viernes, 17 de noviembre de 2023

Steven Wilson: The Harmony Codex (2023)

 "La luz al final del camino..."

Si algo no se le puede negar a Steven Wilson es su espíritu libre e inquieto. Sin ir muy lejos, viene de una década realmente brillante, ya sea homenajeando a los próceres del progresivo en The raven that refused to sing (2013) o girando hacia sonidos más amigables (claramente en busca de ese hit memorable que él mismo ha comentado en sus conciertos no tener) en la pasada por Hand.Cannot.Erase (2015) +  To the bone (2017). Sin embargo, cosa curiosa: pese al éxito cosechado, el vocalista decidió salir de ahí y enfrentarse a un precipicio auto impuesto. Fue entonces cuando optó por ese salto sin red titulado The future bites (2021) y este The harmony codex no se queda atrás, insistiendo en el trabajo electrónico, llevándolo aún más lejos y encerrándose en estructuras exploratorias tan desconcertantes como fascinantes.

Steven Wilson vuelve acá a soltar la cuerda de la creatividad y decide jugar a placer. Aunque a diferencia de lo realizado dos años atrás, regala algunas perlitas que "matizan" el asunto. Habrán pasajes en el álbum que coqueteen con un progresivo tradicional, ahí tienes los diez pomposos (aunque geniales, vaya joya de tema) minutos de 'Impossible tighrope', baladas acústicas bonitas esperables de su autoría como 'What life brings' (donde se disfraza de David Gilmour en los cuidados solos) o piezas emocionalmente intensas como 'Rock botton' junto a su fiel Ninet Tayeb. Sin embargo, estos no son más que pequeños guiños puestos ahí para evidenciar el que no le costaría volver a todo eso, el punto es que no quiere, no le apetece ni interesa. ¡Y lo entiendo! Si finalmente Wilson ya tocó las teclas que debía tocar durante veinte años, ¿buscas ese tipo de música? Ahí tienes la discografía completa de Porcupine tree para indagar (incluso el más reciente Closure/Continuation, en total piloto automático), su catálogo en solitario previo a 2020 + proyectos extras (Blackfield, por ejemplo). Esto es otra cosa, y no hay más. Lo tomas o lo dejas. 

Aunque no todo funcionará acá, con momentos donde al buen Steven pareciese le cuesta hacer pie con este sonido. 'Inclination' es la prueba más clara. Abre el álbum e ilusiona con esa intro oriental y explosiones muy a la Peter Gabriel (¡esa batería en plan 'Red rain'!), sin embargo, el tema se dilata y pasando el minuto tres acaba perdiéndose en el relato, volviendo a nosotros unicamente en su minuto final gracias a una guitarra que regala delicados paisajes. Pero eso, el tema funciona a chispazos unicamente. Algo similar le ocurrirá en 'Economies of scale', con esa electrónica minimalista que recuerda al Radiohead era The king of limbs pero que unicamente da vueltas sin llegar a norte claro perdiéndose entre la falta de intensidad y la monotonía. 

Será en la Cara B del álbum donde el asunto si definitivamente abandonará las concesiones y se lanzará en picada a las atmósferas inmersivas, encontrando momentos en donde el viaje crece muchísimo gracias a la exquisita producción que presenta. Y es que el disco a partir de 'Beautiful scarecrow' se sumerge en un pozo lúgubre e inquietante marcado por un notable trabajo de percusiones, las cuales darán paso a las atmósferas tétricas de 'The harmony codex' (otra que se extiende por casi diez minutos) seguidas de la tensión generada en 'Time is running out', primero sobre el piano y luego metiendo electrónica + guitarras (precioso lo del 2:50 en adelante). Lo dicho entonces, que durante toda su segunda parte el álbum parece encontrar aquello que Steven Wilson venía buscando y que confirma en esa recta final armada por la cruda oscuridad de 'Actual brutal facts' seguida de una maquinal y rabiosa 'Staircase', dejándonos un álbum que definitivamente termina mucho mejor respecto a como comienza. 

Ser valiente tiene mérito, más en estos tiempos donde ir a contracorriente no paga. Sin embargo, seamos claros: ningún álbum funciona unicamente por ser osado. The future bites fue la prueba, un álbum que más allá de las buenas intenciones acabó por sonar confuso y poco atractivo. Y es que la exploración continua viene con un riesgo bajo el brazo: acabar perdiendo el rumbo al punto de olvidar que fue lo que comenzaste buscando. En esa lógica, lo de Steven Wilson en The harmony codex parece ser la luz al final del camino. El trabajo no es perfecto, dos o tres temas se le vuelven a quedar a media cocción, habrá además quienes extrañen las guitarras (aunque en el álbum las hay), otros la intensidad (que también hay) y quienes le detesten por retomar esta senda electrónica en lugar de seguir junto a Porcupine tree. Lo cierto es que en su línea, nos ha entregado otro álbum atrevido y uno que en gran parte de su trámite (sobre todo la segunda mitad) trae de regreso al compositor brillante que es y que lo muestra más claro respecto a hacia donde quiere ir. 

¿Canciones? 'Impossible tighrope', 'Beautiful scarecrow' , 'Time is running out' y 'Actual brutal facts'

martes, 14 de noviembre de 2023

The Rolling Stones: Hackney Diamonds (2023)

"Lejos de la decepción..."

En cierto modo los stones nos debían y se debían un álbum como este. Mirando hacia atrás, A bigger band los traía de regreso en 2005 tras ocho años de silencio y fuera de dejarnos algo fríos, acabó instalándose con el paso de los años como la despedida de una banda que no mostraba mayor interés por publicar nuevo material. Aquel período, sin embargo, se interrumpió finalmente mediante el álbum de versiones Blue & lonesome (2016), que no estuvo nada mal pero claro, seguía en el aire la sensación de que algo más fresco por parte de la leyenda debía caer y hacer justicia a la historia. El caso es que en 2019 recibimos aquel single 'Living in a ghost town' (descartada para este álbum) y si bien la ilusión volvió a iluminar, el tiempo pasó, vino la partida del eterno Charlie Watts (fallecido en 2021) y todo quedó en nada. Finalmente en pleno 2023 la respuesta a nuestros deseos ha llegado y a juzgar por los resultados nadie debería sentirse decepcionado pues Hackney diamonds no solo transmite esa sensación de haber sido compuesto, interpretado y producido con enorme cuidado sino que se encuentra por sobre el nivel que cualquiera se hubiese esperado a estas alturas del partido. Pese a lo genérico.

El álbum ha sido producido por el joven Andrew Watt (quien antes ha trabajado en éxitos de Justin Bieber o Post Malone) y aquello se nota. Desde el rock simplón y juguetón de 'Angry' (muy 'Start me up' en el guitarreo del comienzo) que el álbum desprende esa vibra que invita a pasarte un buen rato, lo cual se reiterará en la punkoide 'Bite of my head off' (con participación de Paul McCartney al bajo) o en temas melódicos bastante coreables como 'While wide world' (exquisito el solo de guitarra en esta), 'Mess it up' o 'Live by the sword' (con Elton John al piano). Ahora, esto se combinará con pasadas musicales trabajadas al detalle e interesantes en materia de arreglos como el medio tiempo 'Get close' (que hasta un saxo mete a medio tema, entregando unos aires ochenteros exquisitos al tema) o distintas baladas, algunas en tono pop como 'Depending on you' y otras que sacan a la luz la sección más blusera de la banda, como la folk 'Dreamy skies', 'Sweet sounds of heaven' junto a Lady Gaga + Stevie Wonder (y que apunta a ser la gran joya del álbum con sus siete minutos de duración, aunque si me apuran diría que los últimos dos se los podrían haber ahorrado y no pasaba nada) o 'Tell me straight', con Keith Richards como absoluto protagonista.

Hackney diamonds llega tras casi veinte años sin música original de la banda y no decepciona. Compuesto en total por la dupla Jagger + Richards (aunque Andrew Watt ha colaborado en tres canciones), el conjunto no se extiende más allá de lo necesario (excelente decisión el haberlo dejado en doce canciones) y si bien no dejamos de oír a los Stones haciendo de Stones, la lista se pasea a gusto por el abanico de sonidos que estos históricos han sabido abarcar durante su carrera e incluso se da el gusto de regalar dos a tres pequeñas joyitas. Si este será su último, pues no queda si no aplaudir y agradecer. 

¿Canciones? 'Get close' y 'Bite of my head off'.

7,5 /10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de The rolling stones:

viernes, 10 de noviembre de 2023

25 Años De... Alanis Morissette: Supposed Former Infatuation Junkie (1998)

 "Ambición desmedida..."

Tras el incontestable éxito de Jagged little pill, álbum que le dio forma y colorido a un 1995 especial por donde se mire, había que ver que pasos decidía seguir una jóven Alanis Morissette. La canadiense vivió (y sufrió) de golpe una vorágine completamente inesperada y el riesgo de quedarse en algo cercano al "one hit wonder" era importante pues las expectativas ante un siguiente paso eran enormes. De ahí la relevancia de un álbum como Supposed former infatuation junkie, porque digámoslo, lo más lógico (y válido) habría sido replicar la fórmula del debut en búsqueda del éxito fácil y estirar así el elástico un rato (como hicieron Oasis por aquellos años, por ejemplo), sin embargo, en su segundo álbum Alanis decidió ir al choque en varios sentidos, declarando principios mediante un trabajo complejo, extenso y profundo, una propuesta desafiante tanto en forma como fondo. Lo cual le honra.

De entrada, en Supposed former... la vocalista (nuevamente junto a Glen Ballard en producción) nos propone un largo viaje, son diecisiete las canciones que componen al trabajo en setenta y un minutos música, es decir, la mujer se guardó poco y nada, dando muestras de una ambición desmedida (propia de quien siente tiene poco que perder) y una confianza ciega en el material que tenía. Ahora yendo al detalle, el álbum se muestra más oscuro y arisco respecto a lo que fue Jagged little pill, con canciones que se centran fuertemente en las atmósferas en desmedro de los "coros pop", generando un tándem interesante entre percusiones, bases electrónicas y la voz siempre especial de Alanis (un instrumento más en varias ocasiones). Esto se aprecia de entrada cuando el disco abre mediante la fantástica 'Front row' ,fórmula en la que se insistirá más adelante mediante los relatos inmersivos que regalan 'The couch', 'Can't not' o 'Would not come' (muy oriental en sus arreglos), todos momentos en donde lo que se privilegia es el ambiente y el mensaje en desmedro de los "coros pop" que inundaron el debut de tres años atrás.

De todas maneras, más de algún momento cargado a las guitarras encontraremos en 'Baba', la excelente 'I was hoping' o la enorme 'Joining you' (inexplicable el que no haya sido single del álbum siendo una de las mejores canciones en la carrera de la canadiense), así como sentidas baladas en la preciosa 'That I would be good', una electrónica 'One' o 'Are you still mad', que no es otra cosa que un refrito al piano del hitazo 'Uninvited', lanzado tan solo unos meses antes como parte de la banda sonora de la película City of angels

Mención aparte merecen cosas como 'Thank you', curiosa (y valiente) carta de presentación para el álbum y cuyo fuerte radica en los altos de una Alanis Morissette única en términos interpretativos (¡que manjar ese minuto final!), la dinámica adictiva de 'So pure', el tema más comercial del álbum, y vaya que se distancia de cualquier cosa que antes hubiese hecho la artista, además de 'Sympathetic character', por paliza el tema más explícito del disco abordando con crudeza, claridad y horror el lastre que puede llegar a significar una paternidad mal llevada en la vida de una persona 

"Temía que me golpeases si hablaba muy alto. Temía de tu fortaleza física.
De tu aliento a alcohol. De tu testosterona...

Tu fuiste mi ancla. Fuiste mi guardián, mi familia. 
Fuiste mi salvador. Y ese fue el problema..." 

Como suele suceder en aquellos álbumes excesivos (que este lo es), un punto negativo a criticar es la falta de síntesis, redundando de manera evidente en baladas electroacústicas como 'UR' y 'Unsent' (enorme declaración de intenciones el que esta haya sido single del álbum no teniendo un coro), muy similares ambas por lo que la primera derechamente se la podría haber ahorrado, lo mismo con el cierre a cargo de 'Heart of the house' + 'Your congratulations', baladas a piano que se entorpecen juntas y no logran cuajar un final algo ingrato para un álbum que merecía algo más solemne como epílogo.

Quien diría el que Supposed former infatuation junkie acabaría por ser la jugada más valiente en la carrera de Alanis Morissette, quien tres años más tarde recularía hacia un correcto y meloso Under rug swept (2001). Precisamente por aquella decisión es que un álbum como este ha quedado algo opacado en la historia, quizás si la vocalista insistía en esta línea se valoraría de mejor forma este trabajo. Como sea, en su camino quedará este osado paso, un segundo álbum que roza el brillante, que de haber contado con tres o cuatro temas menos sería una obra maestra incontestable.

¿Canciones? 'Front row', 'Joining you' y 'Sympathetic character'.

8,5 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Alanis Morissette:
2020: Such pretty forks in the road 

domingo, 5 de noviembre de 2023

Squid: O Monolith (2023)

 "Caótico, rupturista y desesperante..."

Suele ocurrir que en un segundo álbum las bandas agrupan "lo no quedó en el primero", armando básicamente un álbum de continuidad. En aquella línea, había que ver de todas maneras si los Squid lograban estar a la altura del desafío, esto pues Bright green field debe ser uno de los disco debut más fascinantes en lo que va de década. 

Como era de esperar, por tanto, en O monolith vuelven a echar mano a varios de los elementos que les instalaron en 2021 como otro bicho raro londinense con raíces en el post punk a tener en cuenta, digamos, canciones caóticas, desestructuradas, diversas en cuanto a arreglos y tiempos, toda una mixtura que acá vuelve a aparecer con fuerza y claridad, quizás ya sin un factor sorpresa presente pero si con un nivel de efectividad que continúa convenciendo. 

Con este fin es que abren de manera inquieta jugando muy bien la tríada teclados + guitarra + batería (muy Radiohead a momentos, sobre todo en los coros) en 'Swing (in a dream)', pero rápidamente el álbum bajará revoluciones, primero con 'Devil's Den', que básicamente será un relato con momentos altamente explosivos + final caótico, y luego con los seis minutos de 'Sliphon song' en donde se disfrazan de Mogwai mediante una dinámica de pozo inmersivo que poco a poco va incorporando intensidad en su trámite. By the way, un temazo. 

Donde el trabajo definitivamente acabará con toda concesión será en su nudo + recta final, eso cuando en una espesa 'Undergrowth' la voz de Ollie Judge nos invite al viaje inmersivo ("Pon tu pulgar y dedos alrededor de mi cuello / La perilla de madera en el gabinete / Abre y ve lo que hay dentro...") con arreglos de viento dispuestos unicamente a generar la exasperante atmósfera, seguida de cosas como 'The blades','After the flash' o 'Green light', donde la banda jugará con sus ya clásicas instrumentaciones caóticas, las primeras dos estructura in crescendo y la última apostando por un sonido más cargado a las guitarras. 

Finalmente, el cierre llegará en calma con 'If you had seen...' (el título es eteeeerno) en la que Squid incorporarán pasajes que coquetean con el jazz (ojo al minuto final, que es una verdadera locura, completamente desesperante), cerrando así un álbum que efectivamente funciona en la línea del debut (que era lo esperado) pero dándose el gusto de correr bastante los límites en términos de rupturismo y experimentación. Como sea, los ingleses siguen enmarcados como parte de los proyectos a los que hay que seguirles la pista...

¿Canciones? 'Swing (in a dream)' y 'Sliphon song'

8,2 /10
Excelente.


Otras reseñas de Squid:
2021: Bright green field

viernes, 3 de noviembre de 2023

Code Orange : The Above (2023)

 "Bicho raro valiente aunque irregular..."

Tras dos discos que dieron que hablar dentro de la escena metalera de la última década como I am king (2014) + Forever (2017), llegó para Code orange el siempre complicado momento del tercer disco, en este caso un Underneath (2020) mediante el cual la banda buscó equilibrar la agresividad de su sonido con una producción un tanto más modernilla y plagada de efectismos (de la mano de Nick Rasculinecz en producción), esto en un evidente afán por volver más masivo su sonido y acceder a nuevos públicos. Lamentablemente el lanzamiento coincidió con la pandemia por lo que todo quedó en nada, no hubo posibilidad de promoción y los estadounidenses debieron replantearse todo, incluso el si seguir o no. Desde ahí, no deja de llamar la atención el camino que finalmente han decidido tomar en The above, uno que lejos de acercarlos a ese sonido crudo y oscuro de sus inicios (que habría sido el paso lógico), intenta nuevamente romper esquemas y expandir aún más el abanico de posibilidades. Para esto han decidido mirar hacia atrás con total convicción y como si estuviésemos en pleno 1998 meten mano con descaro al nu metal de fines de siglo aunque también incorporando elementos industriales en el sonido (algo con lo que también habían coqueteado en discos anteriores) e incluso realizando guiños al grunge. 

Ya de entrada el disco anticipa cositas. 'Never far apart' es un bicho realmente raro que abre en calma con una Reba Meyers absolutamente protagonista en el relato, sin embargo, en el camino el tema irá metiendo sonidos industriales para finalmente reventar durante el minuto final, algo que conectará directo con la vibra nu metalera de 'Theatre of cruelty', donde la banda oscila entre las atmósferas etéreas de Deftones y las aceleraciones de Korn (muy en la línea del clásico 'Blind', sobre todo en el comienzo del tema). Este ir y venir se volverá constante, en 'Take shape' tomarán elementos de Tool en la energía de las estrofas (por cierto, ¿algo más noventero que incorporar a Billy Corgan a media canción?), aparecerán cositas grunge en 'The mask of sanity lips' (aunque en esta combinando con elementos caóticos a lo largo de todo el tema), 'I fly' o 'Splinter the soul', luego 'A drone opting out of the hive' será nu metal oscuro y violento (con un notable juego a dos voces entre Jami Morgan y Eric Balderose) mientras que entre todas estas sonará una melosa pero sólida 'Mirror' (nuevamente con Reba al frente), donde incluso elementos trip hop se hacen presentes. 

Que decir, el cóctel de influencias llegando al nudo del disco es bastante completo aunque por lo mismo, desde acá el álbum se vuelve algo pesado y redundante, evidenciando (tal como les pasó en Underneath, donde también se extendieron por cincuenta innecesarios minutos) el que cuando Code orange apuestan por un conjunto más contundente tienden a fallar. 

Y es que ya metidos en la Cara B, cosas como 'The game' o 'Grooming my replacement' retomarán la carta agresiva pero terminan estorbándose al insistir en la misma tecla, lo mismo con 'Snapshot' que intenta experimentar en velocidad pero no ofrece nada recordable. No se entiende tampoco que pinta acá el rock pop de 'Circle through' y es recién mediante la quejumbrosa 'But a dream...' en que parecen diversificar nuevamente, tal como en ese cierre a la Nine inch nails de 'The above' (la canción), cargado a atmósferas reflexivas y oscuras. 

Nos quedamos entonces ante un álbum de dulce y agraz, con una primera mitad sólida y contundente pero una segunda en donde la banda termina quedándose sin argumentos. Code Orange claramente se han propuesto dividir aguas con The above, y vaya que lo han logrado. Habrá quienes les menosprecien dada la cantidad de referencias obvias que muestra su sonido y también quienes valoren la apuesta, lo cierto es que han jugado una carta valiente, no han tirado por lo obvio y aquello desde acá se agradece. Lamentable lo débil/confusa/redundante de la segunda mitad del disco, con la primera ya basta para valorar la propuesta. Aunque claro, siguen muy lejos del nivel de sus notables dos primeros álbumes...

¿Canciones? 'Take shape', 'The mask of sanity lips' , 'Mirror' y 'I fly'.

7/10
Muy bueno.


Otras reseñas de Code Orange:
2020: Underneath

lunes, 30 de octubre de 2023

Cadaver: The Age Of The Offended (2023)

 "Más vivos y creativos que nunca..."

Más allá de todos los méritos con que contó el solidísimo Edder & Bile (2020), este marcó el regreso de Cadaver a la escena tras nada más ni nada menos que dieciséis años de silencio, por lo que inevitablemente en la valoración del álbum jugaba cierto factor nostálgico, digamos, el gusto de tenerlos de vuelta. Aquello ya no cuenta en The age of the offended, un álbum que se plantaba frente al siempre complejo desafío de cumplir con una determinada expectativa. ¿Más de lo mismo o un paso adelante? - parecía ser el dilema, ante el cual la dupla Neddo + Dirk Verbeuren (que acá reparten créditos de manera equilibrada) ha optado por plantear algo que se acerca a lo segundo, un disco que baja un tanto la velocidad respecto al mencionado antecesor y apuesta por una mayor diversidad (incluye más canciones, alargando la experiencia en diez minutos), apoyándose para esto en la conocida versatilidad de Verbeuren en batería y una producción tremendamente atinada a cargo (nuevamente) de Adair Daufembach.

A lo largo de estos cuarenta y dos minutos de música Cadaver vuelve a meter mano a esa fórmula que oscila entre el black y el death, tanto en términos instrumentales como interpretativos, con un Neddo oscuro y feroz en sus registros. Esto se aprecia con claridad en temas que no apuestan por ser tan inmediatos o efectivos sino más bien conquistar desde su entramado de arreglos y múltiples influencias, me refiero a cosas como 'Postapocalyptic grinding', 'The age of the offended' (la canción) o la notable 'Crawl of the cadaver', que en tan solo tres minutos se pasea por cuanto cambio de estructura desea. 

De todas maneras la banda acelerará en 'Death revealed' o 'The sicker, the better' ,sin embargo, el principal mérito del álbum está en no conformarse con esto e ir por la sorpresa en 'Scum of the earth', mucho más hardcore en sus estrofas y caótica en sus coros, bajando de golpe los tiempos en la tétrica 'The shrink' , en la genial 'The drowning man', con unas atmósferas iniciales en donde incluso se puede percibir a Black sabbath en las influencias. 

Si hubiese que encontrarle un "pero" al álbum este se encontraría en la recta final, cuando una espesa 'Dissolving chaos' seguida de las ágiles y violentas 'Deadly metal' + 'The craving', sin ser en absoluto malas canciones comienzan a redundar sobre sonidos que ya se habían abordado en el álbum, evidenciándose como relleno en un disco que realmente no lo necesitaba e incluso entorpeciendo ese tremendo cierre que es 'Freezing isolation'. Quizás, que en pedir no hay engaño, el camino a la gloria estaba en trabajar aún más algún tema que ya tenían (y llevarla sobre los cuatro o cinco minutos) en lugar de meter y meter canciones que a la lista. Ahora, nada de esto le resta demasiado a un trabajo que continúa mostrando a Cadaver más vivos y creativos que nunca. Han estado efectivamente a la altura de las expectativas por lo que queda sino el seguir gozando su presente.

¿Canciones? 'Scum of the earth', 'The age of the offended' y 'The drowning man'.

8,8 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Cadaver:

viernes, 27 de octubre de 2023

Cannibal Corpse: Chaos Horrific (2023)

 "En su línea..."

Desde un largo tiempo a la fecha Cannibal corpse tienen bastante claro donde juegan y de donde no deben salir. En ese camino han sido regulares, llegando un tanto más alto en lo que fue Torture (2012), tropezando en Red before black (2017) pero por lo general disco a disco cumpliendo de sobra con lo que se espera de una leyenda de este tamaño, incluso pese a la partida de Pat O'Brien en 2020. En dicho sentido Chaos horrific suena completamente hermanado con lo que fue Violence unimagined (2021), tanto en materia de composición como de producción pues ambos discos suenan similares, haciendo sentir la presencia de Erik Rutan quien nuevamente aporta con tres canciones al conjunto. Nos encontramos así ante un álbum que apuesta por la velocidad de sus temas corriendo evidentemente el riesgo de pecar de monótono aunque por lo mismo siempre regalando algún detalle ante el que resulta imposible no caer rendido. 

De esta forma, durante casi cuarenta minutos los norteamericanos no quitan el pie del acelerador, abriendo mediante diez segundos de un exquisito bajo que antecede a 'Overloads of violence' para dar paso luego a 'Frenzied feeling' + 'Summoned for sacrifice', en un tridente que fluye con total naturalidad y prácticamente parece un mismo tema debido a la rapidez con la que George Fisher frasea y los violentos riffs + solos que entrelazan las guitarras, algo que se volverá a repetir en la triada compuesta por 'Chaos horrific' (la canción) + 'Fracture and refracture' + 'Pitchfork impalement'. El caso es que en adelante, para bien y para mal, demasiados cambios de tono no encontraremos en el álbum pues la banda decide no salir de su zona de confort, entregando una lista que prácticamente no regala tregua y se "limita" a regalarnos pincelazos de diversidad, como lo que hacen en 'Vengeful invasion', una de las más completas en todo el disco. 

Hay una baja de intensidad en 'Blood blind' (con una exquisita aceleración que se vive a los dos minutos de canción) y también en el inicio de 'Drain your empty', una que incluso te lleva a lamentar el que la banda no se atreva a avanzar más en esta dirección... ¡si ese primer minuto lento y oscuro es manjar del bueno!, sin embargo, tras catorce álbumes en el cuerpo y un prestigio que sostener, claramente Cannibal corpse tienden a jugar a la segura. Con Chaos horrific han vuelto a dar con la tecla de la efectividad (recomiendo oír el álbum con unos buenos audífonos) y si bien mucho no se les puede criticar si cabe el mencionar que tampoco encontramos acá algo que particularmente nos invite a seguir mucho tiempo con el disco. Dicho el simple: esto antes lo han hecho, y mejor...

¿Canciones? 'Blood blind' y 'Vengeful invasion'.

6,5 / 10
Cumplen y algo más...


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