lunes, 20 de julio de 2026

Robyn: Sexistential (2026)

 "Un limbo entre la vanguardia y la radio fórmula..."

La figura de Robyn emergió finalizando los años noventa, en tiempos donde la ola conservadora pegaba un coletazo de vuelta tras un período en que la rebeldía e irreverencia habían dominado la escena. De esta forma, la industria pasó de entregar cobertura a figuras femeninas tales como Alanis Morissette, Björk, PJ Harvey o Tori Amos a plagar los medios con chicas absolutamente normativas (rubias, delgadas y de apariencia adolescente) como Britney Spears o Christina Aguilera. En dicho contexto, los primeros álbumes de esta sueca tendieron a ajustarse a dicho target, sin embargo, ya a mediados de la siguiente década tanto en Don't stop the music (2002) y sobre todo en el homónimo de 2005 la vocalista comenzó a enfocarse en un sonido mucho más intimista y sofisticado, aspectos que se exacerbaron en Body talk (2010), un disco que definitivamente la consagró como artista "de culto". Es complicado eso si cargar con tamaña mochila, que el público inevitablemente tiende a esperar algo especial en cada lanzamiento, más cuando tardas ocho años en publicar como viene siendo el caso de Robyn durante estas dos décadas...

Lo anterior a propósito de Sexistential, un álbum breve, directo, identitario y personal, pero en ningún caso un disco que venga a revolucionar la escena. Lo que encontramos en estas nueve canciones es  media hora de música con una carga inconfundible pues la sueca continúa desarrollando ese synthpop que se encuentra en un complejo limbo entre la vanguardia y la radio fórmula. Dicho en simple: lo de Robyn jamás han sido las melodías inmediatas (y si, sé que existe 'Call your girlfriend', pero vamos, que esta es claramente una excepción a su regla), pero acá hay canciones que se acercan a aquello . Insisto, se acercan. Ahí tienes cosas como 'Really real', 'Dopamine', 'Talk to me', 'Light up' o 'Into the sun' , cinco joyitas electrónicas perfectamente disfrutables (y bailables), aunque probablemente ninguna te volará la cabeza. El resto de la lista se completará con momentos no tan afortunados, un refrito de 'Blow my mind' (originalmente publicada en 2002 y que acá aparece en una versión más activa), una interesante 'Sucker for love' con una vibra latina en sus percusiones, una reiterativa 'It don't mean a thing' y una juguetona 'Sexistential' en donde la vocalista se entrega a contar la historia de su reciente fecundación in vitro. Todas estas acaban armando un conjunto que se deja oír, que cuenta con puntos altos, otros no tanto, pero que jamás golpea como uno esperaría, dejando una sensación algo extraña en su andar. 

El problema quizás esté en que el séptimo álbum de Robyn acaba tirando por lo obvio, y es que sin que esto sea algo necesariamente negativo, se percibía algo más de exploración en el anterior Honey (2018). El tiempo dirá si al conjunto le faltó algo más de fuerza o es un problema de expectativas...

¿Canciones? 'Really real', 'Light up' o 'Into the sun'

7/10
Muy bueno.

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