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domingo, 1 de mayo de 2016

Ihsahn // Arktis // 2016

Por sobre el bien y el mal.

A quince años de haberse editado el último registro en estudio de la mítica banda de black metal Emperor, su líder y principal creativo continúa volando con alas propias. Como alguna vez en su momento hizo Rob Halford o el mismísimo Bruce Dickinson, Vegard Sverre Tveitan (a.k.a Ihsahn) se enmarca dentro de aquellos valientes que contra todo pronóstico ha decidido nadar contra corriente y desmarcarse de la nostalgia. Con este, son seis discos en una década (ojo al dato: más de los que editó junto a Emperor), los cuales lo han guiado por un camino que en ocasiones ha conectado de alguna forma con su pasado (Angl/After de 2008/2010 respectivamente) mientras que en otro se ha lanzado con mayor fuerza a la experimentación (Eremita/Das Seelenbrechen de 2012/2013). Arktis continúa entonces aquella senda indagatoria en donde Ihsahn de alguna manera ha querido ir más allá de lo esperado, pidiendo consejo a varios cercanos (ha trabajado acá con Einar Solberg de Leprous y Matt Heafy de Trivium, entre otros), tocando prácticamente todo lo que suena en el álbum e incorporando una serie de interesantes arreglos que definitivamente han llegado para quedarse y enriquecer su trabajo, consagrándolo de paso como uno de los creativos más talentosos del momento. 

Nos encontramos así con un álbum por sobretodo diverso y que, a diferencia de su antecesor de 2013, no se vuelve pesado en ningún momento. Ihsahn dispara en múltiples direcciones esta vez, dando la partida con bastante dinámica en 'Disassembled', que se sostiene sobre un sólido riff de guitarra e incorpora melódicos quiebres y coros en donde se aprecia el aporte vocal del mencionado Einar Solberg, para luego dar paso a la oscuridad de 'Mass darkness', una de aquellas que sin medias tintas apunta directo a la médula del metalero. Igual de efectiva, aunque con mayores matices en materia de arreglos resulta ser 'My heart is of the north' mientras que la pasada por 'South winds' + 'In the vault' desenfunda totalmente el abanico creativo que Ihsahn ha querido abarcar en esta ocasión, la primera abre con unos teclados a la Rammstein y durante casi seis minutos entrega una notable estructura que es intensa pese a jamás reventar como uno habría esperado mientras que la segunda regala notables explosiones en los coros (excelentes juegos vocales acá). 

Entrando en el nudo del disco aparece 'Until I too dissolve', una en donde Ihsahn se disfraza de Devin Townsend para moverse entre lo melódico y lo gutural, le sigue el metal progresivo de 'Pressure', una pausa en las revoluciones de la mano de 'Frail' + 'Crooked red line', las cuales deambulan entre lo acústico y lo eléctrico incorporando incluso arreglos de saxo en algún momento para llegar así al espectacular cierre que propone 'Celestial violence', probablemente el mejor tema de todo el trabajo. 

No hay segundo de desperdicio en los 50 minutos de música que Ihsahn nos ha regalado esta vez y que seguramente se enmarcarán dentro de lo mejor que oiremos en este 2016. Creativamente hablando el noruego ha sabido nutrirse y escuchar a esta nueva generación de músicos jóvenes que se ubica por sobre cualquier tipo de etiqueta, lo cual inevitablemente lo sitúa lejos del black metal purista que él mismo ayudó a consolidar dos décadas atrás, sin embargo, su grandeza reside precisamente ahí, en la capacidad que ha desarrollado para no estancarse y no necesitar (aún) de la nostalgia para sobre vivir. 

4.5 // Brillante !

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