista que sorprende desde todo sentido. Y si, que este es el disco que todos nos merecíamos de Madonna, pero por sobre aquello, este es el disco que ella misma se merecía publicar...
¿Canciones? 'Danceteria', 'My sins are my savior' y 'Fragile'.
"Emulación de viejas glorias..."
Sin ir muy lejos, basta darle play a una canción como 'The dark forest' para verificar el como Matt Bellamy y compañía han intentado volver a esa partida ostentosa y grandilocuente, con una estructura cambiante y sonido espacial (en este caso incluyendo además una sección media con coros en latin que recuerdan extrañamente a los suecos Ghost), aunque claro, jamás alcanzando las cotas de lo que en 2001 lograron con una 'New born' o en 2006 con 'Take a bow', por ejemplo. De todas formas, dejando las odiosas comparaciones afuera, el tema no está nada mal y encuentra excelente complemento en la danzable 'Nightshift superstar', sin embargo, esta tendencia a reiterar viejas fórmulas se sostendrá en baladas como 'Summering scars' o la pomposa 'Be with you' (quizás la única que consigue tocar una tecla emotiva que funciona), así como las guitarras de 'Cryogen', 'The sickness in you & I' o 'Unravelling' (de lo más contundente que acá suena) mostrarán claras referencias a los tiempos de Absolution (2003) y 'Hexagons' (quizás la mejor en todo el disco) recordará con descaro en su primer minuto los acordes de 'Knights of cydonia'. Ya en la recta final encontraremos una curiosa colaboración con Ellie Goulding en la juguetona 'Hush', esto para acabar definitivamente con otra balada fallida como 'Space debris'.
No es nada nuevo en todo caso esto que ocurre con Muse. Una banda que dio lo que tenía que dar durante su primera década y luego se dedicó a deambular entre sonidos facilones con el único objetivo de sostener su fama de "mega banda" (aló, U2?). Hoy da la sensación de que no les queda mucho más que esto, recurrir a la nostalgia sonora para impostar sonidos de veinte años atrás. ¿Lo positivo? Que el disco es mejor que cualquiera de los tres o cuatro anteriores. ¿Lo negativo? Que todo lo acá trabajado alguna vez sonó mejor.
¿Canciones? 'Nightshift superstar', 'Be with you' y 'Hexagons'
"Su mejor versión..."
Ante todo este es un disco que funciona tanto en el frente individual como el colectivo. Dicho en simple: hay grandes (pero GRANDES) canciones acá así como también un continuo que fluye de manera armónica. Black holes and revelations es también un álbum diverso y de aquello habla toda su inapelable Cara A, abriendo con una introductoria pero inmensa 'Take a bow', una de esas canciones de Muse pomposas a tope pero que logra funcionar debido a la intensidad creciente que la banda logra generar, y continuando con una seguidilla impecable: el romántico single 'Starlight' (una de las baladas rock mejor escritas de este siglo), las guitarras bailables de la exquisita 'Supermassive black hole' (una que a futuro la banda intentaría emular en varias ocasiones) y la increíble 'Map of the problematique', otra que da muestras de la madurez compositiva que la banda ha sido capaz de alcanzar a estas alturas de su carrera (y para quien escribe: la mejor canción en la carrera de Muse). Lo dicho entonces, que la partida del disco es incontestable, al punto de que baladas como 'Soldier's poem' (con unos acordes acústicos que emulan la mítica 'Can't help falling in love' de Elvis Presley) o 'Invincible' funcionan como una necesaria bajada de revoluciones, un grato bálsamo que viene bien dado ese nivel apabullante que traía el álbum.
Entrando en la Cara B la sensación que transmite el disco es la de un partido que ya se ha ganado de manera contundente por lo que solo hay que sostener el ritmo. De ahí que la banda vuelva a acelerar y entregue una pasada algo más en piloto automático, primero con la agresividad de la directa 'Assassin' para luego pasar a algo más meloso como 'Exo-politics', sin embargo, como una nueva prueba de que a estas alturas Muse estaban bastante tocados e inspirados, se guardan hacia el cierre dos joyitas inmensas, la cambiante 'City of delusion' (con una estructura que abre en acústico y luego en el camino mete vientos e incluso trompetas) y la descomunal 'Knights of cydonia', que para el público general y la crítica es la mejor canción en la carrera de la banda. Para mi pega en el palo.
En definitiva, Black holes and revelations es el disco que uno le pasaría a un joven hoy de veinte años si quisiera convencerlo de que Muse alguna vez fue muy grande. Un álbum que funciona de comienzo a fin en todo momento, que cuando va a la grandilocuencia del sonido jamás suena pedante (algo que si le ocurriría a Matt Bellamy en los siguientes discos) y cuando acerca el sonido encuentra melodías brillantes sin caer en la ordinaria simpleza (idem). En 2006 Muse encontraban su mejor versión y bueno, desde aquí ciertamente solo se podía caer...
¿Canciones? 'Starlight', 'Supermassive black hole', 'Map of the problematique' y 'Knights of cydonia'.
"En su más pura esencia..."
Lo que tenemos acá por tanto son catorce canciones que vuelven a mostrar a McCartney en su más pura esencia, dedicado principalmente a la generación de fantásticas y sensibles melodías. The boys of Dungeon Lane no es un disco ostentoso en cuanto arreglos, sus canciones rondan los dos a cuatro minutos, son piezas por lo general simples y sobrias pero que poseen el mérito de desbordar magia en cada una de sus estrofas, puentes y coros. Habrán momentos eso si en que las estructuras vayan por más y se muestren cambiantes, lo que hace en 'As you lie there' es notable, por ejemplo, yendo desde la calma del acústico a la fuerza rockera con los coros, lo mismo con ese quiebre acelerado y maravilloso que regala en el minuto final de 'Mountain top' (2:55 en adelante) que no hace si no recordar los momentos más gloriosos y creativos que vivió junto a los Wings, sin embargo, el resto del álbum se moverá entre movimientos menos bruscos.
Encontraremos por supuesto pasajes cargados a la absoluta calma e intimidad en donde McCartney se lanza al acústico como solo él sabe hacer entre canciones tremendamente sensibles y humanas como 'Days we left behind' (que joya, por favor...) reflexionando una vez más en torno al inevitable e implacable paso del tiempo ("Nada se mantiene igual / Nada viene a mi mente / Y nadie puede borrar los días que dejamos atrás..."), lo mismo en 'Down south' o en la preciosa declaración de entrega y amor que es 'We two', otra donde Paul da muestras del talento inagotable que ostenta a la hora de conmover únicamente a través de una sencilla melodía + letra. De igual forma, en la vereda del frente estarán esos temas de corte más rockero como 'Lost horizon' o la exquisita 'Come inside', momentos en donde el disco abraza la fuerza como motor y en dicha línea consigue sonar contundente, así como en las enormes 'Ripples in a pond', 'Never know' o 'Life can be hard' encontramos al inglés en su faceta más romántica, juguetona y (como siempre) optimista, esta vez recurriendo al medio tiempo como arma de belleza.
Mención aparte merece por supuesto Andrew Watt y su trabajo en producción, porque ojo al dato: Paul McCartney ya no puede cantar. Así como se lee. El vocalista se dejó la garganta durante los cientos de conciertos realizados a lo largo de estos últimos veinte años por lo que la voz que hoy le queda es realmente mínima, sin embargo, la mezcla acá ha logrado entre sutiles filtros y múltiples capas vocales ocultar dicho daño obteniendo un resultado realmente notable.
The boys of Dungeon Lane es otro álbum increíble que Paul McCartney anota en su registro (y ya van...), un álbum que si bien es sencillo e incluso obvio en su sonido, es capaz en cada canción de sonar mágico, elegante, hermoso, sensible y sofisticado. Escribir esto emociona, no cabe duda, junto al genio de Liverpool continúa viviendo parte importante de lo que nos vuelve humanos, la capacidad de crear belleza a partir de la nada, de hacer carne la emoción de manera honesta. El mismo Paul tiene esto muy claro, por eso a la hora de cerrar este álbum en lugar de ir a la grandilocuencia decide volver a lo básico en canciones como 'First star of the night', 'Salesman saint' y la preciosa 'Momma gets by', diez minutos que funcionan como un acto de absoluta entrega hacia lo que ha sido su historia junto a la música.
Bendito seas Paul, bendito seas...
¿Canciones? 'As you lie there', 'Days we left behind' y 'Mountain top'.
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