jueves, 29 de marzo de 2018

David Byrne : American Utopia (2018)

"Vitalidad a toda prueba..."

De una u otra forma hemos venido sabiendo de David Byrne durante los últimos años, colaboraciones varias (junto a Fatboy slim o St.Vincent por mencionar dos a la mano) le han permitido al escocés (de nacimiento, aunque nacionalizado estadounidense) el mantenerse vigente frente a nuestros oídos y de paso continuar alimentando su siempre espíritu inquieto, el cual se ve expuesto en American utopia, su más reciente y notable álbum, que lo trae de regreso tras catorce años sin un trabajo firmado únicamente por él. 

De esta forma, American utopia aparece frente a nosotros como un disco por sobretodo necesario, que revitaliza la obra del artista ante las nuevas generaciones gracias a su sonido elegante y sofisticado pero que en ningún momento recurre a la pedantería instrumental para convencer. Byrne conjuga entonces elementos electrónicos con constantes juegos de percusiones (quienes enganchan con el legado de Talking heads sin duda disfrutarán de este disco) que logran generar un conjunto bastante ameno y que desde la partida se muestra dispuesto a jugar e incluso a reírse de si mismo. 'I dance like this' es la prueba, que con su sonido frío y maquinal en los coros se presta para lanzarse con una dinámica divertida en los conciertos (por cierto, la propuesta visual que el vocalista está presentando en esta gira da que hablar),  mientras que canciones como 'Gasoline and dirty sheets' o la exquisita 'Every day is a miracle' engancharán totalmente con el sello clásico del artista, conquistándonos de inmediato. En ese equilibrio entre nostalgia y modernidad también se moverán temas como 'It's not dark up here' o 'Everybody's coming to my house', que destacan por su dinámica, la cual se contrapondrá a pasajes más oscuros y experimentales como los vividos en 'Dog's mind', 'That is that' o la sensacional 'Doing the right thing', de lo mejor del disco. 

Y así, pizcas de diversos mundos son las que David Byrne llega a ofrecernos en American utopia, un trabajo que quizás apuesta a seguro en gran parte de su trámite pero que de todas formas se sitúa como una obra interesante, ejecutada con precisión y por sobretodo inquieta. En definitiva, uno de los buenos discos que oiremos en este 2018.

4.0 // Excelente!

sábado, 24 de marzo de 2018

Editors : Violence (2018)

"Continuismo que no sorprende..."

Con una carrera bajo el brazo que se ha caracterizado por su carácter inquieto y una constante búsqueda de identidad, los ingleses de Editors regresan en este 2018 con el esperado sucesor de In dream, uno de los buenos álbumes que en lo personal oí en 2015 y ciertamente un disco que parecía encontrar un camino explotable para la banda. Así de hecho lo han entendido ellos, quienes tres años más tarde vuelven con la idea de darle continuidad al sonido trabajado en el mencionado, escapando del post punk revival y las guitarras punzantes de sus inicios (guitarras que seguro más de alguno debe seguir extrañando disco a disco pese a que desaparecieron por allá por 2009) y lanzándose de lleno al coqueteo con la electrónica y sintetizadores. El resultado, sin embargo, más allá de un puñado de temas atractivos esta vez no ha cuajado del todo. 

Los adelantos nos habían afilado los dientes. En su rol pop 'Magazine' resultó ser una fantástica canción mientras que 'Hallelujah (so low)', con sus exquisitos y violentos cambios estructurales, mostró una faceta más desatada de Editors que inevitablemente nos ilusionó con la llegada del que pensamos podría llegar a ser el mejor disco de la carrera de la banda y su definitiva consolidación, lo cual no ha ocurrido, ni por asomo. No significa esto que Violence sea de plano un mal disco pero si uno que en palabra simples: no sorprende.  

A destacar la creciente partida a cargo de 'Cold', que contiene esa clásica incorporación instrumental lenta pero creciente que va entregando una grata sensación ascendente que funciona y que además se enlaza de manera perfecta con la mencionada 'Hallelujah (So low)' , por cierto, desde ya candidata a ser la mejor canción que oiremos en este 2018, pero ya con la llegada de 'Violence' (la canción) comienzan a asomar los ripios. Un tema de paso tranquilo que se sostiene únicamente sobre una base electrónica, que cuenta con un buen coro pero que fuera de apagarse bruscamente tras este (perdiendo fuerza todo el tiempo), se alarga demasiado mediante un arranque a lo Depeche mode que realizan en su cierre y que resulta incomprensible. Se agradece por tanto la llegada de un tema más dinámico como 'Darkness at the door' pero más que nada por el movimiento que propone y no por su estructura, que nuevamente es predecible. 

El disco volverá a retomar su buen andar con la pasada por 'Nothingness' + 'Magazine', dos que conjugan bien esta nueva faceta melódica de Editors, sonando ambas contundentes, pero extrañamente todo lo interesante que insinuaba nuevamente el disco acá finalizará. Y es que el manual indicaba que tenían que tras la dinámica tenían que meter una balada y así han hecho, incluyendo la triste 'No sound but the wind' que más allá de la profunda interpretación de Tom Smith no llegará para luego cerrar 'Counting spooks' + 'Belong', diez espesos minutos que no despegan jamás.

Una montaña rusa por tanto este Violence, que musicalmente da continuidad a lo realizado en In dream tres años atrás pero fracasa en el encuentro de canciones que efectivamente impacten más allá de dos o tres golpes realmente efectivos. 

3.0 // Bueno, cumple.

Otras reseñas de Editors:

jueves, 22 de marzo de 2018

Stone Temple Pilots : Stone Temple Pilots (2018)

"Dramáticamente correcto..."

En la historia de la música contemporánea hemos presenciado muchas veces la partida del vocalista de una banda emblemática y unas cuantas el que esta haya decidido continuar con un relevo. En ocasiones se ha optado por una voz similar a la histórica (Tim Owens para Judas Priest o William DuVall en Alice in chains claros ejemplos) mientras que en otra se ha buscado a un personaje de registros completamente opuestos (como hizo Iron maiden con Blaze Bayley). En ese sentido, Stone temple pilots intentó el segundo camino años atrás con la presencia de Chester Bennington (que además era fan de la banda) como frontman, apuesta que jamás acabó por cuajar y hoy regresan buscando la primera vía, con Jeff Gutt en las voces. Vuelven a intentarlo eso si con una carga no menor a cuestas, la de por obra del azar contar con dos vocalistas bajo tierra en sus registros. 

Como sea, la propuesta es confusa. Regresan con un nuevo álbum homónimo (en 2010 ya habían lanzado uno) con un clon de Scott Weiland en las voces y un sonido que honestamente no define ni re define absolutamente nada. Y es que nos encontramos frente a un disco de manual por donde se mire, algunos temas cuentan con gratas dosis de rock and roll ('Middle of nowhere', el single 'Meadow' o las guitarras de 'Six eight' funcionan como puntas de lanza), medios tiempos por doquier ('Guilty') y un puñado de baladas dramaticamente correctas ('The art of letting' o 'Thought she'd be mine', terribles). Del sonido punzante y afilado de cualquiera de los primeros cuatro álbumes de Stone temple pilots, ni asomo. 

¿Qué la banda está en todo el derecho de regresar cuantas veces les de la gana e intentar con cuantos vocalistas deseen? No duda cabe. Sin embargo, en esta ocasión no han hecho sino traernos al presente la memoria Scott Weiland y lamentar más aún su ausencia.

2.0 // Malo.

lunes, 19 de marzo de 2018

Ministry: AmeriKKKant (2018)

"Identidad que se niega a desaparecer..."

En el libro de las falsas despedidas existirá un capítulo especial dedicado a Ministry, quienes anunciaron la edición de Relapse (2012) como un último lanzamiento (con gira de despedida incluida) para luego, un año más tarde y tras la lamentable pérdida de Mike Scaccia, regresar afirmando que (ahora si que si) decían adios con From beer to eternity (2013), álbum que se suponía contenía los últimos riffs que el guitarrista trabajó junto a Al Jourgensen. El caso es que a cinco años de dicho lanzamiento el elástico se ha vuelto a estirar, por lo que tenemos nuevo disco de Ministry: AmeriKKKant, álbum número catorce en su discografía. 

Vuelve además Jourgensen con nueva musa, si en el pasado tuvimos a George W. Bush como protagonista de una trilogía, esta vez es Donald Trump quien acapara las críticas y ridiculizaciones a lo largo de los casi cincuenta minutos de música que esta vez nos proponen. En ese sentido, AmeriKKKant es un disco que desde sus primeros segundos muestra las cartas con descaro mediante 'I know words', una intro instrumental que juega con el (ya mítico) "We will make America great again" una y otra vez, como quien repite un chiste hasta la saciedad. Y desde ahí en adelante el álbum se va por un tubo donde cuesta distinguir el paso entre tema y tema, un viaje que abusa de los loops, del uso del ruido y la desestructura, realizando guiños al pasado de la banda mediante el uso constante de temas extensos, repetitivos y pesados. Para muestra, los densos y monocordes 16 minutos que componen la pasada por 'Twilight zone' + 'Victims of a clown', que unicamente son interrumpidos por una violenta aceleración que aparece en los últimos treinta segundos de tema. Más adelante, canciones como 'We're tired of it' o 'Antifa' mostrarán una faceta más dinámica de la banda, la cual se anexará con densos pasajes (y probablemente los más interesantes de todo el disco) como los que se viven con 'Wargasm' o 'Game over'

En definitiva, Al Jourgensen (una vez más) se muestra absolutamente libre durante el tránsito de AmeriKKKant, un álbum que equilibra una crítica aguda con buenas dosis de buen humor y que musicalmente continúa mostrando esa identidad industrial propia de quienes inauguraron este género casi treinta años atrás. Se lanzan así de lleno sobre un sonido intencionalmente pesado y repetitivo pero que continúa regalando identidad por parte de la banda. ¿Nos olvidamos entonces definitivamente del retiro? ¿Tendremos una nueva trilogía, esta vez dedicada a la figura de Trump? Como sea, sin deslumbrar y muy lejos de sus mejores tiempos claro está, esto sigue sonando a Ministry, lo cual se agradece.

3.0 // Bueno, cumple.

Otras reseñas de Ministry:

jueves, 15 de marzo de 2018

Car Seat Headrest : Twin Fantasy (2018)

"Revisitando la intimidad del pasado..."

En 2011 y con tal solo 19 años de edad, un joven Will Toledo exponía sus descubrimientos de adolescencia bajo el seudónimo Car seat headrest mediante un álbum grabado en solitario, de sonido precario y que se publicaba vía bandcamp. Siete años más tarde ha decidido, esta vez junto a una banda de cuatro integrantes, darse un gusto de revisitar el álbum y reabrir ese conjunto de viejas historias. El resultado, para sorpresa de lo que muchos podríamos haber imaginado respecto a la re edición de un álbum añejo, es notable y sirve como perfecto complemento para lo que fue Teens of denial (2016), debut del proyecto como conjunto.

Efectivamente Toledo ha logrado potenciar este conjunto de canciones que seguramente sabía mejorables en todo aspecto, y no es que haya re versionado los temas sino que únicamente las ha dotado de mayor cuerpo y peso, logrando el que efectivamente el sentir del álbum, que pasa desde la melancolía a la ira con facilidad, se vivencia de mejor forma. A destacar la montaña rusa de emociones que el disco expresa, partiendo por una explosiva partida a cargo de 'My boy (Twin fantasy)' que dará paso a los desatados trece minutos (si, trece minutos!) de 'Beach life-in-death' para posteriormente pasar por una repetitiva y acústica 'Stop smoking (We love you)' que desembocará en 'Sober to death', una que enmarca una gran melodía dentro de un sonido crudo. La mezcla es notable. 

Y así, el álbum en general se moverá dentro de guitarras punzantes y ruidosas, como es el caso de 'Nervous young inhumans' o la fantástica 'Cute thing' (de lo mejor del disco), pero de todas formas se dará el gusto de reinventarse en un tema como 'Bodys', que insinúa una salida a la pista de baile,o pasar a la intimidad de un tema como 'High to death', de exquisita sensibilidad.

Interesante viaje por tanto este que un maduro Will Toledo nos propone con Twin Fantasy, una travesía que recorre sus viejos fantasmas, probablemente superados, y exponen a un compositor en estado maduro y que inevitablemente nos ilusionan con algo mejor aún hacia el futuro.

4.0 // Excelente!


sábado, 10 de marzo de 2018

Judas Priest : Firepower (2018)

"Un regalo para las nuevas (y no tan nuevas) generaciones..."

En septiembre de 1990 los británicos de Judas priest editaban un histórico y brillante Painkiller, disco que profundizaba el agresivo giro que habían iniciado unos años atrás con el soberbio Ram it down (que en mayo cumple 30 años de vida por lo que pronto se viene mi respectiva reseña de aniversario), sin embargo y curiosamente, la banda se despediría de nosotros en medio del éxito y las buenas críticas. Diferencias creativas separarían a Rob Halford de Judas priest, quien se desempeñaría durante la siguiente década en tres proyectos diferentes (Fight, Halford y Two) mientras sus ex compañeros reclutaban a Tim "Ripper" Owen en las voces para grabar un sub valorado Jugulator (1997) y un fallido Demolition (2001). Finalmente y como todos sabemos, en 2004 el metal god regresó a Judas priest y desde entonces tres álbumes han visto la luz, un correcto Angel of retribution (2005), el controversial Nostradamus (2008), disco que en lo personal sigo defendiendo pese a admitir lo excesivo y pesado que resulta como conjunto, y un realmente mediocre Redeemer of souls (2014). Toda esta introducción la redacto con el fin de sostener un punto: el que la carrera de estos británicos venía sosteniéndose sobre la irregularidad y, más aún, entregándonos discos cada vez más discretos. Necesitaban por tanto un álbum como Firepower, disco que no solo los revitaliza, sino que los vuelve a colocar en un nivel que se condice con su historia, ¡qué Judas priest es una banda muy pero muy grande! Y las nuevas generaciones deben enterarse de aquello sin necesidad de recurrir a viejas glorias. Pues bien, respiremos y agradezcamos todos, que ese álbum (al fin) ya vive entre nosotros.

Han vuelto a trabajar con Tom Allom (mítico productor de la banda hasta Ram it down) quien claramente ha sabido sacar a flote lo mejor que cada integrante podía dar a estas alturas, proporcionándonos así un álbum potente, ejecutado e interpretado con precisión y que en todo momento huele a priest sin necesidad de auto versionarse o abusar de evidentes lugares comunes. Los adelantos que fuimos conociendo mes a mes adelantaban un posible gran disco pero había que verificar el que efectivamente estos no fuesen únicamente voladores de luces, y así ha sido, Firepower es sin lugar a duda el mejor álbum de Judas priest desde la edición de Painkiller en 1990.

Los fuegos abren con la demoledora dupla 'Firepower' (la canción) + 'Lightning strike', dos temas de mucho gancho que desde ya dan muestras del camino que el disco irá demarcando: exquisitos duelos de guitarra entre el inmortal Glenn Tipton y el joven Richie Faulkner (que esta vez si se muestra), una batería dispuesta a machacar cerebros a cargo del siempre notable Scott Travis y un Rob Halford que saca brillo a cada uno de sus recursos vocales (que no son pocos) de gran forma. Más adelante nos encontraremos con otros temas de corte ágil y que seguramente serán manjar para quienes aman el sonido clásico de Judas priest, ahí canciones como 'Evil never dies', 'Necromancer' o 'Flame thrower' emocionarán a más de alguno, recuperando un filo que no oíamos realmente hace mucho, sin embargo, serán medios tiempos como 'Never the heroes', 'Children of the sun', 'Spectre' (que los hermana con el sonido de Black Sabbath) o 'Rising from ruins' los que acabarán por convencernos del gran disco que tenemos enfrente, temas donde la banda adopta tonos épicos que trascienden gracias a notables ejecuciones y no necesariamente por poseer coros con gancho o una dinámica veloz.

Si tuviese que mencionar un defecto (por buscarle la quinta pata al gato) con que cuenta el disco es su extensión, son catorce temas donde me parece en la recta final se podrían haber ahorrado un par. Está la notable 'Traitors gate', donde la banda vuelve a explotar sus posibilidades con un Halford que destaca notablemente con sus fraseos y el cierre a cargo de 'Sea of red', que comienza también entregando absoluto protagonismo al vocalista para posteriormente desatar al resto de la banda. Sin embargo, entre ambas tendremos el machaque incesante de 'No surrender' y la pesada 'Lone wolf', que sin ser malos temas me parece no destacan como el resto del conjunto. No alcanzan esos detalles eso si a restarle demasiado a un trabajo que jamás desciende del notable, que en enmarca como el mejor álbum de Judas priest desde el regreso de Rob Halford a la banda en 2004 y uno que probablemente (al menos acá) será mencionado como uno de los grandes discos que nos habrá entregado 2018. 

Es cierto que el futuro para la banda es incierto. Sabido es que K.K. Downing abandonó el barco unos años atrás y la reciente noticia de que Glenn Tipton se tomará un parón (quizás definitivo) a causa de su lamentable enfermedad. Todas estas situaciones no pueden sino llamarnos a agradecer con profunda emoción la llegada de un disco como Firepower, prueba de vida por parte de una leyenda que pese al paso de los años se niega a dejarnos. Benditos sean por aquello.

4.0 // Excelente !

Otras reseñas de Judas Priest:

Otras reseñas de Rob Halford:
2010 // Halford: Made of metal
1994 // Fight : War of words 

miércoles, 7 de marzo de 2018

In Vain : Currents (2018)

"Ambicioso aunque no del todo exitoso..."

No debe ser fácil retomar el camino tras el lanzamiento de una obra maestra y algo así es lo que le ha ocurrido a los noruegos de In vain, quienes en 2013 impactaron con un inmejorable Ænigma y cinco años más tarde llegan a nosotros con Currents bajo el brazo, un álbum que inevitablemente resiente la presión de haber nacido bajo la sombra de su antecesor y tener que enfrentar dichas expectativas. En ese sentido nos encontramos frente a un disco por sobretodo ambicioso aunque no por esto del todo exitoso, un trabajo sesudo que pretende tocar distintos tópicos dentro del mundo del metal pero por esto mismo acaba por momentos tropezando consigo mismo. De hecho, el disco está siendo comercializado en dos formatos diferentes, con cantidad y orden de temas distintos, lo cual revela desde ya cierto grado de dudas al interior de la banda...

La partida del trabajo es extraña de hecho, y digámoslo, algo decepcionante. Los primeros diez minutos de música técnicamente están bien y son efectivos pero incurren en groseros lugares comunes que me parece restan al conjunto. 'Seekers of the truth' es, por ejemplo, un tema de metal muy efectivo que pretende enganchar de entrada pero no cuenta con el sello característico de In vain, mientras que 'Soul adventurer' es una pieza típica de metal progresivo que pese a estar ejecutada con precisión no ofrece nada que no ofrezcan otras bandas del género. Es de hecho con la pasada por 'Blood we shed' y 'And quiet flows the scheldt' cuando el álbum realmente parece comenzar y donde aparecen los primeros momentos memorables que regala Currents, en la primera percibimos a la banda entregada a la brutalidad de lo extremo mediante un tema gutural y exquisito de comienzo a fin mientras que en la segunda se sueltan en materia de arreglos (hasta un saxofón aparece por ahí), adentrándose en ese sonido de corte más épico que le conocíamos a los noruegos, sonido que volverá a abordarse más adelante en 'En forgangen tid (Times of Yore, Pt. II)', no sin antes lanzarse nuevamente al progresivo pero logrando grandes cosas en 'Origin', otro gran momento del álbum. 

Hacia el cierre, sin embargo, el disco volverá a mostrarse confuso, con temas que disparan hacia todos lados y jugando con la desestructura. Ahí los enlaces desde el acústico al black de 'Ghost path' resultan interesantes pero la pasada final por 'As the black horde storms' + 'Standing on the ground of Mammoths' se vuelve demasiado pesada y reiterativa, con giros de tuerca que se perciben en exceso forzados e innecesarios, cerrando de esta forma un disco ambicioso pero que, pese a entregar varios momentos realmente brillantes durante su trámite, acaba complicándose en demasía en el afán de impresionarlos a todos.

Ojalá no tengamos que esperar otros cinco años para una nueva entrega de In vain, quienes independiente de no cumplir plenamente las expectativas esta vez (que admitamos estaban muy arriba) de todas forman continúan consolidando una carrera sólida y adictiva.

3.5 // Muy bueno!

Otras reseñas de In vain:
2013 // Ænigma

viernes, 2 de marzo de 2018

Christina Rosenvinge: Un Hombre Rubio (2018)

"Mejor que nunca. Creativa, valiente y desafiante..."

"No tengo proezas de conquistador ni certezas como pensador..." recita en desafiante masculino Christina Rosenvinge durante 'La flor entre la vía', apertura de Un hombre rubio, su más reciente y notable trabajo, uno más por parte de una vocalista que continúa derrochando la seguridad de quien (¡al fin!) ya nada tiene que demostrarle al resto. Y es que a estas alturas del partido la española realiza lo que le da la regalada gana, compitiendo (como debe ser) únicamente consigo mismo y, por cierto, entregando discos cada vez más maduros en lo musical. Y en esta ocasión, y como reza el título, la oímos dedicando su álbum primero a su padre y luego a nosotros, a nuestras amarras...

A destacar el tema a tema, que jamás decae y donde percibimos un trabajo que danza entre la oscuridad y se cuece a fuego lento, pero también el conjunto, el cual encuentra siempre espacios de crecimiento en el sonido de la vocalista. Es así como la sensibilidad de 'Romance de la plata', con notables versos dedicados a su fallecido progenitor ("Padre, el tiempo es compasivo. De tu rosa ha hecho un rosal...") se enlaza con 'El pretendiente', un medio tiempo que es absoluta poesía (aunque en materia de arreglos debe ser el tema más débil del trabajo). Luego el romántico pop de 'Ana y los pájaros' (la única que guarda cierta relación con anteriores trabajos más melódicos de la española como Tu labio superior o La joven dolores) que da paso a la absolutamente sensacional 'La pura palabra', que sobre un piano desata uno de los más grandes temas de desamor que le hemos oído a Christina en su carrera. Fenomenal. Pero curiosamente el viaje desde acá se siente de cierta forma recién comenzar...

Y es que entrando en la recta final del disco este se desata entregando una serie de cambios de intensidad que jamás le habíamos oído a la española, entregándose a las guitarras primero en 'Niña animal', a una dinámica adictiva en 'Berta multiplicada' (escrita en honor a Berta Cáceres, activista ambientalista hondureña e indígena asesinada en 2016) y finalmente al rock en acústico en la notable 'Afónico' (otra pequeña gema contenida en el disco). Es Christina Rosenvinge abandonando por completo la zona de confort y corriendo riesgos inéditos dentro de su discografía, demostrando un crecimiento que no deja de impresionar.

El álbum llegará a su fin mediante una balada de partida muy Bowie titulada 'La piedra angular' y nosotros no podemos sino aplaudir del gusto. Un hombre rubio es un disco que desde sus lúgubres tonos y desafiantes líricas expele valentía y talento, atrás ha quedado esa compositora que en 2008 no lograba escapar de las baladas (que no estaban nada mal por cierto), diez años más tarde la tenemos arriesgando en materia de arreglos, regalando letras memorables (¡cuanto ha mejorado con sus versos!), diversificando sus temáticas (habla de su padre y de política con idéntico talento), e incluso dándose el gusto de regalar un trabajo conceptual que visualiza el mundo desde una sensibilidad masculina. 

Que decir, el mejor álbum en la carrera de Christina Rosenvinge y desde ya uno de los mejores que oiremos en 2018...

4.0 // Excelente!
  

Otras reseñas de Christina Rosenvinge:
2015 // Lo nuestro
2008 // Tu labio superior