lunes, 16 de septiembre de 2019

Korn : The Nothing (2019)

“Sin sorpresas...”

Y ya está. El álbum número trece en la carrera de Korn vive entre nosotros y nuestro morbo ha sido saciado. Que conocido es el lamentable momento que Jonathan Davis se encuentra viviendo tras la muerte en 2018 por sobredosis de quien fue su esposa por una década además del fallecimiento de su madre, situación que era de esperar influenciaría de alguna manera el sonido de este nuevo disco de la banda, sobre todo considerando el que la carrera completa de Korn ha servido de terapia para los tormentos que Davis arrastra incluso desde su infancia. En ese sentido, The nothing es un álbum que responde a lo esperado en todo sentido, un disco centrado en las siempre desgarradoras interpretaciones del vocalista, con temáticas que continúan abordando el dolor desde múltiples perspectivas pero que de igual forma en lo musical continúa caminando en la senda trazada tres años atrás en The serenity of suffering (2016), es decir, metiendo mano al sonido moderno de Korn que apuesta a la segura en materia de estructuras y arreglos (no hay sorpresas en este sentido) e incorpora de vez en cuando uno que otro guiño al pasado de la banda.

Sin ir más lejos, la partida a cargo de los noventa segundos de ‘The end begins’ miran hacia atrás recordando esos puentes que contenía Issues (1999) con esa gaita que poco a poco introduce el lamento desgarrado de un Davis que acaba sollozando frente al micrófono. Desde ahí, se suceden temas en general efectivos, algunos como ‘Cold’ o ‘Idiosyncrasy’ insinúan un grado de agresividad importante aunque desembocan en coros totalmente melódicos así como en el cierre ‘H@rd3r’ o ‘This loss’ sorprenderán con notables quiebres a medio tema que encontrarán a un rabioso Jonathan Davis (aunque de todas formas acabarán cerrando entre coros), mientras que ‘You’ll never find me’ o toda esa pasada por el nudo del álbum que componen ‘Finally free’ + ‘Can you hear me’ + ‘The ringmaster’ apelarán a fórmulas bastante tradicionales dentro del sonido Korn

No hay demasiadas sorpresas por tanto en The nothing, un disco que si bien contiene indicios de potencia y agresividad, constantemente se encausa hacia un sonido ameno y melódico. Tal parece que tras las (fallidas) exploraciones de años atrás la banda ha decidido, al menos por ahora, centrar su sonido en el marco de aquello que mejor manejan. 



6 / 10
Correcto, cumple. 



Otras reseñas de Korn:
2016: The serenity of suffering 
2013: The paradigm shift
2010: Korn III, remembre who you are
1999: Issues 

martes, 10 de septiembre de 2019

Lana del Rey : Norman Fucking Rockwell ! (2019)

“Única en su especie...”

Se acerca el fin de la primera década de carrera para Lana del Rey y junto con ello la necesidad de confirmar un nivel más allá del impacto inicial generado por su primer álbum comercialmente exitoso (Born to die, 2012). En ese camino la norteamericana ha logrado hacerse un nombre aunque de manera irregular, y si bien con Ultraviolence (2014) el asunto dio enormes muestras de crecimiento, los siguientes Honeymoon (2015) y Lust for life (2017) no fueron capaces de sostenerse en un escalón similar sucumbiendo seguramente ante la urgencia de tener que cumplir con la discográfica. En ese sentido su sexto álbum trae de regreso a la compositora capaz de llevar su sonido un tanto más allá, y si, que en Normal fucking Rockwell! (vaya título eh?) Lana del Rey no solo encuentra a varias de las mejores canciones que nos ha entregado a día de hoy sino que además ha sido capaz de explorar y avanzar muchísimo en lo musical, escapando del estancamiento mostrado en sus antecesores. 

Por supuesto que la cadencia en el sonido continúa siendo sello inconfundible de Lana, asunto que vuelve a tomar cuerpo en cuanto damos play al álbum, ahí ‘Normal fucking Rockwell’ (la canción) abre de manera brillante en un relato casi desnudo que sobre un piano nos muestra a una vocalista tan fastidiada como fascinada con la inmadurez masculina (“Maldición, niño-hombre / Me follaste tan bien que casi suelto un “Te amo” / Eres divertido y salvaje / Pero no conoces ni la mitad de la mierda a la que me haz empujado...”). Posteriormente ‘Mariners apartment complex’ encontrará una exquisita melodía en acústico mientras que ‘Venice bitch’ se presentará con sus sorprendentes nueve minutos de duración como la gran osadía del álbum, avanzando delicadamente entre oleadas de sintetizadores. ‘Fuck it I love you’ será otra que se irá armando lentamente hasta acabar con elegancia entre sutiles baterías electrónicas mientras que ‘Doin’ time’ será una que aportará con sus ritmos sabor al álbum. Llegamos a la hermosa ‘Love song’, que retoma el piano/voz como argumento y no podemos sino rendirnos frente a lo que estamos escuchando. ¿El mejor álbum de Lana del Rey a día de hoy? Probablemente. Al menos el más contundente en materia de letras y arreglos.  

Lamentablemente el disco patinará un tanto durante su segunda mitad, alternando pequeñas joyas como ‘Cinnamon girl’, un lugar común de la artista que no deja de ser un temazo a causa de su producción, o la enorme ‘California’, que crece como la espuma en cuanto a intensidad, con temas algo predecibles como ‘How to disappear’ o ‘The next best american record’, que sin estar del todo mal no se encuentran al nivel que el disco venía sosteniendo. De hecho, en la recta final suena la absolutamente hermosa ‘The greatest’ y sentimos que el álbum aquí debió terminar, con esas notas que lentamente desaparecen, sin embargo, se nos entregan tres temas más, quince minutos de piano + balada que creo redundan demasiado restando al global. 

La sensación que nos deja Norman fucking Rockwell ! por tanto es la de entregar varias de las mejores canciones que Lana del Rey ha compuesto en su carrera además de entregar un conjunto que fuera de confirmarla como una artista única en su especie también la muestra madura y dueña de su momento, creativa y clara en cuanto a intenciones. ¿Qué al disco le sobran tres o cuatro canciones? No cabe duda, siendo este su único “pero” y el pequeño gran detalle que la privará de habernos entregado el mejor disco del año. 

8,2 / 10
¡Excelente!


Otras reseñas de Lana del Rey:

jueves, 5 de septiembre de 2019

Entombed A.D. : Bowels Of Earth (2019)

“Cumplen en la comodidad...” 

Fieles a su death metal melódico, el sueco Lars Goran Petrov y sus Entombed A.D llegan a nosotros con su tercer álbum, aunque claro, no es que estemos hablando de unos novatos en esto de la música extrema precisamente, experiencia para la banda hay de sobra en esto del metal y aquello es lo que se evidencia de sobre manera en Bowels to earth, un álbum furioso, redondo y dispuesto a no dejar títere con cabeza a causa de su afilado sonido. En este sentido, la dirección del disco es similar a la adoptada en su antecesor (Dead dawn, 2016) siendo este su principal virtud y defecto (?) a la vez. Dicho en simple: la banda cumple totalmente en su propuesta... pero se le oye en exceso cómoda.

Tampoco, sin embargo, deberíamos esperar algo diferente. No debemos olvidar que la agrupación existe como una especie de auto tributo donde Petrov y compañía rinden culto a su banda madre (Entombed) por lo que es lógico que de ahí no se muevan demasiado. Bowels to earth gustará entonces entre quienes están en busca de un metal melódico, bien compuesto, directo y de estructuras reconocibles. Ahí la furia de canciones como ‘Torment remains’ , ‘Elimination’ o ‘Hell is my home’ impactan de entrada y disparan directo al mentón. Esto a diferencia de ‘Bowels to earth’ (la canción) que pareciese querer ir un poco más allá musicalmente en su cabalgata (es casi el tema más extenso del álbum además), aunque rápidamente el disco retomará la velocidad mediante la oscurísima ‘Bourbon nightmare’ seguida de ‘Fit for a king’. En la recta final, y como era de esperar, el disco comienza a redundar y pierde puntos, ahí quizás ‘I’ll never get out of this world alive’ (un country original de Hank Williams) por lo curioso del refrito y el cierre a cargo de una tétrica ‘To eternal night’ aparecen como lo más simpático e interesante de oír pero el disco a estas alturas claramente ya ha dicho todo lo que tenía que decir.

Según Petrov, tras cinco años de ruedo la agrupación ha logrado encontrar su zona de confort, el lugar donde musicalmente se sienten conformes y desde donde me imagino continuarán construyendo su historia por varios años más. Y bueno, bienvenidos sean si el nivel continuará siendo este...

6,5 / 10
Cumple y algo más...

martes, 3 de septiembre de 2019

Tool : Fear Inoculum (2019)

"Contundencia y excesos que no alcanzan a emocionar ..."

Cuando se pierde el hambre lo mejor es saber marginarse. Y es válido eh? Que a los cincuenta ya no eres el chico rebelde que fuiste treinta años atrás, más aún cuando te has convertido en un millonario que ni siquiera necesita volver a hacer música para sobre vivir. Y aquello es lo que, palabras más, palabras menos, ocurrió durante estos casi quince años con Maynard James Keenan, quien incluso en un momento llegó a tratar de “ridículos y retrasados” a su base de fans, cansado seguramente de las preguntas y presiones en torno al regreso de Tool. Pero insisto, mirado desde cierta perspectiva, el alejamiento Maynard/Tool me ha parecido sensato, además de honesto, y pese a que muchas veces durante esta década se escuchó el “este año si que si habrá disco”, varios comenzaron a resignarse ante la idea de que las cosas estaban mejor así, como quedaron, que para arruinar un legado en ocasiones es mejor dejar el mito tal y cómo está (¿alo, Smashing pumpkins?). Sin embargo, con la misma honestidad con que la banda se marginó durante este tiempo, y cuando pocos realmente se lo esperaban, llegó a nosotros la noticia de que en este 2019 tendríamos efectivamente nuevo álbum de Tool, el quinto en casi treinta años de carrera.

El desafío no era menor. El riesgo de arruinarlo todo estaba en el aire pero también la idea de que si volvían era por buenas razones, que perfectamente podían seguir girando por el mundo varios años más con cuatro álbumes bajo el brazo. Nada ni nadie los obligaba a regresar pero acá estaban, y acá tenemos a Fear inoculum, el premio a la fe de los seguidores, a esos retrasados que pacientemente soñaron/esperaron el regreso y hoy inundan la web con elogios + alabanzas.

¿Y da para tanto? Veamos. Fear inoculum llega a nosotros en dos versiones, una física que consta de siete piezas y otra digital que suma tres interludios alargando la duración del trabajo a casi 90 minutos. ¿Querían Tool? Pues ahí tienen. Sin embargo, sea cual sea la edición del álbum que escuchemos cabe mencionar el que este no entrega precisamente lo que los fans estaban esperando y ahí me parece radica el principal mérito del disco: en su honestidad. Por sobre cualquier otro adjetivo, Fear inoculum es un trabajo franco donde la banda ha volcado su momento actual sin tapujos ni temores, con canciones que danzan sobre texturas muy bajas, que jamás explotan (incluso aunque el tema lo pida a gritos), con una batería + bajo que en cada pieza luce y un Maynard absolutamente contenido (voluntaria o forzadamente, no lo sabemos) que esta vez ha cedido el protagonismo a sus compañeros. Un ejemplo de lo mencionado es ‘Fear inoculum’ (la canción y adelanto que llegó a nosotros semanas atrás), un claro indicador de por donde irán los tiros durante el resto del álbum. Una melodía de bajo que sostiene repetitivamente el tema durante seis minutos y cuando creemos que vendrá un cambio de intensidad nos encontramos con un quiebre que con mucha calma lleva el tema hacia otro lugar. ¿Funciona? Pues si. Aunque nos quedamos con el grito en la garganta, con esa sensación de que “algo faltó”. 

‘Pneuma’ es otra que llevará esta misma fórmula al límite, con doce minutos que redundan una y otra vez, un verdadero loop que mientras avanza va incorporando instrumentos, incluso leves explosiones que volverán a desembocar en la misma linea de bajo una y otra vez para tras seis minutos parar, colarnos una especie de improvisación (que algunos llamarán “genialidad” no cabe duda) y cerrar con tres minutos más dinámicos. Posteriormente (no vale la pena detenerse en los interludios ya que aportan cero al conjunto) sonará 'Invincible', mucho más cargada a las guitarras aunque igual de repetitiva, con extensas secciones de batería y la sensación constante de estar frente a temas trabajados con cuidado en lo instrumental pero que no conectan desde la emoción. 


Llegamos al nudo del disco. Nos saltamos tres minutos de ruido titulados 'Legion inoculant' para llegar al primer momento de real intensidad que el álbum posee: 'Descending'. Aquí Maynard en su sección central por primera vez eleva el registro y comunica en otra frecuencia, aunque claro, pasando los ocho minutos nuevamente deciden frenar todo y entregarnos un largo pasaje (cuatro minutos) de un riff que se repite hasta la saciedad sin ningún sentido aparente. De todas maneras el tema acabará muy arriba y se consagra como el primer momentazo del álbum. Todo lo contrario a los diez sosos minutos de 'Calling voices' seguidos del instrumental 'Chocolate chip trip', otro pasaje que no se entiende que aporta al álbum más allá del jam session de percusiones que entrega. En este ir y venir, la recta final estará protagonizada por '7empest', que es lo más rock y cercano al sonido que probablemente muchos esperaban oír en este regreso de Tool. ¿Se exceden con sus quince minutos de duración? Claramente, pero que más da a estas alturas. 

En definitiva, Tool ha vuelto con un álbum complejo y contundente, honesto y valiente. Claramente han justificado su regreso mediante un disco en el que han intentado escapar de sus lugares comunes, sorprendiendo hasta incluso a sus propios fanáticos. ¿Vuelve esto por si solo a Fear inoculum un gran trabajo? Claro que no. Sobran todos los interludios, hay temas que pedían una intensidad que nunca llega y aquellos que si apuestan por una mayor potencia se exceden y diluyen entre minutos instrumentales que rayan en el abuso, existiendo incluso momentos que aburren y no justifican en absoluto su duración. A veces menos es más. 

6,9 / 10
Buen disco.



Otras reseñas de Maynard James Keenan:

viernes, 30 de agosto de 2019

Born Iver : I,I (2019)

“En continua búsqueda...”

Sigue en búsqueda Justin Vernon. Alejado absolutamente del sonido de sus primeros dos álbumes, el norteamericano ya en 2016 entregó señales respecto a los nuevos rumbos que emprendería con su música, mucho más exploratoria y desafiante con el auditor, alejado de las melodías dulces y reconocibles para dar paso a un juego contaste tanto en materia de arreglos como de estructuras. De esta forma i,i (vayas títulos está encontrando eh?) conecta con el camino trazado tres años atrás en 22, a millón y ciertamente siembra razonables dudas en torno a hasta donde podría llegar en esta dirección. 

Nos volvemos a encontrar de esta forma con un conjunto de canciones (?) que rara vez muestran una estructura tradicional y se centran fuertemente en juegos vocales que impactan con ruidos varios, instrumentaciones diversas que por momentos lucen incluso caóticas. Claros ejemplos de lo que menciono son la partida a cargo de ‘Yi’ + ‘iMi’, la compleja ‘Jelmore’ o el caso de la pasada por ‘We’ + ‘Holyfields’, las cuales se sostienen sobre un relato casi desnudo de Bon Iver que de golpe va encontrando intensidad en el ingreso de instrumentaciones que en ocasiones impactan y en otras danzan sobre una melodía.  

El disco, sin embargo, posee otra alma, una que intenta conectar emocionalmente con el auditor, encontrando sus momentos mejores logrados en el nudo de este, ahí el reencuentro con el Bon Iver armónico que se vive en ‘Hey, ma’ + ‘U (man like)’ o la fuerza de ‘Naeem’ regalan gratos momentos fuera de conectar por primera (y quizás única) vez emocionalmente con el auditor. También más adelante la dinámica de ‘Salem’ se enmarcará entre lo más atractivo del disco. 

Como planteaba párrafos atrás, queda la duda sembrada respecto al futuro de Bon Iver. Se valora su valentía, sobre todo tras haber entregado en 2011 uno de los mejores álbumes que habremos oído en esta década, pero de igual forma i,i deja la sensación de ser una continuación de 22, a million que no acaba por conectar ni explotar adecuadamente, enfrentando al auditor a ratos con un conjunto de piezas frías y distantes que continúan situando al cantautor en una interesante búsqueda que no parece por ahora ver la luz.  

6,5 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Bon Iver:

martes, 27 de agosto de 2019

20 Años De... Korn: Issues (1999)

“La búsqueda del equilibrio...”

Dentro de muy poco verá la luz un nuevo álbum de Korn por lo que me ha apetecido hablar de Issues, disco que en noviembre próximo cumplirá dos décadas de existencia y que posee además una relevancia no menor dentro de la carrera de los norteamericanos, de hecho, me atrevería a afirmar que Issues es el álbum que acabó por definir el sonido moderno de Korn, independiente de las particulares y confusas volteretas que la agrupación viviría más adelante, con vuelta a las raíces (Korn III, 2010) e incursiones electrónicas (The path of totality, 2011) incluidas. 

Sin embargo, previo a hablar del disco propiamente tal cabe consignar donde se encontraba Korn a finales de siglo pasado, que aquello también juega en la valoración del álbum. La banda provenía de dos álbumes muy oscuros y rabiosos (el debut homónimo de 1994 y  Life is peachy de 1996) que contrastaron absolutamente con el comercial Follow the leader (1998), disco con el cual los de Jonathan Davis se encontraron de golpe con la masividadad gracias al éxito de singles como ‘Got the life’ o ‘Freak on a leash’ (y aquel inolvidable videoclip) pero donde también la banda buscaba nuevos horizontes, incluso coqueteando descaradamente con el hip hop en algunas de sus canciones (‘Children of the Korn’ o ‘All in the family’). En este sentido, Issues podríamos entenderlo como un trabajo que llegó para centrar el sonido de la banda, persiguiendo un equilibrio entre sus raíces (el disco intenta recuperar la rabia en el sonido) sin perder el éxito alcanzado un año atrás. 

De esta forma, lo primero que llama la atención en torno al disco es su estructura: Issues se compone de 16 piezas donde varias de estas corresponderán a interludios instrumentales que hacen de puente entre secciones del álbum, demostrando el que estaba en la banda la intención de entregar un trabajo que funcionase como un continuo y generase un determinado ambiente, más allá de la sucesión de canciones sin sentido alguno. Estas, sin embargo, siguen siendo simples pero entre si poseen un hilo conductor (asunto que no ocurría en Follow the leader) y concentran todo su potencial en la fuerza de sus coros. Ahí es donde Korn deja absolutamente claro el que desean continuar de la mano del éxito del llamado nu metal. Issues por tanto es un álbum plagado de singles, algunos lo fueron y sonaron bastante en su momento (‘Falling away from me’, ‘Make me bad’) mientras que otros sin serlo poseían enorme potencial para ser éxitos comercializables (‘Beg for me’, esa pequeña joya que es ‘Trash’ o ‘Wake up’). De igual forma el disco también entrega espacio a momentos más íntimos/exploratorios como los que se viven en el cierre a cargo de ‘Counting’ + ‘Dirty’ o en ‘Hey daddy’, la cual antecede a ese momentazo que es ‘Somebody someone’ (una de las mejores canciones en la carrera de Korn, digámoslo), donde oímos a Jonathan Davis metiendo mano una vez más a la formula del quiebre a media canción (asunto que a estas alturas es marca registrada del vocalista ) y consagrándose por cierto como el tremendo cantante que es, alternando sus singulares agudos, interpretaciones limpias con sus singulares guturales, asunto que se vuelve a explotar de manera espectacular más adelante en ‘Let’s get this party started’. 

Mirado con el lente del tiempo, Issues posee demasiados méritos: una línea musical coherente, un tracklist sin ripios, la confirmación de Jonathan Davis como un enorme . vocalista (asunto que continuaría explotando más adelante tanto en Untouchables como en Take a look in the mirror) pero por sobre todo situó a Korn encima de cualquier imitador del momento. Con Issues la banda centró y encontró un sonido, no por nada perduraron durante tantos años, no exentos de ripios e irregularidades, claro, pero con un camino que al menos en 1999 supieron equilibrar de manera brillante.      
   
8,5 / 10 
¡Brillante!


sábado, 24 de agosto de 2019

Killswitch Engage : Atonement (2019)

“Cumplen en medio de la tormenta...”

Marcados por la irregularidad durante esta década, el octavo álbum de Killswitch engage ya vive entre nosotros. Cabe recodar que en 2012 la banda anunció la retirada de Howard Jones de las voces de la banda para anunciar la vuelta de Jesse Leach, vocalista original de la agrupación y que regresaba tras nueve años de ausencia, con quien han editado dos discos durante esta nueva etapa: el convincente Disarm the descent (2013) e Incarnate (2016). Leach, sin embargo, no ha estado exento de dramas últimamente: una operación por pólipos en la garganta, el fin de una relación sentimental de años y una evidente inestabilidad emocional (crisis depresivas y ansiosas por montón) han marcado su pasar, por lo que existía un particular interés en torno a lo que podría llegar a ser Atonement.

¿Y con qué nos encontramos en este 2019? Primero que todo ante un disco corto: 11 canciones en 39 minutos, es decir, un promedio de poco más de tres minutos por tema. De inmediato esto nos lleva a intuir el que Atonement será un álbum que irá directo al grano o quizás un disco frente al cual no se han complicado demasiado y dado el contexto turbulento vivido por Leach en este período han decidido entregar “lo que tenían” para salir del paso. De todo aquello hay en un disco que comienza muy bien de la mano de la excelente ‘Unleashed’, un tema que se pasea elegantemente por pasajes tan densos como oscuros y contiene la rabia para ir soltándola poco a poco mientras se desarrolla sin jamás caer en el efectismo de los aullidos sin sentido. Todo lo contrario a ‘The signal fire’, que apuesta por la ira desbocada con ese doble pedal + grito inicial que acaba desembocando en el clásico coro melódico propio del estilo (ojo al tema además, que cuenta con la singularidad de reunir las voces de Jesse y Howard en una misma canción). Este ir y venir entre temas pausados, que se cocinan lentamente, y otros agresivos volverá a repetirse a lo largo del álbum, alternando medios tiempos que se cocinan lentamente como  ‘Us against the world’ o ‘I am broken too’ (convencen ambas) con aceleraciones violentas en ‘The crownless king’, ‘As sure as the sun will rise’ o ‘Know your enemy’. Aunque, claro, la sensación entrando en la recta final es de que la banda ha acabado quedándose con pocas ideas por lo que en las últimas cuatro únicamente rellenan con temas tan típicos como olvidables.

El octavo disco de Killswitch engage cumple con las expectativas aunque carga con una irregularidad que lo coloca claramente por debajo de cualquiera de sus dos antecesores. A destacar la producción, clara y potente como siempre, tres o cuatro canciones de gran nivel más un conjunto que acompaña correctamente. Dado el contexto, el álbum está bien. 


6,5 / 10
Cumple y algo más