viernes, 15 de julio de 2022

Florence + The Machine : Dance Fever (2022)

"Personal, valiente y auténtica..."

Hay algo que no se le puede quitar a Florence Welch y la distingue de gran parte de sus contemporáneas: su capacidad para desarrollar una propuesta (siempre) personal y auténtica, a lo cual también suma el que la mujer escapa de temáticas típicas de amor y/o desamor para reflexionar en torno a ella, sus procesos y momentos. Por esto y mucho más, la vocalista ha recorrido un camino que le ha permitido hacerse de un nombre digno de altas expectativas, camino iniciado una década atrás mediante un pop contundente de la mano de álbumes como Lungs (2009) o Ceremonials (2011), los cuales dieron paso a la profundidad y madurez de un fantástico How big, how blue, how beautiful (2015). Y bueno, en la búsqueda de "el paso siguiente" fue que llegó a nosotros el espeso High as hope (2018), que sin ser un mal disco quedó marcado por sus atmósferas en extremo opacas, algunas de las cuales se sostienen en este quinto álbum, aunque llevadas a otra dimensión en una propuesta que a simple vista luce difícil de seguir pero que merece de nuestra paciencia.

Dance fever abre de manera valiente con 'King' y un tono reflexivo que desde ya anticipa por donde irán las cosas. Digo valiente porque la canción no es particularmente pegajosa, es más, carece de gancho y centra su potencial en el mensaje ("Conversábamos en la cocina respecto a si tener o no hijos, el fin del mundo y la magnitud de mi ambición / Y cuanto el arte realmente vale..."), trazando un camino que privilegia en todo momento el relato por sobre lo musical ("Eso donde mejor eres, es aquello que más te hiere / Pero necesitas un corazón podrido / Necesitas ir a la guerra para tener algo que cantar..."), encontrando un único momento de desahogo entre gritos (2:40) para acabar en otra reflexión enorme ("Y nunca fui tan buena como creía que era / Pero sabía como disfrazarlo / Nunca estuve satisfecha / Eso nunca me dejó / Sólo me arrastró del pelo para comenzar un nuevo show..."), en la que ciertamente debe ser una de las mejores letras que la vocalista ha encontrado a día de hoy, y vaya que esta mujer ha escrito buenas letras...


El álbum continuará con 'Free', con una lúdica reflexión en torno a su salud mental (por cierto, el video no puede ser más simpático), seguida de la inquieta 'Choreomania', la primera invitación al baile que contiene el álbum (una que hubiésemos querido se repitiese algo más, también para darle algo de coherencia al título del disco), realizando referencia a un movimiento medieval donde grupos de personas se reunían a bailar y donde la artista continúa reflexionando en torno al cristianismo (herencia que la persigue desde sus inicios) aunque insertando buenas dosis de feminismo al concepto ("Dijiste que el rock and roll está muerto / Pero es porque no ha sido resucitado a tu imagen y semejanza / Como si Jesús volviese en un hermoso vestido..."). La segunda invitación al baile llegará más adelante mediante la enorme 'My love', astutamente situada en la recta final del trabajo, cuando este realmente tendía a sonidos mucho más opacos.

Y es que contrario a lo que habríamos esperado, lejos de lanzarse a la fiesta, pasado el tridente inicial el disco rápidamente dará el giro hacia algo más íntimo, con canciones que funcionan casi a modo de oración religiosa entre arreglos que serán mero acompañamiento sutil para aquello que se narra, me refiero a 'Back in town' ("Vine acá por el placer pero me quedé por el dolor...") seguida de 'Girls against god' ("Y es bueno estar viva / Llorando con un cereal a medianoche ...") o el interludio 'Prayer factory', en la pasada claramente más espesa del trabajo. En una línea similar funcionarán cosas como 'Cassandra' o en 'Heaven is here', con claro protagonismo vocal de Florence (que se come los temas, para bien y para mal), mientras que en las notables 'Dream girl ever' ("¿Soy la chica de tus sueños? ¿Me imaginas en la cama? / Pero nunca podrás tenerme / Y me gusta mejor estar en tu cabeza...") o 'Daffodil' la vocalista encontrará el equilibrio adecuado entre voz, letra, arreglos e intensidad, para finalmente cerrar el álbum con 'The bomb' + 'Morning Elvis', que son absoluta dulzura y elegancia. 

En contra del disco estará lo arisco que se pone en su nudo, también el cambio brusco que se vive tras las tres primeras. A favor el que la propuesta de todas maneras fluye y da muestras de una mujer que, como pocas, lejos de intentar calzar con las tendencias actuales corre el riesgo de sonar a si misma. Y bendita sea por eso.

¿Canciones? 'King', 'Choreomania', 'Dream girl evil' y 'My love'.

7,5 /10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Florence + the machine:

martes, 12 de julio de 2022

The Black Keys : Dropout Boogie (2022)

 "Bajas pretensiones que funcionan..."

A una década del batatazo generado por El camino (2011) y una serie de pasos en falsos, las sensaciones en torno a The black keys no eran buenas y todo parecía indicar que el dúo norteamericano había sido flor de un día, estirando desde entonces la fórmula con escasos momentos de real lucidez. En ese sentido un álbum como Dropout boogie viene bien, un disco de evidentes bajas pretensiones (en un buen sentido), que no va en busca de ningún hit y más bien se conforma (?) con desarrollar un sólido blues rock que funcione y suene atractivo. 

Por sobre todo, Dropout boogie es un álbum que suena rico. Las canciones son cortas y precisas, dos a tres minutos todas, donde se privilegian las atmósferas por sobre los ganchos inmediatos, de hecho, la apertura del álbum con 'Wild child' + 'It ain't over' debe ser lo único en donde percibimos coros marcados y reconocibles pues desde ahí el asunto disparará hacia otro lado, uno mucho más bajo perfil y blusero, generando gratos momentos en la pasada por 'Your team is looking good' + 'Good love' (con participación de Billy F. Gibbons de ZZ Top), canciones donde el énfasis está puesto en la onda y vibra que se transmite con las guitarras, más allá de cualquier letra o mensaje, algo que también se percibirá en todo el resto del disco (que tampoco es muy largo, poco más de media hora) entre temas que más allá de algún solo atractivo o momento estridente ('How long', 'Baby I'm coming home' o 'Didn't love you') no destacan por si solos, sino más bien entre un conjunto que fluye sin problemas.

En 2021 tuvimos al dúo buscando inspiración mediante un disco de versiones y bueno, seguro que el resultado de dicha exploración se resume en este trabajo entregado un año más tarde, un álbum que funciona en dirección similar, que evidentemente no pretende re inventar nada ni muestra a la banda siendo estandarte de algo, pero si disfrutando de aquel sonido que tanto les apasiona. 

¿Canciones? 'Your team is looking good', 'Didn't love you'.

7/10
Muy bueno


Otras reseñas de The black keys:

viernes, 8 de julio de 2022

20 Años De... Korn : Untouchables (2002)

"Descarga incesante de ira y desesperanza..." 

Los primeros cinco álbumes de Korn son LOS ÁLBUMES que cualquier joven debería oír si quiere acercarse a esta (ya) legendaria banda. Partiendo por el rabioso debut de 1994, siguiendo por la pasada numetalera/popera de Life is peachy (1995) + Follow the leader (1998), la presentación de credenciales en Issues (2000) y definitivo asentamiento mediante este fantástico Untouchables, por cierto, el álbum favorito de la banda para quien escribe. En este, los norteamericanos se instalan definitivamente en la fórmula, aunque gracias a la producción y el tratamiento de su sonido logran llevarla un tanto más allá respecto a lo realizado en Issues. 

Pero démosle contexto a esto. El de 2002 es un álbum que atrapa a Korn en plena etapa de crisis, con una convivencia desgastada y miembros de la agrupación sumergidos en distintas adicciones (Fieldy estuvo a punto de ser expulsado por esto y Brian Welch luchó para mantenerse sobrio durante el proceso de grabación), asuntos que efectivamente se transmiten en el clima del álbum, que constantemente navega por la desesperanza en términos líricos (aspecto habitual en Korn pero que acá luce particularmente acentuado) y un sonido marcado por guitarras de mucha distorsión y peso. Para muestra, la partida con un tridente demoledor compuesto por el single 'Here to stay' (de los más exitosos en su carrera) + la fantástica 'Make believe' ("A veces siento que me persigue / Todo el odio que se está liberando / Me doy cuenta que estoy tomando todo / Y la mierda parece continuar...") + 'Blame', tras el cual la banda soltará el acelerador y bajará los tiempos mediante 'Hollow life', una donde Jonathan Davis interpreta maravilloso, yendo arriba y a los agudos dejando en claro el que pasaba por aquellos años por su mejor momento como vocalista. 

En adelante el álbum oscilará entre cosas tradicionales como 'Bottle up inside' o 'Beat it upright' (una de las pocas donde oímos el tradicional bajo de Fieldy), que enganchan con la vibra de Issues, momentos marca de la casa que recuerdan el enorme talento que Korn poseían a la hora de jugar con el estrofa + puente + coro melódico , en versión rock en 'Thoughtless' o coqueteando con la electrónica en 'Hating', asuntos más íntimos como 'Alone I break' (en otra pausa que establece el disco y que funciona a la perfección) o canciones exquisitamente agresivas estilo 'Embrace', con un Jonathan Davis que suena más gutural que nunca y nuevamente en estado de gracia con ese inolvidable "The life! The hurt! The Pain! The hate!, seguida de una experimental y juguetona 'Wake up hate'. 

Es probable que siendo el disco una incesante descarga de ira, dos o tres cosas ('One more time' o 'I'm hiding', por ejemplo) no funcionen a la altura que deberían, sin embargo, son detalles estos frente a un álbum que por sonido, líricas y atmósferas luce realmente intachable. Es cierto que en 2002 Korn se habían transformado en un meme, en una caricatura de si mismos, y esto quizás impidió que mucho público amante del rock y el metal pudiese darle una oportunidad a un álbum como Untouchables (algo que también ocurrió con Deftones en algún momento), por esto mismo nobleza obliga a veinte años de distancia el darle méritos a un álbum soberbio y ciertamente, el último gran disco en la carrera de la banda. 

¿Canciones? 'Here to stay', 'Make believe', 'Hollow life', 'Embrace'.

8,5 / 10
¡Brillante!

martes, 5 de julio de 2022

Liam Gallagher: C'Mon You Know (2022)

 "No deslumbra pero funciona..."

Con este, son tres intentos en solitario + dos junto a Beady eye mediante los cuales Liam Gallagher ha intentado posicionarse como un estandarte del rock cincuentón. En ese camino, álbum a álbum el inglés jamás nos ha volado la cabeza pero si ha sabido regalar dos o tres canciones por disco, digamos, cositas que querríamos oír en sus conciertos ('Wall of glass' y 'One of us', sus mejores canciones por paliza). Poco eso si como para justificar algún tipo de fanatismo desatado, es más, por más políticamente incorrecto que se lea, lo escribiré de todas formas: a día de hoy y haciendo la odiosa comparación, los discos de Noel Gallagher continúan diciendo más que cualquiera de Liam. El caso es que en 2019 fui categórico (quizás demasiado) respecto a su caso acá en el blog afirmando que el ex vocalista de Oasis era esto y poco más. Cancioncitas - dije. Y bueno, no digamos que con C'mon you know la situación da un vuelco en 180 grados pero nobleza obliga el admitir que sin modificar demasiado sus intenciones, ha encontrado acá su mejor conjunto a la fecha.

Algo de eso ya se marca en la partida del álbum, cuando 'More power' irrumpe con un coro de infantes (en modo 'You can't always get what you want' de los Rolling Stones) y una sentida lírica que mira hacia atrás con nostalgia, reflexionando respecto al fracaso en líneas como "Padre, entiendo tantas cosas ahora que te has ido..." o "Madre, admito que estuve enojado por demasiado tiempo...", en un gran comienzo que sorprende por lo atípico. A este le seguirá el rock and roll que tanto le gusta a Liam, primero en una versión poco estridente en 'Diamond in the dark', que es una muy buena idea con las vocales siempre en primer plano pese a que el tema se queda corto en cuanto a climax (nunca lo encuentra), y luego en cosas más tradicionales, como en la beatlesca 'Don't go halfway' o 'C'mon you know', que recurre a los clásicos aplausos + piano para llevar el tiempo y realiza un bonito guiño al "Jet!" de Paul McCartney hacia el cierre. 

Entrando al nudo del álbum llegarán las baladas de siempre, aquellas de las que pareciese Liam no puede (o no sabe) escapar, siendo 'Too good for giving up' + 'It was not meant to be' una pasada que dice bastante poco, lo mismo más adelante con 'World's in need' (que emulará la armónica y el fraseo de los U2 en 'Desire') o 'Moscow rules'. Por esto, la llegada del pelotazo rockero 'Everything's electric' (primer adelanto que conocimos del disco meses atrás) vaya que se agradece, es una de las grandes canciones del álbum y una de las mejores interpretaciones vocales de Liam en la década. 

Finalmente, el resto será cumplir, en eléctrico con 'I'm free' o haciendo el enésimo homenaje al 'Tomorrow never knows' de The beatles (y a las guitarras de Revolver) en 'Better days', todo siempre enmarcado en la típica búsqueda de Liam Gallagher : melodías atractivas enmarcadas en estructuras tradicionales. En ese sentido, al inglés hay que darle el que esta vez ha logrado, como nunca antes, sostener un disco hasta su recta final en un nivel que no deslumbra pero suena aceptable. 

C'mon you know no escapa de los márgenes que el vocalista viene recorriendo desde hace una década pero encuentra acá, nuevamente junto a Andrew Wyatt en producción (con quien había trabajado en su disco de 2019) una media algo más inspirada que lo habitual. Te gustará si te gusta Liam Gallagher, ni más ni menos.

¿Canciones? 'More power', 'Everything's electric'.

7/10
Muy bueno.

sábado, 2 de julio de 2022

Babasónicos: Trinchera (2022)

 "La música al servicio del mensaje..."

El debate en torno a Babasónicos hay que zanjarlo de una buena vez: de algo hay que vivir ... y punto. Muy vanguardia habrá sido la trilogía Dopádromo (1996) + Babasónica (1997) + Miami (1999) pero, le disguste a quien le disguste, el boom masivo llegó con Jessico (2001) + Infame (2003) + Anoche (2005). Son estos tres álbumes los que aún les dan de comer, los que interpretan en sus giras (más allá de la promoción de turno) y por ende, la línea que la banda intentó expandir con cada uno de sus posteriores trabajos (al punto de casi renegar de su primera década).  El problema, sin embargo, es que ni cerca de dicho nivel han rondado durante los últimos veinte años, entregando una seguidilla de álbumes facilones, melosos y extremadamente inofensivos, con una que otra línea interesante pero en general todos bastante olvidables. En 2018, sin embargo, algo cambió, o al menos se insinuó. Discutible fue un álbum que logró que la banda volviese a sonar interesante tras más de dos décadas ('La pregunta', 'Bestia pequeña') y supo encontrar pequeñas excelentes canciones ('Ingrediente', 'Cretino'), y en ese camino, este Trinchera no solo confirma el nivel sino que logra elevarlo un peldaño por encima. 

De esta forma, las atmósfera que acá Babasónicos ha desarrollado es muchísimo más lúgubre que la habitual, con mensajes en general empapados de pesimismo y un Adrián Dárgelos narrando siempre abajo, con una banda entregando arreglos por lo general desnudos con guitarras limpias carentes de toda estridencia, invitaciones a la pista de baile y una que otra incursión electrónica. Ahí, hay cosas que funcionan, como la sensualidad y cadencia que aparece en la partida a cargo de 'Mimos son mimos' ("El perdón tiene un sabor que no supe conocer porque nunca lo tuve en la boca...") seguida de 'Paradoja' ("Por eso pretendo elegir, mis propios caminos, mis enemigos..." ), que en realidad parecen ser una sola, para luego meter luego un golazo con 'Bye bye', y su adictivo coro ("Hazme el amor hasta el amanecer y después bye bye. No me sigas..."). También en el nudo del disco sonará una pasada que te invita a seguirles, con una curiosa 'Anubis', donde Dárgelos sube el registro por única vez en todo el disco (1:20), lo cual (aunque sea solo por treinta segundos) se agradece, seguida de 'La izquierda de la noche' y ese sutil tributo a Bowie en los teclados conectándose con nuevas líneas sugerentes y bien logradas ("La noche es un portal imaginario donde habitan los permisos que de día ni en pedo se dan..."). 

Los méritos de un álbum como Trinchera se hacen carne en su segunda línea, cuando suenan canciones "menores" como 'Vacío', muy sutil en los arreglos pero que funciona de mil maravillas, lo mismo con 'Mentira nórdica', oscura como ella sola ("Que vacío es abrazar a alguien que solo se ama a si mismo / Que infame es fracasar sin intentarlo todo / Peor es esperar a ser reconocido..."), armando así un conjunto que en materia de textos vuela realmente alto y donde lo musical sabe acompañar con mucho cuidado, entregando pleno protagonismo al mensaje. 

Quizás donde el disco falla y pierde algo de fuerza, es en la recta final. Ahí la seguidilla 'Madera ideológica', 'Viento y marea', 'Capital afectivo' y 'Lujo' pierde demasiada fuerza respecto los 3/4 iniciales del disco y lucen algo típicas. No le restan demasiado a un álbum que desde lo conceptual funciona y consigue sumergirte en su mundo con méritos propios. Y si, que todo parece indicar el que Babasónicos, ya con poco que temer y demostrar, aún tienen algo que decir, lo cual siempre será una buena noticia...

¿Canciones? 'Bye bye', 'La izquierda de la noche' y 'Mimos son mimos'.

7,5 /10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Babasónicos:

jueves, 30 de junio de 2022

Jack White : Fear Of The Dawn (2022)

"Inquieto y siempre excéntrico..."

Digámoslo con todas sus letras: lo más sencillo para Jack White habría sido estirar (y agotar) el concepto de los White stripes por cuanto tiempo se pudiese. Sin embargo, y eso hay que dárselo siempre, el vocalista optó por el camino de expandir sus inquietudes en solitario o proyectos alternativos (como The raconteurs o The dead weather) y no usando el nombre de la mítica banda. En esa línea, desde 2012 a la fecha ha desenfundado su inquieta naturaleza en una serie de discos ciertamente difíciles de seguir pero todos rebosantes en algo que no se compra en la esquina: dignidad y franqueza. Fear of the dawn no llega para ser la excepción en esta ruta, acá volvemos a oírlo desatado y creativo, a ratos abordando la locura desde su guitarra eléctrica y en ocasiones experimentando con diferentes sonoridades, pero sea como sea, sonando siempre fiel a si mismo. 

De esta forma, a diferencia de aquel bicho raro que fue Boarding house reach (2018), en esta ocasión el guitarrista nos regala más momentos eléctricos marca de la casa, abriendo de manera directa en 'Taking me back' para más adelante desarrollar su caos y desbordado rock en canciones como 'Fear of the dawn' (cuyo único defecto es que acaba demasiado pronto),  'The white raven' o la exquisita 'What's the trick?'. Todas estas son canciones donde las guitarras son protagonistas, pero como hablamos de Jack White, es de esperar el que nunca un álbum se estacione en un estilo, de ahí que aparezcan cosas extrañas, desestructuradas y exploratorias como 'Hi-de-ho', junto al rapero Q-Tip de A tribe called quest, 'Eosophobia' o 'Into the twilight', donde el vocalista vuelve a estar dispuesto a sacrificar el ritmo y la continuidad del trabajo en pro de sus ganas de soltar las riendas e ir hasta donde el momento le lleve. 

Cerrando el álbum sonará 'That was then, this is now', haciendo el juego rock and roll + teclados, en otra locura extrañísima llena de idas y vueltas que regala el vocalista, a la cual se sumará un reprise de 'Eosophobia', definitivamente de lo más excéntrico del disco, para acabar el viaje con el rock en acústico de 'Morning, noon and night' y 'Shedding, my velvet', bajando las revoluciones y soltando el trabajo en un lugar muy pero muy diferente a donde había comenzado. 

En definitiva, Fear of the dawn resulta más fácil de seguir respecto a sus antecesores (principalmente en su fantástica primera mitad), y si bien Jack White parece haber realizado algunas concesiones en esta ocasión, el vocalista no parece tener ganas de recular del todo en sus ansias por explorar sonidos fuera de la caja. Y ojo, que tiene prometido otro álbum para este 2022...

¿Canciones? 'Taking me back', 'The white raven', 'What's the trick'.

7,5/10
¡Muy bueno!


domingo, 26 de junio de 2022

Septicflesh : Modern Primitive (2022)

 "En piloto automático..."

Mirado a distancia, desde su regreso en 2008 con Communion, los griegos Septicflesh lentamente fueron puliendo su fórmula death + sinfónica, al punto de tocar techo con ella con el enorme Titan (2014). Tras este llegó una correcta continuidad como Codex Omega (2017) y un posterior complemento en vivo registrado en 2020 en Ciudad de México. Todo esto habla de un sólido camino construido por una banda que continúa mostrándose a día de hoy incapaz grabar un mal álbum, aspecto que se corrobora con Modern primitive, ahora, siendo claros, sin que este se acerque a lo logrado años atrás por la agrupación. Y es que el problema con Septicflesh a estas alturas (problema que ya se quisiesen otros, digámoslo) es la falta de sorpresa. Con un sonido afiatado y una fórmula probada, resulta evidente observar el que con Modern primitive ya van dos discos en claro piloto automático, esta vez quizás con el pero de no contar en esta lista con algún hit demoledor y recordable al nivel de cosas como 'Dantes inferno' o 'Martyr', contenidas ambas en Codex omega. 

El poderío del sonido se aprecia desde un comienzo, cuando 'The collecter' abra entre sutiles cuerdas acústicas (elemento que se vuelve a repetir bastante en este disco) para luego desenfundar constantes aceleraciones y redobles que convergerán hacia los tradicionales parones sinfónicos típicos de la banda. Destacarán también en esa línea cosas como 'Coming storm' o 'A desert throne', de buena dinámica ambas, mientras que habrán otras que apostarán por los juegos vocales, con Spiros Antonius haciendo sus tradicionales guturales y Sotiris Vayenas apoyando con voces limpias, asunto que aparece en 'Hierophant' , 'Neuromancer' (la mejor de todas, también de lo más contagioso del álbum) o 'Modern primitive' (la canción).  Hacia el cierre, 'Psychohistory' funcionará como otra demostración de poderío y peso por parte de Septicflesh mientras que el viaje finalizará con una olvidable 'A dreadful muse', que más allá de uno que otra pasaje melódico no presenta algo particularmente recordable, en un potente simbolismo respecto a este trabajo. Y es que si habiendo tenido cinco años para trabajar, decides cerrarlo con algo tan insípido, que señal más clara de que la banda no ha encontrado acá un momento particularmente brillante. 

De todas formas, Modern primitive no es un mal disco, en absoluto, pero si uno que vuelve a mostrar a la banda en clara zona de confort. ¿Van en cuesta abajo los griegos? Puede ser, aunque mientras el nivel siga siendo este, tampoco da para lamentar demasiado. 

¿Canciones? 'The collecter', 'Neuromancer', 'Coming storm'.

6,5 /10
Cumple y algo más...


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