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domingo, 23 de julio de 2017

30 Años De... U2: The Joshua Tree (1987)


¿Con qué características debe contar un álbum perfecto? Enunciemos: dos o tres himnos, digamos, aquellas canciones absolutamente incontestables, un par de éxitos masivos e inolvidables, una medianía de canciones que dejen la sensación de jamás bajar el nivel, un conjunto de líricas que entreguen ideas interesantes, un vocalista que logre impregnar un determinado sello en sus interpretaciones, una banda en estado de gracia y una producción capaz de hacer lucir de buena forma dicho estado. Y bueno, todas estas variables se conjugaron en 1987 con U2, una banda que venía en ascenso y que en 1984 ya había golpeado fuerte la mesa con The unforgettable fire pero que tres años más tarde se metería definitivamente en la historia con The Joshua Tree, su fabulosa obra cumbre

Musicalmente The joshua tree se entiende como un álbum que aterriza la experimentación desarrollada tres años atrás en The unforgettable fire. En ese sentido, el de 1987 es un álbum que deambula entre el mesianismo y la crudeza, pero que salvo pequeños chispazos no entrega demasiado espacio a los excesos, sonando de esta forma más compacto y sólido que su antecesor. Es un álbum pensado al detalle, donde varias cabezas estuvieron detrás de lograr el sonido perfecto (Brian Eno y Daniel Lanois principalmente), el cual tras largos períodos de locura pudo conseguirse.

Pero vayamos a la música. Abre el disco, una melodía en ascenso señala el rumbo, el rasgueo de la guitarra de Dave Evans (a.k.a The Edge) comienza a pronunciarse para que tras unos cuantos segundos la banda entre en pleno. Es 'Where the streets have no names', un himno, una de las canciones más fabulosas en la carrera de los irlandeses, un tema que por si solo merecería una reseña y que por cierto, nos deja de entrada muy arriba. Curiosamente, en lugar de mantenernos en la cresta de la ola y entregarnos un tema de rock directo ('In god's country', por ejemplo), la banda a continuación opta por bajar las revoluciones, primero mediante el personal medio tiempo 'I still haven't found what I'm looking for', una canción de arreglos muy simples pero que destaca gracias a la interpretación y letra de un Bono conmovedor ("He hablado con la lengua de los ángeles / He tomado la mano del diablo / Era cálida en la noche / Yo estaba frío como una roca / Pero aún no encuentro lo que andaba buscando..."), y luego con la fabulosa balada 'With or without you', canción marcada por el bajo de Adam Clayton y que poco a poco comienza a ganar fuerza hasta acabar orgásmicamente con múltiples explosiones para nuevamente finalizar sobre la calma. Por cierto, los tres temas más contagiosos del álbum ya han sonado por lo que desde acá queda comprobar si el resto logra sostener el nivel.


Un viaje a centro américa influenciaría a Bono a escribir 'Bullet the blue sky' , uno de los temas más políticos en la carrera de la banda, con directas alusiones a la guerra y un sonido marcado (nuevamente) por el bajo de Clayton, una batería de Larry Mullen Jr. que desde los tiempos de 'Sunday bloody sunday' no era así de protagonista y, por supuesto, la fantástica guitarra de The edge, que interrumpe brusca pero acertadamente el relato del vocalista en un par de momentos. La primera parte del álbum finaliza con la sensibilidad de 'Running to stand still', que con sus referencias al mundo de las adicciones se transformaría en otra de las tantas joyas ocultas en la discografía de U2

La cara B del disco abre con una dupla incontestable, dos temas aparentemente menores que vienen a demostrar la grandeza de The Joshua Tree, me refiero a la soberbia 'Red hill mining town', cuyo peso reside completamente en la emocionante interpretación de un Bono que va al límite de su registro, e 'In god's country', con unos guitarrazos inolvidables sobre los que danza una hermosa letra que consagra al Bono letrista ("Los ríos corren pero pronto se secarán / Necesitamos nuevos sueños esta noche..."). Nos acercaremos al final con 'Trip through your wires', el tema más estadounidense del trabajo y otra muy política, 'One tree hill', que es toda poesía (con cierre en tono de oración gospel incluido) para acabar definitivamente este viaje con la oscuridad de 'Exit' y el lamento 'Mothers of the disappeared', dedicada a las madres cuyos hijos o familiares desaparecieron durante distintos periodos dictatoriales ocurridos en Latinoamérica durante los años 70's. 

The Joshua Tree es U2 en estado de gracia. Un álbum perfecto en donde cada canción es un mundo, una historia y que en materia de composiciones encontró a una banda inspirada, capaz de conjugar potentes melodías, cargadas de carácter, con momentos igual de crudos. El disco marcaría por cierto un antes/después para los irlandeses, quienes a partir de acá abrazarían una vocación masiva, de grandes estadios, que hasta el día de hoy los ha marcado. Encuentran así el reconocimiento definitivo y la consagración, desde acá les tocaría re inventarse en el éxito, lo cual no sería fácil tarea, en 1989 tropezarían con Rattle & Hum, aunque aquello será motivo de una futura reseña...

5.0 // Obra maestra 

Otras reseñas de U2:

miércoles, 19 de julio de 2017

Decapitated : Anticult (2017)


En 2004, con la salida de The negation, los polacos Decapitated se consolidaban como una realidad potente dentro del death técnico, cierto giro comenzó a evidenciarse en Organic hallucinosis (2006) pero fue el lamentable accidente de 2007 y la muerte de Witold "Vitek" Kieltyka (baterista y creador junto a su hermano Waclaw "Vogg" Kieltyka de la banda) aquello que evidentemente marcó un punto de no retorno para la agrupación, la cual hoy funciona más bien como un proyecto en solitario de Vogg en lugar de un colectivo creativo. El retorno en 2011 con Carnival is forever así lo hizo ver y las dos entregas posteriores han refirmado aquel camino, el de un metal mucho más cercano al groove de Sepultura y en general más simple en términos compositivos, con estructuras reconocibles y un sonido tan violento como directo. Nada de lo mencionado por cierto debería mover a engaño: Anticult es, en lo suyo, un gran disco, solo que deja la sensación de solo ser "un (muy buen) disco más". 

A destacar el que sean solo ocho canciones. Insisto en la idea de que los buenos discos de música extrema no deberían sobrepasar dicha cifra, más de 50 minutos de complejidad (en cualquier estilo dicho sea de paso) solo produce redundancia. El caso es que Anticult al ser un trabajo preciso logra apuntar a la médula con cada una de sus piezas, comenzando por 'Impulse', seis minutos que entran de a poco, con una intro oscura e instrumental como era de esperar para luego incorporar cambios estructurales, bastante velocidad y gancho. 'Impulse' posee elementos progresivos interesantes, sin embargo, esta dará paso esta a una seguidilla de temas que funcionan en una linea bastante monotemática entre si, es decir, un metal absolutamente desenfrenado y bestial, ni más ni menos. Ahí 'Deathvaluation', 'Kill the cult', 'Anger line' o 'Earth scar' no regalan segundo de tregua con un blast beat incesante, interpretaciones vocales notables por parte de Rafael "Rasta" Piotrowski y guitarras afiladísimas que mantienen vivo el legado del eterno Dimebag Darrell. Cabe destacar acá la producción del álbum que permite disfrutar del sonido a mucho gusto marcando un importante punto a favor. 

Algunos matices en términos de dinámica y estructura marcaran 'One-eyed nation', 'Never' o el exquisito cierre instrumental a cargo de 'Amen', pero nada fundamental, las cartas acá han sido lanzadas sobre la mesa, estamos frente a un muy buen álbum de metal inyectado directo a la vena pero que aleja definitivamente a la banda de las lineas experimentales y técnicas de sus inicios. 

3.5 // Muy bueno!

domingo, 16 de julio de 2017

20 Años De... The Cure : Wild Mood Swings (1996)


(21 en realidad, pero que más da!)

Debería crear una nueva categoría en mi blog, la de los "discos despreciados". Y es que, ¿habrá algún grande de la música que no tenga uno de aquellos álbumes en sus filas? Aquel disco odiado en su momento por fans y/o crítica y, con el paso del tiempo, ignorado incluso por la propia banda. Ciertamente los años noventa se prestaron para lanzar "bichos raros", fue una década en donde la experimentación estuvo permitida y los fantásticos The Cure no quisieron ser menos realizando malabares en el aire sin malla de protección bajo ellos. El resultado fue injustamente crucificado, calificado de comercial y vacío. El caso es que el mundo no le perdonó a Robert Smith que, tras un álbum como Wish (1992), decidiese sonreír. Y es que los íconos de la tristeza y la melancolía no tienen derecho a ser felices ni a sonar livianos, no?  

Cabe reconocer el que la banda colaboró con la tirria que muchos le agarraron a Wild mood swings al decidir trolear a sus fans con 'The 13th', la extraña pero fascinante carta de presentación con que contó el álbum. Debemos recordar que veinte años atrás el mundo de la música era otro. Las aguas no se movían como en la actualidad, donde las bandas presentan sus discos a goteos adelantando una canción cada dos semanas vía YouTube. No. En los noventas el single llegaba con bastante anticipación al lanzamiento del álbum, el tema rotaba en canales de videos, en radios y aquello era todo lo que teníamos por tres o cuatro meses. De ahí que una canción donde sonaban trompetas e incorporaba ritmos latinos en su sonido, eso además de contar con una letra juguetona que entregaba un carisma inédito a un alegre Robert Smith (?), dejase a muchos en modo poker face. ¿Es que el nuevo álbum de The Cure será un disco de bachata? - se preguntaron espantados algunos. Lo cierto es que el adelanto promocional del nuevo álbum de The Cure exigía cierta apertura de mente. Pronto descubriríamos que, si bien 'The 13th' es la única canción que coquetearía con el cha cha cha, otras también se moverían en los mismos tonos optimistas.


El título del álbum ('Salvajes cambios de ánimo') me parece resume de manera perfecta el constante vaivén que nos encontramos en los catorce temas que lo componen. El principal ingrediente del disco es el optimismo, de eso no hay duda, ahí temas como 'Mint car' ("El sol está arriba, estoy tan feliz que podría gritar..."), la romántica 'Strange atracttion', 'Round, round & round' o 'Return' se enmarcan (junto a 'Friday I'm love' por supuesto) entre lo más dulce y alegre que ha compuesto Robert Smith en toda su carrera. 

Sin embargo, junto a estas conviven ciertas alusiones al mundo de las adicciones, excesos y la depresión, en esa linea funcionan la extraordinaria 'Want' (una de las canciones más viscelares en la carrera de The cure), 'Gone' , la contundente 'Club America' o 'Numb' ("Cansado de todo eso, irremediablemente hecho pedazos, él finalmente cae..."). Todo este ir y venir es amenizado (?) por una serie de baladas marcas de la casa, como 'This is a lie', 'Jupiter crash', 'Treasure' o 'Bare', cada una de ellas impecables y embalsamadas de melancolía.

Quizás el principal fallo con que cargó Wild mood swings fue el de proyectar cierto grado de confusión en su linea compositiva. El álbum danza entre temas densos y otros en exceso livianos, los cambios son bruscos y aquello probablemente no acabó de convencer a gran parte de los auditores. Sin embargo, dejando los prejuicios fuera, me parece que el puñado de canciones que The cure acá entregó funciona, el experimento se deja escuchar sin problemas y nos regaló de paso canciones únicas en la discografía de la banda. A más de veinte años de su lanzamiento vale la pena volver a darle una oportunidad a un disco que brilla por su singularidad. 

4.0 // Excelente!

lunes, 10 de julio de 2017

Stone Sour: Hydrograd (2017)


Entre matrimonio y amante se ha estado moviendo Corey Taylor durante la última década. Y es que cuando todo pareció indicar que la llama de Slipknot se había consumido por completo (digamos, pasando 2008), el destacado vocalista decidió volcar sus energías sobre su proyecto de hard rock melódico, es decir, Stone Sour. En ese contexto que llegaron a nosotros los volúmenes 1 & 2 de House of gold and bones (en 2012 y 2013 respectivamente), los cuales entregaron uno que otro momento agradable pero siendo francos, más allá de poder disfrutar del tremendo desplante vocal de Taylor, el asunto no llego. El caso es que tras cuatro años de silencio vuelve Stone sour , precedido (¡era que no!) de una serie de declaraciones en donde el buen Corey aseguraba estaríamos frente a su mejor álbum desde el debut de Slipknot , lo cual, evidentemente no ha ocurrido...

Tiene sus momentos este Hydrograd, sin embargo, continúa pecando en su falta de sorpresa. Stone sour es Corey Taylor deambulando constantemente en el agresivo/melódico, enmarcando su música en estructuras tradicionales (estrofa/puente/coro), y de ahí no sale. Funcionan los aires a Metallica con que cuenta 'Taipei person /Allah tea', la oscuridad de 'Knievel has landed' o 'Hydrograd' (la canción), probablemente mi favorita álbum, pero entrando en el cuarto o quinto tema la verdad es que el álbum se entrampa en un rock & roll predescible y que pese a su diversidad (se suceden temas muy veloces como 'Fabuless' con medios tiempos agradables como 'The witness trees'), la sensación que tengo todo el tiempo es la de estar frente a un disco trabajado en un laboratorio. 

El sexto álbum de Stone sour no está mal, nos deja dos o tres canciones destacadas más un puñado de correctas melodías, en términos individuales superar a cualquiera de los dos anteriores discos de la banda pero en el global continúa sin sostenerse completamente, eso además de reiterar lugares comunes una y otra y otra y otra vez...

3.0 // Bueno, cumple.

Otras reseñas de Stone Sour:

viernes, 7 de julio de 2017

Roger Waters : Is This The Life We Really Want ? (2017)


Si hilamos fino y analizamos lo ocurrido con Pink Floyd (o sus restos) en la etapa post The wall (1979), me parece no existe comparación alguna entre lo realizado por Roger Waters y David Gilmour. Mientras este último prácticamente no ha parado de crear y regalarnos momentos tras momentos, Waters se dedicó durante tres décadas a vivir del recuerdo, a jactarse de su condición (auto impuesta) de genio (?) y discursear verborrea política por distintos lugares del mundo. Pero de música, poco y nada. De hecho, cuando se le acabaron las palabras comenzaron las giras forzadas de aniversario (Dark side of the moon y The wall), y los intentos descarados de reunir a Pink Floyd unicamente con fines comerciales. Agradezcamos el que David Gilmour conoce la palabra dignidad, ya que, si de Waters unicamente hubiese dependido, seguramente la marca Floyd habría sido prostituida al nivel de lo realizado por Brian May y Roger Taylor con Queen

De mi párrafo inicial se desprenderá la idea de que Roger Waters no es un personaje que me resulte particularmente agradable, sin embargo, nobleza obliga: su nuevo disco es extraordinario. Y no hay más. ¿Qué recurre al auto plagio en varias ocasiones? Claro. ¿Qué hay temas que utilizan elementos Floyd casi en un copiar/pegar? Si. Pero seamos francos, ¿vamos a negar que la música hoy en día no es más que un constante refrito de ideas desarrolladas en el pasado? Y en esa linea, Waters no ha hecho más que recurrir a lugares comunes de su ex banda, condimentar con reflexiones actuales y dotar a la música de su clásica teatralidad para entregar así un producto que se mueve entre el soberbio y el notable todo el tiempo.

Nos encontramos así frente a un disco de tono tranquilo, a ratos dulce, a ratos triste y a ratos rabioso. El caso es que en todo momento funciona. Abre muy abajo en revoluciones con la preciosa 'Deja vu' + 'The last refugee' para luego explotar con la fantástica 'Picture that', el primer momento rock del álbum, el primero también que inevitablemente lleva a pensar que junto a la guitarra y voz de David Gilmour esto podría haber abarcado proporciones históricas. Bajará el álbum (las revoluciones, no el nivel) nuevamente con las acústicas 'Broken bones' + 'Is this the life we really want?' (la canción) para luego abrazar la psicodelia en 'Bird in a gale'. En la recta final aparecerá la dulzura de 'The most beautiful girl' seguida por los teclados + bajo que marcan la pasada por 'Smell the roses', otro momento absolutamente brillante del disco, para cerrar este viaje en calma con 'Wait for her' y 'Part of me died'. 

Veinticinco años se tomó Roger Waters para entregar un trabajo inédito. Tal parece que el escenario mundial actual, elección de Donald Trump incluida, lo han motivado finalmente para dar que hablar desde lo musical, lo cual en lo personal me pone feliz, creo que la figura de Waters se merecía un álbum de este nivel, un disco que lo vuelve a re ubicar como un compositor relevante. Is this the life we really want?, por su nivel tanto lírico como musical estará sin ninguna duda entre lo mejor que oiremos en este 2017, y ojo que lo afirma un declarado "no fan" del artista. 

4.0 // Excelente !