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domingo, 6 de julio de 2014

Lana del Rey // Ultraviolence // 2014

De desechable, nada. 

A alguien dentro de la industria del pop se le ocurrió unos años atrás que la triste mirada, dulce voz y largas piernas de Elizabeth Woolridge Grant (aka Lana del Rey) funcionarían dentro de un personaje adornado de estética retro. Y bueno, a juzgar por los resultados obtenidos en 2012 por Born to die habría que decir que la idea tuvo buena acogida desde el punto de vista comercial, encontró en el álbum un puñado de hits ("Blue jeans", "Video games", "National anthem" entre otras) y en Lana del Rey a un personaje que pese a su falta de carisma (la mujer ha sido altamente criticada por sus poco expresivas apariciones en vivo) logró marcar absoluta distancia con otros productos desechables dentro del mundo pop (¿Aló, Lady Gaga?) y dejar la sensación instalada en el aire de ser capaz de entregar algo más que aquellos 15 minutos de fama. 

A dos años de aquel debut y con Dan Auerbach (vocalista de The black keys) en la producción, Lana del Rey nos entrega Ultraviolence, un disco que seguro separará aguas entre quienes gustaron de Born to die ya que no es lo que llamaríamos una clara continuación del exitoso debut de la norteamericana sino más bien una especie de escisión de este, un trabajo que establece los matices en los arreglos (hay más guitarras y menos electrónica) y en el tono (mucho más oscuro y deprimente que el mencionado debut). 

En ese sentido "Cruel world" y "Ultraviolence", la oleada melancólica de diez minutos que abre el álbum es absolutamente clarificadora. Si no pudiste con estos dos temas es recomendable que abortes el álbum de inmediato ya que este no despega nunca de aquella calma, de los relatos nostálgicos y una producción llena de capas de guitarras o teclados que camuflan la hermosa y filtrada voz de Lana. Mucho menos tristes y más dulces serán las dos que sonarán a continuación, "Shades of cool" y "Brooklyn baby", esta última es lo primero que retoma de cierta forma los aspectos melódicos de Born to die y que se enlaza de manera perfecta con "West coast", la única canción del álbum destinada a ser un éxito comercial dada su sensual interpretación y dinámica estructura, una isla en medio de un disco de revoluciones mucho menores. 

Entrando en el nudo del álbum es donde aparece el gran problema con que cuenta Ultraviolence: este se vuelve demasiado pesado en el tono. "Sad girl", " Pretty when you cry",  "Money power glory" y "Fucked my way up to the top" protagonizan una pasada muy espesa, las cuatro funcionan en una linea similar y caen en excesos innecesarios que te acaban sacando del álbum en lugar de volverlo más interesante. Ahora, en el final, la preciosa balada "Old money" es algo que vale la pena disfrutar (habría venido bien en el comienzo del disco) y "The other woman", cover de Nina Simone, cierra en tono retro aunque sin aportar nada demasiado novedoso en relación a la versión original.

El segundo álbum de Lana del Rey goza de una valentía no menor, la mujer ha optado por no repetir la fórmula con calco entregándonos un disco difícil, lleno de ambientes cargados de nebulosa y donde logran distinguirse al menos cinco o seis joyas de buen calibre, el problema es que hay otra mitad que no engancha con la misma potencia y aquello cansa a momentos. Rescato la intención, esa mitad que si vale la pena y el confirmar la sensación de que acá hay pasta para avanzar más aún. 

3.5 / 5
Muy bueno ! 


1 comentario:

  1. hablando siempre de su primer disco, a mi me sorprendieron muchos las letras, cargadas de esa melancolía que decís que tiene que la hacen muy interesante... y su música es bastante inclasificable, hasta lúgubre te diría... pero en algo novedosa... salu2

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