CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Hay artistas a los que el mainstream simplemente no se les da (y es una real lástima). Uno de esos casos es el de Jessie Ware, una artista que dicho en simple: si no pegó tras álbumes tan sofisticados, atractivos y distintivos como What's your pleasure? (2020) y That! Feels! Good! (2023), no va a pegar con nada. Ahora, convertirte en una vocalista "de nicho" tiene sus ventajas y una de ellas es la libertad que entrega el no tener que sostener un determinado éxito comercial, asunto que se respira en este Superbloom, un disco donde la inglesa ha ido a donde la han llevado sus ovarios, internándose de lleno en las influencias setenteras que desde siempre han inspirado su sonido e invitándonos a una fiesta elegante y glamorosa mediante su álbum más "disco" a la fecha.
Lo que encontramos acá entonces son once canciones bastante monocordes que desarrollan un pop de banda sinuoso, sexy y sabroso, alcanzando puntos altos en la sólida partida a cargo de 'I could get used to this', una exquisitamente sexual 'Ride' o en la imponente 'Don't you know who I am?', esta última con un dramatismo tan sorprendentemente latino en su discurso ("¿No sabes acaso quien soy? / Soy el amor de tu vida / No te atrevas a dejarme..."). De igual forma conmueve una balada al piano + vientos como '16 summers' así como el disco divierte en la inquieta 'Mr Valentine', sin embargo y todo sea dicho, no todo será perfecto en Superbloom (comenzando por esa confusa portada) pues al insistir constantemente en la misma tecla musical habrán momentos en el que álbum inevitablemente se vuelve algo plano y demasiado pomposo entre canciones que están de bien a muy bien pero carecen de algún factor sorpresa.
A destacar la producción del álbum, suena impecable, así como las siempre notables interpretaciones de Jessie Ware, todas en su punto. Ahora, al lado de las joyas que nos venía entregando la vocalista esta lista inevitablemente queda un peldaño por debajo, sin que esto signifique por supuesto que no siga sonando mejor que gran parte del pop que llega a nosotros por estos días.
¿Canciones? 'I could get used to this', 'Ride' y 'Don't you know who I am?'
"Las chicas del sur saben lo que significa / Cuando el patriarcado amenazante dice: ¡ahora cállate! / El puso su dedo en esos hermosos labios / Los dos sabemos para qué sirven, no?" - comienza declarando Tori Amos en su más reciente disco. Luego expandirá el relato citando al multi millonario Peter Thiel (el cofundador de PayPal) con aquel "...(ya) no creo que la democracia y la libertad sean compatibles", para luego complementar con un "Hay jerarquías / Deberías sentirte agradecido de servir / Cual sea la capacidad / Y no estoy preguntando...". Todas estas desafiantes y provocadoras líneas están inmersas en 'Shush', un tema oscuro y siniestro donde la vocalista dispara contra los millonarios machistas que hoy están al frente de nuestro mundo, instalando desde un inicio la sensación de estar ante un trabajo profundo y valiente, un disco doble (son veintitrés canciones en setenta minutos de música) de corte feminista en donde la prolífica artista no se ha dejado absolutamente nada en el tintero, armando un trabajo que puede peque a momentos de excesivo pero en ningún caso de poco coherente.
El disco plantea básicamente un viaje, la historia de una mujer esposa de un millonario que comienza un camino emancipador en el amplio sentido, situación que declara precisamente en 'In times of dragon' (la canción) entre líneas que anticipan el inicio de este proceso ("Acorralada, sé que estoy cambiando / Una vez fui bella, ¿ahora soy la bestia? / Él quiere hacerme creer que es la iluminación oscura / Y me cazará / Está sediento de sangre...") o inmediatamente después animándose a encontrar fuerzas en 'Provincetown' ("Vamos chica, agarra el salvavidas / Construye un puente para quienes se quedaron atrás / ¿Me congelaré o me rendiré? ¿Lucharé o huiré...?"), esto para luego encontrarse en canciones como 'St. Teresa','Gasoline girls' o 'Fanny Faudrey' (una feminista del Siglo XIX que Tori se ha inventado)con una serie personajes ficticios que acompañarán a la protagonista ya sea a modo de inspiración, apoyo físico o espiritual, esto mientras entabla sabrosos diálogos tanto con personas de carne y hueso en 'Veins', junto a su hija Natashya Hawley en las voces ("No quería contarte las sombras / No quería contarte la historia de la familia / Porque no quiero que corra por tus venas..."), como con la naturaleza en la delicada 'Strawberry moon'.
Y así como la primera parte del álbum había comenzado con la profundidad de 'Shush', la Cara B no se queda en absoluto atrás abriendo con una tremenda 'Song of sorrow', encarando de lleno el diálogo de la protagonista consigo misma ("Cántame tu anhelo / ¿No lo ves? Estoy aquí, querida / Te estás convirtiendo en tu propia mujer / Completa de nuevo...") seguida de una oscura y fascinante 'Flood', para luego volver a acudir a la espiritualidad y elevar los ánimos con 'Pyrite', armando un camino que llegará a su fin primero con la esperanzadora 'Stronger together', nuevamente con referencias hacia lo que significa para una mujer salir adelante junto a su hija ("Pudimos y lo hicimos juntas / Ahora que eres una mujer / Ahora que soy una mujer...") y luego con la absolutamente atmosférica y experimental '23 peaks', otro gusto que claramente Tori se ha querido dar en un disco que se mantiene en todo momento fiel al concepto que desea transmitir.
Lo que Tori Amos propone en este In times of dragons es una experiencia, una travesía ambiciosa donde la vocalista no ha temido al entregarse por completo a la obra. El resultado abre un abanico ciertamente ecléctico pues acá ha entrado de todo, con varias canciones que superan los seis minutos y que si bien ponen al relato por sobre los arreglos, estos no se quedan en absoluto atrás. Por supuesto que el disco resultará desafiante para el auditor casual (quizás inaccesible considerando lo espeso que puede llegar a ser si quien oye no está dispuesto a sumergirse de lleno en el concepto) y también es cierto que un puñado de temas resulta bastante genérico dentro del catálogo de Tori ('Ode to Minnesota', 'Tempest', 'Angelshark' o 'Blue lotus'), sin embargo, tan solo por la valentía de entregar un producto así de contundente, el trabajo se enmarca dentro de lo bueno que habremos oído en este año y ciertamente el disco más inspirado de Tori Amos en largos años. Aunque el mundo lamentablemente no se entere...
¿Canciones? 'Shush', 'Veins','Song of sorrow' y 'Pyrite'.
In somnolent ruin es el álbum que marca el regreso de Lisa Johansson a las voces de Draconian tras quince años de distancia, esto en reemplazo de Heike Langhans, junto a quien la banda alcanzó a grabar dos sólidos álbumes como fueron Sovran (2015) y Under a godless veil (2020). Y bueno, como era de esperar en este tipo de casos, digamos, cuando un integrante emblemático retorna a una banda, los suecos nos entregan un disco marca de la casa, un trabajo que para bien y para mal no presenta transgresión alguna a su sonido característico.
Lo que encontramos acá por tanto es una hora de una fórmula bastante probada a estas alturas, es decir, ese ir y venir constante marcado por oleadas de riffs que se suceden lentamente uno tras otro mientras Lisa + Arders Jacobsson desarrollan sus (ya) clásicos duelos vocales, la primera aportando su dulce canto de sirena mientras el segundo vomita terroríficos guturales. El cóctel funciona, claro que si, entregando puntos altos en 'The monochrome blade', la sentida 'I gave you wings' o en ese cierre maravilloso e intenso que logran mediante 'Lethe'. De igual forma en 'Anima' el duelo vocal es limpio gracias a la colaboración de Daniel Änghede (miembro de Ison, banda donde también participa la ahora ex vocalista Heike) mientras que en cosas como 'I welcome thy arrow' , 'The face of god' o 'Cold heavens' (donde Lisa sube el registro por única vez en todo el disco) la fórmula se desarrolla con comodidad y solidez armando así un compendio que dentro del canon de la banda funciona a la perfección.
Estamos por tanto ante el clásico disco que "te gustará si te gusta la banda". Sin más. Esto porque In somnolent ruin no es en ningún caso un álbum que explore nuevas tesituras ni escape a lo que conocemos de Draconian. Los suecos van a lo suyo y lo hacen bien. Para un oyente casual seguro todas las canciones parecerán la misma pues efectivamente la fórmula es bastante reiterativa, sin embargo, este es también uno de esos trabajos en donde hay que escarbar, sumergirse con paciencia en la propuesta para descubrir la belleza que se esconde tras cada melancólico pasaje, que vaya que la hay.
Respecto a Dimmu borgir existe cierto consenso respecto a que lo mejor de la banda ha quedado muy atrás (período 1997-2007), que llevan veinte años deambulando entre la rotación constante de integrantes y desarrollando más bien una caricatura (inofensiva) de sí mismos. En ese camino está claro el que los noruegos han ido suavizando su sonido, desarrollando un black melódico/sinfónico característico que por momentos les acerca más al gótico que a sus raíces extremas, y bueno, este Grand serpent rising no llega para modificar el curso, otro disco sin arranques demasiado violentos y donde todo luce bastante controlado. Ahora, dicho lo anterior, el conjunto al menos les muestra más inspirados que en álbumes anteriores.
Yendo a la música propiamente tal, el disco tiene un claro problema: la lista de los temas y extensión del álbum. De hecho, la partida es débil, con una 'Tridentium' que introduce largos pasajes instrumentales complementados con un relato hablado sucedida por una veloz 'Ascent', sin embargo, ninguna de las dos logra efectivamente atraparnos. Será recién en los siete minutos de 'As seen in the unseen', que pone énfasis en los aspectos melódicos, seguida de la excelente 'The qryptfarer' (la mejor de todas) cuando el asunto comience a repuntar con convicción, en esta última entregando parte de los arreglos más interesantes del trabajo con una batería que protagoniza y desarrolla exquisitas atmósferas junto a teclados. Esta última junto a la pasada por 'Ulvgjeld & blodsodel' (una que habría funcionado mejor como apertura del disco) + la agresiva 'Repository of divine transmutation' arman el tridente más consistente en el álbum. El problema es que en adelante el disco comienza a redundar volviéndose muy pesado,en ocasiones yendo al medio tiempo ('Phantom of the nemesis') o a veces acelerando ('The exonerated') pero siempre entre canciones de cinco minutos que pese a estar ejecutadas de manera impecable y gozar de una producción exquisita (todo suena en su lugar, hay que decirlo), no presentan grandes sorpresas en materia de estructuras o arreglos.
Grand serpent rising es un (muy) buen disco que trae de regreso la fórmula que Dimmu borgir viene desarrollando desde hace dos décadas pero en versión bastante más directa y efectiva respecto a los antecesores (sobre todo en la comparación con el pomposo Eonian de 2018). El disco funciona aunque con tres o cuatro canciones menos claramente se disfrutaría mejor...
¿Canciones? 'As seen in the unseen', 'The qryptfarer' y 'Repository of divine transmutation'.
Pues lo dicho, que la amplia fanaticada noventera de Sepultura jamás se tragó a Derrick Green, por lo que tras la partida de Max Cavalera en 1994 la carrera de los brasileños navegó durante treinta años entre el (injusto) desprecio y la indiferencia, llegando así a un previsible final que se ha materializado en gira de despedida y la publicación de este pequeño EP, cuatro dignas canciones que entregan el último sorbo por parte de una agrupación hasta el final intentó sostenerse con dignidad, pese incluso a las posteriores dolorosas partidas en batería de Igor Cavalera y Eloy Casagrande.
Y bueno, lo que tenemos acá son dieciséis minutos que dan muestras de la ambición que esta formación siempre mostró por ir un poco más allá de lo obvio, cuatro piezas que se pasean por diversos estilos, abriendo con un metal furibundo en 'All souls rising' en donde la velocidad se interrumpe bruscamente con sorpresivas orquestaciones, o cerrando con una cambiante 'The place'. Entre ambas habrán metido una balada como 'Beyond the dream', con la que apuntan a terrenos más emocionales de la mano de un Derrick Green que canta completamente limpio, mientras que 'Sacred books' si bien entregará un sonido duro más tradicional dentro de lo que ha sido la banda durante estos últimos veinte años, de todas formas se las arreglará para meter un caótico piano a medio tema que aportará un matiz relevante a la canción.
The cloud of unknowing acaba resultando un EP que deja sensaciones encontradas, por una parte las canciones saben bien, son interesantes cada una en lo suyo y muestran a una agrupación aún creativamente inquieta. Lo anterior se condice además con el hecho de que este material llegue a seis años Quadra (2020), el mejor álbum de Sepultura desde Dante XXI (2006). Dicho lo anterior, al lanzar estas canciones en un formato tan reducido con menos de veinte minutos de música pareciese que simplemente se las han sacado de encima, que no han querido (o no han podido) agregar algo más de trabajo para lanzar un álbum propiamente tal. Quizás están cansados y se entiende. Navegar todo el tiempo a contracorriente agota a cualquiera...
Para 2006 se cumplía casi una década desde el quiebre histórico entre Sepultura y Max Cavalera. Tiempo durante el cual los caminos fueron dispares, mientras el vocalista insistía junto a Soulfly en la constante emulación del mítico Roots (1996), los brasileños habían intentado transitar hacia nuevos lugares tanto en su debut Against (1998) como en el posterior Nation (2001). Respecto a estos cabe mencionar que los viejos fans de la banda con ambos lo intentaron, digamos, que le dedicaron alguna escucha a los discos pero acabaron rechazándolos drásticamente ya sea por la aún alargada sombra de Max o por que ninguno de los dos se acercó ni remotamente al sonido clásico de Sepultura. Como sea, para mediados de década la banda llegaba en medio de una total indiferencia, aspecto que sin duda influyó en que pocos le diesen una oportunidad a este Dante XXI, sin embargo, cosa curiosa: mirado a distancia este fue (junto con Quadra de 2021) el mejor álbum de Sepultura en la era Derrick Green. Aunque el mundo no se haya enterado...
Dicho en simple: lo que encontramos acá es la versión más salvaje y moderna que Sepultura pudo entregar en ese entonces, un álbum en donde la banda se dio al trabajo de un sonido específico, crudo, de peso, ejecutado con precisión y cargado a un metal con matices emocionales. Lo anterior se percibe de inmediato en toda la primera parte del disco, que es fascinante. Aceleran a fondo rápidamente con las demoledoras 'Dark wood of error' + 'Convicted in life', dos canciones donde la batería de Igor Cavalera suena tremendamente característica (con una llamativa caja, algo propio la era nu metal), las guitarras de Andreas Kisser están marcadas por el peso y Derrick Green está increíble en las voces (digámoslo, nunca cantó mejor que acá), de hecho, lo que logra el vocalista más adelante en algo como 'Ostia' (otra joya en materia de arreglos que regala este álbum) es tremendo, raspando su garganta al límite y transmitiendo la desesperación del relato.
En la misma línea agresiva y afilada se moverán 'False' (aunque la banda sabrá detener el paso pasado el segundo minuto) o 'Buried words', mientras que en otra arista de la propuesta 'City of dis', 'Fighting on' (nuevamente con Igor Cavalera marcando esos fascinantes segundos iniciales) o 'Nuclear seven' bajarán un tanto las revoluciones aunque de todas maneras incorporando pasajes donde la guitarra de Kisser es peso y crudeza. Finalmente, la recta final del disco insistirá sobre canciones como 'Repeating the horror' o 'Crown and meter' donde la agresividad es preponderante, esto para buscar el cierre épico mediante una 'Still flame' que pone acento en los pasajes limpios entre violines y momentos de calma.
Pues lo dicho, que Dante XXI fue un tremendo álbum que lamentable e injustamente quedó relegado en el olvido debido al descrédito con que cargaba Sepultura para aquel 2006. Digamos que la gran obra de la banda llegó cuando ya nadie tenía ganas de oírla. Una pena, sin embargo, nobleza obligaba a desde acá realizar un pequeño acto de justicia con un disco que no tiene segundo de desperdicio, un álbum absolutamente coherente de comienzo a fin y que en materia de arreglos + ejecuciones dio muestras de una banda inspiradísima. Quizás Sepultura debieron abandonar tras este disco, y es que si un álbum tan notable como este no tuvo la repercusión que merecía, ya no iba a ser con ninguno...
¿Canciones? 'Convicted in life', 'City of dis' y 'Ostia'
Llegando a mediados de los años noventa Sepultura venía de la publicación de algunos de los discos más relevantes en la historia del metal. Así como se lee. En el camino quedaba la pasada por Beneath the remains (1989) + Arise (1991), marcados por ese sabroso enlace entre el death y el thrash, el vértigo y la técnica en velocidad propia de una banda que supo leer muy bien los tiempos que se vivían por aquellos años. Por lo mismo, cuando la década comenzó a hacer crisis para varias de las bandas icónicas del género fue que los brasileños entendieron que debían hacer el giro, insinuado primero en un Chaos A.D (1993) que se cargaba levemente a un incipiente groove metal entregando preponderancia al trabajo de percusiones en el sonido, para luego profundizar en este histórico Roots, álbum con el que Sepultura salen definitivamente de la caja registrando su disco más exploratorio hasta ese entonces y uno que debido a su éxito comercial acabó por ejercer una importante influencia a futuro dentro del mundo del metal.
En lo concreto, la banda andaba con ganas de vivir nuevos aires por lo que deciden trabajar con Ross Robinson, quien ya había producido el debut de Korn en 1994 y colaborado con Deftones en Adrenaline (1995), así como buscar inspiración en el Mato Grosso compartiendo con los Xavantes (indígenas autóctonos de la zona), aspecto que se ve reflejado claramente en el sonido tribal que circunda el álbum así como en las temáticas con tinte político que este contiene. Lo anterior se expresa a la perfección en la apertura que marca el hitazo 'Roots bloody roots', con un Andreas Kisser punzante en las guitarras, Igor Cavalera azotando el tema con esa batería seca y un Max Cavalera que vomita consignas identitarias ("La lluvia me entrega fuerzas para enfrentar un nuevo día / Y todo lo que quiero ver / Liberarnos / ¿Por qué no lo puedes ver? / Esto es real"). En adelante, las sensación de estar ante un bicho diferente dispuesto a desarmar aquel presente de la banda se confirmará en toda la pasada que viene a continuación, con momentos cargados hacia atmósferas envolventes en 'Attitude' o 'Breed apart', pasajes violentos en 'Cut-throad' (esta prácticamente se emparenta con el entonces emergente nu metal al incorporar esos fraseos hiphopeados de Max) o 'Straighhate', así como canciones que llevan la experimentación más lejos que nunca en 'Lookaway' (un frikerío que cuenta con participación de Mike Patton , Jonathan Davis y DJ Lethal en voces) o en la exquisitamente tribal 'Ratamahatta', otro hit inolvidable que nos dejó este disco y que contó con el brasileño Carlinhos Brown tanto en composición como interpretación. Todo lo anterior habla de un álbum de identidad característica que efectivamente a ratos se acerca al nu metal (elementos hay) pero que jamás deja de sonar coherente respecto a si mismo. Dicho en simple: Roots posee vida propia y se desmarca de cualquier disco anterior de Sepultura, sin embargo, la esencia de la banda continúa siendo plenamente reconocible.
Dentro de lo complicado, el disco es hijo de su época en todo sentido, porque los noventas permitían (¡y celebraban!) la exploración en extenso. De ahí que quince canciones (+ una pieza escondida de sonidos tribales que es larguísima) en una hora de música se hagan demasiado, con pasadas por 'Dusted' + 'Born stubborn' o 'Endangered species' + 'Dictatorshit' que se entorpecen entre sí, así como un curioso pasaje limpio compuesto por 'Jasco' + 'Itsári' (con participación de los indios Xavantes) que puesta en otro lugar del disco seguramente habría funcionado mejor. Claramente con diez o quince minutos menos y otro orden en las canciones estaríamos hablando de una verdadera obra maestra pero bueno, que esos años fueron así, había que exprimir el formato del CD y las bandas tendían a exagerar la duración de sus trabajos además de meter todo lo que tenían prácticamente a presión. Nada de esto le resta demasiado en todo caso a un trabajo brillante que transmite en todo momento esa sensación de una búsqueda tan notable como honesta.
El resto de la historia es conocida. En la cresta de la ola la banda se pelea con su manager (esposa de Max Cavalera) por lo que el vocalista abandona el proyecto para luego formar Soulfly, proyecto donde este intentó continuar el legado de Roots. En paralelo los brasileños incorporan a Derrick Green en voces construyendo desde 1998 una nueva etapa de altos y bajos, aunque poco atractiva para los fans, quienes quedaron para siempre marcados por esta primera década de producciones fantásticas, las cuales cerraron con este curioso e inesperado canto del cisne para una formación histórica.
¿Canciones? 'Roots bloody roots', 'Attitude' y 'Ratamahatta'.
2025: Una Nueva Derrota.
-
Tras la derrota en el plebiscito constitucional de 2022 no quise más con la
política por un buen rato. Dejé de escribir acá por lo mismo. El escenario ...