miércoles, 13 de diciembre de 2023

Kvelertak : Endling (2023)

 "Pierden contra si mismos..."

Este año tuvimos álbumes de Haken, Baroness, Code orange y Kvelertak, todas ellas bandas que cuentan con un nexo transversal: en sus respectivos campos de acción han representado una luz de esperanza para el mundo del rock y/o metal durante los últimos quince años. Todas también se han mantenido en constante búsqueda y esa toma de riesgo conlleva en ocasiones el no encontrar el camino, no dar con la tecla, que es lo que en cierto modo le ha ocurrido a Kvelertak en este Endling, sin que esto lo convierta en absoluto en un mal álbum pero si en uno que a momentos deja cierto gusto a poco. 

En su quinto trabajo, el segundo con Ivar Nicolaisen en voces, los noruegos no intentan emular a sus inicios (como si intentaron en Splid en 2020) pero tampoco encuentran inspiración suficiente como para impactarnos con el tándem black & roll como hicieron en el brillante Nattesferd (2016), si no más bien nos dejan una mezcolanza que a momentos apunta a la efectividad, en ocasiones roza el pop, también propondrá atmósferas algo más complejas pero jamás al nivel que en el pasado la misma banda logró.

Uno de los principales problemas con que cuenta Endling es que abre y cierra sin convencer. La partida la da 'Krøterveg te helvete', con una introducción de tres minutos que va calentando el plato lentamente sin jamás dejarte claro por donde acabará yendo, lo cual es positivo pues aporta un elemento exquisito de incertidumbre al sonido, luego entrarán los guitarrazos a la ACDC, la batería redoblando e Ivar en pleno. Todo parece ir bien, sin embargo la canción a ratos se pierde en medio de una melodía inofensiva que termina entregando menos de lo que prometía. Es casi como si la banda no supiese a donde quiere ir, sucediendo estrofas sin ton ni son, algo similar a lo que ocurre en el cierre con los casi ocho minutos de 'Morild', donde la banda se propone directamente entregar el tema más complejo del álbum pero se enreda en el camino y acaban agotando sin jamás alcanzar cotas de gran intensidad. 

Dicho lo anterior, el núcleo del álbum andará bastante mejor, yendo más al grano con los temas, siempre de la mano del tradicional black & roll que desarrolla la banda. El tridente 'Fedrekult' + 'Likvoke' + 'Motsols' intenta imponerse con su velocidad, yendo más al hueso con los guitarrazos, con variaciones de intensidad que funcionan, incorporando coros contagiosos y a un Ivar que se desgarra en las vocalizaciones. Todo esto será factor común a lo largo del álbum, el single 'Endling' (con el bajo como absoluto protagonista) es rock que roza el pop (están muy Baroness en esta, sobre todo con esos exquisitos momentos a dos guitarras), uno que seguro espantará a muchos pero no por eso se convierte en una mala canción (y ojo que por acá puede vengan los tiros a futuro para la banda, sobre todo cuando Ivar se vaya quedando sin garganta), 'Svart september' abrirá con una intro acústica/folk para luego desenfundar rock and roll en estado puro, mientras que ´Paranoia 297' es solo efectividad y 'Døgenniktens kvad' les acercará a las atmósferas más oscuras de todo el trabajo. 

A destacar también algo como 'Skoggangr', una de las más interesantes del trabajo con la épica que intenta transmitir en su tono de himno y una estructura marcada por el bajo + un golpeteo de batería que pareciese invitarnos al campo de batalla. Todo un curioso acierto. 

El peor problema con que carga un disco como Endling es que lo ha compuesto Kvelertak. Las comparaciones son odiosas y el disco sucumbe ante el paralelo con cualquier antecesor de la banda, no porque sea un malo de plano si no porque las direcciones acá no parecen estar del todo claras, y cuando lo están tampoco es que te vuelen la cabeza. Me explico, cuando la banda saca el pie del acelerador no lo hace con la genialidad lograda en Nattesferd (no hay acá un '1985' ni una pieza extensa magnífica como 'Heksebrann') y cuando se desatan no se acercan a sus dos primeros álbumes, ni siquiera a Splid (2020). El tiempo dirá si los noruegos han firmado el comienzo del fin o el inicio de un nuevo ciclo glorioso, lo cierto es que aún con sus fallos, nos han entregado una experiencia sólida y que solo luce pálida en la comparación con ellos mismos. 

¿Canciones? 'Fedrekult', 'Likvoke' y 'Skogganrgr'.

7/10
Muy bueno.


Otras reseñas de Kvelertak:

lunes, 11 de diciembre de 2023

Carnifex: Necromanteum (2023)

 "Insinuaciones..."

Uno de los bastiones del deathcore está de regreso. Mucho tiempo no ha pasado, sin embargo, desde el sólido Graviside confessions (2021) por lo que como era de esperar, este nuevo Necromanteum llega dispuesto a sostener el camino que la banda viene trazando desde World war X (2019), desarrollando un metal veloz y agresivo entre canciones que transmiten buenas dosis de oscuridad y desesperación, siempre de la mano del tándem compuesto por Shawn Cameron en batería + Scott Lewis en voces, quienes han colaborado en la producción con Jason Suecof (que ya les ha acompañado en varios discos). Y bueno, a juzgar por el resultado, juntos han querido mantener el sello característico de Carnifex marcando cierto matiz en el elemento sinfónico, el cual había estado presente en álbumes anteriores de la banda pero acá evidentemente se encuentra más intencionado.

Lo dicho se aprecia de inmediato tras dar play al álbum, emerge 'Torn in two' y la bestialidad característica de Carnifex con esos violentos cambios estructurales se hace presente, pero lo dicho, que el retoque viene marcado por las atmósferas siniestras entre estrofas que busca generar el uso de teclados, algo similar a lo que intentarán desarrollar en 'Necromanteum' (la canción), donde los aires e influencia de Cradle of filth se vuelven bastante presentes. Entre estas sonarán cosas como 'Death's forgotten children' o 'Crowned in everblack' que no están mal pero si tiran del piloto automático por lo que inevitablemente se vuelven algo monótonas, cosa que no ocurre con 'The pathless forest', donde la banda retoma la diversidad, variando intensidades y armando pasajes sinfónicos, elemento que vuelven a explotar de manera gloriosa en algunos momentos de 'How the knife gets twisted', seguramente el tema más interesante (más no el mejor) en todo el álbum al conjugar momentos brutales con otros marcadamente melódicos. Por cierto, la pregunta es inevitable: ¿por qué no se permiten extender el solo más allá de quince míseros segundos? Incomprensible. 

Ese ida y vuelta entre lo sinfónico y un deathcore de manual acaba por ser el mayor pro y contra con que carga un disco como Necromanteum ya que la banda cuando se atreve a salir de la caja insinúan la capacidad de expandir su sonido de buena forma, como ocurre en la recta final en 'Infinite night terror' o en ese épico cierre a cargo de 'Heaven and hell all at once', sin embargo, salvo contados momentos Carnifex todo el tiempo parecen sonar encorsetados, como si no se atreviesen realmente a ir por más y temiesen romper con el deathcore, una etiqueta que da la sensación comienza a quedarles pequeña. ¿Otro ejemplo de lo mismo? 'Bleed more'. 

Por ahora la banda continúa regalando buen nivel e insinuando un crecimiento que es de esperar se decidan definitivamente a consolidar a futuro en lugar de insistir en estas medias tintas. 

¿Canciones? 'Infinite night terror', 'How the knife gets twisted' y 'Heaven and hell all at once'

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Carnifex:

sábado, 9 de diciembre de 2023

Dying Fetus: Make Them Beg For Death (2023)

 "Sin sorpresas..."

Bien sabemos a la hora de darle play a un álbum de Dying fetus por donde irá la cosa: un brutal death metal bien afilado dispuesto a aplastar nuestras cabezas. Y esto es precisamente lo que los norteamericanos pretenden entregarnos con su noveno álbum, por lo que la valoración de un disco como este dependerá básicamente de las expectativas del auditor pues acá no hay novedades respecto a sus antecesores inmediatos, al punto de que parece dar lo mismo ponerse el Reign supreme (2012), el Wrong one to fuck with (2017) o este nuevo disco, todos los álbumes parecen disparar con intensidad similar al mismo lugar. 

Nuevamente nos encontramos por tanto con diez canciones que rondan en total los cuarenta minutos de duración, una lista que digámoslo con claridad y desde ya: no falla. Porque puede que de mis palabras se deduzca el que estamos ante un mal disco siendo que no es así. Make them beg for death (by the way, de gloriosa portada) contiene todos los elementos que se le piden a una leyenda como Dying fetus, el problema es que todo se encuentra exactamente en su lugar, sin aderezos particulares, por lo que la sensación es la de estar sentado ante un plato exquisito pero que ya has comido antes tantas veces que no logras disfrutarlo como corresponde. 

De esta manera, el disco abrirá con efectividad mediante 'Enlighten through agony', donde encuentras velocidad, doble bombo, guitarras afiladas y un John Gallagher a tope, es decir, todo lo que quieres oír en un álbum de Dying fetus, el problema es que si te saltas gran parte del álbum y te vas a la recta final, pones algo como 'Raised in victory / Razed in defeat' seguida de 'Hero's grave', y no encuentras mayores diferencias. La fórmula "momento lento/pesado + aceleración" es recurrente acá, también aparece en 'Compulsion for cruelty' o 'Feast of ashes', entregando una sensación de constante deja vu. ¿Qué es el sello de la banda? Seguro. Pero lo cierto es que este trabajo lo puedes oír en orden aleatorio, alternarlo con canciones de otros discos (insisto, los de la última década) y no notas el salto, el paso del tiempo, el crecimiento que entrega la madurez, lo cual no es buena señal. 

He disfrutado de todas maneras el minuto cuarenta de brutalidad que entrega 'Throw then in the van' o algo como 'When the trend ends', que se acerca al groove metal aportando un pequeño momento de diversidad que se agradece. ¿Y el resto? Técnico, despiadado, bien ejecutado pero demasiado cuadrado y estructurado. Una máquina bien pulida pero que carece de sorpresa. 

¿Canciones? 'Enlighten through agony' y 'When the trend ends'.

6,5 / 10
Cumple y algo más...

martes, 5 de diciembre de 2023

KK's Priest: The Sinner Rides Again (2023)

 "Plato recocido..."

No hay demasiadas sorpresas respecto a lo que K.K Downing y cía plantean en su segundo álbum. Tampoco habría porque esperarlas considerando el poco tiempo entre el debut y este trabajo, pero sobre todo porque la propuesta que el guitarrista trae bajo el brazo es conocida: desarrollar un heavy metal afilado que todo el tiempo tiene en mente el competir con su ex banda. Y no hay mucho más. 

Desde los títulos, conceptos hasta el sonido, prácticamente todo lo que oímos en estos cuarenta minutos de música posee reminiscencias a Judas priest. En dicho camino, hay ocasiones en que el asunto recurre al auto plagio con descaro, ¿y es que alguien podría negar la evidente similitud entre una canción como 'Rip of the whirlwind' y 'Freewheel burning'? ¿U omitir el evidente guiño en el título de 'One more shot of glory' (mecanismo al que ya habían metido mano bastante en el debut de 2021) así como lo hermanada que está en su sonido con 'Pledge your souls' al punto de que podrías intercambiar secciones entre ambas sin marcar diferencia alguna?. Y si bien estos asuntos los disculpamos en el debut, porque (digámoslo con todas sus letras) había ganas de ver hasta donde era capaz K.K Downing de llevar la sangre, para este segundo álbum el conjunto huele a plato re cocido. 

De todas maneras habrán momentos en que la banda, en su afán de transmitir la dureza de un sonido que, supuestamente, Judas priest ya no pueden entregar, regalan pasajes notables. Ahí tienes esa (soberbia) partida a cargo de 'Sons of the sentinel', con un Tim Owens imitando a Rob Halford en sus mejores tiempos vocales (era Painkiller) y un solo de guitarras que saca aplausos o la lograda épica de 'Keeper of the graves'. Ahora, de igual forma, habrán también momentos en que se plagian a si mismos o nos cuelan derechamente relleno en piloto automático, me refiero a 'Hymn 66', 'The sinner rides again' o 'Wash away your sins', tres canciones que parecen ser demasiado cuando un disco tiene solo nueve. 

Como sea, KK's priest entregan acá un conjunto bien ejecutado, potente, de producción pulcra y que nuevamente convencerá a quienes están buscando este tipo sonido, sin embargo, ya con el factor sorpresa fuera de la mesa el trámite evidentemente pierde (bastantes) puntos. 

¿Está en su derecho K.K Downing de utilizar la marca Judas priest para mantenerse en gira? ¡Por supuesto! No será el primero ni el último en meter mano a un legado del que fue parte importante en el pasado, sin embargo, también estamos en derecho los auditores de buscar cosas más interesantes de oír. O al menos, más honestas. 

¿Canciones? ''Sons of the sentinel', One more shot at glory', 'Keeper of the graves'.

6,8 / 10
Cumple y algo más...


Otros discos de KK's Priest:
2021: Sermons of the sinner

lunes, 4 de diciembre de 2023

He Visto A... The Cure (30/11/23)

 "Autenticidad a prueba de todo..."

Con las noches junto a Beck y Pet shop boys aún en el cuerpo me dispuse a presenciar a The cure, el que en teoría sería el plato de fondo para esta gloriosa semana (pues si, fueron tres conciertos al hilo). Los ingleses habían debutado en Chile diez años atrás, en 2013, y aquella vez me lo perdí por lo que ahora no podía faltar. La cita era estadio de fútbol esta vez, es decir, cuarenta mil personas de capacidad, donde con diez a quince minutos de atraso de manera tranquila y sobria la banda apareció para abrir interpretando la inédita 'Alone' con un Robert Smith que decide pasearse por el escenario observando y saludando a la gente durante la extensa introducción, a la cual le sucederán tres hitazos dispuestos a encender motores: ´Pictures of you' + 'High' + 'Lovesong'. Desde ya la claridad del sonido llama positivamente la atención así como el estado vocal de Robert. Asuntos que con el correr del show solo incrementarían de nivel. 

Con el asunto en marcha, otra inédita y tremendamente melancólica: 'Nothing is forever', preciosa canción marcada por sus teclados (by the way, ¿el nuevo disco cuando?). Y desde acá, el show se armará por bloques, 'Burn' + 'Fascination street' inundaron de rock al estadio (¡impactante el sonido de ambas! afiladísimas las guitarras y un Jason Cooper enorme redoblando en batería), The head on the door (1985) fue conmemorado pues sonaron seguidas seguidas 'Kyoto song', 'A night like this', ´Push', 'In between days' y 'Just like heaven' (estas dos últimas muy agradecidas por el público con fervor) para luego hacer una pasada (la más espesa de toda la noche sin lugar a dudas) por sus primeros cinco años con canciones como 'At night', 'Play for today', 'A forest' + 'Shake dog shake', imposible no mencionar en estas el cuanto crecen en vivo respecto a sus versiones de estudio. Finalmente, la banda se retiró del escenario no sin antes haber traído de regreso las guitarras mediante una gloriosa versión de 'From the edge of the deep green sea' y nuevamente ir muy muy abajo con la inédita 'Endsong'.

A estas alturas del partido en lo personal me encontraba en shock, principalmente gracias al nivel del sonido. Me sentí absolutamente privilegiado de poder oír a una banda sonando a este nivel, tocando además lo que les da la gana tocar, desafiando constantemente al público y mostrándose siempre auténticos, algo que no cambiaría en el primer regreso de la banda al escenario, nuevamente con un tema inédito, 'It can never be the same', para luego regalar una maravillosa versión de 'Want' (el único tema que suelen interpretar del ijustamente denostado Wild mood swings de 1996), la atmosférica 'Plainsong' y otra eléctrica, 'Disintegration'. 

Tras una nueva salida del escenario llegarían las concesiones con el público y una seguidilla de hits dispuestos casi a modo de disculpas con una audiencia que se mostró paciente con cuanto gusto Robert Smith quiso darse durante las dos horas previas. Sonaron 'Lullaby', una juguetona 'The walk', 'Friday I'm in love', 'Close to me', 'Why can't I be you', y 'Boys don't cry', donde la gente cantó, sacaron los celulares, grabaron y bailaron, cerrando un show bien arriba en cuanto a ambiente. ¿Qué faltaron canciones? ¡Seguro! 'Hot hot hot' se habría agradecido en esa recta final, y cosas como 'A letter to Elise' eran un sueño que sabía era difícil de cumplirse, sin embargo, cuando una banda se entrega de esta manera, con tamaña autenticidad y nivel no puede haber queja posible. Otro sueño cumplido. Puedo morir en paz, vi a The Cure en plenas facultades.

Sonido: 10 (los momentos eléctricos fueron impresionantes)
Interpretación: 10 (Robert cantando a un nivelazo, no eludió ninguna nota. El resto de la banda ni hablar...)
Puesta en escena: 9 (Sobrio, pero el uso de la iluminación sumaba)
Complementos: 9 (las dos pantallas eran amplias y seguro facilitaron la visión de mucha gente que desde cancha veía cero. La pantalla tras la banda, sin embargo se encontraba tapada por elementos de la iluminación, lo cual entorpecía algo la visual).
Lista de temas: 10 (hubo repaso por todas las eras de The Cure, desde lo más antiguo hasta cuatro temas inéditos. Repertorio diverso y valiente).

9,6 / 10
Inolvidable.


sábado, 2 de diciembre de 2023

He Visto A... Pet Shop Boys (29/11/23)

 "Absoluta elegancia..."

Con el cuerpo aún conmovido por lo vivido veinticuatro horas atrás junto a Beck (yeah, la noche siguiente también tenía concierto) partí al Movistar Arena dispuesto a disfrutar con el synth pop de Pet shop boys. Esta vez era en un recinto completamente diferente (tres veces más grande, quince mil personas de capacidad) y también una ubicación distinta para mi, no iba a cancha sino que a una platea baja. Desde ahí, el primer bajón (intentaré explicar esto de la manera más didáctica posible, a ver si se entiende): lamentablemente mi ubicación mermó un tanto mi experiencia pues quedé ubicado en las butacas de atrás y el "techo" de la platea alta tapaba un tanto tanto mi visual como (y lo más importante) el audio, por ende, durante toda la presentación de la banda sentí que sonaba muy bajo, o digamos, no lo suficientemente alto. Y aquello lo sufrí con el comienzo del show. 21 horas en punto, Neil Tennant + Chris Lowe hacen presencia y ambos sin ningún apoyo dan la partida con el tridente 'Suburbia' + 'Can you forgive her' + 'Opportunities (Let's make lots of money)'. ¿El apoyo? Tras el dúo solamente una pantalla con ondas hipnóticas fluctuando y sobre el escenario hay poco movimiento, ambos integrantes de pie pero inmóviles, lo cual evidentemente es intencionado pero considerando el asunto del audio que me afectaba, que decir, la partida en lo personal me pareció algo débil. 

Fue recién con el cuarto tema, la versión de 'Where the streets have no names' (original de U2) y ese bis que hacen de 'I can't take my eyes off of you' (con el público en masa coreando el "I love you baby!"), cuando realmente sentí que la fiesta comenzó, me decidí a disfrutar a tope, bailarlo todo y olvidarme del tema del audio. Y bueno, desde ahí efectivamente el asunto no paró. Neil Tennant abandonó su rol robótico (Chris no, sabemos que con suerte gesticula) y ejerció de animador de la fiesta, por cierto, impresionante el que tras cuarenta años de carrera conserve intacto su textura vocal. Se sucedió luego un repertorio que hizo recorrido por toda la carrera de Pet shop boys, hitazos ochenteros como 'So hard', 'Left to my own devices', 'Domino dancing', 'What have I done to deserve it' o 'Always on my mind' intercalados con pasadas noventeras en 'Paninaro' (¡gracias!), 'Single/Bilingual' + 'Se a vida e' (se agradece el que recordasen un disco que quiero tanto como ese Bilingual de 1996) o 'New york city boy' (que fue una completa locura) + 'You only tell me that you love me when you're drunk' (en acústico) + 'I don't know what you want but I can't give it any more' del genial Nightlife (1999), y también algunos guiños a sus eras más recientes mediante 'Vocal' (exquisito desate electrónico), 'Monkey business' (de su más reciente álbum, por ende muy pocos la conocían) o 'Dreamland'. Entre tanto, la escenografía cambió varias veces y tres músicos de apoyo hicieron presencia (cooperando con percusiones) por lo que hubo mayor movilidad en el espectáculo.

Finalmente, una fría 'Go west' (no le dieron la fuerza me parece el tema ameritaba) y una ardiente 'It's a sin' (a esta si) comenzaron a anticipar el final, el cual llegó con una coreada 'West and girls' seguida de una emocionante 'Being boring', con un Neil absolutamente entregado al relato nostálgico respecto al paso del tiempo. 

¿Qué me faltó? Algo más de baile sobre el escenario. Hay temas que me parece lo ameritaban y en viejas giras el dúo ha metido bailarines al show. También una partida algo más eufórica y no tan fría. El resto, impecable. Un sonido exquisito, una sucesión de temas muy bien pensados que pusieron al público en total complicidad. Gran concierto por parte de una banda que no sabe del paso del tiempo.

Sonido: 7 (lo dicho, claro pero algo bajo)
Interpretación: 9 (Neil y la banda sonaron impecables. )
Puesta en escena: 8 (algo más de baile no habría venido mal)
Complementos: 9 (la pantalla cambió de lugar en varias ocasiones, se valora).
Lista de temas: 9 (el comienzo algo frio, solo eso)

8,4 / 10
Conciertazo.



viernes, 1 de diciembre de 2023

He Visto A... Beck (28/11/2023)

Un sueño hecho realidad. No podría calificar de otra manera lo vivido anoche junto a Beck y su banda. Veinticinco años llevaba esperando esto. El vocalista había venido pero siempre teloneando a otros (alguna vez a U2, a Blur o incluso a The police) y honestamente había perdido la esperanza de que viniese solo, por lo que en cuanto vi el anuncio meses atrás, pues no lo pensé un segundo. Nos merecíamos un show en solitario de Beck, donde repasase en extenso su diversa carrera y si a eso agregamos que este se realizaría en mi querido Teatro Caupolicán (el mejor recinto para vivir un recital en Santiago de Chile, digan lo que digan), que decir, las expectativas no podían estar más arriba. Finalmente llegó la fecha y aún con la ansiedad disparada a tope, el show estuvo por encima de lo esperado. Muy por encima.

El Teatro Caupolicán es un recinto pequeño, siete mil personas como mucho, por lo que donde te ubiques estás relativamente cerca del artista. En mi caso fui a cancha y tuve a Beck a dos-tres metros, lo cual me permitió evidenciar el primer punto a favor del concierto: ¡como lo vive el hombre! Efectivamente transmite ese bicho raro que es, con influencias de la música negra setentera sumado faceta folk/country. El caso es que a las 21.00 hrs en punto el artista apareció en escena: pantalón de cuero, chaqueta de tela + zapatos con plataforma. Un crack. 

La partida, sin embargo, se situó en otra dimensión. Beck entra caminando tranquilo al escenario, en completa paz y guitarra en mano sorprende a medio mundo con su versión de 'Everybody got to learn sometimes', coreada en masa por la multitud que sintió efectivamente que ese comienzo era un regalo del artista. Y desde ahí: la fiesta en pleno en un inicio cargado a clásicos noventeros como 'Devil's haircut', 'The new pollution' o 'Mixed bizness' + esas pasadas divertidas que fueron parte de Guero (2005) como 'Girl' o la contagiosa 'Que onda guero?'.

Vendrían luego momentos en donde el norteamericano suelta su faceta romántica/sexy en cosas como 'Nicotine & grave' o la soberbia 'Debra', instantes cargados a las guitarras que dieron espacio al exquisito pero subvalorado Modern guilt (2008) tocando 'Gamma ray', la seca 'Soul of a man' o la psicodélica 'Chemtrails' (con un juego de luces completamente ad hok), así como una pasada acústica que trajo al presente la melancolía del inolvidable Sean change (2002), del que sonaron 'The golden age' y 'Lost cause'. 

Finalmente y como era de esperar, la recta final trajo de regreso la dinámica, el baile y los saltos, yendo a lo que fue su simpático Colors (2018) mediante 'Dreams' + 'Up all night' para cerrar con clásicos de la talla de 'E pro', 'Loser' y 'Where it's at'. La respuesta del público fue de tanta complicidad con el vocalista que este, visiblemente agradecido, decidió volver al escenario e interpretar en acústico una versión de 'True love will find you in the end' de Daniel Johnson (una canción de 1984 por cierto), cerrando así un show de aquellos que no paran, un concierto intenso tanto desde lo físico como lo emocional. Experiencia inolvidable para mi...

Sonido: 9 (algo bajo, un detalle)
Interpretación: 10 (Beck se lo bailó todo)
Puesta en escena: 10 (La banda completamente entregada, con integrantes que en lo suyo interactuaban con el público de todas formas)
Complementos: 10 (pantalla e iluminación aportaron en cada tema con una determinada atmósfera).
Lista de temas: 10 (el comienzo fue un regalo, y desde ahí una fiesta que no paró excepto para algún respiro de baladas).

9,8 / 10
Inolvidable.

Un dato. El concierto está grabado completo desde primera fila. Lo dejo acá por si alguien desea verlo: