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jueves, 19 de julio de 2018

Immortal : "Northern Chaos Gods" (2018)

"A la altura de la leyenda..."

Frente al anuncio de un nuevo trabajo de Immortal, esta vez sin Abbath en las voces, eran varias las preguntas que rondaban en el aire, sin embargo me parece todas podrían resumirse la siguiente idea: ¿podría haber vida para la banda sin el liderazgo de su mítico vocalista o nos encontraríamos más bien frente a una apuesta meramente comercial y fallida? 

Lo cierto es que tras nueve años de silencio (recordemos que de 2009 data All shall fall) ha llegado a nosotros el noveno álbum de Immortal, trabajo dispuesto a derribar cuanto prejuicio pudiese existir en el ambiente. Y es que bajo la conducción en pleno de Demonaz (quien en esta ocasión ha asumido las voces además de composición + guitarras) y contrario a lo que se podría haber asumido, Northern chaos gods da muestras de enorme frescura y ciertos aires de renacimiento para Immortal

La portada anticipa de alguna forma la idea de que nos encontraremos con un álbum que pretende rescatar la esencia de la banda, digamos, la clásica vuelta a las raíces pero incorporando la experiencia que entrega el paso de los años. Y aquí me quiero detener, ya que uno de los elementos que más he disfrutado de este disco ha sido la diversidad que presenta de la mano de un puñado de temas que enarbolan con fuerza la bandera del black pero al mismo tiempo poseen un tino tremendo tanto en la ejecución como en la dinámica que ostentan. Dicho en simple: habría sido esperable el encontrarse con un disco afilado y veloz que replicara la misma fórmula hasta el cansancio en el afán de "cumplir con los fans", sin embargo, el disco se pasea por distintos tiempos y ambientes, desprendiendo la sensación de que cada tema ha sido trabajado al detalle equilibrando técnica y tino. 

La partida es feroz, por ejemplo, con 'Northern chaos gods' (la canción) que no da respiro y una 'Into battle ride' que es igual de violenta pero entrega matices gracias a una ejecución notable en batería. Posteriormente, 'Gates to Blashykh' bajará un tanto las revoluciones aportando un componente épico exquisito al álbum (es una de las mejores de todo el trabajo) y que se verá complementado de gran forma por la oscuridad de 'Glim and dark'. Este atinado ir y venir volveremos a vivenciarlo en la pasada por 'Called to ice', una cabalgata en donde Immortal vuelve a acelerar los tiempos, seguida de la monumental 'Where mountains rise', otra en donde la épica es absoluta protagonista. 

Para el cierre, dos temas más, alcanzando la cifra ideal. Siempre he pensado que cualquier disco que posea cierto grado de complejidad en su apuesta debería rondar los ocho temas, que el resto es redundar, por lo que en gracia me cayó el finalizar el viaje con la agresividad de 'Blacker of worlds', otra dispuesta a no dejar títere con cabeza, y los soberbios nueve minutos de 'Mighty Ravendark', los cuales cerrarán de gran forma un disco que se instala como una de las gratas sorpresas que nos dejará 2018.

En términos técnicos, fuera del aporte esencial ya mencionado de Demonaz en composición, guitarras e impecables vocalizaciones, la formación se ha completado con un descomunal Horgh en batería y Peter Tagtgren (Hypocrisy, Lindemann) en bajo, además de la producción del álbum. El resto ha sido sentimiento, respeto y talento, aspectos que relucen a lo largo de este excelente disco cuyo principal mérito es colocar a Immortal con su música nuevamente en el centro del debate, como siempre debió ser.

4.0 // Excelente!

lunes, 16 de julio de 2018

DevilDriver: Outlaws 'til the end, Vol 1 (2018)

"Curioso homenaje digno de atención..."

Para quienes no lo sepan, Dez Fafara fue líder y vocalista a fines de los años 90 de un chiste de banda titulada Coal chamber, una de esas agrupaciones que intentó subirse (con evidentes fines comerciales) al carro del nu metal con este ya andando. Es más: ni una década logró sobrevivir el proyecto pues, tan pronto como Fafara percibió en el ambiente que el nu metal daba sus últimos coletazos fue que decidió abandonar el buque y desmarcarse del estilo creando un proyecto paralelo más cercano al groove metal titulado DevilDriver, el cual debutó en 2003 y desde ahí ha entregado siete irregulares trabajos, diseñando una carrera que aunque más honesta que la desarrollada junto a Coal chamber tampoco ha logrado consagrar la carrera del vocalista. El caso es que, preso de los resultados (¡de algo hay que vivir!), Fafara se ha visto en la necesidad de entregar álbumes muy seguidos de Devildriver, incluso haciendo uso de formaciones diferentes. Es así como en 2016 recibimos un discreto Trust no one y dos años más tarde llega a nosotros este Outlaws 'til the end, vol 1, un curioso álbum de refritos, originales todos del mundo del country

La apuesta es por tanto osada, hechar mano a artistas de la talla de Hank Williams , Johnny Cash, Willie Nelson o los mismísimos Eagles para pasarlos por un baño de violento groove resulta en el papel algo tan curioso como pretencioso, y digámoslo, una jugada que al menos amerita de nuestra atención. 

El resultado global suma y resta, es decir, cuenta con momentos más que interesantes que hablan bien de las vueltas que Fafara le dio a algunos de estos temas así como de otros no tan inspirados ni arriesgados. La partida a cargo de 'Country house' es un claro ejemplo de lo primer que menciono, un tema donde la banda juega con las guitarras emulando las vocalizaciones originales entregando un producto que efectivamente aporta un matiz digno a la canción y no un mero chiste de mal gusto. En la misma linea funciona 'Ghost riders in the sky', que rinde culto de manera respetuosa a la versión del legendario Johnny Cash así como también la acertada aceleración que vive 'Outlaw man' de los Eagles. Digamos que durante la primera mitad del disco se concentran los mejores intentos de este Outlaws 'til the end, ya que me parece a partir de 'I'm the only hell mama ever raised' los refritos se vuelven meros calcos de las originales "en versión pesada" por lo que el disco pierde fuerza y ese factor sorpresa que durante su primera mitad ostentó.

Se aprecia el cariño con que este trabajo ha sido realizado, eso si que si, sin embargo la sensación global que me deja es la de haber oído un álbum que se toma a si mismo en serio solo en determinados momentos mientras que gran parte del trámite exigía un mayor tiempo de cocción. Quizás con unos meses más de trabajo el disco podría haber rozado la gloria aunque lo entregado tampoco está mal y al menos ha logrado centrar algo de nuestra atención en las intenciones del siempre irregular Dez Fafara, además de traer a la mesa el inmenso legado del country, que no es poca cosa.


3.0 // Bueno, cumple. 

Otras reseñas de Dez Fafara:

jueves, 12 de julio de 2018

Florence + The Machine : High As Hope (2018)

"Tan crudo como auténtico..." 

Durante esta década Florence Welch ha logrado posicionarse como una de las vocalistas más versátiles y talentosas del pop actual. Creativa, franca, sensible y dueña de un particular registro, la inglesa había entregado desde 2011 a la fecha tres álbumes de estudio que daban muestra de un tino enorme a la hora de equilibrar exquisitas melodías, profundas interpretaciones con arreglos tan dinámicos como diversos, sin embargo, disco a disco ha resultado muy evidente el como Florence ha ido internándose en terrenos cada vez más lúgubres y personales al punto de haber haber abordado sin misericordia sus adicciones y momentos más oscuros en el fantástico How big, how blue, how beautiful (2015). A tres años de aquella experiencia la tenemos de regreso mediante un trabajo que vuelve a dar muestras de su valentía aunque, a diferencia de cualquiera de sus antecesores, esta vez ha acabado levemente entrampada a causa de su falta de matices.  

Y es que si en el mencionado disco de 2015 la inglesa le abalanzó sobre un abanico sonoro tan amplio como sorprendente y que en su crudeza coqueteó directamente con las guitarras, en esta ocasión ha optado por un conjunto de canciones desnudas, cargadas de intimidad y que musicalmente apuestan por una linea más opaca que intencionadamente escapa de la intensidad característica de la vocalista. High as hope es por tanto un disco tan bello como cualquiera de sus antecesores pero que, sin embargo, tiende a fallar a causa de su monotonía. 

El álbum comienza muy bien eso si, la delicada declaración romántica que es 'June' se complementa de buena forma primero por 'Hunger', la única del disco que conecta con la intensidad interpretativa característica de Florence y que cuenta además con una potente letra que aborda sus fantasmas de juventud, y luego con el medio tiempo 'South London forever', el cual se sostendrá sobre percusiones, violines y juegos vocales. 'Big god' será el primer tema que pecará de cierta ausencia de matices aunque lo perdonamos gracias a la llegada de 'Sky full of song', una pieza muy sutil pero que funciona dentro de su simpleza. A partir de acá, sin embargo, el álbum abusará de delicadas baladas interpretadas sobre un piano que no logran explotar como corresponde ('Grace' o '100 years' son claros ejemplos) mientras que 'Patricia' en su intento por elevar las revoluciones no consigue engancharnos como quisiéramos. Para el cierre dos profundas baladas como 'The end of love' + 'No choir', que no están mal pero redundan demasiado sobre la misma tecla.

Individualmente podríamos con seguridad afirmar que High as hope no contiene canción mala pero de igual manera como conjunto cansa debido a su repetitivo andar. El disco es bonito, por momentos crudo, pero no demasiado más y ciertamente palidece frente a cualquiera de los tres primeros álbumes de la vocalista. Cabe destacar de todas formas la siempre presente audacia de Florence y su insistencia en "no darle el gusto" a quienes esperan un regreso a sus inicios en el pop. Esta mujer es de verdad y aquello hay que agradecerlo. 
3.0 // Bueno, cumple. 

Otras reseñas de Florence and the machine:

sábado, 7 de julio de 2018

Marduk : Viktoria (2018)

"Un nuevo repaso histórico cargado de black..."

¿Existirá algo políticamente más incorrecto que rendirle culto al Tercer Reich y su despliegue bélico durante la Segunda Guerra Mundial? Pues bien, en esa linea es que venimos recibiendo cada álbum de los suecos de Marduk desde hace un tiempo a la fecha y Viktoria, su trabajo número catorce, no ha sido la excepción. En esta ocasión, esta verdadera leyenda del black metal se ha inspirado en los últimos momentos del imperio alemán, armando lo que habría sido una banda sonora impecable para una película como "La caída". Interesante, no?

Musicalmente el asunto va más o menos por donde viene yendo desde hace al menos una década, digamos, un black metal infernal, que durante treinta minutos juega con los tiempos, regalando pasadas muy violentas y otras más desaceleradas para así alcanzar un buen equilibrio. Sin embargo, es el complemento histórico aquello que vuelve a Marduk una aventura siempre digna de revisar. El álbum abre, por ejemplo, refiriéndose en 'Werworlf' (la más hardcore punk de todo el disco) a uno de los últimos planes de defensa alemán previó a la derrota, más adelante 'Tiger I' (un tanque de defensa teutón) realizarán un tributo al "glorioso guardián de acero del Reich", en 'Narva' (que habla de la retirada de las tropas imperiales de la Unión Soviética), 'The last fallen' o 'Silent night' ahondarán con fuerza el tema de la caída final del régimen.

Quizás el sonido de Marduk carezca de sorpresa a estas alturas y cada tres años nos encontremos frente a frente con un sonido que desde antes todos sabremos por donde irá, sin embargo, el repaso histórico y la contundencia del black que la banda presenta tornan siempre la aventura disfrutable. Y Viktoria no ha sido la excepción.

3.5 // Muy bueno!
  
Otras reseñas de Marduk:
2015 // Frontschwein

miércoles, 4 de julio de 2018

Nine Inch Nails : Bad Witch (2018)

"Crudo e impenetrable..."

Se cierra la trilogía. Aquella secuencia que se inicio en 2016 con la edición de Not the actual events y fue perdiendo amabilidad con la aparición un año más tarde con Add violence llega a su fin con la entrega más impenetrable de todas: Bad witch. Y es que si los dos cortos anteriores habían dado muestras de un Trent Reznor mucho más desatado que aquel que oímos en álbumes como Hesitation marks (2013) o incluso With teeth (2005), en este nuevo lanzamiento percibimos a un vocalista decididamente desafiante con el auditor y dispuesto a trabajar su sonido en absoluta libertad.  

Desde su violenta partida a cargo de la dupla 'Shit mirror' + 'Ahead of ourselves', donde primero aborda el tópico del renacer personal para luego entregar una pesimista visión de nuestra sociedad, Reznor pretende impactar con estructuras directas empapadas de guitarras sucias y un exquisito sonido industrial cubierto por densas capas en la producción que tornan en extremo disfrutable la experiencia. La partida impacta, hay que decirlo, sin embargo el viaje no llegará hasta acá, de hecho, apenas comienza. 

Es así como el instrumental 'Play the goddammed part' dará inicio a una sección más experimental que incluso cuenta con saxofones en su intermedio, la cual se complementará con la soberbia 'God break down the door', que por momentos recuerda los golpeteos característicos de The prodigy y a ratos evoca al gran David Bowie (particularmente el tema me ha traído el recuerdo de 'I can't give everything' que cerró el soberbio Blackstar). En el cierre, la oscuridad se tomará el álbum con la aparición de 'I'm not from this world' para retomar luego las maquinitas en 'Over and out', que de la mano de un soberbio bajo irá marcando el paso de una hipnótica estructura.  

Ciertamente el tiempo no le ha hecho justicia a Nine inch nails y a su legado. Poco ha ayudado en este sentido la sobre exposición de Reznor y el desarrollo de una irregular obra, sin embargo, Bad witch ha llegado para entregar señales de una libertad creativa que ilusiona...

4.0 // Excelente!

Otras reseñas de Nine inch nails:
2017 // Add violence
2016 // Not the actual events
2013 // Hesitation marks

viernes, 15 de junio de 2018

Ihsahn : Amr (2018)

"Más contenido. Igual de talentoso..."

A estas alturas del partido lo del noruego Ihsahn no debería sorprender a nadie. Y es que hablamos de uno de los talentosos de esta era, un creativo virtuoso que fue capaz de hacer historia junto a Emperor en los años 90 para luego deslumbrarnos con una discografía que al día de hoy no sabe de puntos bajos. Amr es ya su séptimo trabajo en solitario, sucede además a una obra brillante como fue Arktis (2016), lo cual le entrega una responsabilidad no menor frente a la cual el vocalista ha optado por (una vez más) modificar direcciones, entregándonos un álbum diferente al mencionado, que no apuesta por arreglos complejos sino que coloca a las melodías y vocales del noruego como protagonistas de la obra en todo momento. Un disco más ameno de llevar, menos ambicioso en materia técnica y de estructuras que cualquiera de sus predecesores y que por ende no caerá bien entre quienes esperan complejidad constante por parte de Ihsahn, pero que de todas maneras da muestras del talento de este artista.  

Y es que si bien el álbum abre de manera majestuosa con los seis increíbles minutos de 'Lend me the eyes of millennia', que comienza entre teclados para poco a poco ir desarrollando una estructura creciente que se desatará en la recta final con fantásticos guturales (demostración evidente de que el filo sigue ahí, intacto), para luego dar paso a la potente y dinámica 'Arcana imperii' (single evidente del disco), a poco andar el álbum mostrará sus verdaderas intenciones. Ahí, 'Samr' por ejemplo, aparecerá como una buena balada que romperá unicamente su convencionalismo con el grato solo que presenta a medio andar, mientras que 'One less enemy' y 'Where you are lost and I belong' colocan el relato del vocalista por delante de todo, primero raspando la garganta y luego interpretando con absoluta calma, sin embargo, en ambas las guitarras son mero acompañamiento en función del ambiente. Aún así, el asunto funciona. 

Con las cartas sobre la mesa, las guitarras volverán a aparecer en la pasada por 'In rites of passage' + 'Marble soul' pero siempre de manera contenida. Ambas coincidirán en presentar un sonido áspero que conjugará guturales con secciones muy limpias, mientras que 'Twin black angels' danzará decididamente sobre la calma y dará muestras de un vocalista que suena muy amable para finalmente cerrar el asunto con 'Wake', la cual en sus estrofas parece querer retomar ese sonido agresivo con el que el disco había comenzado pero en sus coros volverá a ponerse meloso.

En definitiva, ciertos pasajes de Amr dan cuenta que, de proponérselo, a Ihsahn no le costaría absolutamente nada editar un trabajo con perfume a black metal progresivo, repleto de lugares comunes y dejar felices a los fans. El problema es que todo aquello ya fue escrito. Quienes quieran escuchar black metal tendrán a Emperor, quienes quieran oírlo apostando por ambiciosas obras complejas pueden dar una pasada por un disco como Das seelenbrechen (2013), sin embargo, hoy, los afanes creativos del noruego nadan por otros lares. Su principio es el no repetirse y ahí ha vuelto a salir victorioso. Y si, esta vez le ha quedado un álbum más dulce y suave que lo habitual, pero en esa linea el material es bueno y en cada uno de los temas se perciben guiños creativos. ¿Qué suena demasiado contenido? Puede ser. Pero insisto, que desatado lo hemos tenido y para insistir en lo mismo el hombre no está...

3.5 // Muy bueno!

Otras reseñas de Ihsahn:

lunes, 11 de junio de 2018

Jonathan Davis: Black Labyrinth (2018)

"Entre lugares comunes e irregulares exploraciones..."

A la hora de analizar Black labyrinth, el debut oficial en solitario del bueno de Jonathan Davis, deberíamos tener en cuenta un dato no menor, y es que desde un tiempo a la fecha, con Brian "Head" Welch convertido al cristianismo y una agrupación que participa poco en labores creativas, Korn viene entregado a las inquietudes musicales de su vocalista. De ahí que durante los últimos años hayamos oído importantes (y desafortunadas) incursiones electrónicas en los álbumes de la banda y las publicitadas vueltas a las raíces se oyesen tan pero tan forzadas (para muestra, Korn III: Remember who you are de 2009). De todo aquello habla Black labyrinth, un disco que durante su primera mitad no marca importantes diferencias respecto al sonido más reciente de Korn y recién en su recta final desata un sonido más denso e íntimo, que independiente de que tan bien logrado se encuentre, si abandona los lugares comunes. 

Nos encontramos así con un álbum dividido entre dos almas. En una primera parte nos encontramos con una serie de guiños a los fans tradicionales de Korn, ahí la dinámica ágil de 'Underneath my skin' o 'Your god', el gancho efectivo de 'Everyone' + 'Happiness', con esas letras de adolescente incomprendido siempre presentes ("No les gusto porque les asusto..." afirma en 'Everyone'), o el trabalenguas vocal que el vocalista insinúa en 'Walk on by' hablarán de un Davis que no ha querido alejarse demasiado de sus raíces musicales. Sin embargo, poco a poco al entrar en el nudo del álbum este comenzará a trazar caminos un tanto más espesos, ahí canciones como 'The secret', 'Medicate' o 'Please tell me' abordarán un mundo más denso y oscuro, mientras que los aires orientales de 'Basic needs' (que ya se habían insinuado antes en la excelente 'Final days') refrescarán absolutamente el ambiente. 

Si el disco hubiese cerrado acá, con nueve a diez temas me parece habría entregado un global de mejores resultados. Lamentablemente, y como suele ser costumbre (ya que con Korn también le ocurre), en el cierre nos encontraremos con los excesos innecesarios. 'What you believe' o 'Grinder', por ejemplo, son dos que podría habérselas ahorrado dado lo repetitivas que suenan mientras que 'What it is' cierra el disco en plan pop, marcando un contraste que no se entiende demasiado. 

Nos quedamos así con un álbum de Korn al cual se le suman un par de incursiones experimentales, otro par de temas muy oscuros y otros cuantos excesos. Un disco que debate entre lugares comunes e irregulares exploraciones. El resultado global no molesta pero salvo contados momentos no impacta ni sorprende.

2.5 // Nada muy especial