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sábado, 26 de noviembre de 2022

Red Hot Chili Peppers: Return Of The Dream Canteen (2022)

 "Solo momentos..."

Hay un punto que a estos Red hot chili peppers hay que darles: el que se han lanzado en una honesta búsqueda de ellos mismos. Han intentado sentirse vivos en lugar de cumplir, de eso trató la incontinencia de un álbum como Unlimited love y este posterior Return of the dream canteen, dos discos dobles, cada uno de diecisiete canciones y una verborrea difícil de seguir a la rápida. Ahora, más allá de las nobles intenciones, otra cosa es que el resultado suene efectivamente convincente, pero de que la jugada es sincera y valorable, eso nadie podría desconocerlo. 

De la mano (una vez más) de Rick Rubin en producción y con John Frusciante nuevamente en las filas, los norteamericanos se han metido en el estudio a improvisar, recuperar viejísimas canciones y con ellas cierto espíritu que se extravió durante los últimos veinte años. El problema es que cuando te metes con poco y nada a jammear, la inspiración tendría que estar a flor de piel como para que aparezcan cosas realmente memorables, de lo contrario, si las musas te pillan en un momento bajo, únicamente encontraremos momentos, que es lo que acá nuevamente ocurre. Return of the dream canteen es un álbum de ratitos, de cosillas que funcionan en medio de un montón de material que se alarga al cansancio sin generar impacto alguno. 

El disco se debate por tanto entre cosas que pretenden tener sabor ('Tippa my tongue', 'Afterlife'), otras que apuntan al rock pero sin fuerza alguna ('Reach out', 'Fake as f@ck' , 'Bag of grins'), una que otra melodía que funciona ('The drummer'), medios tiempos que simplemente se dejan correr ('Peace and love', 'Bella', 'Roulette') y uno que otro desate de guitarra por parte de Frusciante ('Eddie') aunque enmarcado en canciones que no poseen argumentos para llevarte a ningún lado (ese "my my my my my my cigarette" a medio álbum, ¡que espanto por favor!). La sensación que desprende el álbum es la de efectivamente levantar un tanto el asunto respecto a lo que fue Unlimited love sin jamás saber sacarle provecho a lo que tenían entre manos, que a juzgar por los números no era poco. 

Lo escribí en la reseña del antecesor: quienes esperaban que con el retorno John Frusciante a Red hot chili peppers se solucionarían los problemas creativos que la banda viene mostrando desde hace casi quince años, han tenido que darte contra el muro de la realidad. El guitarrista hace lo suyo, así como el siempre notable Flea, sin embargo, Anthony Kiedis + Chad Smith suenan terriblemente planos en sus labores y más allá de esto, espanta el constatar que con 34 canciones en carpeta la banda no haya podido armar un disco consistente al menos, Return of the dream canteen contiene uno que otro momento interesante pero en ningún caso justifica su innecesaria extensión.

¿Canciones? 'Reach out', 'Afterlife', 'The drummer', 'Bag of grings'

5/10
Nada muy especial...

martes, 12 de abril de 2022

Red Hot Chili Peppers : Unlimited Love (2022)

"El muro de la realidad..."

Más de quince años (y contando) han transcurrido desde el último trabajo realmente interesante de Red hot chili peppers, me refiero obviamente a Stadium arcadium (2006), un álbum que con todos sus ripios (si, se les fue la mano con la extensión y el disco nunca debió ser doble) representó la última vez en que los norteamericanos sonaron sabrosos y contundentes, fuera de dar un buen giro tras la resaca que significaron Californication (1999) y By the way (2002), claramente los discos más exitosos de su carrera y a los que les deben el que jóvenes que rondan los treinta (por arriba y por abajo) aún se mantengan atentos a cada nuevo paso que dan. El caso es que tras Stadium arcadium se instaló la confusión, nueva partida de John Frusciante, llegada de un joven e inexperto Josh Klinghoffer y dos álbumes bastante mediocres como I'm with you (2011) + The getaway (2016). En dicho contexto seguro muchos habrán que instalaron la idea de que era la ausencia de Frusciante el causante del bajón creativo de los peppers y que volviendo el guitarrista a la banda el asunto repuntaría, sin embargo, acá está Unlimited love dispuestos a golpear a dichos creyentes con el muro de la realidad.

Lo primero que acá llama la atención es que vuelvan a tropezar con la misma piedra de Stadium arcadium, armando un álbum demasiado largo. En esta ocasión son diecisiete canciones en setenta y tres minutos de música, too much, sobre todo considerando el que no cuentas con todo aquello que en 2006 sobraba: canciones gancheras ('Dani california', 'Snow (Hey oh)', 'Tell me baby'), temas sabrosos ('Humb de bumb', 'Warlocks'), rock + guitarras ('She's only 18', 'Torture me', 'Especially in Michigan', 'C'mon girl') o melodías gloriosas y emocionales ('Strip my mind', 'Wet sand', 'Desecration smile'). Es decir, en la odiosa comparación respecto a lo último que había realizado John Frusciante en la banda, este Unlimited love pierde por masacre, ahora, dejando en paz al pasado tampoco es que este disco nos diga demasiado pues la crisis creativa se mantiene. 

Pero vayamos a la música. Ahí, hay una buena partida cuando suena el single 'Black summer', una canción que pide a gritos más fuerza pero de todas formas sabe sacarle partido a cada instrumento entregándole su espacio en la producción, y ahí quiero detenerme un minuto: se agradece el que Rick Rubin esta vez haya logrado hacer sonar bonito a la banda en lugar de repetir el descalabro sonoro de Californication, que por más exitoso que haya sido (que grandes canciones ahí hay), es un disco que suena espantoso en su mezcla. Ahora, siguiendo con la lista, también funciona la exquisita dinámica de 'Here ever after' (aunque me ha recordado en el 0:45 la melodía del coro de 'Easily', del mencionado Californication), así como los momentos donde el combo Flea + Frusciante convive en armonía, con gratos resultados en 'Poster child' (un simpático homenaje a sus ídolos, aunque la canción a los tres minutos ya ha dado todo lo que podía y se alarga por dos más solamente redundando ideas) o en 'The great apes', el típico tema donde el guitarrista desarrolla sus arranques ruidosos que pese a lo incorrectos que son técnicamente, agradan.  

Y si bien todo lo mencionado cae bien, enmarcado en la primera parte del álbum, nada te vuela realmente la cabeza. Tampoco lo hará el funk de 'Aquatic mouth dance', un lugar común del mítico bajista de los red hot, ni las baladas 'Not the one' (abordando el cliché "No eres tú, soy yo") o 'It's only natural', con esta última miramos el reloj (clásica señal de que la reunión, el partido de fútbol o concierto está aburriendo) y nos espantamos al notar que aún quedan diez canciones para acabar el viaje. 'These are the ways' es el quiero pero no puedo del álbum, una canción con la que intentan recuperar el rock pero sin impacto alguno (confesión: me iré a escuchar el One hot minute tras terminar esta reseña, que necesito actitud de verdad), y así, se suceden en el álbum canciones de medio pelo ('White braids & pillow chair', 'One way traffic') , ninguna de ellas es un desastre e insisto, están bien producidas, incluso cosas como 'Veronica' por momentos ilusionan (¡esa sección acústica!) con un repunte, pero en general la banda suena tan cómoda ('Whatchu thinkin', 'Bastards of light')', tan avejentada ('Let 'em cry'), que asusta. 

Quizás fueron las expectativas, el tiempo lo dirá, pero Unlimited love no parece repuntar aquello que venía cuesta abajo disco a disco. Habrá gira, les seguiremos queriendo y escuchando con emoción sus viejas glorias, pero las cosas como son: ni el regreso de Frusciante fue capaz de detener la caída libre.

¿Canciones? 'Black summer', 'Here ever after', 'Veronica'.

5/10
Nada muy especial...


Otras reseñas de Red hot chili peppers:

lunes, 27 de junio de 2016

Red Hot Chili Peppers: The Getaway (2016)

No levantan ni con palanca. 

Dentro de la discografía de Red hot chili peppers puede que I'm with you sea considerado un álbum menor, sin embargo escuchándolo al día de hoy sigue sin parecerme el desastre que muchos apuntan (sobretodo los fans de John Frusciante), de hecho! si me apuran creo que canciones como 'Monarchy of roses' o 'Factory of faith' entrarían en un compilado personal armado con buenos temas de la banda (e incluso me la pensaría con 'Brendan's death song'). Ahora, de que en aquel disco de 2011 se percibía un potente perfume a naftalina, ni hablar, el hecho era innegable: los red hot de golpe se volvían mayores. Y que mejor confirmación de lo que menciono que el presente de la banda, disco cada cinco años y respectiva de promoción, digamos, el trámite típico de las bandas dinosaurio...

Se suele afirmar que la primera década de una banda, por razones evidentes, suele ser la mejor creativamente hablando (por algo la mayoría deja el negocio tras su tercer o cuarto álbum). Posteriormente algunas encuentran un segundo aire que les permite mantenerse con vida por un tiempo más e incluso conectar con nuevas generaciones (ahí tenemos la pasada por Californication + By the way en el caso de Red hot chili peppers), pero la tercera década siempre es difícil, lo ha sido para todos. Volver a encontrar tu momento, enfrentarte con la madurez, asumir que ya no eres un adolescente en cuerpo de hombre y todo eso, golpea fuerte en una banda. Aquello particularmente le ha costado a los de Anthony Kiedis, y ni siquiera incorporando sangre nueva en las guitarras (un tímido Josh Klinghoffer) o haciéndose asesorar en la producción por Danger Mouse han logrado (re)encontrar su centro.

Quien haya aguantado mis dos párrafos anteriores seguramente habrá anticipado hacia donde voy: no me ha gustado The getaway, me ha resultado realmente un disco soso y poco atractivo. Aplaudo el que la banda se mire al espejo y comprenda que no está para seguir emulando un Blood sugar sex magic e incluso un Californication. Bien ahí, en la intención de hacer algo diferente y reposado, el problema es que la jugada les ha quedado mal por la simple razón de que las ideas están escaseando demasiado en el seno de la banda, lugar donde la ausencia de John Frusciante se ha tornado más que evidente. 

Los primeros acordes de 'The getaway' (la canción) me recordaron muchísimo el inicio de Comedown machine, el último álbum oficial de los Strokes, El mismo sonido retro y aparentemente desnudo, con un bajo que marca los tiempos y guitarras que se asoman tímidamente. El tema se sostiene únicamente en su melodía y pese a que carece de explosión, cumple. También logra su objetivo 'Dark Necessities', una de las pocas canciones del álbum que logra quedarse en tu cabeza más allá de sus minutos de duración. Sin embargo, la pasada por 'We turn red' se oye floja, con muy poco que decir fuera de su bonito coro, lo mismo con 'Sick love' o 'The longest wave', canciones que piden a gritos algo más de energía, algo que las despierte del letargo en que caen, otras como 'Goodbye angels' o 'Go robot' suenan algo más divertidas, en la primera el bajo de Flea nos regala una pequeña explosión que se agradece y en la segunda escuchamos por primera vez en el álbum la guitarra de Klinghoffer, que hasta el séptimo tema brilla por su ausencia. 

Entrando en el recta final del álbum aparece 'Detroit' + 'This Ticonderoga', dos que así como 'Dark necessities' se encuentran en un nivel rescatable, digamos, al menos por la energía que desprenden, lo mismo con 'The hunter', que en su minimalismo consigue generar algo de emoción.  Y por ahí se termina yendo The getaway, cuatro o cinco temas entre trece, más una idea poco lograda e interpretaciones individuales, en general, nada significativas.

En 2016 Red hot chili peppers firma su peor trabajo en mucho tiempo, uno que confirma un declive creativo que esta vez ni con palancas externas han logrado ocultar. Duele escribirlo, eh? Que a estos tipos uno los ama y les guarda un agradecimiento inmenso, pero las cosas como son.

5/10 Nada muy especial



Otras reseñas de Red hot chili peppers:
2011 // I'm with you
1995 // One hot minute 

jueves, 14 de enero de 2016

20 Años De... Red Hot Chili Peppers: One Hot Minute (1995)


Hora del recuerdo. Viajamos dos décadas atrás y recordamos al patito feo de los fantásticos Red hot chili peppers, aquel disco del que reniegan hasta el día de hoy y del que no interpretan un solo tema en sus recitales. Me refiero por supuesto a One hot minute, el álbum más oscuro de la banda y el primero, tras haber encontrado el éxito, sin John Frusciante en las guitarras.  

Corría 1992 y luego de un glorioso Blood sugar sex magic ('Give it away' + 'Under the brigde' sonaron hasta el cansancio) la banda colapsaba el plena gira. Sin más, John Frusciante alega el no soportar el ritmo y decide dar un paso al costado (tal como ha vuelto a hacer en 2010). En su reemplazo la agrupación decide recurrir a la figura de Dave Navarro, el entonces ex guitarrista de Jane's Addiction, cuyo estilo se contraponía por completo al sonido tradicional de la banda, lo cual desde ya planteaba una fórmula arriesgada que en su momento generó ansiedad e incertidumbre en idénticas proporciones. 

Agosto de 1995 y en pleno auge de la era MTV llega a nosotros el video de 'Warped' (Deformado), tema seleccionado para iniciar la promoción de One hot minute. La banda, consiente del poder que tenía en ese entonces el video clip, decide poner absolutamente toda la carne sobre la parrilla acompañando este primer sencillo. Escogen un tema que musicalmente rompe con todo lo realizado en el pasado (nunca sonaron tan duros como acá) y filman un video de estética oscura, agresiva y repleto de connotaciones sexuales. El clip incluso cierra con un Anthony Kiedis besando contra la muralla a Navarro, un Kiedes que además vomita en la interpretación de 'Warped' toda la rabia contenida a raíz de sus adicciones ("mi tendencia hacia la dependencia está ofendiéndome, volcándome / Pretendo ver que soy fuerte y libre de mi dependencia ... que me está deformando"). 

Antes de avanzar con el disco quisiese agregar que 'Warped' es precisamente la canción que me acercó a Red hot chili peppers, yo estoy entre quienes conectaron con la banda tras este tema, a diferencia de los fans más tradicionales que seguramente marcaron distancia frente a todo este cambio musical y estético que se proponía.  


En contra partida con 'Warped' el álbum continuará con 'Aeroplane', una mucho más melódica, amigable al oído e incluso enternecedora gracias al mítico cierre a cargo de un conjunto de niños. La banda demostraba ser capaz de funcionar con igual talento en extremos opuestos. Lo mismo ocurriría con los siguientes singles del álbum, mientras 'My friends' era una preciosa y sentida balada acústica, 'Coffee shop' retomaba la veta más funk rock de los Peppers, con un Flea por cierto que si por lo general está muy bien, acá se muestra extraordinario.

Los cuatro singles de One hot minute fueron explotados de gran manera, aunque junto con ellos aparece el gran defecto con que carga el álbum: su desequilibrio. Si bien en las mencionadas, más otras como 'Deep kick' o 'One big mob' la fórmula Red hot + Navarro funciona a la perfección, en el resto del disco el asunto no marcha con igual fluidez. En medida que el trabajo avanza y se acerca (lentamente) al cierre no encontramos demasiados puntos altos, la pasada por 'Walkabout' + 'Tearjerker' + 'One hot minute' (la canción) entrega quince minutos de monotonía, y aunque algo mejora el asunto tras el funk de 'Falling into grace' y el rock de 'Shallow be thy game' (lo mejor que suena en toda esta recta final) no me parece que alcance como para sostener el nivel que el disco traía hasta su nudo. 

La historia volvería a cambiar de rumbo unos años más tarde para Red hot chili peppers. En 1996 realizarían una simpática versión de 'Love rollercoaster' (original de los Ohio players) para posteriormente dar fin a la "experiencia Navarro" en 1998 y regresar al romance con Frusciante. La banda viviría entonces un segundo aire entrando el nuevo siglo, publicando exitosos álbumes tales como Californication (1999) o By the way (2002), pero aquello será motivo de futuras reseñas, nos quedamos por ahora con el grato recuerdo de este sub valoradísimo trabajo. A One hot minute le pasó la cuenta el cambio brusco de estilo que propuso, el álbum pagó el costo de aquello en su momento y sufrió el desprecio de la crítica + fans.  Sin embargo, nunca es tarde para retomar deudas del pasado y volver a disfrutar de aquellos grandes trabajos injustamente olvidados, y acá estamos frente a uno que, independiente de su irregularidad, nos dejó gratísimos momentos y a unos Red hot chili peppers que sonaron más técnicos, aguerridos y furiosos que nunca. 


7 / 10
¡Muy bueno!



Otras reseñas de Red hot chili peppers:

viernes, 1 de marzo de 2013

Atoms for peace: Amok (2013)


The eraser (2006), disco debut de Thom Yorke, fue un álbum que si bien daba rienda suelta al amorío del vocalista con la electrónica, aún por momentos sonaba a Radiohead. Posteriormente, en 2010 supimos que Yorke formaría Atoms for peace, un supergrupo plagado de nombres que prometían el cielo: Flea, Joey Waronker y Mauro Refosco. El primero no necesita presentación mientras que los dos últimos eran músicos que habían trabajado con artistas de la talla de David Byrne, R.E.M, Beck o Smashing Pumpkins. Sin embargo, los nombres no deben llevarnos a engaño, Amok no es el primer disco de Atoms for peace sino más bien el segundo proyecto en solitario de Thom Yorke y por ende la continuación lógica del mencionado The eraser. Esta vez eso si, salvo uno que otro guiño... olvídense de Radiohead. 

La primera sensación que deja Amok tras unas cuantas pasadas es el ser un trabajo que requiere proceso de digestión. Acá son muy pocas las melodías inmediatas, todo gracias a una muy cuidada producción a cargo de Nigel Godrich (el mismo que viene produciendo los discos de Radiohead desde Ok Computer) la cual se encargó de que toda instrumentación tradicional (bajo, guitarras) pasase a segundo plano dando preponderancia a la electrónica y a un montón de maquinitas que dominan prácticamente todo el álbum. En ese sentido, salvo por la voz de Thom Yorke,  el sonido de Amok pareciese prescindir en todo momento de seres humanos. 



La segunda sensación es la de estar frente a un trabajo irregular, de constantes altos y bajos. Dentro de lo positivo habría que considerar la excelente apertura del disco a cargo de la mecánica y ágil "Before your very eyes", acá una guitarra adorna un tema marcado por dinámicas percusiones y un Yorke que entre falsetes diseña una bella melodía. Gran declaración de principios que de paso nos prepara para lo que sonará durante los siguientes cuarenta minutos de música. Le sigue el fantástico ambiente de "Default", de estructura mucho más inmediata y reconocible que el resto, por ende resulta un tema fácil de asociar con el sonido de The eraser. Más adelante "Dropped" gozará de ambientes calmos interrumpidos por secciones rítmicas que me hicieron recordar que este tipo de sonido Yorke lo comenzó a trabajar tímidamente junto a Radiohead en Hail to the thief (2003), algo similar ocurrirá más adelante con "Reverse running". Otro de los buenos momentos del disco se vivirán casi al final de este con "Judge, jury and executioner", acá se cruzan por única vez en el álbum (ojalá hubiesen sido más) elementos acústicos y sintetizadores, logrando un muy buen resultado. 

Sin embargo, ciertos tropiezos se viven en el álbum con la monotonía de temas como "Ingenue" o "Unless", incluso el final del disco a cargo de "Amok" me dijo muy poco. Son momentos en donde las maquinitas pareciesen no tener un norte claro por lo que los minutos corren sin conseguir efecto alguno. 

No puedo terminar esta reseña sin destacar el hambre que Thom Yorke sigue mostrando a estas alturas de su carrera, lo cual no me parece poca cosa considerando que muchísimo más fácil le habría resultado el acomodarse en su sillón y vivir del legado de Radiohead. Acá con Amok logra darle vida y sensibilidad durante varios pasajes a un sonido que en apariencia debiese ser frío y distante al estar compuesto prácticamente en su totalidad con computadoras. Yorke por momentos pareciese incluso no necesitar a su banda para seguir creando material digno de atención, lo cual asusta pero vaya que se respeta. 

7 / 10
Muy bueno.

lunes, 29 de agosto de 2011

Red Hot Chili Peppers : I'm With You (2011)

"Recambio que sabe a poco..."

Cambiaron de guitarrista, se tomaron 5 años desde la edición del buen Stadium Arcadium pero aún así no hay sorpresas con Red Hot Chili Peppers. Y es que este I'm with you comienza precisamente donde el anterior trabajo quedó y no se mueve mucho más allá. Melodías y arreglos que sin armar malos temas poseen un sonido bastante predecible, sonido que en el fondo nos deja la sensación de que los momentos más creativos de la banda están en el pasado.

No es un mal disco, en absoluto. Dentro de lo positivo habría que mencionar que el álbum se mueve en distintos tiempos. Tenemos canciones muy dinámicas tales como  "Monarchy of roses", "Factory of faith", "Look around" o "Did I let you know", algunos ritmos más calmos que aparecen en el single promocional "The adventures of Rain dance" o "Happiness loves company" y baladas de buen nivel como  "Brendan death's song" o "Police Station" (en lo personal, mi favorita del disco). Canción a canción podríamos decir que el álbum cumple , aunque "Ethiopia", "Annie wants a baby" y "Meet me at the corner" me parecieron completamente desechables y aburridísimas, pero son solo tres de un total de catorce, así que la cosa no anda tan mal, sin embargo, el factor sorpresa de I'm with you es inexistente. En la hora de duración que posee el disco no suena nada que no haya sonado antes (y de mejor manera) en los últimos álbumes de la banda.

De igual manera sentí que si bien las canciones cumplen y agradan, nunca acaban de explotar. No hay quiebres importantes en los temas y por otro lado el aporte del nuevo guitarrista, Josh Klinghoffer, es prácticamente nulo dentro del sonido de Red hot chili peppers ya que pareciese que en todo momento quisiese sonar como John Frusciante (a diferencia de lo que ocurrió cuando Dave Navarro ingresó a la banda, que le cambió el sonido a la agrupación). En definitiva un álbum agradable pero que me parece pasará sin pena ni gloria por nuestros oídos. Una colección de simpáticos temas con uno que otro momento alto, ni más ni menos. Ah! Y mención aparte para la producción siempre ruidosa de Rick Rubin, un maestro en arruinar sonido de discos y acá agrega uno a su colección. 

6 /10
Bueno, cumple.