martes, 27 de octubre de 2026

Interpol: This Mirror Weighs A Ton (2026)

 "Lo mejor en largo tiempo..."

Interpol se han quedado en un limbo algo incómodo junto a una serie de bandas que alcanzaron veinte años atrás a saborear los últimos años en que el rock fue popular. Hoy todo ha cambiado, las guitarras ya no generan hits ni masividad y lo que vende dentro del género (aquello que llena estadios) es la nostalgia, no el presente. En dicha ruta a los de Paul Banks les ha costado sobrevivir. Intentaron deconstruirse con el homónimo de 2010 (disco que en lo personal sigo defendiendo y me parece injustamente despreciado) pero dicho paso no fue bien recibido por lo que en adelante han deambulado confundidos en el constante intento por emular el sonido que en sus inicios si funcionó. Las crisis, sin embargo, suelen ser motor inspirador para los artistas y aquello es lo que acá ha ocurrido con unos Interpol a quienes el oscuro momento que atravesamos a nivel global como sociedad les ha servido para encontrar un álbum profundo y reflexivo que consigue mostrarles tan efectivos como contundentes.

Dicho en simple, This mirror weighs a ton es uno de esos discos en donde las letras importan... y mucho. Sin ir muy lejos, el mismo título ("Este espejo pesa una tonelada") anticipa y hace sentido al transmitir la idea de tener que lidiar con una imagen que cuesta sobrellevar, de ahí que la apertura sea en un tono tan solemne entre crípticas líneas que abordan con sutileza este concepto ("Si queremos conectarnos a la dureza / El sentimiento se transforma en silencio / Entonces no sobreviviríamos / Pero deberíamos..."), algo que veremos reforzado con fuerza más adelante en la notable 'Wounded soldier', una durísima reflexión en torno al horror de la guerra ("Esto no es un show / Así es como sucede / Ese hombre, su cuerpo está ahí afuera / Enterrado en la nieve/ Su madre nunca lo sabrá / Su padre nunca lo encontrará..."), así como en los claros y grises que establecen respecto a sus Estados Unidos, apuntando los dardos con dureza en 'Even de actor' ("Vamos a lo opaco, este es mi viejo país / Un sueño sin fin...") o encontrando esperanza en la dedicatoria que regalan a Nueva York en la optimista 'Iron city'. 

El tono por lo general del álbum será reflexivo, encontrando sus puntos más altos en toda la fantástica Cara A del disco, sumado a los tonos acústicos de 'So rides the reindeer', mientras que canciones como 'See out loud' , 'Wings on fire' o 'Wake up' (esta muy centrada en el trabajo de batería) son las encargadas de entregarle mayor dinamismo y energía a un disco que destaca tanto en lo individual, colectivo como lo conceptual y cuyo único defecto se encuentra en el cierre, con tres canciones finales que no logran encontrar el punto final que merecía un álbum que por lo general ronda un nivel altísimo. Aun con esto último, This mirror weighs a ton (con Andrew Wyatt en producción) se anota como lo mejor que Interpol han grabado en larguísimo tiempo. Yo diría desde 2010, otros dirán que desde su trilogía inicial. Cosa de gustos...

¿Canciones? 'This mirror weighs a ton', 'Wounded soldier', 'Even de actor'

7,8 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Interpol:

jueves, 22 de octubre de 2026

Beck: Ride Lonesome (2026)

 "El refrito del refrito..."

De dulce y agraz con el más reciente de Beck. Y es que si bien el vocalista ha compuesto un álbum bonito, cuidado y que efectivamente cuenta con más de alguna joya en su lista, la sensación a refrito es constante y potente. E incluso a refrito del refrito pues no olvidemos que en 2014 el estadounidense había publicado Morning phase, un álbum de corte acústico que funcionaba como contraparte para el mítico Sea change de 2002, esa maravilla tremendamente oscura con la que el vocalista supo exorcizar sus demonios y canalizar como pocos el dolor del luto post ruptura. El caso es que 2026 lo atrapa nuevamente en un momento emocionalmente complejo y bueno, junto a Nigel Godrich en producción se metió al estudio a grabar (nuevamente) un álbum honesto y descarnado pero que carga con dos problemas: el carecer de efecto sorpresa por lo que a ratos se vuelve demasiado predecible.

Grandes canciones acá hay, la mayoría concentrada en la primera mitad del álbum. Tienes ese comienzo empapado en melancolía que regalan las cuerdas de 'Ride lonesome' (aunque el perfume a 'The golden age', la partida en Sea change, no se lo quita nadie) o 'Run away', la absoluta intimidad que desprenden 'In the night' (vaya joya) o 'For your love', así como la delicadeza al piano de una preciosa 'Failed words', sin embargo, todo sea dicho: existe cierta redundancia en canciones como 'Disappearing act' o 'Slow canyon', al punto de que durante toda la Cara B del disco (quizás con la única excepción de 'It ends right here') convives con la sensación de que esto a Beck ya se lo has oído antes... y mejor. 

Ride lonesome no es en absoluto un mal disco, hay un tono "espectral" que ronda en las atmósferas del disco que funciona, temáticas que abordan tanto la pérdida como la (inevitable) soledad que viene de la mano con el paso del tiempo, sin embargo, salvo contados momentos el conjunto no consigue alcanzar la magia que realmente pretende. Las cosas como son. 

¿Canciones? 'Ride lonesome', 'In the night' y 'It ends right here'.

6,9 /10
(Muy) bueno.

martes, 20 de octubre de 2026

Chelsea Wolfe : The Dark (2026)

"Lo más amigable en su carrera..."

Una de las vocalistas más singulares de la actualidad está de regreso, y eso siempre será buena noticia. Y es que si algo tenemos asegurado con cada nuevo álbum de Chelsea Wolfe es que la estadounidense dará muestras de una búsqueda profunda y descarnada de su momento, como ha hecho con cada uno de sus álbumes. En el camino han quedado esos paseos por sonoridades tremendamente lúgubres que coqueteaban con el industrial, expresadas en trabajos como Abyss (2015), Hiss spun (2017) o el más reciente She reaches out to she reaches out to she (2024), así como exploraciones fuera de la caja encarando el folk en Birth of violence (2019), trabajando proyectos paralelos junto a Converge en 2021 o con Tyler Bates mediante la banda sonora de X (la película de 2022). La ruta ha sido intensa, Chelsea Wolfe nos ha dado bastante durante estos diez años por lo que un disco más reposado como The dark hace sentido en el papel, un conjunto bastante cercano, ameno de oír y que muestra a la vocalista más "amigable" que en cualquiera de sus antecesores.

Lo que tenemos acá entonces son diez canciones que en cuarenta minutos navegan por temáticas relacionadas con el desamor y la pérdida, esto entre estructuras plenamente reconocibles con estrofas, puentes y coros marcados, aunque claro, siempre con el sello oscuro y gótico de Chelsea. De esta forma, la oiremos abriendo entre cuerdas mediante 'Cold' (toda una declaración de intenciones abriendo con ese "Te dejo ir / Necesito saber quien soy sin ti...") para luego ir ensuciando la atmósfera, con una cosa muy The cure en la dinámica 'Seethe', abrazando baterías electrónicas en 'Humours' o apostando por un relato más tétrico en la excelente 'Swallower'. Estas canciones, sin embargo, serán excepciones dentro de un álbum que en general persigue atmósferas limpias, ya sea entregándose a la calma del folk en 'Halo' + 'The dark' (que recuerda un tanto el sonido que PJ Harvey viene abrazando en sus últimos discos), coqueteando con el pop en la melosa 'I'm not there' o yendo al piano en 'Dancer in the sky', esto para en la recta final entregarnos la que claramente es la gran joya del álbum: 'Death is not the end', una abre en la más absoluta calma acústica para en el camino ir metiéndole suciedad al tema. 

Puede que Chelsea Wolfe nos haya traído acostumbrados a trabajos ariscos por lo que este The dark luzca demasiado sencillo en apariencia. Y es que lo es. La vocalista ha abierto el pecho hacia canciones más reconocibles que lo habitual, aunque jamás dejando de ser ella. El resultado continúa luciendo satisfactorio y aparece como una salida a tomar aire que el tiempo dirá si queda solo en esto o más bien representa el inicio de un nuevo ciclo.

¿Canciones? 'Cold', 'Swallower' y 'Death is not the end'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otros álbumes de Chelsea Wolfe:

viernes, 16 de octubre de 2026

He Visto A... BTS (14/10/2026)

"Cercanos, pese a la enormidad..."

Acompañé a mi hija a ver a BTS. Sinceramente no sabía demasiado de la banda, ni de dinámicas de fans o siquiera como sería el show. Estaba enterado de que este año se habían publicado algunos de sus conciertos de manera oficial pero ninguno lo vi, a lo más había hecho las tareas escuchando el reciente Arirang (del que escribí acá en el blog) por lo que iba a este concierto realmente abierto a la sorpresa. ¿Y con qué me encontré? Pues con un espectáculo en 360 grados, un escenario inmenso pensado para que absolutamente todo el público, donde sea que estuviese ubicado pudiese disfrutarlo a tope (primer punto positivo a destacar), y a unos BTS que pese a lo plástico del show se vieron bastante entregados a la causa, con momentos de sincera conexión con el público (segundo check). Desde lo musical el asunto si deja un tanto que desear para uno que viene del mundo análogo, pues dicho en simple: esto es (prácticamente) todo playback, y digámoslo, tampoco es que coreográficamente el asunto fuese demasiado impactante. Si, que los chicos bailan, pero esto no es Michael Jackson ni nada parecido, ni siquiera Lady Gaga o Britney, por lo que la excusa del doblaje debido al esfuerzo físico no cuela demasiado. Ahora, dicho lo anterior, realmente a muy pocas fanáticas les debe haber interesado el que BTS no canten (si, que hubo momentos en que cantaron, lo sé, pero fueron los menos) y más bien le den play a sus canciones desde el computador en la mesa de sonido, o que sobre el escenario no hubiese un solo músico siquiera; pues los chicos son un fenómeno en sí mismos y ellas asisten a rendirles culto. Y no hay más. 

El escenario de la gira es bastante inmenso, con cuatro brazos que a momentos son ocupados por los siete integrantes (sumado a un grupo numeroso de bailarines que les acompañan) y que cuentan con la particularidad de estar ubicados a muy baja altura por lo que seguro aquellas fans que estaban en cancha les tuvieron muy cerca en determinados momentos del show. 

Lo mejor de la noche por tanto me pareció la cercanía que BTS muestran hacia su audiencia (han sabido fidelizar al cliente, eso claro está), con pasajes en que se comunicaron con la gente incluso en español (realizando simpáticas referencias a elementos propiamente chilenos), así como la participación constante de las fans, que fuera de gritárselo todo, marcan presencia con unas linternas (las cuales compran por cerca de 100 dólares cada una) que se encienden de manera sincronizada junto a cada canción por lo que a veces el estadio estuvo rojo, a veces púrpura, amarillo, verde o azul, siendo esto algo bastante impresionante de presenciar en directo. 

Me quedo entonces con eso. Un espectáculo que en gran parte lo hace la gente, una banda bastante entregada (notable el momentazo en que BTS junto a sus bailarines recorren todo el estadio realizando una especie de vuelta olímpica) y una producción que desde el armado del escenario o la presencia de pantallas gigantes en 360 grados aseguran al espectador la visualización de un show de primer nivel. Sin embargo, de todas formas hubo detalles que quedaron al debe, al menos conmigo. Al concierto le faltaba cierta continuidad a ratos, por ejemplo, con ventanas (al menos dos, donde los integrantes van a cambiarse de vestuario seguramente) demasiado extensas (duraban más de cinco minutos, eran realmente eternas), mientras que la espectacularidad del escenario en cuanto a tamaño no me pareció fuese congruente con los efectos visuales que se presentan. Algún fuego artificial o juegos de luces, pero nunca sentí estar viendo algo realmente impresionante o único. Con todo, disfruté bastante del concierto y bueno, mi hija estaba feliz, que era finalmente lo realmente importante. 

Sonido: 7 (muy despacio al comienzo, luego le subieron)
Interpretación: 5 (90% playback, más allá del alguna balada o momento a capella) 
Puesta en escena: 7 (muchos bailarines sobre el escenario a ratos confundían la presentación. A destacar aquellos momentos en que la banda se comunicó o acercó con el público).  
Complementos: 7 (el escenario, inmenso e impresionante, pero faltaron más fuegos artificiales y que la estructura + pasillos se iluminase siendo mayor aporte al show. El detalle de las lámparas que se sincronizan es precioso, pero eso lo arma la gente, no necesariamente la producción)
Lista de temas: 8 (centrado en su último disco, lo cual siempre me parece positivo, pero con varios momentos enfocados en temas emblemáticos de discos anteriores)

6,8 / 10
(Muy) bueno.

martes, 13 de octubre de 2026

Amon Amarth : The Allfather Awakens (2026)

 "Lo mejor en casi quince años..."

De que la música de Amon amarth fue perdiendo peso y frescura con el paso de los años para nadie es secreto. Tras una tríada de álbumes publicados a fines de los años noventa en donde los suecos supieron desarrollar un death melódico de alto tonelaje (aunque algo monocorde, digámoslo) poco a poco la banda fue afinando la fórmula, acercándose a canciones más amenas que básicamente soltaron el componente death para acercarse a algo incluso más familiarizado con el powermetal. El antes/después claramente lo marcó la pasada por With oden on our side (2006) + Twilight of the thunder god (2008), álbumes que les convirtieron en una especie de Sabaton o Powerwolf de mayor peso, el problema es lo que vino después, una seguidilla de discos en exceso cómodos, carentes de ideas y completamente olvidables, álbumes cada vez menos inspirados que durante una década se dedicaron más que nada a reiterar un manual. Desde ahí, era poco lo que esperábamos de este álbum número trece para la banda, sin embargo, nobleza obliga: sin ser tampoco una maravilla (las cosas por su nombre), este The allfather awakens representa lo mejor que la banda ha grabado en casi quince años, digamos, al menos desde Surtur rising (2013). 

Lo dicho entonces, que estas diez canciones muestran a unos Amon amarth bastante más inspirados que lo habitual,  y es que si bien la banda abre los fuegos recurriendo al manual mediante una veloz 'Gjallarhorn' rápidamente comprobaremos que el asunto acá no solo apunta a algo mucho más diverso sino que además a canciones realmente interesantes en cuanto a arreglos. La cabalgata que propone 'Eight legs of thunder', por ejemplo, incluyendo ese trabajo de guitarras que acaba explotando en un exquisito solo ascendente o la oscura 'Kvasir's blood' (la mejor de todo el álbum con claridad, ojalá a futuro exploraran por acá), con un Johan Hegg yendo muy abajo con los guturales, hablan de que estos suecos al fin volvieron a encontrarse con la musa inspiradora. De hecho, es tanta la confianza que derrochan que se han atrevido a meter en el nudo del disco un tema acústico como 'Upphaf' así como cerrar el trabajo con los casi siete minutos de 'Ascending like an eagle'. 

Más allá de la otra mitad del álbum se dedique meramente a cumplir mediante sólidos lugares comunes, ya solo por las cinco antes mencionadas, sumadas al excelente medio tiempo 'Die with a war cry', este disco vale totalmente la pena y se enmarca como lo más destacado que Amon amarth han publicado en más de una década. 

¿Canciones? 'Eight legs of thunder', 'Kvasir's blood' y 'Upphaf'.

7/10
Muy bueno.

Otras reseñas de Amon amarth:

sábado, 10 de octubre de 2026

Five Finger Death Punch: Legacy (2026)

 "Lo mismo una y otra vez..."

Hablando de discos monótonos plagados de lugares comunes: el último de Five finger death punch. Una banda que definitivamente no parece aspirar a nada más que esto, dar vueltas en el mismo álbum una y otra vez. Lo cierto es que podrías tomar cualquiera de las canciones del anterior Afterlife (2022), intercambiarla por las de este Legacy y no encontrarías diferencia alguna. El mismo sonido, la misma producción, idénticas intenciones... 

¿Qué encontramos acá por tanto? Nuevamente diez canciones (que parece ser la cifra mágica que el mercado indica hoy como "adecuado") que oscilan entre ese rock meloso, contenido y tremendamente monótono, una especie de Disturbed pasado por agua (lo que ya es bastante decir) que jamás sorprende, nunca escapa de los moldes ni estructuras típicas (estrofa/coro/estrofa/coro). Canción a canción lo que suena es un conjunto de guitarras inofensivas y  vocalizaciones de manual para un álbum que pareciera todo el tiempo conformarse con el mínimo, al punto de que si alguien me dice que varias de estas canciones están compuestas por una IA, me lo creo...

Y eso, no da para más. De los peores discos que habré oído este año, si es que no el peor...


3/10
Pésimo.


Otras reseñas de Five finger death punch:
2022: Afterlife

jueves, 8 de octubre de 2026

President : Blood Of Your Empire (2026)

"Demasiado pensado..."

Otra banda de máscaras, otra banda de metal (?) que pretende sonar modernilla. Desde ahí, lo de President huele mal de entrada pues hablamos de un nuevo proyecto misterioso que aparece en la idea de refrescar la escena metalera (y ya van...), sin embargo; y por lo mismo, la pregunta cae de cajón: ¿hay algo interesante acá por oír o la banda genera más ruido por el envoltorio que por la música? En dicho sentido, algo habíamos podido anticipar exactamente un año atrás (todo fríamente calculado claramente) mediante la publicación del EP King of terrors, asunto que corroboramos con este Blood of your empire, diez canciones que en menos de cuarenta minutos se pasean por todo lo que esperamos de este tipo de agrupaciones, dígase, una producción actual (de esa que contiene la estridencia), riffs entrecortados, estructuras que juegan a ser eclécticas, con momentos electrónicos, otros hiphopeados o coros marcadamente melódicos, todo esto puesto en una juguera con un elemento clave que espolvorea el cóctel por completo: la falta de pasión.

Y es que en esto último es donde falla este proyecto, todo suena tan jodidamente pensado que resulta muy difícil enganchar con estas canciones, las cuales te transmiten poco y nada. ¿Tendrá que ver el tono constantemente opaco del vocalista? ¿La falta de desenfreno a la hora de explotar? ¿La tendencia constante al coro melódico? ¿Todas las anteriores? Como sea, más allá de alguna aceleración divertida que el proyecto regala en cosas como 'Pink noise', los afanes emocionales de 'Dionysus', el pop declarado que se enlaza con guitarrazos muy a la Deftones en 'Mercy' o las reminiscencias simpáticas que recuerdan al Limp Bizkit de fines de los noventa que aparecen en 'Hate figure', este conjunto presenta muy poca cosa que te haga querer volver y más bien se presenta como uno de esos álbumes que se quedan en la caricatura de lo que pretenden. 

De lo más olvidable del año claramente...

¿Canciones? 'Dionysus', por buscar alguna.

5/10
Nada muy especial...