CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
Tras el final de Pink floyd, no ha sido particularmente prolífico lo de David Gilmour. El inglés más bien se ha mantenido en giras durante los últimos veinte años, acercándose al estudio cuando le ha parecido tiene algo relevante que mostrar, de ahí que sus discos lleguen a cuenta gotas, aunque por lo mismo son valorados con especial cariño. Dicho lo anterior, tanto On an island (2006) como Rattle that lock (2015) parecen ser discos a los que el paso del tiempo les ha sentado bien, álbumes en general de tono reposado, dueños de una elegancia singular, con uno que otro coqueteo con el rock (ahí tuvimos canciones como 'Take a breath' en el primero o la mismísima 'Rattle that lock' en el segundo). En ese sentido, este reciente Luck and strangeprofundiza en la oscuridad de las atmósferas expresándose sobre aguas aún más calmas, entregando así un conjunto de canciones que transmiten el sentir de un autor que sabe coquetea con la despedida.
Para esta ocasión ha vuelto a colaborar con su esposa Polly Samson (en letras) y ha sumado tanto a Charlie Andrew en producción (quien colaboró con los dos primeros álbumes de Alt-J) como a su hija Romany Gilmour en voces de un par de temas (además del arpa), construyendo un álbum de tonos opacos que responde a la mano de Gilmour y que embriaga desde un comienzo con su nostalgia y solemnidad, de hecho, la Cara A es implacable, abriendo con una clásica y breve introducción instrumental para rápidamente entregarse a una pasada que no concesiona con el auditor, lo tomas o lo dejas. Ahí 'Luck and strange' (la canción) transmite efectivamente lo que es, una especie de jam session mejorada (es un tema original de 1990, de hecho la sesión original completa viene como bonus track en la versión extendida) pero que honestamente no es demasiado lo que nos dice, siendo 'The piper's call' con su bonito tono acústico (y buen coro además) el primer momento del álbum que conmueve. Luego, 'A single spark' centra el interés en el trabajo de percusiones por lo que funciona al cambiar un tanto el tono que traía disco, así como por el solo final de Gilmour, pero no por mucho más. Es un tema que está "bien".
En la segunda parte llegará la delicada 'Between two points', un tema original de The montgolfier brothers que acá aparece en voz de Romany Gilmour y con una intervención final del guitarrista que la eleva respecto a la versión de 2015. Es un momento empapado de melancolía que logra conmover y se conecta bien con el acercamiento al rock de 'Dark and velvet nights'. Finalmente el álbum llegará a su fin yendo nuevamente abajo primero con la bonita 'Sings' y luego mediante 'Scattered', que cierra con otro solo extenso marca de la casa.
Como bonus el guitarrista ha añadido la preciosa 'Yes, I have ghosts', que la conocíamos de 2020 (nuevamente en compañía de su hija en coros) y la mencionada sesión completa original de 'Luck and strange', cerrando un álbum de momentos que no propone demasiados sobresaltos ni momentos de alta intensidad si no más bien un estado de constante tranquilidad propia de un artista de casi ochenta años que sabe a estas alturas no va a venir a reinventar la rueda. Es lo que es y no queda más que agradecer.
¿Canciones? 'The piper's call' y 'Between two points'
Hora de hablar de este neo clásico en toda regla. Pero antes, un contexto: ¿Dónde estaba Green day hacia 2004? La banda había explotado en fama diez años atrás gracias a Dookie (1994) y habían estirado la fórmula con buenas armas mediante la pasada Insomniac (1995) + Nimrod (1997), sin embargo, el fin de siglo les atrapaba en un callejón sin salida. Llegaba el momento en que el trío debía de alguna manera salir de ahí o comenzar a repetirse hasta el hartazgo (¿aló?, ¿The offspring?). En medio de aquella búsqueda fue que llegó un bicho raro como Warning (2000), con el que lograron meter un par de hits aunque el tono acústico del álbum no acabó de gustar por lo que la respuesta en general fue tibia. Aquel disco representó eso si un tanque de oxigeno para la banda, entregándoles tiempo para pensar bien la siguiente jugada, a estas alturas un todo o nada para Green day: re impulsaban su carrera o sencillamente se hundían en el olvido.
La historia, sin embargo, a veces se escribe de manera curiosa e imprevista. La banda se reúne en 2003 para grabar un nuevo álbum (Cigarettes and valentines se iba a titular) pero aquellos demos les son robados ante lo cual deciden retomar el trabajo pero desde cero, y quien diría que de aquellas nuevas sesiones acabaría surgiendo el álbum más popular en la carrera de Green day, uno que les permitió conectar con una nueva generación alargando su historia incluso a día de hoy. Todo esto gracias a un disco de corte conceptual que en cierto modo conectó con el sentir de la juventud de los Estados Unidos post 11/9/01, un disco de guitarras compuesto por un conjunto de canciones con un enfoque meloso (es un gran disco de pop, que duda cabe) pero que al mismo tiempo transmite un sentir rabioso y hasta cierto punto cuestionador, esto en el marco del sonido punk/melódico clásico de Green day aunque con uno que otro arranque estructural inédito en la carrera de la banda además de momentos marcadamente emocionales.
El caso es que basta darle play al álbum para comprender el éxito de este. Suena 'American idiot' (el mejor single de la banda desde 'Basket case') y el asunto de inmediato transmite el empuje que el disco necesitaba, de la mano de un mensaje potente y directo ("No quiero ser un idiota americano / No quiero una nación controlada por los nuevos medios / ¿Puedes oír el sonido de la histeria? / El subliminal 'jodementes' americano..."). Algo que además fue complementado con un videazo que acertó también desde el aspecto visual, con una banda encontrando una estética al exacerbar el negro/rojo que a Billie Joe Armstrong tanto le gustó desde los inicios de Green day (que hacía sentido además con los colores de la portada del álbum). En definitiva, todo sumó y desde la partida confabuló para el éxito.
Desde lo musical, sin embargo, el disco también avanzará dando pasos gigantes. De segunda te encajan una monumental 'Jesus of suburbia', nueve minutos en donde la banda conecta varias cancioncitas de manera magistral con una fluidez que no puede si no maravillar, o sea, lo que hacen en la pieza post 3:44 y ese "I don't care if you don't ! I don't care if you don't care!" debe ser el momento más brillante en toda la discografía de Green day así como en la recta final Billie Joe Armstrong está estupendo verbalizando el desencanto de muchos/as hacia la política de aquel entonces ("Vivir y no respirar es morir en una tragedia / Correr, correr lejos para encontrar lo que crees / Y dejar atrás este huracán de jodidas mentiras...") .Y por si los casi veinte minutos iniciales te parecieron poco, sonarán a continuación las joyas de la corona del álbum, primero la enorme 'Holiday' y esa crítica ácida a la guerra que el gobierno de George W. Bush había declarado a Medio Oriente ("Oigan el sonido de la lluvia / Cayendo como un Armagedón de llamas / La vergüenza de aquellos que murieron sin un nombre..."), y luego la tremenda 'Boulevard of broken dreams', el primer momento marcadamente emocional en el álbum.
Dada la intensidad que el álbum traía viene muy bien la calma que propone 'Are we the waiting' con sus aires de himno aunque rápidamente el álbum acelerará a fondo con 'St. Jimmy', cerrando así una Cara A impecable desde todo punto de vista.
Por lo mismo, si hubiese que encontrarle un importante defecto a este American idiot de Green day es que su segunda parte, sin ser un desastre, no logra sostenerse tan arriba respecto como la primera. La pasada por 'Give me novacaine' + 'She's a rebel' + 'Extraordinary girl' suena absolutamente de manual y las canciones resultan tan triviales como olvidables, lo mismo con la melosa 'Wake me up when september ends', un tema que en lo personal siempre me ha resultado desagradable (por lo repetitiva, exageradamente sentimental y los aires a canción de cuna que tiene) aunque con igual énfasis debo reconocer que resume de buena forma el objetivo temático del disco.
De hecho, de toda la Cara B del disco solo resulta destacable el subidón que entrega 'Letterbomb', con la que efectivamente sentimos que el espíritu del disco regresa, así como los nueve ambiciosos minutos de 'Homecoming'. Es más, si American idiot hubiese estado compuesta por las primeras seis + estas dos mencionadas y cerrando luego de manera sobria con 'Whatsername', estaríamos seguro hablando de una obra maestra de proporciones. No fue así, sin embargo, por lo que el disco deja claramente esa sensación de ir de más a menos con una primera mitad incontestable y una segunda que no consigue sostener el nivel, a la que le sobran al menos veinte minutos. Tal cual.
Aún así, con sus peros, American idiot continúa siendo un gran disco. Por primera vez en su carrera Green day osaron escapar de sus temáticas adolescentes clásicas para meterse en temas políticos, de los que salen bien parados gracias a una producción impecable (de la mano del su insigne colaborador Rob Cavallo) y un puñado de canciones efectivas y consistentes. Con este álbum eso si la banda se vuelve seria y adulta, línea que intentarían confirmar unos años más tarde en el fallido 21st century breakdown (2009) para luego hartarse de todo e intentar retomar la ligereza en el tridente ¡Uno! ¡Dos! ¡Tré! (2012), aunque bueno, de aquello escribiré en unos años más si es que la vida me acompaña.
¿Canciones? 'American idiot', 'Jesus of suburbia', 'Holiday' y 'St. Jimmy'.
Y treinta años después... la cruda realidad, la cual habla de una última década flojísima para The offspring, quienes ya van para quince años sin publicar un álbum que nos diga "algo", lo que sea, pero algo. Y si, que Rise and fall, rage and grace (2008) fue un disco tremendamente desequilibrado pero algo que nadie puede negar es que su Cara A se come con papas fritas a todo lo que han grabado desde entonces, lo cual comprende álbumes tan mediocres e intrascendentes como Days go by (2012) y Let the bad times roll (2021). Y quien esperaba que este Supercharged (con Bob Rock en producción eh?) el asunto retomase dirección pues que siga esperando, que no. Ya la sola portada te hablaba de una jugarreta liviana y eso es lo que nos entregan, un conjunto que apuesta por sonar divertido (?) y que en media hora posee una única pretensión: pasar el rato.
Y puede que consigan el objetivo en unas cuantas que siendo generosos, se dejan oír, y seguro en sus conciertos funcionarán (que tampoco vamos a descubrir la pólvora a estas alturas). Me refiero a la tríada inicial armada por 'Looking out for #1', 'Light is up' y la enésima versión de 'The kids aren't all right', acá titulada 'The fall guy', es decir, canciones veloces, efectivas y que van en busca del coro pop para estadios. En la misma línea más adelante se moverán cosas como 'Truth in fiction', 'Get some' o la juguetona 'Come to Brazil', con ese cierre que incorpora el clásico "Ole ole ole ole..!" del público latino, lo cual arma una estructura en general regular aunque no por esto particularmente inspirada.
Ahora, cuando definitivamente tomamos distancia es con 'Make it all right', donde ocurre lo increíble: ¡imitan a Blink 182! Así como se lee. Van en busca de los arreglos más facilones posibles, los "para pa-pa-ra! para pa-pa-ra!" de turno y construyen una canción no solo mala... es que roza lo patético, lo cual resulta triste considerando que hablamos de una banda con cuarenta años de historia pero, ¿dónde está la experiencia? ¿así pretenden imponer términos? Y lo mismo con 'Ok, but this is the last time', olvidable desde su primer acorde.
Nos quedamos así con otro disco que suma poco. Canciones ágiles pero desechables de la mano de un filtradísimo Dexter Holland, que bajo todas esas capas intenta ocultar el inevitable desgaste del paso del tiempo que no sería nada si la música tuviese algo de recordable, pero no es así.
Los noventa fueron una maravilla, al menos desde el punto de vista musical, y haberlos vivido fue un privilegio. Ahora, 1994 fue particularmente un año crucial. La industria estallaba por todos lados, el pop se lo disputaban el eurodance y el hip hop, mientras que el rock se debatía entre el grunge y el industrial. Y si bien en aquel año publicaban álbumes importantes los Stone temple pilots (Purple), Pearl jam (Vitalogy) y Nine inch nails (The downward spiral), en paralelo el recambio comenzaba a fraguarse con la muerte de Kurt Cobain, el debut de Korn (que daba puntapié inicial al exitoso nu metal) y el éxito en el mundo del "punk pop" de bandas como Green day y The offspring, ambas puntales en un estilo que años más tarde decantaría/involucionaría en bandas como Blink 182 o Sum 41. En el caso de los liderados por Dexter Holland, si bien estos habían debutado en 1989 y confirmado buenas sensaciones mediante Ignition (1992), fue definitivamente con Smash donde supieron dar con la tecla precisa en base a un sonido que toma como evidente referente a Bad religion aunque acercando las canciones a las masas entre coros pegajosos, una vibra muy juvenil + hitazos absolutamente incontestables.
No por nada cuando le das play al álbum suena una voz en estéreo que nos invita a relajarnos y disfrutar, seguida de algo como 'Nitro (youth energy)', marcada por sus acelerados riffs, una producción limpia, las características altas vocalizaciones de Dexter Holland y una letra que nos invita a vivir el momento. En adelante, esta fórmula que insistirá en la velocidad se reiterará con fuerza, tanto en la pasada por 'Genocide' + 'Something to believe in' como 'It'll be a long time' + 'Killboy powerhead', aunque entre estas algo de aspereza percibiremos en 'Bad habit', con seguridad el tema más atrevido del álbum en términos de arreglos con esa impecable introducción de bajo, y 'Gotta get away', canciones que en cierto modo equilibran al disco bajando un tanto las revoluciones.
Las joyas de la corona, sin embargo, estarán puestas en el nudo y recta final del álbum. Sonarán acá verdaderos himnos noventeros, primero 'Come out and play' con esas míticas baquetas que golpean y anteceden aquel "You gotta keep'em separated" que abre los fuegos y volverá a aparecer en cada coro (en una canción que realiza referencia a la violencia existente en las escuelas), luego una divertidamente patética 'Self esteem' (con una apertura que parece coro de borrachos) que abordará una relación tóxica en voz de un tipo que acepta ser pisoteado ("Si, sé que me utiliza / Está bien porque disfruto el abuso / Sé que ella juega conmigo / Está bien porque no tengo auto estima...") y hacia el cierre la curiosa 'What happened to you', una especie de reggae acelerado referido a una amistad que se está perdiendo en el mundo de las adicciones. Tras esta última ciertamente el álbum transmite el haber entregado lo que podía, limitándose a cerrar con el clásico relleno de rigor que conseguirá que el disco supere los cuarenta minutos de duración (debió ser más corto, que duda cabe).
Las temáticas serán diversas en este Smash, así como los arreglos simples, encontrando principal mérito en el como The offspring fueron capaces de tocar asuntos serios en un tono liviano, sonando siempre contagiosos y dueños de una juventud que desborda todo el tiempo el álbum. En adelante la banda acabaría presa de su propio estilo, siendo incapaces de dar un paso cualitativo hacia el frente (lo intentaron quizás con Ixnay on the hombre unos años más tarde), lo cual inevitablemente desembocaría en una discografía que tendió decaer disco tras disco. Como sea, el de 1994 quedará enmarcado siempre como uno de los fenómenos noventeros más relevantes y ciertamente uno de esos álbumes que ayudó a cambiar (para bien y para mal) el rumbo de la década.
¿Canciones? 'Nitro (youth energy)', 'Bad habit', 'Come out and play' y "Self esteem'.
Desde siempre Blood incantation fue una banda que lució distinta dentro de la escena metalera. Y si bien el sonido de sus dos primeros discos poseía la crudeza y bestialidad propia de los géneros que intentaban abordar (un death técnico y progresivo fascinante), existían pinceladas puestas astutamente en el camino que invitaban a pensar que los estadounidenses podrían hacerle el quite a lo obvio, asunto que se confirmó con la llegada en 2022 de Timewave zero, un curioso álbum instrumental decididamente cargado al ambient y a unos sonidos espaciales que se alejaban por completo del metal. La duda quedó por tanto instalada: ¿insistiría la banda a futuro en este camino o la aventura quedaría enmarcada unicamente como un loco experimento? Lo cierto es que oyendo este nuevo Absolute elsewhere aquel disco de 2022 recobra mayor sentido, pues si dos años atrás Blood incantation declaraban influencias, en este 2024 confirman la intención de expandir su sonido, complementando su death técnico con sonidos claramente influenciados por aquellos próceres del progresivo psicodélico y atmosférico setentero.
El disco estará compuesto por tanto por dos caras, 'The stargate' + 'The message', que plantearán un verdadero viaje cuyo eje central será efectivamente el metal pero con una banda se dará el gusto en ciertos pasajes para salir de ahí y retrotraer el sonido hacia varias décadas atrás (esto en compañía en producción de Arthur Rizk). En este sentido, 'The stargate (Tablet I)' funciona como una perfecta declaración de intenciones respecto a lo que oiremos en el resto del álbum, abriendo de manera afilada y furiosa para a los dos minutos cortar este sonido con una sección sensible y atmosférica marcada por teclados en un inicio y guitarras luego (Pink floyd muy presente acá) para luego retomar el metal y cerrar con tres minutos que tienden al caos. La jugada es notable aunque seguro habrá quienes la critiquen por sonar algo "forzada" al meter esa sección media que poco tiene que ver con el resto del tema. Pero bueno, es la apuesta de la banda y tenían que probar que tal fluía la mixtura. Ciertamente mal no ha quedado aunque todo andará bastante mejor en medida que el disco avance.
En 'The stargate (Tablet II)' funcionan al revés, es decir, van desde lo absolutamente psicodélico (colaborando con Thorsten Quaeschning de Tangerine dream) hacia el metal que encuentran en el minuto final, conectando esto de manera impecable con el 'Tablet III', donde incluso incorporan arreglos orientales a medio tema. De igual forma, la Cara B del disco abrirá y cerrará con secciones cargadas al metal, matizando con un 'The message (Tablet II)' que parece interpretada por el mismísimo David Gilmour y toma trazos casi textuales de la era Animals de Pink Floyd (incluso meten esos diálogos característicos bajo las cuerdas).
En definitiva, Blood incantation sorprenden y nos entregan un álbum contundente, siempre atractivo, ameno y ciertamente interesante. Sin lugar a dudas el disco conceptual del año. Ahora, si bien la banda vuelve a agregar otro álbum brillante a su lista (y ya van...), tampoco por esto hay que moverse a engaño, que lo que acá han generado no ha sido más que un sabroso diálogo entre el death que varias leyendas trabajaron por allá por los años noventa con el progresivo atmosférico setentero. Esto tampoco les resta mérito, que han querido precisamente ir ahí y vaya que han triunfado. Esto no es Hidden history of the human race (2019), un disco que no para de crecer con el paso del tiempo, por lo que puede que muchos hayan quedado gusto a poco en términos de brutalidad del sonido, ahora, en ningún caso alguien podría declararse engañado por el camino que la banda ha tomado, que ellos mismos nos advirtieron tiempo atrás que no eran una banda cualquiera...
¿Canciones? Imposible mencionar una, el disco funciona como un todo.
Hay bandas decididas a mantenerse fieles a un determinado estilo, sin sorpresas ni experimentos, como es el caso de Undeath. Los estadounidenses continúan en la lógica del álbum cada dos años (lo cual tampoco entrega demasiado espacio a la innovación, digámoslo) y llegan a nosotros en este 2024 con un breve (solo treinta y tres minutos), directo y afilado More insane, el cual insiste en fórmulas que la banda trabajó en sus dos primeros álbumes, es decir, un death de manual (muy influenciado por el sonido de clásicos como Cannibal corpse), oscuro y violento, ejecutado de manera impecable. Y pese a que en el papel no hay muchas diferencias entre este y cualquiera de los dos primeros álbumes de la banda, existe un elemento digno de mencionar y destacar: la producción, muchísimo más limpia y cristalina respecto a los antecesores. Lo cual suma muchísimo en este caso.
De esta manera, el sonido que propone More insane suena nítido y potente a la vez, abriendo los fuegos con dinámica y velocidad mediante 'Dead from beyond' seguida de 'More insane' (la canción), donde la batería de Matt Browning comienza a ser protagonista con sus constantes redobles sumados a unos riffs llenos de peso que corren por cuenta de Kyle Beam. Las canciones serán breves, dos a tres minutos todas, acelerando con fuerza en 'Brandish the blade' + 'Disputable malignancy', aunque siempre encontrando momentos para hacer la pausa, detenerse a tomar aire y continuar con la descarga, para luego entregarse al groovepesadísimo en 'Sutured for war' o 'Cramped caskets (necrology)', continuando con una lista que no entrega respiro y donde quizás la única excepción sea marcada por los juguetones fraseos de 'Disattachment of a prophylactic in the brain', sin embargo, el disco en general durante media hora se dispone a abrirte el craneo, tal como muestra esa notable portada, realizada por el mismísimo Matt Browning.
El tercer disco de Undeath peca de reiterativo quizás, efectivamente no se propone jamás reinventar algo sino más bien entregarte un disco de death afilado, efectivo, bien producido y ejecutado con precisión. Ciertamente mientras el nivel se mantenga acá, quejas no habrán.
Fue a comienzos de siglo cuando emergió una ola de bandas post rock, siendo God is an astronaut una de las que rápidamente se subió a aquel carro, es decir, los irlandeses llevan un buen rato en esto, navegando en un género que parece haber encontrado su tope creativo hace bastantes años pero que de todas formas continúa cada cierto tiempo lanzando uno que otro coletazo. Y si bien en sus comienzos la banda se hacía cargo de arreglos cercanos a la electrónica (para muestra, The end of the beginning de 2002), rápidamente mediante All is violent, all if bright (2005) y el posterior Far from refuge (2007) giraron hacia algo bastante más oscuro y melancólico con atmósferas marcadas por las guitarras. En aquel camino un disco como Ghost tapes #10 (2021) lució más bien como una excepción a la regla, un disco que apostó por un sonido estridente y punzante que al parecer quedará marcado como una mera anécdota pues en este Embers la banda ha vuelto a bajar varios cambios, retomando las construcciones en calma y las atmósferas contenidas. Quitan por tanto el pie del acelerador esta vez en busca de piezas que tienden a abrir en total tranquilidad para lentamente ir ganando intensidad, aunque siempre en un contexto de excesivo (auto) control. Por lo mismo, el principal problema que asoma en el disco es la falta de impacto.
Nos encontramos así con una que otra canción "de guitarras", donde colocan énfasis en el trabajo de batería para poco a poco ir incorporando momentos de peso, como ocurre en 'Apparition', 'Odyssey' o en los sesudos casi diez minutos de 'Embers' (la canción), momentos que serán matizados con otros altos en melancolía estilo 'Falling leaves' o 'Heart of roots', sin embargo, ya sea entre cuerdas, un piano o apostando por el progresivo, el nexo común a lo largo del álbum será lo contenido que suena todo, al punto de que llegamos a los veinte minutos finales, entre cosas como 'Realms' o 'Prism' (que son unas especies de interludios realmente eternos en compañía una vez más de la chelista Jo Quail) o ese cierre con 'Hourglass', realmente con muy poco interés y la sensación de que el disco suena a paso atrás por todos lados, sobre todo haciendo la comparación con lo que fue Ghost tapes #10.
Las ejecuciones son prolijas, la producción impecable y las composiciones en ningún caso están mal pero la falta de fuerza, de momentos que atrapen, hacen que Embers luzca pálido y poco interesante. Una pena.
2025: Una Nueva Derrota.
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Tras la derrota en el plebiscito constitucional de 2022 no quise más con la
política por un buen rato. Dejé de escribir acá por lo mismo. El escenario ...