"Notable búsqueda honesta..."
En la idea de buscar nuevos aires para el sonido es que la banda decide trabajar con Ross Robinson, quien ya había producido el debut de Korn en 1994 y colaborado con Deftones en Adrenaline (1995), así como buscar inspiración en el Mato Grosso compartiendo con los Xavantes (indígenas autóctonos de la zona), aspecto que se ve reflejado claramente en el sonido tribal que circunda el álbum así como en las temáticas con tinte político que este contiene. Lo anterior se expresa a la perfección en la apertura que marca el hitazo 'Roots bloody roots', con un Andreas Kisser punzante en las guitarras, Igor Cavalera azotando el tema con esa batería seca y un Max Cavalera que vomita consignas identitarias ("La lluvia me entrega la fuerza para enfrentar un nuevo día / Y todo lo que quiero ver / Liberarnos / ¿Por qué no lo puedes ver? / Esto es real"). Las sensaciones de estar ante un bicho diferente dispuesto a desarmar aquel presente de la banda se confirmarán en toda la pasada que viene a continuación, con momentos cargados hacia atmósferas envolventes en 'Attitude' o 'Breed apart', pasajes violentos en 'Cut-throad' (esta prácticamente se emparenta con el entonces emergente nu metal al incorporar esos fraseos hiphopeados de Max) o 'Straighhate', así como canciones que llevan la experimentación más lejos que nunca en 'Lookaway' (un frikerío de canción que cuenta con participación de Mike Patton , Jonathan Davis y DJ Lethal en voces) o en la exquisitamente tribal 'Ratamahatta', otro hit inolvidable que nos dejó este disco y que contó con el brasileño Carlinhos Brown tanto en composición como interpretación. Todo lo anterior habla de un álbum de identidad característica que efectivamente a ratos se acerca al nu metal (elementos hay) pero que jamás deja de sonar coherente respecto a si mismo. Dicho en simple: Roots posee vida propia y se desmarca de cualquier disco anterior de Sepultura, sin embargo, la esencia de la banda continúa siendo plenamente reconocible.
El disco es hijo de su época en todo sentido, porque los noventas permitían (¡y celebraban!) la exploración en extenso. De ahí que quince canciones (+ una pieza escondida que es larguísima) en setenta minutos de música se hagan demasiado, con pasadas por 'Dusted' + 'Born stubborn' o 'Endangered species' + 'Dictatorshit' que se entorpecen entre sí, así como un curioso pasaje limpio por 'Jasco' + 'Itsári' (con participación de los indios Xavantes) que puesta en otro lugar del disco seguramente habría funcionado mejor. Claramente con diez minutos menos y otro orden en las canciones estaríamos hablando de una verdadera obra maestra pero bueno, que esos años fueron así, había que exprimir el formato del CD y las bandas tendían a exagerar la duración de sus trabajos además de meter todo lo que tenían prácticamente a presión. Nada de esto le resta demasiado en todo caso a un trabajo brillante que transmite en todo momento esa sensación de una búsqueda tan notable como honesta.
El resto de la historia es conocida. En la cresta de la ola la banda se pelea con su manager (esposa de Max Cavalera) por lo que el vocalista abandona el proyecto para luego formar Soulfly, proyecto donde este intentó continuar el legado de Roots. En paralelo los brasileños incorporan a Derrick Green en voces construyendo desde 1998 una nueva etapa de altos y bajos, aunque poco atractiva para los fans, quienes quedaron para siempre marcados por esta primera década de producciones fantásticas, las cuales cerraron con este curioso e inesperado canto del cisne para una formación histórica.
¿Canciones? 'Roots bloody roots', 'Attitude' y 'Ratamahatta'.

No hay comentarios:
Publicar un comentario