CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
De que la música de Amon amarth fue perdiendo peso y frescura con el paso de los años para nadie es secreto. Tras una tríada de álbumes publicados a fines de los años noventa en donde los suecos supieron desarrollar un death melódico de alto tonelaje (aunque algo monocorde, digámoslo) poco a poco la banda fue afinando la fórmula, acercándose a canciones más amenas que básicamente soltaron el componente death para acercarse a algo incluso más familiarizado con el powermetal. El antes/después claramente lo marcó la pasada por With oden on our side (2006) + Twilight of the thunder god (2008), álbumes que les convirtieron en una especie de Sabaton o Powerwolf de mayor peso, el problema es lo que vino después, una seguidilla de discos en exceso cómodos, carentes de ideas y completamente olvidables, álbumes cada vez menos inspirados que durante una década se dedicaron más que nada a reiterar un manual. Desde ahí, era poco lo que esperábamos de este álbum número trece para la banda, sin embargo, nobleza obliga: sin ser tampoco una maravilla (las cosas por su nombre), este The allfather awakensrepresenta lo mejor que la banda ha grabado en casi quince años, digamos, al menos desde Surtur rising (2013).
Lo dicho entonces, que estas diez canciones muestran a unos Amon amarth bastante más inspirados que lo habitual, y es que si bien la banda abre los fuegos recurriendo al manual mediante una veloz 'Gjallarhorn' rápidamente comprobaremos que el asunto acá no solo apunta a algo mucho más diverso sino que además a canciones realmente interesantes en cuanto a arreglos. La cabalgata que propone 'Eight legs of thunder', por ejemplo, incluyendo ese trabajo de guitarras que acaba explotando en un exquisito solo ascendente o la oscura'Kvasir's blood' (la mejor de todo el álbum con claridad, ojalá a futuro exploraran por acá), con un Johan Hegg yendo muy abajo con los guturales, hablan de que estos suecos al fin volvieron a encontrarse con la musa inspiradora. De hecho, es tanta la confianza que derrochan que se han atrevido a meter en el nudo del disco un tema acústico como 'Upphaf' así como cerrar el trabajo con los casi siete minutos de 'Ascending like an eagle'.
Más allá de la otra mitad del álbum se dedique meramente a cumplir mediante sólidos lugares comunes, ya solo por las cinco antes mencionadas, sumadas al excelente medio tiempo 'Die with a war cry', este disco vale totalmente la pena y se enmarca como lo más destacado que Amon amarth han publicado en más de una década.
¿Canciones? 'Eight legs of thunder', 'Kvasir's blood' y 'Upphaf'.
Hablando de discos monótonos plagados de lugares comunes: el último de Five finger death punch. Una banda que definitivamente no parece aspirar a nada más que esto, dar vueltas en el mismo álbum una y otra vez. Lo cierto es que podrías tomar cualquiera de las canciones del anterior Afterlife (2022), intercambiarla por las de este Legacy y no encontrarías diferencia alguna. El mismo sonido, la misma producción, idénticas intenciones...
¿Qué encontramos acá por tanto? Nuevamente diez canciones (que parece ser la cifra mágica que el mercado indica hoy como "adecuado") que oscilan entre ese rock meloso, contenido y tremendamente monótono, una especie de Disturbed pasado por agua (lo que ya es bastante decir) que jamás sorprende, nunca escapa de los moldes ni estructuras típicas (estrofa/coro/estrofa/coro). Canción a canción lo que suena es un conjunto de guitarras inofensivas y vocalizaciones de manual para un álbum que pareciera todo el tiempo conformarse con el mínimo, al punto de que si alguien me dice que varias de estas canciones están compuestas por una IA, me lo creo...
Y eso, no da para más. De los peores discos que habré oído este año, si es que no el peor...
Otra banda de máscaras, otra banda de metal (?) que pretende sonar modernilla. Desde ahí, lo de President huele mal de entrada pues hablamos de un nuevo proyecto misterioso que aparece en la idea de refrescar la escena metalera (y ya van...), sin embargo; y por lo mismo, la pregunta cae de cajón: ¿hay algo interesante acá por oír o la banda genera más ruido por el envoltorio que por la música? En dicho sentido, algo habíamos podido anticipar exactamente un año atrás (todo fríamente calculado claramente) mediante la publicación del EP King of terrors, asunto que corroboramos con este Blood of your empire, diez canciones que en menos de cuarenta minutos se pasean por todo lo que esperamos de este tipo de agrupaciones, dígase, una producción actual (de esa que contiene la estridencia), riffs entrecortados, estructuras que juegan a ser eclécticas, con momentos electrónicos, otros hiphopeados o coros marcadamente melódicos, todo esto puesto en una juguera con un elemento clave que espolvorea el cóctel por completo: la falta de pasión.
Y es que en esto último es donde falla este proyecto, todo suena tan jodidamente pensado que resulta muy difícil enganchar con estas canciones, las cuales te transmiten poco y nada. ¿Tendrá que ver el tono constantemente opaco del vocalista? ¿La falta de desenfreno a la hora de explotar? ¿La tendencia constante al coro melódico? ¿Todas las anteriores? Como sea, más allá de alguna aceleración divertida que el proyecto regala en cosas como 'Pink noise', los afanes emocionales de 'Dionysus', el pop declarado que se enlaza con guitarrazos muy a la Deftones en 'Mercy' o las reminiscencias simpáticas que recuerdan al Limp Bizkit de fines de los noventa que aparecen en 'Hate figure', este conjunto presenta muy poca cosa que te haga querer volver y más bien se presenta como uno de esos álbumes que se quedan en la caricatura de lo que pretenden.
Nuevamente la tragedia. Si Crack the skye (2009) estuvo marcado por el suicidio de la hermana de Brann Dailor (de apenas catorce años) y Hushed and grim (2021) por la muerte de Nick John, manager histórico de la banda, este 2026 llegó empapado en dolor para Mastodon, primero con el fallecimiento de la madre de Dailor un año atrás y luego con la noticia del accidente fatal sufrido por Brent Hinds, herida que seguro marcará el destino de la agrupación. Este Marrow deep llega a nosotros por tanto en medio de un aire especial, una sensación que oscila entre lo sombrío y la esperanza, pues lo que tenemos acá es a una banda que ha intentado rearmarse con lo que les queda, construyendo un trabajo que no le hace el quite a la tristeza provocada por la pérdida; esto mediante doce canciones que en poco más de sesenta minutos vuelven a entregar esa versión que conecta de manera notable la dureza del sonido de Mastodon con su arista más sensible.
En búsqueda de dar con la tecla adecuada la banda ha colaborado en producción con un curioso tándem, el sueco Patrik Berger (que viene del mundo del pop) + Kurt Ballou (histórico guitarrista de Converge), y además han incorporado a dos integrantes a la formación, Nick Johnston en guitarra y Joao Nogueira en teclados, ahora, lo cierto es que toda esta nueva experiencia ha llegado a buen cause, las ideas han fluido por lo que Marrow deep ha acabado funcionando a la perfección. No es un disco fácil (¿alguno de Mastodon lo ha sido?) pero si es un álbum que logra transmitir de manera impecable una sensación de contundencia, de fuerza en los arreglos e interpretaciones vocales, con el constante duelo entre Troy Sanders + Brann Dailor luciendo en excelente forma. Lo anterior lo apreciamos rápidamente cuando las líneas apocalípticas de 'Barbarians blood' emerjan ("Estamos en peligro / Perdiéndolo todo / Como el fuego / Quemando lo que alguna vez amamos..."), seguida de 'Poisonous weapons' + 'Your ghost again', siendo este el primer momento marcadamente emocional del álbum, el cual encontrará complemento en la sólida 'Snakes for dinner', también esta con claras referencias a aquella pérdida que te deja ante preguntas sin respuestas ("Cuando te fuiste tomaste la luna y las estrellas / Enterrándolas profundo en el océano / Cuando te fuiste tomaste nuestros corazones y mentes / Todo lo que pude encontrar bajo la mugre fueron recuerdos...").
La labor de los nuevos integrantes (guitarra y teclado) se sentirá por primera vez con fuerza en la sección instrumental de 'Out like a bomb' así como en la recta final del disco, esos quince minutos armados por dos joyas psicodélicas y experimentales como la setentera 'The vanishing', esta con la particularidad de contar con la participación del mítico Geezer Butler en el bajo (el favorito de la madre de Dailor, por cierto) + 'The three fates', esto no sin antes haber pasado por otra serie de momentos desbordantes en energía como los que se viven con 'Golden spires', la absolutamente furiosa 'A vampire's demeanor' o el notable giro de temperamento que entrega 'Moth and bone', una que abre en medio de la más exquisita calma para luego ir regalando explosiones sucesivas.
Como detalle está el de costumbre: la extensión. Considerando lo monocorde del sonido de Mastodon, dos o tres temas menos habrían ayudado a la experiencia global, sobre todo considerando el que acá, tal como en el pasado Hushed and grim (2021), existen momentos en que la banda explora un tanto fuera de la caja, sin embargo, estos terminan quedando algo escondidos entre tanta canción que la banda incluye en la lista. Ahora, con todo, la banda ha vuelto a entregar un trabajo de alto vuelo. Marrow deep conjuga de gran forma la tecla emotiva del metal, esa que ya habían tocado unos años atrás y que acá han vuelto a desarrollar. Uno de los buenos discos del año.
¿Canciones?'Your ghost again', 'A vampire's demeanor' y 'The vanishing'.
Mirado a distancia, existió un antes y un después para Mastodon a partir de Crack the skye (2009), un álbum donde los estadounidenses bajaron un tanto las revoluciones de su sonido acercando su dureza hacia pasajes más melódicos inmersos en canciones coreables en estadios. Antes que eso, sin embargo, tuvimos una trilogía de discos que contaron con un nexo común: el desarrollo de un metal alto en tonelaje, sucio en materia de producción, intrincado en sus arreglos, y por tanto, arisco con el auditor. Y bueno, en ese camino Blood mountain podría considerarse como el último eslabón de dicho momento, cincuenta minutos en donde si bien la banda no se mostraba tan despiadada como en el debut de 2002, aun era reconocible ese perfume bestial en su sonido así como la intención de en todo momento sorprender con las estructuras de cada canción.
El tercer disco de Mastodon sostiene por tanto la bandera de ese sludgeagresivo, que si bien coqueteaba fuertemente con el progresivo continuaba apegándose al libreto del hardcore, dígase, canciones de tres minutos dispuestas a volar cabezas. Esto se percibe de inmediato cuando la batería de Brann Dailor (absoluto protagonista en los tres primeros álbumes de la banda) irrumpa redoblando tanto en 'The wolf is loose' como 'Crystal skull' de la mano de un sonido veloz que conecta efectivamente con la vibra que la banda venía trayendo en sus dos primeros discos, línea que más adelante volveremos a percibir en 'Capillarian crest' (acercándose como nunca al metal progresivo en toda la sección instrumental media donde juegan a ser Dream Theater), en otra bestialidad de canción como 'Circle of cysquatch' así como en la absolutamente caótica'Bladecatcher'. Todas estas canciones dan muestras de una banda creativamente inquieta que se esfuerza por sorprender en tiempos cortos con rarísimos giros estructurales, y si bien existirá una que otra pausa a lo largo del álbum, como la que se vive en la tranquila y reflexiva pero cambiante 'Sleeping giant' (una que anticipa claramente por donde irían los fuegos en el mencionado Crack the skye), hacia el cierre en la loquísima 'Siberian divide' o en los aires country de 'Pendulous skin'; en general el álbum se moverá sobre aguas turbulentas, tomando aire en ciertos momentos para unicamente volver a la carga una y otra vez de la mano de un metal tan furioso como dinámico y cambiante.
Habrá quienes digan que un álbum como Blood mountain se hace demasiado pesado al oírlo de tirón, y no les culpo. Efectivamente esta mole que Mastodon supieron construir funciona como uno de esos discos que requiere cierto grado de complicidad y entrega por parte del auditor. Estas doce canciones condensan la esencia que la banda venía trayendo hasta 2006: peso, energía y agresividad en el contexto de un metal intenso, técnico, que oscila entre el progresivo, el slugde y el hardcore. Algo que, digámoslo, de aquí en adelante no lo volvimos a oír nunca más de esta manera...
¿Canciones? 'The wolf is loose', 'Sleeping giant' y 'Capillarian crest'.
Devildriver es una de esas bandas que ha padecido el fenómeno del "disco cada dos años". El exceso de productividad en la música rara vez deja espacio para una adecuada decantación (o inspiración) por lo que los de Dez Fafara vienen deambulando desde hace demasiado por álbumes genéricos, irregulares y, digámoslo, poco trascendentes. En ese camino Strike and kill no llega para cambiar la ruta, de hecho uno toma un disco de quince años atrás como Beast (2011), por ejemplo, y muchas diferencias no encuentras respecto a lo que acaban de publicar: un groove furioso, siempre acelerado y bien ejecutado. Ahora, dicho lo anterior, la experiencia que entregan en este 2026 acaba dejando mejor sabor de boca respecto a los antecesores inmediatos. Dicho en simple: aún repitiendo fórmulas, esta vez han logrado sonar más agresivos y convincentes que lo habitual.
Lo que encontramos por tanto en Strike and kill son trece canciones que en cincuenta minutos funcionan como una serie de puñetazos que no regalan tregua, desde la furiosa 'Dig your own grave' la banda no entrega respiro y se lanzan a un continuo que (para bien y para mal) rara vez se detiene. Hay mucha velocidad acá en canciones marca de la casa como 'Dead in the water' (en esta destacan los fraseos llamativos y característicos de Fafara) así como un machaque incesante en 'Shut the silence on', por lo mismo el único problema con el disco es que es demasiado largo. Cincuenta minutos para un sonido en general tan monocorde es demasiado.
De todas formas llama la atención el guiño que realizan en 'Headed for the fall' al riff principal de 'Loco' (el mítico single de Coal chamber), también siendo esta una de las pocas canciones que incluye un solo de guitarra en su estructura, el tono un tanto más reflexivo y melódico que regalan en 'In the moonlight' o los arranques acústicos de 'Summoning shadows', por cierto, una lástima que esta no la hayan trabajado y extendido un tanto más, mira que era de lo más diverso en todo el disco.
Es evidente que al disco le sobran tres o cuatro canciones, sin embargo, con todo, representa un regreso en forma por parte de unos Devildriver que han logrado recuperar frescura tras varios años bastante poco inspirados. En dicho sentido, Strike and kill funciona como una grata sorpresa para una banda que ya la creíamos algo acabada.
¿Canciones? 'Dig your own grave' , Shut the silence on' y 'Summoning shadows'.
Tras un disco tan contundente y demostrativo del poderío de Protest the hero, como fue Palimpsest (2020), no la tenían fácil estos canadienses. De ahí seguramente el que hayan decidido tras seis años de silencio tirar por lo "obvio" en una siguiente entrega, dígase, un disco impecable desde el punto de vista técnico y que les catapulta con fuerza como una de las propuestas más interesantes del metal progresivo actual, aunque todo sea dicho: también dejando la sensación de que estamos ante un "notable más de lo mismo".
Dicho lo anterior, si algo hay que celebrar en este Within es el que sea un álbum breve, solo treinta y cinco minutos de música para un disco que desde su primer minuto entrega claras señales de por donde irá: producción impecable, estructuras que ponen énfasis en los aspectos melódicos del sonido, velocidad desenfrenada y un Rody Walker entregando todo de si en las histéricas vocales de cada tema.
Desde que le demos play a algo como 'Mouthpiece' comprobaremos que el álbum no se anda con medias tintas, Protest the hero han decidido acelerar desde un comienzo y no regalar segundo de tregua, en ocasiones acercándose incluso al powermetal en algo como 'Fishhook' o a veces apuntando a un sonido más melodeath técnico en la frenética 'Grandfather's axe'. ¿Y por qué sería positivo que el álbum sea corto? Pues porque no alcanza a agotar, porque cuando comienza a asomar un atisbo de redundancia en la épica que pretende 'The orchard', el disco ya está acabando, dejando la sensación de haberte subido a una montaña rusa que durante media hora te sacudió pero que a la vez ha sabido acabar con elegancia, primero con la fascinante 'Liberty spike' y luego mediante los excelentes siete minutos y medio de 'The mariner' (desde ya, de las canciones del año), una que abraza y combina con fuerza los aspectos progresivos y melódicos de la banda.
Protest the hero han entregado otro excelente álbum (y ya van...). No innovan en absoluto, se mantienen en su zona de confort pero ahí, se mantienen en el top del metal actual.
Obsession (2026)
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Género: Terror / Suspenso
Dirección: Curry Barker
Protagonistas: Inde Navarrete, Michael Johnston
Duración: 100 minutos
Año: 2026
El fenómeno de terror del...
2025: Una Nueva Derrota.
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Tras la derrota en el plebiscito constitucional de 2022 no quise más con la
política por un buen rato. Dejé de escribir acá por lo mismo. El escenario ...