jueves, 24 de noviembre de 2011

MuteMath: Odd soul (2011)

"Desborde creativo..."

Esta reseña la voy a disfrutar. Una de las buenas bandas de la última década está de regreso con su tercer álbum. Sub valorados también. Quizás sin el carisma adolescente de The Killers, sin la actitud rock star de Arctic Monkeys o sin la facilidad melódica de Coldplay, lo de Mutemath ha pasado algo desapercibido frente a los oídos del mundo, pero acá el talento y la creatividad sobra, y  Odd soul ratifica aquello. 

Venían precedidos por dos álbumes realmente excelentes (ve por ellos ¡ya!) como el homónimo de 2006 y Armistice (2009), marcados por guitarras y la generación de atmósferas, por lo que el desafío acá no era menor y el dilema era ver por donde disparaban esta vez. Finalmente la banda ha estado a la altura de las circunstancias, conservando su esencia inquieta, siempre en búsqueda, aunque escapando un tanto del sonido de guitarras para colocar énfasis en las dinámicas, con una producción que ha saturado un tanto la batería entregándole mayor protagonismo, así como en el trabajo de teclados. 

De esta manera y desde un inicio oímos que la banda en lugar de insistir en ese sonido de apariencia "futurista" esta vez ha decidido mirar un tanto hacia atrás, apostando por cosas un tanto más sabrosas, juguetonas y menos "rockeras", donde las percusiones juegan un rol preponderante. Esto se evidencia de inmediato en algo como 'Odd soul' (la canción) y se confirma más adelante en las aceleradas 'Prytania' o 'Tell your heart heads up'. En este camino, Mutemath continúan mostrándose exigentes con el auditor, incorporando en cada canción elementos ricos en texturas y que le entregan vida propia al sonido, jamás tirando por lo obvio, algo que se corrobora en 'Blood pressure', una canción marcada por el bajo y su sabor. 

Un exquisito matiz vivirá el trabajo con el coqueteo electrónico que regala "All or nothing" (donde la influencia de Radiohead es obvia), desde donde el disco se cargará hacia la psicodelia de cosas como 'Sun ray' + 'Allies' (nuevamente con el trabajo de batería en un primer plano) o la increíble pasada por "Calvaries" + "Walkind paranoia" (voladísimas ambas). 

Entrando en la recta final la banda soltará aún más la cuerda de la creatividad en 'One more' (con teclados armando la atmósfera en el fondo), luego "Equals" + "Quarentina" funcionarán como una sola canción y nos recuerdan durante diez minutos el que estamos frente a una banda realmente brillante y para el final Mutemath entiende que todo gran disco debe acabar con un buen lento, en este nos regalan "In no time", cierre soberbio para un álbum que debería ser mencionado a fin de año como uno de los grandes. Un verdadero derroche de creatividad que en lo personal me ha dejado muy pero muy feliz, creo que se nota. 

¿Canciones? 'Tell your heart heads up', 'All or nothing' y 'Cavalries'.

8,5 / 10
¡Excelente!



sábado, 12 de noviembre de 2011

Björk: Biophilia (2011)

"Oscuro, personal y vanguardista..."

Mirado a distancia, un álbum como Volta (2007) ha acabó por funcionar como disco bisagra para Bjork, este se dividió entre auto homenajes ('Earth intruders', 'Innocence', 'Declare independence'), momentos melódicos e instrumentales de alto nivel ('Wanderlust', 'The dull flame of desire') y otros realmente difíciles de seguir ('...'), dejándola en el global en tierra de nadie, con un poco de aquí, otro de allá pero sin direcciones claras. El de 2007 fue un buen álbum, que duda cabe, pero por primera vez (quizás en toda su carrera) la islandesa entregó un trabajo confuso en materia de rutas, por primera vez parecía no tener del todo claro hacia donde ir. Por esto mismo, caía de cajón el que para una siguiente entrega la vocalista decantaría por un camino, que es lo que ha hecho en Biophilia, tomando ruta propia, personal, íntima y, por cierto, cohesionada, para bien y para mal...

Nadie podría negarle a Björk el que en Biophilia no suena a ella, y aquello hay que dárselo de entrada, mira que hay que tener los ovarios bien puestos para jugársela por algo como esto, cincuenta minutos que se alejan prácticamente por completo de las melodías para centrarse más bien en sonidos oscuros y ciertamente difíciles de seguir. En lo concreto, existen pequeños momentos en el álbum donde la islandesa busca conectar a través ciertas armonías, instantes donde encontramos desates electrónicos ('Crystalline', 'Sacrifice, 'Mutual core') y otros donde las melodías vocales toman fuerza ('Cosmogony'). En esos momentos el álbum funciona e impacta, sin embargo, el resto del álbum, se debate entre arreglos mínimos (es un trabajo bastante desnudo en ese sentido), en ocasiones sonando casi con ternura ('Moon', 'Virus', 'Solstice'), a veces yéndose a un pozo tremendamente lúgubre ('Dark matter', 'Hollow'), en ocasiones apostando por la repetición de estrofas hasta la exasperación ('Thunderbolt').

El resultado es singular y de enorme identidad. Björk acude a la intimidad para dialogar consigo misma prácticamente sin concesiones con el auditor. Para bien y para mal, va a lo suyo. En la total vanguardia mediante un disco que a primeras cuesta pero al que seguro el paso del tiempo le hará tremendamente bien...

¿Canciones? 'Crystalline', 'Sacrifice', 'Mutual core'.


7 / 10
Muy bueno.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Machine head: Unto the locust (2011)

"Lucen ganando tiempo..."

Estos eran otros que la tenían complicada. Luego de un aclamado The blackening (2007) , la pregunta caía de cajón: ¿Y ahora qué? Porque intentar superar ese álbum en una linea técnica, creativa e interpretativa era tarea inútil, el mencionado fue uno de loa grandes álbumes de metal de la pasada década y sin lugar a dudas un punto tope en la carrera de Machine head. Por tanto, frente a tamaño desafío la banda ha decidido, como era de esperar, entregarnos un álbum de continuidad, un disco más sencillo que juega a la segura, yendo al hueso con tan solo siete canciones (aunque casi todas extensas, sobre pasando los seis minutos) y un sonido de peso, con momentos veloces, agresivos y estructuras cambiantes, aunque digámoslo, predecibles. Unto the locust luce entonces como un álbum correcto, que sabe aguantar el peso de su antecesor aunque claro, jamás intenta ir por más sino más bien transmite la sensación de buscar ganar tiempo mientras llegan nuevas ideas. 

La partida de la mano de los ocho minutos y medio de "I am hell (Sonata in C#)" suena ambiciosa, se trata de un tema dividido en tres secciones donde la banda se pasea a gusto por diversos sonidos. Sin embargo, desde entonces en adelante el sonido del álbum se vuelve bastante convencional en la línea de lo que suele ser Machine head"Be still and know"  es un claro ejemplo de lo mencionado, un tema que juega a ser complejo pero en realidad posee una estructura cambiante pero simple, lo mismo que "Locust" (un single evidente, más cercana al nu metal) y "This is the end", canciones extensas (ambas rondando los siete minutos) pero con idas y vueltas bastante reconocibles. La primera funciona, sin embargo, la segunda es completo manual, representando el primer bajón del álbum, uno que se acentuará con las tres finales, siendo la balada "Darkness within" la única que algo propone con un cierre bastante intenso pero tanto "Pearls before the swane" como "Who we are" continúan con la senda directa y ganchera pero que en lo concreto aporta bastante poco.

El disco cuenta además con tres canciones a manera de bonus. Versiones más que dignas de "The sentinel" de Judas Priest y "Witch hunt" de Rush, además de una toma acústica de la balada "Darkness within"Concluye así un correcto Unto the locustcon el cual me parece que Machine head se sacan la presión del éxito que significó The blackening y ganan tiempo, pero verdad sea dicha, más allá de un par de canciones no nos dejan nada realmente relevante. Habrá que ver si a futuro retoman el nivel o efectivamente lo de 2007 marcó un techo desde el cual la banda solo podrá descender...

¿Canciones? "I am hell (Sonata in C#)" y "Locust".


6,5 / 10
Cumple y algo más...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Opeth: Heritage (2011)

"Necesario punto de inflexión …"

A dos meses de su publicación me lanzo con uno de los álbumes más interesantes de este 2011 y que bastante ha dado que hablar. Para muchos uno de los mejores del año, una maravilla, para otros un experimento completamente olvidable. Me refiero al más reciente y décimo trabajo del quinteto sueco Opeth. Quienes lo critican apuntan al cambio de estilo, a que la influencia de Steven Wilson se hace sentir demasiado logrando que el álbum "no suene a Opeth", a que esto "ya no es metal" o que el disco tiene poco de original ya que solo mezcla una serie de sonidos progresivos de los años setentas. Quienes lo valoran, sin embargo, lo hacen por su riqueza instrumental y por la osadía que muestra una banda por romper sus propios límites.

Lo cierto es que la banda liderada por Mikael Akerfeldt nos ha entregado un álbum que efectivamente se aleja muchísimo del sonido clásico de la banda. Probablemente ciertos pasajes del anterior Watershed (2008) insinuaban un tanto el camino que acá con Heritage han explotado pero creo que nadie en su sano juicio habría apostado con seguridad por la ruptura total que la banda ha establecido con el death progresivo y sus variantes. ¿Es esto negativo? En lo personal me parece que si un disco funciona da realmente lo mismo el estilo que este aborde y acá el asunto anda bien desde lo musical en gran parte de los cincuenta y cinco minutos que lo componen, aunque ciertamente tampoco da para enloquecer con el giro. Simplemente ubicarse en un punto medio abrazando la aceptación y la expectativa a futuro.

La partida del álbum cargo del contundente tridente compuesto por " The devil's orchard' + 'I feel the dark' + 'Slither' te habla de inmediato de un disco cuidadosamente pensado, de arreglos que cambian todo el tiempo y que claramente pretenden llevar el sonido de Opeth a una nueva estación. También eso si de una producción que contiene demasiado el sonido, algo que de inmediato se anota como un "pero" en el álbum, que con otra mezcla quizás habría lucido mejor, algo más explosivo. En materia de arreglos, tanto en términos de guitarras como vocales, son limpios por lo que de entrada el álbum se aleja por completo del metal y la estridencia. Resulta evidente que a eso apuntaba la producción, pero creo a Mikael se le fue la mano. 

Más adelante el álbum se moverá entre tiempos más lentos y exploratorios, con introducciones extensas y juegos estructurales en 'Nepenthe' 'Häxprocess', momentos en donde el disco abandona por completo la efectividad y más bien se centra en la búsqueda de un sonido. Por lo mismo, el nudo del álbum representará seguro un cambio y fuera para muchos, pues el trabajo llegando a 'Famine' se da una cantidad de vueltas dispuestas a marear a cualquiera, con un serio trabajo de percusiones, pianos, flautas y momentos bastante desnudos en términos de arreglos, la falta de fuerza, sin embargo, provoca que llegando el auditor llegue muy agotado al cierre, lo cual nunca es bueno. 

No sabemos si Heritage representará un paréntesis creativo en la carrera de Opeth o definitivamente el primer paso dentro de una nueva etapa de la banda, aunque tal parece que el asunto está más cerca de esta última opción. Sea como sea, la carrera de la banda necesitaba un cambio, aire fresco que entregase oxígeno a su discografía. Desde ahí se agradece la actitud y música que Mikael se ha esforzado en entregar, sin embargo, verdad sea dicha: en su propia búsqueda el álbum tiende a extraviarse, dejándonos un buen disco aunque por sobre todo curioso. Habrá que ver si a futuro logra afinar puntería.

¿Canciones? 'The devil's orchard' y 'I feel the dark' 

6,8  / 10
Cumple y algo más...