viernes, 29 de noviembre de 2019

Alcest: Spiritual Instinct (2019)

“Brillante ejercicio de crecimiento...”

A estas alturas del partido lo de Alcest ha dejado de ser una sorpresa y lentamente, disco a disco, se ha transformado en una propuesta que asegura identidad y nivel. Y si bien durante sus primeros tres álbumes se apreció un camino ascendente, la sensación de que con Les voyages de l’ame (2012) la banda había tocado techo se instaló en el aire. Así lo entendió Neige, quien en 2014 decidió dar un drástico giro hacia lo melódico en Shelter, un disco muy limpio en su sonido (que a día de hoy me sigue pareciendo hermoso cada vez que vuelvo darle play) pero que por lo mismo fue ampliamente criticado, dividiendo aguas en su momento. Mirado a distancia, sin embargo, aquel fue el trabajo capaz de darle nuevas alas a Alcest, las cuales dos años más tarde vimos madurar en Kodama (2016) y hoy rendir frutos definitivos en este notable Spiritual instinct

Hubo muchos que entendieron el de 2016 como una “vuelta a las raíces” aunque no era tan así. La banda nunca ha dejado de mirar hacia adelante, su sexto álbum se percibe por tanto como un enorme ejercicio de crecimiento, una nueva visita hacia sus inicios, recuperando conexiones con el black aunque empapándolas de una particular emocionalidad y ese (ya) característico sonido envolvente marca de la casa. En ese sentido, más allá de destacar una u otra pieza, Spiritual instinct se percibe como un todo, un continuo que durante cuarenta minutos oscila entre un sonido en general oscuro que apuesta con fuerza por las guitarras y ciertos momentos de sensible calma. 

Abrirá el disco de manera fenomenal con la frenética ‘Les jardins de minuit’, un tema intenso, ruidoso, que no regala pausa y, por cierto, trae de regreso los guturales. En una misma línea se desenvolverá la fantástica ‘Protection’, sin duda la pieza que visita con mayor claridad el blackgaze con esos murallones impenetrables de guitarras. Enorme es poco. La primera y necesaria pausa llegará con ‘Sapphire’, una que irá construyéndose de manera más tradicional en el estrofa/coro para finalmente explotar en su recta final. Es una de las grandes canciones que habremos oído en este 2019. 

La cara b del álbum continuará con los dos temas más espesos de este, aunque también los más interesantes: ‘Lile des morts’ + ‘Le miroir’, casi quince minutos en total donde nuevamente las capas de guitarras acaban comiéndose todo (un pero: en ciertos pasajes de la primera he necesitado oír a un baterista de mejor técnica). Mientras que el cierre llegará con ‘Spitirual Instinct’ (la canción), otra que apostará todo en la creación de atmósferas, en su primera mitad sonando muy limpia para luego ir soltando las guitarras, el peso y a la banda, cerrando así el disco de manera épica. 

Spitirual instinct es Alcest en toda su magnitud. Una fórmula que ha sabido abrirse camino y frente a la que hoy no queda sino entregarse. Cohesionado de principio a fin, potente y envolvente en sus arreglos, intenso y emotivo en cuanto a interpretaciones, cualquier adjetivo tiende a quedarse corto. Candidato directo a disco del año. 

9 / 10
¡Brillante!


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2016: Kodama

sábado, 23 de noviembre de 2019

Temples : Hot Motion (2019)

“Hacia atrás solo para tomar impulso...”

Tras un esperanzador debut cargado de psicodelia sesentera y un segundo álbum que apostó por el salto pero terminó fallando al perderse entre fríos sintetizadores, los ingleses de Temples regresan en este 2019 con Hot motion y la intención de dar equilibrio a su carrera recuperando las guitarras y melodías, sin que esto signifique necesariamente el renegar de lo que fue Volcano (2017). De esta forma nos encontramos frente un disco que sostiene una producción que apuesta por la modernidad y pretende distanciarse del sonido evidentemente retro del debut pero sin irse al extremo opuesto encontrado dos años atrás. Y bueno, el resultado es notable.

Prueba de lo logrado se encuentra en la partida a cargo de ‘Hot motion’, que conecta a la perfección con el sonido de Sun structures (2014) aunque con una producción + arreglos que muestran enorme madurez, seguida de ‘You’re either on something’, una melodía exquisita que perfectamente pudo estar incluida en Volcano pero ha sido llevada a otro nivel dentro en este trabajo. Es constante a lo largo del álbum por tanto la sensación de que Temples miran hacia su pasado pero únicamente para mejorar la oferta, buscando el equilibrio mencionado, el cual se hace carne en la excelente ‘Holy horses’ (que de plano se lanza sobre guitarras, a veces sucias, a veces limpias) o más adelante en las contundentes  ‘The beam’,  ‘Atomise’, seguramente la mejor de todo el disco, y la etérea ‘Not quite the same’, otra de las joyitas que nos regala este álbum.

Si es por encontrarle un defecto a Hot motion este se encontraría en el cierre, donde ‘It’s all coming out’ se hace algo obvia y ‘Step down’ solamente llama la atención gracias a esa punzante guitarra que propone, por lo que del cuarto de hora final es únicamente ‘Monuments’ la que realmente está a la altura. De todas formas la aventura ha valido la pena, el tercer disco de Temples (que quizás debió ser el segundo) corrige todos los errores cometidos en Volcano, recuperando calidez en el sonido y re dirige la carrera de una banda. Su mejor álbum a la fecha

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Temples:

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Mayhem: Daemon (2019)

“Experiencia renovadora...”

Más allá del morbo que generó la banda tras unos primeros años marcados por la tragedia, en lo musical a los noruegos de Mayhem hay que darles el haber editado un álbum fundamental en la historia del black como fue De mysteriis dom sathanas (1994) para luego dar paso a una carrera marcada por la experimentación dentro de la música extrema, no conformándose con repetir la fórmula una y otra vez (que habría sido claramente el camino seguro) sino que desde aquel Grand declaration of war (2000) intentando expandir sus límites álbum tras álbum. Sin ir más lejos, su anterior trabajo (Esoteric warfare, 2014) resultó ser un disco interesante pero pesado y difícil de digerir, y quizás esa fue la razón que motivó a la banda a entregar en este 2019 el álbum que mayores concesiones ha regalado en poco más de veinte años. 

En ese sentido, Daemon debe ser el disco de Mayhem que más se acerca al sonido de sus inicios, abordando un metal directo, afilado y sin medias tintas. Nada de medios tiempos, redobles marciales ni trabajo de atmósferas, basta oír el tridente inicial que abre este álbum para comprender por donde irán los tiros esta vez. Ahí, ‘The dying false king’ acelera a fondo desde su primer segundo, con un riff demoledor para luego encontrar una breve pausa, tomar aire y volver a despegar velozmente, algo similar ocurrirá con ‘Agenda ignis’ + ‘Bad blood’ (con excelente sección de bajo en ambas), mientras que ‘Malum’ abrirá con calma para tras un minuto despertar su agresividad y ‘Falsified and hated’ regala la estructura más compleja y fascinante dentro de la primera mitad del álbum. 

La cara B de Daemon entregará algunos momentos más espesos, adentrándose en pasajes oscuros como los propuestos por ‘Aeon daemonium’ o ‘Daemon spawn’, los cuales se alternarán con temas cortos, violentos y directos como ‘Worthless abominations destroyed’ , ‘Of worms and ruins’ o ‘Invoke the oath’, todos ejecutados con precisión técnica y armando un global que no tiene desperdicio, son diez canciones que cuentan con una producción nítida y que logra darle un baño de frescura a Mayhem, y no es que sus álbumes anteriores hubiesen estado mal pero esta bofetada de buen metal suena efectivamente renovadora.

8 / 10
¡Excelente!

martes, 12 de noviembre de 2019

Leprous: Pitfalls (2019)

“Sin miedo a extraviarse...”

Repasar la carrera de los noruegos de Leprous no deja de ser un ejercicio fascinante. Desde el singular coqueteo con el metal (siempre fueron diferentes claro está) en sus inicios, expresado en álbumes como Tall poppy syndrome (2009) o Bilateral (2012), pasando por el desate progresivo que significó Coal en 2013 (¿el mejor disco que nos habrá dejado el rock de esta década?) y su respectiva continuación The congregate (2015) hasta llegar a la domesticación de su sonido en Malina (2017), disco que marcó el distanciamiento (¿definitivo?) de Leprous con el metal y de paso con varios de sus seguidores, quienes acusan una pérdida de fuerza y exceso de almíbar en estas nuevas canciones, aunque al mismo tiempo trazó un camino a seguir, el cual se ve totalmente confirmado en Pitfalls.

En este sentido, el sexto álbum de Leprous no se anda con medias tintas. Y si tanto en 2015 como en 2017 tuvimos uno que otro guiño al pasado de la banda (‘Rewind’, ‘Mirage’ o ‘Coma’) en esta ocasión olvídense prácticamente del peso de las guitarras y también la velocidad, que el asunto va por otro lado. Ahora, independiente de si el camino adoptado por los noruegos conmueve a cualquier auditor, lo que nadie puede alegarles es falta de autenticidad. Que los tipos están metidísimos en lo suyo y pese a que a momentos sus canciones se pierden en medio de sus búsquedas, siempre encontramos pequeños detalles en ellas que dan muestra del enorme talento que poseen. Es lo que ocurre, por ejemplo, con ‘Below’, la dramática partida del disco que entre violines + agudos de un enorme Einar Solberg continúa regalando emoción y personalidad (“Every single fear I’m hiding / Every little childhood memory I bury...”). Posteriormente ‘I lose hope’ bajará bruscamente las revoluciones repitiendo hasta la saciedad ese susurrado “In my mind what I find / As I search every coat I lose hope” que jamás encontrará una explosión en su estructura (es evidente que tampoco la buscan) pero funcionará de igual manera en la tecla que pretende tocar.

Hasta aquí, todo bien, aunque será en la sección media donde Pitfalls encontrará sus principales traspiés. Los primeros bostezos sin ir más lejos llegarán con ‘Observe the train’, que insiste sobre la absoluta calma, y si, que suenan demasiado domesticados. Entrando en el nudo del álbum ‘By my throne’ intenta recuperar la energía introduciendo tímidas guitarras y repitiendo un incesante “Ie ie ie ie ie ie” pero vuelve a caer a causa de la ausencia de un momento realmente relevante durante sus cuatro minutos. Ese momento intentará llegar en la pasada por ‘Alleviate’ + ‘At the bottom’, ambas emergerán entre alzas de intensidad aunque cabe mencionar que la magia únicamente aparece a cuenta gotas.

No hay relleno, sin embargo, en Pitfalls, siendo este su principal mérito, el de ser un disco trabajado al detalle y con tremenda honestidad. De ahí que entrando en su recta final, y cuando podríamos haber creído que todo estaba perdido, nos encontremos con ‘Distant bells’ que tras cuatro minutos de agudos y calma encontrará su particular belleza entre violines para luego incorporar guitarras y explotar con grandeza en su minuto final. Esta conectará a la perfección con el rock de ‘Foreigner’, el primer tema del álbum que se lanza directamente sobre las guitarras y velocidad. Y bueno, se agradece.

La aventura cerrará con los once minutos de ‘The sky is red’, un notable paseo que trae al presente los afanes progresivos de la banda aunque en versión 2019, dando muestras de la madurez alcanzada por una banda que no teme el continuar explorando e incluso estar dispuesta a extraviarse en el camino, asunto que ocurre a ratos en Pitfalls, el disco "menos bueno" de Leprous a día de hoy, un trabajo que comienza y acaba muy bien pero en su sección media se pierde en medio de sus propias texturas. 

6,8 / 10
Cumple, y algo más...



Otras reseñas de Leprous:

lunes, 11 de noviembre de 2019

Nile: Vile Nilotic Rises (2019)

“Brutalmente vigentes...”

Tras la partida de Dallas Toler Wade, quien fue guitarra por más de veinte años en Nile, la banda acaba por confirmarse como el proyecto de Karl Sanders, quien en base a su convicción (e indudable talento) ha decidido mantener en pie el buque y vaya de que forma. Llega así a nosotros un nuevo álbum de la agrupación, el cual sostiene la esencia de Nile a tope con los mismos elementos que tan característicos resultan en el sonido de los norteamericanos: me refiero a las temáticas egipcias, el death técnico y la brutalidad de un sonido que ya es marca de la casa a estas alturas, aunque en esta ocasión matizando la velocidad y bajando las revoluciones en varias ocasiones.

En una arista más caótica, con un George Kollias en batería que es una verdadera locura, aparece un tema como ‘The Oxford handbook of savage genocidal warfare’, claro ejemplo del desenfreno que aún Nile puede regalar. Una brutalidad de canción. Igual de soberbios sonarán los casi nueve minutos de ‘Seven horns of war’, conjugando velocidad con una técnica depurada y una vehemencia en el sonido que tras dos décadas continúa impresionando, incluso dándose el gusto de quebrar la canción a los tres cuartos de su duración y regalar un pasaje de relativa calma, mientras que canciones como ‘Long shadows of dread’, ‘Shake pit mating frenzy’ o la tribal ‘Where is the wrathful sky’ apuntan directo a la médula acelerando a fondo.

Más densas aparecerán piezas como ‘Vile nilotic rites’ (la canción), ‘That which is forbidden’ o ‘Revel in their suffering’, las cuales proponen una cabalgata más lenta a ratos pero de igual forma enorme en su peso y nivel técnico. Ahora, si hubiese que encontrar un “pero” al álbum este sería su extensión, que perfectamente podría haber cerrado con la brutal ‘Where is the wrathful sky’, ya que durante sus últimos diez minutos únicamente redunda con un par de temas que no están a la altura del resto. 

Con todo, Vile nilotic rises se encumbra como el mejor álbum que la banda haya entregado en largo tiempo, una violenta demostración de vigencia. 

7,8 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Nile:

martes, 5 de noviembre de 2019

Foals: Everything Not Saved Will Be Lost , Part 2 (2019)

“Complemento que quedó corto...”

Tras un excelente álbum editado en marzo del presente año (con seguridad uno de los más sólidos que habremos oído en 2019) y que vino a confirmar el ascenso de una carrera notable por parte de Foals, cabía la incógnita respecto a este lanzamiento: ¿Por qué una segunda parte? ¿Era necesaria? ¿Llegaría a nosotros algo diferente? Y es que tras un disco tan notable como el mencionado, el riesgo de quedar por debajo en cuanto a nivel no era menor por lo que solo cabía cruzar los dedos y esperar a ver si la banda lograba mejorar lo que a simple vista parecía inmejorable. 

Ahora, considerando el que la primera parte de Everything not saved will be lost sonó bastante limpia (para ser Foals, digamos), con un enfoque por momentos centrado en dinámicas contagiosas y bailables, más uno que otro tema introspectivo, era de esperar que en esta entrega llegasen a nosotros los temas más rockeros del global, aquellos que conectan con cosas como What went down’ (la canción) y no tanto con ‘Mountain at my gates’ (por mencionar dos ejemplos del pasado de la banda). Y así ha sido. Basta oír la partida a cargo de ‘The runner’ para confirmar que el asunto esta vez viene más sucio, directo y golpeado, incluso entregando espacio para un fresco solo de guitarra en el cierre de la canción. Más adelante cosas como ‘Black bull’ o ‘Like lightning’ insistirán con su energía desbordante sobre el mismo concepto, con un Yannis Philippakis dejándose la garganta en cada estrofa o coro. Los ripios, sin embargo, no tardarán demasiado en aparecer. Entre las mencionadas oiremos dos que perfectamente podrían haber entrado en la primera parte de marzo aunque entendemos quedasen fuera ya que poseen un nivel más bajo, me refiero a ‘Wash off’ o ‘Dreaming of’

Entrando en el nudo del álbum, este ir y venir comienza a dar muestras de (temprano) agotamiento y a hacer realidad nuestros temores previos: que las canciones no acaban de estar a la altura. Lo cual se confirma con ‘10.000 feet’ o ‘Into the surf’, relleno absoluto que además no conecta en absoluto con aquello que el disco prometió durante su primera mitad, simplemente son canciones corrientes de Foals. Tampoco los diez innecesarios minutos de ‘Neptune’ mejoran la experiencia por lo que nos quedamos finalmente frente a un disco que roza el “correcto” y queda enano al lado de su primera parte, un complemento que queda corto. 

6/10 
Correcto, cumple.