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martes, 3 de marzo de 2026

The Ruins Of Beverast: Tempelschlaf (2026)

 "Ritual sin terror..."

Tenía muchas ganas de oír el regreso de este proyecto a cargo del multi instrumentista Alexander Von Meilenwald, principalmente considerando que el anterior The thule grimoires (2021) fue uno de los discos que más disfruté cinco años atrás, y bueno, que el alemán es garantía de calidad y contundencia dentro de la escena metalera actual. Había que ver si el asunto sostenía la línea del mencionado o retomaba ese camino más ligado al black, el cual encontró en un disco como Exuvia (2017) su mejor versión. Finalmente Tempelshlaf ("Dormir en el templo" es la traducción, de ahí la portada) ya vive entre nosotros por lo que el dilema ha sido resuelto: acá hay continuidad. Nuevamente tenemos a The ruins of Beverast inmerso en su esencia, léase, siete canciones entregadas al ritual atmosférico entre dinámicas marcadas por el peso y los profundos alaridos del vocalista. Hay un problema eso si: que esta vez el asunto luce algo más plano y monótono, más simple incluso, falto de esos cambios estructurales profundos que tanto enriquecieron anteriores obras del músico.

Que una canción sea larga en ningún caso te asegura algo, sin embargo, puede que los números ejemplifiquen en parte lo que ocurre con este álbum. Y es que a diferencia de sus antecesores, donde varios temas rondaban los doce a trece minutos, en este Tempelshlaf encontramos que prácticamente todas andan por los seis o siete. En dicho sentido este nuevo álbum se percibe como una versión más amable de The ruins of Beverast, una especie de ritual sin terror. Los condimentos están: el disco suena bien, de hecho la mezcla es más limpia que nunca, las ejecuciones son impecables... pero hay cierta magia que no aparece en el correr de los temas. 

Encontraremos acá piezas cristalinas en la apertura y cierre del álbum, 'Tempelshlaf' (con Alexander vocalizando grave y recordándonos una vez más al histórico Peter Steele de Type o negative) y los trece minutos de 'The carrion cocoon', mientras que otras estilo 'Day of the poacher', 'Alpha fluids', 'Babel, you Scarlet queen!' o la envolvente 'Last theatre of the sea' acelerarán con fuerza desde un comienzo entregando pasadas un tanto más agresivas. Para bien y para mal, las canciones carecen eso si de momentos particularmente intensos centrándose más bien en las atmósferas continuas que se proponen, esto se aprecia claramente en la ya mencionada apertura con 'Tempelshlaf' o más adelante en las sólidas 'Cathedral of the bleeding statues', temas que suenan (muy) bien pero en términos de estructuras dan vueltas y vueltas sobre lo mismo, lo cual inevitablemente puede resulte monótono y agotador a ratos. 

En general The ruins of Beverast ha cargado con el "problema" de que cada canción funciona como un mundo en si mismo por lo que la experiencia de una hora de música continua puede volverse pesada para quien no esté dispuesto a entrar de lleno a la obra. En dicho sentido este Tempelshlaf debe ser el álbum más accesible del proyecto a la fecha, aunque por lo mismo sin ser un mal disco aparece como una propuesta algo menor respecto a la contundencia de anteriores discos. Dicho en simple: el músico pierde en la comparación consigo mismo al haber simplificado su obra. 

¿Canciones? 'Cathedral of the bleeding statues' y 'Alpha fluids'.

6,9 / 10
(Muy) Bueno.


Otras obras de The ruins of Beverast:

miércoles, 7 de julio de 2021

The Ruins Of Beverast: The Thule Grimoires (2021)

 "Complejo, profundo y maravillosamente a contra corriente..."

Varios meses de vida tiene ya este álbum pero hay que revisarlo. Y es que estamos frente a otro caso de un personaje increíblemente creativo al que vale la pena seguirle el paso. Me refiero al alemán Alexander Von Meilenwald, quien continuando con su costumbre de publicar un disco cada cuatro años regresa en este 2021 con el sexto trabajo del desafiante proyecto The ruins of Beverast. Black, doom, metal atmosférico, llámenle como quieran a esto, sin embargo, por sobre cualquier etiqueta (que todas le quedan cortas) no es exagerado afirmar que cada lanzamiento del multi intrumentista es una verdadera experiencia y The thule grimoires no será la excepción, un viaje envolvente dispuesto a someterte en atmósferas góticas y rituales realmente terroríficos (si, así como suena). 

Sin ir muy lejos, desde el primer momento en que le das play al álbum sientes el estar frente a algo especial, lo cual no deja de ser curioso considerando lo denso y pesado que se percibe el andar del sonido, sin embargo, las abrasivas olas de guitarras que proponen los primeros cuatro minutos de 'Ropes into the eden' (que luego acaban construyendo un instrumental de doce) resultan imponentes al punto de mantenerte ahí, adicto a lo que estás escuchando. Desde entonces el álbum se pasea entre una serie de piezas que privilegian el armado de atmósferas, espesas siempre, por sobre la efectividad, en una lista de canciones extensas (son siete en total donde tres de ellas superan los diez minutos de duración) que se pasean por diferentes tópicos dentro del metal, todos fascinantes. 

En materia de arreglos el álbum es exquisito, con canciones que se cuecen a fuego lento donde guitarras y baterías van construyendo los ambientes y acompañan el apartado vocal que Meilenwand propone, quien en 'Kromlec'h knell' opta por relatar únicamente en un registro limpio y grave (imposible no pensar en Type o negative por momentos) mientras que en la excelente 'The tundra shines' decide regalar unos guturales desaforados en el giro hacia el black que realiza en su recta final. En el nudo del álbum 'Mammothpolis' abordará un sonido mucho más tribal centrado en las percusiones, el cual dará paso a 'Anchoress in furs', una pieza maestra que por si sola es un viaje, en una buena muestra de hasta donde el compositor ha sido capaz de llevar la experiencia, dividiendo la canción en tres secciones, yendo desde la oscuridad y el peso (los primeros cinco minutos) hacia la rabia (la sección intermedia de dos minutos) y luego al desenlace cargado a la emotividad (los tres minutos finales).

Ciertamente, tras tan intensos cincuenta minutos de música uno podría sentir que ha sido suficiente, sin embargo, este alemán no está dispuesto a soltarnos por lo que en la recta final nos trae de regreso. Primero mediante 'Polar hiss hysteria', la canción más acelerada del álbum y la única donde percibimos dinámica constante, y luego en el cierre definitivo a cargo de los catorce minutos de 'Deserts to bind and defeat', otro ambicioso viaje que verdaderamente te somete a una montaña rusa de explosiones y emociones, con una cantidad de idas y vueltas que te dejan extenuado. 

¿Qué es demasiado? Si, seguramente lo es. Es tanto lo que el compositor propone en estos setenta minutos que inevitablemente por momentos te pierdes (siendo este su único "defecto"), pues el disco exige estar completamente inmerso en la experiencia para valorar sus innumerables detalles. En tiempos donde muy pocos están dispuestos a regalar su tiempo a algo así de complejo y profundo, un disco como The thule grimoires funciona completamente a contra corriente, pero que quede claro: el problema es nuestro, no de este extraordinario artista.

¿Canciones? 'Ropes into the eden', 'The tundra shines'  y 'Anchoress in furs'.

9/10
¡Brillante!