"Lo más amigable en su carrera..."
Lo que tenemos acá entonces son diez canciones que en cuarenta minutos navegan por temáticas relacionadas con el desamor y la pérdida, esto entre estructuras plenamente reconocibles con estrofas, puentes y coros marcados, aunque claro, siempre con el sello oscuro y gótico de Chelsea. De esta forma, la oiremos abriendo entre cuerdas mediante 'Cold' (toda una declaración de intenciones abriendo con ese "Te dejo ir / Necesito saber quien soy sin ti...") para luego ir ensuciando la atmósfera, con una cosa muy The cure en la dinámica 'Seethe', abrazando baterías electrónicas en 'Humours' o apostando por un relato más tétrico en la excelente 'Swallower'. Estas canciones, sin embargo, serán excepciones dentro de un álbum que en general persigue atmósferas limpias, ya sea entregándose a la calma del folk en 'Halo' + 'The dark' (que recuerda un tanto el sonido que PJ Harvey viene abrazando en sus últimos discos), coqueteando con el pop en la melosa 'I'm not there' o yendo al piano en 'Dancer in the sky', esto para en la recta final entregarnos la que claramente es la gran joya del álbum: 'Death is not the end', una abre en la más absoluta calma acústica para en el camino ir metiéndole suciedad al tema.
Puede que Chelsea Wolfe nos haya traído acostumbrados a trabajos ariscos por lo que este The dark luzca demasiado sencillo en apariencia. Y es que lo es. La vocalista ha abierto el pecho hacia canciones más reconocibles que lo habitual, aunque jamás dejando de ser ella. El resultado continúa luciendo satisfactorio y aparece como una salida a tomar aire que el tiempo dirá si queda solo en esto o más bien representa el inicio de un nuevo ciclo.
¿Canciones? 'Cold', 'Swallower' y 'Death is not the end'.
7,5 / 10
¡Muy bueno!

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