miércoles, 16 de julio de 2025

Camila Moreno: La Primera Luz (2025)

 "Lugares comunes..."

Efectivamente hay casos en que una artista necesita tiempo para respirar, tomar aire y reencontrarse. Que no todas pueden ser una diosa incombustible (léase: Björk). En el caso de Camila Moreno no era nada fácil venir de dos álbumes tan fascinantes como Mala madre (2015) o Rey (2021), discos en donde la artista supo desatar su amplio abanico de influencias convenciendo en todos los frentes. Y bueno, ante el desafío la chilena ha decidido tomar el desvío, ganar algo de tiempo con un álbum correcto, sensible y que musicalmente tira por lo obvio.

Nos encontramos así ante un álbum breve (solo treinta y tres minutos), bastante regular y que salvo un par de excepciones (situadas ambas al comienzo del disco) apuesta por lo básico, con esa Camila que se expresa en versión dramática unicamente sobre sutiles cuerdas o un teclado. Nada nuevo por cierto, que en esa línea la hemos oído en el pasado. El caso es que si bien el trabajo abre insinuando cositas musicalmente ambiciosas, como en 'La primera luz' (con esos aires a Radiohead que inevitablemente le brotan a la vocalista) seguida de una cruda 'Madre nunca niña siempre', rápidamente el asunto girará hacia la intimidad y extrema simpleza, colocando al discurso siempre por sobre los arreglos. En ese andar habrán piezas que tienen lo suyo y funcionan, destacando algo como 'Fuga' (con unos primeros segundos que emulan la tristeza de un 'Everybody's gonna learn sometime' en versión Beck), la desnuda 'Vapor' o 'Medalla de oro' (una que pedía a gritos una explosión de mayor intensidad que lamentablemente no llega), mientras que otras oscilarán entre el auto plagio ('Irreversible' o 'Torre', por ejemplo, son bonitas pero también canciones que se las hemos oído varias veces antes) y baladas algo frías (el cierre a cargo de 'Habla' + 'Antorcha'). 

La primera luz efectivamente es un disco que intencionalmente suena a poquita cosa frente a sus antecesores, un álbum que quizás atrapa a Camila Moreno en un momento contemplativo ante su propia obra y donde ha debido tirar de lugares comunes, digamos, el piloto automático. El resultado está bien, funciona y regala uno que otro momento digno de atención. Tampoco es que pretendiese mucho más.

¿Canciones? 'La primera luz' y 'Medalla de oro'.

6/10
Bueno, cumple.


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viernes, 11 de julio de 2025

Javiera Mena: Inmersión (2025)

 "Vuelta a lo simple..."

Uno de los importantes méritos con los que contó un álbum como Nocturna (2022) fue esa capacidad para darle continuidad a la faceta popera/bailable/electrónica que la vocalista inauguró en Otra era (2014), aunque mostrando al mismo tiempo una faceta más elegante, madura y sensual. Ante dicho escenario, en lugar de repetir el plato con algo menor (como ocurrió en Espejo de 2018), Javiera Mena esta vez ha decidido buscar lo simple, entregar un conjunto algo más íntimo y minimalista que ciertamente la conecta con sus inicios. Inmersión por tanto es ante todo un disco simple que pone por delante las melodías y letras (amores y desamores, como siempre), dejando (salvo una que otra excepción) los artificios electrónicos de lado. 

Desde un comienzo por tanto notaremos por donde van los tiros, 'Palacio de hielo' abre con Javiera desnuda junto a una sutil guitarra para luego ir incorporando a la banda pero siempre de manera contenida, algo que volveremos a oír en la preciosa 'Na na na' (con unos toques orientales bastante envolventes) o en entrando en la recta final del disco mediante las acústicas 'Volver a llorar' o 'Mar de coral', esto a diferencia de cosas como 'Pez en el agua', 'Reina de la selva' o 'Esta ciudad', momentos en donde ciertos toques de sensualidad dicen presente ante dinámicas que invitan inevitablemente al baile, aunque claro, jamás con el desate de antaño. En el camino 'Claro de luna' apuntará al medio tiempo pop entre guitarras acústicas mientras que 'Absurda' contará con los arreglos más retro del trabajo (genial y divertido ese: "Y lloro, y mi gata me mira con cara de absurda...") , armando así un conjunto sencillo (son solo treinta y un minutos), de bajas ambiciones pero que centra su solidez en la contundencia melódica. 

Inmersión de Javiera Mena transmite la sensación de ser ese álbum que todo artista necesita para detenerse a respirar y ganar tiempo, una especie de punto seguido en su historia. No decepciona, sin embargo, y funciona desde el minimalismo debido a que las canciones están, las estrofas + coros logran darle realce a letras simples pero simpáticas. Lo más importante es que la vocalista parece haber encontrado un camino regular y de nivel. 

¿Canciones? 'Na na na', 'Reina de la selva', 'Esta ciudad'.

7/10
Muy bueno. 


Otras reseñas de Javiera Mena:

martes, 8 de julio de 2025

Bunbury: Cuentas Pendientes (2025)

 "Vuelta a la balada cebolla..."

Excluyendo aquella aventura furiosa (y brillante) que fue Radical sonora (1997), un disco que más bien respondió a las ansias de Enrique Bunbury por alejarse del sonido de Héroes del silencio, desde un comienzo la carrera del español estuvo ligada a su fascinación por la cultura y sonidos latinos. Sin ir muy lejos, tanto Pequeño (1999) como álbumes posteriores estuvieron marcados por aquella búsqueda, y bueno, este Cuentas pendientes retoma aquella senda, un disco que lo aleja del sonido eléctrico y experimental de Posible (2020), Curso de levitación intensivo (2020) e incluso Greta Garbo (2023), para una vez más internarse en la arista más dramática del sonido latinoamericano, algo que acá en Chile llamamos "la balada cebolla". De vuelta entonces al bolero, el pesimismo y sufrimiento, aquellas canciones que empapan con sangre sus líneas y que vuelven a mostrar al Bunbury más visceral.

Lo anterior se anticipa de buena forma en la sobria partida que entregan 'Para llegar hasta aquí' + 'Saliendo del arrabal' + 'Las chingadas ganas de llorar', diez minutos iniciales marcados por la sencillez del sonido y líneas directas, sin embargo, será a partir de 'Serpiente' cuando el álbum efectivamente mostrará las garras, desatando la convicción que prometía con ese puente/coro lleno de fuerza ("Quítate el bozal para masticar / Eres una serpiente, no sabe ir de frente y me clava el puñal por detrás..."). De hecho, desde acá el disco se irá por un tubo sin jamás bajar el nivel, aportando sensibilidad en la delicada pasada por 'Loco' + 'Cuentas pendientes' para definitivamente desatarse en 'Te puedes a todo acostumbrar', el momento cúspide del álbum y uno donde Bunbury nos saca a bailar armando una especie de 'Nunca es suficiente' (la de Natalia Lafourcade) en versión propia. 

Entrando en su recta final el disco ya ha ganado pero de todas formas confirmará sensaciones mediante una sólida 'La hiedra' (que me ha recordado en su coro a 'Es el amor quien llega', una vieja gloria de la mexicana Ana Gabriel) para entregar un cierre sentido y reflexivo mediante 'Como una sombra' + 'El baile de los disfraces y la tentación', marcadas ambas por un piano sutil + guitarras acústicas que proporcionan atmósferas propicias para que Bunbury vuelva a expandir su tono más teatral.  

Sacando cuentas y haciendo historia, no sería exagerado afirmar que a partir de 2020 Enrique Bunbury se encuentra viviendo un período sólido y estable dentro de su carrera en solitario, también aquel en donde con mayor claridad ha sabido expresar sus convicciones musicales, equilibrando esto con álbumes que oscilan entre el bueno y el notable. No es poco para un artista que lleva treinta años luchando contra su propia sombra...

¿Canciones? 'Serpiente', 'Te puedes a todo acostumbrar' y 'Como una sombra'.

martes, 1 de julio de 2025

30 Años De... Héroes Del Silencio: Avalancha (1995)

 "Fantástico canto del cisne..."

Claramente Senderos de traición (1990) marcó el antes/después para Héroes del silencio, un punto de no retorno para una agrupación que demasiado temprano comenzó a mostrar ripios internos insalvables. Con aquel disco llegó el éxito y el reconocimiento pero también la lucha de egos, el cansancio, el desgaste y las disputas en torno a las direcciones que debía la banda seguir. Sabido es que Juan Valdivia se mostraba algo más ortodoxo que Bunbury, el guitarrista deseaba que Héroes profundizase aristas más duras mientras que el vocalista se mostraba dispuesto a experimentar y precisamente salir de ahí (algo que ciertamente se corroboró tan solo un par de años más tarde en un disco como Radical sonora). En medio de toda esta disputa de estilos la leyenda cuenta que El espíritu del vino (1993) fue un trabajo en donde Bunbury se impuso, por lo que para el siguiente le tocaba a Valdivia, de ahí que para Avalancha dejasen de trabajar con Phil Manzanera y recurriesen al canadiense Bob Ezrin en producción, con quien se lanzaron en la búsqueda de los sonidos más densos y duros en toda la carrera de Héroes del silencio, aunque claro, esto siempre matizado por una serie de sensibles (y oscuras) baladas, generando así un equilibrio tan sólido como fascinante. 

Sin ir demasiado lejos basta darle play al álbum para corroborar lo que se te viene encima. Tras un breve instrumental que parece invitar a tomar aire suena la apabullante '¡Rueda, fortuna!', un rock and roll acelerado que muestra a la banda en su faceta más agresiva de la mano de un Bunbury críptico que reflexiona respecto a los destinos de la vida ("¿Cuántos billones de años formaron estos latidos en los que estamos? / ¿Cuál es el punto en que coinciden lo increíble y lo exacto...?") y un Juan Valdivia ciertamente furioso en guitarra. A esta le seguirá 'Deshacer el mundo', probablemente la mejor canción en toda la carrera de Héroes del silencio, así como se lee. Un medio tiempo agresivo dueño de una intensidad enorme que daba muestras de la madurez compositiva a la que había llegado la banda en ese entonces, lo mismo que 'Iberia sumergida' (escogida como primer single promocional del disco), un poco menos agresiva que sus antecesoras pero igual de efectiva gracias al notable trabajo en batería de Pedro Andreu

Uno de los puntos que juega muy a favor de este disco es la elección del orden de la lista, la cual coopera con el viaje que propone. Esto a propósito de la segunda fase que vive tras dicho desenfrenado comienzo. El álbum baja entonces las intensidades primero con el medio tiempo 'Avalancha', con Bunbury enviando mensajes en su cara al mismísimo Valdivia ("Aún nos quedan cosas por hacer / Si no das un paso, te estancas...") y luego con un baladón como 'En los brazos del la fiebre', un tema que muestra a la dupla en su máximo esplendor, cada cual funcionando a lo tope en lo suyo entre líneas tremendamente nostálgicas que nuevamente aplican para la separación de la banda. 

"El paraíso deviene en infierno, y luego se queja. 
Y sin que nadie se mueva, ¿Quién lo arregla...?" 

'En los brazos de la fiebre', por cierto, es una canción absolutamente hermanada con la que fue escogida como segundo single del álbum transformándose desde entonces en un verdadero clásico de la banda :'La chispa adecuada'. Son dos caras de una misma moneda, la primera en versión eléctrica mientras que la segunda se va al acústico de la mano de una exquisita sensibilidad. Lo interesante es que entre ambas el disco entregará temas de bastante peso, primero con la veloz 'Parasiempre' (muy en la línea de '¡Rueda, fortuna!' en la apertura del álbum) y luego con la sencillamente espectacular 'Días de borrasca', casi siete minutos en donde Juan Valdivia vuelve a entregarse a un hard rock inspiradísimo. De la interpretación vocal de Bunbury ni hablar, como dicen hoy los lolos: en su prime. 

Finalmente, el álbum está tan bien pensado que tras haber alcanzado su punto más alto en la pasada por 'La chispa adecuada' + 'Días de borrasca' plantea un "post orgasmo" que se dedica simplemente a sostener el buen momento, a estirarlo de manera placentera primer con los medios tiempos 'Morir todavía' + 'Opio'  (brillante en esta el coro con ese "...las cosas más triviales se vuelven fundamentales"), para luego finalizar el viaje mediante otra épica balada (y ya van...) como 'La espuma de venus'

Se cerraba así una experiencia fabulosa, poco más de cincuenta minutos sin segundo de desperdicio que representaron el fantástico canto del cisne para una banda que aún viviendo su peor momento en materia de convivencia supo encontrar fuerzas suficientes como para cerrar su carrera de manera gigante. En Avalancha encuentras todo lo que caracterizó la carrera de la Héroes del silencio: un sonido furioso y sensible a la vez, una banda a tope, la guitarra afiladísima de Valdivia, varias de las mejores interpretaciones vocales de Bunbury y un set de potentes líricas. Se terminaba aquí también el viaje de la banda, uno ciertamente breve pero tremendamente intenso. A veces menos es más, y bueno, este fue uno de aquellos casos. Benditos sean, de aquí a la eternidad...

domingo, 29 de junio de 2025

35 Años De... Héroes Del Silencio: Senderos De Traición (1990)

 "Torrente incontrolable..."

Atención, que esta semana me voy a dar un gustazo de aquellos. Comenzando el día de hoy...

Y es que dentro del universo de la música en habla hispana no debe haber mayor mito que el de Héroes del silencio (quizás Soda Stereo, quizás...), una banda de la que se sigue hablando a décadas de distancia, al punto de que no ha habido entrevista durante estos casi cuarenta años en la que Enrique Bunbury no haya debido contestar alguna pregunta relacionada con el regreso de los españoles. El fenómeno no deja de llamar la atención considerando lo poco que duró la agrupación, fueron cuatro álbumes en tan solo ocho años pero bueno, así se construyen los mitos, ¿no? El de The Beatles, Nirvana, Guns n' roses... o Héroes. El nexo común es la existencia de carreras breves pero explosivas, altamente creativas y con finales tan abruptos como dramáticos, digamos, que derramaron sangre entre sus seguidores.

Respecto a Héroes del silencio, si bien la banda para 1990 ya había publicado un álbum debut un par de años atrás, el disco que definitivamente les consagró a nivel masivo fue este notable Senderos de traición, doce canciones que en cuarenta y cinco minutos fueron capaces de condensar absolutamente todos los elementos que sellaron a fuego la carrera de los españoles, dígase, un rock marcado por la guitarra afilada pero particularmente sensible de Juan Valdivia, enmarcado en la fuerza interpretativa (y sentidas letras) de un desaforado y siempre teatral Enrique Bunbury. 

Este mix se aprecia de inmediato en la partida del disco. Y es que... ¿Qué se puede decir a estas alturas de una canción como 'Entre dos tierras' ? Un verdadero hitazo noventero y clásico absoluto, dueño de una intensidad que se mantiene a tope durante sus seis minutos minutos de duración y que manifiesta una fuerza sencillamente espectacular, un torrente apasionado que por momentos luce incontrolable pero que la mano de Phil Manzanera (productor que acompañaría a la banda por un par de discos) supo encauzar por buen camino. Esta energía volverá a decir presente a lo largo del álbum en otros pasajes igual de notables como 'La carta', 'Hechizo' o 'Decadencia', temas tremendamente dinámicos que funcionan cada uno como un verdadero shot de adrenalina. 

Lo notable acá es que la banda supo matizar dichos desbordes de energía con pasadas igual de emocionales pero que quitaban el pie del acelerador, me refiero a sensibles medios tiempos como 'Maldito duende' (otro golazo eterno que se anotó este disco), 'Malas intensiones', 'Senda' o 'Despertar', así como una serie de baladas, destacando los coros que encuentran en 'Oración' o ya cerrando con 'Con nombre de guerra', quizás el único punto bajo (o que no se encuentra al nivel del resto) en todo el trabajo. 

En definitiva, si algo caracterizó la carrera de Héroes del silencio fue la apabullante fuerza que transmitían sus canciones (lo cual también se puede visualizar en el registro oficial en vivo que grabaron en Alemania por aquellos años), algo que Senderos de traición expuso con absoluta claridad . Ese tipo de disco que transmite una compacta idea sonora de comienzo a fin y funcionó como una excelente carta de presentación a nivel internacional para los españoles. Ciertamente repetir este nivelazo a futuro no era fácil, así como el lograr que personalidades tan avasalladoras como las de Valdivia y Bunbury pudiesen convivir por demasiado tiempo más. Solo quedaba disfrutarles por cuanto esto pudiese durar, aunque bueno, aún a la banda le quedarían un par de balas por lanzar... 

¿Canciones? 'Entre dos tierras', 'Maldito duente', 'La carta' y 'Hechizo'.

miércoles, 25 de junio de 2025

Miley Cyrus : Something Beautiful (2025)

"Atrevido y contundente..."

No cabe duda que un álbum como Plastic hearts (2020) marcó un antes y un después para Miley Cyrus, un disco potente y cohesionado con el que la artista encontró inspiración suficiente como para darle un nuevo impulso creativo a su carrera y de paso conectar con nuevas audiencias, más cercanas al mundo del rock y más lejos de Disney. En dicho sentido dado lo obvio de su sonido, Endless summer vacation (2023) representó un bajón. Quizás por esto es que este Something beautiful pese a sus fallos (que los tiene) acaba funcionando tan bien, porque transmite la sensación de ser efectivamente el disco de Miley que muchos queríamos oír tras Plastic hearts, un disco que sin abandonar su veta pop, mira hacia adelante y corre riesgos. 

El noveno álbum de la vocalista oscila por tanto entre momentos bastante experimentales, baladas o medios tiempo poperos que apuntan al mainstream y pasajes cargados con descaro al dance, armando un conjunto que claramente pretende ir más allá de lo obvio, que cuenta con una producción sofisticada y se esfuerza en entregar música de alto vuelo. Lo anterior se resume con claridad en dos canciones como 'Something beautiful' o 'Walk of fame', la primera abre el disco tras un relato hablado de Miley que se refiere al paso del tiempo y la imposibilidad de ser parte de aquello ("Tus ojos no pueden evitar que los paisajes que pasan sean devorados por la distancia infinita...") y entrega una dinámica algo blusera en las estrofas para saber explotar de manera sabrosa en unos coros bastante sucios, mientras que la segunda se entrega a la electrónica bailable en compañía de Brittany Howard, el punto es que cuando crees que el tema ya te ha dado todo lo que tenía y perfectamente podría cerrar con un cómodo fade out, resulta que mete una aceleración (a partir del minuto cuatro) y te alarga la secuencia llevando el tema a otra dimensión. Notable. 

Algo similar ocurre con la elegancia que transmite 'Every girl you've ever loved', con participación en líneas de la modelo Naomi Cambell y tributazo en su cierre al 'Vogue' de Madonna (esta vez repitiendo al cierre un "Pose! pose! pose!"), seguido de la atmosférica 'Reborn', donde sacrifica el pop directo para centrarse en las sensaciones que quiere transmitir mediante una dinámica hipnótica llena de detalles exquisitos. Todos estos son grandes momentos que se complementan con pasadas algo más tradicionales como el medio tiempo 'End of the world', una balada genérica al piano estilo 'More to lose' (que perfectamente podría estar en un álbum de Lady Gaga y no extrañaría, por lo mismo es de lo más bajo en todo el disco), los aires setenteros de 'Easy lover' (exquisito el bajo marcado en esta), los excelentes arreglos de 'Golden burning sun', así como el dulce cierre a cargo de 'Give me love'. 

Como toda obra que corre riesgos, Something beautiful cae en aciertos y errores. Se le puede criticar el orden de la lista, que va y viene como una montaña rusa cortando las atmósferas constantemente. Por mencionar algo: cuenta con un par de interludios a medio álbum que no se entiende que pintan ahí (en otro lugar habrían tenido más sentido, el 'Interlude 2' antes de la "sección dance" del disco, por ejemplo, pero no previo a una balada), o instala entre dos temas agresivos ('Walk of fame' y 'Every girl you've ever loved') una balada como 'Pretend you're god'. ¿Por qué? ¿Para qué? La sensación que queda es que tenían entre manos un puñado de medios tiempos potentes así como temas cargados al dance, y ante la opción de armas dos caras absolutamente opuestas dentro de un mismo disco, decidieron mejor intercalar lo que tenían. Y bueno, aquella decisión creativa tiene sus pro y contras. El disco suena efectivamente diverso pero se enciende y se detiene a cada rato. Dicho en simple: es un constante coitus interruptus.

Por lo mismo, se puede argumentar que el trabajo apunta a tantas direcciones que confunde o que no cuenta con un hit claro ('End of the world' es la única que pareciese pretender el ir por ahí), sin embargo, todo lo anterior ha sido sacrificado en favor de un conjunto atrevido y contundente desde lo individual, lleno de canciones que pretenden ir más allá de lo obvio, que alargan su duración debido a algo que quieren expresar sonoramente, lo cual dentro de un mundo del pop que por lo general tiende a la mediocridad y a la homogeneidad, que decir, es un manjar. 

Aún con sus problemas, Something beautiful es el mejor disco de Miley Cyrus a la fecha, uno que llega un par de años tarde pero lo importante es que ha llegado.

¿Canciones? 'Something beautiful' , 'Walk of fame' y 'Reborn'.

7,8 / 10
¡Muy bueno!


domingo, 22 de junio de 2025

The Darkness: Dreams On Toast (2025)

 "Boys just want to have fun..."

Por más que huelan a refritos, cada dos o tres años nos viene bien un nuevo álbum de The darkness. Discos que suenan bien y emulan con nobleza, alegría y buen humor ese hard rock que treinta y tantos años atrás fue furor. Dream on toast no llega para ser excepción, diez canciones breves que entregan una media hora fácil de digerir entre guitarras aceleradas, coros agudos y momentos acústicos, aunque nobleza obliga el admitir que el disco no les encuentra en su momento más inspirado y se limita meramente a cumplir con lo obvio complementando con uno que otro momento de alto vuelo.

Me explico. Como es costumbre, el disco abrirá muy arriba con el rock de motocicletas y caricaturesco de 'Rock and roll party cowboy' (la única en todo el álbum que supera los cuatro minutos de duración), donde realizan una divertida parodia del rockero machote ("Soy un vaquero fiestero del rock and roll / Que no va a leer a Tolstoi..." - afirman en un brillante remate), seguida de la aún más ridícula 'I hate myself'. Y si bien estas no andan mal, un problema con que carga el conjunto es que en adelante se lo come la simpleza, abordando el country en 'Hot on my tail', emulando con descaro las armonías de Queen en el medio tiempo 'Don't need sunshine' o la dinámica 'The longest kiss', así como yendo al rock and roll más básico y elemental en 'Mortal dread', todas estas canciones que suenan en la primera mitad del álbum y, siendo francos, te bajan demasiado pronto. 

Algo mejorará el asunto en la recta final gracias a 'The battle for gadget land' y 'Walking through fire' que recuperaran las guitarras y el buen humor sacando a flote su vibra más alegre y jovial, en la segunda riéndose incluso de ellos mismos ("Solo hacemos esto porque es divertido / Pero creo que ni mi mamá comprará este último disco..."), para cerrar con una melosa y ultra azucarada 'Weekend in Rome', con la que Justin Hawkins se ha propuesto mostrarse como el gran vocalista que es. 

Dreams on toast cuenta con tres o cuatro momentos marca de la casa que traen de regreso las jugarretas siempre necesarias de una banda cuyo principal mérito es no tomarse demasiado en serio a si misma y simplemente pasársela bien. Ahora, dicho lo anterior, el álbum complemente con pasajes simplones y predecibles que no están a la misma altura generando un global que se deja oír pero mucho más allá no llega. Tampoco pareciese que lo pretendan...

¿Canciones?  'Rock and roll party cowboy', 'Don't need sunshine' y 'Walking through fire'.

6/10
Bueno, cumple...


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