CREO QUE LA VIDA NO ES MÁS QUE UN CRUCE DE MÚLTIPLES VARIABLES. SIN EMBARGO, FRENTE A DICHA ALEATORIEDAD, LOS SERES HUMANOS TENEMOS EL PODER CADA DÍA DE CREAR O DESTRUIR. DE ENTREGAR O RETENER.Y ESTE SITIO ESTÁ DEDICADO A TODOS QUIENES HAN OPTADO POR CREAR, SEA DONDE SEA...
El death técnico ha estado de fiesta en este par de meses con el lanzamiento de los nuevos álbumes de los alemanes Obscura (si, ya se viene esa reseña) y de los canadienses Archspire, verdaderos próceres del género en la actualidad. Respecto a estos últimos, la tenían complicada tras un álbum como Relentless mutation (2017), soberbio en lo suyo y donde pareció verles tocar techo en términos de ejecución y composición. Para sorpresa (o no tanto en realidad) de algunos, estos tipos no parecen conocer de límites y en Bleed the future, su cuarto trabajo, han vuelto a dar con la tecla situándose como absolutos referentes de la música extrema actual.
En este sentido, basta darle play al disco para constatar de que hablo. 'Drone corpse aviator' es una bestialidad de canción donde la banda bebe del death clásico pero complementa con unas aceleraciones que sincronizan voz + batería + bajo a la perfección, no sin saber cuando detener el tema (1:42 y 2:30) para tomar aire durante treinta segundos y volver a descargar e incluso regalar un riff melódico exquisito a medio tema (2:02). De ahí en adelante, el álbum se moverá entre canciones breves (tres minutos y algo la mayoría) pero marcadas por un sonido violento, descargas incesantes y ejecuciones técnicas que impactan, con el mérito de saber matizar estas constantes aceleraciones con momentos de pausa e incluso calma, planteando un ir y venir plagado de exquisitos detalles en canciones como 'Abandon the linear', 'Bleed the future' o 'Acrid canon'. Esto a diferencia de 'Golden mouth of ruin' (¡Qué trabalenguas vocal madre mía!)o 'Drain of incarnation', mucho más directas y que introducirán pasajes a la estructura pero siempre en velocidad.
El álbum es breve, solo ocho canciones en treinta minutos de música, pero no necesitan más para desarrollar su demencial propuesta. Si es por buscarles algo habría que decir que con tres álbumes en la misma línea el factor sorpresa prácticamente ha desaparecido, dicho en simple: sabemos que esperar de Archspire y nos lo dan (en un nivel altísimo por cierto). El tiempo dirá si se asientan en este estilo que tan bien dominan o se atreven a ir por más, por ahora, han vuelto a anotarse con uno de los grandes discos de 2021...
¿Canciones? 'Drone corpse aviator', 'Abandon the linear', 'Bleed the future'.
Está claro que nunca Limp bizkit se tomaron demasiado en serio y jugaron siempre con eso, transformándose a fines de siglo pasado en el placer (en muchos casos culpable) de una multitud de adolescentes, al explotar la arista más popera del numetal, digamos, esa que hiphopeaba bastante, tenía mucho de tornamesa y poco de metal. Y bueno, los tipos duraron lo que duró aquella moda, tres o cuatro años, lanzando un par de discos en 1999 y 2000 donde se les vio sacando provecho de cuanto odio les cayó encima y metiendo algunos singles en el inconsciente colectivo, los cuales les han permitido a día de hoy mantenerse girando.
Diez años atrás les vimos regresar mediante Gold cobra (2011), donde lo intentaron en serio pero dados los pobres resultados al parecer no les ha quedado otra que reírse de ellos mismos mediante este Still sucks, donde evidentemente se han puesto el parche antes de la herida y desde el título + portada juegan con la idea de saber que "esto es una mierda". No dejan mucho margen a la crítica por tanto pues el disco parece estar intencionalmente mal compuesto, repleto de canciones pobres, cortas (el álbum completo dura poco más de media hora) y sin ningún hilo coherente.
Abren, por ejemplo, entre guitarras mediante 'Out of style' + 'Dirty rotten bizkit', que no están mal pero ninguna explota como corresponde, en 'Dad vibes' vaya que se tomaron en serio la adultez porque Fred Durst suena realmente anciano mientras que lo de 'Don't change' (original de INXS) es un espanto acústico totalmente fuera de lugar que no se entiende que pinta viniendo tras el hiphopeoa la B-Real (de Cypress hill) de 'Turn it up, bitch' (el único momento realmente divertido del disco).
El ir y venir sin sentido continuará repitiéndose a lo largo de todo el disco. Tributarán a Chino Moreno en los coros de 'You bring out the worst in me' mientras que 'Empty hole' será otra balada acústica donde las ganas ni siquiera les dieron para superar una estrofa + coro, terminando la canción cuando esta recién había comenzado (aunque se agradece el que la cierren, ya que era espantosa de mala). Lo mismo con 'Love the hate', 'Snacky poo' o 'Goodbye', aburridas como ellas solas y donde el asunto da para abandonar es con 'Barnacle', ese grotesco intento por emular a Nirvana (?) que no hace sino corroborar el que Still sucks es una ridiculez de álbum, intencional o no, ellos sabrán.
En definitiva, el álbum suena a humorada todo el tiempo, marcado por dedicatorias varias al hate contra la banda y canciones poco pensadas. Tiene uno que otro momento simpático (no más que eso) pero en general desprende esa idea de ser un disco de maquetas que no llegaron jamás a puerto, donde la misma banda confirma el que en 2021 es poco y nada lo que tienen por decir, salvo reírse de ellos mismos.
¿Canciones? 'Out of style', 'Dirty rotten bizkit', 'Turn it up, bitch'.
Lo de James si que es singular. Una banda que ni siquiera en su mejor momento (¿veinticinco años atrás?) logró meterse en una primera línea y quedó siempre marginada al segundo plano dentro de la escena británica noventera. Una agrupación de la que algunos recordarán uno que otro hitazo ('She's a star', 'Say something', 'Getting away with it', 'Tomorrow'), más ningún disco. Y si así les fue en su mejor momento ya desde 2000 en adelante ni hablemos. Lo cierto es que los de Tim Booth llevan quince años trabajando en el silencio, con álbumes menores bajo el brazo y de los que pocos se enteran, pero siguen ahí. Y justamente, en concordancia con todo lo antes dicho, es que seis meses lleva viviendo entre nosotros este disco, al cual quiero dedicarle algunas líneas. Nobleza obliga, y también el nivel...
En All the colours of you percibimos a una banda sosteniendo su bandera, nadando absolutamente a contra corriente de la actualidad mediante un conjunto de canciones poco y nada inmediatas, que centra sus fuerzas en las melodías (sencillas, sin demasiados adornos) y discurso, el cual desprende en general buen ánimo y positivismo. Nos invitan a vivir en 'Zero' ("Envejecemos como el vino... hasta que ya no") o a mantener la calma ante las inevitables pérdidas en 'Recover', mientras que en lo musical sostienen la tendencia a dejar de lado las guitarras (características en su sonido noventero) y continúan centrándose en los teclados, moviéndose bien en cosas como 'All the colours of you', 'Beautiful beaches' (que claramente emula en su estructura a 'Getting away with it'), en 'Whatever it takes', que agrada buscando la épica con su coro de multitudes o bien entrado el disco en 'Magic bus', donde incluso se atreven con la pista de baile.
Los pasajes más ambiciosos del disco se concentrarán en su primera mitad, donde varias de las canciones sobrepasarán los cinco minutos de duración, siendo la cara b la que albergará piezas más íntimas en 'Hush' o 'Miss America', o donde incluso se darán el gusto de entregar la canción explosiva de todo el trabajo, 'Isabella', para cerrar con un golpeteo de batería en primer plano en 'XYST', algo monótona eso si...
Algunos han caído en la tentación afirmando que All the colours of you es lo mejor que James ha editado desde su regreso en 2007, que trae de regreso la magia de la banda y bla bla bla. Puede ser. Para mi junto a La petite mort (2014) compite con lo mejor que han entregado en años. Lo que si es claro es que mejoran respecto a cualquiera de sus dos antecesores inmediatos, entrega un par de momentos altos + un conjunto grato. Se les oye vivos, y con eso nos conformamos.
¿Canciones? 'Isabella', 'Beautiful beaches' y 'Recover'.
Dentro de las mixturas que se desarrollaron en el mundo del metal durante la pasada década, una de las más interesantes resultó ser el llamado blackgaze, popularizado con fuerza en sus inicios por Deafheaven o Alcest pero trabajado posteriormente por bandas menos conocidas aunque igual de talentosas como es el caso de los daneses Møl. Desde hace unas semanas su segundo disco vive entre nosotros, en el cual alargan de buena forma la sombra que alcanzó su debut de tres años atrás Jord (2018).
En dicha línea y como punto de partida en cualquier reseña, la comparación con Deafheaven resultará inevitable para este tipo de bandas, y así seguramente ocurrirá durante varios lanzamientos posteriores de Møl, quienes conscientes del hecho han decidido marcar distancia con los norteamericanos abriendo el género hacia aristas donde la mixtura luce aún más natural y los pasajes black fluyen sin problemas hacia atmósferas de extrema belleza. Ocurre, por ejemplo, en mi favorita del álbum 'Serf', claro exponente de lo que este álbum pretende lograr, al menos en toda su primera mitad. En esta, tras una partida melódica irrumpirá la cabalgata black con Kim Song Sternkopf dejándose la garganta en cada estrofa, encontrando siempre un equilibrio perfecto entre fiereza y delicadeza, con un trabajo en batería que destaca. Una maravilla de canción que no necesita más de cinco minutos para anotarse entre los singles mejor logrados que habremos oído en este 2021.
Antes y después el álbum habrá encontrado otros pasajes notables, abriendo en 'Fraktur' con minuto y medio instrumental en ascenso para luego reventar entre rugidos furiosos que sabrán cerrar en el momento preciso, mientras que en 'Photophobic' o 'Vestige' (esta en danés) irán directo al grano machacando desde un inicio aunque siempre incorporando uno que otro guitarrazo melódico entre estrofas, incluso con un parón y sección absolutamente limpia la recta final de 'Vestige'. De igual forma, en 'Redacted' la banda también sabrá detenerse y bajar las revoluciones en su trámite, aportando diversidad al conjunto incluso desde las vocalizaciones pues en esta se alternan los clásicos aullidos con guturales, cosa con la que también se juega en 'Itinerari', haciendo un coro con voces limpias.
Otro aspecto a destacar en Diorama es la capacidad de la banda para entender que no es necesario alargar un tema (ni el disco) innecesariamente para entregar contundencia, todo un mérito que en lo personal aplaudo cada vez que me lo encuentro en un álbum. Acá replican la estructura del debut de 2018 entregándonos solo ocho canciones en cuarenta y seis minutos donde casi todas cierran a los cinco minutos, siendo únicamente las dos finales las que superan los siete, precisamente las que en el global más pesadas y difíciles de llevar se vuelven.
Con su segundo álbum Møl siembran altas esperanzas respecto a su futuro. Beben claramente de los referentes del blackgaze pero saben encontrar un espacio propio en el sitio. Habrá que ver hacia donde llevan esto en un tercer álbum pero por ahora pinta excelente...
Desde la publicación del notable Born to die en 2012, seis discos en siete años ha publicado Lana del Rey, evidenciando sus ansias por conservar vigencia así como el dar amplias muestras de sus capacidades como compositora. En ese camino la vocalista supo encontrar puntos altos primero en Ultraviolence (2014) y luego en Normal fuckin Rockwell ! (2019) aunque como era de esperar ante tanta publicación, antes y después abusó de sus lugares comunes. Tampoco es que esto último represente un problema en su discografía pues la estadounidense ha sabido durante esta década construir un nombre, una carrera, un estilo particular, y todos sus discos (cualquiera, hasta el más bajo) le han ayudado a encontrar un sello característico, una identidad y por sobre todo: la libertad de componer para si misma, sin importarle un carajo si esto gusta o no. Lana ha triunfado, y Blue banisters es la confirmación del dato.
¿Es que estamos ante otra de sus maravillas? Pues no. Este año hemos tenido a Lana del Rey en partida doble, en abril llegó a nosotros un reposado Chemtrails over the country club y pocos meses más tarde este Blue banisters. Los dos pecan donde mismo y seguramente de haber publicado un solo trabajo con lo mejor de ambos habríamos tenido uno de los discos del año, sin embargo, la libertad es el éxito del artista y Lana se encuentra en ese punto, haciendo lo que le da la gana, para bien y para mal.
Lo que nadie podría negar es que en Blue banisters volvemos a encontrar su mano, digamos, tristes historias narradas en primera persona sobre un piano o algunas cuerdas. Ahí sonará regular, insistiendo generalmente sobre la misma tecla (es un disco sencillo escrito en pandemia, eso es evidente) y seguramente extendiéndose por sobre lo necesario, pero encontrando también más aciertos que fallos en el camino. De hecho, como suele ocurrir en sus álbumes, lo mejor se concentra en su primera parte, abriendo en total calma en la pasada por 'Text book' + 'Blue banisters' + 'Arcadia' para luego encontrar la pasada más destacada del álbum: 'Black bathing suit', con ese minuto final en donde por única vez en el álbum se desata en arreglos, seguida de 'If you lie down with me' + 'Beautiful', en ambas lanzándose al desamor mediante melodías a estas alturas de marca registrada.
En el nudo del disco habrán líneas dedicadas al amor propio en 'Violets for roses' ("Desde que me desenamoré de ti / Me enamoré de mi...") a la cual se sumará una interesante colaboración con Miles Kane en 'Dealer', en otro de los momentos que en materia de arreglos e interpretación escaparán de lo habitual (Lana grita como nunca en esta). Y bueno, desde ahí el disco comenzará a redundar/rellenar, en una seguidilla de canciones que están bien pero se repiten bastante ('Living legend' y 'Cherry blossom' parecen ser la misma, por ejemplo), por lo que el álbum perfectamente pudo tener 3 o 4 menos y la experiencia habría cerrado mejor.
En definitiva, otro disco de Lana del rey que "no está mal", donde continúa mostrándose rebosante en talento e identidad aunque instalada también en un lugar cada vez menos apto para auditores casuales. Ese lugar que algunos llaman vanguardia...
¿Canciones? 'Text book', 'Black bathing suit', 'If you lie down with me'.
¿Qué se puede esperar de una leyenda viva como Dream theater a estas alturas de su extensa carrera? A juzgar por sus recientes entregas el veredicto sería solo uno: administrar el legado. Y es que durante esta década cuando la banda intentó ir por más, básicamente en The astonishing (2016), el resultado estuvo lejos de impactar positivamente, por lo que en general les hemos oído cumpliendo con álbumes correctos como el homónimo de 2013, Distance over time (2019) y ahora con este A view from the top of the world. En este sentido el álbum número quince en la carrera de los estadounidenses combina acertadas dosis de metal progresivo con momentos en donde el piloto automático se vuelve evidente, generando así un global que no alcanza a decepcionar pero tampoco impresiona.
Entre lo positivo aparece la partida del álbum, ahí lo que generan en 'The alien' es notable: dos minutos instrumentales con una banda que suena ágil acelerando y bajando revoluciones a placer para luego dar paso a una estructura marca de la casa con un James LaBrie que, filtrado y todo, saca partido a su registro. Es una gran canción, la cual dará paso a una sólida 'Answering the call', por lo que los primeros quince minutos cumplen de sobra. Más adelante se agradecerá la presencia de algo como 'Transcending time', una canción de vibra muy ochentera y alegre (una especie de Survivor + Toto en versión progresiva) que aporta diversidad al conjunto.
No todo será destacado, sin embargo. Entrando en el nudo del disco aparecerán los lugares comunes de Dream theater y en canciones como 'Invisible monster', 'Sleeping giant' en incluso en los más de veinte minutos de 'A view from the top of the world' (la canción) se les percibe cumpliendo demasiado automatizados en la fórmula, cerrando así un álbum de momentos pero que en el global no parece justificarse. No es un mal disco, la producción es buena y las ejecuciones impecables están, pero en medida que avanza deja esa sensación de que acá realmente no había algo nuevo que mostrar, lo cual viene siendo tendencia desde hace bastante. ¿Qué esperar entonces de Dream theater tras tantos años de carrera? Pues esto, un saludo a la bandera.
"Intenso, extenso, ambicioso, doloroso y creativo..."
Tras un camino en el metal que tocó techo con Crack the skye (2009) y un posterior giro hacia el hard rock, quedaba por ver que pasos seguían Mastodon, sobre todo tras el decepcionante Emperor of sand (2017), un trabajo continuista que evidenció el desgaste de aquella fórmula que comenzó a gestarse con The hunter (2011) a comienzos de década. Era necesario el cambio de dirección y así lo entendió la banda, quienes han acabado por patear el tablero mediante un álbum intenso, extenso y ambicioso. Y es que hay que ser valiente para en plena era streaming lanzar un álbum doble, algo completamente a contra corriente de lo que hoy vivimos y que invita al oyente a realizar un ejercicio poco común por estos días: sentarse a oír música. La osadía, sin embargo, no se queda sólo en las formas sino que también apunta al fondo con un conjunto de canciones inquietas y diversas, aunque todas con un hilo conductor: la pérdida y el dolor. Recordemos que el álbum está inspirado en la muerte en 2018 de Nick John (manager de la banda), de ahí sus tonalidades oscuras, las cuales tanto en los momentos agresivos como de calma se perciben siempre tremendamente presentes.
Como todo buen disco de rock duro, el álbum abre con dos golpes directos, primero en una vibra muy Gojira (los de 'Another world') con 'Pain with an anchor', donde la batería de Brann Dailor hace lo suyo redoblando todo el tiempo entre guitarras punzantes, con la banda acelerando para incorporar los tradicionales cambio de voces entrando a los coros, y luego con la bestial 'The crux', que junto a 'Pushing the tides' o 'Savage lands' (que sonarán bastante más adelante) entregarán la arista más metal del álbum. Sin embargo, rápidamente Hushed and grim se adentrará sobre sonidos más profundos, con momentos cargados al progresivo y a la psicodelia pero siempre con un eje transversal constante: la emoción. Y es que en cada una de las quince canciones que componen el disco, Mastodon saben encontrar un equilibrio entre estructuras bien pensadas con un sonido honesto y cercano. En este sentido la banda nunca se pierde en alargues innecesarios ni arreglos forzados, todo un mérito considerando lo extenso que es el álbum (son noventa minutos de música).
Cada canción es por tanto un mundo, con momentos en donde el peso del sonido suena muy emocional como ocurre en 'Sickle and peace' o 'More than I could chew', llegando en esa línea a cotas muy altas en 'Had it all' (con un solo cortesía del gran Kim Thayill de Soundgarden), donde la banda pareciese partirse en dolor, o en los extraordinarios ocho minutos de 'Globbers and dregs' (¿La mejor del álbum? La mejor del álbum), que llegando al cierre del disco da muestras del estado de desate creativo al que se permitieron llegar en esta ocasión, algo que también aparece en los arranques progresivos de 'Peace and tranquility', en la experimentación de 'Dagger' o en el épico cierre que logran con 'Gigantium'.
Ciertamente habrán pasajes que se volverán algo pesados de llevar, como ocurre en la pasada por 'The beast' + 'Skeleton of splendor', balada que se tarda demasiado en encender pero la disculpamos dado que compensan con talento inmediatamente en la melódica 'Teardrinker', quizás la única que efectivamente conecta con lo que la banda venía entregando durante la pasada década.
En definitiva, Hushed and grim es un álbum que tiene de todo, un trabajo ambicioso y contundente, que sabe cuando apostar por la agresividad y cuando bajar las revoluciones, se desata a momentos y se contiene en otros. No intentan volver a sus inicios pero tampoco continuar con el camino que venían trazando. Se han situado acá en un nuevo lugar y aquello no puede sino emocionar. Admitámoslo, muchos creímos que Mastodon ya no sería capaz de sorprendernos y que habían domesticado en exceso su sonido. Pues bien, acá están... y vaya regreso. Serio candidato a disco del año.
¿Canciones? 'The crux', 'Had it all', 'Globbers and dregs'.
2025: Una Nueva Derrota.
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Tras la derrota en el plebiscito constitucional de 2022 no quise más con la
política por un buen rato. Dejé de escribir acá por lo mismo. El escenario ...