"Emulación de viejas glorias..."
Sin ir muy lejos, basta darle play a una canción como 'The dark forest' para verificar el como Matt Bellamy y compañía han intentado volver a esa partida ostentosa y grandilocuente, con una estructura cambiante y sonido espacial (en este caso incluyendo además una sección media con coros en latin que recuerdan extrañamente a los suecos Ghost), aunque claro, jamás alcanzando las cotas de lo que en 2001 lograron con una 'New born' o en 2006 con 'Take a bow', por ejemplo. De todas formas, dejando las odiosas comparaciones afuera, el tema no está nada mal y encuentra excelente complemento en la danzable 'Nightshift superstar', sin embargo, esta tendencia a reiterar viejas fórmulas se sostendrá en baladas como 'Summering scars' o la pomposa 'Be with you' (quizás la única que consigue tocar una tecla emotiva que funciona), así como las guitarras de 'Cryogen', 'The sickness in you & I' o 'Unravelling' (de lo más contundente que acá suena) mostrarán claras referencias a los tiempos de Absolution (2003) y 'Hexagons' (quizás la mejor en todo el disco) recordará con descaro en su primer minuto los acordes de 'Knights of cydonia'. Ya en la recta final encontraremos una curiosa colaboración con Ellie Goulding en la juguetona 'Hush', esto para acabar definitivamente con otra balada fallida como 'Space debris'.
No es nada nuevo en todo caso esto que ocurre con Muse. Una banda que dio lo que tenía que dar durante su primera década y luego se dedicó a deambular entre sonidos facilones con el único objetivo de sostener su fama de "mega banda" (aló, U2?). Hoy da la sensación de que no les queda mucho más que esto, recurrir a la nostalgia sonora para impostar sonidos de veinte años atrás. ¿Lo positivo? Que el disco es mejor que cualquiera de los tres o cuatro anteriores. ¿Lo negativo? Que todo lo acá trabajado alguna vez sonó mejor.
¿Canciones? 'Nightshift superstar', 'Be with you' y 'Hexagons'

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