sábado, 1 de agosto de 2026

20 Años De... Muse: Black Holes And Revelations (2006)

 "Su mejor versión..."

Mirado con el lente del tiempo y considerando todo lo que ha sucedido con Muse en estos veinte años cuesta creer que la banda alguna vez fue protagonista de la historia de la música contemporánea en primera persona... pero así fue. Esto gracias a álbumes alucinantes y atrevidos que a comienzos de siglo dieron que hablar en base a un sonido ciertamente ambicioso y grandilocuente, cargado al rock espacial pero con un tino melódico impecable, algo que ciertamente la banda supo condensar de manera adecuada primero en el notable Absolution (2003) y luego en este espectacular Black holes and revelations, un disco en donde la banda supo acercar el sonido ambicioso de sus antecesores, puliendo los "fallos" y encontrando un conjunto ciertamente más amigable pero no por esto menos atractivo. 

Ante todo este es un disco que funciona tanto en el frente individual como el colectivo. Dicho en simple: hay grandes (pero GRANDES) canciones acá así como también un continuo que fluye de manera armónica. Black holes and revelations es también un álbum diverso y de aquello habla toda su inapelable Cara A, abriendo con una introductoria pero inmensa 'Take a bow', una de esas canciones de Muse pomposas a tope pero que logra funcionar debido a la intensidad creciente que la banda logra generar, y continuando con una seguidilla impecable: el romántico single 'Starlight' (una de las baladas rock mejor escritas de este siglo), las guitarras bailables de la exquisita 'Supermassive black hole' (una que a futuro la banda intentaría emular en varias ocasiones) y la increíble 'Map of the problematique', otra que da muestras de la madurez compositiva que la banda ha sido capaz de alcanzar a estas alturas de su carrera (y para quien escribe: la mejor canción en la carrera de Muse). Lo dicho entonces, que la partida del disco es incontestable, al punto de que baladas como 'Soldier's poem' (con unos acordes acústicos que emulan la mítica 'Can't help falling in love' de Elvis Presley) o 'Invincible' funcionan como una necesaria bajada de revoluciones, un grato bálsamo que viene bien dado ese nivel apabullante que traía el álbum.

Entrando en la Cara B la sensación que transmite el disco es la de un partido que ya se ha ganado de manera contundente por lo que solo hay que sostener el ritmo. De ahí que la banda vuelva a acelerar y entregue una pasada algo más en piloto automático, primero con la agresividad de la directa 'Assassin' para luego pasar a algo más meloso como 'Exo-politics', sin embargo, como una nueva prueba de que a estas alturas Muse estaban bastante tocados e inspirados, se guardan hacia el cierre dos joyitas inmensas, la cambiante 'City of delusion' (con una estructura que abre en acústico y luego en el camino mete vientos e incluso trompetas) y la descomunal 'Knights of cydonia', que para el público general y la crítica es la mejor canción en la carrera de la banda. Para mi pega en el palo.

En definitiva, Black holes and revelations es el disco que uno le pasaría a un joven hoy de veinte años si quisiera convencerlo de que Muse alguna vez fue muy grande. Un álbum que funciona de comienzo a fin en todo momento, que cuando va a la grandilocuencia del sonido jamás suena pedante (algo que si le ocurriría a Matt Bellamy en los siguientes discos) y cuando acerca el sonido encuentra melodías brillantes sin caer en la ordinaria simpleza (idem). En 2006 Muse encontraban su mejor versión y bueno, desde aquí ciertamente solo se podía caer...

¿Canciones? 'Starlight', 'Supermassive black hole', 'Map of the problematique' y 'Knights of cydonia'.

9/10
Brillante.

domingo, 26 de julio de 2026

Paul McCartney : The Boys Of Dungeon Lane (2026)

 "En su más pura esencia..."

Me gusta repetir esa teoría de que Paul McCartney nos ha regalado un GRAN álbum por década. Sin embargo, en medida que avanza el tiempo, cada vez que el inglés lo vuelve a hacer nos invade esa sensación de incredulidad ante lo que presenciamos, y es que... ¿Cómo es posible que a estas alturas, en pleno 2026, tras más de sesenta años de carrera, el vocalista sea capaz de entregarnos un disco como The boys of Dungeon Lane? Pero así es. Estamos ante el creador contemporáneo más grande que ha parido la tierra y demás está decir el que es un verdadero privilegio el tenerlo aún creando, entregándonos "con lo que le queda" un álbum de esta magnitud... 

Lo que tenemos acá por tanto son catorce canciones que vuelven a mostrar a McCartney en su más pura esencia, dedicado principalmente a la generación de fantásticas y sensibles melodías. The boys of Dungeon Lane no es un disco ostentoso en cuanto arreglos, sus canciones rondan los dos a cuatro minutos, son piezas por lo general simples y sobrias pero que poseen el mérito de desbordar magia en cada una de sus estrofas, puentes y coros. Habrán momentos eso si en que las estructuras vayan por más y se muestren cambiantes, lo que hace en 'As you lie there' es notable, por ejemplo, yendo desde la calma del acústico a la fuerza rockera con los coros, lo mismo con ese quiebre acelerado y maravilloso que regala en el minuto final de 'Mountain top' (2:55 en adelante) que no hace si no recordar los momentos más gloriosos y creativos que vivió junto a los Wings, sin embargo, el resto del álbum se moverá entre movimientos menos bruscos. 

Encontraremos por supuesto pasajes cargados a la absoluta calma e intimidad en donde McCartney se lanza al acústico como solo él sabe hacer entre canciones tremendamente sensibles y humanas como 'Days we left behind' (que joya, por favor...) reflexionando una vez más en torno al inevitable e implacable paso del tiempo ("Nada se mantiene igual / Nada viene a mi mente / Y nadie puede borrar los días que dejamos atrás..."), lo mismo en 'Down south' o en la preciosa declaración de entrega y amor que es 'We two', otra donde Paul da muestras del talento inagotable que ostenta a la hora de conmover únicamente a través de una sencilla melodía + letra. De igual forma, en la vereda del frente estarán esos temas de corte más rockero como 'Lost horizon' o la exquisita 'Come inside', momentos en donde el disco abraza la fuerza como motor y en dicha línea consigue sonar contundente, así como en las enormes 'Ripples in a pond', 'Never know' o 'Life can be hard' encontramos al inglés en su faceta más romántica, juguetona y (como siempre) optimista, esta vez recurriendo al medio tiempo como arma de belleza.  

Mención aparte merece por supuesto Andrew Watt y su trabajo en producción, porque ojo al dato: Paul McCartney ya no puede cantar. Así como se lee. El vocalista se dejó la garganta durante los cientos de conciertos realizados a lo largo de estos últimos veinte años por lo que la voz que hoy le queda es realmente mínima, sin embargo, la mezcla acá ha logrado entre sutiles filtros y múltiples capas vocales ocultar dicho daño obteniendo un resultado realmente notable. 

The boys of Dungeon Lane es otro álbum increíble que Paul McCartney anota en su registro (y ya van...), un álbum que si bien es sencillo e incluso obvio en su sonido, es capaz en cada canción de sonar mágico, elegante, hermoso, sensible y sofisticado. Escribir esto emociona, no cabe duda, junto al genio de Liverpool continúa viviendo parte importante de lo que nos vuelve humanos, la capacidad de crear belleza a partir de la nada, de hacer carne la emoción de manera honesta. El mismo Paul tiene esto muy claro, por eso a la hora de cerrar este álbum en lugar de ir a la grandilocuencia decide volver a lo básico en canciones como 'First star of the night', 'Salesman saint' y la preciosa 'Momma gets by', diez minutos que funcionan como un acto de absoluta entrega hacia lo que ha sido su historia junto a la música. 

Bendito seas Paul, bendito seas... 

¿Canciones? 'As you lie there', 'Days we left behind' y 'Mountain top'.

8,5 / 10
¡Excelente! 

lunes, 20 de julio de 2026

Robyn: Sexistential (2026)

 "Un limbo entre la vanguardia y la radio fórmula..."

La figura de Robyn emergió finalizando los años noventa, en tiempos donde la ola conservadora pegaba un coletazo de vuelta tras un período en que la rebeldía e irreverencia habían dominado la escena. De esta forma, la industria pasó de entregar cobertura a figuras femeninas tales como Alanis Morissette, Björk, PJ Harvey o Tori Amos a plagar los medios con chicas absolutamente normativas (rubias, delgadas y de apariencia adolescente) como Britney Spears o Christina Aguilera. En dicho contexto, los primeros álbumes de esta sueca tendieron a ajustarse a dicho target, sin embargo, ya a mediados de la siguiente década tanto en Don't stop the music (2002) y sobre todo en el homónimo de 2005 la vocalista comenzó a enfocarse en un sonido mucho más intimista y sofisticado, aspectos que se exacerbaron en Body talk (2010), un disco que definitivamente la consagró como artista "de culto". Es complicado eso si cargar con tamaña mochila, que el público inevitablemente tiende a esperar algo especial en cada lanzamiento, más cuando tardas ocho años en publicar como viene siendo el caso de Robyn durante estas dos décadas...

Lo anterior a propósito de Sexistential, un álbum breve, directo, identitario y personal, pero en ningún caso un disco que venga a revolucionar la escena. Lo que encontramos en estas nueve canciones es  media hora de música con una carga inconfundible pues la sueca continúa desarrollando ese synthpop que se encuentra en un complejo limbo entre la vanguardia y la radio fórmula. Dicho en simple: lo de Robyn jamás han sido las melodías inmediatas (y si, sé que existe 'Call your girlfriend', pero vamos, que esta es claramente una excepción a su regla), pero acá hay canciones que se acercan a aquello . Insisto, se acercan. Ahí tienes cosas como 'Really real', 'Dopamine', 'Talk to me', 'Light up' o 'Into the sun' , cinco joyitas electrónicas perfectamente disfrutables (y bailables), aunque probablemente ninguna te volará la cabeza. El resto de la lista se completará con momentos no tan afortunados, un refrito de 'Blow my mind' (originalmente publicada en 2002 y que acá aparece en una versión más activa), una interesante 'Sucker for love' con una vibra latina en sus percusiones, una reiterativa 'It don't mean a thing' y una juguetona 'Sexistential' en donde la vocalista se entrega a contar la historia de su reciente fecundación in vitro. Todas estas acaban armando un conjunto que se deja oír, que cuenta con puntos altos, otros no tanto, pero que jamás golpea como uno esperaría, dejando una sensación algo extraña en su andar. 

El problema quizás esté en que el séptimo álbum de Robyn acaba tirando por lo obvio, y es que sin que esto sea algo necesariamente negativo, se percibía algo más de exploración en el anterior Honey (2018). El tiempo dirá si al conjunto le faltó algo más de fuerza o es un problema de expectativas...

¿Canciones? 'Really real', 'Light up' o 'Into the sun'

7/10
Muy bueno.

viernes, 17 de julio de 2026

Olivia Rodrigo: You Seem Pretty Sad For A Girl So In Love (2026)

 "Aún encorsetada..."

Encasillada en ese pop adolescente y liviano durante sus primeros dos discos, hay que ver si Olivia Rodrigo es capaz de dar señales de crecimiento o acabará limitada a dicho target. En dicho sentido, este You seem pretty sad for a girl so in love parece entregar ciertas señales aunque tampoco es el álbum bombástico con el que uno acabaría por consagrarla, trece canciones que se cargan con fuerza a las baladas al piano con una que otra incrustación de synthpop más algún guiño a sus inicios guitarreros que arman un conjunto efectivo, que se deja oír aunque carece de impacto suficiente como para considerarlo una verdadera revelación. 

Lo dicho entonces, que lo que tenemos acá es básicamente un álbum de baladas y medios tiempos que giran (¡era que no!) en torno a temáticas de amor y desamor. Para muestra toda la primera mitad del álbum, donde conviven momentos melosos muy a la Taylor Swift en canciones como 'Drop dead' o 'Honeybee' (los cuales también encontraremos más adelante en el disco, léase 'Begged' o 'Less'), pop rosa en 'U + me = <3' así como pasajes más activos en 'My way' que la conectan con el sonido adolescente de sus inicios. En todo este camino, sin embargo, hay ciertas canciones que dan muestras de un crecimiento, 'Stupid song' por ejemplo abre como cualquier otra al piano pero con su estructura creciente en intensidad va volviéndose interesante en medida que avanza, lo mismo que logra con 'The cure' (de las pocas del álbum que se acercan a los cinco minutos de duración) solo que esta vez acompañada únicamente de una guitarra acústica. De igual forma todos los pasajes que coquetean con la electrónica, 'Maggots for brains' o 'Expectations' aparecen como algo realmente atractivo de oír. ¿Y la colaboración con Robert Smith en 'What's wrong with me' ? Desaprovechada...

En estricto rigor You seem pretty sad... no tiene canción mala pero adolece de riesgo real. Hay señales, sonidos que insinúan un atrevimiento, sin embargo, Olivia Rodrigo continúa sonando encorsetada, atrapada en un personaje tipo estilo Disney al que le falta algo de mal rollo, lo cual la mantiene en una liga, por ahora, menor.

¿Canciones? 'The cure' y 'Maggots for brains'.

6,8 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Olivia Rodrigo:

martes, 14 de julio de 2026

Melanie C: Sweat (2026)

 "Trance electrónico..."

Tras unos cuantos discos cargados al pop de banda fue mediante Version of me (2016) cuando Melanie C comenzó a acercarse con mayor fuerza a la electrónica así como a las canciones de tono íntimo y personal, algo que luego se complementó en su álbum homónimo de 2020, uno donde derechamente se internó en la pista de baile continuando con las temáticas de auto conocimiento. Aquel espíritu es el que nuevamente empapa (valga la redundancia) a un trabajo como Sweat, con el plus de que esta vez ha querido ir aún más allá, profundizando en la idea del trance electrónico en un viaje bastante regular con algunos momentos de alto vuelo, concentrados principalmente en la primera mitad del disco.

Desde un inicio lo que encontramos acá por tanto es una invitación directa a la fiesta que Mel C ha querido armar, abriendo con una hipnótica y algo robótica 'Sweat' para luego ir soltando varias joyitas. Lo que logra, por ejemplo, en 'Drum machine' con ese trabajo centrado en las percusiones efectivamente transmite la libertad que pretende en sus letras ("Finalmente puedo ser lo que quiera ser..."), lo mismo más adelante con 'Pressure', la más desatada en todo el disco. Entre estas el álbum entregará cosas más poperas y melódicas en una sólida 'What could possibly go wrong?' o en 'Emotional memory' (una donde la figura de Kylie Minogue se hace presente) mientras que 'Til it breaks' bajará un tanto la atmósfera para abordar un sonido electrónico algo más íntimo y sexy. 

El nudo del álbum sostendrá el ritmo mediante 'Attitude' o el bajo marcado de 'Good for nothing', así como la popera 'Undefeated champion' volverá a entregarse al mensaje de autosuperación personal y 'Cahsmere' será una donde la voz de Melanie suena prácticamente desnuda sobre sencillas percusiones. Como único detalle para el álbum estará la recta final, donde únicamente destaca la balada 'One track mind' (con la que claramente debió cerrar el disco) dado que canciones como 'Free to love' o 'Flick of the wrist'  derechamente sobran debido a la redundancia tanto en lo musical como en el mensaje. No le resta esto demasiado eso si a un trabajo que prácticamente en todo su trayecto suena sólido y coherente, es solo que con dos temas menos la experiencia seguro habría cerrado mejor.

Es cierto que Melanie C no descubre nada en este Sweat, también el que al disco le faltan composiciones más profundas y ambiciosas en cuanto a arreglos (algo que se puede encontrar en el mencionado Version of me de 2016, si me apuran, su mejor disco en veinte años), sin embargo, es innegable el que a la vocalista se le oye absolutamente cómoda en este tono directo entre canciones pegajosas, atractivas y ciertamente atrevidas. La vocalista continúa mostrándose como la más activa y, digámoslo, exitosa de las ex Spice girls y el que a tres décadas de aquel suceso continúe entregándonos una propuesta siempre inquieta da como para entregarle el respeto que siempre ha merecido. 

¿Canciones? 'Drum machine', 'Pressure' y 'One track mind'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Melanie C:

miércoles, 8 de julio de 2026

Fito Páez: Shine (2026)

 "Desequilibrado..."

Catorce álbumes en dieciséis años hablan de un artista ansioso por mostrarse activo, siempre con algo que decir. ¿Válido? Claro que si. Sin embargo, la verborrea tiene un costo y ese claramente es la falta de creatividad y frescura. En dicha línea, Shine aparece como una nueva intentona por parte de Fito Páez de perseguir la vigencia pero a la vez como otro trabajo fallido (y ya van...), y la causa es una sola: el exceso. Y es que hurgando en esta lista efectivamente encuentras buenas canciones, arranques de cruda sinceridad y destellos del compositor grandioso que el argentino alguna vez fue, sin embargo, estas conviven con otra serie de temas pobres, obvios y totalmente olvidables, generando un contraste evidente, un desequilibrio que inevitablemente termina estrellando a un disco que quizás con un poco más de calma podría haber funcionado mucho mejor.

Sin ir muy lejos, toda la primera parte de este disco es un apaga y vámonos. Desde ahí, llama poderosamente la atención lo contradictorio que suena este Fito Páez, invitándonos en 'Shine' a rebelarnos, a dejar las redes ("Que tiempos aburridos nos tocó vivir / Tiren los teléfonos, a la mierda el flow y los beats...") mientras añora unos supuestos tiempos mejores ("Me gustaba cuando el mundo andaba todo dado vuelta / Desesperadamente feliz / Era todos contra todos en las camas y en las plazas..."), todo esto de la mano de una música tan jodidamente conservadora que impacta, digamos, sus típicas canciones de tres minutos con estructuras obvias y arreglos básicos. Para muestra la espantosa 'Girl T-rex' (¡que mal está abriendo los discos Fito desde hace un tiempo!), la mencionada 'Shine' o el reggae optimista 'Nuestro templo'. Cual de todas más olvidable. 

Será recién en la indignación que transmite 'Río místico' así como en el rock golpeado de 'Las fuerzas armadas del amor' (con guiño a Bruce Springsteen incluido) cuando el disco comience a despertar, y si bien es cierto que a esta última le falta garra y desgarro como para llegar realmente lejos, al menos esos aires a Circo beat (1994) funcionan muy bien y ciertas líneas aciertan por su crudeza ("No me creo la mentira de que me hacen daño porque el daño de verdad es el que me hago yo..."). De igual forma, la ternura de 'Planeta azul', la franqueza al piano que derrocha 'El honor de los lobos' así como ese grandilocuente cierre con 'Universo' (la más ambiciosa de todas claramente) hablan de un disco dividido en dos partes, una donde Fito intenta brillar, iluminar e inspirar desde el positivismo pero falla desde lo básico/formulero de los arreglos, y otra más oscura que le muestra bastante más inspirado. 

Shine no es el desastre que algunos andan por ahí pregonando pero si un trabajo irregular, de altos y bajos marcados. Una pena, insisto, que buen material acá había. El problema es el de siempre, mucho disco, mucha publicación para un tipo que no está dispuesto a poner la pelota al piso...

¿Canciones? 'Las fuerzas armadas del amor', 'Planeta azul', 'El honor de los lobos' y 'Universo'. 

6,8 / 10
Cumple y algo más...

lunes, 6 de julio de 2026

Jessie Ware: Superbloom (2026)

 "Una fiesta elegante y glamorosa..."

Hay artistas a los que el mainstream simplemente no se les da (y es una real lástima). Uno de esos casos es el de Jessie Ware, una artista que dicho en simple: si no pegó tras álbumes tan sofisticados, atractivos y distintivos como What's your pleasure? (2020) y That! Feels! Good! (2023), no va a pegar con nada. Ahora, convertirte en una vocalista "de nicho" tiene sus ventajas y una de ellas es la libertad que entrega el no tener que sostener un determinado éxito comercial, asunto que se respira en este Superbloom, un disco donde la inglesa ha ido a donde la han llevado sus ovarios, internándose de lleno en las influencias setenteras que desde siempre han inspirado su sonido e invitándonos a una fiesta elegante y glamorosa mediante su álbum más "disco" a la fecha.

Lo que encontramos acá entonces son once canciones bastante monocordes que desarrollan un pop de banda sinuoso, sexy y sabroso, alcanzando puntos altos en la sólida partida a cargo de 'I could get used to this', una exquisitamente sexual 'Ride' o en la imponente 'Don't you know who I am?', esta última con un dramatismo tan sorprendentemente latino en su discurso ("¿No sabes acaso quien soy? / Soy el amor de tu vida / No te atrevas a dejarme..."). De igual forma conmueve una balada al piano + vientos como '16 summers' así como el disco divierte en la inquieta 'Mr Valentine', sin embargo y todo sea dicho, no todo será perfecto en Superbloom (comenzando por esa confusa portada) pues al insistir constantemente en la misma tecla musical habrán momentos en el que álbum inevitablemente se vuelve algo plano y demasiado pomposo entre canciones que están de bien a muy bien pero carecen de algún factor sorpresa. 

A destacar la producción del álbum, suena impecable, así como las siempre notables interpretaciones de Jessie Ware, todas en su punto. Ahora, al lado de las joyas que nos venía entregando la vocalista esta lista inevitablemente queda un peldaño por debajo, sin que esto signifique por supuesto que no siga sonando mejor que gran parte del pop que llega a nosotros por estos días. 

¿Canciones? 'I could get used to this', 'Ride' y 'Don't you know who I am?'

7,2 /10
Muy bueno.


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