viernes, 22 de enero de 2021

Ulcerate: Stare Into Death And Be Still (2020)

 "Técnica, oscuridad, caos y emocionalidad..."

Vaya monstruosidad. Difícil encontrar otro adjetivo que aplique mejor a lo más reciente de los neozelandeses de Ulcerate, quienes con su sexto álbum han sabido entregar un producto que brilla por donde se le mire. Virtuosos a tope, con afiladísimas guitarras de Michael Hoggard, un Jamie Saint Merat extraordinario en batería y colosales vocales de Paul Kelland, pero capaces de generar un resultado que no se olvida de la esencia de la música: la emocionalidad. Porque si, Ulcerate es música extrema, murallones de death técnico que conectan con un sonido salvaje, veloz y a ratos caótico, sin embargo, se encuentran muy lejos de caer en el cliché del virtuosismo por virtuosismo. Más aún, Stare into death and be still desprende esa sensación de mantener a la banda compitiendo únicamente consigo misma intentando encontrar matices que aporten a su propuesta en lugar de continuar repitiendo la fórmula una y otra vez. Y los encuentran...

En esta ocasión nos encontramos con ocho piezas monumentales donde cada una funciona como un universo propio, con riffs ágiles que pesan toneladas y que son acompañados por unos arreglos de batería impresionantes. Pero el punto lo encuentran con las estructuras, dinámicas y cambiantes, en ocasiones inician sobre tiempos bajos para luego ir abriendo el tema, como ocurre en 'The lifeless advance' o 'Stare into death and be still' (la canción), mientras que en otras trabajan decididamente sobre la velocidad. Lo que hacen por ejemplo en una canción como 'Exhale the ash' entregando protagonismo a la labor de Saint Merat en un momento dado (2:30), rompiendo por completo con la estructura furiosa que traía el tema, o esa posterior bajada de revoluciones (4:35), es enorme y habla claramente de como Ulcerate continúan dándole vueltas a sus canciones, exprimiéndolas hasta que den todo lo que puedan.                              

Será factor común en el álbum el abrir las canciones entre secciones instrumentales bastante oscuras para luego ir incorporando técnica en velocidad, llegando a importantes cotas de brutalidad pero manteniendo siempre la puerta abierta a romper y volver a ralentizar el asunto, como ocurre en la increíble 'Inversion'. Incluso la banda se atreve a ir más allá entrando en el nudo del disco con 'There is no horizon', la cual diseñará atmósferas de tranquilidad y riffs marcadamente melódicos que llamarán la atención por la apertura creativa que el trío muestra. 


Mucho más directos resultarán los cinco minutos de 'Visceral ends' , la más breve del álbum aunque también de lo más brutal que en este oiremos, para luego ir cerrando el viaje con 'Drawn into the next void', que volverá a apostar por los constantes cambios estructurales, el ir y venir que funciona como un azote en tu cerebro (es hermoso lo que hacen en el minuto y medio final, repitiendo ese demoledor riff una y otra vez), y llegar así a los ocho minutos de 'Dissolver orders', que vuelve a construir caos sobre melodías oscuras e incluso melancólicas. 

El camino que Ulcerate ha recorrido desde aquel notable Everything is fire (2009), el disco que definitivamente marcó el antes/después para la banda en materia de apertura de su sonido, no para de maravillarnos. Quienes creyeron que con una obra como Vermis (2013) la banda podría haber tocado techo, erraron, con Shrines of paralysis (2016) y su más reciente trabajo han continuado abriéndose camino. A casi un año de su lanzamiento al fin he hecho justicia con Stare into death and be stillun trabajo contundente capaz de llevar la música extrema a un nivel que hoy en día pocas agrupaciones son capaces de llevar, conjugando técnica, brutalidad y estructuras progresivas con una emocionalidad que se percibe todo el tiempo presente. Que decir, uno de los grandes trabajos que nos habrá dejado 2020. 

¿Canciones? 'Exhale the ash', 'Inversion' y 'Drawn into the next void'.

9/10
Brillante.

miércoles, 20 de enero de 2021

Vivo Recomendado: Elton John + Ray Cooper (Los Angeles, 1995)

Desde siempre Elton John fue un carismático sobre el escenario, sin embargo, bastante especial me resultó esta presentación de 1995 que me encontré por estos días, por lo que he querido recomendarla acá, en mi querido blog. Se trata de un concierto benéfico, previo a la publicación de Made in England (1995) pero que cuenta con la particularidad de ser una presentación más íntima de lo habitual, con Elton frente al piano y únicamente acompañado por Ray Cooper, un percusionista de sesión que participó en la instrumentación de doce de sus álbumes (entre otros, pues también colaboró en algún momento con David Gilmour, Roger Waters, Carly Simon o George Harrison). 

El caso es que el hecho de que el vocalista actuase únicamente junto a Ray evidencia la complicidad absoluta que existe entre estos, potenciando a nivel instrumental varias de las canciones que acá suenan e con momentos en que ambos juegan a antojo con los arreglos. También llama la atención de este concierto el que Elton si bien interpretó varios de sus hits, se dio el gusto de dejar varias "canciones obvias" afuera del repertorio de esa noche (que se yo, 'Tiny dancer', 'Goodbye yellow brick road' o 'I guess that's why the call it the blues') para regalar una serie de piezas antiguas de su repertorio y que pocas veces suelen ser interpretadas. 

En estricto rigor se visitan acá basicamente los álbumes de su primera etapa (digamos, sus setentas), omitiendo por completo sus años ochenta (etapa de la que siempre ha renegado en sus conciertos) y tocando tres canciones recientes de los discos noventeros que en esos años estaba promocionando. Los siguientes álbumes fueron abordados en este show (entre paréntesis el número de canciones interpretadas): 

Elton John/1970 (2) ,  Madman across the river/1971 (2), Honky chateau/1972 (1), Goodbye yellow brick road/1973 (2), Don't shoot me I'm only the piano player/1973 (2), Caribou/1974 (1), Rock of the westies/1975 (1), Blue moves /1976 (1), The one/1992 (2), Made in England/1995 (1)

Y las quince canciones que acá suenan son:
Comienzo al piano: Your song / The one / The last song (una sorpresa del que era en ese entonces su más reciente álbum)
Ingresa Ray Cooper: Levon / Daniel
Momento íntimo: Sorry seems to be the hardest word
Elton + Ray en todo su esplendor: Indian sunset / I think I'm gonna kill myself / Take me to the pilot 
Íntimo al piano nuevamente: Don't let the sun go down on me / Believe (que anticipa formará parte de su nuevo álbum) / Cocodrile rock (en una única versión balada)
Cierre: Bennie and the jets / Candle in the wind / Can you feel the love tonight

Que decir, un conciertazo. Elton John en su máximo esplendor 
¡Que lo disfruten!

lunes, 18 de enero de 2021

Draconian: Under A Godless Veil (2020)

 "Menos metal, más melancolía..."

Un verdadero deleite vivimos en 2020 dentro del universo doom metal con el regreso de verdaderas leyendas del género tales como My dying bride, Paradise lost o Katatonia, sin embargo, un último regalo estaba previsto para fin de año, un deleite final para los y las amantes del gótico. Me refiero al séptimo álbum de los suecos de Draconian, quienes desde 2003 han venido construyendo una discografía que tropezó en 2011 con la partida de Lisa Johansson en voces, reemplazada por Heike Langhans, quien debutó en un bien recibido Sovran (2015) pero definitivamente ha consolidado sus armas en este Under a godless veil, un álbum que sostiene las ideas de su antecesor pero realiza un pequeño giro hacia ambientes más marcadamente tristes y melancólicos, dejando el metal sino en un segundo plano, a ratos, para bien y para mal, como un complemento para dichas atmósferas. 

Como todo álbum de metal gótico con tintes doom, no estamos frente a un disco sencillo de digerir pues se suceden acá una serie de canciones extensas (casi todas rondan los siete minutos), lentas y pesado andar. Aunque el factor común siempre será la emocionalidad del sonido, en ocasiones abriendo en calma con la dulce voz de Langhans como guía para luego dar paso al peso de las guitarras y la irrupción de los guturales de Anders Jacobsson (quien junto al guitarrista Johan Ericson han compuesto prácticamente todo el disco), como ocurre en 'Sorrow of Sophia' o 'Sleepwalkers' (de lo mejor del álbum, vaya joya, y la única además donde Heike Langhans ha participado en la composición), mientras que otras son doom duro y a la vena, con oleadas de pesados riffs que se irán sucediendo entre intromisiones de la dupla vocal Langhans/Jacobsson como suele ser costumbre, destacando en esta línea canciones como 'The sacrificial flame' , 'Lustrous heart' o 'Moon over sabaoth'.

Llegando a la mitad del álbum cabe destacar el manejo notable que Draconian muestran sobre la fórmula que trabajan, las ejecuciones impecables, el trabado de atmósferas logrado y una producción impecable que efectivamente le saca partido a todo lo mencionado. Sin embargo, en ocasiones parece ser que se apegan demasiado al libreto, dando una que otra vuelta de más (en 'The sacrificial flame', por ejemplo, el solo es maravilloso y explosivo ¡pero llega restando apenas treinta segundos de canción!) o edulcorando en demasía el resultado. En este sentido, impacta y se agradece el quiebre que provoca una canción como 'Burial fields', que es absoluta desolación y antecede a otro momentazo del trabajo: 'The sethian', donde el desate de potencia es total y por primera vez en el disco percibimos una aceleración importante en los coros, en el momento más extremo y agresivo de este. 

Lamentablemente Under a godless veil pecará en su recta final donde tienden a pecar gran parte de los álbumes de doom: en su extensión. ¿Para qué hacer llegar el disco a los 62 minutos si con dos canciones menos lo cerrabas perfecto? Para muestra 'Claw marks on the throne' o 'Night visitor' donde Heike vuelve a ser protagonista pero excede los niveles tolerables de azúcar, entregando melodías bonitas pero que ya redundan y honestamente no eran necesarias considerando que lo mismo ya se había desarrollado antes y por largos minutos. Me sobran ambas, no así 'Ascend into darkness' que como cierre suena fenomenal abordando en ocho minutos la contundencia que Draconian es capaz de alcanzar y, gracias al cielo, acelerando nuevamente los tiempos. 

No pueden haber grandes quejas respecto a este álbum. Suena bien y expone de gran forma el momento que los suecos viven. Quizás se les han ido los minutos entre atmósferas en exceso melancólicas (ahí pierde puntos respecto a lo que fue Sovran) yéndose al metal en muy pocos momentos pero en al menos medio álbum han dado con la tecla perfecta superando con creces lo realizado en 2020 por sus propios mentores. 

¿Canciones? 'Sleepwalkers', 'The sethian' y 'Ascend into darkness'

7,5 /10
¡Muy bueno!

sábado, 16 de enero de 2021

Killer Be Killed : Reluctant Hero (2020)

 "A la altura de sus integrantes ..."

El problema del debut de Killer be killed en 2014 pasó por el haber generado una mixtura agradable al oído pero que no cuajó como debió. Aquel disco se sintió como si cada integrante hubiese aportado con dos o tres canciones pero con una puesta en común algo convencional, de ahí que el proyecto rápidamente pasase al olvido y tras el debut honestamente creo que pocos aventuraron una continuación. Sin embargo, la pandemia generó el milagro y acá los tenemos de regreso mediante un disco que efectivamente corrige lo anteriormente dicho. Dicho en simple: esta vez si han parido un trabajo con vida propia, sin canciones que pareciesen ser descartes de Dillinger escape plan, Mastodon o Soulfly sino donde efectivamente percibimos una colaboración efectiva.

Nos encontramos así con un conjunto que muestra cohesión en su sonido, con algunas canciones que apuestan por la dinámica acelerada y el rocanrol en sus guitarras (digamos, lo que habrían querido lograr unos Volbeat pero jamás han podido), ahí luce en la partida el brillante tridente compuesto por 'Deconstructing self-destruction', 'Dream gone bad' y 'Left of center', otras que apostarán por un mayor peso, estructuras cambiantes y más agresivas, como 'Filthy vagabond' (caótica en su comienzo y muy Motorhead en los coros), 'The great purge' o la excelente 'Comfort from nothing', mientras que habrá instantes mucho más oscuros y de tiempos más calmos, con toda la banda aportando un determinado condimento, como ocurre en 'Inner calm from outer storms' (otro punto altísimo del disco) o en 'From a crowded wound' (un dato freak: ¿idea mía o Max Cavalera en el 3:15 y 3:40 emula al Rob Halford de 'Nailed to the gun'? ). Finalmente, para el cierre han dejado quizás lo más débil del disco: dos temas muy directos como 'Aminus' y 'Dead limbs', algo redundantes en ideas, más un cierre algo forzadamente meloso con 'Reluctant hero', que abre bastante débil pero mejora muchísimo en su recta final.

A destacar a lo largo del álbum la performance en batería de un notable Ben Koller (quien debuta en la agrupación tras el alejamiento de Dave Elitch), de enorme protagonismo en prácticamente todo el disco, pero también el que en general cada canción funciona gracias al aporte evidente de los cuatro integrantes tanto instrumental y como vocalmente (no hay canción en que los tres vocalistas no se crucen, lo cual siempre luce natural). 

No era tarea fácil pero han logrado generar un conjunto que suena plenamente homogéneo, once canciones que regalan dinámica, fuerza y peso, agresividad y fiereza pero sin conformarse con lo obvio en sus estructuras, algo que se ya se apreciaba en el debut pero acá han mejorado muchísimo. Un tremendo segundo álbum para el proyecto. Metal fresco y equilibrado. 

¿Canciones? 'Dream gone bad', Filthy vagabond' y 'Inner calm from outer storms' .

8 / 10
Excelente


Otras reseñas de Killer be killed:

miércoles, 13 de enero de 2021

Anaal Nathrakh : Endarkenment (2020)

 "Se adaptan y crecen ..."

A medida que transcurren los años no puedo sino confirmar la idea de que si existe un género que durante estas últimas dos décadas no solo se ha mantenido en pie sino que además ha parido obras cada vez más creativas, exigentes y fantásticas, es el metal. Quienes revisan este blog sabrán que acá yo no me impongo límites y más bien paseo por un amplio abanico de sonidos, pero siempre, año tras año, es en el metal donde encuentro mayores muestras de crecimiento continuo. Todo esto a propósito del más reciente trabajo de Anaal Nathrakh, una banda de productividad no menor (con este son once álbumes en dos décadas) pero donde siempre la brutalidad ha estado garantizada. Su álbum debut, The codex necro (2001), es una verdadera bestialidad y desde ahí el dúo (en estudio, ya que en vivo cuentan con músicos de apoyo) poco a poco ha ido incorporando matices a su sonido, conectando su característico black con elementos cercanos al grindcore, baterías cada vez más evidentemente programadas e incluso guiños al industrial que hicieron que su anterior entrega, A new kind of horror (2018), les hiciese parecer por momentos una especie de Fear factory más extremo. 

Otro elemento que poco a poco ha ido aportando cambios al sonido de la banda es el trabajo vocal que Dave Hunt (a.k.a V.I.T.R.I.O.L) viene realizando. Era físicamente imposible que el vocalista pudiese sostener durante tantos años la performance demencial que ostentaba diez años atrás, de ahí que durante esta década lo hayamos oído incorporando elementos a sus interpretaciones. En ese camino, la pasada por Passion (2011), Vanitas (2012) y Desideratum (2014) definitivamente marcó un antes/después para la dupla Irrumator/V.I.T.R.I.O.L, permitiéndoles madurar su propuesta y complementarla tanto en términos musicales como interpretativos para lograr llegar a algo como lo que oímos en este Endarkenment.  

Algo de lo que hablo se puede apreciar de inmediato en la partida de este álbum, 'Endarkenment' (la canción) es tremendamente veloz (la batería programada se nota demasiado eso si) pero se sostiene en base a un coro marcadamente melódico, con Hunt incorporando chillidos varios pero cantando limpio en casi toda la canción. ¿Aviso respecto a lo que vendrá a futuro? Puede ser, que no sería el primero ni el último que deberá modificar sus registros para poder seguir adelante. En 'The age of starlight ends' sucede algo similar, acelerador a fondo en las estrofas + coros melódicos y limpios, mientras que en 'Thus, always, to tyrants' lo oiremos al límite del desgarro. Como sea, el álbum durante sus primeros diez minutos no regala segundo de calma y será recién en 'Libidinous (a pig with cocks in its eyes)' cuando la dupla ralentizará un tanto los tiempos con un Dave Hunt emulando de manera particular (y espectacular) a King Diamond previo a los coros mediante unos agudos fenomenales (aunque dudo en vivo pueda hacerlos y menos pasar desde ahí al coro limpio). El ejercicio, sin embargo, resulta digno de elogio pues la contundencia que logran es tremenda. 

Existirán otros momentos en el álbum en donde la banda se esfuerza en sostener los niveles caóticos de antaño, como ocurre en 'Beyond words' o 'Sindularity' (donde vuelven a sonar los agudos) mientras que la fórmula característica del disco (el balance gruñidos/coros limpios) volverá a aparecer en la pasada por 'Feeding the death machine' + 'Create art, though the world may perish'. Finalmente el disco cerrará  perdiendo algo de sorpresa con 'Punish them', que suena muy de manual y parece ser relleno simplemente, y 'Requiem' que iba por las mismas pero a sus tres minutos introduce un quiebre instrumental que se agradece.  

Anaal nathrakh han vuelto a cumplir de sobra mediante un álbum que continúa mostrándolos ansiosos por expandir sus límites y que también los re inventa en función de su presente. Se concentran en continuar sonando extremos, lo cual es bastante decir tras dos décadas de existencia, pero han sabido adaptarse a sus condiciones actuales. 

¿Canciones? 'Endarkenment', 'The age of starlight ends', 'Libidinous (a pig with cocks in its eyes)'.

8/ 10
¡Excelente!

lunes, 11 de enero de 2021

Cadaver: Edder & Bile (2020)

"Preciosa brutalidad..."

Este álbum me ha movido hacia una reflexión: desde 2021 en adelante no publicaré resúmenes de fin de año en diciembre, serán en enero del siguiente. Y es que álbumes lanzados en el cierre de año terminan en tierra de nadie y quedan fuera del conteo teniendo méritos de sobra para estar. Esto a propósito de Edder & Bile de los noruegos de Cadaver, quienes tras un receso de dieciséis años (!!!) han regresado. O deberíamos expresarlo más bien en singular pues la banda hoy es un proyecto solitario de Anders Odden (a.k.a Neddo), quien seguramente motivado por el cáncer que debió enfrentar en estos años decidió desempolvar a su vieja banda con la ayuda de Dirk Verbeuren en batería (Soilwork, Scarve y Megadeth, entre otros). El álbum ha resultado finalmente toda una sorpresa por múltiples motivos pero principalmente por la capacidad que Neddo ha mostrado acá para lograr conjugar brutalidad extrema con una creatividad envidiable. Dicho en simple: Cadaver ha regresado con un álbum que contiene lo mejor del death sin ser declaradamente death y que se las arregla para entregar contundencia en piezas que por lo general no superan los tres minutos de duración. 

Son muchos los puntos positivos desde donde se puede abordar el sonido de Edder & Bile pero el primero de ellos debería ser la producción a cargo de Adair Daufembach. Maravillosa. Absolutamente orgánica, con una batería en primer plano donde realmente puedes percibir cada caja, bombo y platillo que se golpea. Desde ahí se construye todo (bueno, el álbum completo fue escrito por la dupla Odden + Verbeuren), los riffs demoledores y las vocalizaciones guturales de un Neddo que parece querer vomitar y transmitir todo lo que significó su lucha contra el cáncer. Otro aspecto a destacar es que el álbum no responde a patrones, no parece calcular nada y simplemente apuesta por la brutalidad desde el minuto uno, sin embargo, lejos de agotar, sus minutos transcurren sin problema alguno y funcionan como una descarga de ira dispuesta a machacar tu cerebro sin cuidado alguno.

La partida es memorable con 'Morgue ritual', cuatro estrofas que se suceden sin regalar tregua. Una verdadera descarga de energía que no cesa, solo se vomita. Esto a diferencia de 'Circle of morbidity' o 'Feed the pigs' (¡cómo suenan los bombos en esta!), dos donde la dupla repara en jugar con los tiempos, donde si se reconocerán coros y colaboraciones en voces de Jeff Becerra (Possesed) y Kam Lee (Massacre), entregándole un elemento de color y diversidad de inmediato al álbum. Que decir, el disco lleva diez minutos y nos tiene completamente sumergidos en si. Pero aún hay más, 'Final fight' es otra que golpeará directo al mentón con Neddo desquitándose en un notable "Don't tell me what to do! You don't know what it is! That made me be like this...!", así como también lo hará 'Deathmachine', con la salvedad de que aquí han sabido regalar entre el 1:30 y 2:30 una pasada instrumental que quiebra por completo el tema (para bien). 

La cara B del disco abrirá con el single 'Reborn', otra joya. Un doble pedal incesante que se acompaña de riffs melódicos para a los cincuenta segundos iniciar una cabalgata adictiva. Enormes. Luego el grito de terror que es 'The pestilence' ("No existe cura / Ya ha sucedido antes / La plaga que nos destruirá / La madre de todas las muertes"), con una temática apocalíptica que se volverá a tocar en 'Years of nothing' ("No sobrevivirás / La muerte prosperará / El sacrificio de años de nada" ), una que va a la segura como 'Edder & Bile' para cerrar todo con la estupenda 'Let me burn', la más lenta del álbum (la única además que supera los cuatro minutos) y que por cierto Neddo manifestó quisiese sonase en su funeral con todos los asistentes leyendo su letra: "Bienvenidas llamas / Consumiendo mi carne / Déjenme asarme y arder / Jódanse todos, tuve mi turno / Estoy muerto / No más vida para vivir / No hay miedo / Estoy muerto".

Cadaver, Anders Odden + Dirk Verbeuren, han compuesto un álbum que ciertamente no descubre nada nuevo y tampoco pretende disfrazar aquello. Edder & Bile trata de dos amigos que se han reunido a hacer lo que mejor saben hacer, el punto es que les ha quedado honesto, afilado, furioso y creativo. Con poco han logrado demasiado regalándonos con seguridad uno de los mejores álbumes que nos habrá dejado 2020. 

¿Canciones? 'Circle of morbidity', 'Reborn', 'Let me burn'.

9/10
Brillante.

sábado, 9 de enero de 2021

Hatebreed : Weight Of The False Self (2020)

 "En exceso genérico..."

Seguimos repasando álbumes rezagados de 2020 que quedaron en los borradores. En esta ocasión escribiré respecto al noveno álbum de Hatebreed, una de esas bandas que pese al paso de los años han decidido (ya sea por opción o falta de recursos) el mantenerse fieles a una línea y estilo. El caso es que desde Perseverance (2002) les venimos oyendo un metal rabioso, juvenil, cargado al hardcore y que desde Supremacy (2006) comenzó a incorporar con fuerza elementos groove. De ahí en adelante la verdad es que la fuerza siempre ha estado pero también la monotonía, encontrando altos y bajos durante estos quince años en idénticas proporciones. Ahí, un álbum como The concrete confessional (2016) aparece como lo mejor que han grabado en dicho período. Cuatro años atrás sonaron tan furiosos as usual pero particularmente inspirados, publicando un álbum tan sólido que incluso a día de hoy sigue sonando como el trabajo definitivo de Hatebreed. Tras alcanzar dichas cotas, en esa dirección solo se podía bajar el nivel, que es lo que ha ocurrido con este Weight of the false self, un disco que sin ser malo de plano inevitablemente trae a la mente el cliché del "más de lo mismo" y deja la sensación de que todo lo que oímos en el lo podemos encontrar en otros trabajos de la banda trabajado de igual o mejor forma. 

Los condimentos están todos, un Jamey Jasta que vocalmente se deja una vez más la garganta y una banda que acelera a fondo desde su partida a cargo de 'Instinctive (Slaughterlust)', metiendo mucha fuerza, velocidad y pesados riffs que van marcando las estructuras, el problema es que desde ahí se van sucediendo fórmulas muy similares y que a instantes suenan demasiado simples, como ocurre en 'Let them all rot' o en 'Weight of the false self' (la canción), las cuales sostienen su peso en la repetición insistente de un coro. En la primera, por ejemplo, se insiste en un "Give them what they want / New ways to die / Pile all the heads / Pile them hight" mientras que en la segunda se machaca con la contagiosa "If you wan to make a difference in the world it means / You have to be different from the world you see / Free your self from burdens that you know exist / Don't carry the curse of the fatalist...". Otro conflicto aparece con la similitud de los fraseos (nada nuevo por cierto en Hatebreed, que otros álbumes también han pecado en lo mismo), donde una canción como 'Set it right (start with yourself)' suena tan genérica que carece totalmente de identidad, y ni hablar de las temáticas, muchas en torno al tema de mirarse al espejo a eso de que "el cambio empieza por uno" pero abordado con letras demasiado básicas y obvias. 

Se agradece la aceleración que regalan en el cierre de 'A stroke of red' seguida de la hardcore 'Dig your way out', que te sacan del letargo en el que el álbum venía cayendo tema tras tema, también los solos melódicos que incorpora 'Cling to life'  sin embargo, es poco esto para 35 minutos en general bastante monótonos, pese a que, insisto, la fuerza en las ejecuciones está. 

El álbum sabe a poco, sobre todo considerando desde donde venían (quienes no lo han oído, les recomiendo vayan por ese The concrete confessional), dejando la sensación de que aquel gran paso de 2016 fue más bien una excepción a la regla para una banda que a día de hoy continúa sin asentar definitivamente su nivel. Buenísima portada eso si.

¿Canciones? 'Weight of the false death', 'Cling to life', 'A stroke of red'.

5 / 10
Nada muy especial