VIDEOS DAVID BOWIE

Loading...

martes, 25 de abril de 2017

Wire: Silver / Lead (2017)


Tras cuarenta años de carrera, con un par de lagunas de tanto en tanto, los ingleses de Wire continúan sosteniendo con fuerza la bandera de la dignidad. Independiente de que practicamente nadie pocos se enteren de sus lanzamientos, desde su regreso en 2008 (esta vez en formato trío) los de Colin Newman han sabido seguir construyendo una carrera más que digna, sin el post punk declarado de sus primeros álbumes claro está y dedicados mucho más a la generación de ambientes, pero cumpliendo de todas maneras en aquella linea. Change becomes us (2013) me sigue pareciendo su mejor álbum de este último período pero ciertamente tanto en el homónimo de 2015 como en Nocturnal koreans (2016) han existido cosillas que destacar, y en ese sentido Silver /Lead no es la excepción.

Lo mejor de este nuevo álbum está en el comienzo, donde tres canciones le bastan a Wire para demostrar que aún hay filo en el baúl. Y es que resulta imposible no caer rendido frente a los hipnóticos murallones de guitarras que proponen tanto 'Playing harp for the fishes' como la melódica 'Diamonds and cup', mientras que 'Short elevated period' realizará el guiño dinámico hacia el pasado punkoide de la banda, aunque claro, en versión actual. Se repetirán varios platos más adelante, quizás recurriendo a fórmulas bastante manoseadas a estas alturas, al punto de que 'Forever & a day' y 'This time' parecerán ser la misma mientras que 'Sonics lins' o 'Brio' entrampan al disco y no permiten que lleguemos a disfrutar como corresponde una canción como es 'Sleep on the wing', sin duda lo más interesante de toda la sección final del álbum.

Tres discos en tres años quizás ha sido demasiado para una banda a la que se le oye demasiado cómoda en su metro cuadrado, hay momentos en Silver/Lead que agotan no tanto por el nivel de los temas sino por la redundancia en un sonido con el que llevan insistiendo entrega tras entrega, sin embargo, esto no alcanza para empañar un disco que de todas maneras logra entregar uno que otro momento de magia. 


3.0 // Bueno, cumple.

Otras reseñas de Wire:
2015 // Wire
2013 // Change becomes us

viernes, 21 de abril de 2017

Un año sin Prince ...


Benditos sean aquellos espíritus creativos que nos inspiran cada día, y Prince Rogers Nelson fue uno de aquellos. Inquieto y de personalidad compleja, un tipo de naturaleza tímida pero que en el artista encontró una vía de escape para sus traumas y complejos (el ser pequeño, por mencionar tan solo una). Llevó por tanto una vida cargada de excesos y excentricidades que se equilibraba con su inagotable talento y entrega a la música. 

Nos dejó material de sobra, el cual poco a poco tras su lamentable partida ha ido viendo la luz y hoy lo volvemos a recordar acá con el agradecimiento que se le tiene a aquellos que fueron luz, aquellos que han podido crear belleza a partir de las tinieblas...

Hasta siempre maestro. Eterno.

martes, 18 de abril de 2017

Spoon: Hot Thoughts (2017)


No deja de resultar grato el observar como tras veinte años de carrera una banda como Spoon sigue, dentro del mundo indie, recorriendo caminos que sorprenden y muestran crecimiento. Y es que si estás entre aquellos que no conoces a la agrupación, Hot thoughts se presenta como el álbum perfecto para acercarte a ellos, un disco que se aleja un tanto del rock directo y desnudo de sus anteriores trabajos, profundizando elementos tocados tres años atrás en el sólido They want my soul (2014), pero mejorando esta vez la oferta entregando con seguridad uno de los álbumes más interesantes y atractivos que oiremos durante 2017.

El principal mérito de Spoon reside en la capacidad de entregar diversidad y calidad en idénticas proporciones. Nos regalan de hecho un disco compuesto por excelentes melodías, arregladas todas de manera soberbia, pero que resulta difícil de clasificar. Los ejemplos son muchos, 'Hot thoughts' (la canción) o la espectacular 'Whisperl'lllistentohearit', por ejemplo, son canciones que abrazan a ratos un sonido oscuro para luego despegar entre guitarras y teclados, 'Can I sit next to you' se mostrará más juguetona e incluso funk, 'Do I have to talk you into it' o 'First caress' regalan una pasada más cargada al rock, 'Pink up' o el extraño cierre a cargo de 'Us' se dan el lujo de experimentar un tanto con sonidos y ambientes mientras que 'I ain't the one' se muestra más íntima acompañando voces únicamente por teclados y baterías programadas. La banda dispara hacia muchos lados y en todos queda bien parada...

Como sea, de todo nos encontramos en Hot thoughts, un álbum que a ratos es pop, a ratos rock pero que, por sobre cualquier etiqueta, durante toda su extensión se muestra inquieto, creativo y bien arreglado. Insisto, de lo bueno que oiremos durante el presente año...

4.0 // Excelente!

martes, 11 de abril de 2017

Memoriam : For The Fallen (2017)


Cuesta siempre comentar un álbum de una banda que "ya hizo lo suyo" en la música. Y es que esperar que tras más de veinte años de carrera, los ex miembros de Bolt thrower inventen la rueda embarcados en este nuevo proyecto titulado Memoriam es, por lo bajo, un exceso de ingenuidad. Sabido es que tras la muerte de Martin Kears (histórico baterista de la agrupación) los miembros de la banda publicaron que ya no habría más Bolt thrower y que de hecho este emprendimiento respondía a una especie de tributo que decidieron rendir a su viejo amigo (la portada declara intenciones). Si consideramos además que For the fallen es el primer álbum de estos miembros en más de diez años (lo último juntos data de 2005), digamos que no esperábamos demasiadas sorpresas para el disco, y bueno, por ahí ha ido el asunto...

Apegados al libreto, Memoriam nos entrega así un correcto álbum de death (algo repetitivo quizás) que intercala temas lentos pero de mucho peso ('Memoriam', 'Reduced zero') con otros dinámicos que traen a la memoria el característico sonido de Bolt thrower ('War rages on', 'Corruptep system'). El disco contiene solo ocho piezas aunque la mayoría se extiende por sobre los siete minutos, la banda responde técnicamente a las exigencias y Karl Willets en las voces, pese a sonar evidentemente más desgastado que en el pasado, logra convencer con su energía. 

For the fallen funciona entonces como un disco honesto, que seguramente entrará en gracia entre los amantes del género pero honestamente no descubre nada nuevo (ni tampoco pretende hacerlo). Se extraña algún giro interesante o un solo demoledor en medio de una seguidilla de riffs pesados aunque por lo general monótonos (tampoco la ruidosa producción ayuda mucho), pero con todo, digamos que para ser el debut de un proyecto, el disco está bien... 

3.0 // Bueno, cumple.

sábado, 8 de abril de 2017

Jamiroquai : Automaton (2017)


Los extrañábamos. Tras siete años de silencio (si, siete años!), los ingleses de Jamiroquai están de regreso. Leyendas de los años 90, los liderados por Jay Kay supieron construir un nombre en base a un sonido característico que bebía influencias de distintas fuentes, gran parte de ellas relacionadas con el mundo del funk. Su último trabajo, Rock light dust star (2010), funcionó de hecho como un álbum purista en donde retomaban de cierta forma sus raíces. Resultaba esperable por tanto el que en una siguiente entrega realizarán algún tipo de giro en su sonido y aquello es lo que efectivamente han hecho en Automaton, un álbum que coquetea con fuerza con la electrónica e intenta conectar de alguna forma con el mundo del pop actual. 'Automaton' (la canción), de hecho, aquel fantástico tema (y uno de los mejores que oíremos en este 2017) que funcionó como adelanto del álbum, contenía una producción que por momentos olía descaradamente a Daft punk y similares, ahora, con el disco completo entre nosotros desde hace casi dos semanas podemos comprobar que gran parte de este insiste sobre aquel sonido, aunque lamentablemente con mucho menos éxito en la mayoría de los casos.

Funciona eso si la primera parte del álbum, ahí cuando la banda apunta al funk contagia y maravilla. En 'Shake it on', por ejemplo, tal como en la mencionada 'Automaton' logran dar con la tecla precisa al combinar sutiles guitarras con teclados y una invitación a la pista de baile que resulta imposible de rehusar. Algo similar ocurre con 'Superfresh' mientras que 'Cloud 9' baja las revoluciones y recuerda gratamente al Michael Jackson del Off the wall. Sin embargo, es en la pasada por 'Hot property' + 'Something about you' cuando el álbum comienza a flaquear, básicamente a causa de la falta de sorpresa y quiebres interesantes, lo cual se verá reforzado (en un mal sentido) por toda la seguidilla de temas que continúan sonando, cual de todos más monótonos o derechamente intrascendentes ('Night out in the jungle' claro ejemplo). Hacia el final el asunto repunta con el movimiento de 'Vitamin' y 'Carla' pero estas llegan demasiado tarde, tras más de veinte minutos de completa monotonía que dejan la sensación de que ninguna producción moderna puede tapar la falta de ideas. 

Los extrañábamos, si, pero lamentablemente con el cariño no alcanza y tampoco con tres o cuatro canciones notables (que acá las hay), que en medio de un disco bastante irregular saben a muy poco tras casi una década de espera. Esperemos que puedan enmendar en una siguiente entrega, que ojalá llegue antes de 2024...

2.5 // Irregular

martes, 4 de abril de 2017

Mastodon : Emperor of Sand (2017)


Estaría bueno que aquellos que aún guardan esperanzas con el regreso de Mastodon a la música extrema fuesen abandonando el asunto de una buena vez. Que señales hay de sobra, y en dirección totalmente opuesta. En ese sentido, Emperor of sand no llega sino a confirmar el camino que la banda decidió trazar tras el fantástico Crack the skye (2009), una ruta marcada por un rock de estructuras tradicionales, coros reconocibles (sin guturales claro está) y melodías en general pegajosas. De ahí que el séptimo álbum de estos norteamericanos deba ser examinado dentro de aquel contexto, el de una banda que ya nada tiene que ver con aquella que golpeó la mesa a comienzos de siglo con discos tales como Remission (2002) o Leviathan (2004) y que hoy se dedica más que nada a estirar el elástico con lo que aún hay dentro del sombrero. 

Con todo, Mastodon se las arregla para regalar algunas vueltas en su sonido que suenan sin duda atractivas. Ahí tienes a 'Precious stones' , 'Scorpion breathe' o 'Word to the wise', canciones que entregan velocidad, dinámica y un trabajo de arreglos que roza el notable. Sin embargo, el resto se mueve entre melodías oscuras que desembocan en un coro ganchero ('Steambreather'), algunas que gracias a su oscuridad perfectamente podrían haber entrado en el mencionado Crack the skye ('Roots remain' o 'Andromeda', buenos ejemplos) u otras que se enmarcan dentro de el sonido más pop que la banda nos ha entregado al día de hoy ('Show yourself'). ¿Y el resto? Relleno...

Emperor of sand se muestra entonces como un disco predecible, que sostiene el camino iniciado en 2011 por The hunter y que dos años más tarde pese a sonar entretenido entregó ciertas señales de agotamiento en Once more 'round the sun. ¿Es esto necesariamente negativo? No, en lo suyo la banda continúa regalando "momentos", los tipos son excelentes músicos además por lo que se las ingenian para levantar temas desde la instrumentación, pero como global la verdad es que cada vez convencen menos. Eso sin mencionar el que desde 2009 cada disco viene siendo peor que su antecesor.

3.0 // Bueno, cumple (con lo justo) 

miércoles, 29 de marzo de 2017

Elbow : Little Fictions (2017)


Quienes conocemos a estos ingleses sabemos que despertaron tarde, que fue recién tras su cuarto álbum de estudio en 2008 (The seldom kid) cuando se supo de su existencia, situación que incluso los tuvo cerca del fin como banda en ese entonces. También sabemos que en tiempos como estos, donde todo dura un instante y casi nada perdura, una banda como Elbow la tiene difícil, pese a que esto no pareciese preocuparles demasiado. Insisten por tanto en su octavo disco, Little fictions, con su particular y sutil estilo, delicado y tierno. No ceden ni alteran su esencia, lo cual por ahora sin deslumbrar pareciese les alcanza para seguir encontrando melodías atractivas y momentos rescatables.

No hay sorpresas entonces con estas diez nuevas canciones aunque si instantes que destacar (ninguno eso si dispuesto a volarte la cabeza). La partida a cargo de 'Magnificent (she says)' + 'Gentle storm', por ejemplo, que con sus arreglos eléctricos, vientos y percusiones entregan un inicio bastante dinámico al álbum. Preparan estas el ambiente para la que sin lugar a dudas me ha parecido la joyita del disco: 'Trust the sun', que equilibra aires experimentales con pequeños pincelazos de intensidad. Más adelante se conjugaran momentos iluminados ('All disco' o 'K2') con otros de corte íntimo ('Head for supplies' o 'Montparnasse'), completando un álbum correcto y que me parece mejora la oferta en relación a lo que fue The take off and landing of everything (2014), un disco que incluso de su estilo les quedó demasiado pesado a momentos. 

Esta vez han sonado más ligeros, más simples y sin demasiadas pretensiones, lo cual en este caso ha sido positivo. 

3.0 // Bueno, cumple

Otras reseñas de Elbow:

sábado, 25 de marzo de 2017

20 Años De... Aerosmith : Nine Lives (1997)


Tiene mérito el que una banda adulta logre congeniar con generaciones menores, claro que lo tiene, y Aerosmith durante un largo tiempo dictó cátedra al respecto. Ahora, el golpe lo dieron en 1993 cuando tras veinte años de carrera lograron instalar una serie de hits efectivos en el cerebro de los adolescentes de aquel entonces. Fue así como 'Crazy', 'Cryin'' y 'Amazing' se transformaron mágicamente en himnos de un momento a otro y posicionaron a Aerosmith nuevamente en el ojo del huracán. Sin embargo, tras dos décadas de trabajo la inspiración no fluye como quien respira por lo que la banda tuvo que tomarse cuatro años para editar su siguiente álbum, aunque claro, la espera valió absolutamente la pena...

En materia musical Nine lives da continuidad a los aspectos melódicos que la banda trabajó en Get a grip pero cuenta con un matiz importante: incorpora (o recupera más bien) la rudeza extraviada durante los últimos años. Nos encontramos así frente a un álbum balanceado (a diferencia del mencionado, acá prácticamente no hay baches, relleno ni puntos bajos), que se mece entre temas que dan cuenta de un hard rock veloz y otros muy melosos pero que funcionan de manera maravillosa en el contexto del álbum. 

El disco abre mostrando de inmediato tres aristas marcadamente diferentes. Mientras 'Nine lives' (la canción) es velocidad y desenfreno, 'Falling in love' (tema escogido para promocionar el disco) trae de regreso el rock melódico y contagioso (a veinte años de su aparición me sigue pareciendo un single fabuloso) y 'Hole in my soul' es un baladón que apunta directo a llenar el hueco dejado en el pasado por temas como 'What it takes' o 'Amazing'. En adelante el disco seguirá moviéndose como pez en el agua por estas mismas estaciones, 'Full circle', la absolutamente perfecta 'Ain't that bitch' o la sencilla pero efectiva 'Pink' representarán la veta más melódica del disco mientras que 'Something's gotta give' o 'Crash' darán rienda suelta a las guitarras y la dinámica explosiva. Dentro de los experimentos destacan los aires orientales de 'Taste of India' o la densa 'The farm', mientras que el único "pero" que podríamos cargarle al álbum es que el cierre, a cargo de 'Fallen angels' es algo frío y falto de garra. Eso en todo caso buscándole la quinta pata a un gato siendo que en estricto rigor no habría necesidad...

Sabemos que el éxito es una puta ingrata por lo que no sorprende en absoluto el que un álbum como Nine lives no fuese capaz de superar a su antecesor en términos de "suceso" pese a contar con méritos de sobra e incluso ser un mucho mejor disco. Rara vez coincide el fenómeno comercial con la calidad, eso es sabido, aunque también es igual de cierto que a los enfermitos de la música aquello nos trae sin cuidado. Con o sin la repercusión merecida y a veinte años de su edición, Nine lives sigue sonando como un álbum efectivo, diverso y dinámico, eso sin mencionar el que fue además (y esto hay que decirlo) el último gran disco en la carrera de Aerosmith. En 2001 llegaría a nosotros Just push play, que sin ser un mal disco si acabó representando el comienzo del fin creativo para la banda, pero bueno, aquello será materia a tratar en el futuro, si es que la vida me sigue acompañando en 2021.

Por cierto, y con esto cierro: ¿llegará el día en que reconozcamos que Steven Tyler es uno de los más grandes vocalistas en la historia del rock? 

4.0 // Excelente!

Otras reseñas de Aerosmith:
1993 // Get a grip

miércoles, 22 de marzo de 2017

Depeche Mode: Spirit (2017)


A estas alturas no hablamos de ningún secreto: pese a que la banda ha logrado sobrevivir durante estas últimas dos décadas con dignidad, los mejores tiempos para Depeche mode han quedado muy atrás en el tiempo. Y no pasa nada, eh? Que es hasta normal. Los ingleses realizaron un innegable aporte a la historia de la música durante sus primeros diez a quince años años (aquello no se los quita nadie) y lo demás se ha limitado más que nada ha sostener el legado, en ocasiones generando ilusión entre el respetable (Playing the angel, 2005) o aveces rozando la intrascendencia (Exciter, 2001). En ese sentido, durante el Siglo XXI la irregularidad ha sido tónica para Depeche mode y Spirit no escapa de aquel concepto. Y es que si Delta Machine (2013) representó un alza respecto a lo que fue Sounds of the universe (2009), esta nueva entrega vuelve a representar un bajón dentro de su discografía...

No deja de ser curioso el como la música de Depeche mode ha ido perdiendo ánimo durante los últimos años, limitando las alzas a uno que otro single ('Wrong', por ejemplo) pero en general moviéndose sobre melodías oscuras y apagadas. En ocasiones esto ha funcionado (Delta machine contenía muchas canciones lentas que de todas maneras funcionaban) pero en Spirit claramente se les ha ido la mano con los ambientes, al punto de que un single como 'Where´s the revolution', que en una primera mirada me pareció bastante pobre, en el contexto del disco aparezca (junto con 'So much love') como lo más luminoso que este contiene. 

El resto del álbum deambula entre melodías bastante apagadas y lánguidas donde incluso agradables insinuaciones (como las que se viven con 'The worst crime', 'Cover me' o 'Poison heart') se pierden a causa de la falta de gancho o el abuso de estructuras repetitivas, y otras que derechamente son intratables (toda la recta final, desde 'Poorman', es un tedio). Cuando la banda intenta subir un poco la intensidad ('Scum' o 'You move') no logra enganchar por lo mismo, la falta de inspiración y quiebres realmente interesantes siendo la estructura in crescendo de 'Going backwards' lo único que Spirit nos ha dejado como legado en su regreso. 

Y no hay más, tocaba en 2017 disco de Depeche mode y el resultado ha sido discreto, ni siquiera malo, sino que peor aún: insípido. 

2.5 // Irregular

Otras reseñas de Depeche Mode:

domingo, 19 de marzo de 2017

Temples : Volcano (2017)


Tres años atrás, los británicos de Temples encajaron un buen debut, uno que a muchos enloqueció y por lo bajo dejó instalado un interés frente a lo que podría llegar a ser un segundo álbum de la banda. Para la edición de este, los ingleses se tomaron un tiempo inusual, lo cual desde ya evidenciaba ciertas intenciones, digamos, las de no repetir el plato de manera idéntica. Alguna sorpresa nos tendrían que dar y con Volcano entre nosotros aquello se ha confirmado: el segundo álbum de Temples va más allá de lo que habríamos esperado, los tipos se han mostrado hambrientos de gloria y han decidido realizar el truco del mantel... el problema es que les ha salido mal.

¿Más hambre que experiencia? Puede ser. El caso es que los problemas que presenta Volcano son muchos, siendo el más evidente de todos la falta de identidad. Y es que si en Sun structures sonaron como un (buen) compendio de rock y psicodelia setentera, en esta ocasión el perfume a Tame Impala se les escapa por absolutamente todos los poros, como si la aparición de Currents (el tercer y rupturista trabajo de los australianos) hubiese influenciado directamente el proceso de creación de este Volcano, por lo que desde el primer hasta el último acorde del álbum está muy presenta una sensación tipo: "oye, pero esto ya lo hemos oído... ¡y de mejor forma!".

El caso es que abandonan el énfasis en las guitarras para adornar su sonido psicodélico con sintetizadores y maquinitas varias, dejando al rock y a las melodías en un plano secundario. El resultado a ratos funciona, hay una mitad del disco que deja buenas sensaciones, ahí tienes a 'Certainty',  'On the saviour' o 'Born into sunset', tres que logran equilibrar esta nueva apuesta con coros y arreglos atractivos, o la pasada por 'Open air' + 'In my pocket', que debe ser el momento más directo del trabajo, sin embargo, el resto del trámite (que no es poco) resulta excesivamente repetitivo y una especie de experimento al que cuesta seguir. En la generación de ambientes habría que decir, si nos olvidamos por un rato la maldita comparación con Tame Impala, que 'How would you like yo go?' se impone con buenas armas, pero 'All join in', 'Celebration' y en realidad toda la recta final esconde demasiado las melodías bajo un manjar de sintetizadores y agudos que son en exceso empalagosos. 

Han sido valientes, que duda cabe, han hecho lo que han querido entregando uno que otro momento interesante pero nada particularmente recordable. Sobran cosas acá, faltan otras pero sea como sea, el segundo álbum de Temples no ha cuajado bien. Quizás para un tercer álbum encuentran el equilibrio. 

2.5 // Irregular. 

Otras reseñas de Temples:

miércoles, 15 de marzo de 2017

Ryan Adams : Prisoner (2017)


El regreso de Ryan Adams abre con un guitarrazo de aquellos, inserta en la que con seguridad será una de las mejores canciones que oiremos en este 2017. Me refiero por supuesto a 'Do you still love me ?', la cual nos entrega a un artista que en modo rock transmite todo el sufrimiento y las dudas que un hombre (aún) enamorado puede llegar a sentir tras una ruptura no deseada. El compositor estadounidense no teme a la exposición, Prisoner es un álbum basado en un divorcio, en su dolor y así nos lo hace saber desde la mencionada apertura hasta 'We disappear', un exquisito medio tiempo que entre guitarras acaba con el álbum.

En medio del viaje los tonos variarán, aunque no la temática. Adams tomará asiento y transmitirá generalmente desde la balada y el folk. Jugará al límite por tanto, marcando rápidamente distancia con quienes no gusten del estilo, aunque quienes logren entrar al disco con paciencia seguramente reconocerán notables resultados en la sensible 'Shiver and shake' ("Extraño tu tacto, tus abrazos pero si sigo esperando acá me desvaneceré...") , 'Doomsday' , 'Breakdown' o en el doloroso relato que es 'To be without you'.  

Cuando el vocalista toma la guitarra eléctrica logra buenas cosas, por ende un tema como 'Anything I say to you now' refresca bastante el andar (pese a que no cuente con la fuerza de 'Do you still love me?'), sin embargo, la pasada por 'Outbound train', 'Broken anyway' (que exigía ¡a gritos! una versión eléctrica de mayor peso) y 'Tightrope' me parece se vuelve demasiado espesa hacia el cierre, dicho en simple: tanto tema en la misma linea acaba entorpeciendo el trámite del álbum. 

No se empaña eso si esto el nivel de un disco franco, sentido y que al menos en la mitad de su duración funciona de excelente forma. Prisoner no está ni cerca de los mejores álbumes de ruptura que hemos oído (ejem!... Beck, Sean change) pero tampoco está nada mal. Hay temas que exigían mayor intensidad o fuerza pero donde esto falta, sobra honestidad, y con aquello basta y sobra para entregarnos un momento más que agradable.

3.5 // Muy bueno!

Otras reseñas de Ryan Adams:
2014 // Ryan Adams

lunes, 13 de marzo de 2017

Joaquín Sabina : Lo Niego Todo (2017)


Hace unas semanas, tras la aparición del single 'Lo niego todo', recuerdo haber sostenido un simpático pimponeo en un blog amigo respecto al mejor álbum de Sabina. Consciente estoy de que para muchos 19 días y 500 noches (1999) representó su mejor momento, sin embargo, en lo personal (bicho raro y contreras como siempre) disfruto muchísimo más de Yo , mi, me, contigo' (1996) e incluso con Física y química (1992), cuya lamentable añeja producción lo arruina injustamente. ¡ Incluso Esta boca es mía (1994) no está nada de mal! El caso es que, sea como sea, todos coincidiremos en que entre 1992 y 2000 se tejieron los mejores años del gran cantautor español pero también en que a partir de entonces, desintoxicaciones y enfermedades de por medio, le ha costado reencontrar el nivel. Por todo esto es que un álbum como Lo niego todo huele a revancha y parece ser el disco que todos necesitábamos, partiendo por el mismo.

Desde un comienzo el español asume su presente y no teme hablar de su pasado. En su clásica parada de perdedor dispara dardos contra él mismo en 'Quien más, quien menos' , pronto se reirá del mito (de manera fantástica por cierto) en 'Lo niego todo', de su vejez en 'Lágrimas de mármol' ("Acabaré como una puta vieja hablando de mis gatos...") y en 'Sin pena ni gloria'. Musicalmente se muestra diverso en 'No tan deprisa' (que es una especie de refrito de 'Medias negras'), en el intento de corrido que es 'Postdata' o en el simpático flamenco de 'Churumbelas'. Y por supuesto que hay espacio para viejos amores en 'Leningrado' y 'Canción de primavera', entregando con ellas esa pequeña dosis de romanticismo que a estas alturas es absoluta marca de la casa

Lo niego todo es un álbum equilibrado y bien pensado, uno que sin tener puntos demasiado altos (una o dos canciones realmente destacan) logra sostenerse en base a su tono optimista y siempre franco. Es el disco que reivindica el particular momento de un cantautor histórico, quien vuelve a sonar distendido, melancólico e irreverente.  

Bendito seas Joaquín...

3.5 // Muy bueno!

Otras reseñas de Joaquín Sabina:

jueves, 9 de marzo de 2017

Immolation : Atonement (2017)


No es menor el mérito de los norteamericanos de Immolation, quienes desde comienzos de los años noventa vienen sosteniendo con dignidad la bandera del death, pasando desde un sonido tan brutal como caótico a uno mucho más técnico aunque siempre potente. De 2013 databa Kingdom of conspiracy, su último trabajo, un buen disco pero quizás algo mecánico, sobretodo en la producción y batería, que a ratos largos parecía estar tocada por una máquina. Regresan por tanto cuatro años más tarde con Atonement, un álbum que conecta mucho más con Majesty of decay (2010), bajando a ratos las revoluciones y concentrándose más en las estructuras cambiantes que en la velocidad incesante. 

No bajan el nivel claro está. Desde la partida a cargo de 'The distorting light' + 'When the jackals come' (que parecen ser una) notamos por donde van los tiros. Ejecuciones depuradas, guitarras que plantean muros impenetrables, una batería que sigue siendo protagonista pero esta vez dentro de canciones que se dan el tiempo para marcar cambios de tiempo. 'Fostering the divide' , 'Thrown to the fire' y, sobretodo, 'Rise the heretics', son evidentes ejemplos de lo que menciono, temas que van y vienen, dejando espacio incluso a marcadas pausas. La segunda mitad del disco funcionará en una linea similar, con una banda que pese a trabajar tiempos más lentos, no entrega tregua en cuanto a la potencia. Los temas en general son cortos (tres a cuatro minutos) y quizás por esa razón el disco se extiende demasiado en cantidad, digamos, para lograr llegar a los cuarenta en total. El problema es que ahí redunda demasiado hacia el cierre. 

Con todo, Immolation da continuidad a un camino que practicamente no contiene ripios dentro de la música extrema. Con Atonement vuelven a regalar técnica y brutalidad con un nivel interpretativo realmente perfecto. Uno de los grandes álbumes de metal que oiremos en este 2017. 

4.0 // Excelente!

domingo, 5 de marzo de 2017

Charly García : Random (2017)


Tras unos noventas bastante irregulares y en donde, digámoslo, más allá de una u que otra excentricidad y alguna gran canción, mucho no nos dejó, el gran Charly García parecía vivir una especie de segundo aire a comienzos de siglo gracias a la dupla Influencia/Rock and roll YO (2002/03), dos discos que pese a su evidente falta de continuidad contenían un grado suficiente de malrollismo como para dejarnos a muchos satisfechos. Con nosotros se quedaron joyas como 'Influencia', 'Dileando con un alma' + 'Rehen' , 'Asesíname' o 'Rock and roll Yo' y la sensación de que aún podría haber presente para el argentino, sin embargo, el tiempo se encargó de demostrarnos lo contrario: García fue devorado por el personaje durante demasiado tiempo... y ahora tocaba pagar.

Random se presenta entonces ante nosotros como el sincero intento de recuperar forma por parte de un artista que divagó durante más de veinte años, el problema es que el regreso viene sin el filo ni el tino melódico de antaño, por lo que pese a entregar momentos gratos, mucho más allá de las correctas intenciones no llega. 

A Charly le interesa que lo escuchemos, que sepamos que está sintiendo en estos días, de ahí que gran parte del disco aborde arreglos muy sencillos que entregan protagonismo a sus letras. Funcionan entonces 'La maquina de ser feliz' ("Hay tanta gente sola, hoy tanta gente llora... " o "Y la felicidad no existe en soledad, la máquina no puede dar..." son algunas lineas que se despacha) o 'Primavera', una donde se ríe todo el tiempo respecto a su nueva relación con las drogas ("Ahora que estoy rehabilitado saldré de gira otra vez / Me encerrarán cuando se acabe y roben lo que yo gané"). En lo musical puede que 'Amigos de Dios' sea junto con 'Spector' y 'Mundo B' sean de lo más interesante que el disco contiene, el disco cierra bien cuando realiza guiños a sus años más oscuros.

Ahora, imposible no arquear la mirada cuando notamos que 'Ella es tan Kubrick' posee una onda tan similar al 'I'm not in love' que venía en Influencia (2002) , que 'Rivalidad' es una especie de mezcla entre 'Buscando un símbolo de paz' + 'Fanky' o que los primeros acordes y tiempos de 'Otro' recuerdan muchísimo a 'Yendo de la cama al living'. Digamos que el auto plagio por momentos es demasiado evidente, lo cual inevitablemente resta algo de méritos al regreso.

Siendo francos, el disco no contiene ningún tema dispuesto a volarte la cabeza pero con todo, y situando a Random en su contexto, el de un artista que lleva en veinticinco años no ha sido capaz de editar más que un puñado de canciones de nivel, me parece que el álbum cumple al entregar pinceladas de un talento que claramente ha sufrido merma pero que al menos hoy se muestra honesto y con ciertos elementos (letras básicamente, más uno que otro arreglo) a destacar.

3.0 // Bueno, cumple. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

20 Años De... Blur (1997)


Las crisis son así, te reinventas o sencillamente sucumbes. Y para Blur el momento de la crisis había llegado. La absurda polémica con Oasis durante el período (1994/96) sin duda les restó energías, lo cual sumado a diversos problemas personales por parte de varios integrantes (corría harta droga en ese entonces en el seno de la agrupación), tenían sumida a la banda en un momento de importante cansancio. Sin embargo, quien diría que frente a la adversidad (e incluso trabajando mucho tiempo por separado) serían capaces de despacharse un homónimo como el que sacaron en 1997. Es que es para no creerlo...

Estamos frente a un disco, por sobretodo, diverso. Un álbum que también sirvió de puente entre el pasado pop/alegre/juguetón de Blur y un futuro bastante más oscuro/melancólico. Los ingleses de pronto se habían vuelto grandes (quizás demasiado pronto), y este álbum marca el comienzo de su etapa final conjugando temas melódicos con otros muy sucios, piezas experimentales con otras marcadamente tristes. Digamos que todo aquello que finalizaría en 2003 tras la edición de Think tank o que incluso llevaría a Damon Albarn a colaborar en Gorillaz, comenzó acá, casi diez años antes. 

La partida del disco entrega claras señales de que las cosas habían cambiado para la banda. 'Beetlebum', la apología de Albarn a la heroína, suena tan simple como enorme con ese etéreo solo final a cargo de un Graham Coxon que nunca antes sonó con tanta identidad como en esta ocasión. 


Ahora, más allá de 'Beetlebum', las primeras tres del álbum son una verdadera declaración de principios de hecho. A la mencionada se sumará el rock directo de 'Song 2' (el inolvidable single de este álbum) y la triste 'Country sad ballad man'. Las guitarras volverán a aparecer en la rabiosa 'M.O.R' y más adelante en 'Chinese bombs', ambas marcan una constante en el álbum: un sonido sucio e intencionalmente poco pulcro. También la melancolía será retomada en 'I'm just a killer for your love' o en la deprimente 'Strange news from another star', mientras que canciones como 'On your own', 'Look inside America', 'Movin' on' o la romantiquísima 'You're so great' aportarán el condimento melódico que conecta de alguna forma con el pasado más comercial de la banda. Finalmente, 'Death of a party' y  'Theme from retro' , con esos fantásticos teclados hammond sonando a todo dar y un Albarn sonando vocalizando con delay, entregan ambientes experimentales que jamás Blur había visitado en el pasado y suenan demasiado interesantes.

Con permiso de los fans, el de 1997 me parece el mejor álbum en la carrera de Blur. Un disco incorrecto en muchos aspectos, exploratorio e innovador dentro del sonido de la banda. Ahora claro, el tiempo demostraría que nada de esto sería suficiente como para detener el inminente final, el cual acabó llegando no muchos años más tarde. Sin embargo, nos queda el recuerdo a dos décadas de distancia de este brillante álbum que sin duda mereció un mayor reconocimiento. 

4.5 // Brillante !

Otras reseñas de Blur:
2015 // The magic whip

lunes, 27 de febrero de 2017

Six Feet Under : Torment (2017)


Dentro de la escena metalera no vamos a descubrir hoy lo entrañable que resulta un personaje como Chris Barnes. Partiendo por su aspecto, el vocalista desprende esa sensación de haber sido siempre fiel a un estilo de vida libre y entregado a la música, sin embargo, dejando el cariño de lado, me parece muchos coincidiremos en que la obra de Barnes, desde su partida de Cannibal Corpse (allá por 1995), ha sido irregular, privilegiando en demasía la cantidad por sobre la calidad. No lo vamos a culpar, de algo hay que vivir. Y en tiempos como estos, donde prácticamente todo es irrelevante y nada perdura más allá de quince minutos (¡cuando mucho!), el estar editando material seguido se vuelve una necesidad imperiosa, por lo que, en el ritmo del disco año por medio, Six feet under (o quizás deberíamos decir Chris Barnes + una serie de músicos que van variando cada cierto tiempo) ha sucumbido como tantos otros. 

El último pico creativo vivido por la banda se dio en 2012/13 (tampoco ha pasado tanto) con la dupla Undead/Unborn, álbumes que si hilamos fino quizás daban para ser uno solo pero con los que al menos pudimos disfrutar de una fórmula fresca y dinámica. A partir de entonces tuvimos un correcto Crypt of the devil (2015) y bueno, tocaba álbum en 2017, el cual ha llegado para corroborar todo lo antes mencionado: el exceso de lanzamientos sigue pasándole la cuenta a Six feet under.

Torment es, por sobretodo, un disco repetitivo. Uno de esos álbumes que da la razón a los haters del metal que afirman que "todos los temas suenan iguales". Y es que si, en Torment todas sus canciones suenan prácticamente igual. Tiempos similares, riffs muy comunes y un Barnes que vocalmente cuenta ya con pocas armas y matices, son características de un disco que si bien regala uno que otro momento interesante ('The separation of flesh from bone' , 'Obsidian' o el cierre 'Bloody underwear' + 'Roots of evil', que recuerda muchísimo al actual Cannibal corpse) la verdad es que en general abusa del medio tiempo denso, suena plano y con poca energía. 

Habrán quienes defiendan a regañadientes la obra de Chris Barnes, y bien con eso, no nos podemos olvidar nunca el que estamos hablando de un histórico del death metal, pero insisto, me parece que dejando el cariño de lado no pasa nada si reconocemos que Torment no nos deja nada más allá de dos o tres canciones, y si es que...

2.5 // Poco que rescatar

Otras reseñas de Six feet under:

jueves, 23 de febrero de 2017

20 Años De ... Babasónicos : Dopádromo (1996)

La carrera de Babasónicos se encuentra claramente dividida en dos : sus primeros siete años... y el resto. En esa primera etapa (digamos 1992/99) conocimos con seguridad a una de las bandas más interesantes que parió la Argentina durante aquella década, mientras que en la segunda supimos de una agrupación más comercial, de nivel irregular y, digámoslo, acomodada en su metro cuadrado. Ahora, no vamos a despreciar acá los últimos años de Babasónicos, que está Jessico (2000) y Anoche (2005), al menos dos grandísimos discos que la banda supo entregarnos en su etapa más reciente, sin embargo, nadie podrá negar que el cambio de siglo se llevó parte importante de la valentía y creatividad de los argentinos. 

En ese sentido, volver a repasar Dopádromo resulta un ejercicio nostálgico que impresiona y emociona. Con todas sus letras, Babasónicos era otra banda a la que hoy conocemos, tanto en estilos, líricas, arreglos como producción. Es volver a despertar aquella sensación de estar frente a un animal no domesticado, salvaje, inquieto, ... impredecible.  Es re encontrarse con un álbum fantástico desde la arista que se quiera abordar, un disco diverso pero absolutamente conectado internamente. 

Musicalmente la primera mitad Dopádromo es perfecta, ahí nada sobra ni falta. La acústica tranquilidad de 'Zumba' introduce un toque de psicodelia que acabará por explotar con 'El medium' + "Cybernecia', ambas son rock pero experimentan con arreglos espaciales y percusiones todo el tiempo. Posteriormente un breve instrumental titulado 'Safari vixen' que da paso a dos genialidades: 'Viva Satana' y 'Perfume casino'. La primera es un notable tributo a la actriz Tura Satana , que con sus vientos logra revivir una atmósfera retro impecable, mientras que la segunda fusiona un exquisito bossa nova con, nuevamente, sonidos espaciales. Hasta acá, el disco se muestra como un viaje envolvente y compacto.

La segunda parte, sin embargo, soltará las riendas en materia experimental y se mostrará claramente menos amigable. Ahí, el tridente 'Coyarama' + 'Su majestad' + 'Pesadilla biónica del perro biónico' entrega casi veinte minutos que ya desde los títulos promete locura incomprensible, la cual se verá complementada por el rock aires setenteros de 'Calmática' y el fantástico cierre a cargo de 'Gronchótica' (nuevamente con aires futuristas) y 'Su ciervo', dos que entregaban señales respecto a por donde irían los tiros en el futuro inmediato de la banda, guitarrazos afilados y pesados, los cuales acabarían marcando el trámite de Babasónica, disco que vería la luz un año más tarde.

Entre 1992 y 1997 la carrera de Babasónicos funcionó como una escalera impecable, y en ese sentido Dopádromo fue el puente perfecto entre el experimental Trance zomba (1992) y el oscuro Babasónica (1997). Un disco que todo el tiempo se mostró valiente e inquieto, que dio muestras de una banda de rock duro que no temía incorporar, por ejemplo, elementos andinos o electrónicos. Así de increíble fueron los Babasónicos y hoy los recordamos con tanta admiración como agradecimiento. 

4.0 // Excelente!

domingo, 19 de febrero de 2017

Kreator : Gods Of Violence (2017)

Más de lo mismo (muy) bien ejecutado.

Por lo general resulta difícil reseñar álbumes de dinosaurios de la música. ¿Qué podemos esperar de una banda con más de treinta años de trayectoria y cuyo aporte a la escena fue realizado hace tanto ya? Entendiendo que bajo la idea de las expectativas, y sobretodo cuando hablamos de metal, juega un papel importante la subjetividad (los fans serán siempre felices con un "más de lo mismo bien ejecutado" de su banda mientras que quienes no lo somos inevitablemente pedimos "algo más") me parece que esta vez los alemanes de Kreator no nos la han dejado tan difícil como en el papel aparecía el asunto. Dicho en simple: Gods of violence no propone absolutamente nada diferente a lo que la banda venía planteando en sus anteriores discos, particularmente Phantom Antichrist (2012). Más en simple aún: es más de lo mismo.  ¿Implica esto necesariamente algo negativo? No. Pero las cosas en su lugar, vengo de reseñar el último de Overkill (las comparaciones son odiosas, lo se), y vamos, que la diferencia en materia de sorpresa es aplastante entre una y otra propuesta. 

Gods of violence se mece entre afilados riffs de thrash a la vena cargados de velocidad y dinámica ('World war now' , 'Totalitarian terror'), medios tiempos que de todas formas pretenden contagiar ('Satan is real' , 'Army of storms´, 'Hail to the hordes') más una que otra bajada de revolución donde la banda incluso juega con las estructuras e introduce guitarras acústicas en pasajes de su sonido ('Gods of violence' o el gran cierre que imponen los siete minutos de 'Death becomes my light'). 

En definitiva, el galope constante que el álbum propone sin duda dejará satisfechos a los fans del género pero mucho más allá de aquello no llegará. Un correcto álbum de Kreator (uno más) que juega a la segura y en lo suyo, cumple. 

3.0 // Bueno, cumple.

jueves, 16 de febrero de 2017

Overkill : The Grinding Wheel (2017)

Vitalidad que no sabe de tiempo.

Con treinta años de trayectoria y (con este) dieciocho álbumes bajo el brazo, lo de Overkill no para de sorprender. ¡Tantos años y que aún suenen con este nivel de potencia! Lo cierto es que, pese a no gozar de la popularidad de un Megadeth o Slayer, los de Bobby "Blitz" Ellsworth vienen demostrando desde hace rato que poseen características de leyenda, sobretodo tras 2010, año donde gracias al iracundo Ironbound lograron volver a oídos de muchos. Posteriormente confirmaron el interés con un par de excelentes álbumes para en 2017 regresar con The grinding wheel, un disco que baja un tanto las revoluciones en relación a sus antecesores pero no necesariamente por esto el nivel.

Efectivamente esta vez la cabalgata de Overkill se aleja por momentos del thrash sin concesiones que enmarcó álbumes como The electric age (2012) o White devil armony (2014) y se mueve sobre tiempos un tanto más lentos, aunque igual de convincentes. Abren por ejemplo con 'Mean, green, killing machine', que pretende ser la 'Master of puppets' de este álbum. Siete minutos y una estructura que tras dos estrofa/coro posee un quiebre que manda al tema hacia otro lado para durante los últimos dos minutos volver. El resultado es excelente. Se verá corroborado con la pasada por 'Goddamn trouble' + 'One finest hour', más dinámica y veloz aunque algo excesiva en su duración (ambas rondan los seis minutos y tienden a repetirse en demasía). Donde si logran ser efectivos e impecables de comienzo a fin será con el contagioso "Come on, come on!" de 'Shine on' y 'Let's go to hades', ambas van directo al hueso y demuestran que la banda aún es capaz de invitarnos a rockear con buenas armas. 

Ahora, si algo tuviese que criticarle al disco es su exceso de duración. Canciones como 'The long road', 'The wheel' y sobretodo 'Come heavy' me parece podrían habérselas ahorrado más que nada por reiterativas e insistir sobre algo que ya se había entregado de mejor forma. Sesenta minutos de álbum entorpecen el que incluso se pueda disfrutar al cierre de temas como 'Red white and blue' o 'The grinding wheel' , que si son notables y enmarcadas en un álbum más corto habrían lucido de mejor forma. 

Nadie podrá quitarles de todas maneras restarle méritos a lo que Ellzworth y Verni han sido capaces de sostener tras todo este tiempo. Overkill se mantiene en vida con dignidad de la mano de un sonido que por sobretodo suena auténtico y que aún goza de una frescura envidiable.

3.5 // Muy bueno!