martes, 2 de enero de 2024

Resumen Blog 2023 + 10 Grandes Canciones + Playlist


Llegó la hora de ver como anduvieron mis números en este 2023...

¡Lo primero! El global: publiqué 106 entradas durante el año. ¡Cada vez menos! Está muy ocupada la vida. En 2022 fueron 108, 120 en 2021 y 118 en 2020. 

De esas 106 entradas:
12 fueron reseñas de aniversario, 8 a reseñas de 2022, 4 reseñas de conciertos y 80 fueron discos del año, uno más respecto a 2022. 

¿Cómo anduve en términos de género? Mantengo mi tendencia. De los 101 discos reseñados (entre álbumes 2023, 2022 y aniversarios),18 correspondieron a voces femeninas, es decir, un 17%. Algo más respecto a 2022 (15%), 2021 (16%) y 2020 (17%). 

¿Y en términos de procedencia? La mayor parte de los discos de los que escribo suelen venir desde los Estados Unidos y este año no ha sido la excepción (un 47% , aumentando la cifra respecto al 40% de 2022), mientras que escribí de menos artistas ingleses este (22%, versus el 29% de 2022). Saliendo del duopolio, Noruega y Suecia fueron lugares desde donde más escribí (5 discos de cada país), mientras que comenté 3 discos de Irlanda y Canadá, 2 de Australia, Alemania, Chile, México y España, y un disco proveniente de Francia, Islandia, Polonia y Finlandia. 

Y para cerrar, las diez canciones que más me tocaron la fibra durante 2023. 

#10. Noel Gallagher : 'Easy now'
Lo que es respirar melodías. Increíble...


#9. Peter Gabriel: 'Panopticom'
Absoluta y completamente de otra época. Brillante es poco.


#8. Ihsahn : 'Pilgrimage to oblivion' 
Metal sinfónico que muestra credenciales. Enorme.


#7. Riverside: 'Friend or foe?'
Música de nivel para las masas de la que poco y nadie se entera. En otra época habría sido un hitazo. 

 

#6. Haken: 'Lovebite'
Cuando el metal progresivo y el pop se cruzan. Genial


#5. Depeche mode: 'Before we drown'
Memento mori nos dejó varios temazos. Varias de ellas están en mi Top 50 pero el manjar de atmósfera que regala esta, supera todo. Hermoso.


#4. Peter Gabriel : 'Four kind of horses'
Hace mucho una canción no me llevaba a las lágrimas. Se repite el plano Peter en este conteo pero vaya que lo merece. Bendito seas...


#3. Sugur Rós: 'Klettur'
Han vuelto en gloria y majestad. Vaya maravilla de canción y disco nos han dejado.


#2. Lana del Rey : 'A & W'
Obra maestra de canción. Se deja la vida en cada línea pero además musicalmente es atrevida, vanguardista y valiente. Casi ocho minutos gigantes.


#1. Alex Anwandter: 'Ahora somos dos'
La de Lana debió ser número uno quizás. Pero tengo debilidad por el pop de contenido. Si a eso agregamos una historia de amor tan preciosa como dolorosa en su relato, que decir, canción del año para mi.


No fueron solo diez, sin embargo, las canciones que gocé durante 2023, por lo que acá dejo el playlist completo no sin antes agradecer a todos y todas quienes pasan por acá. La idea es siempre compartir sensaciones y emociones. Si en algo ayudo con eso, por pagado me doy. Gracias.


miércoles, 27 de diciembre de 2023

King Gizzard & The Lizard Wizard: PetroDragonic Apocalypse... (2023)

"Únicos y excesivos..."

Es tanta la música que publican los australianos King Gizzard & the lizard wizard (hasta ahora, veinticuatro álbumes en once años) que resulta imposible abarcarlos todos, aunque de igual forma si eres un fan de la música y la experimentación, seguro más de alguno habrá llegado a ti durante esta década. Es la apuesta de los australianos, el que su propuesta llegue a la gente ya sea de manera directa, por rebote o cansancio. El caso es que este PetroDragonic Apocalypse; or dawn of eternal night: an annihilation of planet earth and the beginning of merciless damnation (si, el sentido del humor no lo abandonan) ha causado particular ruido a causa de parecer la continuación de aquel Infest the rats' nest (2019), esto pues de alguna manera parecen retomar la veta más "metal" de la banda, aunque en este caso con varios matices no menores. El principal de ellos guarda relación con que el de 2019, salvo alguna canción particular, fue un disco de rock duro y sombrío (con mucho de Black sabbath y setentas varios) que iba bastante al hueso entre temas que rondaban los tres minutos de duración. Esto a diferencia de lo que acá trabajan pues han decidido ir por más aumentando la velocidad y el peso de los temas pero también sumergiéndose en estructuras más complejas, llevando varias canciones incluso a los ocho a nueve minutos de duración. Todo un riesgo que había que ver como les quedaba. 

Habrán cosas inmediatas en el álbum, sin embargo, como es el caso de 'Gila monster', single evidente del disco. Esta con seguridad es la más digerible del conjunto (es la más breve además, 4:35), efectiva en sus coros y divertida también en su tono, acaba funcionando a la perfección gracias a su dinámica contagiosa. En esa línea también convencerá la pasada por 'Converge' + 'Witchcraft', algo más densa en sus formas pero que de igual manera entregan una buena muestra de aquello que funciona en el disco: un trabajo de riffs + batería interesante y dinámico, sumado al simpático relato simpático del siempre carismático Stu Mackenzie (quien acá también ha hecho de productor). Hay peso en las canciones que suenan pero estas desprenden esa sensación de jugarreta constante por parte de la banda y el que los tipos continúan divirtiéndose con nosotros. Dicho en simple: nunca se lo toman tan en serio, y aquello es todo un acierto. 

De hecho, cuando alargan el asunto es cuando dejan cierto aroma a complicación. Ocurre en la apertura con 'Motor spirit' y en el cierre del álbum en 'Dragon' + 'Flamethrower'. Todas ellas están bien, trabajan siempre a alta velocidad y sobre esta van armando interesantes vueltas de tuerca, el tema es que estas vueltas son demasiadas, al punto de agotar por momentos e inevitablemente caer en la monotonía, dejando el experimento con la sensación de que con un poco más de tijera habrían vuelto la experiencia algo más agradable. 

Estamos hablando de King Gizzard, por supuesto. La banda es sinónimo de completa libertad y dar rienda suelta a lo que salga. Acá se las arreglado para entregar un conjunto que suene con identidad y cohesión, el disco es un viaje de casi cincuenta minutos donde todo parece conectado. Habrán pasajes que les han quedado algo excesivos pero al fin y al cabo esto viene con la banda, la verborrea es lo suyo y benditos sean por aquello.

¿Canciones? 'Converge', 'Gila monster' y 'Dragon'.

7,8 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de King Gizzard & The Lizard Wizard:

lunes, 25 de diciembre de 2023

Horrendous: Ontological Mysterium (2023)

"Diversifica sus objetivos..."

Mediante sus antecesores los estadounidenses de Horrendous ya habían demostrado su valía y poderío técnico, fuera de las ansias por llevar el death progresivo un peldaño arriba. Y es que el mejor homenaje que puedes realizar a tus influencias (que en este caso van desde los míticos Cynic hasta Death) es hacer crecer su sonido y expandirlo, que es lo que vuelven a intentar con su quinto álbum, un verdadero manjar para quien guste de la música extrema, un disco que va y viene constantemente, que efectivamente entrega esas dosis de velocidad y filo que cualquier álbum de death requiere pero que lejos de estancarse ahí va por más, muchísimo más, incorporando elementos melódicos, momentos instrumentales, arreglos singulares, cambios estructurales y, por cierto, un nivel técnico que suena prolijo en cuanto a ejecución pese a jugársela por una producción no tan limpia como suele ser la del progresivo. 

Hay muchas cosas que Horrendous parecen haber aprendido de sus maestros Cynic pero una que salta de inmediato a la vista acá es la idea de que en ocasiones "menos es más", el que no es necesario componer un álbum de sesenta o setenta minutos para mostrar complejidad, por lo que tal como en aquel clásico Focus (1993), los norteamericanos nos entregan un álbum que podría considerarse breve para el estilo, con tan solo nueve canciones (que perfectamente podrían haber sido seis pues hay tres instrumentales que son meros "puentes para") en menos de cuarenta minutos, es decir, un álbum conciso y preciso. Sin embargo, el principal mérito de Horrendous está en saber conjugar una cantidad importante de elementos en poco tiempo, en dosis cuidadas y exactas. 

Esta diversidad se ve venir de entrada cuando das play al álbum y suena 'The blaze', que funciona a modo de introducción pero más bien parece ser una simpática jugarreta de los músicos, casi una fanfarria a varias guitarras a la cual le seguirá la verdadera carta de presentación del disco: los siete minutos de 'Chrysopoeia (The archaeology of dawn)', que en su inicio funciona como un (gran) tema de death a la vieja usanza pero que en su nudo deciden detener y transformar, juegan con las pausas, las guitarras y llevan el tema hacia otro lado, uno mucho más atmosférico. Más directa, bruta y violenta será 'Neon leviathan', donde la banda da muestras de que en velocidad pueden mostrar poderío técnico pero luego, nuevamente, harán el parón intencionado con 'Aurora neoterica' + 'Preterition hymn', la primera una especie de jam session puesta ahí para hacer puente con la segunda, que navega sobre tiempos lentos, destacando por los juegos de guitarras que presenta. 

Y lo dicho, que no te das cuenta y estás entrando en la recta final del disco. Ahí, 'Cult of Shaad'oah' traerá de regreso el peso y los bruscos cambios estructurales, mientras que volverán a hacer la jugada del instrumental que huele a improvisación (el momento más débil del disco, hay que decirlo, y el único donde se huele algo de falta de dirección) que antecede a un tema mucho más profundo, esto en la pasada 'Exeg (en) esis' + 'Ontological mysterium'. Finalmente el viaje cerrará con 'The death knell ringeth', una donde la banda parece realmente dejárselo todo centrando sus energías en el poderío técnico, los parones y aceleraciones. 

Cuesta encontrarle defectos a un álbum que diversifica tan bien sus objetivos, pero ciertamente siendo un álbum brillante Ontological mysterium no es perfecto. Efectivamente Horrendous realizan una especie de giro respecto a lo que fue el antecesor Idol (2018), un gran disco de death progresivo donde la banda pareció tocar techo en cuanto a los aspectos técnicos de su sonido. Esta vez han intentado darle una vuelta de tuerca al asunto incorporando pasajes más cercanos, incluso permitiéndose cierta desprolijidad (intencionada claro está) en el cierre de algunos pasajes instrumentales. Quizás el camino a profundizar a futuro sean los aspectos melódicos pues en la línea técnica está difícil mejorar algo que parece inmejorable. El disco es realmente notable, no es un 10/10 para mi únicamente porque los experimentos instrumentales no pasan de ser meros puentes, a veces sin un norte totalmente claro. De todas maneras, si no es el disco del año, pega en el palo. 

¿Canciones? 'The blaze' + 'Chrysopoeia (The archaeology of dawn)', 'Neon leviathan' y 'Ontological mysterium'. 

9,2 / 10
¡Brillante!

viernes, 22 de diciembre de 2023

Mon Laferte: Autopoiética (2023)

 "Ecléctica, heterogénea y valiente..."

"Vengo de los 00's, años donde todo era muy diferente, donde tenías que elegir entre ser popero o rockero. Todo era encasillamiento y a mi me gusta la música. Me gustan los boleros, la música romántica, la electrónica y el rock más alternativo. Yo no entendía por qué no podía ser todo eso a la vez..." - afirma Mon Laferte en una reciente entrevista para MondoSonoro. Sus dichos explican bastante los caminos que ha surcado para este Autopoiética, su octavo álbum, uno que efectivamente la muestra más ecléctica que nunca, rozando incluso la incomprensión. Conviven acá por tanto muchos sonidos, donde un requisito para estar en el álbum pareciese haber sido que la canción sonase totalmente distinta a la que le antecediese. ¿El resultado? Como la portada: una cara en el culo, así de valiente y rara. 

Los temas que componen Autopoiética son tan disímiles entre si que queda la sensación de que el orden podría haber sido cualquiera, pues no existe un sentido estético de la obra si no más bien todo lo contrario, pareciese ser que el objetivo era el de una pintura distorsionada, caótica incluso. Sin embargo, hay algo que no podía ser distinto: el disco debía comenzar con 'Tenochtitlán', que por derecho propio es la gran joya del álbum. En ella Mon Laferte se atreve a sonar oscura, pausada y profunda, en el sonido coquetea con el trip hop, en la interpretación busca sonar cercana y coloquial mientras se marca una letra empapada de feminismo reivindicativo con algo de auto referencia ("¿Cuánto le costó? / ¿Quién se la cogió? / Si es una puta sudaca tercermundista / Nadie le parió / ¿De dónde apareció? / La mina se cree artista...") . ¿Escribí que era la gran canción del disco? Si no, acá queda, pero también el que al mismo tiempo es el gran lastre de Autopoiética, porque el tema no representa el sonido general del álbum, el cual desde acá disparará hacia todos lados. 

En adelante, el giro será brusco, al punto que inmediatamente terminada 'Tenochtitlán' la chilena se lanzará a la cumbia en 'Te juro que volveré' (con plagio descarado al fraseo de 'Amigo' del brasileño Roberto Carlos) y en la villera 'Metamorfosis', no sin antes haber bajado las revoluciones (que no la intensidad) en la oscura 'Préndele fuego' con líneas tan explícitas ("Me gusta que estés como roca / Extraño tanto con la cola taparte la boca...") como eróticas ("Te quiero como en Buenos Aires, metiéndome los dedos en el salón de baile..."), o pasado por el reggaetón sucio de 'No+Sad' (muy en plan Rosalía de 'Saoko', verdad sea dicha), nuevamente yendo al choque con las letras ("Que es comunista, es masoquista / Yo no le creo, es capitalista / Que es una zorra, que es demoniaca / Terrible flaite la pinche naca / Que es feminazi esa maraca / Está más vieja, ya no está flaca...") en otro de los grandes momentos del álbum 

Este ir y venir constante explotará en locura en el nudo del álbum en 'Autopoiética', que es un desate electrónico que sitúa esta vez a la música + atmósfera por sobre el mensaje (que se limita a la repetición de cuatro palabras), y no cesará en la Cara B del disco, pasando por la guitarra acústica de 'Levítico 20:9', nuevamente los coqueteos trip hoperos de '40 y MM' (con explosión salsera en el cierre eso si), nuevamente definiéndose en las líneas ("Soy una mina pop / Y cualquier carretera me sirve de colchón..."), ese extraño intento de bolero que es 'Pornocracia' o la salsera 'Amantes suicidas', si me apuran, estas dos últimas suenan a temas menores al lado de las grandes cosas que regala el disco. Finalmente este retomará la senda electrónica, primero en la curiosa 'Mew shiny', que entrelaza líneas en español e inglés, metiendo incluso un exquisito solo de guitarra por ahí, y cerrando definitivamente con 'Casta diva', una cosa realmente inclasificable con la que Mon Laferte se viste de la Björk más incomprensible y lleva su sonido tan lejos como puede, tanto en materia de estructura como arreglos. 

Autopoiética acaba imponente con una orquestación seguida de cuatro segundos de ovación. Pareciese ser que la artista se aplaude a si misma, anticipando quizás la incomprensión de un público al que seguro le resultará complejo lidiar con una lista de canciones tan heterogénea. El álbum parece estar dividido entre dos almas, una con arraigo popular (cumbia, salsa, boleros) y otra completamente experimental (trip hop, electrónica, reggaetón). Es complejo que cosas tan diferentes entre si convivan en un mismo disco, el riesgo de descolocar al auditor es alto. De hecho, Mon Laferte podría haber creado dos álbumes a partir de este, sin embargo ha decidido mezclarlo todo y mostrarse así, tal cual es. Es una artista en mayúsculas, una que no para de crecer. Bendita sea por eso...

¿Canciones? 'Tenochtitlán', 'Préndele fuego', 'No+Sad' y '40 y MM'. 

8 /10
Excelente.


Otras reseñas de Mon Laferte:

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Carly Rae Jepsen: The Loveliest Time (2023)

 "No encuentra identidad..."

El problema que tiene cualquier artista encasillada en un nicho es que si arriesga pierde a su público base, y si se queda en una zona de confort no crece. ¿Qué hacer entonces? En ese dilema lleva largo tiempo Carly Rae Jepsen, cuyo desafío para  parece estar en la generación de identidad, el que su pop amigable no suene tan jodidamente genérico. No es la única que está en esa por cierto, sin ir muy lejos este año escribí respecto a los discos de Kesha o Caroline Polachek (y a ver si me da la vida para comentar el de Olivia Rodrigo), todas artistas jóvenes que se encuentran en esa búsqueda por no parecer "una más" dentro del mundo del pop. En esa tarea, sin embargo, no le ha ido bien a la canadiense, su The loneliest time (2022), sin ser un mal disco, sonó tan complaciente que ni siquiera me di el tiempo de comentarlo acá, por lo que tenía dudas respecto a si ir por este, su hermano menor. Finalmente me he decidido y encontrado con efectivamente un "más de lo mismo" pero que en lo suyo mal no suena. Pero eso: mal no suena. Ni más ni menos.

Encontramos acá entonces un conjunto dinámico, bien armado, que efectivamente mejoran la experiencia respecto al antecesor pero que no deja de mostrar a una versión rosa de cualquier artista con más estilo. Una especie de Taylor Swift (que ya es bastante rosa) pero con aún menos carácter. Sus temas no están mal, la producción incluso suena contundente y efectivamente el asunto no parece ser tan extremadamente light como en sus inicios ('Call me maybe' y similares), pero sigue siendo light y ese es el problema. No encuentra identidad, no suena suficientemente sexy, ni potente, ni oscuro. Y si bien hay insinuaciones de crecimiento en cosas como 'Kollage' (la única con algo de drama suficiente como para arquear ceja), en la electrónica de 'Put it to the rest' o en ese cierre entre percusiones que entrega 'Weekend love', es muy poco como para sostener más de cuarenta minutos en donde gran parte de los temas suenan similares, correctos, dinámicos pero faltos de garra, de fuerza, de desgarro, y se nota lo está buscando (es cosa de mirar la portada del disco) pero no lo encuentra, sus canciones siguen siendo tan amigables como olvidables. 

Hay algo peor a que lo que haces sea malo, y es que sea intrascendente. Y ahí sigue Carly...

¿Canciones? 'Kollage' y 'Put it to the rest'.

5/10
Nada muy especial...

lunes, 18 de diciembre de 2023

Slowdive: Everything Is Alive (2023)

"¿Quién necesita cambiar...?" 

Para bien y para mal, Slowdive parecen ser una banda atrapada en su propia burbuja temporal. La banda liderada creativamente por Neil Halstead continúa funcionando bajo parámetros propios y tal parece no tienen intención alguna por salir de ahí. Esas atmósferas lánguidas cargadas al dream pop , shoegaze y a las capas de guitarras, ese trabajo desarrollado completamente a espaldas de la comercialización estuvieron presentes en su regreso de 2017 (con el que volvían tras veintidós años de silencio) y continúan estando en este Everything is alive, ocho canciones que en cuarenta y un minutos vuelven a dar muestras de que el tino y la elegancia siguen tan presentes en Slowdive como lo estuvieron en plenos años noventa.

No se andan con medias tintas y desde un comienzo te dejan claro por donde irán los tiros. 'shanty' es una que abre en medio de la distorsión, de un trabajo de guitarras sólido que conjuga capas inmersivas con cuerdas acústicas que aportan un elemento de exquisita delicadeza , a lo cual se sumará el reflexivo relato de Rachel Gozwell en torno a la muerte y los cambios que esta conlleva ("El tiempo avanza una vez más / Otro fantasma nace / Siento que los cambios vendrán / Cuando venga la noche..."). A esta le seguirá el melancólico instrumental 'prayer remembered', tras la cual intentarán subir un tanto las vibras mediante 'alife', que conectará perfecto con el single adolescente 'kisses' no sin antes volver a bajar en 'andalucia plays', con unos oscuros aires que rememoran al The cure de Disintegration.

Ya con las cartas completamente sobre la mesa la banda encarará la recta final mediante un tridentecompletamente hipnótico donde se jactarán de lo bien que se manejan en este ámbito. 'skin in the game' seguida de los seis minutos de 'chained to a cloud' funcionarán en una línea similar bastante triste y en piloto automático, mientras que 'the slab' cerrará de manera magistral en un alza de la distorsión y también la velocidad. En contra del álbum estará la poca/nula evolución que muestran, el que si no has conectado antes con Slowdive difícilmente lo harás con este álbum, sin embargo, ¿quién necesita crecer cuando se muestra tamaño nivel de maestría a la hora de construir atmósferas? Everything is alive es la captura precisa de una emoción, llevada a un sonido a momentos incluso angustiante. En pleno 2023 lograr algo así es mérito enorme. 

¿Canciones? 'shanty', 'kisses' y 'the slab'.

8,2 / 10
Excelente.

sábado, 16 de diciembre de 2023

Wilco: Cousin (2023)

"Falto de un mayor desangre..."

Tras una década deambulando en la intrascendencia llegó en 2022 el acústico Cruel country, una grata sorpresa y ciertamente el mejor disco de Wilco desde aquel notable The whole love (2011). El buen recibimiento obtenido sumado a que las musas seguro estaban disponibles por lo que material sobraba (de hecho, algo de tijera faltó en Cruel country) seguramente provocó el que Jeff Tweedy se decidiese rápidamente a trabajar un siguiente álbum, el clásico disco que viene empujado por el envión del anterior. Con un detalle no menor eso si: para esta ocasión y por primera vez en quince años Tweedy se ha dejado asesorar por alguien externo, aceptando los consejos y aportes de Cate Le Bon en producción, aspecto que marca positivamente este Cousin, que efectivamente suena a "las sobras de Cruel country" pero pasadas por un filtro eléctrico y atmosférico que le entrega cierto perfume particular. 

Ahora, siendo claros, tampoco es que el disco llegue demasiado lejos, se extrañan acá momentos emocionalmente grandiosos con que el antecesor si contaba, siendo este conjunto uno que se enfoca más bien en sus arreglos y ambientes a generar. Esto se aprecia con claridad en la partida a cargo de la ambiciosa 'Infinite surprise', que abre el álbum entre sonidos sucios, una estructura que va emergiendo lentamente mientras se pasea por lúgubres escenarios y una exquisita oscuridad que llama positivamente la atención. Es el tema más largo del disco (se acerca a los seis minutos) y alcanza cotas que hubiésemos querido el álbum abordase con mayor fuerza, sin embargo el global este tema será excepción más que una regla. Y si bien algo interesante hay en la depresiva 'Ten dead', con esa suciedad en el sonido que inunda su minuto final, así como en la dulce calma del delay en 'Sunlight ends', la golpeada 'Cousin' (la canción) o en las guitarras de 'Pittsburgh', parte importante del disco abordará baladas electro acústicas bastante menores que sumergen al disco en un pozo donde resulta complejo conectar. Los temas son ásperos pero bonitos a la vez ('Soldier child'), delicados y agrios ('A bowl and a pudding'), sin embargo, falta algo de mayor desangre, ese punch necesario en un disco para querer seguir ahí sumergido sin posibilidad de respirar. Porque si, hay discos capaces de mantenernos a gusto en la angustia, pero este no es uno de aquellos. 

Sin duda la pasada por Cruel country + Cousin está muy por encima respecto a lo que fue Star wars (2015) + Schmilco (2016), lo cual marca un avance para Wilco. A algunos con aquello les bastará mientras que otros les mantendrán a la banda en el olvido y la indiferencia. En lo personal me parece que acá hay cositas más que disfrutables pero no suficiente como para sentir que los nuevos buenos aires están definitivamente de regreso.

¿Canciones? 'Infinite surprise' y 'Pittsburgh'.

6,8 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Wilco: